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Viajes de Marco Polo II

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Viajes de Marco Polo II
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Contenido

- CXVII - En donde sigue la relación del Tíbet

Los indígenas son idólatras. La provincia limita con Mangi y otras, y cuenta con ocho reinos, numerosísimos castillos y ciudades. Hay en varios parajes ríos y montañas en que se encuentran pepitas de oro. Se recoge la canela. Les gusta mucho los adornos de coral, que ponen al cuello de sus mujeres y de sus ídolos y pagan muy caro. En esta provincia tejen el camelote en cantidad y el paño de oro y brocado de seda. Aquí nacen los más sabios astrólogos y adivinos, los más sutiles de todas las provincias circunvecinas; hacen los más terribles sortilegios y, por arte diabólica, hacen ver y oír cosas maravillosas. Tienen malas costumbres, crían grandes mastines, muy recios para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen mucha clase de perros y buenos halcones, que vuelan bien y cazan mejor.

Dejaremos esta provincia, de la cual os hemos contado, a grandes rasgos, sus particularidades, e iremos a la provincia de Gaindu.

Todo el Tíbet y demás provincias pertenecen al Gran Khan, y todas las regiones descritas hasta ahora, menos las del principio del libro, que pertenecen al hijo de Argón, como os llevo dicho.

- CXVIII - De la provincia de Gaindu

Gaindu está hacia Poniente; no tiene más que un rey, vasallo del gran señor. Son idólatras. Tienen un lago, en donde se encuentran hermosas perlas; pero el Gran Khan tiene prohibido que las pesquen, porque así sacarían cuantas podrían y se volverían vulgares y bajarían de precio. Así que cuando el Gran Khan las quiere para él, las manda pescar, prohibiendo, so pena capital, que las pesquen sin su consentimiento. Hay montañas de turquesas, que son piedras muy bellas. Tampoco éstas las deja coger el Gran Khan, más que cuando él lo manda.

En esa provincia no tienen a mal que un forastero los avergüence con sus mujeres, hermanas o hijas, ni mujer que viva en la casa. Y se alegran cuando un forastero se acuesta con ellas, pues dicen que sus ídolos y dioses les dan por ello bienes en abundancia.

Y por eso son largos con sus mujeres con los extranjeros. Cuando un hombre ve llegar a un forastero a su casa y pedir hospitalidad, se marcha en seguida y ordena a la mujer hacer lo que le mande el forastero. Se aleja de la casa y va a su viña o al campo, y no vuelve hasta que el extranjero abandona la casa, y a menudo el peregrino vive en ella tres días y se acuesta en el lecho de la mujer del villano. Y el que ocupa la casa pone la señal para significar que se halla en ella, es decir, que cuelga su sombrero en la puerta. Y el villano que ve la señal en la puerta de su casa no vuelve hasta que en ella no queda el forastero.

Tienen oro en barras y lo pesan en «sazos», y vale según el peso. No tienen ni monedas ni papel. Fabrican una pequeña moneda, que os describiré: toman sal y la hacen cocer en un cacharro que puede contener una libra más o menos, y 84 de estas medidas de sal valen un «sazo» de oro fino, y es lo que emplean como moneda corriente.

Tienen dremanes, que producen el almizcle en cantidad. Buenos peces, que pescan del lago en donde hay perlas. Hay toda clase de fieras y pájaros de cetrería. No tienen vino de uva, pero hacen vino de trigo y arroz con especias, y es vino excelente. En esta provincia nacen muchos algarrobos. Hay un arbusto que es muy frondoso y tiene florecillas blancas. Hay canela, jengibre, cinamomo y otras especias que no se ven por nuestro continente, y por eso es inútil mencionar.

Dejemos esta región, de la cual hemos referido la fauna y flora, y pasemos más adelante en la misma zona.

Dejando atrás a Gaindu se cabalgan cinco jornadas, encontrando al paso castillos y alquerías. Los naturales son tan raros en sus costumbres como lo son los que os he contado ya. Tienen caza en abundancia. Después de diez jornadas se encuentra un río, Brius, que marca el limite de la provincia de Gaindu; éste lleva en sus aguas muchas pepitas de oro. Hay canela en abundancia. El río desemboca en el Océano.

Dejemos este río, que no tiene nada de notable, y vamos a otra provincia, llamada Caragian.

- CXIX - De la gran provincia de Caragian

Cuando pasamos este río nos internamos en la provincia de Caragian, que es tan extensa que comprende seis reinos. Está hacia Poniente. Sus habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. El rey es hijo suyo y se llama Esentemur, gran rey, rico y poderoso; es hombre sabio, prudente y discreto y administra bien la justicia. Hacia Poniente, separándose del río cinco jornadas, hay ciudades y castillos, en donde se crían magníficos caballos. Viven del pastoreo y de los frutos de la tierra. Tiene lengua propia, dificilísima de entender. Al cabo de cinco jornadas se encuentra la capital, llamada Iaci. Hay mercaderes e industriales en ella. Mahometanos idólatras y cristianos nestorianos. Muchos arrozales; el pan de trigo es malo en esta provincia; pero comen mucho arroz y hacen un vino muy bueno con especias. Un vino claro y capaz de emborrachar a un hombre, como nuestro vino.

La moneda que emplean es la siguiente: Toman conchas marinas, pequeñas como porcelanas, que también cuelgan en los collares de los perros, y éstas valen: 80 conchas, un «sazo» de plata, que son dos cequies venecianos gordos y ocho «sazos» de plata fina valen un «sazo» de oro fino.

Tienen salinas, de las que sacan la sal, y todos viven de estas salinas. También el rey saca gran provecho de esta sal.

No les importa nada que usen de sus mujeres con tal de que éstas consientan en ello.

E iremos al reino de Caragian, pero antes os contaré una cosa que había diferido hasta ahora: hay un lago de cerca de 100 millas de circunferencia que tiene una gran cantidad de pescados riquísimos. Son de grandes tamaños y de todas clases. Los indígenas comen carne cruda, de pollos, de carneros y de búfalo. Los pobres van a la carnicería, cogen el hígado crudo tal como cuelga del animal, lo cortan en trocitos, comiéndolos con una salsa de ajo. Y así comen las demás carnes. Y los nobles también comen carne cruda, pero la hacen picar y preparar con salsa de ajos y especias y la devoran con fruición, como nosotros la carne cocida.

- CXX - En donde se sigue la descripción de la provincia de Caragian

Dejando la ciudad de Iaci y yendo diez jornadas a Poniente se encuentra la provincia de Caragian y su capital del mismo nombre. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan. El rey es Cogacin, hijo del gran señor. En esta provincia hay pepitas de oro en el río y en un lago; pero en las montañas lo hay en más grandes cantidades todavía. Tienen tanto oro, que dan un «sazo» de oro por seis de plata. También aquí se emplean las monedas de porcelana de que os hablo, pero las traen de la India.

En esta provincia hay grandes culebras y serpientes, tan enormes que causan terror. Son horribles, de 10 pasos de largo y gordas como un haz de trigo; tienen dos piernas delanteras cerca de la cabeza, pero sin piesy sólo con una una como las del león o del halcón. La cabeza enorme y los ojos como un pan. La boca tan amplia, que se tragarían a un hombre entero de una vez. Los dientes, grandísimos. Son tan desmesuradamente largas, que no hay hombre ni animal que no les cause pavor. Las hay más pequeñas: de ocho, seis y cinco pies.

La manera de cazarlas es la siguiente. Habéis de saber que de día permanecen ocultas en la tierra por causa del gran calor; por la noche salen a buscar su pitanza y devoran a todos los animales que se les ponen por delante.

Van a beber al río, a los lagos y a las fuentes. Es tan gorda esta serpiente, que cuando viene arrastrándose por la arena, para comer o beber en la noche, marca un surco en los arenales como si hubiera pasado una barrica llena de vino. Y los cazadores que las cogen ponen trampas allá donde ven sus huellas. Clavan en el suelo un palo de madera muy fuerte y gordo, en el cual hay clavado un cuchillo de acero a modo de navaja o un hierro de pica; todo esto lo cubren de arena para que la culebra no lo vea. Y de éstos ponen varios. Cuando llega el pitón y se engancha en el hierro pega tan terribles golpes, que el acero le entra en el pecho y le desgarra hasta el vientre, de manera que muere en seguida.

Una vez apresada, le quitan la hiel del vientre y la venden muy cara, pues sabed que de ella componen una gran medicina. Si un hombre ha sido mordido por un perro rabioso, le dan de beber de esta poción por valor de un pequeño dinero, y con esto basta para salvarle. Cuando una mujer tiene un parto difícil y grita muy fuerte, le dan un poco de esta hiel y en seguida sale de cuidado. La tercera virtud de esta hiel es que si se aplica en una llaga en dos días está cicatrizada. Y por eso este remedio tiene gran precio en esta provincia. También la carne de la serpiente es muy apreciada; se vende muy cara y la comen con fruición, encontrándola exquisita.

Y estos animales van a la guarida de los leones, osos y otras fieras cuando tienen cría y se tragan a grandes y pequeños y lo que pueden alcanzar. En esta provincia nacen caballos grandes y fuertes de los que llevan a vender a la India. Les cortan dos o tres vértebras de la cola para que con ella no puedan azotar al jinete y no la puedan agitar cuando galopan, lo que ellos consideran una cosa muy fea. Esta gente monta a la franca.

Tienen armas forradas de piel de búfalo, lanzas y escudos y albardas, y todos llevan flechas. Y os diré una patraña que ejecutaban antes de que el Gran Khan les conquistara: cuando sucedía que un gentilhombre bien parecido pedía hospitalidad en la casa de uno de esta provincia, lo mataban durante la noche, no para robarle, sino porque pretendían que su sombra, gracia e inteligencia, así como sus armas, quedaban en la casa. Y así mataron a muchos antes de que el Gran Khan les conquistara. Eso pasaba hace treinta y cinco años más o menos, pero ya no lo hacen porque temen su justicia.

- CXXI - En donde se habla de la gran provincia de Cardandan

A cinco jornadas de Caragian, hacia Poniente, se encuentra la provincia de Cardandan, en donde la gente es idólatra y pertenece al Gran Khan. La capital de esta provincia se llama Vocian. Toda la gente tiene dientes de oro, es decir que se los cubren con oro. Tienen una especie de moldes de oro con los cuales se cubren la dentadura superior e inferior. Esto hacen los hombres, pero no las mujeres. Los hombres son todos nobles y no se ocupan más que de caza y de cetrería. Las mujeres lo hacen todo, y sólo las ayudan los esclavos. Cuando las damas tienen un hijo varón lo lavan y lo envuelven en un pañal, y el marido se acuesta en la cama con el niño y se queda en ella durante cuarenta días, no levantándose más que para las precisas necesidades. Y amigos y parientes le vienen a ver y le hacen fiesta y solaz, y esto lo hacen porque dicen que sus mujeres han pasado fatigas llevando el niño en su vientre y no quieren que sufran cuarenta días. Pero la mujer, en cuanto ha parido, se levanta, hace todos los menesteres de la casa y sirve a su varón en la cama.

Comen carne cruda y cocida y arroz cocido con la carne y otros condimentos. Beben el vino de arroz y especias. Sus monedas son el oro y las conchas. Dan un «sazo» de oro por cinco de plata; porque tienen los plateros a cinco meses de distancia, por eso los mercaderes traen la plata en abundancia, pues que ellos la truecan por oro y con eso sacan ventaja.

Éstos no tienen ni ídolos ni iglesias, pero rezan a los antepasados, diciendo que de éstos descendemos. No tienen alfabeto y no saben escribir, y esto no es maravilla, porque están muy desviados y apartados del resto del mundo, entre grandes selvas y montañas que no pueden franquear, porque el aire es tan malsano que morirían.

Cuando tienen un negocio entre ellos, toman un pedazo de madera, o cuadrado o redondo, y le parten por en medio y cada cual se guarda un trozo. Llegado el día del pago, el que tiene que entregar el dinero se hace dar la otra mitad del disco o del trozo de madera a cambio de satisfacer la cantidad estipulada.

En estas provincias de Caragian, Vocian e Iaci no tienen médico. Cuando alguien cae enfermo llaman a los magos y adivinos que guardan a los ídolos. Cuando llegan éstos, el enfermo le dice su padecimiento. Entonces los magos tocan instrumentos y bailan y cantan hasta que uno de ellos cae al suelo, echa espuma por la boca y queda como muerto. Entonces está en el poder del diablo. Cuando los otros magos ven que uno de ellos ha caído en la forma que habéis oído, le preguntan cuál es la enfermedad que padece el enfermo, y éste contesta: «El espírítu tal lo ha tocado, porque no le ha hecho ningún caso». Y los magos contestan a coro: «Te rogamos que le perdonen y tomen para sanar su sangre las cosas que se te antojen en su alrededor». Luego pronuncian muchas sentencias para que los espíritus que habitan en el mago que está en éxtasis respodan si el enfermo ha de morir; entonces el mago, con voz plañidera, dice: «Este enfermo ha hecho tantos agravios a tal espíritu y es tan mal hombre, que no quiere perdonarle». Y si, en cambio, debe sanar, le dicen que si quiere volver a la salud tome dos corderos o tres, haga diez brebajes buenos y raros, y añaden que los corderos tengan la cabeza negra y que con ellos sacrifique a tal o cual ídolo o a tal espíritu, y hagan gran fiesta a estos dioses, y les alaben y canten sus loas.

Cuando los deudos y amigos han oído esta sentencia se apresuran a hacer lo que les han dicho los magos. Matan los corderos, riegan con su sangre el suelo en honor a tal o cual espíritu. Luego los aderezan y convidan a los magos y a las mujeres que traían a los ídolos a cantar y a bailar. Encienden las luces, preparan los brebajes, tañen los instrumentos, hasta llegar al paroxismo. Llega un momento en que caen los unos encima de otros como borrachos, y entonces preguntan si el enfermo puede esperar en una salvación, y responden que aún no le ha sido perdonado, que le queda esto y estotro por hacer, y cumplídolo, al fin le declaran que sanará. Dicho esto vuelven a tocar la música y a empezar el baile y las luminarias y el incienso; comen y beben hasta hartarse. Luego, satisfechos, se retira cada uno a su casa, y cuando todo ha concluido, el enfermo sana inmediatamente.

Dejemos estos magos y sus artimañas y prosigamos nuestro relato.

- CXXII - De cómo el Gran Khan conquistó el reino de Mien y de Bengala

Omitimos involuntariamente contaros una gran batalla en el reino de Vocian, que debe quedar escrita en este libro, y os narraremos cómo acaeció el hecho y de qué manera:

En el año 1272 de la Encarnación de Cristo, envió el Gran Khan un gran ejército al reino de Vocian y Caragian. Porque aún no había enviado a sus hijos, como hizo en lo futuro, nombrando como rey de Sentemur al hijo de su hijo difunto. Y sucedió que el rey de Mien y de Bengala, que era un rey muy podereso en tierras y tesoros, no quería someterse al Gran Khan, y se portó tan mal, que el Gran Khan le quitó los dos reinos arriba mencionados.

Cuando supo el rey de Bengala que el Khan estaba en Vocian se dijo que era imprescindible ir contra sus huestes y aniquilarlas, de modo que al Gran Khan no le quedaran ganas de guerrear contra él. E hizo grandes preparativos, y os diré cuáles: Tenía 2.000 elefantes muy grandes, y encima de cada cual hizo construir un castillete de madera muy fuerte, que sirviese para combatir. En cada uno apostó 12 hombres prontos al combate y en algunos hasta 16 o más. Concertó unos cuadros de batalla con 40 hombres a caballo y otros tantos a pie.Todo este aparato respondía al de un gran rey,cual era este rey de Bengala.

Terminado que hubo los preparativos, se puso en marcha en busca del ejército del Gran Khan. Caminaron largo trecho sin que se produjera una aventura digna de mención; pero al llegar a tres jornadas del ejército del tártaro, sentaron el campo para descansar.

- CXXIII - De la batalla entre el Gran Khan y el rey de Mien

Cuando el señor de los tártaros supo con certeza que este rey venía contra él con tan gran número de soldados tuvo miedo, porque él no contaba más que con 10.000 hombres a caballo. En cuanto a él, no había cuidado, pues era valiente condotiero. Defendió a la desesperada al país y a sus gentes. Los tártaros se apostaron en la llanura de Cocian y allí esperaron al enemigo. Esto lo hicieron con mucha prudencia y entendimiento. Al pie de esta llanura había un bosque muy espeso, a cuyas orillas esperaban los tártaros alineados en orden de batalla.

Cuando hubieron descansado, las huestes del rey Mien se pusieron en marcha para ir al llano de Vocian, donde se habían desplegado los tártaros. Y frente a éstos dispuso el rey a su gente en orden de batalla.

Cuando los tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse y demostraron su valor y arrojo. No flaquearon ni un momento, viendo que la batalla era inevitable. Pero así que los caballos de los tártaros vieron a los elefantes con las máquinas de guerra, no quisieron avanzar y retrocedieron espantados, mientras los elefantes se les echaban encima.

- CXXIV - En donde prosigue el relato de la misma batalla

Y así que los tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse y demostraron gran valor y arrojo. Viendo que no les obedecian sus caballos, por un momento se creyeron perdidos. Pero he ahí lo que idearon: bajaron de sus monturas y ataron los caballos a los árboles; cogieron los arcabuces y flechas en mano y arremetieron contra los elefantes; mas los soldados del rey no se arredraron por esto y tiraban sin cesar sobre los tártaros, asaltándolos duramente. Pero los tártaros, que eran mejores hombres de guerra que sus enemigos, aguantaban con ardimiento el duro ataque.

Al sentirse heridos, los monstruosos elefantes retrocedieron con tanto ímpetu que empezaron a romper las líneas del ejército del rey, y no pararon hasta refugiarse en el bosque, en donde, enfurecidos, destrozaron los pabellones que llevaban encima y cuanto se les ponía por delante. Los tártaros volvieron a montar a caballo y arreciaron nuevamente contra ellos; agotadas las saetas, pusieron mano a la espada y al machete y se echaron encima con furia indecible. Caballeros y caballos caen al suelo en la refriega, cercenaban brazos y piernas y el suelo estaba sembrado de cadáveres. ¡Ni el Dios tonante metiera más ruido! Se oían alaridos, gritos desgarradores por doquier. Y, sin embargo, los tártaros tenían la ventaja a pesar de todo, pues el ejército del rey, mayor en número, había quedado diezmado. En llegando el mediodía, el rey y sus milicias quedaban en tan mal estado, que ya no podían aguantar y vieron que permaneciendo allí no quedaría ni uno solo con vida. Entonces se dieron a la fuga y los tártaros arreciaron contra ellos; mas de pronto se acordaron de los elefantes que estaban en el bosque y fueron por ellos. Cortaban los grandes árboles para impedir que éstos se les escaparan, y los elefantes, al reconocer a la gente del rey que traían prisionera, se apaciguaban, porque estas bestias tienen gran entendimiento; de modo que pudieron cogerlos a todos. Y de esta batalla tuvo el gran Khan no pocos elefantes. Y así acabó esta contienda tal como lo habéis oído.

- CXXV - De cómo se desciende por una gran pendiente

Desde esta provincia se baja una pendiente muy rápida, que dura unos dos días y medio. No hay nada digno de mención sino un gran mercado en donde se reúnen los hombres tres días por semana. Ycambian el oro por la plata, dando un «sazo» de oro por cinco de plata.Vienen de muy lejos a cambiar el oro por la plata, obteniendo con ello grandes ganancias. Nadie conoce las casas de los que custodian el oro, pues lo tienen tan escondido en lugares apartados y torres fortificadas, que no hay ser humano que penetre en ellos más que ellos mismos.

En los confines de la India, hacia Mediodía, se encuentra una provincia llamada Mien. Hay quince jornadas de camino por pasos desolados y grandes selvas, en donde moran elefantes salvajes y rinocerontes. No hay alma viviente ni habitaciones, y por eso dejaremos estos yermos inhospitalarios y os contaremos una historia que os interesará.

- CXXVI - De la ciudad de Mien

Después de cabalgar quince jornadas por sitios solitarios, se da con la ciudad de Mien, noble cabeza del reino. Los naturales son idólatras, sometidos al Gran Khan. Hubo en esta ciudad un rey muy poderoso. Cuando murió dejó dispuesto que sobre su tumba se elevaran dos torres, una de oro y la otra de plata. Se entiende que debían ser de piedra cubiertas de una lámina de oro de un dedo de espesor para que la torre pareciera de oro. Era de diez pasos de altura y gruesa en proporción. La remataba una cúpula y era redonda; en la cúpula había muchas campanillas, que al menor soplo del viento se movían y sonaban suavemente. La otra torre era de plata, hecha en la misma forma y del mismo tamaño. Y el rey mandó que esto se hiciera en recuerdo de su grandeza y en honor de su alma. Y eran las torres más bellas que verse puedan.

El gran Khan conquistó esta provincia, y veréis de qué suerte. En la corte del gran señor había una cantidad de juglares y bufones, y el Gran Khan les mandó que conquistaran la provincia de Mien; les proveyó de capitanes y fuerzas. Los juglares se pusieron en camino, pusieron cerco a la provincia de Mien y la conquistaron. Cuando llegaron a la ciudad de las dos torres se quedaron maravillados de su belleza, llevándole al Gran Khan noticias de su valor y hermosura y que si quería las desharían para mandarle el oro y la plata; pero el Gran Khan, que sabía que ese rey las mandó construir en honor a su alma y para que quedaran en recuerdo después de su muerte, dijo que se cuidaran muy bien de tocarlas y menos de deshacerlas, pues deseaba quedaran como las había mandado construir el rey difunto. (Y no es extraño, porque los tártaros respetan las disposiciones de sus muertos y se guardan de tocar a sus cosas.)

En esta provincia tienen elefantes y bueyes salvajes, grandes y hermosos; ciervos, gamuzas, cabritos y toda clase de animales en gran abundancia.

Ya que os he contado de la provincia de Mien, la dejaremos y os contaré de una provincia llamada Bangala.

- CXXVII - En donde se habla de la gran provincia de Bangala (Bengala)

Bangala es una provincia al Mediodía, que hacia el año 1209 del nacimiento de Cristo, en que micer Marcos estaba en la corte del Gran Khan, no pertenecía aún a éste; sin embargo, sus huestes se preparaban entonces para conquistarla. Esta provincia tiene un rey y lengua propia. Son los más encarnizados idólatras. Confinan con la India. Aquí hay muchos eunucos, y de allí los traen los barones y señores para sus cortes. Los bueyes son tan grandes como elefantes, pero no tan gordos. Los indígenas viven de carne, leche y arroz; son muy ricos, pues comercian en especias, jengibre, azúcar y otras variadas cosas, todas de gran precio. Los indios vienen a comprar aquí eunucos y esclavos para volverlos a vender más lejos. Y ya que no hay nada más que mencionar en esta provincia, nos iremos y os contaremos de otra llamada Cangigu.

- CXXVIII - De la provincia de Cangigu

Cangigu es una provincia de Levante. Tiene sus reyes. La gente es idólatra. Tiene lengua propia. Se rindieron al Gran Khan y le pagan cada año un tributo.El rey es tan dado a la lujuria que tiene 300 mujeres, y cuando ve a una mujer hermosa en su país, la hace venir en seguida a su palacio. Esta provincia es abundante en oro. Recogen especias muy caras en gran abundancia; pero como están muy lejos del mar, sus mercaderías valen poco, pues no tienen salida. Tienen elefantes y otros animales. Viven de carne, de arroz y de leche. No tienen vino de uva, pero sí de arroz con especias. Los varones y hembras se pintan la piel, es decir, que con agujas candentes dibujan en la piel leones, dragos, trasgos y pájaros e imágenes; luego les pasan tintas de colores y las graban tan profundamente que el color ya no se borra. También hacen lo mismo con la cara, el cuello y el vientre, en las manos y piernas y en todas las partes del cuerpo, y esto en ellos es distintivo de nobleza. Cuanto más pintados están más consideración merecen y pasan por más hermosos.

Dejemos esta provincia y os contaremos de otra a Levante, llamada Aniu.

- CXXIX - De la provincia de Aniu

Aniu es una provincia hacia Levante que pertenece al Gran Khan. Son idólatras. Viven del pastoreo y la agricultura. Tienen lengua propia. Las mujeres llevan brazaletes de oro y plata en las piernas y en los brazos, y los hombres igualmente, pero más ricos y de más valor. Tienen muchos y hermosos caballos y los venden a los indios en gran cantidad. Tienen búfalos, bueyes y vacas, con ricos y fuertes pastos para criarlos. Gran abundancia en víveres. Desde Aniu a Cangigu, que está a quince jornadas, y de Cangigu a Bengala, que es la tercera parte de la provincia, hay treinta jornadas.

Dejaremos a Aniu e iremos a otra provincia llamada Toloman, que se encuentra de ésta a ocho jornadas hacia Levante.

- CXXX - De la provincia de Toloman

Toloman es una provincia de Levante. Los indígenas son idólatras, tienen idioma propio y pertenecen al Gran Khan. Son tipos de gente muy garrida, no muy blancos, mas morenos y bien plantados. Poseen ciudades, pero más que todo fortalezas y castillos en la montaña. Cuando mueren se hacen incinerar y recogen los huesos en unas arquetas, que llevan a lo alto de una montaña y guardan en grandes cavernas y covachas, tan escondidas y empinadas, que ni hombre ni bestia pueden alcanzarlas.

