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Navidad Trágica en Copiapo y Vallenar, 24 y 25 de diciembre de 1931

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Navidad del 24 y 25 de diciembre de 1931 en Copiapó y Vallenar

La llamada Navidad trágica ocurrió en la Navidad del 24 y 25 de diciembre de 1931 en Copiapó y Vallenar en Chile. Fallecieron 34 personas. De éstas, 17 cayeron en el fragor de un combate entre hermanos de la misma sangre y de la misma clase social y 17 murieron asesinados, baleados, mientras tenían las manos atadas y los cuerpos llagados y fracturados por tormentos de crueldad inverosímil. Todo esto fue el resultado principal de una "inteligente maniobra" de la primera autoridad de la provincia, que había estimulado la perpetración de un delito para tener pretexto de "liquidar a la canalla", según su propia frase. En Copiapó las autoridades locales del gobierno civilista indujeron a que se asaltara el cuartel del Batallón Esmeralda, mientras por otro lado prevenían a los asaltados para que mataran con facilidad a los atacantes; y en Vallenar, a 200 kilómetros de distancia aprovechaba el mismo pretexto para fusilar sin compasión y sin causa alguna a un grupo de trabajadores por el delito de ser comunistas. En una parte se les tendía una emboscada y en la otra se les maltrataba y golpeaba sin misericordia, para terminar masacrándolos en una noche tranquila, mientras la población de fiesta, llena de alegría,conmemoraba el nacimiento de Jesús.

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Copiapó

25 de diciembre de 1931: Fue de dolor y de muerte para los trabajadores que sienten la injusticia de la sociedad actual, pues, desde las .primeras hasta las últimas horas fueron cayendo asesinados decenas de hermanos por el delito de ser comunistas. Apenas una hora después de terminada La misa del gallo de esa noche, un grupo de 18 trabajadores que iban guiados, o acompañados por un soldado se acercaban silenciosamente a la puerta del Batallón Esmeralda, mientras que un segundo pelotón, menos numeroso, se dirigía por la parte posterior del cuartel a cooperar con el primero.

Estos hombres iban al cuartel a buscar armas para formar un cuerpo militarizado que colaboraría con una revolución que debía estallar esa misma noche en todo el país. Se les había asegurado que dentro del cuartel contaban con amigos y que su tarea sería facilísima.

Un alto deseo de cooperar a la redención de la clase trabajadora les guiaba, y ofrecían su vida por servir la esperanza humana de una sociedad más justa. Viendo que el centinela abría la puerta al soldado que con ellos venía, irrumpieron en el cuartel, y se apoderaron del cuerpo de guardia, obteniendo así armamento con que contrarrestar el fuego que se les comenzó a hacer de inmediato por otros centinelas apostados estratégicamente en diversos puntos del edificio.

El pelotón que iba por la parte posterior del cuartel y cuyo papel era penetrar por una muralla medio,derruida, al advertir que los atacantes eran recibidos por nutrido fuego dé fusiles y ametralladoras, comprendieron que la situación no era como ellos la creían y decidieron no tomar parte en el ataque, retirándose. Sólo quedaron combatiendo los que formaban parte del primer pelotón, que se hicieron dueños desde el primer momento del cuerpo de guardia, y desde allí trataban de avanzar hacia la sala de armas, que era su segundo objetivo.

Defendía el cuartel un grupo de suboficiales y soldados y el subteniente Campbell, que penetró al cuartel por la parte de atrás, por donde debía haber entrado el segundo grupo de los atacantes. El subteniente Campbell se atrincheró en un edificio existente cerca de su punto de entrada al cuartel y desde allí, más o menos a cien metros de distancia, mantuvo un nutrido fuego de fusilería, haciendo una cortina de balas para impedir que los atacantes avanzaran. Todo esto sucedía en la mayor obscuridad.

Esa noche, según declaración de los mismos oficiales, se dispararon entre seis y ocho mil tiros. La obscuridad, que era absoluta, hizo posible que tan pequeño número de asaltantes dominara varias horas, pues, los que defendían el cuartel no sabían con cuántos enemigos peleaban y los disparos no tenían, por tanto, ninguna precisión. "Perdieron la vida en este asalto dos soldados, dos mujeres que fueron alcanzadas por balas locas y siete de los asaltantes. Hubo numerosos heridos. Después de algunas horas de combate, como a las cinco de la madrugada, cuando comenzó a aclarar, los asaltantes se retiraron más o menos al mismo tiempo que se dirigía al cuartel del Batallón un piquete de Carabineros para cooperar a la defensa.

Los carabineros iban mandados por el teniente Sanhueza de ese mismo cuerpo y eran acompañados por el comandante del Batallón Esmeralda, capitán Flores Bazán y algunos oficiales del mismo que no habían podido tomar parte en la defensa antes de esa hora. Los carabineros habían sido acuartelados hasta esa hora en que decidieren defender el cuartel del Batallón. Los carabineros pudieron detener a dos de los atacantes que aun permanecían en el Batallón, y dieron libertad a unos oficiales del Esmeralda que permanecían encerrados en una pieza.

En la mañana del día 25, mientras se atendía a los heridos, desfilaban por las calles los miembros de la guardia cívica, se apresaba a algunos sospechosos, la gente se daba a murmurar y a explicar el asalto a su manera, haciéndose elevar el número de los atacantes a varios centenares. Pocos momentos después, la llegada de aviones de guerra daba más colorido al ambiente. Los aviadores recorrían afanosos los cerros de las inmediaciones buscando a los numerosos grupos de asaltantes que, según se decía, habían huido hacia los desfiladeros.

