Vicente San Bruno
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Coronel del Ejército Español en Chile
*Autor: Miguel Angel Ducci

Vicente San Bruno Rovira (☆ Zaragoza, Aragón, España, 1777- † Santiago, Chile; 12 de abril de 1817). Fue un Sargento Mayor del Ejército Español en Chile y uno de los militares más conocidos durante la Reconquista debido a su brutalidad cuando era Comandante del destacamento Talavera de La Reina de Santiago.
Como era su fisonomia
No se conocen grabados o pinturas con su rostro, aunque según escritos era de estatura mediana, de nariz aguileña, color algo sanguíneo y de vientre abultado; de ojos muy vivos y de mirada alegre, casi risueña. Empezaba a perder el cabello, pero tenía bigote abundante y rubio[1]. Para el grabado de estilo oleó acudimos a la historia y a los registros de su fisonomía, y se los entregamos a la Inteligencia Artificial Etercuanticum IA, la que nos entrego la imagen más detallada de Vicente San Bruno.
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Fue Cura
San Bruno fue miembro de una orden franciscana como "hermano lego" en Zaragoza, que son hermanos miembros de una orden religiosa masculina de la Iglesia católica, particularmente de órdenes monásticas que no han sido ordenados sacerdote. Su labor, como "Lego" consistía en labores manuales y de los asuntos seculares del monasterio, con el fin de permitir la plena vida contemplativa de los monjes. Estos, en contraste, están abocados principalmente a la liturgia de las horas o al llamado Opus Dei (Obra de Dios; no confundir con la prelatura del Opus Dei) y al estudio.
Así, los hermanos legos tienen como propósito el apoyo práctico en la gestión de talleres, granjas, cocinas y otras dependencias del monasterio, para dejar libertad a los monjes de coro de orar y estudiar. Sin embargo, los hermanos legos también son monjes y dedican una parte importante del día a orar.
Abandonó los hábitos religiosos para dedicarse definitivamente al ejército.
1808
Tomó las armas en contra los franceses, luchó valientemente durante la Guerra de la Independencia y ganó el ascenso a oficial.
1813 Destinado a América
25 de diciembre de 1813: Se embarcó para Perú bajo el mando de Rafael Maroto como coronel del Regimiento Talavera de la Reina, llamado de «Los Talaveras». Desembarcaron en Callao el 24 de abril de 1814 para apoyar al virrey José Fernando de Abascal y Sousa, quien había estado trabajando arduamente para mantener bajo control español su virreinato y los territorios limítrofes.
1814 Chile

19 de julio de 1814: San Bruno y el Regimiento de Talavera fueron destinados a Chile, para imponer orden, por lo que se embarcaron.
13 de agosto de 1814: Llegaron a Talcahuano, al núcleo de la actividad de los realistas.
Batalla de Rancagua
Llegó a Chile con el grado de capitán y participó en la Desastre de Rancagua (1 de octubre y 2 de octubre de 1814) contra los patriotas chilenos.
San Bruno construye una barricada protegido por Barañao.
Casi junto con Barañao y protegido por éste, el capitán de Talaveras Vicente San Bruno, tan famoso más tarde por las atrocidades y crímenes que cometió durante la luctuosa Reconquista Española en expiación de los cuales fue fusilado por los patriotas después de Chacabuco, San Bruno, decimos, valiente por naturaleza, cruel hasta el delirio, hábil como soldado y fanático como buen español de aquella época, se puso a construir a una cuadra de la trinchera mencionada una especie de barricada o reducto compuesto de vigas, líos de charqui, muebles y troncos, y colocó sobre ellas cañones resguardados por sus tropas[2]
A las dos de la tarde se rompen los fuegos por ambos lados, a la vez que se da comienzo al segundo asalto general de las divisiones realistas.
Bernardo O’Higgins tuvo en esta circunstancia una escapada que el vulgo apellidaría milagrosa y providencial. Estaba cerca del Hospital de Sangre de que hemos hablado, censurándole acremente a un cirujano Morán su falta de valor al ocultarse durante el primer ataque, cuando “una bala de cañón pasa por entre ambos sin herirlos”.
Después de este incidente, Bernardo O’Higgins siguió su camino con dirección a la trinchera de San Francisco. Allí tuvo conocimiento de la barricada construida por Vicente San Bruno y comprendió con facilidad el gran peligro que había en dejarla en pie. Resolvió entonces ejecutar una salida para arrasarla.
Al efecto llama al denonado subteniente de la legión de Arauco Nicolás Maruri y al alférez de Dragones Francisco Ibáñez, les da cincuenta soldados escogidos [3], les señala con su espada el punto que deben atacar, los anima con su voz, hace descargar a un mismo tiempo los tres cañones de la trinchera para que los asaltantes salgan protegidos por el humo, y les dice que confía en que han de clavar la batería enemiga.
