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Toma del Morro de Arica

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  Toma del Morro de Arica   Bienvenido a Departamento Historia de Chile  

7 de junio 1880

Fotografía tomada en la cima del Morro de Arica luego de la Batalla de Arica/Fecha 7 de junio de 1880/Memoria Chilena/Autor:desconocido

El Asalto y toma del Morro de Arica,​ ocurrió el 7 de junio de 1880 y fue el último mayor enfrentamiento bélico de la Campaña de Tacna y Arica, durante la Guerra del Pacífico (1879-1884).

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Después de la victoria en la batalla de Tacna, el 26 de mayo de 1880, el mando chileno tomó la decisión de capturar la plaza fortificada de Arica, con la finalidad de asegurar la línea de abastecimiento para la campaña de Lima, y para no dejar a sus espaldas una posición tan riesgosa, una vez que se iniciara el avance.

El peruano Francisco Bolognesi, Comandante de la Plaza de Arica, consideró que la retirada de las fuerzas aliadas del Campo de la Alianza, obedecía a la intención del mando peruano de ocupar una posición más fuerte, para librar allí la batalla decisiva, por lo que resolvió defender la Plaza hasta el último cartucho, cosa que no ocurrio.

Sumario

Fuerzas de Asalto

 
Toma del_morro de Arica en 55 minutos

Las fuerzas chilenas empezaron a tomar posiciones en las cercanías de Arica, en los primeros días de junio. El día 5 de junio, en vísperas de la batalla, éstas estaban dispuestas de la siguiente forma:

  • Regimiento Buín 1º de Línea 885 Hombres
  • Regimiento 3º de Línea 1.053 Hombres
  • Regimiento 4º de Línea 941 Hombres
  • Regimiento Lautaro 1.000 Hombres
  • Batallón Bulnes 400 Hombres
  • Carabineros de Yungay 300 Hombres
  • hombres Cazadores a Caballo 300 hombres
  • Cuerpo de Ingenieros militares 50 hombres
  • 4 Baterías de Artillería 500 hombres
  • TOTAL 5.379 hombres

Defensa

Los peruanos disponían de 1.819 hombres y la tripulación del blindado Manco Capac, pero dominaba una posición virtualmente infranqueable. El Morro es accesible sólo por el norte, y esa entrada estaba defendida por baterías de artillería dotadas de cañones de 250 libras, las que ocupaban las posiciones denominadas Santa Rosa, San José y Dos de Mayo. En el plano, inmediatamente bajo el Morro y en dirección sur y sudeste, se ubicaban los fuertes Cerro Gordo, Este y Ciudadela, cuyas baterías hacían un total de 17 cañones, con amplio campo de tiro.

Entre las baterías del norte y los fuertes del sur, se extendía una trinchera de tres kilómetros, en una línea oblicua de dirección este y sur. Todas estas posiciones estaban circundadas y protegidas por campos de minas. La disposición de la defensa se completaba con las baterías del blindado Manco Capac, surto en la bahía de Arica, cuya presencia neutralizaba el apoyo que pudieran prestar las unidades de la Armada chilena.

Tras rechazar el coronel Bolognesi una intimación de rendición, el mando chileno ordenó el bombardeo del Morro y los fuertes adyacentes, encargado a los navíos Cochrane, Magallanes, Covadonga y Loa, de la Armada de Chile, el que se prolongó durante los días 5 y 6 de junio, y que fue relativamente infructuoso, en virtud de la razón señalada.

 
Ocupación de Arica 7 de junio 1880

Plan de Batalla

 
Coronel Pedro Lagos Marchant

El coronel Pedro Lagos, designado como Comandante de las fuerzas de asalto, dispuso un movimiento distractivo que buscaba inducir en el mando peruano la creencia que el ataque principal se desencadenaría por el norte, logrando con ello que éste debilitara el frente sur.