Vallenar

En la ciudad de Vallenar los hechos sucedieron en forma tan inverosímil, que es preciso comenzar por afirmar que todo lo relatado aquí consta de la investigación y se halla estampado en documentos oficiales. Como Vallenar está muy lejos de Copiapó y sin ninguna facilidad de comunicación entre ambas ciudades, las primeras noticias de lo acaecido en el Batallón Esmeralda demoraron varias horas en llegar a ese pueblo.

Conocidos los hechos por la población de Vallenar, sobrevino una serie de sobresaltos y de alarmas que aumentaron visiblemente a las pocas horas al llegar algunos pelotones de carabineros que venían desde Coquimbo y Serena a cooperar al mantenimiento del orden. Cuando hubo bastante refuerzo de carabineros, los guardias cívicos empezaron a pasearse por la población, y luego todos los omentarios giraron alrededor del Partido Comunista local que era poderoso y formado por elementos de valía en las huestes revolucionarias. Se tramó entre autoridades civiles y guardias cívicos el plan de acción que debía realizarse, y con la responsabilidad del cual cargó después exclusivamente Carabineros. El 25, poco después del medio día, un sargento de carabineros y dos cabos se dirigieron a la casa particular de Pedro Pablo Seura, de filiación comunista, con el objeto premeditado de provocar un altercado.

Usaron el pretexto de que allí se tramaba el asalto al escuadrón de carabineros y penetraron violentamente a la casa. Se encontraban allí ocho hombres, compañeros de Seura, bebiendo y oyendo la música de una vitrola. El sargento, junto con entrar les gritó: ¡manos arriba! y disparó al grupo. Cayó uno de los de la casa. No se ha sabido cuál, pues se le confunde con los que murieron luego. Los otros repelieron el ataque usando una carabina y revólver. De inmediato vino la retirada de los carabineros, con la pérdida de un hombre que alcanzó a caer en la calle; pero pronto recibieron abundantes refuerzos y rodearon la casa, iniciándose un furioso tiroteo. Los defensores de la casa de Seura se portaron heroicamente, resistiendo algunas horas. Por último, después de tener cuatro muertos en ellos, se dieron a la fuga. Mientras esto sucedía en una casa particular, el siniestro plan se seguía cumpliendo. Un tal Fuenzalida, jefe de la Guardia Cívica, visitaba las casas de los comunistas y los invitaba a concurrir al cuartel para que explicaran su posición.

En el cuartel de Carabineros se les dejaba detenidos. Como varios trabajadores se negaran a concurrir, los cívicos recurrieron a carabineros para llevarlos por la fuerza. Muchos huyeron, de los cuales varios cayeron muertos en la misma calle. Mientras tanto se mandó un destacamento, al mando del brigadier Huerta, con orden, de ir por el camino a Copiapó para ver si venía algún camión con armamento y reducir a prisión a los que parecieran sospechosos. El brigadier Huerta, con su destacamento recorrió algunos kilómetros y no vio nada que le llamara la atención, por lo que regresó. Al acercarse a Vallenar no quiso llegar con las manos vacías y procedió a detener a siete obreros que trabajaban en unos potreros a la orilla del camino. Se dirigía ya con ellos al pueblo cuando llegó a encontrarlo un guardia cívico, el dentista Carmona, que iba en su auto. Este guardia blanco se apersonó al brigadier y le indicó 'que fusilara allí mismo a esos canallas. El oficial se negó a cometer este asesinato, alegando que era él quien cargaba con la responsabilidad. Carmona fue entonces a buscar un auto en que trasladarlo al pueblo.

Al regresar, nuevamente insistió ante el oficial para que liquidara en ese mismo sitio a los detenidos. El brigadier nuevamente se negó, por lo que fue calificado hasta de cobarde por el dentista Carmona. Huerta sólo aceptó trasladar a los detenidos al cuartel de carabineros. Estos hombres, que ni siquiera eran comunistas, ya quienes la casualidad los hizo hallarse trabajando en los potreros mencionados a esa hora fatídica, fueron masacrados esa misma noche junto con los demás detenidos.

Para preparar la masacre, el Gobernador despachó una serie de criptograma (telegramas en clave), que estaban muy lejos de decir la verdad. Esos telegramas iban dirigidos al Intendente de la Provincia, quien a su vez los abultaba otro poco y los enviaba al Gobierno. Así, al gobernador de Vallenar, Aníbal Las Casas, con increíble y satánica maldad, cuando, ya había cesado todo el tiroteo de la casa de Seura, decía al Intendente, que aún se estaba combatiendo y en vista del gran numeró de comunistas armados que actuaban, se había visto obligado a recurrir a toda la fuerza de que disponía, habiéndose rodeado una y después dos manzanas de casas.

En esta forma se preparaba la explicación del gran número de fusilamientos a mansalva que se pensaba hacer esa noche. Después de la una de la madrugada del día 26, por la puerta falsa, del cuartel de carabineros fueron sacados, dos de los detenidos y llevados en un auto a las afueras del pueblo, en dirección al altiplano sur, donde queda la nueva cancha de aviación. Poco antes de llegar a la altura, en una de las últimas vueltas del camino, que en forma de zig-zag sube del pueblo, se hizo bajar a los detenidos y se les fusiló.

Inmediatamente volvió el auto a buscar a otros dos de los comunistas, o trabajadores presos y se repitió la trágica maniobra. Como el "trabajo" hecho de a dos cada vez les estaba resultando muy demoroso, mandaron buscar el camión de la municipalidad. El chofer de este automóvil se negó a manejarlo para tal labor, ofreciéndose entonces para ella el súbdito árabe Abdon Galeb, quien se distinguió por su furia asesina, propia, de un guardia blanco inmejorable.