Aquel puñado de hombres inspirados por un amor sublime a la patria y movidos por un heroísmo que sólo dan la desesperación y un respeto caballeresco por el honor de la bandera que se defiende, se lanzan como leones embravecidos sobre la barricada, acuchillan con su afiladas bayonetas a los Talaveras, principian a destruir las empalizadas y se preparan para clavar los cañones cuando San Bruno, alentando con el ejemplo a sus soldados, los hace volver a la carga en mayor número y obliga a suteniente Nicolás Maruri a buscar su salvación en las casas vecinas y en las calles laterales.
El capitán Antonio Millán entretanto barre con sus piezas la calle e impide así el avance del enemigo y la reconstrucción de la barricada. Bernardo O’Higgins presencia en persona esta lucha de titanes desde la trinchera patriota, y organiza con increíble actividad los medios para proteger la retirada de Nicolás Maruri. Como puede, por encima de los tejados o por el interior de las casas, envía a aquel heroico oficial una granada de mano, algunas municiones y el aviso de que los realistas le preparan una emboscada. En verdad, Vicente San Bruno no era hombre que se dormía sobre sus laureles. Rechazado el ataque de los patriotas, resuelve impedirles la vuelta a la plaza, cortándoles la retirada y batiéndolos hasta exterminarlos. Prepara con dicho objeto una partida de Talaveras, les da un cañón y los manda por dentro de las casas a fin de salir de atravieso al subteniente Nicolás Maruri cuando intente replegarse a la trinchera del capitán Antonio Millán. El oficial designado para ejecutar este golpe de mano cumplió al pie de la letra las instrucciones y, cruzando cercas y tapias horadadas al efecto, se pone en acecho en el patio de una casa. Nicolás Maruri, por anuncio de Bernardo O'Higgins y por inspección personal, tuvo pleno conocimiento del plan de Vicente San Bruno y tuvo la feliz inspiración de sorprender a los Talaveras en su propio escondite. Concebir tan audaz proyecto, prueba elocuente del excepcional temple de alma de aquel bravo oficial, y ponerlo en práctica sobre la marcha, fue obra de segundos.
Acompañado de los sobrevivientes del asalto de la barricada realista, escaló los tejados de las casas, y arrastrándose en profundo silencio, se colocó en las alturas de los techos que rodeaban el patio en donde los Talaveras, arma al brazo y lanzafuego encendido, esperaban ansiosos el momento de cumplir su misión.
Una granada de mano arrojada al medio del patio por el mismo Nicolás Maruri y que al estallar en mil pedazos produjo un estrépito horrísono, fue la señal de ataque de los patriotas y el despertar de los realistas sorprendidos. Tras del estallido de la granada, viene el fuego de los rifleros y tras de éste los osados insurgentes bajan bayoneta calada y acuchillan a cuanto talavera encuentran a su paso, escapando sólo dos.
En Rancagua eran esperados por los patriotas atrincherados en la plaza, pero después de dos días de sangriento combate, los restos de las tropas chilenas lograban escapar, destacando San Bruno en la violenta represión de los derrotados. Fusilamientos y luego encierro de los heridos, mujeres y niños en el hospital, donde eran quemados vivos por orden suya.
Después de esta derrota, los realistas retomaron Chile sin ninguna resistencia. Todas las ideas de independencia fueron reprimidas en la capital.
En noviembre de 1814, se le encargó ejecutar las órdenes de prisión en contra de los patriotas. Pasó a ser consejero e inspirador del gobernador Casimiro Marcó del Pont, quien le confirió autoridad policial ilimitada y lo designó comandante del destacamento Talavera de La Reina de Santiago.
2 de noviembre de 1814: Se iniciaron en Santiago las detenciones masivas de patriotas, comenzando con aquellos ancianos y enfermos que no pudieron partir al exilio.
Los días 7 de noviembre, 8 de noviembre y 9 de noviembre de 1814, fueron días de terror, o mejor dicha noche de terror con allanamientos y detenciones en hogares de la capital[4]. Se apresó a todos quienes habían tenido alguna participación en los movimientos de la Patria Vieja y se desterró al Archipiélago a quienes fueron calificados como “motores o cabezas” de los mismos y a quienes habían sido miembros de los gobiernos revolucionarios.
7 de noviembre de 1814: En la noche, cuando más desprevenido estaba el vecindario, fueron reducidos a prisión quince o veinte caballeros de posición ventajosa, y casi todos de vastas relaciones en la alta sociedad colonial. Los ejecutores de estas medidas llegaron a creer que muchas personas se retirarían inmediatamente a los campos para sustraerse a la persecución.
