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El huaso Raimundo

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El huaso Raimundo
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Bandido Chileno

Bandido El huaso Raimundo 1911.jpg

El Huaso Raimundo, de nombre real Nonato Raimundo Orellana Avilés, (Pomaire, Melipilla, en 1877 ó 1882). Siendo peón gañán y desconociendo leer y escribir, se transformó en el protagonista de una de las carreras criminales más conocidas y recordadas de la cultura popular y la crónica policial de las primeras décadas del siglo XX chileno.

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Tenia su guarida en los cerros de Lonquén, Calera y Lo Herrera. Su especialidad consistía en robar a los ricos hacendados del sur sus mejores animales de preferencia sus valiosos caballos corraleros.

Luego de cometer sus delitos en varios lugares hasta formar una recua, emprendía el retorno a estos cerros con el fin de esconderlos y darle talaje cerca de las ferias santiaguinas. Pasado un tiempo prudente se dirigía con “sus animales” cual honrado campesino a venderlos a esos lugares. El Huaso Raimundo llegó a hacerse muy respetado por la calidad de animales que comercializaba, los cuales él decía que criaba en las fértiles tierras de Isla de Maipo, y como la producción agrícola de esta tenia gran prestigio, el ganado robado lo vendía a muy buen precio, y en retribución, nunca atacó a los viajeros isleños.

El expediente criminal

Reúne las causas contra la propiedad privada que pesaron contra Nonato Raimundo Orellana Avilés y sus cómplices entre los años 1904 y 1905, caratulado como “Causa Criminal de Oficio contra Pedro Antonio Orellana y otros, por Robo y Homicidio. Iniciada en 4 de octubre de 1904”, junto a las páginas de la prensa periódica chilena y extranjera que se ocupó de un segundo capítulo de sus fechorías, que esta vez corre entre julio de 1910 e inicios de octubre de 1911, constituyen las aproximaciones documentales a partir de las cuales reconstruiremos las formas de la criminalidad en el Chile de inicios del siglo pasado, desde la dimensión individual del “Huaso Raimundo” como “ladrón conocido”, hasta la extensión social de su práctica delictiva hacia los “bajos fondos” de Santiago y sus alrededores.

Su Identidad: Bandido rural y Hampón urbano

Bandido El Huaso Reimundo 1911.png

La condición humilde de que era partícipe por origen y por costumbre se reñía con la actitud insubordinada que desplegó en cada una de sus correrías, dando cuenta de una identidad compleja que caracterizaría la incorporación de los bandidos suburbanos (como “El Huaso”) a los “bajos fondos” de Santiago y sus alrededores durante los primeros años del siglo pasado, combinando sus estrategias transgresivas con las sociabilidades urbanas. En este sentido, correspondería caracterizar al bandido suburbano en general y a Nonato Orellana, en particular, como un sujeto cuyo carácter transicional se definiría por su fluctuación entre el bandido rural “clásico”[1] y el hampa santiaguino de la década del veinte y treinta, ya configurado más plenamente[2]. Entre sus rasgos de bandido figuró el indiscriminado uso de la violencia durante sus atracos, la perpetración de sus crímenes en el ámbito rural y suburbano, y su historia familiar como hijo de campesino; mientras que desde el hampa extraía otras características, fundamentalmente la participación en el circuito de entretención alcohólica y prostibularia de los arrabales del Barrio Chuchunco, hoy Estación Central.[3]

5 de agosto de 1904

La primera referencia sobre la presencia del “Huaso Raimundo” corresponde al salteo verificado en casa de Pedro José Góngora, en Pomaire, hacia las seis de la tarde del 5 de agosto de 1904. Estando en su domicilio junto a su hermano, Lucrecia Góngora, declararía ante el Señor Juez del Crimen Nicolás Cruz Cañas, que:

(. .) me encontraba en la cocina de mi casa, cuando sentí un grito dado por Laura Rosa Riquelme, salí en el acto a ver i en el patio encontré a un individuo desconocido que con un arma en la mano seguía a la citada Laura Rosa; en el momento el citado individuo me tomó a mí de un brazo i me llevó para dentro de la pieza en la cual se encontraban otros dos desconocidos: uno de ellos le pegaba a mi hermano Pedro Góngora con una arma que no me fijé de qué clase sería; se encontraba tendido, en el suelo, sin conocimiento, i a pesar de esto, siempre le pegaba su agresor; el otro desconocido, registraba una cómoda i un velador[4].