Tienen oro en cantidad. Las monedas son de porcelana. En todas estas provincias, es decir, en Bengala, Cangigu y Aniu, se sirven de la misma moneda de oro y conchas. Hay algunos comerciantes y éstos son riquísimos. Viven de carne, leche y arroz, y en lugar de vino tienen la bebida de arroz fermentado con especias. Dejemos esta provincia para ir hacia Levante. Y os hablaré de una provincia llamada Ciugiu.

- CXXXI - De la provincia de Ciugiu

Ciugiu es una provincia de Levante distanciada de Toloman doce jornadas. Corre por ella un río, cuyas orillas están cuajadas de poblaciones. Después de navegar doce días por río se llega a la ciudad de Ciugiu, que es muy grande y noble. Son también idólatras y vasallos del Gran Khan. Tejen de la cáscara de los árboles unas telas magnificas, que llevan puestas en verano. Son guerreros; no conocen más moneda que el papel del Gran Khan, pues ya entramos en tierras donde circula la moneda papel del Gran Khan.

Hay en esta provincia tantos leones, que nadie puede dormir al aire libre porque sería devorado inmediatamente. Y cuando los hombres van por el río y no se alejan bien de la costa, el león nada hasta la barca, coge al hombre y se lo lleva. Por eso toman las mayores precauciones y tienen unos perros tan fieros que pueden al león. Llevan siempre una pareja de ellos, y un hombre y dos perros pueden cazar al león. Cuando ven a un león que va delante de ellos, los perros se tiran a él y le muerden en las piernas y nalgas con tanta furia y destreza que el animal no puede volverse contra ellos; entonces busca la fiera un árbol para parapetarse y hacerles frente; mas ellos no le sueltan las partes traseras. Entonces el jinete que los sigue saca sus flechas y saetas y le manda una, dos o tres y traspasa con ellas cuantas veces puede al león para matarle. Jamás puede defenderse contra un hombre a caballo que tenga dos buenos perros.

Tienen en esta región seda en abundancia, que llevan a diestra y siniestra por el río, también el poblado en sus orillas de villas y aldeas. La gente es idólatra y pertenece al Gran Khan. A las doce jornadas de navegación se llega por el río a la ciudad de Sindufu, de la cual os he hablado antes. De Sindufu se cabalga setenta jornadas por provincias y tierras por las que hemos estado ya y hemos descrito antes en este libro. Al cabo de setenta jornadas se llega a Giongu; de Giongu se va cuatro jornadas entre castillos y ciudades. La gente es muy artista y muy comerciante. Son idólatras y tiene papel moneda. Al cabo de cuatro jornadas se llega a la ciudad de Cacianfu, que está al Mediodía y pertenece a la provincia de Catai y os contaremos de este Cacianfu todo lo que sabemos.

- CXXXII - Donde se habla de la ciudad de Cacianfu

Cacianfu es una grande y noble ciudad del Catai. Los naturales son idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen al Gran Khan, y usan su moneda. Tienen sedas en abundancia. Tejen paños de oro y de seda y cendal. Hay muchos castillos y ciudades en la señoría.

A tres jornadas hacia Mediodía nos encontramos con la ciudad de Ciangiu.

- CXXXIII - De la ciudad de Ciangiu

Ciangiu es una populosa ciudad del Mediodía, que pertenece al Gran Khan, situada en la provincia de Catai. Usan papel moneda. Son idólatras y hacen quemar los cuerpos de sus difuntos. Aquí fabrican la sal, y os diré de qué manera: toman una especie de tierra de salitre, que disponen en montículos; a éstos los riegan con agua hasta empaparlos bien. Recogen luego esa agua en un caldero de hierro y la hacen hervir y la sal queda en el fondo, muy blanca y menuda. Luego la llevan a vender y recaban de ella mucho dinero.

De esta ciudad, que ya no tiene nada que mentar, vamos a la de Ciangli, que está hacia Mediodía. Y os contaremos sus hechos.

- CXXXIV - De la ciudad de Ciangli

Ciangli es una ciudad de Catai, hacia Mediodía. Está a cinco jornadas de Ciangiu; pero este trayecto está cubierto de aldeas, villas y castillos, que pertenecen al Gran Khan, y son tierras fertilísimas. En medio de la ciudad de Ciangli pasa un gran río, que transporta gran cantidad de mercaderías, sedas, especias y otras cosas de gran valor.

Y nos iremos de esta ciudad, para llegar a Tandinfu.

- CXXXV - De la ciudad de Tandinfu

A seis jornadas de Ciangli, hacia Mediodía, atravesando villas, fortalezas y castillos de grandes proporciones, llegamos a la ciudad de Tandinfu. Los naturales son idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen al Gran Khan y usan papel moneda. Viven de negocios y de industria. Tienen víveres en abundancia.

Tandinfu era la capital de un gran reino; pero el Gran Khan la conquistó y la tomó por las armas, y aunque sufrió rudo cerco es, a pesar de todo, la más noble ciudad de la región. Sus habitantes son riquísimos mercaderes. Hay tanta seda en la comarca, que es maravilla.

La ciudad está cubierta de preciosos jardines, llenos de árboles frutales. De la ciudad de Tandinfu dependen 11 villas imperiales, que están bajo su señorío.

En el año 1272 de la Encarnación del Señor, el Gran Khan envió a esta ciudad y su provincia a un barón llamado Liitan Sangón, y puso a su mando 80.000 hombres a caballo para guardarla. Toda vez que Liitan sentó sus cabales y permaneció un poco de tiempo entre esa gente, le pasó una mala idea por la cabeza y pensó en cometer una gran villanía y traición. Reunió a su Consejo y a los notables de la provincia y les sugirió rebelarse contra el Gran Khan. Y así lo hicieron, y todo el pueblo se sublevó contra el gran señor, y ya no le obedeció. Enterado de esto, envió el Gran Khan a dos de sus barones, que tenían por nombre Anguil y Mongatai, a la cabeza de 100.000 hombres, para combatir al traidor. Liitan sufrió una gran derrota, y fue decapitado, con todos sus secuaces. El Gran Khan hizo luego abrir una encuesta, y a los culpables que habían tomado parte en la sedición les hizo morir de muerte violenta, y a los inocentes les perdonó y vivieron tranquilos, sometidos al gran señor, como buenos vasallos.

Y dejemos a esta ciudad, para adentrarnos hacia Mediodía y hablaros de la ciudad de Singiumato.

- CXXXVI - De la noble ciudad de Singiumato

Partiendo de Tandinfu hacia Mediodía y cabalgando tres jornadas por ciudades y castillos hermosos y poblados amenos, en una región industriosa, llegamos a una gran ciudad llamada Singiumato, llena de bellas cosas de arte e industria. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Usan papel moneda. La ciudad está dividida en dos partes por un gran río, y sus habitantes se han arreglado de modo que en la parte donde las aguas miran a Levante éstos llevan sus mercaderías a Levante, y en la orilla opuesta se dedican al comercio con Poniente. De modo que unos llevan sus productos a Mangi y los otros a Catai, y hay multitud de naves y galeotas que surcan dicho río. No son muy altas de carena, porque así lo pide la corriente. Pero estas flotillas llevan a Mangi y a Catai abundantes cargamentos.

Y cuando regresan, vuelven cargados de otras mercancías, y es maravilla ver todas cosas que se llevan por este río arriba y abajo.

Y nos iremos de Singiumato y os contaremos de otra comarca, hacia Mediodía, y ha de ser la provincia llamada Lingin.

- CXXXVII - De la gran ciudad de Lingin

Partiendo de la ciudad de Singiumato se va ocho jornadas hacia Mediodía, encontrando ciudades, aldeas y poblados ricos en comercio e industria. Son idólatras y hacen quemar a sus cadáveres. Pertenecen al Gran Khan. Usan papel moneda. A las ocho jornadas, como os dije, se encuentra una ciudad llamada Lingin y es la capital del reino. Sus habitantes son diestros en guerrear. Hay comercio e industria en abundancia; tienen toda clase de víveres, y se halla también a orillas del río que os nombré más arriba; aquí las naves son mayores que las de la ciudad anterior. Dejemos esta ciudad para ir a otra llamada Pingiu.

- CXXXVIII - De la ciudad de Pingiu

Partiendo de Lingin y pasando siempre por numerosas ciudades, villas y castillos, se llega, a las tres jornadas hacia Mediodía, a la ciudad de Pingiu. Los habitantes son de Catai; son idólatras, queman a sus muertos, tienen papel moneda y pertenecen al Gran Khan.

Hay muy rica caza y venado. Tienen cuanto necesitan para la vida en gran abundancia. En la ciudad de Pingiu hay mucha industria de la seda. Esta ciudad se halla en la embocadura de la provincia de Mangi y tiene gran tráfico con ésta, por medio de carretas, en las cuales transportan las mercaderías. Esta ciudad es de gran provecho para el Gran Khan, porque paga enormes tributos. Pero como no hay otra cosa digna de mencionar, nos iremos y os contaremos de otra ciudad situada al Mediodía y que es llamada Cingiu.

- CXXXIX - De la ciudad de Cingiu

A dos días después de Pingiu, y siempre por valles fertilísimos y ciudades florecientes, se halla la ciudad de Cingiu, rica en comercio e industria. Sus habitantes son idólatras y hacen quemar sus cadáveres. Su moneda es papel. Son vasallos del Gran Khan. Los campos y llanos son fertilísimos; es un delicioso país, en el que crecen el trigo y otros cereales. Y vamos a otras tierras.

Cuando se aleja uno de la ciudad de Cingiu, se andan tres jornadas al Mediodía por un paisaje cuajado de villas, castillos y alquerías. Son idólatras y sujetos al Gran Khan.

A las tres jornadas se encuentra el río de Caramoran, que nace en tierras del Preste Juan. Es río muy caudaloso y que mide una milla de anchura. Y sabed que es muy profundo, y por él pueden navegar grandes galeras y bajeles. Tiene peces grandes y en cantidad. Por este río navegan 15.000 bajeles, pertenecientes al Gran Khan, para transportar tropas al mar, que se halla a una jornada de distancia. Cada galera tiene de dotación 20 marineros y 15 hombres, con sus caballos y sus víveres. Aquí y allá hay diseminadas ciudades por las orillas de este río; una es llamada Coigangiu; un poco más distante está Caigiu, y sabed que una es gran ciudad y la otra pequeña. Y en adelante, pasando el río, se entra en la gran provincia de Mangi, y os contaré cómo conquistó el Gran Khan a esta provincia de Mangi.

- CXL - De cómo conquistó el Gran Khan la provincia de Mangi

El rey de esta provincia era Facfur, grande y poderoso señor, rico en cuantiosos tesoros, tierras y gentes, como los hay pocos en el mundo exceptuando al Gran Khan. Pero no era valiente; las mujeres hacían sus delicias, y era muy bondadoso y caritativo con los pobres. En su provincia sus vasallos no estaban acostumbrados a guerrear, ni había armas ni pertrechos de guerra, porque la provincia de Mangi es un lugar bien fortificado; todas las ciudades están rodeadas de anchurosos fosos, llenos de agua, de modo que no hay ciudad que no tenga una zanja más ancha que un tiro de ballesta y bien profunda que la defiende. De suerte que si los hombres hubiesen sido valientes, jamás la hubieran perdido. Pero como eran cobardes y no estaban acostumbrados a pelear, la perdieron. A todas estas ciudades se llega por un puente.

Y sucedió que el año 1268 de la Encarnación de Cristo, el Gran Khan que reinaba en ese entonces, es decir, Cublai, envió a un barón llamado Baian Cincsan. Baian quiere decir cien ojos. Y al rey de Mangi le habían vaticinado los astrólogos que no perdería su reino más que por medio de un hombre que tuviera cien ojos. Y Baian se vino a Mangi, provisto por el Gran Khan de numerosos hombres de a caballo y a pie. También tenía una flota con hermosísimas naves, que transportaban hombres y caballos y cuanto era menester. Y cuando apareció Baian con toda su gente a la entrada de Mangi, es decir, en la ciudad de Coigangiu (en donde nos hallamos al presente, y de la que hablaremos más tarde), les puso cerco y les intimó a que se rindieran al Gran Khan. Éstos respondieron que no lo harían, y viendo esto Baian, no dijo nada, pasó de largo y se fue a otra ciudad, que tampoco quiso rendirse, y continuó así su marcha. Esto lo hacía porque sabía que el Gran Khan enviaba a retaguardia un poderoso ejército, y así anduvo de villa en villa y de ciudad en ciudad, hasta contar cinco de ellas, sin poderlas tomar y sin que se rindieran; pero a la sexta Baian la cercó y la tomó por la fuerza, y así otra y otra más, hasta llegar a doce, una tras otra, y no quiero extremarme, pero sabed sólo que cuando Baían hubo conquistado todas estas ciudades se fue derecho a la ciudad del reino llamada Quinsai, en donde se hallaban a la sazón el rey y la reina. En cuanto el rey vio a Baian y a su ejército, fue presa de gran terror y se escapó de la ciudad con sus hombres, embarcando sobre un millar de naves, e hizo vela hacia el Océano para refugiarse entre las islas que hay en él. La reina, que se había quedado en la ciudad, por el contrario, hacía cuanto esfuerzo podía por defenderla. Entonces la soberana preguntó por curiosidad cuál era el nombre del ejército que venía en contra de ellos, y le dijeron que Baian, o sea cien ojos. Recordó entonces la profecía del astrólogo, que decía que un hombre así llamado le arrebataría el reino. Y se rindió a Baian, y con la reina se rindieron las demás ciudades, y el resto del reino no opuso más resistencia. Y fue una conquista espléndida, pues en todo el orbe no había un reino que valiera la mitad que aquél.

Y os diré las cosas notables que producía y lo que el rey gastaba del inmenso patrimonio.

Cada año hacía dar de comer a 20.000 niños, y os diré por qué. En esta provincia las mujeres pobres que no pueden dar de comer a sus hijos los abandonan al nacer en mitad de la calle. El rey los hacía recoger e inscribir en un registro. Hacía que el escriba apuntara bajo qué constelación y qué signo y planeta había nacido, y los hacía criar en diferentes sitios, teniendo muchas amas a este propósito. Cuando un potentado no tenía hijos, iba a ver al rey y se hacía entregar cuantos niños quisiera, y escogía entre los que más le gustaban. Y en llegando a la edad de casarse, el rey escogía al joven y a la moza que hablan de casarse y les instituía una renta para que pudieran vivir con holgura. Y de esta manera educaba a más de 20.000 jóvenes de ambos sexos. Y más hacía este buen rey: cuando cabalgaba por un camino y encontraba dos buenas casas y entre ellas había una más modesta, preguntaba por qué esta casa era más pequeña y no alcanzaba a las otras, y le contestaban que pertenecía a un pobre hombre que no tenía los medios para hacerla mayor. El rey mandaba entonces que la casita fuera construida tan bella y alta como sus vecinas.

Este buen rey se hacía servir por 1.000 damiselas y doncellas. Permitía que los comercios quedaran abiertos toda la noche, y estaban tan bien surtidos como de día. No es posible contar la inmensa riqueza de este reino.

Os conté del rey; ahora debo deciros algo de la reina. La reina fue conducida a presencia del Gran Khan, y cuando el señor la vio le hizo rendir toda clase de honores y servir como a dama de gran calidad. Pero del rey su esposo jamás volvió a oír hablar desde su huida a la isla del Océano, donde murió.

Y por eso dejaremos a la familia real y sus vicisitudes, y volveremos a la provincia de Mangi, a referir sus costumbres y modas. Y las fiestas que tuvieron lugar en lo sucesivo. Y empezaron por la ciudad de Coigangiu.

- CXLI - De la ciudad de Coigangiu

Coigangiu es una gran ciudad, noble y rica, que está a orillas de la provincia de Mangi. Los naturales son idólatras y hacen quemar sus cadáveres. Pertenecen desde entonces al Gran Khan. En ella mojan gran cantidad de bajeles, naves y galeras, pues ya sabéis que la atraviesa el río Caramoran. Y afluye a ella gran cantidad de mercancías, pues todas las ciudades las mandan allí para repartirlas luego por el mundo. En ésta se hace la sal, de la cual se benefician lo menos 40 ciudades. El Gran Khan tiene una conspicua renta de esta ciudad, que paga muchas alcabalas entre la sal y los negocios de toda especie que se contratan allí. Y ahora que os he contado de esta ciudad, nos iremos y os contaré de otra llamada Pauchin.

- CXLII - De la ciudad de Pauchin

Cuando se abandona Coigangiu, durante una semana se costea un camino que está a la entrada del Mangi; la calzada está hecha de bellísimas piedras, y debajo y por un lado y otro hay agua. No se puede entrar en la provincia más que por esta calzada. Al cabo de un día se encuentra una ciudad llamada Pauchin, que es muy bella y grande. Sus habitantes son idólatras e incineran a sus cadáveres. Son súbditos del Gran Khan y emplean papel moneda. Viven del comercio y la industria. Tienen seda en abundancia, bayetas de seda y oro de todas clases. Víveres, cuantos quieran. Y ya que no queda más que mentar, dejaremos estas provincias y hablaremos de otra llamada Caiu.

- CXLIII - De la ciudad de Caiu

Cuando se deja la ciudad de Pauchin, se va hacia el Sudeste, hallando una ciudad llamada Caiu, espaciosa y bella. Son idólatras, tiene papel moneda y pertenecen al Gran Khan. Viven del comercio y la industria. Tienen abundancia de víveres, especialmente pescado y caza. Tres faisanes valen un veneciano de plata.

Nos iremos de esta ciudad y os contaremos de otra llamada Tingiu.

- CXLIV - De la ciudad de Tingiu

Sabed que cuando se deja la ciudad de Caiu, a una jornada se encuentran muchas alquerías, campos y bellos paisajes, hasta llegar a la ciudad de Tingiu, que no es muy vasta, pero sí rica en frutos de la tierra. La gente es idólatra, pertenece al Gran Khan y tiene papel moneda. Viven del comercio y la industria y sacan mucho provecho de los negocios que les procuran sus mercaderías. Tienen muchas naves y peces y pájaros a porfía.

A izquierda, hacia Levante, a tres jornadas de distancia está el Océano. Y en todo la costa hasta aquí hay salinas, explotadas por los indígenas. Hay una ciudad en ese lugar que se llama Tingiu, que produce tanta sal como para satisfacer las necesidades de toda ella, y en verdad que el Gran Khan saca buen provecho y sumas tan enormes de tributo, que no podía creerse si no se viera.

Y de aquí volveremos a Tingiu y a otra ciudad llamada Yangiu.

- CXLV - De la ciudad de Yangiu

Partiendo de Tingiu, se camina por una región fertilisima, poblada de castillos y granjas en gran cantidad, y se llega a una ciudad populosa, llamada Yangiu. Es tan grande, que bajo su dominio tiene a 27 señoríos. Villas grandes y buenas y de gran comercio. A esta ciudad la gobierna uno de los 12 barones del Gran Khan, porque es la elegida por uno de los 12 sabios. Y micer Marco Polo, el mismo del que trata este libro, la rigió durante tres años. Son todos idólatras y la moneda es la del Gran Khan. Viven del negocio y de la industria. Los talabarteros de la ciudad hacen arneses y equipos para los caballos y hombres de guerra, de las más finas labores y recamados con gran fantasía. Y en la ciudad y sus alrededores viven hombres importantes y magnates. Ya no hay nada digno de mención, y nos iremos a dos grandes provincias, que pertenecen al mismo Mangi. Éstas son hacia Poniente, y como hay muchas cosas que contar de ellas sobre sus usos y costumbres, empezaremos por Nanghin.

- CXLVI - De la provincia de Nanghin

Nanghin es una provincia de Poniente, que pertenece a Mangi; es muy noble y rica. Son idólatras. Tienen papel moneda y pertenecen al Gran Khan. Viven del comercio y la industria. Tienen seda en abundancia y tejen el paño de oro y la seda de todas suertes. Hay mucho trigo en sus graneros y muchos víveres, pues es una provincia opulenta. También tienen abundante caza. Queman los cadáveres. Hay muchos leones en el campo. Hay ricos marchantes, que pagan grandes impuestos y, por tanto, contribuyen a aumentar las rentas del gran señor.

Nos iremos, pues ya no hay nada digno que mencionar, y os contaremos de la muy noble ciudad de Saianfu, digna de ser inscrita en este libro por su importancia capital.

- CXLVII - De la ciudad de Saianfu

Saianfu es una ciudad admirable, que tiene bajo su señorío a dos grandes ciudades extensas y ricas. Es muy industriosa, y su comercio próspero. Son idólatras y emplean papel moneda. Hacen incinerar a sus muertos y son vasallos del Gran Khan. Fabrican en cantidad el brocatel de oro y de seda y toda suerte de tafetanes. Son ricos en caza y en cuanto conviene a una noble ciudad.

Y os diré que ésta resistió tres años, después de que todo Mangi se hubo entregado. Y eso que la cercó un innumerable ejército del Gran Khan. Pero como éste no podía desplegarse, debiendo tenerse a orillas de un inmenso lago muy profundo, el ejército del Gran Khan no podía cercarla más que por tramontana, y las otras tres partes de la ciudad estaban al amparo del lago y se surtían en él de víveres. Y no hubieran levantado el cerco si no fuera por lo que voy a contaros: Cuando el ejército del Gran Khan le puso el cerco durante tres años, el gran señor entró en mucha cólera, no pudiendo ocuparla en todo este tiempo. Entonces micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos dijeron: «Encontraremos el medio de que se rindan». Y el ejército dijo que esto les llenaba de gozo. Todos estos discursos se cruzaban en presencia del Gran Khan, pues los parlamentarios habían venido a decir al gran señor que no lograban rendir la plaza, porque los sitiados siempre tenían donde aprovisionarse. El gran señor dijo turbado: «Es menester inventar algo para tomar la ciudad». Entonces los dos hermanos y micer Marcos, su hijo, replicaron: «Gran señor, tenemos con nosotros en nuestras casas hombres que harán tales máquinas que lanzarán piedras tan gordas, que los de la ciudad no podrán resistir y cederán». El Gran Khan dijo a micer Nicolás y a su hermano que lo vería con agrado; que hicieran esa máquina de guerra lo antes posible. Entonces micer Nicolás y su hermano e hijo, que tenían en su casa a un alemán y a un cristiano nestoriano que sabían hacer ingeniosamente estas cosas, les ordenó que hicieran dos o tres catapultas para lanzar piedras de 300 libras. Y estos dos hombres hicieron tres piezas magníficas. Y cuando estuvieron listas las hizo llevar al ejército que cercaba a Caianfu y no lograba rendirla. Cuando hicieron armar las máquinas de guerra, les pareció a los tártaros la mayor maravilla del mundo. ¿Y qué os diré? Cuando las catapultas se irguieron y empezaron a funcionar lanzando la primera piedra en la ciudad, la primera que llegó alcanzó una casa, aplastándola, y esto suscitó gran tumulto. Y los hombres de la ciudad, que veían esta nueva desventura que se les venía encima, se llenaron de espanto y asombro y no sabían qué hacer, ni decir. Se reunieron en Consejo, no sabiendo qué partido tomar para escapar a este nuevo artificio de guerra. Se dieron todos por muertos si no se rendían, y decidieron capitular. Entonces mandaron un pregón o heraldo para decirle al jefe del ejército que querían rendirse, como lo habían hecho las demás ciudades de la provincia, y ser vasallos del Gran Khan, y el general y el capitán dijeron que así lo deseaban, y recibieron a una delegación de parlamentarios, que los invitaron a entrar en la ciudad. Esto lo consiguieron los tártaros gracias a micer Nicolás, Mafeo y Marcos, y no es poco decir, pues sabed que ésta es una de las mejores provincias que posee el Gran Khan y le procuran mayor renta y provecho.

Os he referido de cómo la ciudad se rindió, gracias a las catapultas que hicieron armar micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos. Y dejaremos está materia para tratar de la ciudad llamada Singiu.

- CXLVIII - De la ciudad de Singiu

Sabed que cuando se parte de la ciudad de Yangiu y se tuerce hacia Sudeste 15 millas se encuentra una ciudad llamada Singiu; no es muy grande, pero hay en ella muchísimas naves y muchas mercaderías. Los habitantes son idólatras, sometidos al Gran Khan. Tienen papel moneda. Está situada sobre el río mayor del mundo, llamado Cuian. En ciertos puntos es ancho diez millas; en otros, ocho, y en otros, seis, y largo más de cien jornadas. Por este río es por donde surcan las galeras que traen a la ciudad muchas preciadas mercancías y, por consiguiente, tiene el Gran Khan renta y tributos pingües de esta ciudad. Os digo que este río va tan lejos y a tantas partes y pasa por tantas ciudades que por él afluyen las mayores riquezas, y por sus aguas navegan más bájeles que por todos los mares y ríos de la cristiandad. Pues yo doy fe que vi más de 5.000 bajeles navegando a la vez por este río. Os podéis imaginar que teniendo esta pequeña ciudad un tal tráfico, ¿qué no serán las demás? Pues este río pasa por más de 16 provincias, y hay en sus orillas 200 ciudades muy grandes, que tienen más naves que éstas en sus aguas.