8 de noviembre de 1814: En la mañana, en los momentos en que la noticia de esas prisiones llevaba la consternación y la alarma a las familias de los patriotas, se publicaba un bando solemne por el cual se prohibía a todo el mundo, bajo graves penas, ausentarse a seis leguas de la ciudad sin permiso de las autoridades superiores.
9 de noviembre de 1814: Las prisiones se repitieron las dos noches siguientes y llegaron a contarse cerca de doscientos presos de diversas condiciones y rangos, pero en su mayor parte hombres de edad avanzada y de honrosos antecedentes. Todos ellos fueron encerrados con grande aparato de vigilancia en el espacioso edificio en que había funcionado el Instituto Nacional (el antiguo colegio central de los jesuitas), convertido ahora en cuartel del batallón de Talavera[5]
Relación de Vicente San Bruno con el gobernador Casimiro Marcó del Pont
La relación entre el capitán Vicente San Bruno y el gobernador Casimiro Marcó del Pont fue una alianza político-militar de absoluta confianza, donde San Bruno actuó como el brazo ejecutor y la fuerza policial de la represión realista. Su vínculo convirtió al periodo de la Reconquista en Chile (1815-1817) en un régimen de estricto control y terror.
Confianza y autoridad ilimitada
- El consejero del Gobernador: San Bruno no fue un simple subordinado; se transformó en el asesor más influyente e inspirador de las decisiones de seguridad de Marcó del Pont.
- Poderes absolutos: El gobernador le otorgó al militar aragonés una autoridad policial e institucional sin precedentes dentro de la capital chilena.
- Permanencia estratégica: Cuando la Corona ordenó regresar la mayoría de las tropas del regimiento Talavera al Perú, Marcó del Pont retuvo deliberadamente a San Bruno en Santiago para mantener las tareas de inteligencia.
Control social a través del Tribunal de Vigilancia
- Nombramiento clave: En enero de 1816, Marcó del Pont nombró a San Bruno como presidente del Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública.
- Maquinaria represiva: A través de este tribunal, San Bruno implementó las políticas drásticas ordenadas por el gobernador, tales como los toques de queda rígidos, las restricciones severas de movimiento y el allanamiento continuo de residencias criollas.
- Red de espionaje: Juntos estructuraron un sistema interno de delación destinado a desarticular cualquier intento de insurgencia armada o apoyo hacia el Ejército libertador en Mendoza.
Contraste de perfiles históricos
San Bruno era de origen humilde y clerical. Venía de un entorno modesto en Aragón. Su paso por un convento franciscano dejó una huella de rigidez mental que luego trasladó a la vida militar. Como militar era un hombre austero, fanático de la disciplina, frío, pragmático y completamente ajeno a los lujos o placeres mundanos. Su fdorma de vida era espartana y militarizada. No buscaba la aprobación social de la élite de Santiago, sino su sumisión absoluta a la Corona española. Era el hombre de acción. Actuaba directamente en el terreno, patrullando las calles por la noche, dirigiendo los interrogatorios y aplicando castigos físicos sin vacilación.
Matanza de la Cárcel
6 de febrero de 1815: Su fama por el Reino de Chile aumento debido a los terribles asesinatos cometidos en la cárcel de Santiago de Chile.
La matanza fue liderada por San Bruno y su cómplice, el sargento Francisco Villanueva de unos presos en la Cárcel de Santiago, bajo el argumento de que los prisioneros querían huir.
Esa noche San Bruno se presentó con los soldados del ejército de Talavera, y comenzaron a golpear violentamente a los que estaban ahí recluidos. De estos reos, algunos estaban ahí por deudas, otros por faltas a la ley y algunos patriotas.
El resultado fueron 2 muertos y varios seriamente heridos que no murieron gracias a la intervención del Mayor Luís Urrejola. Ante los gritos y escándalo producidos en el interior de la cárcel, el pueblo de Santiago se empezó a reunir afuera, en la Plaza de Armas, pero fueron controlados por los mismos Talaveras y dispersados, pero los acontecimientos fueron el rumor que acompaño a todos en la capital al otro día. El odio hacia San Bruno y su gente crecía cada día más.
El Incendio
5 de enero de 1816: Dentro de las crueldades atribuidas a San Bruno destaca el Gran incendio de la Cárcel de Santiago en 1815, en cuál murieron asfixiados por los humos o calcinados por el fuego, gran número de patriotas arrestados en aquel recinto. La versión oficial del Gobierno monárquico, comunicaba que el incendio habría sido provocado por los mismos reos en un intento de motín. Este episodio, que la historia no olvida, calo hondo en los patriotas, quienes no están dispuestos a perdonar.