Tras la intimidación a que sometieron al dueño de casa, los malhechores encerraron en una pieza a Lucrecia junto a la cocinera Cruz Hernández, para entregarse posteriormente al registro de la casa. La menor Laura Rosa Riquelme, al igual que su hermano Francisco, lograron escapar, pese a las heridas leves de la primera, causadas por arma de fuego. El vecino Aurelio Muñoz –que se acercaba a averiguar el origen de los disparos que utilizaron los delincuentes para intimidar a los moradores– fue herido a bala en una pierna.[5]

23 de septiembre 1904

Tras más de un mes y medio después del salteo verificado en casa de Pedro Góngora, Pomaire volvería a ser escenario de operaciones del “Huaso” y sus compinches. El 23 de septiembre será el turno de José del Carmen Maldonado.

28 de septiembre 1904

Menos de una semana después, el radio de operaciones de las bandas del “Huaso Raimundo” se extiende a la localidad de Doñihue, departamento de Rancagua, verificándose un robo a las ocho de la noche del 28 de septiembre en casa de Manuel Contreras. Se presentaron allí seis bandidos premunidos los unos de carabinas recortadas, y los otros de palos y demás elementos contundentes, quienes dieron muerte a golpes a Ciriaco Vergara, dejando al resto de los moradores heridos de gravedad. El propio dueño de casa fallecería en el Hospital de Rancagua el 17 de octubre, tras días de agonía.

1 de octubre 1904

Sólo tres días más tarde, el 1 de octubre de 1904, a las siete de la tarde, se produjo el salteo en la casa del mayordomo del fundo “El Retiro”, Domingo Leiva, durante el cual resultó muerto de un balazo el menor José Luis Leiva, de seis años de edad. Horas más tarde, la detención de tres de los miembros activos de la “gavilla” tras este salteo, implicó el final de una primera banda del “Huaso Raimundo”.

El sábado 29, alrededor de las ocho de la noche, se verificó el asalto en casa de José Vargas en el fundo “Lo Errázuriz” de la comuna de Maipú.

22 de mayo 1905

Reaparecerá con motivo de la resistencia armada a la policía que protagonizó junto a José Leyton y otros compañeros, en el fundo “El Diamante”, del departamento de Buin, durante la tarde del 22 de mayo de 1905.

En el auto cabeza de proceso de aquel expediente, el Comandante de Policía de Santa Rita, Rodolfo Cabrera, daba cuenta de que en dichos día y hora, “dos individuos armados de rifles recortados, que andaban en el fundo “El Diamante”, dispararon sus armas contra los guardianes Manuel Moreno y José Salas, por haberlos interrogado sobre su procedencia; huyendo en seguida”[6]. Por este delito ambos sujetos serán condenados a quinientos cuarenta y un días de presidio.

Mientras se encontraba cumpliendo condena por intento de robo y atentado a mano armada contra la policía en Buin, el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago remite orden a las reparticiones policiales de los alrededores de la capital para averiguar el paradero de los reos ausentes. Tras su condena de 541 días, Nonato Orellana será remitido a Santiago. Interrogado por el Sr. Cruz Cañas, numerosas fueron las estrategias discursivas empleadas para negar su participación en los hechos.

Después de trece meses preso en Buín, donde he sido condenado a quinientos cuarenta y un días por tentativa de robo, fui reconocido por unos individuos como Nonato Orellana; pero afirmo nuevamente a Ssía. que este nombre no es el mío (…) No conozco tampoco a mis coreos, Pedro Antonio Orellana, Manuel Acevedo y Juan de Dios Trujillo[7].

