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Hígado

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Hígado
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Hígado

El hígado(del latín iecur ficātum "alimentado con higos") es la más voluminosa de las vísceras y una de las más importantes por su actividad metabólica. Es un órgano glandular al que se adjudica funciones muy importantes, tales como la síntesis de proteínas plasmáticas, función desintoxicante, almacenaje de vitaminas y glucógeno, además de secreción de bilis, entre otras.

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Contenido

También es el responsable de eliminar de la sangre las sustancias que puedan resultar nocivas para el organismo, convirtiéndolas en inocuas; está presente en el ser humano y se le puede hallar en vertebrados y algunas otras especies inferiores está situado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, debajo del diafragma y por encima del estómago, el riñón derecho y los intestinos. El hígado tiene forma cónica, es de color marrón rojizo oscuro y pesa alrededor de 1.500 a dos kilos en el adulto.

La sangre que llega al hígado proviene de las dos fuentes
  • La sangre oxigenada llega al hígado a través de la arteria hepática.
  • La sangre rica en nutrientes llega a través de la vena porta hepática.

El hígado recibe permanentemente alrededor de una pinta de sangre (el 13 por ciento de la sangre total del cuerpo). El hígado consta de dos lóbulos principales que a su vez están formados por miles de lobulillos. Estos lobulillos se conectan con pequeños conductos que a su vez están conectados con conductos más grandes que finalmente forman el conducto hepático. El conducto hepático transporta la bilis producida por las células del hígado hacia la vesícula biliar y el duodeno (la primera parte del intestino delgado).

Funciones del hígado

Higado en Cuerpo Humano.jpeg

El hígado regula los niveles sanguíneos de la mayoría de los compuestos químicos y excreta un producto llamado bilis, que ayuda a eliminar los productos de desecho del hígado. Toda la sangre que sale del estómago y los intestinos pasa a través del hígado. El hígado procesa esta sangre y descompone los nutrientes y drogas en formas más fáciles de usar por el resto del cuerpo. Se han identificado más de 500 funciones vitales relacionadas con el hígado. Entre las funciones más conocidas se incluyen las siguientes:

  • La producción de bilis, que ayuda a eliminar los desechos y a descomponer las grasas en el intestino delgado durante la digestión.
  • La producción de determinadas proteínas del plasma sanguíneo.
  • La producción de colesterol y proteínas específicas para el transporte de grasas a través del cuerpo.
  • La conversión del exceso de glucosa en glucógeno de almacenamiento (glucógeno que luego puede ser convertido nuevamente en glucosa para la obtención de energía).
  • La regulación de los niveles sanguíneos de aminoácidos, que son las unidades formadoras de las proteínas.
  • El procesamiento de la hemoglobina para utilizar su contenido de hierro (el hígado almacena hierro).
  • La conversión del amoníaco tóxico en urea (la urea es un producto final del metabolismo proteico y se excreta en la orina).
  • La depuración de la sangre de drogas y otras sustancias tóxicas.
  • La regulación de la coagulación sanguínea.
  • La resistencia a las infecciones mediante la producción de factores de inmunidad y la eliminación de bacterias del torrente sanguíneo.

Cuando el hígado degrada sustancias nocivas, los subproductos se excretan hacia la bilis o la sangre. Los subproductos biliares entran en el intestino y finalmente se eliminan del cuerpo en forma de heces. Los subproductos sanguíneos son filtrados por los riñones y se eliminan del cuerpo en forma de orina.

Hepatocitos – La célula más común en el hígado humano. Tienen un rol importante en la construcción de proteínas, producción de bilis y procesamiento de hormonas y sustancias como medicamentos y alcohol.Foto: Edna, Gil and Amit Cukierman, Fox Chase Cancer Center, Philadelphia, Pa

Hígado graso

El hígado graso o esteatosis hepática es una condición seria que, por falta de síntomas claramente identificables, puede pasar muchas veces desapercibida. Estrechamente relacionada con el incremento de los casos de obesidad a nivel mundial, una alimentación poco equilibrada y algunos hábitos nocivos, el hígado graso puede derivar en importantes complicaciones de salud.

El hígado cumple funciones importantes en nuestro cuerpo, siendo encargado de regular el metabolismo de las grasas, producir proteínas, colesterol y bilis, depurar la sangre de toxinas y regular los niveles de aminoácidos en nuestra sangre, entre otras importantes tareas, por ello es necesario que funcione de forma adecuada. Pero cuando la grasa se acumula en las células hepáticas se produce lo que médicamente se conoce como esteatosis o hígado graso.

