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La Guerra de las Piedras en Santiago

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La Guerra de las Piedras en Santiago
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1811-1813

Quien de nosotros no jugo a tirarse "peñascazos". Las piedras en manos de niños, fueron parte de todas las infancias del hombre. Recuerdo jugar con mis amigos de la cuadra, a tirarle piedras al tarro y también después de las lluvias, a que saltara lo más alto posible el agua del charco de barro, en mi natal Talca. Pero el recuerdo más vivido de haber estado en una "Guerra de piedras", fue cuando demolieron un viejo colegio en la 4 poniente con 2 norte de Talca (Colegio San Ignacio) en 1972 ó 1973. Como el colegio era antiguo y de adobe, se formaron unas tremendos cerros de tierra y piedras, a los que los chicos del vecindario seminario, le sacamos excelente partido. Recuerdo una tarde que con mi hermano y otros amigos comenzamos a subir esos empinados cerros de tierra, cuando a lo lejos, vimos aparecer a los "cabros" de la vuelta, de las casas "callampas", como les decíamos. Les teníamos respeto, pues siempre buscaban camorra de una u otra forma con nosotros, especialmente el Miguel, el más choro del grupo. De inmediato comenzaron a arrojarnos piedras, por lo que comenzamos a contestarles. Nos escondíamos y corríamos por los cerros para no recibir alguna pedrada. Las piedras volaban en ambos sentidos. En un momento me subí al cerro más alto y los pude ver a media cuadra. Jamás pensé que alguno de ellos sería capaz de alcanzarme a esa distancia, pero estaba equivocado. Un tal Juanito "el guatón y transpirado del grupo", tomo una piedra y la lanzo contra mi, con una puntería increíble. Vi venir directo la piedra a través del aire, aterrizando en mi cabeza, lo que provoco gritos y risas de jubilo del bando contrario. Me caí sobre la tierra pero afortunadamente solo me golpeo levemente debido a la distancia, pero...habíamos perdido la batalla. Tiempo después en un partido callejero de baby futbol contra los mismos chicos, me trense en una gran pelea con el matón del barrio "el Miguel", pero esta vez mis combos lo dejaron bastante a mal traer, lo que me convirtió en héroe y jamás volvió a molestarme. Sobre el "Guatón Juanito" que parecía un cavernícola de 18 a pesar de tener 10 o 12 años, sufrió un accidente en los mismos cerros de tierra, mencionados, cuando jugando se acerco a una de las pesadas murallas de adobe que aún quedaba en pie y esta se le vino encima, quedando atrapado. Los obreros lograron sacarlo pero muy a mal traer, estaba todo reventado. Afortunadamente sobrevivió, claro "más cocido que botón de oro", pues como estaba reventado por todos lados los médicos del Hospital de Talca, lo cocieron de pies a cabeza, lo que le dejo unas cicatrices horribles y una cojera en una de sus piernas. Ya nunca más le dijimos "Guatón Juanito" desde ese día le decíamos "el Frankenstein", inclusive sus cercanos, por la cantidad de cicatrices y zurcidos en el cuerpo. WikicharliE Patrimonio de Chile

Contenido

A fines de 1813, Don José Joaquín Echeverría y Larraínpor medio de un bando[1], del gobierno, intentó poner fin a los “frecuentes combates y peleas de piedras” que se hacían “visibles, notorios, y perjudiciales”. Se producían con cualquier pretexto: rivalidades de barrio o a veces en disputa de una moneda después del bautismo, que los muchachos exigían a los padrinos, acometiendo “a pedradas” a los asistentes y sus carruajes.

“No hay un solo individuo que no se resienta de estos excesos, y clamen porque cesen tales abusos”
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Guerra de piedras.png

El gobierno consideró que todo esto se producía por efecto de la edad y por la educación, de la que eran responsables tanto los maestros como los padres. Por medio del citado bando quedó encargado a los prefectos e inspectores extremar el celo en esos desórdenes[2]

Al parecer, el clima de guerra que se produjo a consecuencia de las luchas por la in-dependencia fue un terreno fértil para que los niños reprodujeran el ambiente de beligerancia generalizado. Expresión de esto fueron las “guerras de piedras”.

José Zapiola

El compositor Chileno José Zapiola dejó testimonio directo de estas Guerras de Piedras para el caso de Santiago, ya que como vecino del centro de la ciudad, participó activamente en “todas esas campañas” hasta 1818, conservando desde niño la cicatriz de una herida recibida por entonces. En estas batallas callejeras los niños eran los protagonistas: “en su mayor parte apenas tenían 12 años de edad”[3].

