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Historia de la Navidad en Chile

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Presentación

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Navidad del Chile del siglo XIX

Los regalos eran duraznitos, peras, ciruelas, guindas, o ramitas de albahaca y flores, las iglesias y viviendas exhibían pesebres en sus portales, y la gente acudía a la Misa del Gallo para luego partir a las fondas que se instalaban en la Alameda de las Delicias. Así se celebraba la Navidad en el Chile decimonónico. Nada se sabía entonces de pino navideño ni mucho menos de viejo pascuero. Dar cuenta de cómo era esta celebración y los cambios que se fueron produciendo a la llegada del nuevo siglo[1].

“La ciudad era capaz de albergar, sin distinciones, a todos aquellos que querían celebrar y conmemorar”. Se trataba de una fiesta donde todos tenían cabida: ricos y pobres, niños y adultos, santiaguinos y campesinos. Era una celebración eminentemente comunitaria y pública, la fiesta era en la calle, primero en la Plaza de Abastos y luego en la Alameda. Aquí se instalaban puestos y cocinerías, se organizaban juegos tradicionales y los árboles se adornaban con frutas de la estación[2].

Sumario

Carnaval navideño en la Plaza de Abastos

Las navidades se transformaban en ramadas a la chilena

 
La Noche Buena en La Cañada

El mismo 24, las iglesias competían por atraer a los fieles con sus retablos y adornos. Luego partían las fondas, donde se tomaba chicha y ponche, se bailaba zamacueca, y sonaba la música del arpa, vihuela y guitarras. La fiesta duraba hasta altas horas de la noche y los más trasnochados terminaban en el Mercado Central, al más puro estilo de un año nuevo actual.

Se trataba de una sociedad con una mentalidad agraria muy marcada. “La gente se regalaba frutas de la estación y flores. Estaba muy presente la idea de que comenzaba un nuevo ciclo, en que la naturaleza renacía y empezaba un nuevo año lleno de buenas intenciones”.

Pero era, ante todo, una fiesta profundamente religiosa. No había casa sin pesebre y los fieles acudían a las iglesias a dejar sus ofrendas, que eran por supuesto flores, frutas e imágenes del niño Jesús. Las celebraciones eran precedidas por una preparación espiritual a través del rezo de la Novena: nueve días de oraciones, sacrificios y ofrendas.

Excesos permitidos, debido a la ganancia que le reportaba a la Municipalidad

De los excesos denunciados por la prensa, uno de los más importantes es el que se relaciona con el consumo excesivo de alcohol. En las fiestas navideñas, fondas y chinganas constituían los espacios predilectos del pueblo para celebrar después de los oficios religiosos y hasta altas horas de la noche. Era ahí donde los desórdenes y abusos morales suscitaban la preocupación de las autoridades. Sin embargo, sus derechos de instalación proporcionaban importantes ingresos a las municipalidades.[3]

1818

Diciembre de 1818: Las ramadas, infaltables en todas las fiestas religiosas y cívicas, se encontraban bajo el ojo vigilante de las autoridades, por ejemplo en diciembre de 1818 Bernardo O’Higgins determinaba la prohibición de establecer este tipo de locales durante navidad, ello por motivo que su construcción:

“En las festividades de Pascua y de los patronos de los pueblos, sirven para atraer multitud de gente de ambos sexos que se entregan a la embriaguez, al juego y los demás excesos consiguientes a un concurso permanente a todas horas del día y de la noche. -Por ende se decreta- su prohibición por la sinodal del obispado y por bandos del gobierno; pero con el transcurso del tiempo se han visto renovadas por un reprensible disimulo de los Jueces territoriales o por ignorancia de tales prohibiciones”[4].[5]

1821

Por tanto los jueces territoriales deberán velar por el cumplimiento del decreto en contra de las ramadas navideñas. Sin embargo no se prohibieron absolutamente las ramadas, las que persistieron principalmente durante las fiestas cívicas en las que encontraron condiciones propicias para su instalación debido a las permisiones del Gobierno por tratarse de las conmemoraciones de los principales hitos de la causa de la Independencia, claro que con mayor regulación de las autoridades con motivo de velar por el orden público, así lo evidencia Calisto Enríquez en diciembre de 1821, quien se acercó al Ministerio de Interior “solicitando poner una fonda fuera de la capital[6], tras lo cual el Gobernador Intendente “proveerá a la solicitud -de Enríquez- con precauciones que aseguren el orden público”[7].[8].