Esta enfermedad puede producirse por distintos factores, los más habituales son:

  • Consumo excesivo de grasas en la alimentación, lo que conlleva a que nuestro hígado no pueda metabolizarlas de forma adecuada, procediendo a acumularlas.
  • El hígado graso es una de las consecuencias más típicas de la obesidad, por tanto las personas con exceso de peso tienen un importante riesgo de padecerlo.
  • El hígado graso es también una consecuencia de condiciones como el colesterol alto, los triglicéridos elevados o la hipertensión, por tanto los pacientes con estos cuadros deben monitorear de forma frecuente su salud hepática.
  • Las personas que padecen de hiperinsulinismo, debido a su resistencia a la insulina, presentan una fuerte tendencia a desarrollar hígado graso.
  • Quienes ingieren licor en exceso tienen también tendencia a padecer hígado graso.
  • La predisposición genética también influye en la posibilidad de desarrollar hígado graso. Recientes investigaciones han revelado que variaciones en los genes GCKR y PNPLA3 podrían hacer a la persona más propensa a desarrollar esteatosis hepática.
La célula más común en el hígado humano. Tienen un rol importante en la construcción de proteínas, producción de bilis y procesamiento de hormonas y sustancias como medicamentos y alcohol.

El hígado graso, lamentablemente, no suele presentar síntomas, por lo que se le conoce como una amenaza silenciosa con importante influencia en nuestra salud. Esta enfermedad al avanzar sin cuidados y tratamiento puede generar inflamación hepática, fibrosis del hígado y, la más peligrosa de sus consecuencias, la cirrosis hepática.

Una de las pocas manifestaciones físicas del hígado graso, que se presenta en algunos pacientes, es el dolor en la parte superior derecha del abdomen, aunque la realidad es que no todas las personas con hígado graso tienen este síntoma. Otras señales son la fatiga crónica, sensación de pesadez después de las comidas y malestar general.

Si tenemos uno o varios de los factores de riesgo que podrían conducir a padecer de hígado graso: obesidad, dieta alta en grasas, hipeinsulinismo, triglicéridos, colesterol o tensión altas, alcoholismo, entre otras, es conviene realizarnos exámenes anuales para descartar su presencia.

Un examen de sangre de hematología completa servirá para informar sobre la posibilidad de hígado graso según los valores de las trasaminasas. Para confirmar el diagnóstico, tu médico podrá solicitar una ecografía de tu hígado o una biopsia hepática.

Se recomienda realizar anualmente una hematología completa a todas aquellas personas con factores de riesgo de padecer hígado graso y también a quienes cuentan con problemas cardíacos y enfermedades como la diabetes.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico, una gran desconocida

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA) consiste en una acumulación excesiva de grasa en las células del hígado o hepatocitos (más del 5% del peso del hígado sería grasa) sin un consumo excesivo de alcohol, siendo en la actualidad la causa más frecuente de enfermedad hepática (Ahmed, 2015). Puede presentarse como esteatosis (acumulación de grasa) simple o como esteatohepatitis, situación de mayor gravedad que comporta ya inflamación y un inicio de fibrosis.

La prevalencia de la esteatosis simple oscila entre un 14% y un 30% en la sociedad occidental, aunque es probable que sea mayor ya que como muchos pacientes son asintomáticos, en ocasiones no son diagnosticados[1].

¿Cómo se desarrolla la EHGNA?

El hígado graso no alcohólico comprende numerosas lesiones hepáticas, comenzando con la esteatosis simple, que supone el 80-90% de los casos. Hay que destacar que el hígado graso no alcohólico se desarrolla de una manera progresiva y lenta, siendo la esteatosis simple reversible, y pudiendo dejar de progresar. Sin embargo, en el 10-20% de los pacientes avanza hasta la siguiente etapa llamada esteatohepatitis o inflamación del hígado. De la misma manera, la esteatohepatitis puede no seguir progresando o, por el contrario, puede evolucionar mediante la aparición de fibrosis a su etapa final, llamada cirrosis, con riesgo de desarrollar carcinoma de hígado en el peor de los casos ([2]).

Lo que ocurre en la esteatosis simple, es que la excesiva acumulación de lípidos en el hígado lo hace vulnerable a otras agresiones como el estrés oxidativo, provocado por un desequilibrio entre los radicales libres y la disponibilidad de antioxidantes, además de promover la liberación de moléculas que producen inflamación provocando esteatohepatitis. En la esteatohepatitis, aparece inflamación y daño en las células de manera crónica que puede cursar con fibrosis (formación excesiva de un tejido llamado tejido conectivo para intentar reparar la víscera). Según estudios científicos, un 41% de los pacientes que sufren la EHGNA desarrollan fibrosis[3]. Por otra parte, el riesgo de padecer hepatocarcinoma en los pacientes con EHGNA que no sufren cirrosis es mínimo (de 0-3% en 20 años), mientras que en pacientes con cirrosis el riesgo asciende a 12,8% en 3 años [4].