Gran parte de los registros administrativos y militares de la época, contenidos en los anales del Cabildo de Santiago y la Universidad de Chile, lo documentan junto con la caótica situación del presidio y las islas de destierro.
Consecuencias: El fuego redujo a cenizas las áreas de reclusión, agravando el sufrimiento de los prisioneros, muchos de ellos patriotas chilenos encarcelados, quienes posteriormente serían confinados al Archipiélago de Juan Fernández.
Respuesta Gubernamental: Tras la tragedia, el entonces gobernador del Reino de Chile, Casimiro Marcó del Pont, debió lidiar con las precarias condiciones del recinto. Existen documentos oficiales del 9 de enero de 1816 y decretos posteriores que evidencian la solicitud de fondos para la reconstrucción de las celdas y la provisión de alimentos para los sobrevivientes.
1816
9 de enero de 1816: Comenzó el cobro de contribuciones por parte del gobierno a todos los chilenos. Y uno de sus cobradores y ejecutores era Vicente San Bruno.
San Bruno y su aporte a las Leyes y castigos al pueblo
12 de enero de 1816: Por ley, se prohibió salir de la ciudad sin licencia del presidente. De no cumplirse esto, se debía enfrentar la pérdida de bienes, azotes y diez años de cárcel. Estos castigos dependían de la condición social del castigado, y también valían para aquellos vecinos que se ausentaran de sus casas.
Se prohibía tener armas y se dieron 3 días para deshacerse de ellas. Ocultar un arma se castigaría con la pena de muerte.
Los que mantuvieran contacto, ya sea por escrito o lo estuvieran ocultando, con algún revolucionario buscado, serían llevados a la horca o fusilados, siendo hombre o mujer. Se levantó la horca en la plaza, anteriormente quitada por Osorio. Una parte de los bienes del fusilado o ahorcado sería para el que lo había denunciado. Tras todas estas nuevas leyes estaba San Bruno
17 de enero de 1816: San Bruno fue nombrado presidente del Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública. Este tribunal estaba integrado por San Bruno y otros 3 comerciantes, elegidos por del Casimiro Marcó del Pont, que supieron equilibrar el fuerte y despiadado carácter de este capitán, descrito por todos los historiadores así. Por lo mismo, el Tribunal no fue tan terrible como se pensó en el pueblo. Cada vecino que era procesado, aunque saliera absuelto, salía con más ganas de independizarse.
Vicente San Bruno, completamente odiado por los ciudadanos, debido a que estaba detrás de los mayores hechos de violencia que causaron conmoción en el pueblo. Los Talaveras eran el ejército realista español, saqueaban las casas, apaleaban a la gente sin motivo e incluso mataban al que se atreviera a hacer el menor escándalo, aunque fuera en una cantina. El odio por los Talaveras fue tan popular, que el pueblo se aburrió de la constante represión ocasionada por ellos.
marzo de 1816
Para marzo llegó el indulto real para los desterrados en el Archipiélago Juan Fernández, el cual Casimiro Marcó del Pont anunció, pero luego, al darse cuenta de que prontamente vendría una revolución, lo eludió y los desterrados debieron esperar aún más tiempo para ser liberados.
Otra medida que tomó Marcó del Pont fue el toque de queda. Si este no era cumplido el ciudadano que lo inflingía, recibía un fuerte castigo corporal.
Medidas represivas para el pueblo
Durante los Gobiernos de Mariano Osorio y Casimiro Marcó del Pont se tomaron las siguientes medidas que resultaron represivas para el pueblo y los motivaron a rebelarse en contra del gobierno.
- Se cobraron fuertes contribuciones.
- Se formaron Tribunales de vindicación.
- Se produjo la Matanza de unos presos en la cárcel de Santiago sin razón.
- Se desterraron ciudadanos comprometidos en la Patria nueva a la Isla de Juan Fernández.
- Se produce el llamado Secuestro de Bienes
- Aumentaron las contribuciones.
- Se prohibió salir de la ciudad sin licencia.
- Se prohibió tener armas
- Se prohibió salir a las calles a ciertas horas.
- Se prohibió mantener contacto de todo tipo con los patriotas emigrados a Mendoza, bajo la pena de muerte.
- Se formaron los tribunales de Vigilancia y Seguridad Pública.
- Se dio libertad a los Talaveras para saquear las casas y golpear personas sin mayor razón, con el pretexto de mantener el orden.
La reacción del pueblo
Estas medidas provocaron un disgusto en el pueblo, que en un comienzo se había mostrado pasivo y no se había resistido a volver al mando Español. La reacción del pueblo fue vital para que se produjera el término de la Reconquista, porque no se puede liberar a un pueblo que no quiere ser liberado.
