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Batalla de Ochagavía 14 de Diciembre 1829

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Batalla de Ochagavía 14 de Diciembre 1829
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14 de diciembre 1829

Plano de la Batalla de Ochagavia.jpg

Batalla de Ochagavía o Acción de Ochagavía, ocurrió el 14 de diciembre 1829 en Chile a cinco kilómetros de Santiago en la zona llamada Ochagavia. Este fue el primer choque en que se enfrentaron, fuerzas de gobierno conservadores (pipiolos), en contra de liberales (pelucones) en donde ganan la batalla los conservadores.

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Contenido

Los contendientes eran las fuerzas revolucionarias al mando del general José Joaquin Prieto y las tropas del gobierno al mando del genera Francisco de la Lastra.

14 de diciembre: A las 5:00 Am del lunes, las avanzadas de José Joaquín Prieto anunciaron que el ejército constitucional se dirigía contra el campamento de Ochagavía, formado en un cuadro central, con una columna de infantes y dos cañones en cada flanco. Se componía este ejército de los batallones de infantería Pudeto, Concepción y Chacabuco comandados por Guillermo José Rondizzoni Cánepa, Rondizzoni y Castillo, una brigada completa de artillería, un escuadrón de húsares y otro de milicianos. Su efectivo fluctuaba alrededor de mil quinientos hombres de tropas de primera clase, que conservaban su moral, salvo la caballería, improvisada en buena parte con presidiarios, bien armados y con municiones abundantes.

Manuel Bulnes Prieto

Todos los generales, comprendiendo que el gobierno estaba moralmente caído, y empeñados en producir un entendimiento en torno de un gobierno liberal moderado, presidido por Borgoño, o Ruiz Tagle, se negaron a mandarlo. Fue preciso recurrir al general Francisco de la Lastra, que nunca había comandado un batallón, ni asistido a una batalla. El comando efectivo lo tomó el coronel Benjamín Viel, como mayor general.

El ejército libertador constaba en esos momentos de unos 600 granaderos y cazadores de caballería, de línea, dos pequeños cañones y unos 700 infantes, distribuidos en tres batallones. Dos de éstos, recién formados, carecían de disciplina y vestuario y estaban mal armados. Bastan estos datos para comprender que el ejército de Prieto, aunque muy superior en caballería, era incapaz de afrontar en campo abierto el choque del de Lastra. A pesar del avance del enemigo, Manuel Bulnes Prieto podía retirarse a Rancagua, gracias a la aplastante superioridad de su caballería, que tornaba imposible la persecución enérgica, y el hecho de que el ejército constitucional no podía pasar el Maipo, sin que la capital, desguarnecida, inclusive el parque y la maestranza, cayeran en poder de los revolucionarios, que predominaban sin contrapeso en la opinión. Allí podía esperar las municiones y las armas anunciadas, para reanudar su avance en mejores condiciones. Pero sea que temiera un descorazonamiento en la opinión u operaciones de parte del ejército constitucional sobre Aconcagua o Valparaíso, una vez que se viera libre de la amenaza inmediata de las fuerzas libertadoras, resolvió aceptar la batalla, y tendió su línea delante de las casas de Ochagavía al abrigo de las tapias de los potreros y de los huertos.

Benjamín Viel abrió el fuego de artillería, y sin esperar que las posiciones estuvieran machucadas, los embistió con la infantería. Un oportuno y vigoroso contraataque del mayor Nicolás Maruri al frente de dos compañías del Valdivia, malogró momentáneamente el asalto. Pero la ocupación de las casas de Ochagavía, que Benjamín Viel había tomado como objetivo inmediato, dada la aplastante superioridad del ejército constitucional en cañones y en infantería, sólo era cuestión de tiempo, aún suponiendo que Prieto tuviera municiones para una defensa prolongada. El comando de Benjamín Viel durante toda su carrera había sido sumamente disparejo; ni la escuela ni la experiencia lograron suplir en el curso de su larga carrera, la falta de ojo, sagacidad y sangre fría. Colocó su caballería en el flanco izquierdo, para protegerla contra una carga de los escuadrones de Manuel Bulnes Prieto y Fernando Baquedano Rodríguez, dejándola expuesta a ser aniquilada por la enemiga, sin que la infantería pudiera protegerla eficazmente. Manuel Bulnes Prieto lo advirtió y dispuso una carga de sus escuadrones de granaderos y cazadores que aventaron a la caballería gobiernista, obligando a sus restos dispersos a huir hasta la ciudad. Esta carga colocó al ejército libertador en la imposibilidad de completar la victoria que pronto iba a alcanzar.