Al analizar la morfología del hígado de pacientes que sufren EHGNA tras una biopsia, se observa una acumulación de grasa en las células del hígado (hepatocitos) en forma de triglicéridos. Se ha aceptado que el criterio mínimo para diagnosticar la EHGNA mediante el estudio con microscopía de este órgano, es que el hígado contenga una cantidad mayor al 5% de hepatocitos esteatóticos[5], es decir que más de un 5% de las células del hígado contengan una gran cantidad de grasa en su interior. Así, mediante estas técnicas de imagen, se puede clasificar la EHGNA en diferentes tipos, desde una esteatosis simple, hasta esteatohepatitis con o sin fibrosis.

Centrándonos más en lo que le ocurre al hepatocito, podemos decir que normalmente, la esteatosis en el hígado graso no alcohólico, es de tipo macrovesicular. Esto es, que el hepatocito contiene una única gota grande de grasa, o varias gotas de grasa algo más pequeñas, lo que provoca el desplazamiento del núcleo de la célula a la periferia (extremos) del hepatocito. Sin embargo, en la esteatosis de tipo microvesicular, el núcleo se mantiene en el centro del hepatocito con diminutas gotículas de grasa presentes en la célula[6]. Este último tipo, no suele ser la forma más típica de esteatosis, encontrándose sobre todo en los hepatocitos más pequeños o en los que no se encuentran en las zonas donde la esteatosis es más prominente. Cuando se da esta situación, el paciente suele tener peor pronóstico. En alguna ocasión, también puede ocurrir que se produzca una esteatosis mixta, donde se encuentran hepatocitos con una esteatosis macrovesicular, a la vez que encontramos grupos de hepatocitos con esteatosis microvesicular.

¿Qué factores influyen en el desarrollo de esta enfermedad?

El origen de la EHGNA no está claro, aunque probablemente sea la resistencia a la insulina la causa principal. Otros factores de riesgo asociados con el hígado graso son el sobrepeso y la obesidad, la dislipemia (altos niveles de colesterol y/o triglicéridos en sangre), y la diabetes mellitus tipo 2. Hay que tener en cuenta que la EHGNA afecta a todos los segmentos de la población, no solo a los adultos, y también a la mayoría de los grupos raciales. Se estima que entre el 74% y el 80% de los individuos obesos presentan hígado graso. Además de la obesidad, la presencia de diabetes mellitus tipo 2 incrementa no solo el riesgo, sino también la severidad de la EHGNA[7]. Esto quiere decir, que la diabetes mellitus tipo 2 constituye un perfil metabólicamente desfavorable para los pacientes que presentan EHGNA, aumentando el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo se detecta la EHGNA?

Como hemos indicado al inicio, con mucha frecuencia, la EHGNA cursa de manera asintomática, y cuando produce síntomas estos son bastante inespecíficos. Por ello, muchas veces pasa desapercibida, tanto para los médicos como para los pacientes. El síntoma más frecuente es dolor en la zona abdominal derecha y fatiga.

Para la detección de la EHGNA, primeramente se suelen valorar las transaminasas hepáticas (AST, aspartatoaminotransferasa y ALT, alaninaaminotransferasa), que se suelen encontrar aumentadas. No obstante, aunque los niveles de transaminasas son lo primero que se analiza mediante una extracción de sangre del paciente, no son consideradas buenos marcadores ya que en algunos individuos con esteatosis los niveles de transaminasas en sangre no están elevados, incluso en algunos pacientes con cirrosis tampoco lo están. Además, solo pueden indicar daño hepático en general, no siempre teniendo que ir asociado a la EHGNA.

Por otro lado, la AST aparece en otros tejidos como el corazón o el músculo esquelético, por lo que en caso de que se eleve, también puede deberse a una alteración en otros órganos o tejidos. También se recurre a técnicas de imagen para ayudar en el diagnóstico de la enfermedad o para la detección de hepatomegalia (hígado más grande de lo normal), como son la ecografía, TAC (Tomografía Axial Computarizada) o RMN (Resonancia Magnética), siendo esta última la más eficaz en su diagnóstico. Estas pruebas de imagen son útiles para saber si hay infiltración de grasa en el hígado, pero presentan la limitación de que no muestran si el hígado presenta inflamación o fibrosis.

Por ello, el mejor método de diagnóstico es la biopsia, que además permite conocer el grado de EHGNA del paciente. No obstante, dado que se trata de una técnica invasiva, únicamente se suele realizar en aquellos pacientes que muestran signos de estar en un estadio avanzado de enfermedad hepática (por ejemplo, cirrosis) o en aquellos pacientes que presentan mayor probabilidad de esteatohepatitis. Una limitación de esta técnica es que las lesiones hepáticas sufridas no son uniformes en todo el hígado, lo que dificulta el análisis de las biopsias. Es decir, según de qué zona del hígado se tome la muestra, el diagnóstico puede variar.

Ante la necesidad de detectar la EHGNA sin tener que recurrir a la biopsia hepática, se está profundizando en el estudio de biomarcadores para analizar la función hepática de una manera no agresiva para el organismo. Entre ellos encontramos marcadores específicos para la fibrosis, como la medición de concentraciones de proteínas implicadas en la fibrolisis o rotura del tejido fibrótico (colagenasas, α2-macoglobulina, MMPs, C3M) o de proteínas que participan en la fibrogénesis o generación del tejido fibrótico (colágeno tipo IV, pro-C3/C5).