Las políticas de ambos gobernadores fueron distintas debido a que Mariano Osorio buscaba un gobierno tranquilo y sin problemas y lo logró bastante bien, ya que no despertó mayores ganas de independizarse por parte del pueblo. Al contrario, Casimiro Marcó del Pont, despertó un odio tremendo hacia los realistas, lo que produjo la rebelión y el fin de la Reconquista.
Batalla de Chacabuco
12 de febrero de 1817: En la batalla de Chacabuco muchos talaveras fueron muertos en combate y otros tomados prisioneros, incluyendo Vicente San Bruno. Tras el triunfo patriota, el batallón del regimiento Talavera se repliega al sur, iniciando una serie de revueltas, pero por poco tiempo, ya que Ramón Freire acabó con las correrías de los talaveras. Una bandera capturada, atribuida a este regimiento, fue tomada por el Ejército de los Andes en Chacabuco y se conserva en el regimiento de Infantería de Montaña N.º 22 del Ejército Argentino, en Marquesado, provincia de San Juan.
1817 Prisión y condena a muerte
12 de febrero de 1817: Fue hecho prisionero de guerra en la batalla de Chacabuco, junto con su ayudante, el sargento Francisco Villalobos, cuando intentaba organizar la resistencia en dicha batalla.
Bernardo O'Higgins emitió en esa oportunidad una proclama donde se justificó no tratarlos como prisioneros de guerra, definiéndolo como «un monstruo de quien se desdeña la misma potencia a quien pertenezca y la tierra se avergüenza de estar bajo sus pies».
Fue llevado a Santiago, donde un tumulto trató de lincharlo. En Santiago se le metió en un cuero de vaca fresco, cosido, que al irse secando lo iba apretando poco a poco,dejándole como en un cepo, forma en que fue paseado durante algunos días por las calles, para expectación del pueblo que tan cruelmente había tiranizado. La gente a su paso, le lanzaba piedras, basura y barro, de modo que descansaba cuando lo metían al calabozo.
Su Juicio
6 de marzo de 1817: Este día San Bruno fue juzgado. Bernardo O´higgins, así como todo el pueblo chileno, estaba con un odio atroz sobre San Bruno. Todos querían su muerte, pero antes, todos querían que sufriere las penas del infierno.
Ya habían pasado 22 días desde su captura. En la cárcel, confinado en una celda, a media luz y sin baño, San Bruno debía convivir con el sargento Francisco Villalobos, ratas, sus propios excrementos, orinas y olores. Fueron innumerables las veces que fue golpeado, escupido y denigrado por los patriotas. Comida se le dio, pero aquella misma que se le da a los perros y cerdos. Agua se le dio para que no muriese. El trato era inhumano, así como el lugar, pero fue el mismo trato que él le dio a cientos de chilenos.
Bernardo O'Higgins ordena a través de un oficio al Auditor de Guerra Don Fernando Vera:
6 de marzo de 1814: ""El prisionero Don Vicente San Bruno no debe gozar de los fueros de la guerra. No se atienda sino a que el nos saco fuera de la protección de las leyes y que un justo derecho de represalia nos autoriza a imponérsela arbitrariamente. Mérecela como un criminal, cuyos delitos han deshonrado la especie humana y escandalizado atrozmente a todo Chile. Júzguesele como a un reo de Lesa Nación, ya que toda ella clama en contra de su perversidad.""
V.S. le instruirá su causa en el termino más breve, hasta sentenciarla, dándome cuenta para mi liberación. Dios guarde a V.S. Santiago 6 de marzo de 1814. Bernardo O'Higgins
Su condena
10 de abril de 1817: Instruido el juicio de San Bruno, tomándose muchas declaraciones por las incidencias que resultaron en contra de algunas personas y sometido al fallo de la Comisión Militar o Consejo de Guerra, Bernardo O'Higgins dirigió al presidente de esta comisión el siguiente oficio:
"La causa en contra de el reo San Bruno, debe quedar hoy sentenciada. Ahórrense todos los trámites que no sean de absoluta necesidad e indispensables. Mi marcha al sur es urgentísima: pero no la formo sin que este asunto este despachado. En este concepto cite V.S. a la comisión. Conclúyase todo en el momento y dese cuenta para mi resolución. Dios guarde a V.S. Santiago 10 de abril de 1814."
Debido a las pruebas y a los cargos presentados, el Consejo de Guerra lo condena a morir fusilado. Una vez escuchada su sentencia fue nuevamente arrastrado al cadalso llorando como un niño, cuya crueldad solo se compara con su odio.