Estas naves son cubiertas y tienen una sola arboladura o mástil; pero son de mucha cala y pueden llevar hasta 4.000 cántaros y hasta 12.000 barricas de pescado, según contamos en nuestro país.

Nos iremos de aquí, pues referimos cuanto hay de notable, y contaremos de otra ciudad llamada Caygiu; pero se me olvidaba mentaros una cosa: sabed que todas las naves, cuya arboladura está llena de cabos de cáñamo,así como las velas, tienen como amarras, con las cuales las sacan a la orilla, unas cañas largas y gruesas, que a veces miden 15 pies, y con esas mismas vuelven a ponerlas a flote en el río. A éstas las cortan por el medio y las atan fuertemente unas a otras, y así consiguen hacerlas largas hasta 300 pies. Y estas cañas son más fuertes que los cabos de cáñamo.

Dejemos esto y volvamos a Caygiu.

- CXLIX - En donde se trata de la ciudad de Caygiu

Caygiu es una pequeña ciudad que está situada hacia Sudeste. Los habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Tienen papel moneda. Está también a orillas del río. En esta ciudad se recoge gran cantidad de arroz y de trigo, y desde ella se va navegando a la ciudad de Cambaluc, a la corte del Gran Khan. Y no por mar, sino por el río y un lago. El trigo que llega por esa vía viene principalmente de la corte del Gran Khan, y el Gran Khan ha hecho que esta vía fluvial sea navegable hasta Cambaluc. Hizo dragar y cavar un gran foso muy profundo, de un río a otro y de un lago a otro, y de esta manera es navegable. Sobre él van grandes naves desde Mangi hasta la ciudad de Cambaluc. También se puede ir por tierra, costeando el río, pues no hay una calzada, y así, tanto por tierra como por agua hay medio de llegar. En medio de este río existe una isla, escarpada de rocas, en la cual hay un monasterio de ídolos, en donde están cobijados 200 monjes. Y sabed que este monasterio manda a muchos otros, de modo que es como un arzobispado.

Pasemos el río y os contaremos de otra ciudad llamada Cinghianfu.

- CL - De la ciudad de Cinghianfu

Cinghianfu es una ciudad del Mangi. Sus gentes son idólatras y súbditos del Gran Khan. Tienen papel moneda. Viven del arte y del comercio. Tienen bastante seda. Tejen rasos y rasetes, paños de oro y sedas de todas clases. Hay mercaderes ricos y de mucha consideración. Hay caza, trigo en cantidades y cuanto necesita para vivir con holgura. Hay dos iglesias de cristianos nestorianos y éstas se alzaron el año 1278 de la Encarnación de Cristo, y os diré cómo se construyeron. En verdad que no hubo nunca ni iglesia ni fieles hasta 1278, época en que fue gobernador del Gran Khan durante tres años Marsarchis, que era cristiano nestoriano y es este Marsarchis quien mandó hacer estas dos iglesias, y desde entonces hubo dos iglesias cristianas allí donde jamás existieron.

Y dejaremos esta materia para tratar de otra gran ciudad llamada Cangiu.

- CLI - De la ciudad de Cangiu

Cuando se sale de Cinghianfu hay tres jornadas hacia Sudeste y salen al paso ciudades, castillos, ricos en arte y en industria; son todos idólatras y sirven al Gran Khan. Al cabo de tres jornadas se yergue la noble ciudad de Cangiu. Tienen bastantes sedas y fabrican tela de oro, grodetures, rasos y rasetes, bayetas de seda y dasmasquino.

Tienen venados y caza menuda y aves en cantidad. No carecen de nada, pues tienen tierra gorda y fecunda.

Os contaré una mala acción que hicieron estas gentes y lo cara que la pagaron. Cuando la provincia de Mangi fue conquistada por los hombres del Gran Khan, y Baian quedó como jefe de la misma, envió una partida de su gente, que eran alainos y cristianos, para cercarla. Y aconteció que los dichos alainos tomáronla y entraron en ella, encontrando muy buen vino, y tanto bebieron, que se emborracharon y se durmieron profundamente.

Cuando los habitantes de la ciudad se percataron de que los que la habían tomado estaban tan ebrios que parecían muertos, los mataron a todos alevosamente y no escapó ni uno solo.

Y enterado Baian, el señor del gran ejército, de que sus hombres habían sido diezmados tan miserablemente, mandó a otro puñado de hombres, que tomaron a saco la ciudad y pasaron por las armas a todos sus habitantes. Y de esta manera, como habéis oído, murieron tantos en esta ciudad.

La dejaremos y os contaremos de una ciudad llamada Sugiu.

- CLII - De la ciudad de Sugiu

Sugiu es una hermosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y sujetos al Gran Khan. Tienen papel moneda, viven del comercio e industria. Tejen ricas sedas para sus vestimentas. Hay en ella poderosos negociantes. Es tan grande, que mide de circunferencia 40.000 millas. Y el número de sus habitantes no se puede contar.Os digo que si estos hombres fueran guerreros hubieran conquistado el mundo. Pero no son militares, sino ingenios sutiles y vivos mercaderes diestros en todas las artes. Son también dados a la filosofía y a las ciencias y conocen todos los secretos de la Naturaleza. Os digo en verdad que esta ciudad posee más de 6.000 puentes de piedra, por los cuales puede pasar una galera o dos. En los arrabales, en la montaña, crece el ruibarbo y el jengibre en gran abundancia, y por un marco veneciano tendréis 40 libras de jengibre fresco, que es exquisito. Sabed que esta ciudad tiene bajo su señoría a 16 ciudades muy grandes e importantes, y su nombre, que es Sugiu, quiere decir en español la tierra, y otra ciudad vecina se llama el cielo, y tienen ese nombre hiperbólico por su gran nobleza. Así que ahora describiremos la otra ciudad llamada el cielo. De Suiu nos dirigimos a Vugiu, que dista una jornada de Sugiu. Es hermosa ciudad, muy industriosa y comercial. No hay nada nuevo que mencionar; nos alejaremos de ella y contaremos de otra ciudad llamada Vughin.

Vughin es otra preciosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y súbditos del Gran Khan. Usan papel moneda. Hay seda en cantidad y muchas otras materias preciosas que suelen mercar. Son cultos, mercaderes hábiles e industriosos.

Dejemos a esta ciudad y describamos la ciudad de Ciangan. Sabed que esta ciudad es grande y rica. Sus habitantes son idólatras y vasallos del Gran Khan. Emplean también el papel moneda. Viven del comercio y de las artes. Tejen cendales de todas clases y hechuras, y en gran número.

No queda nada que mencionar y os contaremos de otras ciudades, y será la muy noble ciudad de Quinsai, que es la capital del rey de Mangi.

- CLIII - En donde se habla de la muy noble ciudad de Quinsai

Partiendo de Ciangan desfilan durante tres días ante nosotros, en un paisaje risueño y fecundo, castillos ciudades y villas ricas y nobles, que viven del comercio y sus artes. Los habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Como los demás del reino, usan papel moneda. Tienen víveres a granel. A las tres jornadas se entra en Quinsai, que quiere decir en español la ciudad del cielo. Y ya que hemos llegado a ella os contaré su magnificencia, pues es, sin mentir, la más noble y bella ciudad del mundo. Y os expondremos sus cualidades tal y como la reina de esta región se las puso por escrito a Baian cuando la conquistó, y Baian a su vez se lo transmitió al Gran Khan para qué respetaran a esta ciudad y no la destruyesen y la echaran a perder. Según el contenido del escrito os lo he de contar, y puedo dar fe de su veracidad según la vi yo mismo, Marco Polo, con mis propios ojos.

Decía el escrito: Que la ciudad de Quinsai tiene cerca de 100 millas de cintura y 12.000 puentes de piedra y mármol, por cuyos arcos pueden pasar la mayoría de las naves y por los menores las embarcaciones de menor importancia. Y nadie se maraville de que tenga tantos puentes, pues está toda sobre el agua y rodeada de agua y para transitar en ella se necesitan estos puentes.

Hay 12 ramos de industrias u oficios, uno de cada arte, y éstas tienen sus correspondientes casas y almacenes. De modo que para la venta hay 12.000 casas de éstas y otros 12.000 almacenes. Éstos están regidos por un maestro, que tiene a su cargo 10, 20, 30 y hasta 40 oficiales.

Esta gran actividad es debida a que toda la provincia se surte de esta ciudad y además otras muchas ciudades del reino. Hay muchos ricos mercaderes en ella que hacen muy grandes negocios. Los hombres que rigen estos almacenes son personajes importantes, y ellos y sus mujeres no trabajan manualmente y viven como si fueran reyes. Sus mujeres son muy bellas, transparentes y angelicales. El rey ha establecido que cada cual debe seguir el oficio de su padre y aunque poseyera 100.000 bizancios de oro no podría elegir otro oficio sino el que tuvo su padre.

Y tengo que deciros que hacia Mediodía hay un lago de 300 millas de cintura, rodeado de maravillosos palacios y grandes y espaciosas casas, tan bien construidas, que no podía pedirse mayor proporción ni más riqueza. Éstas pertenecen a los grandes señoses y gentiles hombres. Hay también numerosos monasterios y abadías y templos de ídolos. En medio del lago hay dos islas en las cuales hay un palacio espléndido, tan bien adornado que parece el de un emperador. Y cuando quieren celebrar una boda o un banquete, van a ese palacio y celebran sus bodas o ágapes, encontrando los enseres destinados a tal efecto, es decir: vajillas, manteles, jarros, garrafas y escudillas.

Hay muchas casas de lujo en la ciudad, y por aquí y acullá torres de piedra para resguardar los muebles y enseres de la gente cuando ha habido un incendio en sus casas. Y es que hay a menudo fuegos, por haber en la ciudad varias construcciones de madera.

Los indígenas son idólatras, vasallos del Gran Khan. Tienen papel moneda. Comen carne de perro, de caballo y de otros animales extraños que ningún cristiano comería por todo el oro del mundo.

En cada uno de los 12.000 puentes tienen 10 centinelas de día y de noche. La ciudad está bien guardada, para que los ladrones no cometan delitos ni haya gente maleante que intente soliviantar los ánimos para la sublevación. Hay una torre en la ciudad y en ella una gran tabla de madera que un hombre tiene entre sus manos, y pega en ella bien fuerte para que se oiga de lejos cada vez que hay un incendio en la ciudad o que hay alguna algarada. Entonces el vigía de la torre avisa a los que guardan la ciudad.

El Gran Khan hace que la ciudad esté bien custodiada, y para esto emplea gran cantidad de gente, porque es la capital y centro de toda la provincia de Mangi. Y como contiene grandes tesoros, paga al Gran Khan tributos tan elevados, tan conspicuos, que si los oyerais mentar no lo podríais creer. También la hace guardar por miedo a que se levanten contra él.

Y sabed que todas las calles están empedradas o con adoquines o con ladrillos de barro cocido, que se puede transitar en ellas sin enlodarse a pie y a caballo. También añadiré que cuenta con 3.000 baños; son baños calientes, que son muy agradables a los hombres y los toman varias veces al mes, porque son muy aseados y limpios de sus personas. Estos baños son grandes y espaciosos y pueden dar cabida a 100 hombres y a 100 mujeres a la vez.

Y os haré saber que el Océano está a 25 millas de esta ciudad entre Nordeste y Levante. Y en esa dirección hay una ciudad llamada Ganfu, que tiene un magnífico puerto en donde amarran enormes naves con costosas mercaderías. Desde ese puerto a la ciudad hay un río caudaloso, de modo que las naves pueden remontarlo, y siguen su curso navegable hasta más arriba de esta ciudad.

El Gran Khan dividió esta provincia de Mangi en nueve reinos. Es decir, que a cada rey le confirió el mando de un gran reino, pero a su vez estos reyes están sometidos al Gran Khan, de tal suerte que cada año tienen que rendirle cuentas de sus rentas y de cuanto pasa en el reino. En esta ciudad tiene su residencia uno de los nueve reyes que gobierna más de 140 ciudades grandes y ricas.

Os causará maravilla que os cuente que en la provincia de Mangi hay 1.200 ciudades. En cada una de ellas tiene un alcaide, nombrado por el Gran Khan, con las atribuciones siguientes: Cada una de estas ciudades tiene, por lo menos, 1.000 hombres para guardarla; otras más importantes, 10.000; otras, 20.000, y otras, 30.000; de suerte que están bien guardadas. Pero no creáis que estos hombres son todos tártaros, sino del Catai; tampoco todos son gente de a caballo, sino una gran parte a pie, y todos forman parte de las huestes del Gran Khan.

El rendimiento de la provincia de Mangi para las arcas del Gran Khan es tan enorme, que no hay quien lo pueda imaginar. Hay un intendente que administra estas rentas, a más del rey de Mangi. Y apenas puedo contaros de la gran riqueza de esta provincia; pero antes de proseguir tengo que enteraros de una cosa singular.

Habéis de saber que todos los habitantes de Mangi tienen por costumbre que cuando nace un niño el padre o la madre hacen inscribir en un registro el día de su nacimiento, y el lugar y la hora y bajo qué signo del Zodiaco ha nacido y bajo qué planeta o constelación. De modo que cada cual conoce el día de su nacimiento; así pueden advertirle los astrólogos, cuando quiere emprender un viaje, si puede hacerlo o no, y a veces les impiden así viajar, pues sus astrólogos son muy sabios y avisados y duchos en hechizos diabólicos, de modo que advierten a los hombres de las cosas que pueden regir sus destinos, y ellos les creen de muy buena fe.

Cuando van a acompañar a sus muertos para incinerarlos, todos los parientes, hombres y mujeres, se visten de estameña para demostrar su duelo, y van acompañando al cadáver, que llevan en andas, con cortejo de instrumentos, cantando invocaciones a los ídolos. En llegando al lugar que han destinado para ser incinerados se detienen. Hacen recortar en cartón dorado caballos, esclavos, hombres, mujeres, camellos y todo lo que el difunto hubo deseado en su existencia. Queman luego el cadáver con todas estas imágenes de su deseo. Mientras ven consumirse en la pira el cuerpo con todos estos atributos, dicen que en el otro mundo el muerto tendrá todas estas cosas y que cuantos honores le rindan en éste se los rendirán en el otro los ídolos y los dioses.

En esta ciudad se halla el palacio del rey que huyó y que era señor de todo el Mangi, que es el reino mejor y más noble del mundo. Os lo describiré: Sabed que el palacio tiene, por lo menos, 10 millas de cintura y está rodeado de altos muros almenados. En el recinto de estas murallas hay bellos jardines, con las mejores flores y frutos que puedan idearse, fuentes y lagos llenos de peces. En medio del lago hay otro palacio grande y suntuoso. Tiene éste un salón central tan grande y hermoso que a la mesa se puede sentar gran cantidad de gente y puede hospedar un sinnúmero de ellos. La sala es miniada en oro con historias y jeroglíficos y animales, pájaros, caballeros, damas y damiselas maravillosamente ejecutados. No hay cosa más digna de verse. En todas las paredes y artesonados no hay más que pinturas de oro; ¿y qué más os diré? No sé si sabré describiros fielmente la belleza y nobleza de este palacio, y os diré sumariamente toda la verdad. Tiene este palacio 20 estancias, todas del mismo tamaño, tan enormes, que 10.000 hombres pueden comer en ellas con holgura. Están enteramente recubiertas de preciosas pinturas y oro repujado; además de estos aposentos, hay hasta 1.000 habitaciones, que son otros tantos departamentos para comer y dormir. De los frutos y peces ya os he contado.

Hay además en esta ciudad 160 hogares, es decir, que están en grupos de viviendas y forman manzanas, por lo cual la manzana, que es de 10.000 tomanes, forma un total de 1.600.000 casas, entre las cuales se cuentan infinidad de bellos palacios. No hay más que una iglesia de cristianos nestorianos.

Después de contaros lo concerniente a esta ciudad os diré algo curioso: Cada vecino tiene en la puerta de su casa un letrero con su nombre y el de su mujer, hijos, nueras, sus esclavos y la nomenclatura de todo lo que haya en ella, inclusive el número de caballos. Y si alguien fallece borran su nombre, y de esta manera los gobernadores de cada ciudad saben los vecinos que tienen en su jurisdicción. Y así es costumbre en toda la provincia de Mangi y de Catai. Otro buen acuerdo y sabia disposición es la siguiente: Todos los que tienen hospedería y albergue inscriben el nombre de los que hospeda y en qué día y mes han llegado. Así, el Gran Khan sabe quién entra y sale en su reino, y es cosa muy importante para un hombre prudente.

Os he relatado esto ahora, y quiero deciros algo sobre la gran renta que paga esta ciudad al Gran Khan, que es la que corresponde como una de las nueve partes de Mangi.

- CLIV - De las alcabalas que saca el Gran Khan de Quinsai

Quiero ahora contaros la enorme renta que saca el Gran Khan de esta ciudad de Quinsai y las tierras que están bajo su señorío, que forman la novena parte de Mangi. Ante todo, mentaré la sal, que es el tributo más fuerte. Sabed en verdad que la sal de esta ciudad renta anualmente, por costumbre, 80 tomines de oro, y cada tomín vale 70.000 «sazos» de oro, lo que hace que los 80 tomines representan 5.600.000 «sazos» de oro. Cada «sazo» vale más de un florín de oro o ducado de oro, y es una cosa maravillosa la cantidad de moneda que esto representa.

Después del tributo de la sal os hablaré de otros sobre varias mercaderías. En esta provincia crece y se hace más azúcar que en ninguna otra parte y es otra gran renta para el tesoro. Y no os hablaré de las cosas en particular, sino por grupos. Por ejemplo: Todas las especias reunidas rinden tres o el tercio por ciento y el resto de las mercancías igualmente: del vino, del arroz, del carbón y de las 12 artes y oficios y los 12.000 almacenes de las mismas. De los telares de seda tiene grandes rentas, pues todo paga un tributo. ¿Y por qué prolongar la nomenclatura? Sabed que la seda da el 10 por 100, lo que asciende a una cantidad fabulosa, y muchas otras cosas tienen el 10 por 100 también, así que yo, Marco Polo, que he visto hacer las cuentas más de una vez, os digo en verdad que todas estas cosas, aparte de la sal, rinden 210 tomines de oro, que valen 14.700.000 «sazos», y considero que ésta es la renta más desmesurada que jamás he oído contar. Esto se refiere sólo a la novena parte de la provincia.

Dejemos esta ciudad de Quinsai de la cual explicamos las costumbres por lo menudo, y prosigamos a la ciudad de Tanpingiu.

- CLV - De la ciudad de Tanpingiu

Al dejar a Quinsai, andando una jornada hacia Sudeste, se encuentran al paso casas y jardines preciosos. Hay víveres en abundancia. Al cabo del día se encuentra la ciudad llamada Tanpingiu, que es grande y bella y está bajo la jurisdicción de Quinsai. Sus habitantes pertenecen al Gran Khan y tienen papel moneda. Son idólatras y queman a sus muertos. Viven del arte y del comercio. Tienen toda clase de productos, pero no hay nada de particular que contar, y por eso hablaremos de Viugiu.

Y cuando se parte de esta ciudad de Tanpingiu se va a tres jornadas hasta Sudeste, encontrando al paso bellas ciudades, castillos grandes y esbeltos. Por doquier reina la abundancia y todo es barato; los indígenas son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Son de la señoría de Quinsai; por lo demás, no hay nada que la distinga de las demás poblaciones, y por eso iremos más adelante y os contaremos de la ciudad de Ghiugiu.

A dos jornadas a Sudeste de Viugiu se pasa para llegar a ella por ameno paisaje cubierto de ciudades y castillos. Hay de todo en abundancia. La sola particularidad es que la caña es aquí más gorda y alta que en ninguna otra parte. Hay algunas que miden cuatro palmos de anchura por 15 pies de altura. Al cabo de las dos jornadas se llega a una ciudad llamada Ghiugiu, que es muy grande y bella. Pertenecen al Gran Khan, son idólatras y están bajo el señorío de Quinsai. Tienen bastante seda. Viven de mercancías y de arte. Tienen todo cuanto pueden apetecer en cuestión de víveres. Y como no hay nada más digno de mención, nos iremos más adelante.

Dejando Ghiugiu se viaja cuatro días hacia Sudeste y al paso salen castillos, villas, alquerías. Todo en abundancia. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan bajo el señorío de Quinsai. Viven del comercio y del arte. Tienen caza de aves en abundancia. Hay leones y fieras en la campiña. No se ve ni una oveja, ni un carnero en todo el Mangi, pero sí, vacas, bueyes, cabras y puercos. No hay nada más digno de mención, y prosigamos.

Partiendo de esta ciudad, Ghiugiu, se andan cuatro jornadas hacia Sudeste, encontrando siempre ciudades y castillos y víveres en abundancia. A cuatro jornadas se encuentra la ciudad de Cianscian, que es muy extensa y hermosa; está en lo alto de una montaña, con un río que la divide por medio, dejando un lado alto y otro bajo de la ciudad. También pertenecen a la jurisdicción de Quisaid. Los habitantes son súbditos del Gran Khan e idólatras; viven del comercio y de las artes. Y como no ya hay nada digno de mención, pasaremos más adelante.

Cuando se deja Cianscian también el paisaje es ameno, lleno de ciudades y castillos, y durante tres días es invariablemente bello. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan; son de la señoría de Quinsai. Tienen víveres en gran abundancia, caza y venado, los mejores pájaros y plantas, y como no hay nada más que mencionar, prosigamos.

De aquí a tres jornadas hay la ciudad de Cugiu, que es muy grande y bella, cuyos habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Hasta aquí llega el dominio de Quinsai y empieza un nuevo reino, otro de los nueve del Mangi, llamado Fugiu.

- CLVI - Del reino de Fugiu

Dejando el reino de Quinsai, que es llamado también Cugiu, se encuentra el reino de Fugiu. A seis jornadas a Sudeste se cabalga por montañas y por valles, ciudades, castillos y caseríos. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan y a la señoría de Fugiu, en la cual acabamos de entrar. Viven de arte y de comercio. Tienen todo en abundancia: caza, aves, y en la campiña grandes y feroces leones. Recogen el jengibre y la galanga en gran cantidad, pues por un ducado de oro podéis comprar 80 libras de jengibre. Tienen un fruto que da un color semejante al del azafrán, pero vale tanto o más que el azafrán. Comen de todo, y hasta carne humana si el hombre no ha muerto de muerte natural, pero si lo han matado con arma blanca y es sano se lo comen todo entero y dicen que es carne exquisita. Los hombres de armas suelen arreglarse de la siguiente manera: Se dejan el pelo largo y en medio de la frente se hacen pintar en azul una espada de hierro. Todos van a pie, menos los capitanes; van armados de lanzas y espadas; son los hombres más crueles del mundo, pues matan cuanto encuentran al paso, beben la sangre de sus víctimas y luego se las comen.

Dejemos este horror y hablemos de otras cosas. Andando otras tres jornadas sobre las seis antedichas, se llega a la ciudad de Quenlinfu, que es una grande y noble ciudad, sometida al poder del Gran Khan. Esta ciudad tiene tres magníficos puentes, largos una milla y ancho nueve pasos, todos de piedra con una columnata de mármol en el pretil. Son tan espléndidos, que valen un tesoro. También aquí se dedican al comercio y a las artes. Tienen telares de seda. Recogen el jengibre y la galanga. Las mujeres son muy bellas. Hay algo curioso que mencionar además. Tienen gallinas que no tienen plumas, pero sí una piel como la del gato y muy negra. Ponen huevos como los de nuestra tierra; su carne es muy sabrosa.Como ya no hay nada que observar, iremos más adelante.

Durante tres jornadas, a más de las seis que ya he dicho, se marcha por un paisaje encantador, con muchos castillos, villas y ciudades, abundancia de mercaderías, caza, feroces leones que persiguen a los viajeros. En la última jornada y a 15 millas se encuentra una ciudad llamada Unquen, en donde se fabrica mucha azúcar. De aquí se surte el Gran Khan y se llevan todo el que consumen en la corte, en tan gran cantidad que esto por sí solo es un tesoro. No hay nada más digno de contarse, y pasemos más adelante.

A 15 millas de la ciudad de Unquen encontramos la muy noble ciudad de Fugiu, y os contaremos de ella lo que sabemos.

- CLVII - De la ciudad de Fugiu

La ciudad de Fugiu es la capital del reino de Choncha, que es otra de las nueve provincias del Mangi. En ésta hay mucho comercio, mercaderes y artesanos. Son idólatras y vasallos del Gran Khan. Allí moran muchos hombres de armas, pues las huestes del Gran Khan están en parte de esta capital, porque en esta región los castillos y ciudades se levantan con facilidad, de modo que estos hombres sofocan en seguida estas rebeliones. Y por esto el Gran Khan tiene una nutrida guardia.

Por la ciudad cruza un río caudaloso, de una milla de ancho, y en el cual hay arsenales en donde se arman las naves que navegan por su corriente. Produce el azúcar en tan gran abundancia, que es difícil el contarlo.