En la práctica clínica se suelen utilizar diversos test como el SteatoTest que calcula el grado de esteatosis hepática en pacientes con riesgo metabólico elevado, el FibroTest que valora los niveles de fibrosis y cirrosis, así como el grado de inflamación del hígado, y el NashTest que predice la presencia o ausencia de esteatohepatitis. Los marcadores que se analizan mediante estos tests son la α2-macroglobulina, haptoglobina, apolipoproteína A1, bilirrubina total, ALT, GGT, glucosa en ayunas, triglicéridos, y colesterol. Estos parámetros se ajustan a la edad, sexo, peso y tamaño del paciente. Estos índices y biomarcadores pueden ser útiles no solo para el diagnóstico de la enfermedad, sino también para estudiar la evolución de esta y los efectos del tratamiento.

Qué se puede hacer para prevenir la EHGNA?

Es importante remarcar que para la prevención de la EHGNA la principal medida es evitar los factores de riesgo asociados a la enfermedad (obesidad, dislipemia, resistencia a la insulina). Para ello son esenciales una rutina de ejercicio físico en nuestro día a día y llevar una dieta equilibrada.

Tratamientos en la actualidad

Actualmente, no existe un tratamiento específico para la EHGNA. Por ello, lo que se suele hacer es tratar los factores causales, es decir, la obesidad, y otros componentes del síndrome metabólico, como son la hipertensión (mediante el tratamiento farmacológico con estatinas), la diabetes mellitus y la dislipemia. Al igual que en el caso de la prevención, una dieta equilibrada y la actividad física serán los pilares básicos para tratar el hígado graso no alcohólico.

Además, se ha comprobado que seguir un patrón de alimentación mediterráneo se asocia con una menor probabilidad de presentar esteatosis y esteatohepatitis[8].

Recomendaciones en el estilo de vida

  • Pérdida de peso: 3-5% en la esteatosis simple y 7-10% en la esteatohepatitis[9].
  • Reducción del consumo de hidratos de carbono simples
  • Reducción de la grasa saturada de la dieta. Una dieta rica en grasas saturadas, intensifica el estrés oxidativo en el organismo, aumentando la inflamación en la zona afectada por la esteatosis. Sin embargo, el consumo de ácidos grasos poliinsaturados del grupo n-3 (omega 3) mejora la esteatosis hepática[10].
  • Aumento del consumo de antioxidantes, presentes en altas cantidades en frutas y verduras.
  • Evitar la cantidad de alcohol ingerida. Dado que un abuso del alcohol provoca un desarrollo rápido de la enfermedad, se recomienda la abstinencia del alcohol.

Tratamientos farmacológicos

Como se ha mencionado anteriormente, algunos tratamientos farmacológicos están dirigidos a reducir las enfermedades asociadas al hígado graso, como son la diabetes, obesidad, y desordenes lipídicos.

  • Suplementación con vitaminas, especialmente aquellas que son antioxidantes como la vitamina E (precaución con las dosis elevadas ya que pueden tener efectos secundarios graves). Debido a la dosis empleada la vitamina E o α-tocoferol se incluye dentro de los tratamientos farmacológicos para tratar esta enfermedad.
  • Fármacos antidiabéticos: pioglitazone, rosiglitazona, liraglutide, metformina, etc. (al igual que en el caso anterior pueden tener efectos secundarios).

En la actualidad están siendo probados en diversos ensayos clínicos fármacos novedosos como el agonista del receptor Farnesoil X, o el agonista de PPARα y PPARδ (estudios en fase 2).[11]

Hígado inflamado

El hígado inflamado, hepatomegalia o inflamación hepática se da cuando este órgano adquiere un tamaño mayor al normal. Se trata de una condición muy seria puesto que, a veces, la inflamación viene derivada por otra enfermedad de carácter más grave, como las contraídas por cualquiera de los virus de la hepatitis. Sin embargo, identificarla no es fácil, pues durante la primera etapa de la inflamación hepática apenas se notan los síntomas, estos aparecen conforme la anomalía avanza. No obstante, existen algunas señales y signos que pueden ayudarnos a descubrir si sufrimos hepatomegalia.

El hígado es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo puesto que es el encargado de transformar los alimentos en energía, de eliminar las toxinas de la sangre, regular los niveles de aminoácidos y las grasas, entre muchas otras funciones. Es el más grande de todos y su inflamación puede causarnos graves consecuencias, por ello es fundamental cuidarlo y asegurarnos de que funciona sin problemas.