1850

La costumbre establecía que la Noche Buena no era noche de dormir. Los ánimos se preparaban para pasar una noche en vela, paseando, comiendo, bailando, en buena parte en torno al consumo. Para ello las multitudes se dirigían a la Plaza de Abastos, a realizar sus "prácticas contraídas por un habito inmemorial"[9], dispuestas a gastar lo que no tenían para disfrutar sin límites. A mediados de siglo, este hecho comenzó a ser criticado por quienes no veían más que una orgía popular y profanadora, llena de excesos, en la Noche Buena[10]. Esta crítica responde a las ideas racionalistas e ilustradas que llegan a Chile como parte del proceso de modernización. Cruz opone esta mirada utilitarista y funcional del mundo anglosajón a la gratuidad propia de la fiesta hispanoamericana ("Una Instancia...", op. cit. Siguiendo las ideas de Josef Pieper, Una teoría de la fiesta, Madrid, España, Ediciones Rialp, 1974). Ella identifica al intenso gasto como algo propio de la fiesta. Para ambos autores esta última es una realidad trascendente y el consumo ilimitado es gratuidad hacia la divinidad y las otras personas[11]. Cruz entiende al gasto como don[12], mientras Pieper presenta la fiesta como un sacrificio, una ofrenda que se da no solo en detener el tiempo productivo, sino que además al gastar el producto de lo trabajado[13].[14]

El escenario festivo comenzó a incomodar a la élite. La Plaza de Abastos generaba un ambiente en que era difícil controlar a los borrachos, los pellizcones, los robos y las riñas21. En el siglo que perseguía el orden y el progreso, se decidió que la mejor forma de evitar esos desórdenes era trasladar la fiesta a un lugar más adecuado a la realización de aquellas expectativas[15].

1851

Las intenciones de la élite de desligarse de las formas de celebrar del pueblo y los diversos intereses involucrados en el tema de la embriaguez no fueron, sin embargo, obstáculo para que las autoridades y la opinión pública a través de la prensa manifestaran su compartida preocupación. El año 1851 estalló una controversia entre el periódico El Progreso[16] y La Revista Católica[17]., ya que el primero acusaba a la Iglesia por no velar ni fiscalizar la embriaguez acaecida durante la navidad de 1850. La prensa católica se quejaba también de la negligencia civil para hacerse cargo de este problema, en que el "libertinaje del pueblo que ha bebido sin tasa hace caso omiso de la decencia que exigen las buenas costumbres"[18].

Podríamos decir que, entre todos los desórdenes que una fiesta traía consigo, el de la embriaguez era concebida -tanto por la prensa católica como la liberal- como el peor de los vicios y el enemigo mortal de la moral y el orden. El beber llevaba a otras indecencias, propiciaba el gasto innecesario y terminaba con hombres tirados en las calles sin cumplir con sus deberes laborales y cívicos. Esto atentaba directamente contra los valores ilustrados del trabajo, el ahorro y el comportamiento ciudadano responsable que se quería inculcar entre el pueblo. Por esta razón es que las quejas frente a los borrachos de las fiestas de navidad, desde todos los francos de la prensa decimonónica, están sobrerrepresentadas.[19]

1856 Se traslada la fiesta a la Alameda

Las primeras celebraciones se realizaron en la Plaza de Abastos, donde imperaba el desorden y alcohol. Las peleas y robos eran rutina diaria y nocturna, por lo que las familias comenzaron a no frecuentarla, por su peligrosidad. Ante este descalabro antisocial, en que el "populacho" se desbordaba, las autoridades decidieron trasladar la festividad a La Cañada o Alameda de las Delicias, entre las actuales calles San Diego y Dieciocho.

En diciembre de 1856 el intendente Joaquín Tocornal Jiménez (Santiago, Reino de Chile 1788 –† Santiago 1865), mediante el decreto N° 19, cambió la legendaria celebración de Noche Buena de lugar. La Alameda la prepararon, limpiando sus calles, colocando flores y adornos navideños, de la época, principalmente religiosos. La gente y familia pasearon y compartieron todo el día y la noche.

Se desarrollo un carnaval navideño en La Alameda, donde las personas se instalaban a ofrecer sus frutas y flores cosechadas. Había fondas, puestos de frutas, puestos de fritanga, de mote con huesillos, de helados caseros y la gente toda se paseaba allí en este ambiente carnavalesco. Era una fiesta bien popular y bien puertas afuera, a diferencia de hoy en día que es adentro de la casa.