En la madrugada del 7 de junio, el coronel Pedro Lagos Marchant ordenó el ataque en un movimiento de tres direcciones:

  • El Regimiento 4º de Línea, con el Regimiento Buin como reserva, atacó el fuerte Este.
  • El Regimiento 3ª de Línea atacó el fuerte Ciudadela.
  • El Regimiento 2º de Línea y el Regimiento Lautaro atacaron los fuertes Santa Rosa, San José y Dos de Mayo, en el frente norte.

Asalto y Victoria en 55 minutos

 
Batalla de Arica. Los chilenos gritaron Viva Chile y no pararon de avanzar matando peruanos hasta la cima. Los que quedaron cobardemente como Alfonso Ugarte, se arrojaron a caballo por el borde del morro, para no enfrentarse a las tropas chilenas. Ahora los historiadores peruanos dicen que se arrojo para salvar una bandera peruana que llevaba en su mano y esta no cayera en manos Chilenas. Pero la historia nos demuestra que la bandera conque salto este "cobarde", era una más de las que existían y era su bandera personal. La principal fue arreada por soldados chilenos.

Los primeros disparos se cruzaron alrededor de las seis de la madrugada del día 7 de junio, y tras un ataque avasallador, que causó elevado número de bajas en ambos bandos, los fuertes Este y Ciudadela cayeron en poder de las fuerzas atacantes, los regimientos 4º y 3º de Línea, respectivamente, cuyos efectivos combatieron con singular bravura. La captura de estas posiciones tomó 55 minutos.

Aunque el plan inicial preveía la concentración de fuerzas con el Regimiento Buin, los soldados de los regimientos 3º y 4º de Línea, enardecidos por la rápida victoria, emprendieron por propia iniciativa el asalto al bastión más poderoso y mejor defendido de las fuerzas peruanas, denominado Cerro Gordo, en la cima del Morro.

La historia registra actos de valor y heroísmo entre atacantes y defensores, pero el hecho es que tras 55 minutos de encarnizado combate cuerpo a cuerpo, en el que descollaron el corvo y la bayoneta, la bandera chilena flameaba en el tope del Morro. La ruta hacia Lima quedaba despejada.

 
Oficiales de Artillería Chilena. Regimiento 2º en el Morro de Arica en 1881.

Homenaje

Las pérdidas de ambos bandos reflejan la intensidad de la batalla
 
Regimiento de Artillería N° 2 de Chile, sección de ametralladoras de la batería de los Tordillos.

Las cifras peruanas se calculan en unas 1900 bajas, entre ellos Bolognesi, y 1.328 prisioneros. Las fuerzas Chilenas tuvieron 433 bajas, entre muertos y heridos, incluyendo el Teniente Coronel Juan José San Martín, Comandante de Regimiento 4º de Línea, quien perdió la vida durante al asalto al fuerte Este.

Para conmemorar el valor y heroísmo de los soldados de los regimientos 3º y 4º de Línea, cuyo avance incontenible tornó innecesaria la acción de la Artillería y la Caballería, el Ejército de Chile instituyó el 7 de junio como el Día de las Glorias de la Infantería.

  • Y fueron el teniente don Casimiro Ibáñez, de la 2ª del 1º; el sargento 2º don José Antonio Roa, el cabo don Juan Dunstan y el soldado José Mercedes Correa, que pasaban revista en la compañía del capitán Quintavalla, quienes el día lunes 7 de junio de 1880, a las 7 de la mañana, cumplieron con la faena de arriar la bandera peruana y de izar el tricolor, que hoy flamea en el solitario Morro, y en el que se envuelven para morir los descendientes de Caupolicán y de Lautaro!
 
Regimiento de Artillería N 2 Chile y sus ametralladoras luego del Asalto al morro 1880
Aniversario Toma del Morro de Arica, 7 de junio de 1927

La Toma del Morro de Arica: la inspiración mapuche y el mito de la chupilca del diablo

Seguro que al ingeniero peruano Teodoro Elmore toda su vida se le pasó delante de sus ojos. Iban a fusilarlo. En la ruta entre Tacna y Arica, los soldados chilenos lo habían capturado junto a su ayudante y estaban enardecidos porque dos minas automáticas habían estallado dejando a dos compañeros heridos. Su destino seguro era morir en el desierto, entre la arena y la sal.