Sin preocuparse de la fuga de su caballería, Benjamín Viel prosiguió el ataque a las casas de Ochagavía concentrando sobre ellas y los tapiales que se extendían por delante todos sus cañones y un activo fuego de fusilería. Manuel Bulnes Prieto habría podido sostener por algún tiempo sus posiciones, a pesar de que en ellas su caballería quedaba inutilizada, e infligir a los asaltantes pérdidas subidas, pero había iniciado el combate casi sin municiones y en media hora más de fuego, iba a quedar encerrado inerme en las casas de Ochagavía. Así es que dispuso su evacuación y el repliegue al sur. A juzgar por lo que ocurrió, se proponía arrastrar al ejército gobiernista a campo despejado, y decidir la batalla en una poderosa carga de caballería, que destrozara a los tres batallones de Lastra. Aunque el repliegue se efectuó en orden, el ejército del sur sufrió bastantes bajas, y los batallones vencedores capturaron pequeños grupos de su retaguardia. Al llegar a las casas de Domingo Eyzaguirre, al sudeste de San Bernardo, considerando el terreno adecuado para el desarrollo de su plan, ocupó con la infantería la viña, y dio cara al enemigo, que ya lo consideraba en completa fuga. Los batallones Concepción y Pudeto, comandados por los sargentos mayores Justo de la Rivera y Joaquín Varela, se dispusieron a embestir a la quebrantada infantería libertadora. Mas, en los momentos en que iniciaban el avance, los cazadores de Fernando Baquedano Rodríguez, cargaron sobre ellos por retaguardia con gran ímpetu, al mismo tiempo que Manuel Bulnes Prieto caía con los granaderos por el flanco. Los batallones, cargados a un tiempo desde dos direcciones, se desorganizaron y el avance quedó paralizado. Sus pérdidas, según se vio después, eran escasas, pero aún así la tropa conservaba su moral, a pesar del enorme desorden, tal vez no era imposible formar cuadros antes que se repitieran las cargas de caballería. En este caso Manuel Bulnes Prieto habría tenido que proseguir su retirada al sur, perdiendo en el trayecto parte de su infantería y de sus armas.

A esta altura, una bandera de parlamento interrumpió el combate.

7:00 de la mañana: Prieto había perdido seis oficiales, ochenta soldados y algunas decenas de prisioneros y llevaba en sus filas numerosos heridos que se retiraban por sus pies. En cambio, el ejército constitucionalista sólo había perdido tres oficiales, y después de la batalla pudo comprobarse que sus bajas de soldados eran menores que las de José Joaquín Prieto. Pero para entender lo que sigue, es necesario anticipar que Francisco de la Lastra y Benjamín Viel ignoraban la escasez de municiones en las filas de Prieto, y que en esos momentos creían imposible consumar el aniquilamiento del ejército enemigo, tanto por la falta de caballería, como por el desorden en que habían quedado sus batallones después de las cargas de Manuel Bulnes Prieto y Fernando Baquedano Rodríguez, y la consigna que tenían de no alejarse de Santiago. Al día siguiente, para disimular su error o su ofuscamiento, ambos inventaron explicaciones especiosas que, sin liberarlos del epíteto de mentecatos que les aplicaron los pipiolos, dio pie a que se les acusara injustamente de traidores. Así, pues, en la inteligencia del armisticio de Ochagavía hay que partir de la base de que Lastra y Benjamín Viel, en los momentos de abrir negociaciones, se creían, si no derrotados como afirma Prieto, en la imposibilidad de aniquilar al enemigo. El hecho de que este juicio fuera erróneo, como lo creemos nosotros y ellos mismos lo reconocieron al día siguiente, no hace parte del proceso psicológico que condujo al pacto de Ochagavía.

Guillermo Tupper

El otro dato fundamental de que hay que partir, es que, como hemos visto, reinaba en el ambiente de Santiago un deseo vehemente de paz. Liberales, pelucones, neutros y todo el mundo deseaban ardientemente que Novoa y su pandilla se fueran al Perú, a Bolivia, al Ecuador" o a otra sección de América, llevándose como auxiliares a los pipiolos y, si les placía, también a José Miguel Infante, y dejaran a Chile en paz, y que liberales moderados, estanqueros y pelucones se entendieran para formar un gobierno sensato y progresista que, no despertando resistencias, consolidara el orden. Este resultado debía alcanzarse por un acuerdo, y no por un combate, el cual además de las vidas que iba a costar, dejaría una cola inextinguible de odios. Se quería la unión del elemento gobiernista cuerdo y honesto con los revolucionarios, sin vencidos ni vencedores. La fuga de Vicuña, a juicio de la opinión, había allanado el camino. Francisco de la Lastra, Benjamín Viel y el ejército gobiernista, que todavía no estaban animados por el odio que más tarde iba a distanciarlos de las fuerzas de Prieto, casi sin más excepción que Guillermo Tupper, deseaban también el avenimiento.

Benjamin Viel

En posesión de estos datos, veamos el sencillo pacto de Ochagavía, que las recriminaciones y los odios políticos debían tornar por un siglo el gran rompecabezas de nuestra historia. </div>

Fuentes y Enlaces de Interés

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