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Sofanor Parra Hermosilla

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Sofanor Parra Hermosilla
Bienvenido a Personajes Destacados de nuestra Historia

Héroe Chileno Guerra del Pacifico

General Sofanor Parra Hermosilla c 1910.jpg

Bandera Chilena mini.png Sofanor Parra Hermosilla (☆ San Carlos, 20 de octubre de 1850 - † Santiago, 2 de noviembre de 1925). Destacado General de división del Cazadores a Caballo que realizó todas las campañas de la Guerra del Pacífico. [1][2]. Fue apodado "El Centauro Inmortal". Al fallecer el General se fue envuelto en la bandera chilena, con honores, gloria y reconocimientos de la patria por los servicios prestados a Chile y a los hijos de esta tierra.

WikicharliE Patrimonio de Chile

Hijo de José Luis Parra y Narcisa Hermosilla. Casado con Clarisa Mujica dos hijos.

Estudios

Seminario de Concepción y Liceo de Concepción

1867

1 de abril de 1867: Ingresa al Ejército de Chile.

1869

Con el grado de Alférez del Regimiento Cazadores a Caballo, participa en las campañas de la Araucanía, donde es ascendido a Teniente.

1879

Cronología

Fotografía de los oficiales del Regimiento Cazadores a Caballo en Lima, luego de la ocupación por parte de las tropas chilenas. De izquierda a derecha, de pie: alférez Roberto Lopez, alférez Agripino vargas, alférez Carlos F. Mebold, teniente Agustin Almarza, teniente Pedro J. Palacios, alférez Anibal Muñoz y alferez Rafael Casanueva. Sentados, en el mismo orden: capitán Abel P. Ilabaca, capitán Belisario Amor, sargento mayor y comandante del escuadrón Sofanor Parra, y capitán Gonzalo Lara./Esta fotografiar corresponde solo a un escuadrón del Regimiento Cazadores, y no a la oficialidad completa de la unidad./Fotografia del Estudio Courret, Lima, 1881.
  • 1881 Sargento Mayor.
Sargento Mayor, Sofanor Parra en 1879.
  • 1883 Teniente Coronel.
  • 1884 Edecán del Presidente de la república.
  • 1885 Segundo comandante del regimiento Granaderos a Caballo.
  • 1890 Prestó servicio en Alemania en la Academia Militar de Hannover, donde es condecorado por el emperador.
  • 1891 Se retira del ejército para no participar en la guerra civil.
  • 1892 Instructor del escuadrón cívico "Husares de la muerte"
  • 1896 Se reincorpora al ejército y es nombrado comandante del regimiento Cazadores a Caballo.
  • 1898 Asciende a Coronel.
Sofanor Parra Hermosilla con el grado de Coronel
  • 1900 Fue enviado a Europa a estudiar en la Escuela de Caballería de Hannover. En Alemania fue condecorado con la Estrella Real de la Orden de la Corona.
  • 1901-1907 Inspector General de Caballería y posteriormente comandante de la 4ta. División.
  • 1907-1912 Jefe del Departamento de Personal.
  • 1910 A cargo de las fuerzas en la Gran Parada Militar de ese año.
Parada militar dirigida por el General de División Sofanor Parra Hermosilla en 1910.
  • 1908 General de Brigada.
  • 1912 General de División.
  • 1912 Comandante General de Armas de Tarapacá.
  • 1916 Se retira definitivamente del Ejército de Chile.
General Sofanor Parra Hermosilla.

Bandera Chilena mini.png † Su muerte en 1925

Obituario del General Sofanor Parra, 1925.png

2 de noviembre de 1925: Don Sofanor Fallece en Santiago.

Detalles de su muerte

Este día en la mañana el General Parra se levantó a las 5:30 de la mañana, para dirigirse a realizar sus ejercicios de equitación. Fue en ese momento cuando salía de su casa, cuando sintió una molestia en su pecho, acompañado de una sofocación. La persona que lo acompañaba le pidió que se recostara un momento mientras el iba a buscar a un doctor. A los instantes llegó el facultativo que procedió a auscultar al general, dándose cuenta de la gravedad de lo ocurrido, por lo que de inmediato le colocó dos inyecciones al general. A pesar de la premura administrada por el médico, horas más tarde el General Sofanor Parra, fallecía en su casa y en su cama, rodeado de sus seres queridos y amigos.