En el acto se echaron al camión once detenidos, con otros tantos carabineros, habiéndose escogido para ello a los que venían llegando de Coquimbo. Esta comitiva macabra se dirigió también al altiplano sur y allí se procedió a bajar a los condenados. Se les colocó en fila y se puso un carabinero delante de cada trabajador. Uno de éstos se hincó a los pies del jefe de la Guardia Cívica, Fuenzalida, y le suplicó que ya que conocía su casa, su familia, donde hasta había estado comiendo, no permitiera, que lo asesinaran como a los demas. El guardia blanco, feroz, inhumano, le contestó con un puntapié en la cara, derribándolo y diciéndole que él no reconocía a los comunistas. A una orden, los once carabineros dispararon sobre sus víctimas. Cada uno de los masacrados fue herido en varías partes, sobre todo en el abdomen, con la intención de demostrar después que habían muerto peleando.

Recogieron los cadáveres y de vuelta echaron, también arriba del camión aquellos otros masacrados anteriormente en el camino. De estos, que eran cuatro, les faltó uno. Había desaparecido. Al día siguiente se le halló. Sucedió, que al momento de ser acribillado a balazos, no falleció instantáneamente, sino que, muy mal herido, había tratado de acercarse acequia para beber, devorado por la sed de sus heridas. Cayó a la acequia y se ahogó.

Aníbal Cuadra, un comunista que había tomado parte en el asalto al batallón Esmeralda horas antes en Copiapó fue muerto esa misma noche al bajarse del tren en Vallenar. Con ese objeto parece que estaba un agente de la Sección de Investigaciones en la estación llamado Luís Sepúlveda, pues, cuando Cuadra se bajó del tren se acercó silenciosamente por su espalda y sin intimarle orden de detención ninguna le disparó un tiro de revólver en la cabeza matándolo instantáneamente. Hubo trabajadores que fueron arrancados de su trabajo para ser conducidos al cuartel y luego asesinados cobardemente. Uno de ellos fue apresado mientras cepillaba las tablas de un ataúd, pues era carpintero. Otro al bajar de su camión, después de haber trabajado todo el día, y así varios otros.

Los que murieron asesinados en la misma calle fueron los que menos sufrieron, porque los que llegaron detenidos al cuartel fueron maltratados a palos, puntapiés y culatazos, sin ninguna compasión. Una de las víctimas resultó con la mandíbula partida de un hachazo que le dio, no se sabe si un guardia cívico o un carabinero. Después comenzó la preparación del plan de defensa de las autoridades. Ya constaba en el plan que el asalto a la casa de Seura serviría para, dándole mayor importancia, ocultar los demás asesinatos. Pero acordaron agregar que se había verificado una segunda batalla campal. Esta fue planeada en los cerrillos que hay en el camino de Copiapó a Vallenar. Para tal efecto, el capitán Bull mandó al sargento Borgoño a comprar medio tarro de sangre de cordero, y con ella mancharon el terreno donde querían hacer figurar la realización de esa batalla. Afortunadamente, todo se supo, porque la investigación del Fiscal señor Santa Gruz fue minuciosamente llevada. Todo lo que he relatado consta de autos, y en las propias declaraciones de oficiales y soldados que tomaron parte en la masacre. Tal fue el nefando asesinato de trabajadores, el 25 de Diciembre de 1931 en Copiapó y Vallenar, en tiempos de un gobierno civilista que se decía cumplidor de la constitución y de las leyes.

Quedaba escrita una de las páginas más negras de la historia de Chile. Manchadas las autoridades de la provincia, principalmente el Intendente de Atacama, Víctor Manuel Igualt, y el Gobernador de Huasco, (Vallenar), Aníbal Las Casas. Manchadas las fuerzas armabas, principalmente Carabineros, un cuerpo al servicio no del país sino de una clase social, la oligárquica y explotadora, y enemigo de los humildes a quienes asesina por halagar al poderoso. Marcadas indeleblemente las guardias cívicas o blancas como organizaciones de fuerzas de la clase capitalista y formada para matar trabajadores.

Causas

Las causas que motivaron la matanza de trabajadores el 25 de diciembre de 1931, hay que buscarlas siguiendo dos órdenes de ideas. Uno, consistente en la razón por la cual algunos hombres de la clase obrera se mezclaron en el asalto al Batallón Esmeralda de Copiapó. El otro que explique las razones que tuvieron las autoridades para fomentar el asalto y hacer la masacre. ¿Por qué hubo trabajadores que se mezclaron en el asalto al Batallón Esmeralda, siendo que era un plan sin ninguna posibilidad de triunfo? El ambiente político del país en ese mes de Diciembre y las condiciones especiales de Copiapó y Vallenar en cuanto a la opresión en que estaban y están los trabajadores, hicieron posible que la aventura se llevara a cabo, máxime si se toma en cuenta que las autoridades las favorecieron en todo lo que les fue posible. 1931 comenzó en Chile con un Gobierno militarista y terminó con uno civilista. La subida de los militares al poder, manejados desde las sombras por Partido Conservador, trajo por consecuencia el gobierno de Carlos Ibáñez.

Este periodo gubernamental se caracterizó por servir los intereses de la clase capitalista chilena y del imperialismo yanqui y por perseguir encarnizadamente todas las organizaciones obreras. Servía en esta forma los intereses de la alta clase, a pesar de que simulaba estar al lado de la mediocracia. Pero su incapacidad política se hizo pronto manifiesta y sólo pudo mantenerse en el poder recurriendo continuamente a préstamos en el extranjero. Inminente la caída del régimen militarista, la alta clase chilena, que era la que más había aprovechado del gobierno de Ibáñez y que por lo mismo era la única que estaba bien organizada, se colocó apresuradamente en la oposición y, contra la mayoría del país, supo apropiarse los resultados del cambio de gobierno. La que se llamó revolución de ulio de 1931 no trajo, por estas circunstancias ningún cambio fundamental. Seguían dirigiendo el país los mismos de siempre. Sólo cambiaron de etiqueta y desde ese momento pasaron a llamarse civilistas. El Partido Conservador siguió dirigiendo el país, ayudado por sus colaboradores en la defensa del régimen capitalista; los partidos históricos, radical, liberales y demócratas. Para este efecto, los hizo colocarse detrás de la candidatura de don Juan Esteban Montero, que encarnaba la vuelta, al poder de la oligarquía clerical.