Fusilamiento
12 de abril de 1817: Fue fusilado en la Plaza de Armas de Santiago. Falleció a los 40 años.
Aquella mañana, el día amaneció medio nublado, apenas pasaban los rayos del sol hacia la capital chilena. Eran las 7:00 de la mañana y en la Plaza de Armas ya estaban formados los destacamentos que había dispuesto el gobierno para el fusilamiento de San Bruno y Villalobos. Numerosas personas estaban apostadas al costado de la muralla de la Catedral de Santiago, donde se llevaría a cabo el fusilamiento.
San Bruno, aún en la cárcel, solo miraba la muralla en silencio, acompañado de un cura Franciscano, que no mucho le saco, pues San Bruno no quiso decir sus últimas palabras y menos pedir perdón por sus pecados.
El los banquillos para el fusilamiento estaban colocados en el costado occidente de la plaza de armas, en una muralla que estaba en construcción, perteneciente a la Iglesia del Sagrario de la Catedral de Santiago (vea imagen).

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Los reos fueron sacados del calabozo engrillados de pies y manos y subidos a los primeros pisos de la cárcel. La gente afuera gritaba improperios y los esperaban para abuchearlos. Al salir San Bruno por la puerta principal que daba a la plaza, la gente se silenció dejando sentir la brisa mañanera y las cadenas de sus pies que sonaban con cada paso que daban hacia el patíbulo. San Bruno se veía descompuesto, sucio y cansado, pero con entereza y su cabeza en alto. El era un valiente, un súbdito a la corona española que no se doblegaba fácilmente, a pesar de haber pasado las penas del infierno mientras estuvo detenido, tenia claro que él solo había cumplido con su deber. Villalobos, por el contrario, se notaba acobardado, lastimoso y destruido.
Ambos, acompañados de sus carceleros, llegaron a los banquillos de fusilamiento, frente a la catedral, un silencio sepulcral rodeo la plaza y a los cientos de personas que habían llegado a ver la ejecución. Los "cabros chicos" sentados en la tierra en primera fila, las señoras, con su habitual vestido de iglesia, envolvían su cabeza con chales negros, dejando únicamente sus ojos afuera, esperando ver la muerte de los dos condenados.
Un fraile franciscano les dio la última reseña y les hizo la señal de la cruz. Los sentaron en el banquillo y los amarraron, mirando hacia la pared para ser fusilados por la espalda, como una forma de denigrar más al condenado, debido a sus grandes crímenes. El populacho casi le había vaciado un ojo, por lo que estaba vendado. Cuando el verdugo le sacó el trapo que le cubría el ojo herido, San Bruno lanzó un chillido agonizante.
Les vendaron la vista y el pelotón se presto a disparar. La orden fue clara... !FUEGO¡...y ambos murieron acribillados. Apenas resonó el eco de los atronadores disparos, un grito de !VIVA LA PATRÍA¡ se escuchó en la miles de gargantas que llenaban el lugar.
Una vez muertos se procedió a leer la siguiente proclama a los cientos de concurrentes:
"Los aleves San Bruno y Villalobos son extraídos por sus crímenes de la clase de prisioneros de guerra. El vil asesino, el ofensor de la decencia pública, el ultrajante de los más sagrados derechos del honor nacional y del privado decoro de los hombres; el que jamás a respetado los fueros de la naturaleza, de la humanidad y de las instituciones sociales, es un monstruo a quien desdeña la misma potencia a la que pertenece".[6]
Luego los soldados procedieron a sacar los cuerpos de los banquillos y los arrastraron hasta dos horcas instalas afuera de la cárcel frente a la plaza, donde colgaron sus ensangrentados cuerpos, a la vista de todos los que por allí pasaran.
La historia cuenta que allí los dejaron por espacio de casi 15 días, hasta que el olor a putrefacción no se aguantaba, por lo que se ordeno bajarlos y lanzarlos a una fosa común sin marca, ni nombre, perdiéndose sus cuerpos en el tiempo, pero no sus atroces crímenes.

Escritos de la época sobre Vicente San Bruno
Durante la época de la Reconquista (1814-1817) y los años inmediatamente posteriores a la Independencia, los testimonios escritos de testigos presenciales y las crónicas describían a Vicente San Bruno principalmente bajo una luz de pánico, crueldad extrema y frialdad militar. Sus contemporáneos chilenos lo veían como el símbolo viviente de la opresión de la Corona española.