La noticia de su muerte

Siempre el General Parra, le había manifestado a su familia, que al momento de su muerte, no quería que esta traspasara al ámbito público, a fín de impedir cualquier ostentación en sus funerales, razón por la cual, en un primer momento la familia trató de ocultar la noticia, pero a medida que pasaban las horas, se fue haciendo pública.

A medida que pasaban las horas numerosas personalidades nacionales, tanto militares, sociales y políticas, comenzaron a llegar a la casa del distinguido militar, a manifestarle sus respetos a la familia. Por la tarde llegó el Ministro de Guerra Don Carlos Ibáñez del Campo, acompañado de varios oficiales del ejército y marina, hasta la capilla ardiente instalada en casa del general, a expresarle sus condolencias a la familia.

La petición del General Parra

En una parte de su testamento, el General Sofanor Parra Hermosilla, expresa que en sus funerales no desea recibir honores militares, que desea partir humildemente, como vivió y como sirvió a la patria, es así como debe vivir y partír un oficial del ejército chileno. Como petición especial y de corazón, solicito que su cuerpo fuera vestido con su uniforme de parada, y envuelto en la bandera chilena, patria que tanto amo.

Al momento de su muerte, el general Parra Hermosilla era el Presidente del Circulo de Oficiales Retirados y de la Liga Patriótica Militar.

Sus funerales

A pesar de sus deseos, los funerales del General Parra, fueron multitudinarios. Numerosos personas acompañaron los restos del general al Cementerio General. Entre los asistentes se encontraban su familia y amigos, al Ministro de Guerra Don Carlos Ibáñez del Campo, al Ministro de Interior Manuel Véliz, al Ministro de Marina Braulio Bahamondez, al Director General de la Policía Bartolomé Blanche, edecanes de la presidencia, altos jefes del ejército, Circulo de oficiales retirados, la Liga Patriótica Militar y el Regimiento Cazadores.

Al partir el cortejo, desde su casa, el cuerpo del general fue colocado en una carroza mortuoria, llena de flores y hermosamente engalanada. Los oficiales del Regimiento Cazadores se acercaron a la familia y solicitaron respetuosamente, quitar los caballos de la carroza y tirar ellos, hasta el cementerio el carruaje, en señal de respeto, cariño y lealtad. Un acto que conmovió a todo un país.

Abría la marcha del cortejo el Regimiento de Cazadores, a la que pertenecía el General Sofanor Parra, atrás la carroza mortuoria tirada por los oficiales del mismo regimiento, seguido del fiel caballo del general, engalanado y con la montura solitaria. Luego la familia, los altos jefes del ejército, autoridades, cientos de estandartes, numerosos vehículos y cientos de personas a pie.

La banda del Regimiento de Cazadores interpreto varias marchas a través del recorrido al Cementerio General. Ya en el campo santo, hicieron uso de la palabra el Ministro Carlos Ibáñez, el retirado contraalmirante Luis Alberto Goñi Simpson, y el General Bartolomé Blanche. Luego hablaron tres veteranos del 79´, que destacaron la valentía y don de mando del General Parra, en la Guerra del Pacífico.

El General se fue envuelto en la bandera chilena, con honores, gloria y reconocimientos de la patria por los servicios prestados a Chile y a los hijos de esta tierra.

Partes de la época que destacan a Sofanor Parra en la Guerra del Pacífico

1883

Parte escrito por Alberto Novoa Gormaz, debido a la batalla de Huamachuco, donde se vence definitivamente las fuerzas peruanas-

Huamachuco, julio 11 de 1883.