Al cumplir tantas funciones y estar involucrado en tantos procesos de nuestro organismo no es de extrañar que las causas que provocan la inflamación hepática también sean variadas. Los factores principales que pueden provocar hepatomegalia son:

  • El consumo excesivo de alcohol hace que el hígado no pueda eliminarlo correctamente y puede producir una inflamación del mismo
  • Una infección por cualquiera de los virus de la hepatitis, hepatitis A, B, C, D, E, siempre causa la inflamación hepática
  • Otras infecciones virales, como la mononucleosis infecciosa, por citomegalovirus o bacterianas también pueden ser causantes del hígado inflamado
  • Una intoxicación producida por medicamentos desencadenará, también, en la inflamación hepática
  • Otros causantes pueden ser la enfermedad de Niemann-Pick, la cirrosis biliar primaria, el Síndrome de Reye, la sarcoidosis o la colangitis esclerosante
  • El hígado graso es otra de la anomalías que, si no se trata, también puede derivar en una inflamación del mismo
  • Por último, cabe destacar que la aparición de una metástasis de tumores o la leucemia tambien pueden provocar la hepatomegalia

Durante los primeros días de la inflamación hepática es muy probable que no notes ningún síntoma ni rareza en tu cuerpo relacionado con el hígado. Sin embargo, conforme avanza el tiempo se hacen cada vez más evidentes. En general, los primeros síntomas suelen ser muy similares a los que presenta una gripe común, malestar, décimas de fiebre, dolor muscular y náuseas.

A medida que pasa el tiempo los síntomas aumentan y se intensifican. La hepatomegalia suele provocar ictericia, que es cuando la piel adquiere un tono amarillento (los ojos también pueden tornarse amarillos). Los vómitos y la diarrea son otros de los síntomas más comunes del hígado inflamado.

Al tratarse de una inflamación, es muy probable que también notes la parte del abdomen ligeramente más hinchada al principio y, conforme avanzan los días, aumente de tamaño. Asimismo, el dolor abdominal es otra de las consecuencias de esta condición.

El color de las heces es otro de los factores que debes tener en cuenta si sospechas que tu hígado está inflamado, pues esta anomalía hace que se vuelvan más claras, incluso blancas. Esto sucede, sobre todo, cuando el causante de la inflamación es uno de los virus de la hepatitis. Recuerda que la hepatitis es la inflamación del hígado a causa de una infección vírica o bacteriana. En relación con esto, la orina puede tornarse de un color más oscuro del normal, tener un constante sabor amargo en la boca y mal aliento.

Estos son los síntomas más comunes del hígado inflamado pero, en función del causante, es posible que no aparezcan todos o que, incluso, no se muestre ninguno. Por ello es importante realizarse exámenes anuales en caso de contar con alguno de los factores de riesgo, como padecer alguna de las enfermedades expuestas de manera crónica, el alcoholismo o tomar un exceso de medicamentos.

Si notas presente algunos de los síntomas expuestos deberás acudir a tu médico inmediatamente para que realice las pruebas pertinentes y confirme o descarte la inflamación hepática. Recuerda que muchos de los causantes son enfermedades graves, de manera que quizás hayas contraído alguna y todavía no lo sepas.

Para detectar la hepatomegalia el médico primero palpará la zona de debajo de las costillas, pues si la inflamación es severa lo notará de inmediato, luego realizará una radiografía abdominal para observar si se ha producido un agrandamiento del hígado o no. En caso de haber indicios de ellos, puede hacer una ecografía abdominal para confirmarlo. Si se confirma, las siguientes pruebas serán una tomogradía computarizada del abdomen para averiguar la causa que ha provocado la inflamación, pruebas de la función hepática a fin de evaluar el funcionamiento del hígado, y una resonancia magnética del abdomen para confirmar los resultados de la tomografía.

Cómo afecta el alcohol al hígado

Tejido del hígado. Un pequeño trozo de tejido hepático humano. La fotografía fue captada por Chelsea Fortin en Kelly Stevens and Sangeeta Bhatia, Koch Institute.

La ingesta abusiva de bebidas alcohólicas puede implicar graves consecuencias para la salud y el organismo humano. Además del alcoholismo, son muchos los efectos secundarios que puede causar el alcohol sobre las personas pero es el hígado uno de los órganos que pueden verse más afectados. De este modo, siempre debe hacerse un consumo responsable y beber con moderación.

En primer lugar, resulta necesario entender cómo se procesa el alcohol que ingerimos: al llegar al estómago, aproximadamente un 20% se absorbe a través de las paredes estomacales y el 80% restante pasa hacia el intestino delgado y de allí a la circulación sanguínea. La sangre será quien redirigirá este alcohol hacia el hígado para que sea asimilado y convertirlo en una sustancia inocua para el organismo, a través de enzimas.

De este modo, un consumo abusivo de alcohol hará que el hígado deba trabajar en exceso y provoque depósitos de grasa en las células de este órgano y causa una inflamación del hígado. Esto es lo que médicamente se conoce como esteatosis hepática o hígado graso.