Una parte del partido demócrata que, por estar formado en su mayoría de trabajadores, tiene que obedecer en algo la tendencia de estos a buscar justicia en un cambio social, no siguió la línea que marcaba el Partido Conservador y proclamó la candidatura presidencial de don Arturo Alessandri Palma. Alessandri se negó en un principio ir a la lucha, pues, Montero lucia las mismas tendencias políticas suyas: la defensa del régimen y el amparo a la alta clase, con la única distinción de que mientras Montero tendía a continuar sirviendo al imperialismo yanqui, Alessandri se inclinaba más hacia el inglés. Pero Alessandri aceptó cuando se dio cuenta de que la candidatura Montero no podía ser aceptada por el pueblo y que, en consecuencia, se inclinaría en favor de lo candidatos comunistas Hidalgo y Lafferte, dándoles una fuerza llena de peligros, Alessandri desvió hacia su persona la esperanza popular, que de otra manera se habría manifestado acompañando las candidaturas revolucionarías. Esta situación política trajo como consecuencia que en Copiapó, dónde existe bastante incultura, sobre todo en las esferas burguesas, se persiguiera a los alessandristas, calificándolos de partidarios del comunismo.

La persecución fue dirigida por una guardia reaccionaria, formada en su mayoría por viejos radicales que sólo entienden y son aptos en la pequeña y sucia politiquería. Este grupo es uno de los culpables indirectos en la matanza de Pascua, ya que si no hubiese sido por sus manejos en contra de los elementos izquierdistas, no habrían existido obreros tan desesperados que se hubiesen, atrevido a mezclarse en el asalto al batallón Esmeralda.

Algunos alessandristas estuvieron presos durante la elección y posteriormente se llegó tan lejos que a uno se intentó calumniarlo como autor de un pretendido atentado terrorista. Por otra parte, la condición general de los trabajadores en Atacama, y principalmente en Copiapó, era igual o un poco peor que la del resto del país. En todos los fundos se les pagaba con fichas que estaban obligados a gastar en la misma pulpería de la hacienda. Esta clase de explotación se llevaba a tal extremo que un patrón no tenía reparo en cambiarles a sus inquilinos una ficha de valor de un peso por cincuenta centavos, cuando el trabajador exigía dinero para gastos que no podía hacer en la pulpería. En las minas la explotación y los abusos correspondían a los anteriores. De esta manera en Copiapó, a mediados de Diciembre, se sentía la necesidad de un cambio en la condición social del pueblo. En Vallenar, donde existía un Partido Comunista formado, concurría todo el pueblo obrero a los mítines que organizaba ese partido y eran relativamente enormes las columnas que llevaban en alto la bandera roja.

En Copiapó la tiranía local había impedido la formación de colectividades obreras, de manera que entre los trabajadores existías una gran desorientación e incultura política. Esto permitió que se dejaran llevar fácilmente a una celada como el asalto al Esmeralda. Sin embargo, estaba naciendo una Federación Obrera y había una o dos células comunistas, además de un pobre partido demócrata y una más pobre Federación de Izquierdas. Podemos, pues, decir, que las causas que se distinguen como favorecedoras del intento revolucionario de Pascua son:

  • 1: La incultura política, originada por la opresión intelectual y moral de la clase dominante sobre los obreros.
  • 2: Las causas económicas, nacidas de una explotación, la más infame, que había lógicamente despertado rebeldía en todos los espíritus.
  • 3: La sistemática y cruel persecución de que se hacía víctimas a quienes defendían la libertad y la justicia.

Ahora ¿por qué las autoridades favorecieron la perpetración de este delito y a su vez cometieron la horrible masacre de Vallenar? Es incuestionable que actos de esta índole no se pueden realizar en centros muy poblados, pues, el clamor que despertarían en la gente honrada sería imposible de acallar.

Atacama es la provincia de menor población y una de las de más extenso territorio. La totalidad casi de su suelo es un desierto inacabable por el cual es muy difícil viajar. La ciudad más poblada, que es Copiapó, tiene solamente alrededor de9mil habitantes y fuera de ella sólo existen otras dos poblaciones con más de tres mil vivientes, que son Potrerillos y Vallenar. Ambas están separadas de Copiapó por una distancia de 200 kilómetros, y unidas por ferrocarril sólo dos veces por semana y por un caminó carretero dificilísimo.

Potrerillos está al norte, en el departamento de Chañaral, y Vallenar está al sur en el departamento de Huásco. En la provincia de Atacama existía solo un batallón, el Regimiento Esmeralda, y que hacía guardia en Copiapó. En los demás puntos sólo hay pequeños destacamentos de carabineros, en relación a la escasa población de estos centros. Hay además en Copiapó una posta aérea que posee una buena estación de radio, pero donde no hay ningún avión de base. También es preciso hacer notar que por estas condiciones del terreno, sólo desiertos y cerros desprovistos de vegetación, es imposible que cualquier grupo humano y menos un cuerpo de ejército se pueda ocultar ala mirada de los aviones. Por todas estas circunstancias se comprende que en Copiapó era tal vez el único punto de Chile donde las autoridades podían favorecer o aparentar que favorecían un movimiento revolucionario sin temer sus consecuencias. Por el contrario, era fácil aprovecharse de él para ahogar por largo tiempo el despertar de los obreros. En Vallenar necesitaban hacer morir el partido comunista que se estaba haciendo poderoso, porque era escuchado por la masa obrera.