Como di cuenta a V.S. en mi nota número 128 del 28 del mes próximo pasado, al día siguiente me puse en marcha con la fuerza de Cazadores que vino de Chiclayo y Pacasmayo, llegando a esta ciudad el 7 del presente, en donde nos reunimos con la división del señor coronel don Alejandro Gorostiaga y los 120 Cazadores que, al mando del sargento mayor don Sofanor Parra, había en ella.

Como a las 3 P. M. del día 8 se dio aviso de estar el enemigo a la vista, y de orden superior marchamos a colocarnos a retaguardia de la línea de batalla que formó nuestra infantería y artillería en el cerro llamado Sazón, situado como a dos millas al norte de esta población. Media hora después el enemigo rompió sus fuegos de artillería sobre nuestra línea y tropa que avanzaba a tomar las indicadas posiciones, los que fueron contestados a su vez, suspendiéndose por ambas partes a las oraciones de ese día.

El 9, poco después de diana, empezó nuevamente el cañoneo de nuestra artillería sobre la línea enemiga, siendo contestado por ésta, sin que nada más de particular hubiese en dicho día. Como a las 7.30 A.M. del día 10, mandó el señor coronel, jefe de la división, a reconocer la derecha del enemigo dos compañías guerrilleras del batallón Zapadores. Con este motivo y por instrucciones que recibí de dicho jefe, dispuse que el capitán don Abel P. Ilabaca, con su compañía marchase en protección de las citadas guerrillas, las que se replegaron a nuestra línea después que se les concluyeron las municiones. Viendo esto el enemigo, avanzó decididamente sobre nuestra línea, haciendo, al parecer, un movimiento para flanquearnos. En tal momento ordené que el capitán don Juan de Dios Quezada cargase con su compañía, no haciéndolo con toda la fuerza de mi mando por no permitirlo la topografía del terreno.

Esta carga dio por resultado la detención del enemigo en su avance. Dos horas después, cuando ya hacía tiempo se había comprometido el combate por toda la fuerza de la división y el enemigo volvía a tomar su primera línea de defensa, según instrucciones que recibí, ordené que el sargento mayor don Sofanor Parra cargase con un escuadrón hacia donde se encontraba la artillería enemiga. Ejecutada dicha carga destruyó aquella fuerza y le quitó siete piezas que ahí tenía con todas sus municiones.

Al mismo tiempo dispuse que el teniente don Benjamín Allende, con los 25 hombres de su mitad, cargase a la derecha de la misma línea.

El fuerte empuje con que nuestra infantería llevó el ataque sobre la línea enemiga, unido a las oportunas cargas dadas por las fuerzas de mi mando, dio por resultado la derrota completa del enemigo, el que, siendo en número más del doble superior al nuestro, dejó en el campo muchas bajas, de ellas algunos jefes y oficiales de graduación.

Por mi parte he tenido que lamentar la pérdida de los soldados Laureano Acevedo y Nicolás Tapia, que murieron en el combate, habiendo sido herido levemente el cabo 1º José L. Baeza, y de alguna gravedad los soldados Julio Arredondo, Cirilo Mena y Rosauro Pontigo.

Termino, señor coronel, felicitando a V. S. por el buen comportamiento de la fuerza del regimiento que tengo a mi cargo en la batalla del día de ayer, haciéndole presente que tanto el sargento mayor don Sofanor Parra como los oficiales y tropa que tengo el honor de mandar, han estado en ella a la altura del buen nombre que tiene adquirido el regimiento. Dios guarde a V. S. Alberto Novoa Gormaz

Oficiales Regimiento Cazadores a Caballo

1879 Parte del Comandante del destacamento Cazadores a Caballo Mayor Rafael Vargas

"Calama, marzo 24 de 1879.

24 de marzo de 1879: Tengo el honor de dar cuenta a U.S. de las operaciones ejecutadas en el día de ayer por la tropa que comando. Cumpliendo las instrucciones que recibí del señor jefe de operaciones, teniente coronel don Eleuterio Ramírez, dividí mi tropa en dos porciones para atacar, esta plaza y tomarla a viva fuerza; mandé una mitad al mando del alférez don Juan de Dios Quesada al sur este, y con el resto de la tropa me dirigí al sur oeste, llevando por prácticos los individuos que habían sido tomados prisioneros la noche anterior, y que según declaración de uno de ellos, fueron mandados por los jefes de esta plaza para descubrir nuestras fuerzas.