Cabe destacar que el hígado graso comúnmente no presenta síntomas, por lo que mucha gente padece esta afección sin ni tan siquiera saberlo. Aun así, en nuestro artículo Cómo saber si tengo hígado graso encontrarás algunos consejos que te pueden ayudar a detectarlo.

Asimismo, cuando el hígado debe metabolizar más alcohol de lo que es capaz, pueden producirse heridas y cicatrices en dicho órgano interno, así como una producción excesiva de enzimas que a su vez desencadena un número excesivo de radicales libres en el organismo. Detener la ingesta de alcohol puede hacer que la afectación en el hígado no vaya a más.

Si no se revierte esta situación y se continúa ingiriendo alcohol en altas cantidades, lo más probable será que se desencadene una hepatitis alcohólica. Esta enfermedad implica una inflamación del hígado y requiere tratamiento médico.

Del mismo modo, seguir tomando bebidas alcohólicas en grandes dosis probablemente degenerará en una cirrosis hepática, una lesión irreparable que provocará el endurecimiento del hígado y que este deje de ejercer sus funciones. Esta insuficiencia hepática provocará graves problemas para la salud de la persona en cuestión y deberá seguirse un tratamiento médico que puede conllevar incluso la necesidad de un trasplante de hígado.

Beber causa desequilibrios en la microbiota que se asocian con enfermedades hepáticas

El alcohol daña el hígado de dos maneras: al dañar directamente las células del órgano y mediante la alteración del microbioma intestinal, lo que puede dejar cicatrices en el hígado. Ahora, los investigadores han descubierto el mecanismo detrás del desequilibrio microbiano causado por la bebida y podrían utilizar la información para diseñar tratamientos para la enfermedad hepática y una amplia gama de otras condiciones médicas, que van desde el síndrome del intestino irritable hasta el autismo.

"Hemos sabido durante mucho tiempo que los pacientes que beben en exceso y consumen alcohol sufren una disbiosis intestinal, donde las bacterias en el intestino aumentan y sufren de enfermedades del hígado", dice Bernd Schnabl, investigador en gastroenterología, de la Universidad de California, San Diego, quien había visto resultados similares en modelos de ratón. "Si damos a los roedores antibióticos no absorbibles, (y nos) deshacemos de la flora, esencialmente están protegidos de la enfermedad hepática. Empezamos a preguntarnos, ¿qué está pasando?"

Esa curiosidad llevó a Schnabl y su equipo de investigación a centrarse en las moléculas antimicrobianas REG3B y REG3G y los genes (Reg3b y Reg3g) que las producen. Los genes se expresan solo en los intestinos; el par de péptidos que generan los genes solo se producen en el intestino y tienen un amplio espectro de actividad frente a microorganismos gram-negativos y gram-positivos, respectivamente.

A través de una serie de experimentos, detallados en Cell Host & Microbe los investigadores descubrieron que la administración de alcohol regulaba negativamente los genes para que produjeran significativamente menos moléculas antimicrobianas. Ratones knockout (genéticamente modificados) que carecían de esos genes desarrollaron más bacterias en sus intestinos y enfermedad hepática más grave en comparación con los ratones normales de tipo salvaje.

Una sorpresa fue que los microbios en el lumen, el centro del intestino, fueron esencialmente los mismos en todos los animales, independientemente de la cantidad REG3 que producían. Solo cuando los científicos examinaron más de cerca la mucosa, la zona viscosa junto a la pared del intestino, vieron una diferencia. "Las bacterias de la mucosa solo proliferaron de manera espectacular en la ausencia de estas moléculas", dice Schnabl. El equilibrio entre los microbios y las defensas inmunitarias se invirtió y más bacterias fueron capaces de migrar a través de la pared del intestino hacia el cuerpo, y con el tiempo, de viajar a través del torrente sanguíneo al hígado. Las células T atacaron a los invasores y la inflamación resultante produjo cicatrices en el hígado.

El equipo diseñó otro ratón transgénico, esta vez para sobre-expresar el gen Reg3g. Las bacterias no tenían ninguna posibilidad contra las defensas fortalecidas de la mucosa y se quedaron contenidas dentro del intestino, evitando daños en el hígado.

Schnabl y sus colegas completaron el círculo mirando las muestras de tejido intestinal humano tomado durante colonoscopias. Efectivamente, los grandes bebedores tenían más bacterias en su mucosa, tal y como se había visto en el modelo de ratón. Eso sugería que el alcohol estaba suprimiendo la producción de los péptidos protectores naturales.

Schnabl dice que puede ser posible complementar directamente las proteínas reg3, o posiblemente utilizar prebióticos o probióticos para regular positivamente su producción. Otros investigadores demostraron que la administración de lipopolisacáridos puede aumentar la expresión de genes Reg3, pero esas moléculas pueden ser dañinas para un hígado deteriorado, por lo que probablemente no podrían ser utilizadas para corregir una deficiencia relacionada con el alcohol. "Hemos demostrado por primera vez un mecanismo en el que el alcohol afecta a esta estrategia de defensa intestinal", dice. "Que lleva a un fracaso del cuerpo para controlar la microbiota bacteriana; se obtiene la translocación bacteriana y se obtiene la enfermedad hepática".