LA ACCION DE LA JUSTICIA

Al segundo día de sucedidos los hechos llegaban a Copiapó los fiscales militares que habían de instruir los sumarios respectivos. El proceso se dividió en tres partes: sumario A, de investigación sobre la culpabilidad de los acusados por asaltar el batallón Esmeralda; sumario B, de investigación sobres el comportamiento de los oficiales y soldados del Batallón Esmeralda, y sumario C, sobre lo acaecido en Vallenar. Del sumario B, que fue seguido por el fiscal mayor señor Feliu, poco tenemos que decir, pues se refiere al comportamiento como militares de los oficiales y tropa del batallón Esmeralda.

Bastará con recordar que el fiscal pidió la separación de las filas y la disposición o suspensión de los demás, con la sola excepción del subteniente Campbell, que entró a combatir a los asaltantes. El sumario A, llevado a cabo por el fiscal mayor señor Labbé, era el eje de toda la trama que había que desenredar, y preciso es reconocerlo, fue sustanciado con una rectitud de espíritu que honra al citado mayor. Inmediatamente que llegó el señor Labbé a Copiapó, recibió exquisitas atenciones del Intendente de la Provincia, Víctor Manuel Igualt, quien le ofreció la propia Intendencia para su trabajo y pretendió influenciado para dirigir la investigación a su gusto. El señor Fiscal se vio precisado a irse al cuartel, para trabajar libre de estas pretensiones y poder encaminar la investigación honradamente hasta el esclarecimiento de la verdad y no hacia un determinado resultado.

Desde un principio las autoridades locales y las camarillas reaccionarías se esforzaron por atribuir el máximo de la culpabilidad a un médico. Les era necesario culpar a algún intelectual y, por otra parte, ese médico que aún no hacía dos meses que estaba en Copiapó, era una amenaza para la tiranía omnipotente de allí, pues, con su independencia de trabajo, su altivez reconocida y sus ideas marcadamente izquierdistas, habría de enfrentarse a los poderosos en defensa de la clase trabajadora escarnecida y explotada. Los antecedentes que se tenían en contra del médico no eran abundantes, pero sé les daba un exagerado valor. Que sus ideas eran muy avanzadas, según se decía, comunistas; que había vivido en casa del practicante Meneses que estaba mezclado en el asalto al Batallón, y, por último que esa noche Había llegado al Hospital y había hecho levantarse a sus empleados, en del furioso tiroteo que se desarrollaba en el cuartel, para estar prevenidos y atender a los enfermos.

En realidad, el doctor Quijada no negaba sus ideas avanzadas, había vivido en casa de Meneses, y esa noche, una hora después de comenzado el ataque al Esmeralda, fue sacado de su lecho para atender a una señora que fue alcanzada por una bala loca. El doctor se había levantado y después de examinar a la herida se había dirigido al hospital para someterla a una operación, pues así lo exigía su estado.Sin embargo, ueron tantas las influencias que se trataron de ejercer para demostrar que Quijada era un instigador, que el propio señor Fiscal juzgó necesario dejar al médico para ser interrogado después de todos los demás detenidos, pues, se le consideraba el más peligroso.

Como una demostración de lo que se quiso hacer, es necesario recordar que al doctor Quijada se le mantuvo detenido a base de un parte que pasó Carabineros, totalmente calumnioso, como quedó demostrado en el sumario. Los detenidos permanecieron presos en el local del Batallón Esmeralda unos diez días y la mayoría fue cargada con pesados grillos, que debían arrastrar penosamente cada vez que tenían necesidad de salir de sus calabozos, mientras un soldado con bayoneta calada les seguía los pasos.

Por último, como a los veinte días, se reunió el Tribunal Militar y comenzó a oír la acusación de los detenidos. Entre estos figuraba con una de las situaciones más comprometidas el señor Guillermo Villouta, capitán comisario de Copiapó. Quedó probado ante el tribunal que aunque el capitán Villouta había obrado en todo momento dando cuenta de sus actos al Intendente de la Provincia, se había hecho reo de un delito, pues, si no hubiese sido por su estímulo y por su cooperación indirecta, nada habría sucedido. En efecto, este capitán de Carabineros obedeciendo instrucciones del señor Igualt, Intendente, había continuado conversaciones con los sediciosos, y en el último momento, había desguarnecido la población para que los pelotones formados por los asaltantes no encontraran obstáculos ensu camino hacia el cuartel, es decir, hacia, !a muerte.

Quedó probado, pues, en primer lugar, que sin la ayuda de las autoridades nada habría sucedido, y luego que el movimiento pudo ser desbaratado en cualquier instante antes de su realización, porque las autoridades estaban al tanto de todo lo que acontecía. Es necesario recordar que cuatro días antes del asalto, el domingo anterior al Jueves, día en que cayó la Noche Buena, se verificó en la sala de la intendencia de Copiapó una reunión entre el intendente, señor Igualt, el capitán comisario de Carabineros, señor Villouta, y el comandante accidental del Batallón Esmeralda, señor Flores Bazán, para discutir y cambiar ideas sobre lo que harían con respecto al asalto al batallón que se verificaría, el 25 de diciembre a las dos de la mañana. En la nota que pasó el Intendente Igualt al Consejo de Guerra, dando cuenta de su actuación en estos, trágicos, sucesos, puede verse sin necesidad de tener perspicacia especial, que el propio Intendente reconoce con su firma la verdad de cuanto hemos afirmado sobre su delictuosa actuación. En esa nota repite su consejo de liquidar a la canalla, con manifiesto orgullo.