El terror en las memorias familiares (Testimonios criollos)
En las memorias de familias de la élite santiaguina de la época, recopiladas en las crónicas coloniales, se describía el terror que infundía su sola presencia física. El relato de un testigo andaluz y chileno narra cómo San Bruno entraba a los hogares exclamando frases despectivas hacia las mujeres criollas, como:
"Yo no le busco a usted... busco a doña Mercedes Rosales y es lástima que sea tan guapa moza esa insurgente" antes de arrestar violentamente a las personas.
Se escribía que durante el toque de queda, Santiago se volvía un cementerio. Los ciudadanos anotaban con pavor que San Bruno patrullaba personalmente la ciudad de noche acompañado solo por dos soldados de los Talaveras, ganándose fama de hombre implacable que no temía a nada.
La prensa y los bandos patriotas (Propaganda de guerra)
- El "Monstruo de la Reconquista": En los folletines, pasquines clandestinos y periódicos que nacieron tras la Batalla de Chacabuco (como los primeros números de la prensa republicana), San Bruno era calificado textualmente como un "monstruo", "verdugo" y "tirano". Se le adjudicaba directamente la autoría intelectual de los asesinatos ocurridos en la cárcel de Santiago en febrero de 1815.
- Justificación de su ejecución: Los escritos jurídicos y políticos del juicio revolucionario de 1817 justificaban su fusilamiento por la espalda no como un acto de justicia ordinaria, sino como una limpieza social necesaria para borrar las "atrocidades" que el militar aragonés había cometido en suelo chileno.
Crónicas de contemporáneos y el bando realista
En los informes enviados por el gobernador Casimiro Marcó del Pont hacia el Virreinato del Perú, se describía a Vicente San Bruno en términos radicalmente opuestos: un oficial con un celo único por el servicio al Rey, dotado de una lealtad inquebrantable y un organizador policial sumamente eficiente para contener los complots revolucionarios. Crónicas contemporáneas recopiladas por historiadores chilenos describen que en esos años San Bruno:
"representaba unos cuarenta años, de estatura mediana, nariz aguileña, color algo sanguíneo, ojos muy vivos y mirada alegre, casi risueña... pero con un bigote abundante y rubio", una apariencia física que contrastaba dramáticamente con la frialdad de sus actos cotidianos.
La correspondencia oficial e informes particulares que el gobernador Casimiro Marcó del Pont enviaba al Virrey del Perú (José Fernando de Abascal y, posteriormente, Joaquín de la Pezuela), así como a las autoridades en España, reflejan una profunda admiración y dependencia hacia las labores de contrainteligencia de Vicente San Bruno.
Mientras el pueblo de Santiago y la aristocracia criolla describían a San Bruno como un villano despiadado, en las cartas del gobernador se le retrata como el salvador del orden monárquico. Los principales argumentos y alabanzas que Marcó del Pont plasmaba en sus cartas sobre el militar aragonés destacan por los siguientes puntos:
- "Celo ardoroso" por la Corona: En sus misivas al Virreinato, Marcó del Pont alababa repetidamente el "celo y la infatigable actividad" de San Bruno. Afirmaba que, gracias a su rigurosa vigilancia nocturna y diurna, Santiago se mantenía libre de los "gérmenes de la insurrección".
- Justificación de la mano dura: El gobernador defendía las polémicas prisiones preventivas y los allanamientos ordenados por San Bruno. En sus cartas, argumentaba que tales medidas—aunque severas—eran indispensables para neutralizar los planes revolucionarios antes de que se ejecutaran.
- Elogios a la red de espionaje: Tras fundar el Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública en 1816, Marcó del Pont escribió informes ensalzando la capacidad de San Bruno para infiltrar círculos sociales criollos. Describía el tribunal no como un órgano de opresión, sino como una herramienta de inteligencia matemática y precisa que lograba descubrir conspiraciones mediante delaciones efectivas.
- La contención de los espías patriotas: En sus cartas de finales de 1816, el gobernador expresaba su alivio al contar con San Bruno para frenar las constantes incursiones de los espías que enviaba José de San Martín desde Mendoza y las redes que coordinaba Manuel Rodríguez en Santiago.
Súplicas para retenerlo en Chile
El intento de traslado: El momento que mejor demuestra el valor que Casimiro Marcó del Pont le daba a San Bruno ocurrió cuando el Virrey del Perú ordenó que los batallones del regimiento Talavera de la Reina regresaran a Lima. La carta de retención que Marcó del Pont escribió, era una desesperada correspondencia oficial suplicando que, al menos, se le permitiera retener en Chile a un escuadrón comandado por San Bruno. En el texto argumentó que la seguridad entera del Reino de Chile dependía de la permanencia de San Bruno, puesto que ningún otro oficial realista poseía el conocimiento de inteligencia, la firmeza de carácter y el control sobre los hilos de la ciudad necesarios para mantener a raya a los patriotas. El Virrey cedió, y San Bruno se quedó.