Tras ser individualizado por el testimonio de su hermano menor, Pedro Antonio, la siguiente estrategia correspondería al trabajo honrado como su medio ordinario de vida. La incredulidad del Sr. Juez le obliga a recurrir a otros argumentos eximitorios –estado de ebriedad, coacción, casualidad y mala suerte–, todos los cuales son ampliamente reconocibles en numerosas solicitudes de reducción de pena e indultos[8]:

(…) Sostengo a SS. que soy inocente de los crímenes que se me imputan, y que siempre he vivido de mi trabajo honrado.

  • Juez. Es falso que haya vivido siempre honradamente, por cuanto aparece de autos que ha sido condenado a quinientos cuarenta y un días de presidio por tentativa de robo.
  • Reo. Es efectivo que he sido condenado por este delito, pero lo ejecuté por encontrarme ébrio cuando lo llevé a efecto, y por haber sido

inducido a ello por José Leiton. Jamás antes de esto había estado preso ni ejecutado actos de esta naturaleza.

  • Juez. Es falsa esta afirmación, por cuanto aparece de la misma sentencia que hizo fuego con rifles recortados a la policía en momentos

ésta lo perseguía para reducirlo a prisión, y este hecho revela que Ud. es un criminal avezado.

  • Reo. Es efectivo que fui reducido a prisión llevando un rifle recortado, pero no le hice fuego a la policía, sino que se disparó casualmente el tiro[9].

Pese a la firmeza de la postura del juez durante el interrogatorio, que significaría la imposibilidad de posicionar una eventual reducción de pena, y considerando como agravante el hecho de que se le procesaba por siete delitos, junto a la reincidencia, no implicaba para el “Huaso Raimundo” que se agotaran sus estrategias discursivas individuales tendientes a la reducción de pena.

Imposibilitado de convencer al Juez, la alternativa era desacreditar a sus coreos a partir del careo, dando cuenta de su poder de intimidación sobre todos ellos:

  • Juez. Si su hermano lo acusa de estos crímenes después de encontrarse él confeso, es porque Ud., sin duda, es culpable de ellos.
  • Reo. Me extraña mucho su afirmación, así como la de los otros reos, y desearía ser careado con todos ellos, para que sostengan en mi presencia sus imputaciones[10].

Esta estrategia sí daría resultado. Cada uno de sus co-reos no tardará en desdecirse de sus anteriores declaraciones, atribuyéndolas al apremio físico al que habrían sido sometidos en la Sección de Seguridad. La coincidencia de haber sido reconocido por una de las víctimas del robo en casa de Pedro José Góngora configuraría la prueba para condenarlo, pero por sólo una fechoría, la cual no implicó homicidios, le significaría una condena de escasos tres años y un día de cárcel[11].

1910 julio

En el mes de julio de 1910, con motivo de un salteo efectuado en un lugar próximo a Cartagena, empezó una nueva etapa en la delincuencia del “Huaso Raimundo”. Si sus primeros años de crímenes pueden ser rastreados casi exclusivamente en el expediente criminal que abrió al respecto el 2º Juzgado del Crimen, el segundo capítulo de sus fechorías alcanza una mayor notoriedad pública, manifestada en su aparición en periódicos, llegando años más tarde a ser parte fundamental del capítulo de “Recuerdo de Algunas Investigaciones Sobresalientes” del Álbum Gráfico de la Policía de Santiago[12], y convertirse en una serie de artículos periodísticos en una revista del año 1951[13]

Días después de aquel asalto en las cercanías de Cartagena, volvió a cometerse un crimen de iguales características en el “Paso del Rosario”, en la misma localidad. En dicho asalto los malhechores dieron muerte al dueño de casa. Después de algún tiempo Orellana apareció en las cercanías de Maipú, donde asaltó a numerosas personas, especialmente carreteros y pasajeros. El semanario “Sucesos” presentará a “El Huaso Raimundo” como “(…) el terror de los moradores de la comuna Maipú y de las inmediaciones de Santiago por los barrios de Barrancas y Chuchunco, á causa de los numerosos salteos que perpetró en esas inmediaciones capitaneando una verdadera orda (sic) de bandidos[14].