Los arboles que se adornaban no eran los pinos, sino los duraznos o el árbol frutal que hubiese en las casa. Después de la Misa del Gallo las familias caminaban hacia las fondas y ramadas como la de "Villegas", la de "Silva" o la de la "Peta Basaure", ubicadas en las calles transversales a la Alameda, o se iban a las fiestas que se organizaban en otros sitios como el cerro San Cristóbal o el Parque Cousiño. “Bailaban de todo: cuecas, tonadas, valses, y los niños bailaban con los grandes y había cantoras y cantores, y se tomaba chicha y ponche, al amanecer y terminada la jarana, algunos se dirigían al Mercado Central, donde comían cazuela de ave, caldo de cabeza, caldillo de congrio y mariscos”.[20]

1863 Se cancelan las fiesta navideñas por tragedia

8 de diciembre de 1863: El intendente cancela toda fiesta de Navidad y Noche Buena en Santiago, debido a la tragedia del Incendio de la Iglesia de la Compañía, donde más de 2.500 personas murieron, de las cuales 2.000 eran mujeres.

1865 Fiesta en la Alameda

Este año la fiesta Navideña de la Alameda, incorpora coros navideños y bailes tradicionales. El llamado era a inscribirse con los oficiales de policía, institución que asignaba el puesto a cada uno de los interesados, durante la mañana del 24 de diciembre. Se esperaba que, con esto, el orden quedara asegurado.

Esta celebración comenzaba a ser anunciada a partir del 10 de diciembre. Los avisos sobre la Novena del Niño Dios. Esta comenzaba el 16 de diciembre y era celebrada en torno a Nacimientos con cantos, rezos y bullanga, para finalizar el 24 de diciembre. Para gran parte de los autores revisados esta recreación popular de la natividad era lo esencial de la celebración de Navidad[21][22]. Esta tradición venía, al menos, desde el siglo XVII y era el momento de expansión de los más humildes.</ref> eran señal de que la Noche Buena ya llegaba. A la par, los habitantes de Santiago se preparaban comprando todo lo necesario para celebrar como se debía. Por esos mismos días, las autoridades permitían la instalación de ventas y fondas en la Alameda de las Delicias entre el 24 y 26 de diciembre.

En la mañana del día indicado, hombres, mujeres y niños llegaban en carretas, carretones y otros medios, con mesas, sillas, maderas, cajones, canastos, farolitos, banderines de colores, fuentes, botellas, tarros de lata, productos para vender y otros enseres, elementos con los que armaban largas filas de ventas y fondas por las avenidas de la Cañada.

El movimiento comenzaba con la caída del día, alrededor de las 6 o 7 de la tarde. Las multitudes acudían desde los distintos lugares de la ciudad a la feria de la Alameda, el punto de reunión por antonomasia. Ahí paseaba un mar de gente que disfrutaba durante toda la noche como si fuese el día, entre las ventas y fondas iluminadas por innumerables farolitos chinescos de distintos colores, respirando el polvo que levantaban los pies al andar junto con los aromas de los distintos productos que ahí se ofrecían. El ambiente se completaba con los voceos de los vendedores, las animadas conversaciones y gritos de los asistentes, los sonidos de la música de las fondas y de las bandas militares instaladas en los distintos tabladillos para agradar con sus retretas.

A medianoche, las campanas de las iglesias llamaban a la población a la tradicional Misa del Gallo, desde las torres más altas de un paisaje marcadamente colonial. Muchos cambiaban su dirección a los templos, donde iban a celebrar el nacimiento del Niño Dios, razón por la que esa noche había fiesta. Era cuando acababa esta misa, entre 1:00 y 2:00 de la mañana, que algunos se iban a sus hogares y otros volvían a celebrar junto a los que se habían quedado en la feria, en medio de refrescos y zamacuecas, hasta el amanecer, alrededor de las 4:00 o 5:00 de la mañana. Para esa hora, cuando terminaba la Noche Buena, solo quedaban los entonces llamados adoradores de Baco. El paseo por la feria de la Alameda continuaba durante el día de Pascua y la noche siguiente, para llegar a su fin en la madrugada del 26 de diciembre, con la mayoría de los visitantes con cara de Pascua* y unos cuantos presos por embriaguez, robos o riñas. Con esto, un nuevo año acababa y el éxodo veraniego de la ciudad comenzaba.