Dichos prisioneros, como conocedores de los puntos atrincherados por el enemigo, nos condujeron a esos atrincheramientos y emboscadas, que eran muy ventajosas para el enemigo.

El alférez Quesada con su mitad, sin apercibirse que hubiese enemigo emboscado por la parte que exploraba, y cuando menos pensó, a una distancia cuando más de quince metros, recibió una descarga del enemigo sin ocasionarnos desgracia, y a la cual contestó con nutrido fuego sin perder terreno.

En estas circunstancias, recibió órdenes de U.S. de replegarse a la izquierda de la línea, observado que fue por U.S. el fuego tan nutrido que en esta parte nos hacia el enemigo.

Entraré ahora a manifestar a U.S. el resultado de las operaciones. Después de grandes dificultades y engaños del práctico, para poder pasar el río, el guía prisionero que nos conducía, saltando fosos y cercas, nos llevó a la boca de los fuegos enemigos, donde, y cuando menos lo esperaba, recibí una granizada de balas en circunstancias que tratábamos de salvar los fosos que impedían maniobrar a la caballería.

En situación tan desesperante, hice desmontar la tropa y cargamos a las trincheras con un fuego tan violento como el que nos hacía el enemigo, a pesar de la desventajosa posición en que nos hallábamos recibiendo el fuego a pecho descubierto, mientras tanto ellos estaban atrincherados, y de sus posiciones era imposible desalojarlos.

Viendo, el enemigo que yo había desmontado una parte de mi tropa para atacarlo, yendo sobre él, abandonó sus posiciones; más, no teniendo ningún paso accesible por donde perseguirlos, me fue enteramente imposible poderlo ejecutar.

En estas circunstancias ordené al teniente don Sofanor Parra, mantuviese esas posiciones con su mitad, mientras yo salí en persecución de la mayor parte de los caballos que dispararon tanto por mis fuegos como por los del enemigo, los cuales temía cayesen en sus manos.

Mientras yo me ocupaba en esta operación, llegó en mi auxilio el teniente coronel comandante del batallón 2º de línea don Eleuterio Ramírez, quien dispersó su tropa en guerrilla.

Una vez tomada mi caballería, nos fuimos sobre el pueblo, saltando fosos, tapias y cercas y penetrando a él sin pérdida de tiempo.

Con sentimiento manifiesto a U.S. que por mi parte he experimentado en mi tropa las pérdidas siguientes: muertos, cabo 1º Belisario Rivadeneira, id. 2º José Ezequiel Sepúlveda; soldados José Onofre Quiroga, José de la Cruz Vargas, Carlos Fernández, Rafael Ramírez y Feliciano Martínez.

Gravemente heridos: soldados Alejandro Herrera y José Vergara; y mal heridos José Bustamante y Eugenio Meyer. Total de muertos, siete; heridos cuatro y contuso uno, José del Carmen Gaona.

Me es grato manifestar a U.S. que la conducta observada por los señores oficiales y tropa de mi mando, ha sido enteramente satisfactoria.

No cumpliría con mi deber sino hiciera una recomendación especial de los señores oficiales siguientes: teniente don Sofanor Parra, quien sostuvo heroicamente el puesto que le confié, pues el enemigo observando que salía en persecución de la caballada, volvió sobre sus posiciones haciendo un fuego terrible.

Al teniente Parra lo acompañaba el alférez agregado de esta compañía, don Carlos Felipe Souper, quien se batió heroicamente, imitando el entusiasmo de sus compañeros.

Los alfereces don Belisario Amor y don Juan de Dios Quesada no han desmentido la confianza que en ellos había depositado.