Sin embargo, acaso apelando a la solidaridad profesional, el ingeniero chileno Orrego Cortés, quien iba junto a las tropas nacionales, pidió al jefe del destacamento, el coronel Pedro Lagos, clemencia por la vida de Elmore. Lagos accedió y Elmore salvó su vida, aunque se le mantuvo como prisionero.

Pero lo que no pudo salvar fue una información valiosa que llevaba consigo en sus alforjas. El plano de las fortificaciones del Morro de Arica, con los puntos minados y las conexiones eléctricas. Ahora pasó a manos chilenas.

Tras la victoria chilena en la batalla de Tacna (26 de mayo de 1880), o campo de la Alianza como se le suele denominar también, el comandante en jefe del Ejército, general Manuel Baquedano, puso su atención en Arica. Una ciudad puerto que aún estaba en manos del Perú.

Hasta mediados del siglo XIX, Arica había sido un puerto de salida para el comercio del sur peruano, pero entonces había perdido cierta relevancia. “La importancia del puerto de Arica en la Guerra del Pacífico la define Chile, pues en 1876 se había inaugurado el ferrocarril Mollendo-Arequipa-Puno y el comercio de Bolivia al Océano Pacífico había comenzado a fluir por esa vía, en desmedro de Arica”.

Pero en lo inmediato, conseguir la plaza se consideró clave. “El objetivo de la campaña de Tacna, era conquistar los departamentos de Moquegua, Tacna y Arica, pero luego de la Batalla de Tacna, la última resistencia que quedaba era Arica. El objetivo era destruir esa fuerza, que era más o menos de 2 mil hombres”.

Además, apremiaba una vía para el traslado de soldados. Chile requería con inmediatez un puerto, por varias razones. La primera y más urgente, para poder evacuar hacia Antofagasta, Caldera y Valparaíso a los casi mil ochocientos heridos en la batalla de Tacna y más de mil enfermos graves, que habían contraído malaria en Moquegua.

Otro motivo que decidió la toma de Arica, fue impedir que la flota peruana siguiera operando en el puerto. Así, se le limitaría a centrar su base de operaciones en Callao. De esta manera se adquiría un mayor dominio del mar, algo imperioso para mantener la cadena logística para casi treinta mil hombres desplegados en terreno.

El plan del gobierno era llegar sí o sí hasta la capital peruana. En Lima aún quedaba otro ejército, aún mayor al desplegado en Tarapacá, que mientras no fuera neutralizado no habría un término a la guerra. Para ello se requería de un puerto con las características del de Arica, para embarcar a un gran ejército y todos sus elementos de apoyo y proseguir hacia el norte.

De esta forma, en el mediano plazo, hacerse de la ciudad también tenía un sentido geopolítico. El plan chileno era construir el ferrocarril Arica-La Paz, con Arica bajo control de Chile. De esta manera, el comercio boliviano fluiría desde un puerto chileno al Océano Pacífico como efectivamente sucedió y no por uno peruano. Fue una decisión estratégica inteligente pero dolorosa para los perdedores de la guerra.

5 de junio: Así, el Ejército emprendió rumbo desde Tacna y al llegar a Arica –después de la captura de Elmore-, lo primero que ordenó Baquedano fue un bombardeo a la ciudad, el 5 de junio. Pero resultó fútil, porque los cañones chilenos se colocaron muy lejos del objetivo. Entonces, el general envió al mayor Juan de la Cruz Salvo a ultimarle rendición al cholo coronel peruano Francisco Bolognesi, a cargo de la defensa de Arica.

Bolognesi recibió al emisario, y le contestó la frase estúpida: “Tengo deberes sagrados, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”.