El buen humor generalizado era el "sello propio y característico" de la Noche Buena. La celebración en la Alameda era un espacio y un momento excepcional, en que se dejaba de lado "la monotonía de la vida ordinaria". Esta fiesta carnavalesca era objeto "sabe Dios de cuántos sacrificios i de aperturas de alcancías". Como ya lo mencionamos, un primer gasto era el que se realizaba en los días previos a la fiesta, para conseguir todo lo necesario, como vestidos nuevos y maquillaje. Testimonios muy ricos sobre esto encontramos en las décimas de la Lira Popular, como esta que habla de los "Preparativos para la Pascua".[23]

1900 De la Alameda a la privacidad de las casas

Pero con la llegada del nuevo siglo, las cosas comenzaron a cambiar. La élite dejó las calles para celebrar en la privacidad de su hogar o en los clubes sociales. La Iglesia criticó el tono carnevalesco de la celebración: se debía poner fin al desorden, las borracheras, las riñas, y a tanta proximidad entre hombres y mujeres.

Algunos extranjeros también quedaron impresionados con ciertas escenas navideñas y, dejando muy en claro las diferencias de la aristocracia y del pueblo en sus formas de celebrar, comentaban que este último permanecía toda la noche en las ramadas de la Alameda cantando, bailando, comiendo, jugando y bebiendo "de forma realmente salvaje"[24]. Algunos aristócratas sentían también repulsión por las formas populares de celebrar. Amalia Errázuriz, consideraba que las celebraciones navideñas en las calles santiaguinas eran repugnantes por los excesos de la bebida en el pueblo.

 
Amalia Errázuriz y Urmeneta

1905 La influencia europea

 
Portada de la Revista Zig-Zag de Diciembre de 1905.

La influencia europea también se hizo sentir. Las casas comenzaron a exhibir los primeros pinos de pascua junto al tradicional pesebre. La aparición de las primeras tiendas por departamento y sus lujosas vitrinas que exhibían los productos importados, ayudaron a que los niños de la alta sociedad empezaran a recibir costosos regalos traídos por el viejo pascuero.

 
¡Ligero, los niños esperan!: Portada de navidad de la Revista Zig-Zag el 27 de diciembre 1908.

Estos cambios produjeron una cierta nostalgia respecto del siglo anterior y una sensación de pérdida de sentido. Sin embargo, el campo continuó resguardando las tradiciones populares, muchas de las cuales siguen presentes hasta el día de hoy como la Fiesta del Pastorcito o Pase del Niño; se trata de celebraciones comunitarias, donde todos tienen un rol que jugar, algo que ya se ha perdido en la sociedad urbana actual.[25]

 
La imagen nos muestra un puesto navideño instalado en Alameda de Las Delicias en Santiago en en 1905. Podemos ver entre su mercadería, arriba pequeñas trompetas o cornetas, vacas de yeso o porcelana, pequeños soldaditos a caballo, muñecas y un chanchito al costado derecho. También podemos apreciar a bajo a la derecha, un canasto con dulces chilenos, sobre un banquito de madera y cáñamo. Las mujeres y niños elegantemente vestidos./Autor desconocido
 
Venta de Pequenes (dulce chileno) en la Feria de navidad de Alameda, Santiago año de 1905.

1930

Este año, la Compañía Chilena de electricidad, organizo una gran fiesta navideña para los niños de escasos recursos, en la Plaza de Armas de Santiago, frente a la Catedral. La fiesta fue todo un éxito entre la sociedad y comunidad santiaguina. Fue la primera vez que apareció el Viejito pascuero en "persona" en Chile.

 
“Celebrando la Navidad en la Plaza de Armas 1930. Stand de la compañía Chilena de electricidad con juguetes y miles de dulces para los niños pobres. 24 de diciembre de 1930”. En esta imagen podemos ver uno de los primeros viejos pascueros que aparecieron en el país, que fueron traídos a la empresa eléctrica por los funcionarios norteamericanos que trabajaban en ella. A sus espaldas un letrero luminosos (uno de los primeros en Santiago) que encendía y apagaba las ampolletas, toda una novedad para esos años. Se ven funcionarios preparando los juguetes, para los niños que pasan en fila y uniforme a un costado de ellos. Un funcionario de uniforme municipal sostiene en su mano algunos bastones navideños.

1951 Error del Gobierno

Este año, el gobierno del presidente Gabriel González Videla, decidió agasajar y regalar juguetes a los niños más pobres de Santiago. Para ello la primera dama Rosa Markmann Reijer, junto a las esposas de los ministros y personal de la administración del gobierno, organizaron una gran fiesta en el Palacio de gobierno, La Moneda. Cientos de niños acudieron en busca de golosinas y refrescos, pero ocurrio un error garrafal. Como las encargadas de las compras eran mujeres, obviamente que compraron más muñecas que otro juguete. Lamentablemente el número de niñas que llego fue menor al de los varones, por lo que cientos de niños recibieron "MUÑECAS".