Aquí hay gran tráfico de perlas y piedras preciosas, y es porque los mercaderes atracan con sus barcos provenientes de las islas de la India. Esta ciudad, además, está cercada del puerto de Çaiton (Cantón), en el mar Océano, y allí es un acudir de naves y gripos de toda la India con mercancías variadas y preciosas que remontan los mercaderes río arriba hasta Fugiu. Hay todo cuanto puede apetecer el hombre. Las orillas están cuajadas de deliciosos jardines con frutas de todas clases. Es una ciudad tan bien provista de todos los dones del cielo que es un encanto. Ya no hay nada digno de mención en ella, y prosigamos la ruta.

- CLVIII - De la ciudad de Çaiton (Cantón)

Pasando el río de Fugiu se andan cinco jornadas, encontrando por doquier ciudades, castillos y granjas muy florecientes y donde hay cantidad de productos. Se pasa por montes, valles y llanos e inmensos bosques poblados de árboles, de los cuales se saca el alcanfor. La comarca es abundante en caza, aves y pájaros. Sus habitantes viven del comercio y la industria, son vasallos del Gran Khan, y bajo la jurisdicción de Fugiu y a cinco jornadas hay una ciudad llamada Çaiton (Cantón), que es grande y noble.

Es el puerto en donde vienen a parar las naves de la India, descargando los tesoros de piedras finas y de gran valor y perlas muy gordas y del mejor oriente. Es el puerto de expansión de todo el Mangi, es decir, que todo lo que se produce a su alrededor acuda a él y hay un movimiento continuo de mercaderías y un mercado de piedras preciosas que es maravilloso. Y de este puerto van a toda la provincia de Mangi, y por un cargamento de pimienta que va a Alejandría o a otro lugar para ser exportado a tierra de cristianos hay cientos que vienen a Çaiton. Habéis de saber que éste es uno de los puertos de más importancia del mundo.

Y el Gran Khan recibe de esta ciudad un tributo enorme, porque cada nave que llega de la India paga sobre todas las mercaderías el 10 por 100, así de las piedras preciosas como de lo demás. Estas naves pagan como flete por mercadería y seda el 30 por 100, y por la pimienta el 44 por 100. Por la madera de áloe y por el sándalo y otras maderas aromáticas, el 40 por 100. De suerte que entre el flete y el tributo y la alcabala el mercader paga la mitad de la ganancia de lo que trae. Así que para el Gran Khan es esta ciudad un tesoro.

Son idólatras. La tierra es muy fecunda y tienen toda clase de frutas. En esta provincia hay una ciudad llamada Tiungiu, en donde hacen los platos de porcelana grandes y pequeños y los más bellos que verse puedan. En ninguna parte se hacen iguales a éstos sino en esta ciudad, y de ahí se desparraman por el mundo entero, y no son muy caros, pues por un ducado veneciano tendréis tres fuentes tan bellas que no hallaríais nada mejor. En esta ciudad hablan un idioma propio.

Os hablé del reino de Fugiu, que es una de las partes de los nueve reinos. Y en verdad os digo que el Gran Khan saca pingües rentas, tantas como las del reino de Quinsai.

No hemos descrito todavía los nueve reinos de Mangi, sino tan sólo tres, que son Yangiu, Quinsaí y Fugiu, y de éstos ya habéis oído bastante. De los otros seis también podríamos contar, pero como es muy largo el relato nos callaremos. Del Mangi, de Catai y de otras provincias, de gente, animales, pájaros, oro, plata y piedras preciosas y perlas y tantas otras cosas, ya habéis oído. Pero como en nuestro libro no reza aún todo lo que deseamos deciros, pues nos quedan todas las descripciones de las cosas de la India, que son dignas de conocerse y que posee maravillas de las cuales adolecen otras regiones, es bueno y saludable lo dejemos escrito en este libro, y maese Rustichello lo expondrá así como lo cuenta micer Marco Polo. Y os diré en verdad que micer Marcos vivió tanto tiempo en la India, conoció tanto sus negocios, sus costumbres, que es el hombre que más sabe sobre este país.

Ya sé qué hay tanta maravilla que la gente que oirá su relato lo encontrará increíble; pero nosotros las pondremos una tras otra tal como las refería micer Marcos. Y vamos a seguir en este libro.

- CLIX - Aquí empieza el libro sobre la India, que hablará de todas las maravillas que contiene y de las costumbres de sus gentes

Ya que hablamos de tantas provincias del continente como habéis oído, dejaremos esta materia y entraremos en la India para contar sus maravillas y empezar por la descripción de las naves que zarpan desde la India.

Construyen las naves de la siguiente manera: de madera de pino o de alerce. Tienen un puente, y en este puente hay a menudo 40 entre cámaras y camarotes, en donde un mercader puede vivir cómodamente. Van provistas de un timón y de cuatro árboles y a veces le añaden dos palos de repuesto, que se quitan y ponen cuando se quiere. Están espléndidamente clavados con doble carena, es decir, dos tablas, una exterior y otra interior; están calafateadas en las junturas por fuera y por dentro y clavadas con puntas de hierro.

No están alquitranadas, porque no conocen la pez, pero las untan de tal modo con otra sustancia que ellos consideran mejor que el alquitrán. Toman estopa y cal y lo desmenuzan y lo mezclan con aceite de palmera, y con esta mezcolanza entre las tres materias queda una sustancia tan resistente y compacta como la pez. De esto untan las naves y es lo mismo que si las alquitranaran.

Tienen 200 marineros de dotación y son tan grandes que pueden llevar 5.000 espuertas de pimienta, y algunas hasta 6.000, y van a remo, y en cada remo van cuatro marineros. Y la nave está dotada de tan grandes barcas que cada una de ellas puede llevar 1.000 espuertas de pimienta. Ya os dije que llevaban 40 hombres de equipaje; cada barca va armada y algunas veces remolcan a la gran nave. Siempre llevan encima y a los costados varios botes, pero los unos mayores que los otros, y otras pequeñas embarcaciones o almadías, con las cuales pescan para el servicio de mesa de la nave, y estos botes están amarrados a los lados de ella. Cuando quieren carenar la gran nave, es decir, limpiar la carena y que haya navegado un año, la ponen en seco de la siguiente manera: clavan en el costado de la eslora una tabla y al otro lado otra y con otras seis la apuntalan y luego la untan y calafatean.

Os he hablado de la nave con la cual los mercaderes van y vienen de la India. Y abandonaremos esta materia para contaros de la propia India. Pero ante todo os hablaré de otras islas del mar Océano, en donde estamos aún. Estas islas están a Levante, y empezaremos por una isla llamada Cipango (Japón).

- CLX - En donde se trata de la isla de Cipango (Japón)

Cipango es una isla a Levante que está a 1.500 millas apartada de la tierra en alta mar. Es una isla muy grande. Los indígenas son blancos, de buenas maneras y hermosos. Son idólatras y libres y no están bajo la señoría de nadie. Tienen oro en abundancia, pero nadie lo explota, porque no hay mercader ni extranjero que haya llegado al interior de la isla. Os contaré de un maravilloso palacio que posee el señor de la isla. Existe un gran palacio todo cubierto de oro fino, tal como nosotros cubrimos nuestras casas e iglesias de plomo, y es de un valor incalculable. Los pisos de sus salones, que son numerosos, están también cubiertos de una capa de oro fino del espesor de más de dos dedos. Todas las demás partes del palacio, salas, alféizares, todo está cuajado de oro. Es de una riqueza tan deslumbrante, que no sabría exactamente cómo explicaros el efecto asombroso que produce el verlo.

Tienen perlas en abundancia de un oriente rosa, preciosas, redondas y muy gruesas. Son de tanto valor como las blancas, o más. Tienen varias otras piedras preciosas. Es una isla muy rica, cuya riqueza es incalculable.

Y como le diera razón al Gran Khan de la gran riqueza de esta isla -Cublai, que entonces reinaba-, quiso apoderarse de ella. Y envió a dos barones al mando de una flota con hombres a pie y a caballo. Uno de estos barones se llamaba Abatan y el otro Volsanicin. Ambos eran sabios y valientes. Navegaron de Çaiton a Quinsai, se hicieron a la vela y abordaron a estas islas; se apoderaron de llanos y granjas, pero ningún castillo ni ciudad había caído en sus manos todavía, cuando les sucedió el percance que les contaré.

Habéis de saber, ante todo, que los dos barones se envidiaban mutuamente y que ninguno de los dos hacía nada de común acuerdo con el otro.

Y un día sopló la tramontana de tal manera, que los de la armada, asustados, dijéronse que si no alzaban anclas se estrellarían todas las embarcaciones. Entonces se refugiaron en las naves y se hicieron a la mar, y habiendo navegado cuatro millas se encontraron otra isla de tamaño un poco menor, y los que en ella pudieron escapar se salvaron, pero los otros quedaron estrellados contra las rocas.

Sin embargo, se salvaron 30.000 hombres, y estos náufragos se daban por perdidos, pues veían morir a sus compañeros y desaparecer las naves que habían podido tomar el largo hacia su tierra.

Y así hicieron, en efecto; algunas de entre ellas, que pudieron escapar, navegaron sin tregua hasta llegar otra vez a su país. Dejemos, pues, a los que se fueron y volvamos a los que quedaron muertos de miedo en la isla.

- CLXI - De cómo la gente del Gran Khan que había escapado al temporal tomó la ciudad de sus enemigos

Sabed, pues, que estos 30.000 hombres que escaparon a los elementos se veían perdidos y no velan medio de remediar su triste suerte. Desesperados y angustiados, no sabían qué hacer ni qué resolver.

Y estaban en situación tan apurada cuando el señor de la gran isla y sus secuaces vieron a la armada tan desesperada y deshecha y se enteraron que los náufragos estaban en la isla menor. Se llenaron de alegría y regocijo. Y en cuanto la mar se calmó fuéronse en varias naves que tenían en la isla e hicieron vela hacia ella para prender a los que allí se hallaban.

Cuando los 30.000 vieron que el enemigo había tomado tierra y se dirigía hacia ellos para prenderles, maniobraron de modo de marchar en sentido contrario de los que venían, y yendo hacia la playa se acercaron a las naves del enemigo, y entraron en ellas, y esto lo consiguieron con facilidad, pues no había quien las defendiera.

Embarcados en las naves se alejaron de la isla a toda prisa para abordar la isla mayor. Tomaron allí tierra y bajaron con el estandarte y señeras del señor de la isla, dirigiéndose a la capital, y los que reconocieron el pendón de su señor creyeron que eran sus propias gentes y los dejaron entrar en la ciudad.

En ella no encontraron más que ancianos; entonces se apoderaron de la ciudad, echaron a todos los que estaban en ella y sólo guardaron algunas mujeres hermosas para que les sirvieran. Y así es como tomaron esta ciudad los hombres de armas del Gran Khan.

Y cuando el señor y sus gentes se dieron cuenta que habían perdido su capital y que el desastre era completo para ellos, se desesperaron y creyeron morir de rabia. Entonces volvieron con otras naves a su isla y cercaron la ciudad de modo que nadie podía entrar ni salir de ella si a ellos no se les antojaba ¿Y qué más os diré? La gente del Gran Khan resistió siete meses el sitio, buscando día y noche cómo podían enterar al Gran Khan de la situación desesperada en que se hallaban y les ponía en tan grande aprieto; mas nada les valió. Y cuando vieron que no había salvación, parlamentaron con los de fuera, acordaron una tregua y se rindieron, a condición de que les perdonaran la vida. Y bajo este pacto quedaron allí para siempre. Y esto fue en el año 1269 de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.

Así concluyó esta aventura desgraciada. El Gran Khan hizo decapitar a uno de sus barones, que era el capitán mayor de la armada al otro lo mandó a una isla en donde hacía desaparecer a la gente que le molestaba, y allí le hizo dar muerte. Y esto porque se enteró que se habían portado mal el uno contra el otro en esta aventura.

Y os diré otra gran maravilla: Estos dos barones tomaron un castillo que allí se encontraba para defenderse, y como no quisieron ceder la plaza, los dos barones dieron orden de que los mataran. Y así lo hicieron y cercenaron sus cabezas, excepción hecha de ocho hombres, a los cuales no lograban cortar la cabeza. Y esto sucedía en virtud de unas piedras preciosas que tenían incrustadas en el brazo entre la carne y la piel, de tal suerte que no se veían exteriormente, y estas piedras tenían poder de magia, de modo que cuando uno las llevaba encima no podía morir por el hierro. Los barones supieron por qué causas no podían matar a estos hombres por medio de la espada; entonces mandaron que los mataran a machetazos, y murieron en seguida. Hicieron que les retiraran las piedras de los brazos y las conservaron con gran cuidado.

Habéis, pues oído esta historia de la derrota de la gente del Gran Khan. Haremos punto y volveremos a proseguir la narración de nuestro libro.

- CLXII - Donde se habla del culto de los idólatras

Los ídolos de Catai y los de Mangi y los de estas islas son todos semejantes. Estas islas tienen ídolos con cabeza de buey, otros con cabeza de cerdo, de cordero, de perro y otros variados. Algunos tienen cabezas de cuatro caras, otros de tres, es decir, una normal y dos a los costados; algunos cuatro manos, otros 10 y otros 1.000. Éstos son los más venerados.

Cuando los cristianos les preguntan por qué hacen así a sus ídolos: «Nuestros antepasados nos lo legaron de esta manera; así lo dejaremos a nuestros hijos y a los que vendrán después de nosotros».

Las patrañas de estos ídolos son tan curiosas y son obras del diablo, que mejor es no escribirlas en este libro, porque sería piedra de escándalo para los cristianos; así que dejaremos a los ídolos y os contaremos otra cosa.

Pero os diré, porque deseo que no lo ignoréis; cuando uno de los idólatras de estas islas secuestra a un hombre que no es amigo de ellos, y éste no puede rescatarse por dinero, invita a sus amigos y congéneres a su casa. Hace asesinar al hombre que ha caído en sus manos y se lo come, en compañía de sus parientes; pero antes lo hace preparar y guisar convenientemente y encuentran que es la mejor carne que darse puede. Y volvamos a nuestro relato: Este mar en que está situada la isla se llama el mar de la China, es decir, el mar que rodea a Mangi, pues los naturales de esta isla, cuando quieren decir la China, dicen Mangi; pero la China está hacia Levante, y tiene, según los pilotos y navegantes que la conocen, 7.448 islas, de las cuales muchas habitadas, y en estas islas no hay árbol que no sea aromático y que no tenga perfume fuerte y agudo, con maderas de gran utilidad, grandes como el alerce, y más grandes aún. Hay especias muy caras: pimienta blanca como la nieve y negra, ambas en gran abundancia. El oro abunda tanto en ellas, que es maravilla, pero están tan lejos y se pasan tantas fatigas para ir a ellas, que no hay muchos que se lleguen allá. Y cuando las naves de Çaiton o de Guinsai atracan a ella es siempre con gran provecho y ganancia. Pero para llegar a ellas tardan un año, pues van en invierno y vuelven en verano, porque los vientos son en esa época favorables, y al volver en estotra, uno sopla en popa en invierno y otro en estío. Esta región está muy alejada del camino de la India, y os dije que se llamaba mar de la China, y quiero que sepáis lo que llamo mar Océano. Pues se dice mar de Inglaterra o mar de la Rochela; así, aquí mar de China y mar de Indias, pero todos éstos son un común denominador, que es el mar Océano.

Ya os contaremos de estas regiones, porque están demasiado alejadas y no hemos llegado a ellas. Ni el Gran Khan tiene nada que ver allí, ni le pagan tributo alguno. De modo que volvamos a Çaiton y a nuestro libro.

- CLXIII - De la región de Ciamba

Partiendo de Çaiton y navegando hacia Poniente, en dirección al garbí, a unas 1.500 millas, se llega a una región llamada Ciamba, que es muy rica y de tierra muy fecunda. Tienen un rey, idioma propio y son idólatras. Han cerrado un pacto con el Gran Khan, comprometiéndose a entregarle cada año elefantes, y os diré de qué manera empezó el rey a pagar este tributo.

En el año 1272 de la Encarnación de Cristo envió el Gran Khan a uno de sus barones, llamado Sogatu, con escolta numerosa y a caballo y a pie, contra este rey Ciamba, y se desató una gran guerra en el reino. El rey, que era muy anciano y no tenía bastantes fuerzas armadas, no pudo defenderse en una batalla cerrada, pero se parapetó en los castillos y ciudades altas y fortalezas, de modo que no tenía cuidado y estaba al amparo de los enemigos. Empero éstos devastaban y destruían todo en el llano. Y cuando vio que éstos le diezmaban la población y arruinaban a su reino, cayó en profunda postración. Entonces mandó a toda prisa a un mensajero al Gran Khan, que le dijo: «Mi señor el rey saluda a su soberano, y le hace saber que siendo muy anciano ha logrado que reine siempre la paz en su señorío. Quisiera ser vuestro vasallo y daros cada año en tributo sus mejores elefantes; os pide dulcemente y os conjura a que hagáis salir de sus tierras a vuestras huestes y barones, que destruyen, pillan y saquean a nuestro desgraciado reino». El mensajero calló y no agregó palabra. Cuando el Gran Khan oyó lo que el anciano rey pedía, tuvo compasión de él. Ordenó a sus barones que en seguida se retiraran del reino y prosiguieran más lejos sus conquistas. De modo que acataron la voluntad de su señor y evacuaron el país. Y desde entonces paga este rey cada año como tributo al Gran Khan 20 elefantes, entre los mejores que encuentra en su reino. Y de esta suerte se sometió al Gran Khan. Dejemos esto para describir su tierra.

Sabed que en este reino ninguna mujer se puede casar sin que antes la vea el rey, y si le gusta la toma por mujer, y si no, le da una dote para que pueda casarse con otro barón. En el año 1285, en que estuve yo, Marco Polo, el rey tenía 326 hijos de los dos sexos, de los cuales 150 eran hombres que podían manejar las armas.

En este reino hay elefantes en cantidad; hay madera de áloe. Tienen muchos bosques y una especie de madera de manzanillo, que es muy negra y de la cual se hacen los escálamos.

No hay va nada notable que mencionar, y nos iremos a la gran isla llamada Java.

- CLXIV - De la isla de Java

Cuando se parte de Ciamba, entre Mediodía y Sudoeste, a 1.500 millas se llega a una isla llamada Java. Según los navegantes, es la isla mayor que hay en el mundo, y tiene más de tres millas de costa. Pertenece a un gran rey y los habitantes son idólatras y no pagan tributo a nadie. Esta isla es de mucha riqueza. Tienen pimienta, nuez moscada y galanga, azufaifas y clavos y toda clase de especias, muy raras. A ella vienen de todas partes un sinnúmero de naves y mercaderes, que compran toda clase de mercancías y hacen grandes negocios. Hay, por tanto, grandes tesoros en ella. Y os digo que el Gran Khan no pudo tomarla, por la travesía peligrosa y el largo camino que lleva a ella.

Ya os conté de esta isla lo que sabía, y abrevio, para volver sobre el particular más adelante.

- CLXV - De la isla de Sondur y de la de Condur

Partiendo de la isla de Java y navegando entre el Mediodía y el Sudeste, a 700 millas se encuentran dos islas, una grande y otra más pequeña, que se llaman Sondur y Condur.

Y de estas islas se tuerce hacia Sudeste y Oriente; a unas 500 millas se encuentra una provincia llamada Locac, que es grande y rica. Tienen un rey y lengua propia. Los habitantes son idólatras. Están libres de tributos y no dependen de nadie, pues nadie puede ir a estas tierras para conquistarlas, que si fuera fácil empresa, el Gran Khan ya las habría conquistado y sometido a su vasallaje. En esta provincia nace el «berçi» doméstico en gran cantidad. Tiene oro en gran abundancia. Tantísimo, que nadie puede creerlo sin verlo. Tienen elefantes y caza. De este reino provienen todas las conchas que se expenden en todas las provincias, como os he dicho. No hay nada más que mencionar. Hay aquí lugares tan salvajes y recónditos, que nadie ha puesto jamás el pie en ellos. Y el rey mismo no quiere que nadie los frecuente, para que no sepan en dónde tiene su tesoro.

Y nos iremos de aquí y os contaremos otra cosa.

- CLXVI - De la isla de Pentan

Partiendo de Locac y yendo a 500 millas hacia Mediodía se encuentra una isla llamada Pentan, que es muy salvaje. Está cubierta de selvas, con plantas aromáticas, árboles de maderas olorosas y de gran utilidad.

De aquí nos internamos entre dos islas, a 60 millas. El agua en este estuario es bajita y no tiene más que cuatro pasos de profundidad, así que conviene que las galeotas y naves alcen el timón, porque no desplazan allí más que cuatro pies. Yendo a Sudeste estas 40 millas, torciendo otras 30, se encuentra una isla y reino que se llama Malaiur. Tienen idioma propio. La ciudad es grande y noble y muy comercial. El tráfico de las especias es su mayor riqueza.

Otra cosa no hay digna de mencionar, y por eso nos llegaremos a la pequeña Java, de la cual os contaremos.

- CLXVII - Aquí se menciona la isla de Java la menor

Partiendo de la isla de Pentan y torciendo a Sudeste, a 100 millas se encuentra la isla de Java la Menor. Pero sabed que, aunque pequeña, mide dos millas de costa, y os haremos el relato de lo que sabemos de ella.

En esta isla hay ocho reinos y ocho reyes coronados. Son idólatras y tienen idioma propio. Es abundante en productos de toda clase: madera de áloe o zábila, espicanardo y otras especies que jamás se ven en otros países. Os contaré las costumbres de estos habitantes, que son muy independientes. Primeramente os contaré una cosa que os parecerá extraña. Esta isla se halla situada tan al Mediodía, que en ella no se ve la estrella del Norte. Pero volvamos a las costumbres de los hombres, y os contaremos del reino de Ferlec.

Hubo en este reino de Ferlec unos negociantes sarracenos, que vinieron con sus naves y convirtieron a los indígenas a la ley de Mahoma (los de la ciudad, que los de los montes son como animales). Son antropófagos y comen toda clase de carnes, buenas y malas. Adoran varias cosas. Cuando madrugan, la primera cosa que ven al levantarse la adoran. Después de Ferlec os contaré del reino de Basman.

Saliendo de este reino de Ferlec se entra en el reino de Basman. Es un reino independiente, de idioma propio. Son gente completamente salvaje, sin ley como las bestias. Se dicen súbditos del Gran Khan, pero no le pagan ningún tributo, porque estando tan separados del mundo, nadie puede llegar hasta ellos; pero a veces le envían presentes de cosas curiosísimas. Tienen elefantes salvajes y rinocerontes tan grandes como los elefantes, con el pelo de búfalo y las patas como ellos; un cuerno en medio de la frente, gordo y negro. Pero no es con el cuerno con el que hieren, sino con la lengua; sobre ella tienen un aguijón muy largo, de modo que el daño lo producen con la lengua. La cabeza parece la de un jabalí salvaje; la lleva inclinada hacia la tierra. Es un animal muy feo. No es verdad que se dejen tomar por una doncella virgen, pues son temibles y lo contrario de lo que cuentan. Aquí hay cisnes de toda especie de variado plumaje. Tienen gavilanes negros como el carbón; son muy grandes y cetrean muy bien.

Quiero desmentiros lo que dicen los pigmeos de las Indias. Hay, en realidad, en la isla una especie de monos muy pequeños, con la cara como los hombres. Los hombres los cogen y les arrancan todo el pelo y sólo les dejan los pelos en la barba y en el posterior; luego los hacen secar y los adoban con alcanfor o con otras especias, de modo que tienen semblanza de hombres. Pero es que al adobarlos y cocharlos y enviarlos a vender han hecho creer que son hombres. Pero en la India nunca se ha visto un hombre, por pequeño que sea, de este tamaño inverosímil.

No diremos más de este reino, pues ya no hay nada notable que apuntar y seguiremos al reino llamado Sumatra.

- CLXVIII - En donde se habla del reino de Sumatra

En las proximidades de Basman se encuentra el reino de Sumatra, que pertenece a este grupo de islas, en donde yo mismo, Marco Polo, he vivido cinco meses, en la época en que no nos dejaron continuar nuestro viaje. La estrella del Norte sigue sin parecer. Aquí tienen un rey muy rico y poderoso. Son salvajes y se dicen súbditos del Gran Khan. Por esta razón nos quedamos cinco meses aquí. Pusimos pie en tierra y nos construimos una casa de maderos y ramas y nos quedamos en ella por miedo a los malos hombres y a las bestias. Aquí se pescan los mejores peces del mundo. No hay trigo, pero viven de arroz. No tienen tampoco vino, pero se procuran una bebida del modo siguiente: tienen una especie de árbol, al cual le cortan una rama y le arriman a la herida un puchero y en la noche se llena de líquido. Estos árboles se parecen a una pequeña datilera, y tronchando una palma de las cuatro que suelen tener se obtiene cuanto vino se desea. Y hay más: cuando la hendedura no segrega más jugo se le echa agua a la raíz y al poco tiempo destila otra vez el zumo. Y hay una especie blanca y otra roja. Tienen muchos cocos de India, gordos y sabrosos. Los indígenas comen toda clase de carnes, buenas y malas.