El resultado de la investigación que verificó el Fiscal señor Labbe se puede apreciar por las penas que pidió para los que acusaba como cómplices o culpables del asalto al Batallón Esmeralda. Al doctor Osvaldo Quijada, a quien más se había tratado de implicar, lo declaró sin ninguna culpabilidad en los hechos y pidió su inmediata libertad. Igual cosa pasó con varios detenidos, a quienes por espacio de largos días se les hizo cargar pesados y humillantes grillos.

La defensa, brillante desde todo punto de vista fue hecha por el abogado señor Jorge Neut Latour, miembro del Partido Comunista. Esclareció perfectamente situaciones que parecían enredadas, trajo luz completa en el proceso y precisó las actuaciones culpables de las autoridades, demostrando hasta la evidencia que sin la voluntad de ellas nada habría sucedido. Pidió al término de su defensa, con toda justicia, que se declarase el desafuero del Intendente de Atacama y se le sentara en el banquillode los acusados como principal instigador y culpable de la tragedia de navidad. Pero el gobierno civilista se hizo sordo a esta demanda de justicia y no sometió a juicio a ese hombre culpable de 34 muertes; en premio al autor de la maniobra que había permitido ahogar en sangre el despertar de un pueblo. El proceso C, honradamente sustanciado por el Fiscal señor Santa Cruz, capitán de ejercito, demostró hasta la evidencia que entre los carabineros y guardias cívicos se habían cometido los asesinatos ya descritos al referir los sucesos de Vallenar.

En las actuaciones del Consejo de Guerra quedó demostrado que los carabineros habían llegado a provocar a la casa de Pedro Pablo Seura y a violarla sin ninguna orden que los justificara, razón por la cual el Consejo puso inmediatamente en libertad a todos los detenidos de ese pueblo. Con esta libertad, que se acordó apresuradamente en cuanto se sospechó que el abogado señor Neut Latour estaba en antecedentes de lo que había sucedido en Vallenar, se puso término a la publicidad del proceso C, para evitar que sufriera el prestigio del Gobierno y de sus Fuerzas defensoras.

Se entregó el proceso C a otro Fiscal para que lo siguiera sustanciando sin publicidad. Conviene relatar la forma en que esta masacre llegó a conocimiento de la justicia, para que estos hechos se pueda calcular cuántos otros crímenes igualmente horrendos quedan impunes cuando se trata de víctimas obreras.

El Fiscal Santa Cruz había realizado ya el total de las investigaciones sobre lo sucedido en Vallenar. Habían declarado todo el personal de carabineros y los guardias cívicos, y con ello se llegó a la conclusión de que los comunistas se habían armado para atacarlos.Carabineros y guardias blancos, en su defensa, dieron muerte a tantos trabajadores revolucionarios. Las declaraciones estaban perfectamente concordantes y ya la “justicia” estaba hecha cuando una casualidad de última hora permitió que se descubriese la verdad. Al reconstituir la última escena el Fiscal sorprendió una equivocación entre dos carabineros, cosa que, sumada al hecho observado en la exhumación de los cadáveres, lo hizo comprender que era víctima de un terrible engaño. En efecto, cuando el capitán Santa Cruz llegó a instruir el sumario, supo que los fallecidos no habían sido identificados, por lo que se ordenó su exhumación para ese objeto. El capitán Bull de carabineros, le indicó que habían muerto 21 comunistas que estaban enterrados en una sola fosa.

Al desenterrar los cadáveres encontraron 22, uno más de los que tenían apuntados. Los carabineros ni siquiera sabían el número de sus víctimas. La intranquilidad de su conciencia no les permitió ni siquiera anotar un dato tan sencillo. ¿O creían que el comunista número 22 estaba enterrado en otra fosa que no lo declararon? De esta manera, cuando el Fiscal ya tenía terminado el sumario en que llegaba a una conclusión adversa a los comunistas, merced al bien planeado programa de declaraciones de los carabineros, hubo de dar comienzo a otro. Es decir, comenzó de nuevo a hacer todas las investigaciones, a repetir todas las preguntas, y al fin de éstas, después de largas horas de trabajo pudo salir la verdad.

Pero esta es tan terrible, tan acusadora de los carabineros, de las autoridades de la provincia y de las guardias cívicas, que el Gobierno ordenó mantenerla en el secreto más estricto. Así, cuando el abogado Jorge Neut Latour pidió se le permitiera conocer el proceso de Vallenar, se le quiso engañar entregándole sólo la primera, donde aparecían nada más que declaraciones en contra de los comunistas. Se hizo esta a sabiendas que todo lo que allí se decía era falso, destruido por la segunda parte del sumario.

Con esta maniobra se ponía en peligro toda la defensa de los acusados, haciendo posible la condena de inocentes a trueque de mantener secretos estos crímenes. Sin embargo, todo esto se sabe y todo lo que aquí relatado consta de autos en el proceso, y se puede probar con las mismas declaraciones que juraron y firmaron los reos capitán Bull y brigadieres Huerta y Morales, así como muchos guardias cívicos. De estas declaraciones consta que el capitán Bull ordenó el asesinato; que el brigadier Huerta recogió en el camino de Vallenar a Copiapó siete trabajadores por sospechosos; que luego murieron masacrados junto con los demás; que el dentista Carmona quería que el brigadier Huerta fusilara en el mismo camino y antes de llevarlos al cuartel a esos siete detenidos, pues debían ser comunistas y por lo tanto no merecían consideraciones; que el sargento Borgoña fue a comprar sangre al matadero para ir a echarla en el terreno donde, según las declaraciones, se habían verificado una batalla campal entre comunistas y carabineros; que esta sangre la fue a buscar por orden del capitán Bull, etc., etc.