El hallazgo post-Chacabuco
El tono íntimo y de complicidad de estas alabanzas quedó totalmente al descubierto tras la Batalla de Chacabuco en 1817. Cuando el Ejército de los Andes interceptó el convoy de equipaje y el archivo personal en la huida de Casimiro Marcó del Pont, los patriotas encontraron todas estas cartas y notas firmadas. La divulgación de esos documentos, donde el gobernador celebraba las "perfidias" y el espionaje de San Bruno, terminó por sellar la suerte del militar aragonés en su posterior juicio revolucionario.
Pizarra
- Los Talaveras tenían un privilegio sobre todo el ejército real: salir a la calle, aún sin estar de servicio, con su bayoneta al costado. La predilección con que los miraban el Gobierno y sus partidarios, españoles y chilenos y hasta el sueldo, muy superior al del resto del ejército, les daba una decidida superioridad sobre él. Esta superioridad la reconocía el público, dando hasta a los soldados rasos el tratamiento de Don (De Origen Noble). No sólo los oficiales, sino aún los individuos de tropa, eran admitidos en ciertas familias aristocráticas. Y la historia nos cuenta que más de un sargento casó con bellas mujeres chilenas. Si el temido San Bruno hubiese querido ser diferente, menos despiadado, quizás su vida habría sido diferente, podría haberlo hecho en alguna de esas familias, donde era recibido con gran cariño. En una de ellas lo trataban con tal confianza, que un día le pusieron en el sombrero sobre la escarapela realista otra patriota, con la que, sin advertirlo, atravesó gran parte de la ciudad.
- El capitán Vicente San Bruno, llegó con el regimiento Talavera y fue encargado de la actividad policial, llevando sus funciones más allá de la delincuencia común, montó un tribunal político cuya desorientación y arbitrariedad le llevó al descrédito y odio. En su momento, Casimiro Marcó del Pont emitió un bando que ponía precio a las cabezas de Manuel Rodríguez y del montonero José Miguel Neira, amenazando con castigos severos a quienes les dieran hospitalidad. Para empezar, ofrecía doscientos azotes a los componentes del “populacho” (hombres y mujeres) que no acataran su bando. Esta pena infame se aplicaba “en la reja de la cárcel”, a vista y paciencia de los transeúntes, una cobarde forma para que el pueblo viera al detenido azotado y humillado. Conviene recordar que la cárcel estaba al lado del palacio de gobierno (edificio de Correos), en la Plaza de Armas, donde hoy se halla la municipalidad.
Fuentes y Enlaces de Interés
*Autor: Miguel Angel Ducci
- Barros Arana, Diego (1855). Historia Jeneral de la Independencia de Chile (in Spanish). I–IV. Santiago, Chile: Imprenta del Ferrocarril.
- Barros Arana, Diego (1884–1902). Historia Jeneral de Chile (in Spanish). I-XVI. Santiago, Chile: Rafael Jover.
- Castedo, Leopoldo (1954). Resumen de la Historia de Chile de Francisco Antonio Encina (in Spanish). 2. Santiago, Chile: Empresa Editora Zig-Zag.
- Las suaves cenizas del olvido: vía chilena de reconciliación política, 1814-1932 /Autor Brian Loveman, Elizabeth Lira/Ed. Lom Ediciones/1999
- Historia general de Chile, Volumen XI, por Diego Barros Arana/Ed. Antártica/1999
- ↑ Josè Zapiola en su libro "RECUERDO DE TREINTA AÑOS"
- ↑ Osorio en el parte oficial de la batalla recomienda especialmente a este capitán y dice: “Al capitán don Vicente San Bruno que a fuerza de mucho trabajo construyó una trinchera en ella (en la calle del sur) para contrarrestar la del enemigo”.
- ↑ En el número de hombres que llevó Maruri hemos seguido lo que dice su hoja de servicios que, en compañía de varios certificados de suma importancia, nos ha facilitado su hijo el teniente coronel don Juan Maruri. El documento mencionado después de enumerar los varios encuentros en que se encontró dice:” y en el sitio de Rancagua en el que se distinguió por su valor y arrojo, muy particularmente en una salida que hizo al mando de cincuenta hombres, atacando una trinchera enemiga defendida por más de cincuenta hombres, los mismos que fueron pasados a bayoneta, apoderándose de dicha fortificación con su artillería, demás armamento y municiones, por este hecho de armas, fue distinguido en el acto con el grado de capitán.
- ↑ lemondediplomatique/La dictadura durante la reconquista en Chile
- ↑ Barros Arana, X: 23
- ↑ Encina VII, 1947. Págs: 319 y 320