Calle San Antonio (entre Monjitas y Santo Domingo) y las riberas del Río Mapocho

Santiago y La Chimba.

Había varios lugares donde se concentraban los enfrentamientos. En pleno centro, un lugar preferido era la calle San Antonio, entre Monjitas y Santo Domingo, donde había poco tránsito y escasas ventanas: “aquellos combates infundían tal temor a los transeúntes de ambas calles, de Santo Domingo y Monjitas, que para pasar a la cuadra siguiente tenían que esperar el momento en que hubiera menos piedras en el aire, y aún en ese caso, lo hacían a todo correr, sin que esta precaución los librara siempre de una pedrada”[4].

Combate entre chimberos y santiaguinos

Infancia chilena de Einar Altschwager 1930.jpg

Pero el gran campo de batalla se ubicó en las riberas del río Mapocho, entre Chimberos y Santiaguinos. La línea divisoria era el propio río, en parte más angosta, el que era cruzado en uno y otro sentido. allí “acudían combatientes de todos los barrios, prefiriendo el espacio comprendido desde donde ahora está el Puente de La Purísima hasta dos o tres cuadras más abajo del de Calicanto, es decir, una extensión de kilómetro y medio de oriente a poniente”.[5]

Las guerras se producían con regularidad, generalmente los días festivos en la tarde. En el caso de las batallas de piedras en las riberas del Mapocho, muchos acudían a observar el combate desde una cierta distancia. Era usual que los santiaguinos salieran vencedores, por su mayor número. Cuando traspasaban el río, el grupo vencedor iniciaba la persecución. Los santiaguinos no corrían gran peligro, porque sus edificios no se prestaban para saqueo y había muchos curiosos que lo podían impedir. Algo distinto ocurría cuando los santiaguinos cruzaban el río.

[...] llegando casi siempre hasta los ranchos situados en el río, y encontrándolos abandonados, saqueaban como vencedores esos ranchos, escapando sólo aquellos cuyos dueños eran mujeres indefensas. Estos saqueos no eran precisamente por robar, pues ya se sabe lo que en un rancho puede tentar la codicia, sino por imitar la guerra en todos sus pormenores, y, más que todo, por el instinto de hacer daño, inherente a los niños”

Época

Respecto de la época en que se produjo esta “guerra de piedras”, el cálculo de Zapiola indica que ésta habría empezado –“o por lo menos tomó ese grado de encarnizamiento”, en 1813, justo cuando principiaba la guerra de independencia. Y desapareció, en gran parte, “de las calles del centro de la ciudad el año de 1817”. En el río continuó “aún hasta muchos años después[6].

Jugando al Trompo de Agustin Undurraga.png

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Pizarra

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  • Domingo Faustino Sarmiento, nacido en 1811, describió en si libro "Recuerdos de Provincia" las que él conoció en su natal San Juan, antes de cumplir 11 años. Junto a un grupo de amigos (barrilito y piojito, ambos mulatos; Velita, el Guacho riberos, capotito y chuña, el único mayor, con alguna limitación mental) participó con piedras y palos en estas violentas batallas callejeras. Tras varias exitosas campañas, su bando logró deshacer al “ejército” rival y paseó a los “prisioneros” por las calles de la ciudad. pronto los derrotados se reorganizaron y se transformaron en quinientos “diablejos con veinte banderas, i picas i sables de palo”. Domingo y su grupo de amigos debieron hacer esfuerzos para resistir la revancha.[7]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. memoriachilenas/Colección de historiadores i de documentos relativos a la independencia de Chile. Santiago : Impr. Cervantes, 1900-1966. 43 v./Págs. 375-376 y 377
  2. Colección de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, Tomo XXIV (El Semanario Republicano y otros impresos publicados en 1813), Imprenta Universitaria, Santiago, 1913, Págs. 375-377
  3. Zapiola, Recuerdos de treinta años , pp. 142-143.
  4. Zapiola, Recuerdos de treinta años , pp. 142-143
  5. Zapiola, Recuerdos de treinta años, p. 141.
  6. Zapiola, Recuerdos de treinta años , p. 143.
  7. Véase el capítulo “Mi educación”, en Domingo Faustino Sarmiento, Recuerdos de provincia, impr. de Julio belin y cía., Santiago, 1850, con sucesivas reediciones

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