31 de diciembre de 1910

El Jefe de la Sección de Seguridad el día 31 de diciembre, supo que “El Huaso” y Manuel Antonio Santis, alias “El Bonete Grande”, habían llegado al fundo de don José Cabello, en Lo Espejo, y que se ocultaban en un bosquecillo del potrero “La Aguada”[15]. Durante las horas que se tardó la Policía en tender el operativo para aprehender a estos sospechosos, un nuevo año de crímenes comenzaría para Orellana, con una nueva resistencia armada a la policía, esta vez acompañada de fuga. De “La Aguada”, en Lo Espejo, ambos compañeros escaparon atravesando el fundo “San José”, en “Lo Errázuriz” y “El Rosal”, hasta salir a Maipú.

El fundo “El Diamante” se transforma en escenario de enfrentamientos entre la policía y Orellana, tal como lo había sido seis años atrás. En este paraje, el 19 de agosto, vuelve a escapar del cerco policial tras un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el agente Manuel Antonio Quiroga, asestándole un tiro de escopeta en el cuello. En sus palabras al periodista de “El Diario Ilustrado”, sostendrá: “(…) y ahí vi al agente, a pocos pasos, por lo que no me quedó otra cosa que dispararle, disparo que éste me contestó con un garrotazo que me dejó lesionado”[16].

3 de octubre 1911 Su captura

Finalmente será capturado en la madrugada entre el 3 y 4 de octubre de 1911 en el fundo “El Parrón” del departamento de Maipo, tras resistir a punta de disparos la detención por parte del agente José Fuentes, quien puso fin a la resistencia del bandido con un certero disparo en la mano derecha. El examen médico efectuado en el mismo lugar de los hechos horas más tarde, por el señor doctor don Carlos Molina, médico de la Prefectura:

(…) pudo comprobar que Orellana tenía localizadas sus heridas en las siguientes partes: en la mano derecha, en el antebrazo izquierdo que le quebró el cúbito, una leve en la pantorrilla izquierda, en la base del cuello, otra en el hombro izquierdo que le tocaba las partes blandas y la última en la barba[17].

En el primer tren de la siguiente jornada, regresaron en carro especial los funcionarios policiales, los del Juzgado, y el detenido. Para el momento de su llegada a Santiago, la noticia se había esparcido. Los andenes de la Estación Central desbordaban de gente ansiosa de ver al bandido, mientras agentes de la 3ª y 4ª Comisarías habrían tenido que exigirse bastante para resguardar el orden.

Desde una cuadra antes de la llegada a la Sección, y media más allá, fue tal la aglomeración que había de personas, que el público apostado pretendió muchas veces romper los cordones de policía que habían sido ubicados con toda oportunidad, lo que no consiguió porque policía armada que había acudido hizo respetar sus derechos de autoridad. Llegado que hubo el momento de descenso de Orellana, a la puerta de la Sección de Seguridad, en la calle de Sama, el pueblo se abalanzó para verlo, por lo que la policía se vio en la necesidad de retirarlo a culatazos[18].

Junto a las aglomeraciones provocadas por el afán de ver de cerca a aquel bandido que muchos habrían considerado imaginario, comenzaron a salir a la luz, también de la mano de los periódicos, todos los rumores que sobre el “Huaso Raimundo” circulaban en los alrededores de Santiago, e incluso más allá.

(…) Se aseguraba que el Huaso bajaba al pueblo con toda audacia. Llegó un día a la imprenta de uno de los diarios locales; en seguida pasó a una cantina y se bebió varias botellas de cerveza (…) Se cuenta también que una noche asistió a una función de biógrafo, y tuvo la valentía de ir a colocarse, precisamente, detrás de la butaca del gobernador (…) su nombre voló al extranjero en alas del cable. En Brasil, en Panamá y en otras partes, lo hicieron general y caudillo de una revolución[19].