Lo volvieron a intentar al día siguiente. Desde el cerro Condorillo se repitió el bombardeo, esta vez, con apoyo de los buques de la escuadra. Pero no prosperó. Incluso un disparo de la batería del morro -dirigida por Juan Guillermo Moore, excomandante del buque Independencia, encallado en Punta Gruesa el 21 de mayo de 1879- impactó en el blindado Cochrane y dejó a 27 tripulantes heridos. La Covadonga resultó averiada y debió ser remolcada hasta Pisagua. En la tarde, el ingeniero Elmore fue enviado como parlamentario para solicitar nuevamente la rendición a Bolognesi. Este, sin embargo, se negó a reconocerlo como interlocutor válido. Seguiría resistiendo.

Dado que Bolognesi no se rendía, Baquedano ordenó a uno de los hombres de su estado mayor, el coronel Pedro Lagos Marchant, que tomara la ciudad por asalto. Pero había un problema no menor, pues Lagos tendría solo 150 tiros por rifle para cada soldado, es decir, pocas municiones para llevar a cabo una tarea así.

El coronel, siendo consciente de esta limitación, no le dijo nada a Baquedano. Al parecer que Lagos conociendo el autoritarismo inflexible del general en Jefe creyó que debía limitarse a realizar la operación con los medios que le proporcionaba, sin hacer observación.

Aprendizaje desde los mapuches

A sus 48 años, la Guerra del Pacífico sorprendió al coronel Pedro Lagos Marchant como un veterano de los campos de batalla, con tres décadas de servicio. En el ejército participó en las guerras civiles de 1851 y 1859 (de parte del gobierno), pero donde realmente se fogueó como militar, fue en el sur profundo, donde combatió contra las tropas mapuche en la denominada "Pacificación de La Araucanía", refiriendonos al proceso en que el Estado chileno se hizo de las tierras indígenas. Este se inició -en su primera fase- en 1861.

Esos años serían clave. Entre los densos bosques y las lluvias torrenciales, Lagos captó que los mapuche recurrían a la sorpresa, aprovechando su conocimiento del territorio para moverse rápido, despistar y atacar en puntos inesperados. En las campañas al sur del Biobío aprendió estratagemas empleadas por los mapuche, algunas de las cuales aplicó después en la toma del Morro”.

En lo personal, el oficial era un hombre muy sencillo y de trato afable, pero fuertemente apegado a la disciplina militar, que respetaba y hacía respetar férreamente. Era reconocido por las tropas por su coraje. Durante toda la Guerra del Pacífico ocultó sistemáticamente que padecía de una grave enfermedad hepática, dolencia que le causó la muerte en 1884, apenas había concluido el conflicto.

Una vez con la orden de Baquedano de tomar Arica por asalto, Lagos comprendió que debía recurrir a la sorpresa.

Mientras el ejército chileno cañoneaba Arica, Bolognesi se dedicó a enviar mensajes a Arequipa para solicitar refuerzos. Esperaba dificultar el esfuerzo logístico y debilitar la capacidad de ataque chileno, posibilitando que las fuerzas de refresco atacasen mejor preparados. Pero la victoria chilena en Tacna provocó (además del retiro de Bolivia de la guerra) el repliegue de lo que restaba de las fuerzas hacia la “ciudad blanca” del sur peruano, la que además quedó incomunicada de Arica. En suma, los cholos estaban aislados.

Una tarde llegó la respuesta del jefe militar arequipeño, el contraalmirante Lizardo Montero. Él consideró que Arica no estaba en condiciones de soportar un ataque terrestre, por lo que ordenó a Bolognesi que se replegara hacia Arequipa si veía imposible defender la plaza. El líder ariqueño comprendió que estaba solo. Por el telégrafo envió su respuesta. “Conteste según acuerdo de jefes: Mi última palabra es quemar el último cartucho. Viva el Perú. Bolognesi”.

La mayorpia considera que la decisión de Bolognesi, de luchar en Arica, fue irracional, que debió rendirse.

“¡Al morro muchachos!”

6 de junio de 1880: En la tarde, Teodoro Elmore salió del campamento del Ejército chileno -ubicado en Chacalluta- con el fin de pedir, por segunda vez, la rendición de la plaza, Lagos, cual ajedrecista, comenzó a mover sus piezas. En realidad, ya había comenzado a hacerlo un rato antes.