Al mismo tiempo recomiendo a U.S. con especialidad al sargento 2º Facundo Rojas, al id. id. Ríos Herrera y José y Vicente Caris, y los soldados Juan Mesías y José del Carmen Gaona que, a pesar de haber perdido sus caballos, siguieron batiéndose a pié, y en general, toda la tropa se batió con valor y entusiasmo.

Las pérdidas que al enemigo le hayamos causado no puedo expresarlas con exactitud por la premura del tiempo, pues ellos, como poseedores del terreno, por lo ventajoso de sus posiciones, llenas de montañas, matorrales y zanjas, han tenido facilidad para ocultar sus bajas; solo hemos encontrado seis cadáveres completamente carbonizados por estar dentro de trincheras cuya naturaleza nos obligó a incendiar, pues estaban formadas de una muralla de adobes, reforzada por otra de pasto segado, una cerca viva y una zanja.

Fueron tomados por la tropa de mi mando 20 prisioneros, entre ellos un capitán, un teniente 1º, un id. 2º, un subteniente y 17 individuos de tropa.

Les tomamos igualmente 20 armas de fuego, entre fusiles, rifles y revólveres y un buen número de municiones, los cuales he puesto a disposición del señor jefe de operaciones.

Dios guarde a U. S.

Rafael Vargas.

Al señor comandante en jefe del ejército del norte”.

1879 Parte del Combate de Pampa Germania de Jose Francisco Vergara

8 de noviembre de 1879: Campamento de Dolores, Noviembre 8 de 1879.

La comisión que V. S. tuvo a bien confiarme, ha quedado desempeñada.

Cinco horas después de haber salido del campamento del Hospicio, el 5 del presente ocupamos la estación de Jazpampa, donde se cortó la comunicación telegráfica con Arica, se recogieron los últimos y recientes mensajes oficiales del enemigo, se tomaron una locomotiva, algunos carros y dos grandes estanques portátiles para agua, y varios cajones con útiles para el telégrafo del Estado.

Después de disponer lo conveniente para la seguridad de nuestra tropa y de haber ocupado la estación nombrada y sus alrededores, con un piquete de Cazadores a las órdenes del capitán de artillería don Delfín Carvallo, continuamos nuestra excursión al interior para apoderarnos de la importatísima estación de Dolores, donde existen las fuentes de excelente agua que proveen a las máquinas del ferrocarril y a casi toda la comarca por donde corre.

A las 2 P. M. ya eramos dueños de este punto, donde encontramos intacta una máquina de vapor para elevar el agua, varios estanques de fierro y una serie de pozos comunicados por galerías y cañones que suministran cuanta agua pueda necesitar nuestro ejército.

Al siguiente día continuamos avanzando para ir a ocupar el campamento que desalojaban las fuerzas perú-bolivianas, picarle su retaguardia e ir a extinguir el fuego que habían puesto a sus acopios de víveres y a los edificios de esa importante salitrera. Después de una marcha penosa, que nos obligó a hacer alto por algunas horas, a las 5 P. M. al llegar al establecimiento denominado Germania, distante dos kilómetros de Agua Santa, que en ese momento era una hoguera, la descubierta anunció enemigo al frente. Reconocidos éstos, resolvimos atacarlos, después de replegarnos un poco para organizar la tropa, encontrándonos ya bajo los fuegos de las largas carabinas Winchester de que venía armada una parte de esas tropas. Sin esperar mucho se dio la voz a la carga, y nuestros denodados cazadores a caballo cayeron como águilas sobre las fuerzas que tenían al frente.

No hubo resistencia para tanto empuje; y media hora después no quedaban sino hechos parciales, que sólo servían para poner en relieve el inquebrantable coraje de nuestros soldados, pero que ya no podían influir en el éxito final, que desde el primer golpe quedó decidido.

Entre estos episodios merece una relación especial en esta parte el que cortó la vida al bravísimo sargento Tapia. Desviado en la persecución del grueso de su fuerza, acompañado solamente del soldado Pedro Castro, se halló al frente de una partida enemiga compuesta de 12 a 15 hombres. Engañado por su traje, que era casi idéntico al de los Cazadores, se aproximó confiadamente a ellos y solo los conoció a muy corta distancia.