Sin embargo, al margen de la inmensa fama conseguida, las cosas en el Juzgado no se distanciaban de lo que sucediera cinco años atrás. Raimundo negaba tenazmente cualquier delito grave, mientras confesaba con todo detalle los demás, con lo cual, si bien es cierto que se aseguraba unas temporadas tras las rejas, se eximía del patíbulo.

Interrogación a sus secuaces

Por otra parte, nuevamente el recurso a la intimidación que podía generar en sus co-reos aparece en el proceso en su contra de 1911. Esta vez, más explícito:

  • Juez: ¿Por qué negaste delante de “El Huaso” lo que antes habías confesado?
  • Reo: Por temor de que “El Huaso” me mate después. (…)
  • Juez: ‘El Huaso’ va a ser condenado a presidio perpetuo o muerte. Habla sin temor, que nada te podrá hacer, pues siempre estarán en

celdas separadas.

  • Reo: Es verdad S. E. todo lo que antes he manifestado, el temor de ser víctima de Orellana me ha obligado a mentir[20].

1924 diciembre. Son detenidos los hermanos de "El Huaso reimundo"

Hacia fines de diciembre de 1924, en la localidad de Chicureo, una particular banda asaltará al comerciante Manuel Abakian, terminando a puñaladas con su vida. Aparecen las imágenes y los nombres de cuatro detenidos, de apellido “Orellana Ávila”: Erasmo, “el menor que ha cumplido una condena por homicidio”, Bernardo y Ramón, y el hermano mayor, Raimundo, “(…) a quienes se ha detenido por habérseles encontrado puñales ensangrentados diversas especies de ropa que los parientes de Abakian han reconocido y porque el vecindario los señala como individuos de malvadas inclinaciones”[21].

Pizarra

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  • El Huaso Raimundo andaba con seis medallas (Virgen de Lourdes, Virgen del Rosario, Inmaculada Concepción. Santo Domingo, San Benito y San Ignacio de Loyola).
Ficha Huaso Raimundo.jpg