Consta de autos, pues están agregadas las copias, que por medio de este criptograma mentiroso el Gobernador Las Casas de Vallenar y el Intendente Igualt de Copiapó preparaban el ánimo del Gobierno para que justificara el número de muertos. Así, por ejemplo, ya hacía horas que el incidente de la casa de Seura había finalizado cuando todavía el Gobernador Las Casas decía en sus criptogramas que fuerzas de Carabineros y Guardias Cívicos habían rodeado una manzana de casas donde se defendían los comunistas con gran dotación de armamentos y bombas de mano.

Por el contrario, a la hora de estos criptogramas, todo lo extraordinario que sucedía en Vallenar, era un baile que se realizaba en un hotel. En la Corte Marcial, segunda instancia de este proceso, se vio la causa para los reos de Copiapó, pero hasta allí no llegó lo sucedido en Vallenar pues, de orden del Gobierno, se siguió sustanciando en la oscuridad.

Ante la Corte Marcial la defensa de los trabajadores acusados estuvo a cargo de los abogados Daniel Schweitzer, Pedro León Ugalde, Jorge Neut Latour. Fue tan evidente la culpabilidad de las autoridades y tan enorme, como que sin su complicidad nada habría sucedido, que ese alto tribunal sólo condenó a tres de los trabajadores acusados por el asalto al batallón Esmeralda de Copiapó. Contrasta con esto el hecho de que en primera instancia los Carabineros estuvieron condenados a muchos años de presidio. El capitán Guillermo Villouta a diez, el capitán Francisco Bull, comisario de Vallenar, a cinco años y un día por cada asesinato, lo que sumaba cerca de cien años en total, y los brigadieres Huerta y Morales a tres años y un día por cada masacrado, es decir, más de sesenta años a cada uno.

Pero esto no era completamente justo. Es cierto que esos oficiales actuaron como asesinos, pero no es menos verdadero que más autoridad en la provincia eran el Intendente Víctor Manuel Igualt y el Gobernador Aníbal Las Casas. Las pruebas en contra de estos dos funcionarios son muy claras. Como decía, las copias de los criptogramas permiten seguir paso a paso la preparación de la masacre. A horas en que nada sucedía, en que la población se entregaba tranquilamente a una fiesta, estos representantes de la autoridad mentían por telégrafo para poder masacrar a los trabajadores que tenían detenidos y luego decir que había habido combates. Estos, Igualt y Las Casas, no fueron conducidos a ningún tribunal, tal vez porque el Gobierno no quería exhibir toda la maldad y saña que se usa en contra de los trabajadores y quiso defender a algunas de sus autoridades siquiera, con la esperanza de que la verdad se mantuviera en secreto. Habiendo, pues, quedado en libertad los principales culpables, las autoridades máximas y varios guardias cívicos, más asesinos que esos carabineros condenados, era justo que todos quedaran impunes.

Y esta fue la solución. Siendo difícil transcribir muchas piezas del proceso, pues ello transformaría este folleto en un libro, me limitaré a copiar a continuación dos documentos. Uno, que aunque muy superficial permite leer algo de la verdad en su fondo, que es el informe del Fiscal señor Santa Cruz al Consejo de Guerra, y otro que da a conocer la terrible inquietud que aún se cierne en el espíritu de los trabajadores de Vallenar. Muchos obreros están convencidos de que el número de muertos es muy superior al que se consiguió comprobar. Temen que los carabineros hayan confesados la existencia de una fosa y que en realidad sean varias. Pruebas seguras no existen porque aún no han descubierto otros cadáveres, pero los desaparecidos son más que los que figuran en las listas de muertos. El hecho apuntado anteriormente, de que en la fosa apareciera el cadáver de un comunista cuya muerte no había sido confesada, hace creer que en realidad puede haber en otros lugares más víctimas de la masacre de Vallenar.

El informe del Fiscal,

El informe del Fiscal, capitán Santa Cruz, dice:

“A las cuatro de la madrugada del día 25 se tuvo conocimiento en la comisaría de Vallenar de los hechos ocurridos en Copiapó, haciéndose ver la posibilidad que llegaran por tren o camión armamentos desaparecidos del cuartel del Esmeralda.

“A las 5,30, a la llegada del tren de Copiapó a Vallenar, pocos metros antes de que detuviera en la estación, descendió de él el comunista Cuadra, que fue muerto por el agente 4º L. Sepúlveda, previa doble intimidación de llevar manos arriba. “Allanado dicho comunista, no se le encontró armas.“A las 9.30 horas, el capitán Bull designó al brigadier Rafael Huerta con el sargento Beldar y cuatro carabineros para ir en la búsqueda de ciertos individuos que esperaban en los alrededores de la ciudad la llegada de armamentos de Copiapó. “Sorprendida es gente, que estaba sin armas y en número de 7, fue traída al cuartel, pasando a los calabozos.

“En el parte del capitán Bull se hace aparecer un combate ficticio sostenido por ellos y en el cual habrían perecido todos los que fueron detenidos y llevados al cuartel. “Más tarde se tuvieron antecedentes de estar reunidos en un local de la calle Serrano, alrededor de 12 individuos. “El capitán designó dos comisiones para ir a aprehenderlos, ambas al mando de suboficiales. “Al llegar al sitio que ocupaban los individuos, fueron recibidos por una descarga que dejó fuera de combate a un sargento primero y un cabo.

“Este combate, iniciado a las 15.30 horas, se sostuvo hasta las 21 horas, sin que en ningún momento fuese dirigido por ninguno de los oficiales de carabineros, a pesar de que la tropa solicitaba que se quedara conduciendo el combate un oficial con más inteligencia y preparación que la que posee un sargento. “Ello fue expresamente solicitado al brigadier Huerta, con motivo de haber ido a dejar un refuerzo a las proximidades del sitio de la refriega, a lo que contestó que tenía otra comisión más importante que cumplir, como era recibir un personal que llegaba de Coquimbo.