Entónces le dijo al soldado que era preciso cargarlos, porque ellos no podían deshonrar su regimiento volviendo la espalda al enemigo, cualquiera que fuese su número.

El soldado le observó que él podía ayudarle poco, porque su caballo estaba ya casi inútil, a lo que Tapia contestó: "Cargaré solo, y tú como puedas apóyame por retaguardia para que no me rodeen". Así lo hizo, y peleó como un león. Después de perder su caballo, siguió batiéndose a pie, hasta caer herido de muerte de un balazo en el pecho; pero no sin haber dejado sin vida a tres de sus adversarios y de haber dado tiempo a que llegaran sus compañeros para concluir con los demás.

Los capitanes Barahona, Parra y varios otros oficiales, seguidos de unos 30 o 40 hombres, continuaron la persecución hacia el sur, y por espacio de tres leguas los espantados fugitivos fueron cayendo al filo de sus espadas. Las pérdidas del enemigo se estiman en 50 a 60 muertos, algunos heridos y unos pocos prisioneros, entre los cuales se cuenta el teniente coronel Chocano y teniente Gómez. El comandante Sepúlveda, que era su jefe, quedó en el campo, así como tres oficiales más.

Nuestros muertos fueron dos soldados y el sargento Tapia, seis heridos de poca gravedad.

En resumen, señor General, esta corta expedición de 175 Cazadores, ha dado a nuestro ejército, en menos de 48 horas, la posesión de 70 kilómetros de ferrocarril, de dos locomotivas, seis grandes estanques para conducir agua, 12 o 15 carros de carga y todas las máquinas y pozos de la parte norte del departamento de Tarapacá. Acuchilló una escogida fuerza de su caballería e hizo resonar la pampa con el galope de nuestros caballos tres leguas más al sur del campamento dejado el día antes por una numerosa división de su ejército.

Estos resultados son fáciles de obtener cuando se mandan tropas como la de Cazadores a caballo que, a un valor que no reconoce peligros, unen una decisión y entusiasmo que no se extingue con los trabajos y privaciones. A esto debe agregarse la inquebrantable energía de sus oficiales, que saben desplegar tanto coraje en el combate como perseverancia y voluntad para luchar con la inclemencia de estas regiones. Los capitanes Barahona y Parra, el teniente Calderón y los subtenientes Urzúa, Lara, Souper, Astorga, Quezada, Urrutia y Alvarado, merecen ser recomendados especialmente, como lo hago aquí.

Para concluir, debo hacer presente a V. S. que he sido auxiliado eficazmente or el ayudante de campo don Ramón Dardignac, por el activo e inteligente sargento mayor de artillería don José de la Cruz Salvo, y muy especialmente por el teniente coronel de ingenieros don Arístides Martínez. A este distinguido jefe confié la dirección militar de esta expedición, y es grato para mí poder decir a V. S. que el ejército tiene en él un espíritu ilustrado, unido a un juicio discreto, con un ánimo tan sereno como emprendedor.

Al segundo día de mi salida del campamento de Pisagua, regresé a ese Cuartel General, habiendo dejado la tropa que me había sido confiada a las órdenes de sus inmediatos jefes, que encontré ya en la pampa de Dolores.

Dios guarde a V. S.

J. F. VERGARA

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  • Le llamaban "el Inmortal", por haber sobrevivido a todas las cargas de caballeria de la GDP, según el libro Adiós al Séptimo de Línea de Jorge Inostroza Cuevas en 1955.
  • Sofanor Parra, combatió desde Pampa Germanía hasta Huamachuco.
  • Actualmente una calle en Santiago de la comuna de Cerro Navia, una calle lleva su nombre
  • En San Carlos existe en su honor el colegio "General Sofanor Parra Hermosilla".

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Antonio Bisama Cuevas "Album Gráfico y Militar de Chile"
  2. Pagina Guerra del Pacifico1879

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