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. más tarde, preguntado por su edad, respondía “Treinta y cuatro años cumplidos” (es decir, nacido en 1877). “Actualidad. El Huaso Raimundo”. El Diario Ilustrado. Santiago, sábado 7 de octubre de 1911, p. 6. 10. Sobre el bandolerismo, la historiografía es abundante, destacando el debate sobre su carácter social o criminal. Véase, Hobsbawm, Eric, Bandidos, Crítica, Barcelona, 2001; Slatta, Richard, Bandidos. The varieties of Latin American Banditry, Greenwood Press, New York, 1987; Daitsman, Andy, “Bandolerismo: Mito y Sociedad. Algunos apuntes teóricos”, Proposiciones, N°19, SUR, Santiago, 1991. Para el caso chileno, en particular, Contador, Ana María, Los Pincheira. Un caso de bandidaje social. Chile 1817-1832, Bravo y Allende, Santiago, 1998; Salinas, Maximiliano, “El Bandolero Chileno del siglo XIX: Su imagen en la sabiduría popular”, Araucaria, N°36, Madrid, 1986, pp. 57-75; Valenzuela, Jaime, Bandidaje Rural en Chile Central: Curicó, 1850-1900, DIBAM, Santiago, 1991, entre otros.
  2. Véase Maturana Barahona, Ventura, Las Investigaciones del Delito, Imprenta Fiscal de la Penitenciaría de Santiago, Santiago, 1924. Agradezco esta referencia al profesor Daniel Palma Alvarado. 115 Las bandas del “Huaso Raimundo”. Redes sociales y transicionalidad delictiva en Santiago y sus alrededores (1882-1911) pp. 109-135
  3. Las Bandas del "Huaso Reimundo" de Ignacio Ayala Cordero PDF/Universidad de Chile
  4. Archivo Nacional Histórico de Santiago. Fondo Judicial Criminal de Santiago (en adelante, ANFJCS). Legajo 1665, p. 1. Causa Criminal de Oficio contra Pedro Antonio Orellana y otros, por Robo con Homicidio. Declaración de Lucrecia Góngora. Santiago, 8 de agosto de 1904, fs. 83 vtas.-84.
  5. Las Bandas del "Huaso Reimundo" de Ignacio Ayala Cordero PDF/Universidad de Chile
  6. ANFJCS. Legajo 1665, p. 1. Contra Pedro Antonio Orellana... ob. cit. Copia de Sentencia
  7. Ibid. Primer interrogatorio a Manuel Lisboa (Nonato Orellana). Santiago, 29 de septiembre de 1906, fs. 353.
  8. Véase Fernández Labbé, Marcos, “La Explicación y sus Fantasmas. Representaciones del delito y de la eximición de responsabilidad penal en el Chile del siglo XIX”, Revista de Historia Social y de las Mentalidades, Nº4, USACH, Santiago, 2000; Prisión Común, Imaginario Social e Identidad. Chile, 1870-1920, especialmente el capítulo “La Imaginación de los Hechos: Elementos discursivos en la identidad de los hombres encerrados”, DIBAM,
  9. Santiago, 2003, pp. 121-196. Ibid. Tercer interrogatorio al reo Nonato Orellana. Santiago, 19 de noviembre de 1906, fs.
  10. 364-364 v. Ibid, fs. 365 v.
  11. “Condeno a Nonato Orellana a tres años y un día de presidio y cien azotes por el robo hecho a Pedro J. Góngora en Pomaire”. Ibid, Copia de Sentencia. Santiago, 27 de mayo de 1907, fs. 407.
  12. Honorato C., Oscar y Urzúa A. Waldo, Álbum Gráfico de la Policía de Santiago, Capítulo IV, “Recuerdo de algunas investigaciones sobresalientes”, Santiago, 1923.
  13. Acevedo Hernández, Antonio, “El Huaso Raimundo. Rey de los Bandidos”.
  14. “Una Nueva Hazaña de ‘El Huaso Raimundo’”, Sucesos, Valparaíso, jueves 20 de julio de 1911. s. p.
  15. Honorato y Urzúa, ob. cit. p. 49. Sobre el mismo hecho, “Una vez, éstos [agentes de la Sección de Seguridad] lo iban persiguiendo en los suburbios del sur de Santiago. Huía el Huaso con otro compañero, el cual cayó al agua al atravesar el Zanjón de la Aguada. A pesar de que los agentes iban cerca, volvió a salvarlo y continuaron su fuga”. “Las hazañas del Huaso y las pesquisas policiales”. El Diario Ilustrado. Santiago, jueves 5 de octubre de 1911, p. 6.
  16. “Actualidad. El Huaso Raimundo”. El Diario Ilustrado. Santiago, sábado 7 de octubre de 1911, p. 5.
  17. “La Captura del Huaso Raimundo”. El Diario Ilustrado. Santiago, jueves 5 de octubre de 1911, p. 6.
  18. Ibid.
  19. “Las Hazañas del Huaso y las pesquisas policiales”. El Diario Ilustrado. Santiago, jueves 5 de octubre de 1911, p. 6.
  20. “El sumario contra el Huaso Raimundo”. El Diario Ilustrado. Santiago, viernes 13 de octubre de 1911, p. 5.
  21. “Un Cobarde y Bárbaro Asesinato”. Sucesos. Valparaíso, 1 de enero de 1925, s. p. Por un lado, la similitud de apellidos y, por otro, la reedición de su modus operandi marcado por la violencia física en un contexto suburbano, podría colocarnos frente a una tercera etapa de sus crímenes.
  • Video You Tube:Noticiero Judicial: En fallo histórico: el "Huaso Raimundo"
  • Diario El Ilustrado, Jueves 5 de junio 1911. Cronica Policial: La Captura del "Huaso Reimundo"
  • Fuente del Articulo: Departamento de Historia de la Universidad de Santiago. Revista de Historia social y las mentalidades. Vol 16 N1 2012 Las Bandas del "Huaso Reimundo" Las redes Sociales y Transicionalidad en Santiago y alrededores (882-1911) ISSN: 0717-5248
  • Fuente Imagen: Memoria Chilena

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