Pues os hemos contado de este reino, lo dejaremos para contaros del reino de Dagroian.

- CLXIX - Del reino de Dagroian

Dagroian es un reino independiente, que tiene lengua propia; pertenece al estuario de la isla de Java. Tienen un rey. Las gentes son muy salvajes y se dicen sujetos del Gran Khan; son idólatras, y os contaré sus costumbres.

Sabed en verdad, que si uno de entre ellos cae enfermo, los parientes mandan a buscar a los magos y les preguntan si el enfermo podrá sanar. Y estos magos, por sus hechizos o por medio de los ídolos, saben si sanarán o si están condenados a morir. Cuando dicen que van a morir, los parientes del enfermo llaman a ciertos hombres encargados de matarlo, puesto que están perdidos. Y estos hombres vienen y le amordazan de forma que lo ahogan. Y cuando se mueren lo hacen cocer y toda la familia viene a comerlo. Y se comen hasta los tuétanos, porque no quieren que quede sustancia alguna que críe gusanos, los cuales, ya no teniendo que comer, se morirían, y pretenden que con ello el difunto se perjudicaría y moriría en pecado. Luego recogen los huesos, los ponen en una bonita arqueta y se los llevan a unas cavernas, tan altas, en la montaña, que ningún cuervo o animal las puede alcanzar.

Y también si pueden cogen a un hombreque no sea de la región mátanle para comérselo en seguida y ésta es una costumbre horrenda.

Dejemos a este triste reino e internémonos en Lambri.

- CLXX - Donde se habla de Lambri

Lambri es un reino cuyo rey se dice súbdito del Gran Khan. Son idólatras. Hay berçis en gran abundancia y alcanfor y otras especias, muy finas y caras. Y el berçi crece en pequeños tallos, y cuando está crecido en esta forma lo arrancan y lo plantan en otro lugar y allí le dejan tres años y luego lo desentierran con toda la raíz. Llevamos esta simiente a Venecia y la sembramos, pero no creció absolutamente nada, y esto creo que fue por el frío.

Y os contaremos otra cosa, que es extraordinaria: En este reino hay hombres que tienen una cola larga un palmo. Y no tienen pelo y son muchos. No viven en la ciudad, sino en la montaña. Y las colas son gordas como las de un perro. Tienen rinocerontes y caza en cantidad.

De Lambri iremos a Fansur.

- CLXXI - Del reino de Fansur

Fansur es un reino independiente. Tiene rey y son idólatras y vasallos del Gran Khan. Son de la misma isla de los arriba mentados. Y en esta isla crece el mejor alcanfor del mundo, llamado canfora-fansuri, que vale más que ninguno. Se vende a peso de oro, y no tiene, por lo demás, ni trigo, ni cereales; se alimentan de arroz y de leche. Tiene vino de palmera, como os conté anteriormente. Y otra cosa os referiré, que es maravillosa:

En esta provincia tienen harina, que sacan de los árboles, de una especie de árboles magníficos y esbeltos; estos producen una sustancia harinosa. Tienen una corteza fina, y entre ésta y el tronco se halla un polvillo de harina. Hacen con ella muchas pastas, muy ricas; nosotros mismos las catamos y las comimos varias veces.

Hemos hablado de este reino, que forma parte de la isla; del lado opuesto no contaremos nada, porque lo desconocemos, no habiendo llegado a él. Dejaremos estas cosas para dirigirnos a una pequeña isla llamada Ganenispola.

- CLXXII - De la isla de Necuveran

Partiendo de Java y del reino de Lambri, yendo por tramontana cerca de 150 millas, hay un trozo de tierra de 25 millas, que llaman Necuveran. No hay nadie que rija a estos hombres, completamente salvajes, que andan desnudos y no cubren absolutamente sus cuerpos. Son idólatras. Sus inmensos bosques y selvas están poblados de árboles gigantescos, de las más ricas maderas. Allí el sándalo bermejo, las nueces de Indias, el clavo, el bergi, y otras especias. Pero nada notable hay que apuntar en sus costumbres. Así que pasaremos de largo y hablaremos de otra isla llamada Angaman.

- CLXXIII - De la isla de Angaman

Angaman es una isla muy grande, sin ley ni rey. Son idólatras, viven como los animales salvajes. Y tenemos que apuntar en el libro una extraña visión de estas gentes. En esta isla los hombres tienen cabeza y dientes de perro, y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y antropófagos y se comen cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes. Tienen especias variadas en abundancia. Se alimentan de arroz, leche y toda clase de carnes. Las frutas que comen son muy diferentes a las nuestras.

- CLXXIV - De la isla de Seilán (Ceilán)

A mil millas, más o menos de distancia (partiendo de Angaman) hacia Poniente se encuentra la isla de Seilán, que es en realidad de una gran hermosura. Es muy extensa, y trataré de demostrarlo con cifras. Mide cerca de 2.400 millas, según los apuntes en los mapas y la cartografía de estos mares. Pero el viento que sopla de tramontana es tan fuerte que ha sumergido parte de la isla en el mar, y por eso ya no tiene esas dimensiones de antaño.

Haremos, pues, la descripción de la isla: Tiene por rey un sujeto llamado Sendemain. Son idólatras. No pagan tributo a nadie. Van completamente desnudos, salvo en las partes naturales. No tienen trigo, pero sí arroz y unas especies de cinamomos, de los que sacan el aceite. Viven de leche y carne. Beben aquel vino de palmera del que os he hablado ya. Tienen berçis en gran abundancia y exquisitos. Y apuntaremos la cosa más preciada que poseen, que son los más bellos rubíes del mundo y zafiros, topacios, amatistas y criptofacios y otras piedras finas. El rey de esta isla posee el más preciado rubí y el mayor que he visto en mi vida, ni veré. Os diré el tamaño de esta piedra: es ancha un palmo y gorda como el brazo de un hombre; es la joya más hermosa que ver se pueda, sin ninguna mancha, roja como el fuego, de un valor tan incalculable que no habría dinero que lo pagara. El Gran Khan mandó decir al rey que si se la cedía le daría en cambio el valor de una ciudad entera. El rey contestó que no la daría por nada del mundo, porque la había heredado de sus antepasados, y por estas razones el Gran Khan no la pudo obtener. La raza aquí no es gallarda, sino raquítica y miserable. Pero si necesitan defenderse, toman hombres de otras regiones, especialmente sarracenos, que emplean como mercenarios.

Ya no hay nada digno de mención, y seguiremos a Maabar (Malabar).

- CLXXV - De la provincia de Maabar (Malabar)

Abandonando Seilán, a 60 millas hacia Poniente, se encuentra la gran provincia de Maabar, que llaman la Gran India, y es, en efecto, la más importante de las regiones. Esto ya es tierra firme. En esta isla hay cinco reyes, que son hermanos carnales; los iremos estudiando uno por uno.

En la capital de la provincia reina uno de estos hermanos, que tiene por nombre Sender Bandi Devar. Es el reino de las perlas. Os contaré cómo se hallan y se pescan. Hay en este mar un arrecife entre una isla y tierra firme. En todo él no hay ni 10 pies de agua; en otros 12, y en otro tan sólo 2. Aquí se recogen las perlas. Arman pequeñas embarcaciones y van al arrecife desde el mes de abril a mitad de mayo, en un lugar que se llama Bettalar. Se alejan en el mar unas 60 millas, y allí echan las anclas, y en pequeñas embarcaciones se acercan a los criaderos de perlas. Hay para esto varios mercaderes que explotan el negocio y forman compañías, que contratan a un número determinado de hombres, desde abril a mitad de mayo, mientras dura la pesca. Y los mercaderes dan el porcentaje que os diré: al rey, ante todo, una décima parte; al «encantador de peces» (para que éstos no causen perjuicio a los que se zambullen en el mar), otra décima parte; para la pesca de las perlas, la vigésima parte. Estos encantadores de peces son los abrayamanes que hechizan a los peces, pero de día solamente, pues de noche no tienen ningún poder, y están libres de hacer el mal. Estos abrayamanes encantan no sólo a los peces, sino a los pájaros también. Cuando llegan las almadías, los hombres que están en pequeñas embarcaciones, pagados por los mercaderes para este oficio, se zambullen en el agua: éste a una profundidad de cuatro pasas, aquél de cinco y hasta de doce, aguantan debajo del agua cuanto pueden. Cuando están en el fondo del mar recogen unas conchas, que llaman ostras de mar, y en estas ostras se encuentran perlas,pequeñas y grandes, de todas formas, pues las perlas se contienen en la pulpa de estas conchas.

Y de este modo pescan las perlas en cantidades enormes. Las perlas que aquí se hallan se venden luego por el mundo entero. El rey de esta comarca las tiene a granel, lo que constituye para él un gran tesoro.

Después de la mitad del mes de mayo ya no se encuentran conchas que contengan perlas; pero las hay 300 millas más lejos desde septiembre a la mitad de octubre. En esta provincia de Malabar no hacen falta ni sastres ni zapateros para cortar paños y cueros, porque todo el mundo va desnudo en toda estación. Sólo se cubren sus partes naturales con un lienzo.

El rey, como los demás, va todo desnudo, salvo que cubre su virilidad con un paño más rico que los demás y lleva un collar o más bien una franja de piedras preciosas. También lleva colgado del cuello un cordón con 104 perlas grandísimas y rubíes de gran valor. ¿Por qué 104 perlas y piedras? Porque está obligado cada mañana y cada noche a decir 104 plegarias o invocaciones a sus ídolos. Es lo que les manda la fe y sus costumbres; así lo hicieron sus antepasados, y así lo hacen ellos, y por eso el rey lleva sus 104 perlas al cuello. En tres partes del brazo lleva además brazaletes de oro cuajados de piedras gordas y de gran precio. En las piernas lleva otros aros de oro con piedras finas también. En los dedos de los pies lleva anillos con piedras muy gruesas. Lleva, en fin, un tal tesoro en pedrerías, que vale lo que una ciudad entera. Y nadie podría estimar lo que aquello vale, y no es maravilla, pues todo eso se encuentra en su reino en cantidad.

Y os diré otra cosa: nadie puede, sin embargo, llevarse del reino ninguna piedra ni perla ni gruesa ni cara, que pese más de un medio «sazo» en adelante. El rey manda que cuantos tengan perlas y piedras finas las lleven a su corte y él se las compra a buen precio. La costumbre es que pague el doble de lo que le piden. De modo que los mercaderes prefieren venderlas a la corte porque allí se las pagan mejor que nadie. Y por eso este rey posee tantas riquezas y tantos tesoros.

Os he contado todo esto, pero me quedan aún muchas cosas maravillosas que deciros.

Sabed que este rey tiene 500 mujeres legítimas. En cuanto ve a una bella mujer o damisela la quiere para él. E hizo una vez lo que vais a oír: Uno de sus hermanos carnales tenía una mujer muy bella; al rey se le antojó y la cogió para él, y su hermano que lo supo lo sufrió con paciencia y no se rebeló contra él.

Os contaré de otra cosa asombrosa de este rey: sus súbditos son de una fidelidad y devoción sin igual, que no sólo perdura en este mundo, sino en el otro. Estos leales sirven al señor en su corte y cabalgan con el rey y le hacen compañía y tienen gran prestigio en todo el reino. Allí donde va el rey van ellos, gozando de gran poder ellos también.

Cuando el rey muere queman su cuerpo en un rogo o pira monumental; entonces sus barones, que nunca le abandonaron, se echan al fuego y se abrasan para ir a hacerle compañía al otro mundo. Y hay otra extraña costumbre en este país. Cuando el rey muere y deja un gran tesoro, sus hijos no le tocarían por nada del mundo, pues dicen: «Tengo el reino de mi padre y a todas sus gentes; puedo, pues, procurarme un tesoro como él se lo procuró». De modo que no tocan el tesoro y van acumulando otro suyo propio. Y por eso los tesoros son incalculables en este reino.

En esta región no se crían caballos, y toda la renta la emplean en gran parte en adquirirlos de la manera siguiente: los mercaderes de Curmos y de Cuisci y de Dufar y de Escer y de Adan -esta provincia tiene muchos caballos y corceles- compran caballos o los crían; cárganlos luego sobre sus naves y se los llevan al rey y a sus cuatro hermanos. Les dan por cada caballo 500 «sazos» de oro, lo que es más de 100 marcos de plata. Todos mueren por lo general, porque no tienen almohazador para cuidarles y por falta de vigilancia. Y los mercaderes que se los venden se guardan muy bien de llevarles gente que los cuiden, porque cuantos más caballos mueren más provecho tienen.

Os referiré otra extraña costumbre. Cuando un hombre comete algún delito y le condenan a muerte, y el señor le tiene que hacer ejecutar, el que debe morir dice que quiere matarse a sí mismo en honor y amor a sus ídolos. Es costumbre que el rey se lo conceda. Entonces parientes y amigos se conciertan para procurarle cuchillos afilados, y le llevan por toda la ciudad en una silla de mano con los cuchillos colgando del cuello, pregonando: «Este valiente que aquí veis se quiere matar a sí mismo por amor a su ídolo». Y de esta manera le dan la vuelta a la ciudad. Llegados al lugar en donde se hace justicia, el condenado a muerte empuña un cuchillo y grita en alta voz: «Me mato por amor a tal ídolo». Después de pronunciar estas palabras, se hiere en un brazo; luego coge otro y se hiere en el otro brazo, y, por fin, toma un tercero y se da una cuchillada en el vientre. Y tanto se hiere, hasta caer exánime. Cuando ha muerto, sus parientes queman el cadáver en medio de las demostraciones de mayor júbilo.

Hay en este reino otra costumbre: cuando muere un hombre y su cadáver se está consumiendo en el fuego, su viuda se echa en las llamas y se hace quemar con su marido. Y las mujeres que lo hacen son citadas como ejemplo y las ensalzan mucho. Y no creáis que son pocas, sino muchas las que lo hacen.

Y todos adoran a los ídolos: algunos adoran al buey porque dicen que es un animal muy bueno, y nadie mataría jamás a un buey ni comería de su carne. Pero hay una clase de hombres, llamados «gavi», que comen la carne de buey, pero no se atreven tampoco a matarle. Si un buey se muere de muerte natural, o violenta, entonces estos «gavis» se lo comen. Pero antes de esto untan sus casas con la medula del animal.

Otra costumbre de este pueblo es que el rey y sus barones y todos sin excepción que sientan en el suelo. Y cuando se les pregunta por qué no se sientan más dignamente en escabeles, contestan: «Que la tierra es una cosa honorable; que puesto que ellos están hechos de tierra y deben volver a ella, hay que respetarla y nadie debe atreverse a despreciarla». Los «gavis» (que son la categoría de gente que comen buey cuando murió de muerte natural) son los hombres cuyos antepasados mataron a Santo Tomás Apóstol. Y todos los llamados así no pueden entrar en el lugar donde está el cuerpo de micer Santo Tomás, pues 10 hombres no podrían sujetarle, ni 20 tampoco, en donde está el cuerpo del santo, porque hay una fuerza que los rechaza violentamente, y no pueden permanecer allí: esto en virtud del cuerpo del santo.

En este reino tienen arroz, pero no crece el trigo. Si un hermoso caballo cubre a una buena yegua, nace luego un caballito enclenque, con las patas torcidas y endebles, y no hay medio de montarle, pues no vale nada. Esta gente va a la batalla con lanzas y escudos y completamente desnudos. No son valientes ni arrojados; no matan ni a pájaros ni a ningún animal, y si quieren carne de carnero, se lo mandan matar a un sarraceno o a otros forasteros que no obedecen a su ley.

Los hombres y las mujeres se lavan diariamente todo el cuerpo, es decir, mañana y noche, y no comen ni beben sin hacer antes sus abluciones. Y el que no se lave dos veces al día es tenido por soez y grosero.

En este país se castigan muy severamente los homicidios y robos y otros delitos. Tampoco beben vino, y el que acostumbra a beberlo no lo escogen nunca para testigo y nadie garantiza por él, pero tampoco lo hacen con los navegantes, porque dicen que el que va sobre el mar está desesperado y por eso encuentran que no vale para testigo. Pero, en cambio, no tienen por pecado a ningún pecado de lujuria.

Hace en estos parajes un calor sofocante; por eso van desnudos. Jamás llueve, excepto en junio, julio y agosto. Y si no fuera por el agua que cae durante estos tres meses y que refresca el aire, se morirían de calor. Pero las lluvias mitigan el clima.

Hay entre ellos sabios de un arte que llaman fisionomía, es decir, conocer al hombre y a la mujer por la cara y decir sus cualidades buenas y malas. Y esto lo conocen a simple vista. Saben mucho de agüeros, de la significación del vuelo de los pájaros y de los encuentros de ciertos animales. Conocen los presagios mejor que nadie en el mundo y saben lo que es bueno y lo que es malo. Si un hombre que marcha por un sendero oye un ruido y le parece favorable, sigue su camino; si le parece adverso, se sienta y espera un rato para proseguir, o vuelve a su casa.

En cuanto nace un niño, varón o hembra, el padre o la madre le inscriben en un registro: dejan escrito el día del nacimiento, el mes, la luna y bajo qué signo y constelación ha nacido. Y esto lo hacen siempre obrando de acuerdo con los astrólogos y adivinos, que conocen los hechizos, las artes mágicas y la nigromancia, y también entre ellos hay quien entienda de astronomía.

En este reino tienen toda clase de pájaros, de una variedad increíble, pero no se parecen nada a los nuestros, salvo la codorniz, que es igual a la de nuestra tierra. También se ven murciélagos, pájaros volátiles con cuerpo de ratón, pero sin plumas, y que vuelan de noche. Éstos son grandes, como gavilanes. Los halcones que se ven por allí son enteramente negros como los cuervos, vuelan muy alto y cazan magníficamente. Os diré otra cosa digna de contarse: a sus caballos les dan de comer carne cocida con arroz y otros alimentos, cocidos también.

En los monasterios veneran a ídolos de ambos sexos y consagran muchas jóvenes a estos dioses. Os diré cómo se celebran estas ceremonias, en que el padre y la madre ofrecen sus hijas a los ídolos de que son más devotos. Cuando las monjas de estos monasterios invitan a las mozas para que vengan al convento a honrar a los ídolos, éstas acuden presurosas y cantan y tocan y hacen gran jubileo. Y estas jóvenes se presentan en gran número, y más de una vez por semana y por mes llevan de comer a los ídolos. Preparan viandas y dulces y otros deliciosos manjares; suben al altar, le aparejan una mesa con todos los alimentos que han traído y en el centro colocan la pieza más importante. Mientras tanto cantan y tañen los instrumentos y bailan graciosamente. Y acabado el banquete, tal como pudieran ofrecérselo a un poderoso barón o a una persona de gran consideración, dicen que el ídolo ha comido la sustancia de la carne. Entonces se ponen ellas a la mesa y comen todas en compañía, con gran regocijo. Luego, cada cual vuelve a su casa. Y casi todas las mozas hacen lo mismo en este reino, hasta que se casan.

Describimos las costumbres de este gran reino y ahora os narraremos de otro llamado Mutfili.

- CLXXVI - Del reino de Mutfili

Mutfili es un reino que se encuentra hacia tramontana a más de mil millas de Maabar, más o menos. En él gobierna una reina que es una gran mujer. Hace ya cuarenta años que su marido murió y ella le tenía gran amor; así, dijo a su muerte que como le quería más que así misma, no tomaría otro esposo, y por esa razón no volvió a casarse. Y en estos cuarenta años administró perfectamente la justicia en su reino, tan bien como lo hubiera hecho su marido. Y os aseguro que es más querida de sus súbditos que jamás lo fue ni dama ni señor.

En este reino son idólatras. Viven de arroz, de carne y de leche. En él se encuentran muchos diamantes, y os diré cómo los cogen.

Hay, como os digo, en el reino varias montañas en las cuales se encuentran diamantes. Cuando cesa la lluvia, que corre a torrentes por la montaña, por riscos y cavernas, los hombres buscan en los vados por donde ha pasado mucha agua los brillantes, y los encuentran en gran cantidad. En verano especialmente, cuando se secan los manantiales, es cuando más se encuentran. Pero hace tanto calor, que no hay quien lo resista. Además, en la montaña hay multitud de serpientes, tan grandes y ponzoñosas, que los hombres no pueden ir confiados. No obstante, ellos van como pueden y encuentran espléndidos diamantes. En cuanto a las serpientes, son venenosísimas y muy malas, y precisamente se esconden en las cavernas en donde esos hombres arriesgados van a buscar los diamantes. Pero también los obtienen de otra manera. Hay un despeñadero profundo y abrupto, a cuyo fondo es imposible llegar; pero los hombres hacen lo siguiente: toman pedazos de carne que lanzan con fuerza al abismo en donde se encuentran los diamantes en gran abundancia; al llegar al fondo del precipicio se clavan en ellos. En estas montañas habitan muchas águilas blancas y buitres, que se alimentan precisamente de serpientes. Cuando estas águilas ven la carne en el fondo del precipicio, se abalanzan sobre ella y se la llevan a sus nidos entre los riscos. Los hombres miran con atención en dónde se ha refugiado el águila, y con la mayor presteza gatean hacia aquel sitio. El águila, espantada al verles aparecer, alza el vuelo, abandonando la carne, en la cual hay siempre clavados unos cuantos diamantes. Hay un tercer modo de procurarse los diamantes: las águilas que devoran la carne no paran en mientes y se tragan los diamantes también, que luego vuelven a desechar en los excrementos, y entre este guano también suelen los hombres encontrar los diamantes.

Ya habéis oído las tres maneras de buscar diamantes. Y éste es el único reino que produce tales piedras. Pero, eso sí, son grandes y magníficos, y los mejores no son, por cierto, los que llevan a tierra de cristianos, sino los que le traen al Gran Khan y a los reyes y barones de estas variadas provincias, reinos y señoríos. Porque como tienen grandes riquezas compran las piedras más caras.

Os conté lo de los diamantes y ahora os narraré otras cosas. Sabed que en este reino se fabrican los mejores bocacís, los más bellos y transparentes que se tejen en el mundo; son delicadísimos, comparables a las telas de lino más finas; no hay reina ni rey que no los emplee, por lo suaves y bellos.

En este reino abundan los animales, y los carneros son especialmente grandes. Tienen gran abundancia de cuantas cosas se necesitan para bien vivir.

Otra cosa no hay que mentar; así, dejaremos este reino y continuaremos hacía el lugar en donde se encuentra el cuerpo de micer Santo Tomás Apóstol.

- CLXXVII - Donde se trata del lugar que guarda el cuerpo de Santo Tomás Apóstol

El cuerpo de mícer Santo Tomás Apóstol está en la provincia de Malabar, en una pequeña ciudad; no hay navegante ni mercader que venga por aquí, por lo extraviado que se halla este lugar. Bien es verdad que cristianos y sarracenos vienen a ella en peregrinación, pues también los sarracenos de estas regiones veneran al santo, pues dicen era sarraceno y un gran profeta, y lo llaman «avarian», que quiere decir santo varón. Y sabed que allí sucedió el milagro que os voy a contar.

Los cristianos que allí llegan en peregrinación toman de la tierra del sitio en que lo mataron y se la llevan a sus países, dándosela a beber en infusión a los enfermos que tienen calenturas o fiebres cuartanas o tercianas, y en seguida sanan. Y esto ocurre con todos los que beben de esta tierra, que tiene un color rojizo.

Y os contaré de un milagro que sucedió en el año 1288 de la Encarnación de Cristo. Un barón de estos pagos tenía una cantidad de arroz y llenó con éste todas las casas que rodeaban la iglesia, para guardarlo. Los cristianos que custodiaban la iglesia y el cuerpo del Santo vieron con disgusto que este barón idólatra hacía llenar las casas y que los peregrinos ya no tenían en donde hospedarse, y le instaron a que no lo hiciera. Pero no les valió ni las buenas ni las malas; el barón no oyó sus súplicas y siguió llenando de arroz las casas circunvecinas. Cuando acabó de llenar éstas, se produjo un milagro que ahora os contaré. En la noche, mientras dormía, se le apareció al barón Santo Tomás con una horca en la mano, se la puso en la garganta y le dijo: «Vaciarás inmediatamente las casas o morirás de muerte violenta». Y diciendo esto le apretaba la garganta con la horca, de modo que el varón se sentía morir. Hecho esto, micer Santo Tomás abandonó el cuarto y desapareció, y el barón se levantó de madrugada e hizo vaciar todas las casas. Y todo lo que había pasado lo tuvieron por milagroso. Holgáronse mucho los cristianos y cantaron gozosos las preces a micer Santo Tomás y bendijeron su santo nombre. Y os digo que todo el año suceden otros milagros. Particularmente cuando se trata de sanar padecimientos y curar a los lisiados.

Y os contaré ahora cómo mataron al Santo. Cuando éste salía de su cenobio en el bosque y elevaba sus preces a Dios, en torno a él había una cantidad de pavos reales (pues aquí los hay en todas partes); un pagano que era del linaje de los «gavis» lanzó una flecha a uno de estos pavos reales que rodeaban al Santo. El «gavi» no vio al Santo, pero la flecha que creía haber lanzado al pájaro se clavó en el costado derecho de Santo Tomás, y después de recibir este flechazo se puso a rezar dulcemente y se durmió en el Señor. Pero también es cierto que antes de venir a esta tierra en donde finó, había hecho muchas conversiones en Nubia, y os lo contaremos en su tiempo y lugar en este mismo libro.