Quedo la bataola, pues muchos de ellos terminaron llorando o botando la muñeca. Ante este error, las funcionarias les volvían a regalar otra muñeca, a aquellos que tenían mucha pena, pensando en que podrían "en algo" aminorarla. Lamentablemente, esa navidad fue muy triste para los niños pobres de Santiago. Las muñecas terminaron en la calle, tiradas, vendidas y en manos de niñas familiares de los niños.

La imagen de abajo nos muestra, la cara de consternación y pena de algunos niños.

 
Niños con pena, navidad de 1951, en el Palacio de La Moneda.

Significado religioso

El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda que Jesucristo ha venido a ser Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa al árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de tipo perenne.

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad. Las oraciones que se realizan durante el Adviento se diferencian por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

  • El azul las oraciones de reconciliación.
  • El plata las oraciones de agradecimiento.
  • El oro las de alabanza.
  • El verde de abundancia, fortaleza y de naturaleza.

Origen alternativo según algunas iglesias cristianas

Según la Iglesia Católica y otras iglesias cristianas, el 25 de diciembre es la fecha observada por los paganos de la antigüedad como el día del nacimiento del hijo de la Madre de los Cielos, asociado con Nemrod y el dios del sol. Semiramis y sus seguidores sostenían que en el 25 de diciembre, un árbol siempre verde brotó durante la noche de un tocón seco en Babilonia, y que Nemrod volvería secretamente todos los años a la misma hora para dejar presentes en el árbol.

Pero con el fin de convertir a los pueblos paganos al cristianismo, la Iglesia Católica, estableció el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, así en lugar de celebrar a un dios pagano, se estaría celebrando al Dios judeo-cristiano.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Profesora del Instituto de Historia Olaya Sanfuentes
  2. Profesora del Instituto de Historia Olaya Sanfuentes
  3. Fernández, 2005: 549
  4. Boletín de leyes y decreto del Gobierno, 1818, p. 403
  5. Regulando los ámbitos populares durante la Guerra de Independencia. Chile, 1817-1822
  6. Ministerio del Interior, tomo I, v. 32, p. 156b
  7. Ministerio del Interior, tomo I, v. 32, p. 158
  8. Regulando los ámbitos populares durante la Guerra de Independencia. Chile, 1817-1822
  9. El Diario, 26 de diciembre de 1851
  10. La Barra, 27 de diciembre de 1850
  11. Cruz, La fiesta...,, op. cit., 33
  12. "Una Instancia...", op. cit., 53
  13. Pieper, op. cit., 27-29
  14. Silva Guzmán, Elisa. (2012). La Noche Buena en la Alameda: Descripción de una tradición en tiempos de modernización. Santiago de Chile, Segunda mitad del siglo XIX. Historia (Santiago), 45(1), 199-246.
  15. Silva Guzmán, Elisa. (2012). La Noche Buena en la Alameda: Descripción de una tradición en tiempos de modernización. Santiago de Chile, Segunda mitad del siglo XIX. Historia (Santiago), 45(1), 199-246.
  16. Creado en 1842, El Progreso fue el primer diario de Santiago. Aparecía todos los días del año.
  17. La Revista Católica aparece el 1 de abril de 1843 publicándose en forma interrumpida hasta 1874, cuando fue reemplazada por El Estandarte Católico, diario político dirigido por el clero, que a su vez fue reemplazado por El Porvenir. La Revista Católica fue reestablecida en 1892 con publicaciones quincenales.
  18. Sin título (1885, 27 de diciembre). El Chileno, Santiago
  19. Scielo/Tensiones navideñas: Cambios y permanencias en la celebración de la Navidad en Santiago durante el siglo XIX/Atenea (Concepción) versión On-line ISSN 0718-0462
  20. eldesconcierto/Navidad a la chilena
  21. Cruz, La fiesta..., op. cit.; María Ignacia Parodi, Expresiones de una Religiosidad Popular Urbana. Santiago a fines del siglo XVIII, Tesis para optar al grado de Licenciada de Historia, Santiago, Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 2000
  22. Maximiliano Salinas, Canto a lo divino y la religión popular en Chile hacia 1900, Santiago, Lom Ediciones, 2005
  23. Historia (Santiago) versión On-line ISSN 0717-7194
  24. (Treutler, 1958: 502)
  25. uc.cl/Investigación rescata la Navidad del Chile del siglo XIX /Autora: Olaya Sanfuentes/Info Periodistica Nicole Saffie//Cons.24dic 2014

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