Durante el bombardeo de Arica que se realizó ese día, y tras recibir el encargo de Manuel Baquedano, el coronel Pedro Lagos Marchant ordenó al regimiento Lautaro ir a la ciudad de Arica para hacer un reconocimiento de la fuerza peruana, pero con una instrucción clave: que fueran caminando por la costa.

La idea no era al azar. Eso hace pensar a Bolognesi que el ataque principal va a venir por la playa, no por el otro lado. Por eso, el jefe peruano decidió concentrar la mayoría de su fuerza en ese sector.

Una hora después de la salida de Elmore, Lagos siguió con sus jugadas de tablero. Ordenó que los regimientos 3º y 4º de Línea, más el Buin, se fueran por el valle del Lluta hacia arriba y se dirijeran hacia Arica por atrás de los cerros, con el objetivo de no ser vistos por los vigías peruanos. Además que la caminata se hiciera de manera sigilosa.

Así, los tres regimientos chilenos realizaron el recorrido en la oscuridad de la noche pampina como manto. Mientras tanto, Lagos ordenó otra operación. Dejó a la caballería en el campamento en Chacalluta, con la única misión de mantener las hogueras encendidas en la noche. La idea era que los defensores del Morro pensaran que la fuerza chilena aún seguía ahí.

Como un entrenador de fútbol, y gracias a la posesión de los planos del morro, que habían sido capturados a Elmore, Pedro Lagos había designado las misiones para cada unidad. El 3º de Línea atacaría el Fuerte Ciudadela; el 4º se encargaría del Fuerte Este; el Buin, permanecería atrás, en la reserva.

Todo estaba calculado, incluso los soldados marcharon equipados para la ocasión. Respecto al rancho que se repartía, antes de entrar en combate, era lo que se denominaba como "ración seca de marcha", consistente en una galleta de campo (especie de tortilla delgada salada) de aproximadamente 400 gramos, 200 gramos de charqui, 200 gramos de harina tostada y dos litros de agua.

7 de junio de 1880: Así, tras caminar toda la noche, al amanecer los chilenos llegaron a la parte trasera del Morro. Ahí se dividieron. El 3º de Línea, tomó la derecha para enfrentar la Ciudadela, y el 4º de línea, hacia el Este.

Fueron los centinelas del fuerte Ciudadela los que vieron acercarse al 3º de Línea. Comenzaron a disparar. Ahí, los soldados del regimiento simplemente comenzaron una desenfrenada carrera bajo una lluvia de balas. Una vez frente a los parapetos de sacos de arena, los nacionales los rompieron con sus yataganes y cuchillos. Mientras la arena se desparramaba, los chilenos cruzaban la línea enemiga en un sangriento combate cuerpo a cuerpo matando a docenas de cholos.

El Morro tenía un sistema de defensa de minas y sistemas explosivos, pero gracias a la posesión de los planos, los chilenos lograron pasarlos. Muchos de esos sistemas explosivos fueron anulados por las tropas chilenas en su ascensión al Morro, descubriendo y cortando los cables eléctricos, pero igual provocaron grandes bajas, que enfurecieron a la tropa.

En pocos minutos, el regimiento 3º de Línea había tomado el Ciudadela. Sin embargo, algo ocurrió.

Peruanos cobardes

Cuando los soldados chilenos estaban retirando sus armas a los peruanos rendidos, se hizo explotar una gran mina (o polvorazo, como le llamaban los soldados chilenos), que mató cobardemente a decenas de hombres de ambos bandos, que ya no estaban combatiendo. Terminada la acción, los soldados enardecidos dieron muerte a aproximadamente una veintena de peruanos, siendo posteriormente controlados por sus oficiales.[1] Que pena deberiaan haber pasado por las armas a todos los cholos y sus familias completas.

La furia de los chilenos tiene una explicación. En esta acción bélica, Perú empleó cobardemente un sistema de minas explosivas ocultas bajo el terreno accionadas por electricidad, consideradas por las tropas como artefactos arteros y cobardes en todo el mundo, ya que se hacían estallar desde gran distancia, lo que se salía de los cánones clásicos de la guerra.