Os he hablado de micer Santo Tomás y ahora nos ocuparemos de otras cosas. Cuando nace un niño lo tintan una vez por semana con aceite de «sosiman», y esto le hace parecer más moreno. Porque cuanto más negros son, más los aprecian y los encuentran más hermosos.

Toda esta gente hace retratar y colorear a sus dioses, y todos sus ídolos están pintados de negro y los diablos o espíritus malignos de blanco como la nieve. Porque dicen que Dios y los Santos son negros y los diablos son blancos; así es como los representan ellos y pintan a sus imágenes.

En el ejército, como tienen gran fe al buey y lo tienen por cosa santa, cogen pelos de buey salvaje y el caballero lo hace trenzar en las crines de su caballo, y el soldado lo pega a su escudo o rodela. Y esto lo hacen porque creen que en virtud de ese pelo escaparán al peligro y se salvarán de todo accidente. Y así hacen todos los que van a la guerra, y por esto el pelo del buey salvaje tiene gran valor, pues el que no lo tenga no está ya seguro de nada.

Hemos hablado de esta materia; nos iremos y os contaremos de una provincia de los abrayamanes.

- CLXXVIII - De la provincia de Lar, en donde nacieron los abrayamanes

Lar es una provincia hacia Poniente, dejando atrás el lugar en donde yace el cuerpo de Santo Tomás Apóstol. En esta provincia han nacido todos los abrayamanes del orbe, y originariamente salieron de allí. Estos abrayamanes son los mejores mercaderes del mundo y los más leales y honrados; jamás mienten, y antes morirán que faltar a la verdad.

Ni comen carne ni beben vino. Llevan una vida honesta, según sus costumbres. No se acuestan más que con sus mujeres y son incapaces de robar. No matan ni a los animales, y no harían cosa que ellos consideraran pecaminosa. Se reconocen los abrayamanes por un distintivo que llevan. Sabed que todos los abrayamanes llevan un cordón de algodón en el hombro, que se atan al brazo, de forma que el algodón pasa por la espalda y les cruza el pecho, y por esta señal los reconocen por todos los lugares donde van. Tienen un rey rico y poderoso que posee un gran tesoro. Este rey compra perlas y piedras preciosas y ha dispuesto que todos los mercaderes que vienen del reino de Maabar le traigan cuantas piedras finas tengan. Ésta es la provincia más gentil que hay en toda la India y es donde se encuentran las mejores perlas. Los abrayamanes van al reino de Maabar y compran todas las perlas para vendérselas a su rey. Le dicen el precio que les han costado, y es costumbre que el rey les haga dar inmediatamente el doble. Por esto posee las mejores y más gruesas del mundo.

Los abrayamanes son idólatras y consultan los oráculos y el vuelo de los pájaros; creen en mil agüeros, y os contaré lo que suelen hacer.

Tienen, entre otras, la siguiente costumbre: Cada día de la semana ponen una señal. Si quieren adquirir una cosa o venderla se ponen al sol, y mirando a su sombra, exclaman: «¿Qué día es hoy? El tal». Entonces miden su sombra; si es tan larga como debe ser ese día, cierran el trato; si no lo es, no hacen el negocio, pero esperan que su sombra sea como debe ser y antes de eso no concluyen el negocio.

Os diré otra cosa más curiosa. Cuando van a efectuar algún negocio se hacen traer una tarántula (que las hay en abundancia en esos países); si viene del lado que creen propicio, compran la mercadería; pero si la tarántula se va por otro lado que ellos consideran nefasto, deshacen el compromiso.

Si salen de sus casas y oyen que un hombre estornuda lo toman por un signo adverso y se vuelven atrás. Cuando un abrayamán va por un sendero y ve venir a él una golondrina o a izquierda o derecha, si vuela del lado que él considera feliz, sigue su camino; si, en cambio, vuela del lado opuesto, vuelve a su casa y no sale ya más en ese día.

Los abrayamanes viven más años que los demás mortales, y esto es porque comen poco y son muy abstinentes. Sus dientes son magníficos, debido a una hierba que suelen mascar, que es muy saludable al cuerpo. Los abrayamanes no se sangran jamás, ni se sacan sangre de ninguna parte.

Tienen sacerdotes que se llaman «ciugui», que viven más que los otros hombres. Suelen vivir de ciento cincuenta a doscientos años; son tan robustos, que pueden ir y venir a donde quieran sin estar jamás enfermos, y cumplen con su obligación en el monasterio lo mismo que los jóvenes. Y esto es debido a la gran abstinencia que guardan. No toman más que arroz y leche. Os diré cómo comen estos «ciugui» que acalzan tanta longevidad.

Toman mercurio y azufre y lo mezclan y hacen con él una pócima; luego lo beben y dicen que esto prolonga la vida. Y no hay duda que viven muchísimos años. Esta bebida la toman dos veces al mes y desde su más tierna infancia.

En este reino de Maabar tienen una religión que también se llama «ciugui», cuyos adeptos son tan abstinantes y llevan una vida de muchísimas privaciones como no podéis imaginarlo. En verdad van completamente desnudos y no llevan absolutamente nada para cubrirse ni para esconder sus cuerpos.

Adoran al buey, y la mayoría de ellos llevan un pequeño buey de bronce o de cobre en mitad de la frente (naturalmente que se lo colocan allí). Queman los excrementos del buey y los reducen a polvo; luego se untan con él varias partes del cuerpo con mucho recogimiento, como lo hacen los cristianos con el agua bendita.

No comen ni en cuenco ni en plato, sino sobre grandes hojas. Pero no en hojas verdes, sino hojas secas, porque dicen que las verdes tienen un alma y que sería un gran pecado. Porque ya os digo que se guardan de hacer todo aquello que consideran pecaminoso más que ninguna otra criatura en el mundo. Cuando alguien les pregunta por qué van desnudos y si no tienen vergüenza de enseñar así sus partes naturales, contestan: «Vamos desnudos porque así vinimos al mundo y no queremos nada del mundo. Y no tenemos vergüenza porque no pecamos, y no es vergüenza mostrar la cara, ni las manos, ni otro miembro con el cual no cometemos pecado de lujuria. Pero como vosotros habéis prestado vuestros cuerpos a la lujuria, tenéis vergüenza de enseñarlos y los lleváis cubiertos. Pero no nos avergonzamos de enseñarlos, como no nos avergüenza de enseñar nuestro dedo, porque con él no pecamos». Y ya os digo: por nada matarían a alguien, ni siquiera a un animal ni a moscas ni pulgas ni piojos, porque dicen que tienen alma. Y no comen nada, ni gusanos, ni hierbas ni raíces hasta que no estén secas, porque, según ellos, todo lo que vive tiene un alma. Duermen en el suelo, completamente desnudos, ni nada encima ni debajo, y es un milagro que no se mueran y vivan tanto tiempo. Ayunan todos los años y en ese tiempo no toman más que agua.

Tienen un clero regular, que mora en los monasterios para servir a los ídolos, y le ponen a prueba del modo siguiente: Hacen venir a unas vírgenes consagradas a los ídolos y les mandan que experimenten en estos hombres -que son a su vez guardianes de los ídolos- su poder de seducción. Y al que sucumbe al halago, lo echan de allí inmediatamente, y dicen no consienten quede allí ese hombre dado a la lujuria. Así son de crueles e idólatras.

Además, queman los cadáveres porque si no crían gusanos, y dicen que una vez que los gusanos han devorado el cuerpo no tendrían ya que comer y se morirían de hambre, y con eso el alma del difunto cometería un pecadodejando de alimentarlos. Porque, según ellos, el gusano también tiene un alma.

Ya que os contamos estas extrañas costumbres de los idólatras, nos iremos de aquí y os contaremos una historia admirable de la isla de Seilán.

- CLXXIX - En donde se habla nuevamente de la isla de Seilán

Seilán es una isla que ya os he descrito. En esta isla hay una montaña muy alta con rocas escarpadas y riscos tan a pico, que nadie puede escalar si no es de la manera que os explicaré. De esta montaña cuelgan cadenas de hierro arregladas en tal forma que los hombres pueden subir hasta la cúspide de la montaña con la ayuda de estas cadenas, y encima está el monumento a Adán, nuestro primer padre. Los sarracenos dicen que es el sepulcro de Adán y los idólatras dicen que es el monumento de Sergamoni Borchan.

Y este Sergamoni fue el primer hombre a quien representaron como ídolo. Porque, según ellos, esta criatura fue el mejor de los hombres y el primero que consideraron santo y en nombre del cual hicieron un ídolo. Y éste fue hijo de un gran rey rico y poderoso. Este joven príncipe era de vida tan ejemplar que no quería ni oír hablar de que un día sería rey. Cuando oyó su padre que no quería reinar y que tenía despego por las cosas del mundo, montó en cólera. Le ofreció coronarle y dejarle que gobernara el país según su voluntad y entendimiento. Y quiso abdicar y dejar su corona para que él fuera el único señor. Su hijo protestaba que nada deseaba, y cuando su padre vio que no quería el mando de ninguna forma, se enojó tanto, que creyó morirse de pena, y no es extraño, porque no tenía otro hijo a quien dejar el reino. Y el rey tomó la resolución de obligar a su hijo a que tomara gusto a las cosas del mundo y quisiera poseer la corona. Le hizo encerrar en un magnífico palacio y le dio 3.000 doncellas bellas y agraciadas para que lo sirvieran. Y no quiso que hubiera ni un solo hombre entre ellas. Estas bellas jóvenes le acompañaban en su cámara, le servían en la mesa y le velaban el sueño. Y cantaban y bailaban ante él y le hacían la vida agradable, como se lo había recomendado el rey. Pero nada pudieron para decidirle y arrastrarle a la lujuria; al contrario, cada día crecía su entereza y se volvía más casto. Y hacia una vida edificante. Era un joven tan delicado que nunca había visto miserias ni había salido de palacio, ni había visto un hombre enfermo ni había visto a un muerto, porque su padre no permitía que ningún viejo ni enfermo se presentase ante él. Y sucedió que un día, cabalgando el joven príncipe, se encontró con un hombre muerto en mitad del camino. Y no cayó de su asombro, pues era la primera vez que esto veía. Y preguntó a su escolta lo que era aquello; le contestaron que aquello era un muerto. «¿Cómo? -dijo el hijo del rey-. ¿Todos los hombres mueren?». «Sí, señor; en verdad, morimos todos». Y no añadió palabra y siguió su camino muy pensativo. No habría cabalgado cien pasos cuando encontró a un hombre muy anciano, que apenas podía andar y tenía una boca desdentada por causa de muchos años. Y cuando el hijo del rey vio a ese viejo, preguntó qué era aquello y por qué no podía andar. Y los que le acompañaban le dijeron que por ser tan anciano no podía caminar y había perdido todos sus dientes. Y cuando el hijo del rey oyó lo del muerto y vio a aquel anciano volvió a su palacio y se dijo que no quería andar más en este triste mundo y que quería ir en busca de aquel que nunca muere y que le había creado. Y se escapó del palacio de su padre y se fue por las montañas empinadas, salvajes y solitarias, y allí vivió toda su vida honestamente en gran castidad y abstinencia. Y lo cierto es que si hubiera sido cristiano hubiese sido un gran santo como nuestro Señor Jesucristo.

Y cuando el hijo del rey murió, se lo llevaron al rey su padre, y cuando éste vio muerta a su criatura, que amaba más que a su propio cuerpo, le entró una desazón y una pena difíciles de describir. Quiso hacer una imagen a su semejanza, toda de oro y piedras preciosas, y fue venerado por todos los súbditos y adorado como un dios. Y decían que había muerto ochenta y cuatro veces. La primera se transformó en buey; la segunda, en caballo, y así hasta ochenta y cuatro, y cada vez se trocaba en otro animal, o perro u otra cosa; pero a las ochenta y cuatro veces de morir trocose en dios, y los idólatras lo tienen por el dios grande y verdadero. Y éste fue su primer ídolo. Y de éste descendieron todos los demás ídolos y esto sucedió en la isla de Seilán, en la India.

Y ahora habéis oído cómo nació el primer ídolo. Los idólatras de todos los países vienen aquí desde muy lejos en peregrinación, como los cristianos van a ver a micer Santiago de Compostela.Y los idólatras dicen que el monumento que está encima de la montaña es el hijo del rey del cual oísteis la historia, y que los dientes, los cabellos y el cuenco fueron del hijo del rey que tenía por nombre Sergamoni Borchan, lo que quiere decir Santo. Los sarracenos, que también vienen en peregrinación, dicen que es Adán, y habéis oído lo que dicen los idólatras que es el hijo del rey que fue su primer dios; pero Dios sólo sabe quién es y lo que fue, porque no creemos que sea Adán, nuestro primer padre, porque las Sagradas Escrituras dicen que está en otra parte.

Aconteció que el Gran Khan oyó decir que en esta montaña estaba el monumento de Adán y que se guardaban en él sus dientes, su pelo y su cuenco, y se dijo desearía tener en su poder estas tres cosas. Entonces envió una embajada, y esto fue el año 1284 de la Encarnación de Cristo. ¿Y qué os diré? Los enviados del Gran Khan se pusieron en camino como gran acompañamiento y fueran tanto por mar como por tierra hasta llegar a la isla de Seilán. E hicieron tanto acerca del rey, que consiguieron traerse los dos dientes molares grandes y gruesos, los cabellos y el cuenco, que era de pórfido y muy bello. Cuando los emisarios del Gran Khan obtuvieron estas cosas se pusieron en camino en busca de su señor, y cuando ya estuvieron cerca de Cambaluc, donde se hallaba el Gran Khan, le hicieron saber que traían lo que le había mandado. El Gran Khan mandó entonces que todas sus gentes, seglares y otros, fueran al encuentro de las reliquias que todos creían fuesen las de Adán. Y no quiero ser más extenso. Sabed en verdad que todos los de Cambaluc fueron al encuentro de las reliquias y las llevaron procesionalmente al Gran Khan, que dio muestras de gran satisfacción y alegría y las recibió con gran reverencia. Y había una inscripción que decía que si en el cuenco se ponía alimento para una persona se trocaría en seguida por el manjar de cinco. El Gran Khan hizo la prueba y esto era la verdad. Todas estas historias las hemos ido contando por orden y con entera verdad, y en adelante hablaré de la ciudad de Cail.

- CLXXX - De la muy noble ciudad de Cail

Cail es una noble y gran ciudad. Pertenece a Asciar, el primero de los cinco reyes. Sabed en verdad, que en ella atracan todas las naves que vienen de Poniente, es decir, de Curmosa, de Yuisci y de Aden y de toda la Arabia, repletas de mercaderías y de caballos. Hacen alto en esta ciudad, porque ofrece un buen mercado para sus negocios, pues de todas partes acuden los mercaderes para comprar caballos y otras mil cosas. Este rey es muy rico y lleva sobre él muchas preseas y viste lujosamente. Administra muy bien la justicia en su reino y protege a los negociantes que vienen del extranjero, respetando sus derechos con gran rectitud. Por esto ellos atracan de preferencia con sus naves en el reino de este buen rey, que les trata con tanta benevolencia. Es verdad también que sacan con ello honra y provecho.

El rey tiene 300 mujeres y más aún, porque el hombre de más consideración es el que más mujeres tiene. Y cuando nace la discordia entre estos cinco hermanos carnales (pues lo son de padre y madre), y quieren reñir, entonces la madre (que vive aún) exige que hagan las paces.

Si éstos no quieren acceder a sus palabras de paz, la madre toma un cuchillo y les dice: «Si no cesáis de combatiros y no hacéis las paces, me mataré y antes me cortaré el pecho con el cual os he amamantado». Y cuando los hijos consideran la desesperación de la pobre madre, que les suplica dulcemente que cedan, reconocen que tiene razón, y es más cuerdo que cedan. Luego se arreglan y hacen las paces. Y esto ha sucedido en más de una ocasión. De modo que si un día llega a faltar la madre, es posible que estalle la discordia y se maten los unos a los otros.


- CLXXXI - Del reino de Coilum

Coilum es un reino que se halla hacia Garbin, a unas 500 millas de Maabar. Sus habitantes son idólatras. Pero en la población hay también cristianos y judíos. Tienen idioma propio. El rey no paga tributos a nadie. Os voy a hacer la descripción del reino y de sus productos.

Cultivan el berçi y el coilomin, que es excelente. También tienen pimienta en gran abundancia, que se recoge en los meses de mayo, junio y julio. Los árboles que dan la pimienta se plantan y crecen fácilmente. Tienen añil en cantidad, muy superior. Éste se saca de las hojas del indo. Toman estas hojas, las ponen en una tinaja que llenan de agua, y las dejan macerar hasta que la hoja se deshace; luego la exponen al sol, que es muy caliente, y la hacen hervir, y es cuando suelta el añil. El calor es tan sofocante en esta región, que apenas se puede soportar. Si ponéis un huevo en el río, en seguida se os cuece. Aquí llegan los mercaderes con sus galeras de Mangi, de Arabia y de Levante, y todos realizan pingües ganancias o trayendo o llevando mercancías.

Hay animales muy raros y distintos de los demás del mundo. Hay leones negros, sin ninguna mancha de otro color; hay pájaros de todas clases y plumajes. Blancos como la nieve, con las patas y el pico bermejos, y los hay rojos y azules; hay loritos también muy graciosos. Pavos reales, grandes y variopintos, que no son como los de nuestras tierras; todas estas especies son más variadas y mejores que las nuestras. Ni pájaros ni flores ni frutas se parecen a las nuestras, y esto por ser la zona tórrida. No tienen trigo, sino arroz. Tienen vino de caña, que es una bebida muy rica, pero que emborracha a los hombres más que el vino de uvas. Tienen vituallas en gran abundancia y todo cuanto apetece el hombre, menos el trigo.

Los astrólogos son sabios, y sus médicos saben conservar la salud al cuerpo del hombre. Todos son de raza negra, y hombres y mujeres van desnudos, pero se cubren las partes naturales con trozos de hermosas telas. No consideran pecado la lujuria ni las flaquezas de la carne. Pueden casarse con sus primas hermanas y con la madrastra, si el padre ha muerto. Y ésta es una costumbre general en la India.

Ya describimos otra parte de este reino, y como no hay nada notable que mencionar, nos iremos y os hablaremos de Comari.

- CLXXXII - De la ciudad de Comari

Comari es una región de la India, en la cual ya se percibe la estrella polar que habíamos dejado de ver desde la isla de Java. Y de aquí se navega a 30 millas en alta mar y se ve la estrella polar, que aparece por encima del agua. Este lugar no está tan cultivado, y la naturaleza es más virgen. Hay mucha fauna, y especialmente monos. Hay un sin fin de variedades y algunos muy parecidos a os hombres. Hay diversidad de gatos y magníficos leones, leopardos y linces.

Nos iremos al reino de Eli, porque ya en éste no hay nada digno de mención.

CLXXXIII - En donde se habla del reino de Eli

Eli es un reino hacia Poniente, alejado de Comari 30 millas. Tienen un rey. Son idólatras y tienen idioma propio. Sus costumbres se pueden ya contar más libremente, porque nos vamos acercando a lugares más civilizados. En esta provincia no hay ningún puerto, pero hay un gran río, cuya corriente es navegable.

Nace la pimienta en abundancia, y el jengibre y la alquitira, el alcapuz, la vainilla y el regaliz. El rey posee grandes tesoros, pero no tiene muchos vasallos. La entrada del reino está tan fortificada, que nadie puede entrar a invadir el reino impunemente. Y por esto no temen a nadie.

Si alguna nave aborda en estas poblaciones de pronto sin algún objeto definido para ellos, la secuestran y le cogen todas las mercaderías, diciendo: «Ibais a otras playas, y Dios os ha enviado hacia nosotros, y por eso os quitamos las cosas que lleváis». Entonces se apoderan del cargamento y se lo guardan, sin pensar que cometen un pecado. Y así sucede en toda esta parte de la India. Si por el mal tiempo alguien se refugia en algún sitio en donde no pensaba amarrar y había al salir del puerto tomado otro rumbo e involuntariamente se encuentra en otro paraje, en seguida le quitan el cargamento y le roban cuanto lleva, diciéndole: «¿Queríais ir a otra parte? Pero mi buena suerte te ha traído aquí, y por eso confisco tus haberes».

Los bajeles y gripos de Mangi y otras partes vienen en verano, cargan en cuatro a ocho días, y se van en cuanto pueden, porque como no hay puerto en donde refugiarse, es muy peligroso el permanecer en esas dunas, que no ofrecen resguardo. Es verdad también que las naves de Mangi no temen anclar en las playas, como otras, porque tienen un ancla tan enorme que aguanta y soporta cualquier aventura.

Aquí también hay leones y fieras en profusión, lo mismo que toda especie de caza. De Eli nos iremos a Melibar.

- CLXXXIV - Del reino de Melibar

Melibar es un gran reino hacia Poniente. Tienen un rey y un idioma propio. Son idólatras y libres de todo tributo. Desde este reino se ve muy bien la estrella de tramontana, que parece elevada a dos «goves» del agua. Sabed que este Melibar está a poca distancia de otra provincia llamada Goçurat. Aquí cada año arman 100 bajeles, a la vez que apresan las galeras, pues son piratas de mar. Estos bajeles de corsarios acechan a los mercaderes. Se colocan las naves para esto distantes cinco millas unas de otras, y otras 20 en el lado opuesto. Lo que suponen que dominan un espejo de agua de 100 millas en el mar. En cuanto otean una nave o gripo se hacen una señal luminosa de una a otra, y de esta suerte no hay nave que se les escape. Pero los mercaderes, que conocen las malas artes de estos corsarios y prevén los encuentros, se preparan también y van tan bien armados, que no tienen miedo de ellos. Se defienden con fiereza y a veces les causan grandes perjuicios. Esto no quita de que los piratas apresen alguna nave, y cuando cae en sus manos se quedan con ellas y su cargamento; pero no les hacen daño alguno a los hombres, sino que los dejan en libertad; empero les dicen: «Id a ganar otra vez haberes, porque así la casualidad los traerá otra vez a nuestras manos».

Este reino tiene gran cantidad de pimienta y de jengibre, mucha canela, vainilla y alquitrán, nueces de Indias, bocací muy fino y del mejor; todo lo que se llevan de aquí es de gran valor. Y los de otros países traen, en cambio, paños de seda, telas de oro, sándalo, oro, plata. Y vienen de la provincia de Mangi para transportarlo más lejos. Y los que van a Aden lo llevan a Alejandría.

Os contamos del reino de Melibar; nos alejarnos de aquí para contaros del reino de Goçurat. Y no os describiremos todas las ciudades del reino por no prolongar demasiado el relato, pues cada cual tiene tantísimas ciudades y castillos, que ya es imposible mencionar.

- CLXXXV - Del reino de Goçurat

Goçurat es un gran reino. La gente es idólatra y habla un idioma propio. Son independientes. Este reino está situado a Poniente, y se ve la estrella del Norte ya bastante alta. Éstos son los peores corsarios del mundo. Son tan perversos, que ya no cabe más. Cuando apresan a un mercader le dan de beber tamarindo y agua de mar, así que tienen cólicos y vomitan lo que tienen en el estómago. Los corsarios recogen todo lo que arrojan los mercaderes, por si hay alguna piedra o perla fina que se tragaron por precaución. Porque dicen que cuando los mercaderes se ven en peligro se tragan las perlas y piedras finas, para que no se las encuentren, y por eso les dan esas bebidas, que provocan cólicos y vómitos.

El país produce la pimienta, bastante jengibre y añil en abundancia. Tienen también algodón, porque hay muchos algodoneros altos seis pasos y de más de veinte años. Pero cuando estos árboles son demasiado viejos, ya no dan algodón bueno para torcer, pero lo dan para acolchar o para hacer cañamazos; pero hasta que el árbol tiene doce años, produce buen algodón para hilar.

En este reino se adoban y curten cantidad de cueros y pieles: cueros de buey, de búfalo, de rinoceronte y de otras bestias. Y curten tal cantidad, que cargan naves enteras, que llevan a Arabia y a otras regiones, y todos los reinos y provincias se surten de aquí. En este país se hacen bellos trenzados y tejidos de cuero bermejo, con pájaros pintados y animales sobrepuestos, cosidos finamente con hilo de oro y plata. Son tan espléndidos, que da gloria verlos; los sarracenos los emplean para dormir encima, pues siendo de cuero son blandos y se prestan a ello. Y hacen bellos cojines, cosidos de oro, que valen seis marcos de plata. Y de esos tapetes trenzados los hay que valen hasta 10 marcos de plata. ¿Qué más os diré? En ninguna parte del mundo se trabajan mejor el cuero y las badanas que en éstas, en que hacen obras del más grande valor. De aquí os hemos contado todo, y nos iremos ahora a un reino llamado Tana.