Él cree que la cantidad total de bacterias que se transloca a través de la pared intestinal es el factor más importante en la causa de la enfermedad. Pero podría ser que determinados tipos de bacterias también sean importantes, una posibilidad que está investigando actualmente. "Si hace de cinco a 10 años me hubieran dicho, que si se manipulan genes en el intestino, eso podría afectar al hígado, les habría dicho que están locos", dice Schnabl. Pero ahora tenemos una comprensión más profunda de este eje intestino-hígado; se manipula tal cosa específica en el intestino y se obtiene un efecto muy lejos de este".

Gran parte del nuevo y floreciente campo de investigación del microbioma ha sido la simple descripción de los organismos involucrados, dice Sarkis Mazmanian, un microbiólogo del Instituto de Tecnología de California, cuyo trabajo incluye asociaciones del microbioma con el síndrome del intestino irritable y el autismo, y quien no participó en el estudio actual. “Este estudio trasciende al aislar el mecanismo de acción [que causa la enfermedad] a un conjunto particular de factores, las proteínas del registro REG3B y REG3G". Y añade: "configura amablemente el trabajo futuro de identificar organismos específicos que pueden ser más causales de la cirrosis y pensar en modalidades de tratamiento que puedan ser probados en ratones. Una vez que se tenga el mecanismo molecular del proceso, entonces se puede pensar en las intervenciones de muchas formas diferentes". Por ejemplo, Mazmanian señala, "se podría, en términos generales, mirar la expresión de Reg3 como un biomarcador para las bacterias potenciales y productos bacterianos que puedan conducir a la cirrosis, la sepsis y la encefalopatía hepática. Puede servir de diagnóstico para la predisposición a ciertas enfermedades". Las variaciones naturales en la cantidad de REG3 que una persona produce también pueden afectar a la forma en que el individuo es vulnerable a un tipo particular de enfermedad.

Peter Hunt, investigador del VIH de la Universidad de California, en San Francisco y quien no participó en el estudio, está de acuerdo en que la obra "ofrece un argumento convincente de que la vía REG3 es un mecanismo plausible" por el cual el uso excesivo de alcohol contribuye a la translocación microbiana. La mayoría de las personas infectadas con VIH experimentan translocación microbiana debido a un intestino permeable, aun cuando las drogas antirretrovirales suprimen completamente el virus. Esto parece ser debido a que el VIH mata a las células inmunes en el intestino y algunos subconjuntos de células nunca se recuperan. "El nivel de translocación microbiana es aún mayor en los grandes bebedores", señala Hunt. "Es probable que el efecto de los dos sea aditivo". Pero, advierte, puede ser solo una parte de la fotografía y no la explicación completa de lo que está ocurriendo.

Para Mazmanian, el estudio también hace entender la limitación de muchos otros estudios para tratar de comprender el microbioma solamente mirando los genes bacterianos en las heces. Las enfermedades a menudo no dependen de la presencia o la cantidad total de un organismo en el intestino, sino más bien en la ubicación, que en este caso es la mucosa intestinal. Eso solo se puede determinar mediante el muestreo directo del tejido, como lo hizo Schnabl. Localización puede ser importante en el diseño de una intervención terapéutica. Un producto subministrado a la mitad del intestino puede tener poco beneficio; debe ser empaquetado de una manera que se concentre en la mucosa. Los tratamientos potenciales, sin embargo, están a años, si no a décadas de distancia. Hasta entonces lo mejor que la gente puede hacer es reducir el consumo de alcohol para disminuir el posible daño al cuerpo.[12]

Por qué hay que cuidar el hígado del Paracetamol

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El paracetamol en exceso puede provocar daño hepático o hepatotoxicidad, y desde su primera descripción en 1966, ha sido causante de muchos casos documentados.

A veces, creemos que el dolor es por gusto, pero el dolor, no es más que una forma del cuerpo de avisar al organismos que está sufriendo un daño o que hay algún problema. Muchas personas con dolores puntuales, se automedican sin darle ninguna importancia, y ante el más mínimo dolor de cabeza, toman paracetamol.

Qué ocurre cuando tomamos mucho paracetamol

La mayor parte del paracetamol (90%) que tomamos es glucoronizado o sulfatado en el hígado siendo eliminado por la orina. El resto en parte es excretado directamente por los riñones y otra parte es metabolizado por el Citocromo P450. Así, es transformado a N-acetil-p-benzoquinonemina (NAPQI), metabolito intermediario que es muy reactivo y electrofílico. En condiciones de salud buena, este compuesto es rápidamente conjugado conglutation, formando un conjugado cisteínico o mercaptúrico, que no son tóxicos.