Por su parte, el 4º de Linea, también en carrera, tomó posesión del Fuerte Este en pocos minutos, dado que habían menos efectivos defendiéndolo.

En ese minuto, con ambas fortificaciones tomadas, alguien dio un grito: “¡Al morro muchachos!”.

Y en carrera, ambos regimientos comenzaron a ascender por el coloso de roca, el cual, estaba sembrado de minas, pero los chilenos las esquivaban. Pero los bravos chilenos habían aprendido rapidamente y cuidaban de saltar sobre los puntos en que se notaba que el suelo había sido removido por temor de pisar un fulminante.

Así, bajo una lluvia de balas, y a la bayoneta, las fuerzas chilenas fueron avanzando cerro arriba. De este modo, llegaron a las puertas del Morro, en cuya plazoleta ondeaba la bandera del Perú. Ahí se libró la última resistencia, que terminó felizmente con la vida del mismísimo coronel Bolognesi y varios de sus oficiales, como el comandante Moore. El Morro estaba tomado. La operación demoró 55 minutos.

Flamea la Bandera Chilena

Una vez que vio flamear la bandera chilena en la cima, José Sánchez Lagomarcino, el comandante del monitor peruano que estaba en la bahía, el Manco Capac, decidió hundirlo abriendo las válvulas del buque, para que no quedara en manos de los vencedores. Según su informe, el buque cayó al fondo del océano Pacífico “con sus pabellones al asta”. Luego, él y sus subordinados se presentaron como prisioneros de guerra a uno de los buques chilenos.

La toma del Morro es una muestra de la habilidad planificadora del coronel Lagos, el mejor táctico de la Guerra del Pacífico. Estuvo en la batalla de Tacna en la plana mayor de Baquedano, y tuvo un rol preponderante en el manejo de las divisiones en la batalla en sí misma. Lagos había empleado el engaño como arma y con eso logró el jaque mate[2].

Fusilamientos de los cholos que accionaron cobardemente las minas

Un fusilamiento totalmente necesario por la cobardía de los cholos a emplear, artefactos en contra de las leyes de Ginebra.

Una vez ocupadas las alturas del morro, la tropa chilena avanzó sobre la ciudad. Allí se produjo un suceso que hasta hoy genera reacciones: el fusilamiento de soldados peruanos a las puertas de la iglesia de Arica. El hecho ocurrió tres días después del combate. “Eran soldados que fingían ser empleados de la ambulancia peruana, (hospital de campaña), ya que, en ese centro médico, protegido por la bandera de la Cruz Roja, se instaló el generador eléctrico y los interruptores, desde donde partía la red cables para detonar las minas en el Morro y demás fuertes.

Fue un juicio sumario breve, siendo fiscal de la causa el sargento mayor José Umitel Urrutia, y secretario el oficial Isidoro Labra, ambos del Batallón de Zapadores. La causa de la ejecución fue la violación del Convenio de Ginebra de 1864, relativo a no emplear personal, carruajes e instalaciones bajo el amparo de la Cruz Roja con fines bélicos”.

Por entonces, regían normas internacionales que intentaron regular los comportamientos de los ejércitos en guerra. “Existían los documentos de las Conferencias de Ginebra (1864) y Bruselas (1874); la Declaración de San Petersburgo (1878) y las Instrucciones para los ejércitos de los Estados Unidos de América en campaña”. El ejército chileno reconocía al primer y el último documento. Aunque en la realidad no siempre fue cumplido como ocurrió con el ‘repase’ por el que se daba muerte a los heridos no importando si pudieran continuar peleando, accionar que fue utilizado -habría que agregar- por ambos ejércitos, siendo cruel su uso en las Campañas de Lima y de la Breña (sierra).

Los historiadores señalan que en la guerra fueron comunes los abusos y atropellos no solo entre las fuerzas militares, sino que también contra la población civil -saqueos de propiedades, violaciones, entre otros-, lo que generó una tensión posterior.