“El personal de tropa, en cambio, actuó valerosamente. “Los detenidos que habían sido recogidos en sus domicilios, fueron sacados entre 2 y 4 de la madrugada en número de 17, y sin habérseles siquiera interrogado. “Se les fusiló uno a uno, en las inmediaciones de la ciudad, haciéndoseles más tarde aparecer como caídos en el sitio del combate en donde solo habían sucumbido cuatro personas. “Es de advertir que la mayor parte de los prontuarios de estos individuos no arrojan malos antecedentes. “Todos los cadáveres fueron llevados a la Morgue, y de ahí al cementerio, sin practicárseles autopsia ni identificación y sin permitirse que fuesen visitados por sus deudos. “Posteriormente, y para justificar estos asesinatos, se falsearon los hechos, se obligó a la tropa a declarar en sentido determinado y se falsificó el libro de guardia.”

Así mismo, la mala conducción del ataque costó la vida a dos buenos servidores de carabineros e impidió coger prisioneros que hubieran proporcionados valiosos antecedentes con relación a los comunistas.

En resumen, el capitán Bull los brigadieres Huerta y Morales, no estuvieron en ningún momento en el sitio del peligro, y que era que obligadamente les correspondía en su calidad de oficiales, en cambio, los dos últimos llevaron a término el asesinato de los 17 detenidos”. – Santa Cruz, Fiscal.

El segundo documento, firmado por el sastre de Vallenar, Zacarías Rojas, que, aunque no militante de partido revolucionarios, se dedicó a defender con gran valentía a los trabajadores, en horas en que decir la verdad significaba un peligro de muerte, dice textualmente así:

“Pide exhumación de los restos de los obreros masacrados los días 25 y 26 de diciembre del año próximo pasado, asesorado por el suscrito para saber el número exacto de las víctimas. Al tenor de los puntos que expresa y demás que crea conveniente. “Señor Fiscal: “En el proceso criminal contra Francisco Bull y otros, al señor Fiscal digo:


“Que como la lista de los obreros muertos pasada a esa Fiscalía el número que contiene alcanza a 21 (veintiuno), mi parte duda de la veracidad de la cifra indicada, lo que pasa a demostrar, haciendo las declaraciones al respecto: “Muertos en el sitio de la refriega de la calle Serrano, (casa de Seura), 4 obreros, (cuatro); Folidor Cortez, muerto públicamente por el cabo 2º de carabineros Sobrazo, en calle Prat, esquina Maule, a las 16 horas, mientras era conducido después de rendirse, siendo cómplices de este crimen los siguientes guardias cívicos: Horacio Adriazola, Rafael Adriazola y Orlando Iturrieta, y siendo conducido a la morgue su cadáver en un camión que pasaba casualmente por allí que era manejado por Heráclito Poblete y Domingo Gallo; fusilados en el altiplano sur, 15 (quince), haciendo de chofer para la consumación de estos crímenes el súbdito turco Abdón Galeb, quien al mismo tiempo se desempeñó como oficial de tiradores; Aníbal Cuadra, muerto por el agente de investigaciones Luís Sepúlveda al descender del tren en que venía de Copiapó el día 26 y tomar dirección a su casa; además fueron fusilados 3 obreros(tres), que viajaban a pie por la línea férrea a inmediaciones de la estación Agua Amarga, para consumar este hecho criminal de la estación de Vallenar fue enviado por orden del ingeniero de los ferrocarriles Baltasar Gálvez un autocarril con gente armada, dándole alcance a estos desconocidos cuyos nombres ignoramos hasta hoy, en el lugar antes mencionado, además, de fuente fidedigna ya por declaraciones de victimario Pedro Alfonso Tronci y por declaraciones de testigos, cuyos nombres daré a conocer a esa Fiscalía cuando los solicite, sábese la muerte de otros 3 (tres) de los cuales también ignoramos sus nombres; también es vox populi el desaparecimiento de dos mujeres (dos), cuyos nombres ignoramos por no existir deudos, pero creemos estén en la fosa; y por último, Gabriel Torres, flagelado por los carabineros del Alto del Carmen, fallecido días después a consecuencia de los golpes y al que incluimos en el número de masacrados que alcanza un total de treinta y dos.

“Al tenor del segundo punto; para ilustrar el buen criterio de esa Fiscalía y probar que mis sospechas son bien fundadas, pido se llame a declarar al panteonero Campillay, para que ratifique su declaración, si es efectivo que a las 22 horas del día 25 de orden del ex capitán, hoy reo Francisco Bull, le fueron solicitadas las llaves del cementerio para abrir fosas y enterrar a altas horas de la noche, ocupando para esta tarea a los reos de la Cárcel Pública de esta ciudad: Jiménez, Acevedo, Montano y Flores. “Expuestos los datos anteriores, mi parte solicita del señor Fiscal la exhumación de los restos de los obreros masacrados, asesorado por el suscrito, para conocer el número de ellos y por solicitud de los miembros afectados que desean darles honrosas sepulturas, por tener medios como hacerlo. Por tanto, ruega al señor Fiscal, practicar las diligencias que solicita como apoderado en esta causa.- (Firmado).- Zacarías Rojas.”

El Fiscal, que no era ya el señor Santa Cruz, sino el Fiscal del Cuerpo de Carabineros, Osvaldo Fuenzalida Correa, no dio lugar a esta petición basándose en que no llevaba firma de abogado. La ley no exige firma de abogado para esta clase de peticiones y mucho menos en este caso en que el señor Zacarías Rojas era representante autorizado del defensor Neut Latour y de las viudas de los masacrados. Pero la justicia para los obreros es así.

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