La concentración plasmática terapéutica del paracetamol es de 10 a 20 µg/mL y la vida media de 2 a 4 horas. En casos desobredosis de paracetamol, las vías normales se saturan, y una mayor proporción sigue la vía del Citocromo P450. Y cuando las reservas de glutatión bajan a un 70%, el compuesto NAPQI se acumula. Entonces este compuesto NAPQI, que antes dejamos como intermediario, forma enlaces covalentes (uniones fuertes) con macromoléculas hepáticas, produciendo así hepatotoxicidad.

Esta hepatotoxicidad puede ser incrementada en aquellas personas donde su Citocromo P450 tenga una mayor actividad. En alcohólicos, este citocromo es inducido, aunque la concentración de alcohol compite con el paracetamol y por tanto se disminuye la producción de NAPQI. En personas con períodos de ayuno y desnutrición (frecuentes en alcohólicos) pueden ver disminuidos sus reservas de glutatión y por tanto acumular más NAPQI.

Antes de castigar el hígado con altas dosis de paracetamol, debemos pensar, si realmente es necesario o si realmente la causa de ese dolor sea asociado a una enfermedad que tal vez debamos localizar, y así buscar un tratamiento más específico y no abusar automedicándose con paracetamol.

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Cuida tu hígado con hierbas naturales

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El hígado cumple funciones vitales para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Se le han detectado más de 500 funciones, aunque entre las principales está la de la producción de proteínas y colesterol, la producción de bilis, el procesamiento de la hemoglobina entre tantos otros. Por esta razón es de suma importancia no sólo la limpieza y depuración del hígado, sino que es de fundamental importancia evitar el deterioro y contaminación en base a conductas y hábitos dañinos, que es recomendable evitar, tales como:

  • El consumo de alimentos grasosos.
  • Consumo deliberado de refrescos y alimentos chatarra.
  • El consumo excesivo de alcohol.
  • La ingesta de medicamentos sin control.
  • Tabaquismo.
  • Azúcares refinados.

Jugo de remolacha y limón para desintoxicar el hígado

La remolacha cuenta con un gran poder antioxidante gracias a la betalinas, las sustancias que le dan a este alimento su característico color morado, ayudando a eliminar de nuestro cuerpo los metales pesados y a prevenir condiciones como el cáncer de hígado. Por su parte el limón es un alimento lleno de beneficios que, entre otras cosas, ayuda a limpiar el hígado y el colon de forma efectiva.

Por eso un excelente jugo para desintoxicar el hígado es el de remolacha y limón. Para prepararlo necesitarás:

  • Una remolacha grande
  • Un limón grande o dos pequeños

Lava, pela y pica la remolacha. Exprime el jugo de los limones y luego júntalo con la remolacha, añade un poco de agua y coloca todo en la licuadora o procesador de alimentos. Bebe recién hecho.

Hierbas que pueden ayudarte a cuidar y mantener sano el hígado:

-Menta -Boldo -Cardo Mariano -Poleo -Diente de león -Alcachofa -Raíz Orgánica de Achicoria -Cúrcuma Orgánica

Las propiedades del boldo son recomendadas para tratar las molestias digestivas leves, es efectivo contra el estreñimiento y para eliminar los líquidos en exceso.

  • La menta, ayudará a calmar la hinchazón abdominal y los espasmos gastrointestinales que tanta incomodidad nos causan.
  • El cardo mariano es efectivo en la depuración del hígado. Con el consumo de esta hierba contribuyes en el cuidado de tu hígado.
  • Poleo, esta planta mejora la digestión, además de ser eficaz contra el dolor abdominal, posee propiedades antiespasmódicas y elimina el exceso de gases en el intestino.
  • Los curcumoides ayudan de forma importante en las funciones del hígado y de la sangre, así como a tener unas articulaciones sanas y mejorar su bienestar en general,* que a su vez ayuda a tener una piel suave y radiante.
  • La achicoria es una planta que purifica la sangre y elimina las toxinas del hígado.

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  • El hígado puede perder tres cuartos del total de sus células antes de dejar de funcionar.
  • Además, el hígado es el único órgano del cuerpo que tiene la capacidad de autorregenarse.

Fuentes y Enlaces de Interés

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  2. Hashimoto E, Taniai M, Tokushige K. Characteristics and diagnosis of NAFLD/NASH. J Gastroenterol Hepatol. 28 Suppl 4:64-70 (2013).
  3. Ekstedt M, Franzén LE, Mathiesen UL, Thorelius L, Holmqvist M, Bodemar G, Kechagias S. Long-term follow-up of patients with NAFLD and elevated liver enzymes. Hepatology. 44(4):865-73 (2006).
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  11. Articulo/La enfermedad del hígado graso no alcohólico, una gran desconocida/Jenifer Trepiana, Saioa Gómez-Zorita, María P. Portillo, Maitane González-Arceo
  12. 2016 Scientific American/Beber causa desequilibrios en la microbiota que se asocian con enfermedades hepáticas

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