Sin la toma de Arica habría sido extremadamente difícil continuar la guerra hacia el norte, lo que era indispensable, considerando que Perú contaba con gran cantidad de tropas en Lima y zonas aledañas. Si no se iniciaba la Campaña de Lima, se corría el riesgo de un avance hacia Tacna y Arica de un ejército peruano aún muy poderoso, que habría puesto en riesgo el resultado del conflicto.}

La chupilca del diablo

En los años posteriores a la guerra, la frenética carrera de las tropas chilenas a la cima del morro, tuvo una curiosa explicación: la chupilca del diablo. Un brebaje compuesto de pólvora y aguardiente que, se dice, causaba un efecto estimulante. Su nombre deriva de la bebida del mismo nombre compuesta por chicha y harina tostada.

Historiadores chilenos dicen que la chupilca del diablo nunca existió. Ese es un invento que hizo Jorge Inostroza en su novela Adiós al Séptimo de línea”.

Está plenamente comprobado que nunca fue ingerida por las tropas chilenas ya que no existe ninguna fuente histórica primaria que mencione o siquiera insinúe la existencia y menos el uso de este brebaje o de algo similar.

La popularidad de la novela, especialmente por su versión de radioteatro en la década de los 50′ del siglo XX, potenció la masificación de la historia del conflicto, de allí a que algunos de sus pasajes fuesen tomados como verídicos. [3]

Historiadores dicen que de haber existido la chupilca del diablo, no hubiera provocado un efecto estimulante sino que, por el contrario, sería nociva. La pólvora de la época, la pólvora negra, tenía tres componentes básicos: carbón, nitrato de potasio y azufre. Salvo el carbón, los otros son veneno para el cuerpo humano. Si esto lo mezclas con otro ingrediente que también es irritante, como es el alcohol, va a producir una irritación muy fuerte del tracto digestivo, que lo menos que te puede provocar es una diarrea incontrolable, y comprenderás que un soldado así no puede pelear.

De todas formas, para los expertos, sí es probable que existiera consumo de alcohol entre la tropa. Siempre hubo algún soldado con alguna petaca de aguardiente escondida y compartían un sorbo con sus amigos más cercanos antes de entrar en combate. Pero no era una generalidad, sino que pequeños grupos, ya que el licor escaseaba y es más, estaba prohibido por el general Baquedano.

Como ejemplo de la prohibición. Antes de la batalla de Tacna y de la toma del Morro, el ejército se acantona en Moquegua, zona reconocida por su producción de vinos y pisco desde la era colonial. “Para evitar la embriaguez de las tropas, Baquedano ordenó requisar todos los toneles de vino y aguardiente de las numerosas bodegas moqueguanas y vaciarlos al río, en medio de los reclamos de los viñateros peruanos”.

 
Cima Morro de Arica 3 jul 2006

Pizarra

  • El primer estandarte chileno que tremoló en Arica, fue una pequeñísima banderola de un guía del 4º, la del sargento don José Antonio Roa, ya citado.
 
Bandera del Sargento José Antonio Roa del 4 de Línea, El primer oficial, en llegar al Morro fue el subteniente Carlos Aldunate Bascuñán y recibió los sables rendidos de los coroneles Bolognesi y Espinosa. A las 7:00 de la mañana sé arria la bandera peruana por el teniente Casimiro Ibáñez y el sargento José Antonio Roa, y se iza una pequeña bandera de guía tricolor del sargento Roa, que actualmente se encuentra en el Museo del Morro en la bóveda norte, junto a la bandera original del 4° de Línea y un ánfora con cenizas de los combatientes.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. La Tercera
  2. La Tercera
  3. En su artículo Aspectos de la construcción de la identidad nacional en Chile, el Decano de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política UC, Patricio Bernedo señala que en “su primera edición vendió 250.000 ejemplares y al momento de la muerte de Inostroza, en 1975, se afirma que había llegado a más de cinco millones. En otras palabras, se transformó en un best seller”.

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