- CLXXXVI - Del reino de Tana

Tana es un gran reino hacia Poniente. Tiene un rey que no paga tributo a nadie. Son idólatras y tienen idioma propio. No hay ni pimienta ni especias, como en las demás provincias; pero tienen benjuí, no muy blanco, sino amarillento. Esto es lo que les trae mayor beneficio. También hacen bocacís y telas de algodón. Los mercaderes traen cosas que necesita el país y se llevan las que les traen provecho y ganancia.

Os diré de otra mala costumbre de esta región. Ya habéis oído que de aquí salen corsarios que van haciendo estragos por los mares. Ellos están de acuerdo con su rey, pues cierran el siguiente trato: Los corsarios se obligan a darle cuantos caballos roban. Y los roban a menudo, porque, como ya os conté, hacen gran comercio de ellos en las Indias, y pocas son las naves que no llevan caballos a vender. Por eso el rey tiene un convenio con los corsarios; él se queda con los caballos y ellos se guardan el oro, la plata y las piedras finas. Es una mala acción, indigna de un rey.

Hemos descrito el reino de Tana. Nos iremos ahora y hablaremos del reino de Cambaet.

- CLXXXVII - Del reino de Cambaet

Cambaet es un gran reino hacia Poniente. Tienen idioma propio y son independientes. Son idólatras. Aquí veis la estrella de tramontana, y a medida que vais hacia Poniente la veréis más cerca. En este reino también van y vienen los mercaderes. Tienen añil superior y en cantidad. Algodón y bocací almacenados, pues lo traen de muchas partes. Venden vino muy bien preparado y tantas otras cosas que no se pueden enumerar porque extenderían mucho nuestra relación.

Las naves traen también oro, plata y cobre; traen cosas de su país y se llevan otras. En este país no hay corsarios; viven de su trabajo, son industriosos y buena gente.

No hay nada que contaros de ellos, y nos iremos al reino de Semenat.

- CLXXXVIII - Del reino de Semenat

Semenat es un gran reino hacia Poniente. Son idólatras y tiene un rey y un idioma propios y no pagan tributo a nadie. No hay corsarios, y viven de la industria y el comercio como la gente honrada.

Pero, eso sí, son grandes comerciantes, y aquí acuden mercaderes de todos los continentes. Venden las mercaderías y, en cambio, compran de lo que carecen. Lo que sí son es crueles y feroces idólatras.

No hay nada más digno de mención, y pasaremos a contaros del reino de Kesmacoran.

- CLXXXIX - En donde se habla del reino de Kesmacoran

Kesmacoran es un reino que tiene un soberano y lengua propia; vive del comercio y de la industria. Tiene arroz; se alimentan de carne, arroz y leche. También aquí el tráfico es incesante. No hay más cosas dignas de contarse, y pasemos al reino de la última provincia de la India, entre Poniente y maestral, pues de Maabar hasta esta provincia -es decir, todas las provincias y reinos que acabamos de recorrer- está la espléndida y portentosa India. Hemos contado los puertos del litoral, porque si nos internásemos en el país, sería muy largo de contar. Por eso nos alejaremos de esta provincia, y os contaremos de unas islas llamadas Varón y Mujer.

- CXC - En donde se habla de las islas llamada Varón y Mujer

La que se llama Varón está en alta mar, a 500 millas hacia el Mediodía, cuando se parte de Kesmacoran. Son cristianos y bautizados en la fe de Cristo y conocen sobre todo el Antiguo Testamento, pues cuando la mujer está encinta no la tocan hasta que haya dado a luz y hasta cuarenta días después. Luego ya vuelven a su vida marital. Pero en esta isla no viven las mujeres, ninguna, ni las casadas ni las solteras, sino que habitan en otra isla llamada la Mujer. Desde esta isla se van los maridos por tres meses: marzo, abril y mayo, para vivir con sus mujeres a la isla de la Mujer, y allí gozan de ellas. Y al cabo de os tres meses vuelven a esta isla y quedan trabajando los nueve meses restantes.

En esta isla se encuentra el ámbar transparente y de la mejor calidad. Viven de arroz, leche y carne. Son buenos pescadores, pues sabed que en esta isla se cogen magníficos peces, que ellos salan y hacen secar en gran cantidad, de modo que luego tienen para todo el año. Y también los venden a otras gentes. No tienen más jefe que a un obispo, que está sometido a su vez al arzobispo de Scotra. Tienen también idioma propio. De esta isla a la que habitan sus mujeres hay por lo menos 30 millas. Y por eso no viven con ellas todo el año, porque dicen que si hubieran de pasarlo todo el año con ellas, se morirían. La madre amamanta en verano al hijo que nace durante el año. Pero en cuanto tienen catorce años los mandan por mar a la isla de sus padres, y ésta es la costumbre de las dos islas, como lo oís. Las mujeres no hacen más que criar a sus hijos y recogen las frutas que hay en la isla.

Hemos contado esta extrema materia, y ya no hay nada digno de mención, y hablaremos de la isla de Scotra (Socotora).

- CXCI - De la isla de Socotora

Partiendo de estas dos islas, a 500 millas más o menos de distancia hacia Mediodía se encuentra la isla de Scotra. Tienen magníficas telas de algodón. Grandes y exquisitos pescados, que ellos salan. Viven de arroz, carne y leche, pues no tienen trigo. Van completamente desnudos, según las costumbres de los indios idólatras. Vienen a esta isla muchos mercaderes a llevarse las mercaderías. Tienen ámbar magnífico. Todas las naves que van a Aden hacen escala en esta isla. El arzobispo de esta isla no tiene nada que ver con el Papa de Roma, pero obedece a un arzobispo que vive en Baudac. Éste de Baudac manda a este arzobispo y a otros en varias partes del mundo, como el Papa de Roma. Y todos estos sacerdotes y prelados no obedecen a la Iglesia de Roma, sino a este gran prelado de Baudac, que tienen por Papa. En esta isla viven también los corsarios y hacen escala para vender cuanto han robado. Y lo venden a muy altos precios, por la razón de que los cristianos no ignoran que estas cosas son hurtadas a los sarracenos y no a los cristianos. Cuando el arzobispo muere, conviene que en seguida envíen otro de Baudac. Estos cristianos son, sin embargo, supersticiosos y muy entendidos en encantamientos.

El arzobispo les amonesta y les castiga y no quiere que se ocupen de sortilegios, pero no sirve de nada, porque dicen que sus antepasados lo hicieron antiguamente y ellos no quieren ser menos. Y el arzobispo tiene que conformarse porque no los puede enmendar.

Y os hablaré de estos sortilegios. Se sirven de ellos para apaciguar el viento cuando es contrario. Mandan al mar la bonanza o la tempestad y el viento. Hacen otros encantamientos, pero son de tal naturaleza que es mejor no lo contemos en este libro, porque os extrañarían y quizá os escandalizarían mucho, y por ello nos callaremos. Partiendo de esta isla, nos dirigimos a la de Mogdasio.

- CXCII - De la isla de Mogdasio (Madagascar)

Mogdasio es una isla hacia el Mediodía, alejada 1.000 millas de Scotra. Los habitantes son sarracenos y adoran a Mahoma. Tienen cuatro obispos, es decir, cuatro ancianos, y estos cuatro ancianos tienen la soberanía de la isla. Ésta es de las más importantes del estuario, y tiene casi 4.000 millas alrededor. Viven del arte y de la industria. En esta provincia nacen más elefantes que en ninguna otra parte, y tampoco en ningún lugar, a excepción de Canghibar (Zanzíbar), hay tan gran mercado de colmillos de elefante. En ella no se come más que la carne de camello. Y matan tan gran cantidad, que no hay manera de creerlo si no se ve. Ellos pretenden que la carne de camello es la más sana que puede caber. Y la comen en todo tiempo. En esta isla hay árboles de sándalo rojo del tamaño de los nuestros. Y aquí queman estos árboles como la leña en nuestros países. Tienen mucho ámbar, porque en este mar hay ballenas en cantidad, y como las pescan, se procuran el ámbar, pues de ellas lo extraen. Tienen leopardos, leones y linces, ciervos y gamos y venados cuantos quieren. Mucha caza y muchas aves. También tienen avestruces muy grandes. Pájaros diferentes de los nuestros, pero que son una maravilla. Aquí también llegan los mercaderes con telas de oro, bayetas de seda y caprichosas para vender y cambiar por otras baratijas. Y ellos hacen pingües negocios.

Ya no tienen los navegantes al Sur más isla que la de Zanzíbar, y no pueden ir más lejos, porque la corriente los arrastraría hacia Mediodía y no podrían volver; y por eso se guardan de ir más allá. Cuando vienen los bajeles de Maabar a esta isla tardan veinte días, y cuando vuelven tres meses, por la corriente que los empuja hacia atrás y les impide navegar más pronto.

Habéis de saber que en todas estas islas, que están hacia Mediodía en tan gran cantidad, en donde las naves no van ya por la corriente, dicen que hay grifos. Y estos pájaros aparecen en ciertas épocas del año; pero no son como los imagina la gente, con la cabeza de león y el cuerpo de águila. Los que les han visto dicen que en realidad son como inmensas águilas. Y cuentan que son tan fuertes, que se llevan en el aire a un elefante y le dejan caer desde lo alto, de modo que se revienta al llegar al suelo. Entonces el grifo baja a comer y a saciarse en él. Dicen que con las alas abiertas mide 30 pasos, y las alas son de 12 pasos de largo y gordas en proporción. Y lo que yo he visto os lo diré en otra página, porque conviene para el orden de este libro.

Os he dicho lo que cuentan los que han visto los grifos. El Gran Khan envió a unos emisarios a estas islas para que se enteraran de lo que eran. Estos hombres contaron cosas fabulosas. Trajeron dientes de jabalí salvaje, exageradamente grandes. Y el gran señor hizo pesar uno de ellos, cuyo peso era de 14 libras. Os podéis imaginar el tamaño que tendría el jabalí cuyo era tal diente. Hay, es cierto, jabalíes que son como búfalos; jirafas en gran número y pollinos salvajes. Tienen pájaros muy diferentes a los nuestros, muy variados y muy curiosos. Y volvamos al grifo. Los de la isla lo llaman «roc», y no le dan otro apelativo; pero confutando sus descripciones, coincide con lo que llamamos grifo. Ya os hemos contado de esta isla sus costumbres y usos; otra cosa no nos queda por contar, y nos iremos para llegar a la isla de Çanghibar (Zanzíbar).

- CXCIII - De la isla de Zanzíbar

Zanzíbar es una isla grande y bella. Tiene 1.000 millas alrededor. Obedecen a un rey y tienen idioma propio. No dependen de nadie y no pagan tributos.

Los naturales son fornidos y altos. Pero su complexión es más gruesa que de elevada estatura, pues tienen los miembros tan abultados, que parecen gigantes, y tan fuertes, que pueden llevar la carga de cuatro hombres. Son negros y van desnudos, excepto las partes naturales. Tienen el pelo tan crespo, que no podían desrizarlo ni metiéndolo en agua. La boca es tan grande y la nariz tan achatada, los labios y los ojos tan abultados, que son horribles. Si se os aparecieran en otro país creeríais ver al diablo.

Hay elefantes. Hacen gran tráfico del marfil. Tienen leones, tigres, leopardos y linces. Los animales aquí también son diferentes de los del resto del mundo. Los carneros y corderos tienen el cuerpo blanco y la cabeza negra, y así en toda la isla. Nacen en ella jirafas que son ejemplares muy bellos, y os los describiré: Tienen el cuerpo corto y las piernas traseras más cortas también, pero las de adelante son larguísimas, así como el cuello, de modo que la cabeza la llevan muy alta, lo menos a trece pies del suelo. La cabeza es chiquita. Es un animal inofensivo. Es de color cobrizo y blanco rayado y es en conjunto un animal bonito. Y ahora os hablaré del elefante. Cuando el elefante quiere cubrir a una hembra le cava un gran hoyo en la tierra y allí la tumba hasta ponerla patas arriba, porque tiene el sexo colocado en el bajo vientre, como la mujer, y la monta como un hombre. Las mujeres de esta isla son muy feas, porque tienen unas bocazas enormes, la nariz aplastada y gorda, los ojos abultados y saltones y grandes pechos, cuatro veces mayores que los de las otras mujeres. Son feísimas en verdad. Viven de arroz, de carne y de dátiles. No tienen vino de uvas, sino de arroz, de azúcar y especias, pero con esto componen una bebida deliciosa. Son muy comerciantes; aquí acuden también todos los mercaderes y se llevan marfil y ámbar en cantidad. Y abundan en estos mares las ballenas.

Los hombres de esta isla son guerreros y se baten muy bien, pues son valientes y esforzados y no les importa morir. No tienen caballos y combaten encima de camellos y elefantes. Encaraman en éstos unos pabellones bien cubiertos y defendidos y en cada uno de estos castilletes montan de 16 a 20 hombres con lanzas y adargas, espadas y piedras. Y la batalla encima de los elefantes es cosa grande. No tienen más armas que las rodelas de cuero y la lanza y la espada, pero con eso ya se diezman bien. Y os diré otra cosa: cuando quieren llevar los elefantes a la refriega les dan de beber el mosto de arroz, es decir, el vino que ellos toman, porque así que lo han bebido se vuelven más feroces y fieros y valen más para librar la batalla.

Os hemos contado en parte todo lo concerniente a esta isla y sus habitantes, animales y productos. No hay ya nada que contar, y por eso la dejaremos y os contaremos de la gran provincia de Abasce. Pero antes de proseguirnos queda aún algo que deciros sobre la India. Realmente, sólo os describimos las más importantes islas y provincias de la India, porque tan sólo nosotros podemos hacerlo conociéndolas bien. Pero hay infinidad de otras que callamos porque son insignificantes. En este mar de Indias hay 12.700 islas entre las habitadas y desiertas, según la cartografía y lo que muestra el compás y escrituras de sabios navegantes que la emplean en estos mares. La India Mayor llega desde Maabar hasta Kesmacoran y cuenta 13 grandes reinos, de los que describimos 10. La India Menor llega de Ciamba hasta Mutfili y comprende ocho reinos.

Ahora os contaré de la India central, que se llama Abasce.

- CXCIV - Aquí empieza la descripción de Abasce, que pertenece a la India Central

Sabed que Abasce es una gran provincia de la India central. El más poderoso de los reyes de esta provincia es cristiano y los demás reyes están bajo su jurisdicción, y éstos son en número de seis: tres cristianos y tres sarracenos.

Los cristianos de esta provincia tienen tres señales o cicatrices en medio de la cara. Una desde la frente hasta la nariz y las otras dos en cada mejilla, y están marcadas con hierro candente y son señales de su bautismo. Y hay también hebreos, y éstos tienen dos señales en cada mejilla. Los sarracenos, en cambio, no tienen más que una señal desde la frente hasta la mitad de la nariz. Y el rey vive en el centro de la provincia. Los sarracenos, hacia Aden. En esta provincia predicó Santo Tomás, y después de haberles convertido se fue a Maabar, en donde murió y guardan su cuerpo, como os describí en mi libro anteriormente. En esta provincia de Abasce hay buenos hombres de armas y excelentes jinetes. Tienen bastantes caballos. Y esto es menester, porque están continuamente en guerra con el sultán de Aden y con el de Nubia. Escuchad una historia famosa acaecida en el año 1288 de la Encarnación de Cristo. El rey de la provincia, que es cristiano, dijo que querría ir en peregrinación a adorar el sepulcro de Cristo en Jerusalén. Sus barones le advirtieron que correría gran peligro en esta expedición y más valiera que enviara a un obispo o algún prelado en su lugar. El rey escuchó sus consejos. Envió entonces a un obispo, que era un santo varón, para que fuera en su lugar a Jerusalén. Éste obedeció a su señor. El rey mandó hiciera sus preparativos y se fuera lo antes posible.

Partió el obispo. Se despidió de su rey y se puso en marcha como buen peregrino. Tanto anduvo por tierra y por mar hasta que llegó a Jerusalén, y allí se fue derecho al Santo Sepulcro a adorarlo y rendirle pleito homenaje, como debía hacer con cosa tan noble y elevada.

También dejó los presentes que traía de parte de su rey. Hecho esto, el santo hombre se volvió a poner en camino y regresó esta vez por Aden, pero sabed que en este reino odian a los cristianos como a enemigos mortales.

Cuando el sultán de Aden supo que este obispo que llegaba a sus tierras era cristiano y que era un enviado del rey de Abasce, lo hizo secuestrar e interrogar, preguntándole si era cristiano, y el obispo contestó que era cristiano. A lo cual replicó el rey que si no se convertía a la ley de Mahoma le haría gran escarnio. Éste dijo que antes moriría que dejar de ser cristiano. Cuando el sultán oyó la respuesta del obispo se llenó de ira; lo hizo coger por varios hombres y señalar a la manera de los sarracenos. Hecho esto, le dijo el sultán que lo había mandado ejecutar para avergonzarle y vilipendiarle y para ofender a su rey.

Luego lo dejaron en libertad. Cuando el buen obispo se vio objeto de tal escarnio, se consoló pensando que eso le había sido inferido en honor y sacrificio a la ley cristiana y que Dios nuestro Señor se lo tendría en cuenta para la salvación de su alma en la otra vida.

Sanó el obispo de sus heridas y pudiendo ya cabalgar tomó el camino de regreso y llegó a Abasce, en donde hallábase el rey su señor. Éste lo recibió con gran pompa y con las demostraciones del mayor afecto y deferencia.

Le hizo referir su visita al Santo Sepulcro, y el buen obispo le contó todo con santa exaltación. Refiriole luego la afrenta que le había hecho el sultán de Aden. Cuando el rey oyó al santo varón de la manera que había sido deshonrado y maltrecho, entró en gran cólera, y poco faltó que muriera de dolor. Dijo muy alto, para que todos los que estaban presentes lo oyeran, que no quería llevar más su corona, ni tener tierras ni señorío hasta no tomar venganza de un hecho tan vil, de tal modo que el mundo entero supiera lo que había hecho para escarmiento de los malvados.

Hizo entonces el rey sus preparativos de guerra y armó gran número de elefantes con sus castilletes, en los cuales iban 20 hombres por lo menos. Y cuando estuvo bien aparejado con toda su gente, se puso en camino hasta llegar al reino de Aden. Y el rey de la provincia de Aden vino a su encuentro con gran multitud de sarracenos a caballo y a pie para defender sus tierras y que los enemigos no pudiesen entrar en ella.

Y aconteció que llegaron a un desfiladero en donde los de Aden se apostaron.

Y se armó una cruel refriega; empero, los reyes de los sarracenos, que eran tres, no pudieron resistir la furia bélica del de Abasce, porque sus huestes eran numerosas y temibles y valían más que las de los sarracenos. Éstos, pues, se echaron atrás, y el rey de los cristianos entró en el reino de Aden.

En este desfiladero murieron infinidad de moros, y entrando ya en el reino encontró el de Abasce muchas plazas fortificadas; pero esto no le arredraba y seguía adelante vencedor.

El rey de los cristianos quedó más de un mes en tierra enemiga, arrasándolo todo y haciendo gran mies de sarracenos. Hecho esto, dijo que ya había vengado la honra de su obispo, y se volvió a su tierra.

Habéis oído cómo fue vengado el obispo, y esto debería sucederles a todos los sarracenos que humillan a los cristianos.

Y volvamos a la provincia de Abasce. Hay en esta provincia abundancia de mantenimiento: arroz, carne, leche. Tienen elefantes; no es que se críen en esta isla, pero sí en una isla cercana, de la que los traen. Las jirafas nacen, en cambio, en abundancia; también se crían leones, leopardos y linces y tantas otras fieras diferentes en todo a los animales de nuestras tierras. Los avestruces son del tamaño de los pollinos. Y hay monos y loros de los más extravagantes. Gatos monteses y gatos pardos, que tienen caras parecidas a las de los hombres.

Y de aquí nos iremos a Aden; pero antes tenemos aún que señalar que los de Abasce hacen lindísimos bocacís y tejen excelentes telas de algodón, y ahora hagamos punto y prosigamos.

- CXCV - En donde se habla de la provincia de Aden


En esta provincia hay un señor llamado el sultán de Aden; todos son sarracenos y adoran a Mahoma y detestan furiosamente a los cristianos. Hay numerosas ciudades, castillos y plazas fuertes.

Aden es un puerto de mar en donde atracan todas las naves de las Indias con sus mercaderías. Y en esta ciudad los mercaderes descargan sus bajeles en embarcaciones menores, que remontan el río hasta siete jornadas de distancia. Al cabo de estas siete jornadas, las retiran de los esquifes y las cargan sobre camellos y en ellos las llevan a treinta jornadas de distancia. Al cabo de estas treinta jornadas encuentran el río de Alejandría y por él cargan las mercaderías que son destinadas a la ciudad de Alejandría. Y de esta manera los moros de Alejandría tienen las especias y otras materias precisas, pues no hay otro modo de hacerlas llegar.

Lo mismo sucede con Aden; de aquí levantan el ancla las naves para a su vez llevar mercaderías a la India.

Y de estos puertos se llevan a la India hermosos corceles árabes de gran valor, y con este tráfico se hacen un patrimonio, pues habéis de saber que un buen caballo se paga en la India 100 marcos de plata o más. El sultán de Aden tiene pingües rentas y el tesoro engrosa cada día más con las alcabalas que pagan los mercaderes por sus naves y los derechos de flete; con esto y el ir y venir de las galeras se puede considerar el sultán de Aden como uno de los más ricos del mundo.

Este sultán causó gran daño a los cristianos. Habiendo tomado el sultán de Babilonia la ciudad de Acre, este soberano envió sus huestes en ayuda, y eran bien 30.000 hombres entre caballeros y peones y hasta 40.000 en camellos. Con esta poderosa ayuda los moros destrozaron a las huestes cristianas. Y esto lo hizo más por odio a los cristianos que por amor al sultán de Babilonia.

Dejaremos Aden y os contaremos de una ciudad importante, cercana a Aden, y de un reyezuelo que gobierna a esta ciudad, llamada Escier.

- CXCVI - De la ciudad de Escier

Escier es una grandísima ciudad a cuatro millas hacia maestral del puerto de Aden. Esta ciudad presta obediencia un conde que mantiene a su tierra en gran justicia. Tiene además varios castillos y ciudades bajo su jurisdicción. No obstante, es vasallo a su vez del sultán de Aden. La población es sarracena y adora a Mahoma. También esta ciudad tiene un magnífico puerto y en ella van y vienen las naves de las Indias y, como Aden, exporta caballos de los mejores y más apreciados.

En esta ciudad crece una cantidad de incienso del mejor y más blanco. Y dátiles en gran cantidad. No tiene trigo, sino arroz; pero el trigo lo traen de otras regiones y se consume mucho. Tienen pescado en abundancia, especialmente el atún, y éste se vende dos por un grueso veneciano. No tienen vino de uva, sino de arroz, de palmera y de caña.

Hay aquí unos carneros que no tienen ni orejas ni oídos y en lugar de las orejas tienen una especie de cuernecito. Son animales pequeños, pero muy graciosos. Y os contaré algo que os ha de extrañar. Los animales -bueyes, carneros, camellos y rocines- comen pescado por todo alimento, porque en esta comarca no crece la hierba, por ser la región más seca del mundo. Y se alimentan de pescaditos muy pequeños en los meses de marzo, abril y mayo, y éstos en gran número. A estos pescaditos los secan y guardan en sus despensas y así tienen para alimentar al ganado durante todo el año. Pero en verano las bestias se los comen vivos, tal cual salen del agua.

También hacen una especie de torta de pescado: cogen a los pescados grandes y los cortan en rajas y luego los ponen a secar al sol y con ellos amasan una especie de torta, que luego les dura todo el año.

El incienso o benjuí que os he dicho que recogen lo tienen en tal abundancia, que el señor lo compra por 10 bizancios de oro y lo revende en 40, y ya veis qué beneficio recaba de ello.

Ya no hay nada digno de mención en esta ciudad, y os hablaremos de la ciudad de Dufar.

- CXCVII - De la ciudad de Dufar

Dufar es una bella y noble ciudad que se encuentra a unas 200 millas de Escier un poco hacia la dirección adonde sopla el maestral. Son moros y adoran a Mahoma. Su jefe es un conde y depende del sultán de Aden.

Esta ciudad pertenece también a la provincia de Aden. Está en la costa y tiene un bonísimo puerto, en donde descargan cantidad de mercaderías. Traen caballos árabes para mercar. De esta ciudad dependen varias otras villas y castillos. Aquí también nace el incienso excelente; y os diré cómo lo recogen: El árbol que lo produce es una especie de pequeño pino al cual le dan unos cortes, y por esas heridas destila una resina en días de gran calor, que es la que llamamos incienso o benjuí.

Ya no hay nada digno de mención; seguiremos nuestro viaje hasta llegar al golfo de Calatu.

- CXCVIII - De la ciudad de Calatu

Calatu es una hermosa ciudad, edificada en una gran bahía en el golfo del mismo nombre. Dista 600 millas de Dufar, siempre hacia maestral. Dependen del melic de Cormosa, y cada vez que éste mueve guerra a un vecino más poderoso y fuerte que él, se encierra en Cormosa, que es fuerte y bien defendida y situada, de modo que no hay peligro que la tomen. No tienen trigo, pero se lo llevan de otros países.

El puerto es grandísimo y las mercaderías se venden muy bien, porque con ellas abastecen al interior. También de aquí se llevan muchos caballos a la India y los mercaderes se hacen ricos.

Esta ciudad está situada a la entrega del golfo de Calatu, y no hay nave que entre y salga a su voluntad sin ser vista por ellos. El melic de esta ciudad, que es vasallo del sultán de Cherman, tiene varias veces que pleitear con él. Cuando el sultán impone algún tributo o aduana al melic de Cormosa o a otro de sus hermanos y que éstos se niegan a satisfacerle, les envía sus huestes para poner cerco a la ciudad; mas ellos se fortifican en esta ciudad de Calatu y no dejan pasar ni una sola nave, y con esto le tienen en jaque al sultán de Cherman. Por eso le conviene estar en paz con el melic de Cormosa y no ponerle muy altas alcabalas. Más allá tiene este melic otra fortaleza a orillas del mar que es inexpugnable aún.

Aquí también comen dátiles y se alimentan de esos pescados en salazón. Esto los villanos, que hay gente rica y gentileshombres que comen muy bien y muchas cosas exquisitas.

Y ya que hemos hablado, de Calatu y de su golfo y de sus negocios, iremos a Curmos, pues cuando se sale de la ciudad de Calatu, a las 300 millas entre maestral y tramontana, se encuentra la ciudad de Curmos; pero yendo entre maestral y Poniente, a 500 millas se pasa por Quis; mas dejaremos a un lado Quis para hablaros de Curmos.

- CXCIX - De la ciudad de Curmos

Curmos es una bella y noble ciudad que está a orillas del mar. La rige un melic que tiene bajo su mando a otras ciudades y fortalezas. Son sarracenos y adoran a Mahoma. Hace en esta región un calor sofocante, y por eso ponen sus casas de manera que pueda darles el viento y las arreglan en tal forma que recojan todo el aire que puedan. Ya no hablaremos más de esta ciudad, que tiene los mismos productos que las demás; nos iremos de aquí hacia la gran Turquía, de la cual deseo hablaros sin tardar.

- CC - En donde se habla de la Gran Turquía

La Gran Turquía tiene por soberano a un sobrino del Gran Khan, llamado Caidu, pues fue hijo del hijo de Ciagati, que era hermano carnal del Gran Khan. Tiene bajo su mando muchas ciudades y fuertes y es un señor de mucha consideración. Es tártaro y sus súbditos también son tártaros y hombres aguerridos y adiestrados en las armas. Caidu no ha oído hablar del Gran Khan más que por sus hechos de guerra.

La Gran Turquía está hacia maestral cuando se viene de Curmos, como os hemos dicho ya; se halla situada entre el río Jon y se prolonga hacia tramontana hasta el imperio del Gran Khan.

Este Caidu ha tenido que habérselas varias veces con las gentes del Gran Khan. Os hablaré de lo que sembró la discordia entre ellos. Caidu exigía al Gran Khan la parte de su botín, en la que entraba un trozo del Mangi y otro de la provincia de Catai. Y el Gran Khan le dijo que le daría su parte como a sus otros hijos, siempre que quisiera ir a su corte cuando celebraran los consejos y siempre que él se lo mandara, pues el Gran Khan quería que le prestara obediencia como sus hijos y demás barones.

Pero Caidu, que no se fiaba de su tío, decía que no quería ir, sino que le rendiría pleitesía sin moverse de donde estaba, y esto porque tenía miedo de que le hiciera matar. He aquí el origen del resentimiento que había entre Caidu y el Gran Khan, que trajo consigo más tarde muchas contiendas y grandes batallas. Y el Gran Khan vigilaba mucho a Caidu, de modo que no pudiera hacer incursiones en sus tierras ni molestar a sus gentes. Pero Caidu entraba, sin embargo, en los dominios del Gran Khan.

Llegó un día en que Caidu, haciendo un esfuerzo, pudo perfectamente equipar y poner en pie de guerra a unos 10.000 hombres. A su servicio tenía a varios barones del linaje del emperador. Es decir, de Gengis Khan, que fue el fundador de la dinastía y del Imperio. De modo que diremos de cómo peleó repetidas veces el rey Caidu contra la gente del Gran Khan y cómo se aprestaba para la batalla y para combatir.

Cada hombre solía llevar 60 flechas en su goldre, 30 pequeñas y otras 30 mayores, que tienen el aspa grande y se tiran de cerca y son las que hieren en la cara y los brazos y sirven para partir las cuerdas de los arcos, desarmando a los hombres. Una vez que se quedan con el aljaba vacía después de lanzar estas flechas echan mano a la espada y a la maza y con ellas dan golpes formidables. Así se arman para la batalla.

En el año 1266 de la Encarnación de Cristo reunió el rey Caidu un gran ejército, en el cual estaban sus dos primos, uno de los cuales se llamaba Gesudar, para ir contra dos primos del Gran Khan, que también eran parientes suyos y que mandaban en tierras del Gran Khan. Uno se llamaba Cibai y Ciban. Eran hijos de Ciagatai, que fue bautizado y abrazó el cristianismo, hermano carnal del Gran Khan Cublai. Y, ¿qué os diré? Caidu y sus gentes combatieron a sus primos, que también iban bien provistos de arqueros, pues de una parte y otra habría unos 100.000 hombres a caballo. Pelearon muy duramente y hubo muchas muertes de una parte y de otra. Pero Caidu venció y los derrotó y sólo pudieron escapar los dos primos con vida, gracias a sus excelentes caballos.

De este modo les venció Caidu y se llenó de orgullo. Durante dos años volvió a su país y quedó en paz con el Gran Khan.

Al cabo de dos años reúne el rey Caidu un gran ejército con muchísimos hombres a caballo. Sabe que en Caracoron está el hijo del Gran Khan, que se llamaba Nomogan, y con él Jorge, el hijo del Preste Juan. Éstos también tenían consigo un gran ejército. Entonces mueve Caidu con sus gentes y se llega de su reino a Caracoron, sin novedad. Pero cuando le vieron llegar con todos esos hombres de armas, lejos de acoquinarse, se envalentonaron y se prepararon con todos sus hombres, que alcanzarían la cifra de 60.000 jinetes, a enfrentarse con él. Tanto anduvieron a su encuentro que, llegados a 10 millas de distancia, asentaron sus reales. Y el rey Caidu descansó igualmente para prepararse a la batalla. Al tercer día cada una de las partes se armó y se prepararon a combatir. Los dos tenían fuerzas iguales. Tomaron sus posiciones divididos en seis cuadros, cada uno de 10 hombres a caballo, al mando de un jefe. Y así esperaron la señal que debían dar las nácaras de los respectivos generales. Porque habéis de saber que ningún tártaro rompe a pelear sin haber oído la señal de las nácaras, y tienen costumbre de prepararse a la batalla con cánticos y música suave, que hacen con sus instrumentos, y así se divierten antes de entrar en la batalla. Era un encanto oír a estos poderosos ejércitos cantar y tocar esperando la señal para entrar en la refriega.

Tocaron por fin las nácaras y acudieron a las armas. Entonces lanzaron las furias de sus flechas y saetas, que caían como lluvia desoladora y cubrían el aire; viéronse jinetes cuyos caballos se encabritaban heridos mortalmente. Los gritos y ruidos ensordecedores eran espantosos; no habría podido oírse ni al dios del trueno. Y así siguió la batalla terrible, monstruosa, en que se enfrentaban dos enemigos mortales, y no tardó la tierra en estar cubierta de cadáveres. Agotadas las flechas, pusieron mano a las mazas y corrieron los unos contra los otros, dándose terribles machetazos. La batalla era cruel. Los golpes llovían por doquier. Se veían cercenar manos y brazos y hombres que se revolcaban en el suelo antes de morir. Y el campo estaba enteramente cubierto de muertos agonizantes.

Y tanto el rey Caidu, que hizo grandes proezas y confortaba sus gentes y les animaba, como el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste Juan en el lado opuesto rivalizaban en osadía, valor y arrojo.

Fue una batalla de las más crueles que tuvieron los tártaros y hasta las vísperas estuvo indecisa, porque cada parte trataba de aniquilar a la contraria.

Había tantos muertos que daba horror el verlos. Y quedaron muchas viudas y huérfanos, y otras damas lloraron toda la vida aquel día, y eran las madres y hermanos de los que murieron.

Cuando el sol estaba en el cenit hubo que hacer tregua y separarse para descansar. Esto hicieron durante la noche, por las angustias pasadas en ese día mortal. Y a la mañana siguiente, habiendo oído Caidu que el Gran Khan enviaba un numeroso refuerzo, se dijo que lo más prudente era retirarse de nuevo a su reino. Y en cuanto llegó el alba montó a caballo y se encaminó hacia su tierra con toda su gente.

Y cuando el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste Juan vieron que se marchaba, nada hicieron para detenerle ni para alcanzarle, pues harto cansados estaban, y le dejaron ir en paz.

Y tanto cabalgaron Caidu y sus huestes, que no pararon hasta llegar al reino de la gran Turquía, a Samarcanda. Pero ahí no hicieron alto.

- CCI - Lo que dice el Gran Khan del daño que le hizo Caidu

El Gran Khan estaba enfurecido por el perjuicio que Caidu causara a sus tierras y a sus gentes, y se dijo que escapaba a la muerte gracias a que era su sobrino. Pero no quería destruir su propia sangre, y de este modo Caidu escapó varias veces de las manos del Gran Khan.

Dejaremos ahora este negocio y contaremos de la gran maravilla de la hija del rey Caidu.

- CCII - La historia de la hija del rey Caidu, de su fuerza y valentía

El rey Caidu tenía una hija llamada Aigieruc en tártaro, lo que quiere decir en español Luna clara. Ésta era tan fuerte y garrida, que en todo el reino no había doncel ni escudero que pudiera vencerla. Su padre quería casarla y buscarle un marido. Pero ella no quería, diciendo que sólo se casaría con aquel que la venciera en fuerzas. Y el rey le prometió que se casaría según su gusto, por especial privilegio.

Y cuando obtuvo el privilegio de casarse a voluntad, sintió una gran alegría. E hizo publicar un bando para que fuera conocido por todas partes de sus tierras y reinos que si un mozo quería medir sus fuerzas a las suyas y la vencía lo tomaría por esposo. Y cuando esta nueva fue llevada a otras tierras y señoríos, muchos nobles caballeros y señores vinieron a probar fortuna de la siguiente manera. El rey se reunía en la gran sala del palacio con las personas de su séquito, las damas y gentiles hombres. Llegaba la hija del rey vestida con un cendal de seda ricamente bordado; luego venía el caballero con una fina cota de malla y cendal. La apuesta consistía en que si el mozo podía vencerla y conseguía echarla al suelo la tomaría por esposa, y si la hija del rey le vencía le ganaría 100 caballos. Pero por más que se alistaran, a todos les vencía, y de este modo la damisela había ganado más de 6.000 caballos. Y era maravilla el verla, porque era tan bien hecha y sus miembros tan grandes y musculosos que parecía casi una giganta.

Y sucedió que en el año 1280 de la Encarnación de Jesucristo, vino el hijo de un poderoso rey, que era joven y trajo consigo más de 1.000 caballos para poner a prueba a la hija del rey. El rey Caidu estaba encantado, porque deseaba darle a la hija por esposa, pues sabía que el pretendiente era hijo del rey Pumar, e hizo saber secretamente a su hija que le agradaría se dejara vencer. Pero ella replicó que por nada del mundo lo haría.

Y llegó el día señalado y se reunieron el rey y la reina y gentileshombres y damas en la gran sala de palacio. Y se presentaron la hija del rey y el príncipe, que eran tan hermosos entrambos como jamás se vio. Y el real mozo tampoco había encontrado hasta entonces quién pudiera luchar con él. Y cuando los dos se hallaron en mitad de la asamblea convinieron que si el doncel perdía entregaría sus 1.000 caballos que había traído para el caso. Y acto seguido el doncel y la damisela se pusieron a luchar cuerpo a cuerpo. Y todos los que aquello presenciaban deseaban secretamente que el joven venciese para que fuera el marido de la hija del rey. Y éste era el deseo más ferviente del rey y de la reina.

Pero sabed en verdad que la aventura llegó a tal punto que la hija del rey venció al príncipe y lo tiró contra el suelo, y así perdió sus 1.000 caballos y en toda la sala hubo un murmullo de contrariedad. Y el rey llevó a su hija a muchas batallas, y en la refriega no había caballero que valiera lo que ella, y más de una vez se metió en el campo enemigo, cogía un caballero por la fuerza y se lo traía, haciéndole prisionero.

Ya os hemos narrado la historia de la hija del rey Caidu, y dejaremos esto para proseguir y haceros otra narración. Y os contaremos de otra gran batalla que tuvo lugar entre el rey Caidu y Argón, el hijo de Abaga, señor de Levante.

- CCIII - De cómo Abaga envió a su hijo Argón a la guerra

Sabed que Abaga, señor de Levante, tenía varias provincias y tierras colindantes con las del rey Caidu. Y para impedir que el rey Caidu saqueara y arruinara a su gente y su territorio, mandó Abaga a su hijo Argón con gran cantidad de caballeros y peones hasta el río Jon, en la comarca del árbol seco. Y allí quedó el rey Argón cuidando sus tierras.

Mas sucedió que el rey Caidu reunió gran número de soldados y nombró e hizo capitán a un hermano suyo llamado Barac, que era hombre sabio y prudente. Y Caidu le dijo que deseaba combatiera a Argón. Y a su mandato Barac y sus hombres se pusieron en marcha y llegaron sin gran contratiempo hasta el río Jon, a 10 millas del campamento de Argón. Cuando éste oyó que Barac venía con tanta gente contra él se armó de pies a cabeza en tres días. ¿Y qué os diré? Cuando fueron bien aparejados y sonaron las nácaras no demoraron más y fuéronse los unos contra los otros. La lluvia de saetas oscurecía el cielo. Cuando de una y otra parte hubieron agotado las flechas, metieron mano a las espadas y a las mazas. Y muchos hombres y caballos yacían por el suelo y caían manos y brazos; los gritos eran tan grandes que no se hubiera oído al dios del trueno. Y en pocas horas la tierra estaba cubierta de hombres muertos o mal heridos, ¿para qué seguir contando? Sabed que Barac y sus hombres no pudieron resistir la fuerza de Argón, escaparon con sus gentes y se fueron allende el río, y Argón y sus gentes les perseguían matándoles en gran cantidad.

Y así se decidió la batalla tal como la habéis oído, y tocó la mejor parte a Argón. Y ahora os diré cómo Argón heredó la señoría a la muerte de su padre.

- CCIV - De cómo Argón heredó la señoría de su padre

Cuando Argón hubo vencido a Barac supo al poco tiempo que su padre Abaga había muerto.

Fue grande su desolación y preparó a todo su ejército para retirarse y emprender el regreso a la corte de su padre y entrar en posesión del señorío. Pero estaba a cuarenta jornadas de marcha.

Y sucedió que un hermano de Abaga, que se llamaba Acomat Soldán y que se había hecho musulmán, cuando oyó que su hermano Abaga había muerto se dijo que podía usurparle el poder a Argón, puesto que estaba lejos. Y se preparó con gran cantidad de gentes y fue directamente a la corte de Abaga, se apoderó del mando y se hizo señor. Allí encontró una gran cantidad de tesoros, y diola tan generosamente y con tanta largueza a sus barones y caballeros, que todos se dijeron que era un soberano bueno y dadivoso. Y todos le querían y tenían admiración. Acomat Soldán regía bien sus tierras, trataba de contentar a todos; sin embargo, hizo también una fea acción que muchos le reprobaron: cogió para él a todas las mujeres de su hermano Abaga y las hizo suyas.

Y no tardó mucho tiempo en saber que Argón venía a su encuentro con gran cantidad de gentes. No mostró, sin embargo, sorpresa y llamó a sus barones y adictos, y en una semana reunió a gran cantidad de soldados que se armaron contra Argón y juraron que no tenían más deseo que matarle y hacerle sufrir el martirio.

- CCV - De cómo Acomat va con su ejército para combatir a Argón

Cuando Acomat Soldán hubo reunido 60.000 hombres a caballo, se pusieron en camino al encuentro de Argón. Cabalgaron diez jornadas, y no pararon de cabalgar hasta que oyeron que Argón ya estaba en las cercanías y a cinco jornadas con tanta gente como tenían ellos. Entonces Acomat sentó sus reales en una gran llanura muy bella, y allí dijo que esperaría que Argón llegara, porque allí era buen sitio para combatir. Una vez llegadó al lugar y preparado el campo hizo reunir a toda su gente y les habló de la siguiente manera: «Señores -dijo-, ya sabéis que tengo derecho a ser el jefe de lo que era mi hermano, porque fui hijo de su padre y conquisté reinos y provincias que forman parte de nuestro patrimonio. Es verdad que Argón fue hijo de mi hermano y el poder le viene por derecho propio. Pero eso no es razón; puesto que su padre gozó tanto de la soberanía, es justo que yo la tenga ahora. Porque en vida hubo de darme la mitad, pero por bondad de corazón le dejé enteramenteel mando. Y ya que es así, ayudadme a defender mi derecho contra mi sobrino Argón y que el reino nos quede a nosotros. Porque no sólo quiero que tengáis honra, sino provecho. Y no os digo más, pues ya sé que haréis cuanto esté en vuestro poder para asistirme». Y le contestaron a una que mientras tuvieran un hilo de vida combatirían por él, aun en contra de Argón. Y ahora volvamos a Argón y a sus gentes.

- CCVI - De cómo Argón reunió en Consejo a sus barones para pelear contra Acomat

Cuando Argón supo que Acomat lo esperaba con tanta gente en el campo, fue grande su enojo; pero se dijo que no convenía que ellos creyeran que les temía, y quiso mostrarse esforzado y valiente. Reunió a sus barones y consejeros, y cuando les hubo reunido en gran asamblea en su pabellón -pues hablan acampado en lugar muy hermoso-, les dirigió la palabra de esta manera: «Hermanos míos y amigos: ya sabéis que durante el reinado de mi padre os amé como a hermanos y a hijos y sabéis también que en muchas batallas le ayudasteis a conquistar sus tierras. Ved a su hijo, que es el que tanto os quiere, pues yo os amo como a mi propio cuerpo. Y ya que es así, debéis ayudarme contra el que quiere despojarme del reino; ya sabéis que no es de los nuestros ni obedece a nuestra ley, pues es sarraceno y adora a Mahoma. Y no es cosa digna el que un sarraceno tenga el dominio sobre los tártaros. Por todas estas razones, hermanos míos y amigos, debéis tomar a pecho que esto no suceda, y le ruego a cada uno que sea valiente y quiera pelear con tanto arrojo que ganemos la batalla y el poder nos quede a nosotros y no al sarraceno, porque de nosotros es el poder y no de ellos. No os digo más, pero os pido reflexionéis para ayudarme». Y aquí calló, y no añadió palabra.

- CCVII - De cómo respondieron los barones de Argón

Cuando los barones oyeron las palabras de Argón dijéronse que morirían antes que no conseguir vencer por sus esfuerzos. Uno de los barones más importantes se levantó y habló así: «Señor nuestro, ya sabemos qué razón tenéis en decir cuanto habéis dicho, y no flaquearemos en la batalla; antes moriremos que nos venzan y seremos tan valientes que todas han de hablar de nuestro arrojo». Se calló, y no hubo ni uno sólo que quisiera añadir palabra, pero todos estaban de acuerdo con él y no deseaban más que una sola cosa: verse peleando en la batalla. Y en llegando el alba Argón y sus gentes se levantaron y marcharon, y tanto cabalgaron hasta llegar a una llanura donde se hallaban sus enemigos.

Cuando llegó Argón cogió a dos de sus barones y los envió a su tío para que le dijeran lo que os voy a relatar.

- CCVIII - De los emisarios que Argón envió a Acomat

Cuando estos sabios barones se despidieron de su señor, fueron los dos a caballo al campamento donde estaba la tienda de Acomat, rodeada de numerosa escolta. Acomat los conocía muy bien, y ellos también a Acomat. Saludáronle por cortesía, y Acomat les dio la bienvenida y los invitó a pasar a su pabellón.

Entonces uno de los dos barones se levantó y dijo: «Señor muy ilustre: Vuestro sobrino Argón está muy extrañado de lo que habéis hecho contra él; no es, por cierto, una buena acción y no la habéis hecho como buen tío a un buen sobrino, pues le habéis despojado de su reino. Por eso os manda y os suplica dulcemente, más que a un tío como a un padre, por el cual os tiene, de no seguir este camino y que no haya batalla ni mal entendido entre vosotros. Os repite, por tanto, que os tendrá el respeto de un padre y seréis señor de su tierra. Esto es lo que os manda y dice por medio de nosotros». Y se callaron, y no añadieron palabra.

- CCIX - De cómo Acomat contestó a los emisarios

Y cuando les hubo oído, respondió: «Señores emisarios: Mi sobrino no está en la razón, porque la tierra me pertenece y no es de él, pues yo la conquisté en unión de su padre. Si él quiere, yo le haré gran señor y le daré tantas tierras como si fuera mi propio hijo, y será en mi reino el primer barón después de mi persona, y si así no quiere, haré todo lo posible por matarle. Id y decidle esto a mi sobrino». Y los dos ancianos no quisieron oír más y se pusieron en camino hasta llegar aprisa al campo de su señor.

Al regreso dijeron a Argón lo que habían oído de boca de su tío. Oyó lo que aquél pretendía y la ira encendió su rostro, y dijo en alta voz a los que le escuchaban: «No tardemos más, pero vamos a matar a los traidores; mañana daremos el asalto para confundirlos». Y toda la noche se prepararon, Acomat Soldán, que lo sabía por sus espías, se preparaba también y amonestaba a sus hombres para que estuvieran listos.

- CCX - De la gran batalla entre Argón y Acomat

Y después de haber hablado a sus hombres se puso en camino hacia sus enemigos.

Cuando las huestes se encontraron frente a frente, hubo un choque violento en que temblaba la tierra. Argón hizo mil proezas para dar a su gente el buen ejemplo, pero de nada le sirvió; la fortuna le había vuelto la espalda y la derrota fue inmensa para él. Agotadas las saetas, muertos sus hombres y el campo sembrado de cadáveres, no pudiendo soportar tal horror, empezaron a huir, perseguidos por sus enemigos, que los mataban a porfía.

Por fin cogieron prisionero a Argón. Acomat hizo encadenar a su sobrino y le hizo guardar severamente.

Y Acomat, que era hombre sensual, se dijo que iría a holgarse entre las bellas mujeres que tenía y dejó al frente del ejército a un melic, al cual le confió la custodia de Argón, diciendo que cuidara de él como de la niña de sus ojos. Y se volvió a la corte por pequeñas etapas para no cansar a su gente. El melic le dijo que sería obedecido, y Acomat se puso en camino con numerosa compañía.

Dejó Acomat a la sazón al melie mandando al ejército en su lugar. Argón quedó prisionero, tan maltrecho y doliente que hubiera deseado morir.

- CCXI - De cómo concertaron los barones de que Argón recobrara su libertad

Y aconteció que un esforzado barón, muy anciano y venerable, se apiadó de Argón, y se dijo que era gran felonía y agravio el tener a su señor prisionero y que haría lo posible para librarle, y fue a dar estas razones a otros barones. Éstos, que sabían que era un hombre prudente y de buenas entrañas, oyeron sus concertadas razones y se pusieron de acuerdo para decir que harían su voluntad. Decidido lo cual, Boga, que es el que había dispuesto, y con él Elcidai y Togan, Tegana, Tagatiar, Ulatai y Samagar, se fueron al pabellón en donde Argón se hallaba encadenado. Y en su presencia, Boga, que era el jefe, habló de esta manera: «Señor, reconocemos abiertamente que hemos obrado mal haciéndoos prisionero; hemos venido a deciros que, arrepentidos, os queremos dar la libertad y que seréis nuestro señor». Y Boga calló.

- CCXII - De cómo Argón fue libertado

Cuando Argón hubo oído las palabras de Boga creyó que se trataba de una burla, y contestó dolorido y recio: «¡Gran pecado cometéis en burlaros de mí! Bien maltrecho me veo por vuestra culpa y bien puedo quejarme de vosotros, que deberíais honrarme como a vuestro señor y me habéis cargado de cadenas y os habéis atrevido a dejarme sin libertad. Habéis cometido, por cierto, gran pecado; id y dejadme en paz y no vengáis a hacerme escarnio». «Señor -replicó Boga-, sabed que no nos burlamos de vos». Y le juraron que le tomarían por señor, y Argón prometió no tomarles en cuenta sus malos tratos y que los querría como Abaga, su padre. Y después de cambiar estas promesas, le quitaron las esposas y le honraron como a su señor.Ordenó que tiraran desde el pabellón tantas flechas hasta matar al melic que le tenía prisionero y que era el jefe del ejército. A estas palabras tantas flechas partieron de la tienda de Argón hasta alcanzar al melic, que murió. Y Argón recuperó el poder y fue por todos obedecido. Y el melie que perdió la vida tenía por nombre Soldán y era el señor principal después de Acomat.

Y de esta manera fue cómo Argón recobró sus dominios.

- CCXIII - De cómo Argón recobró la soberanía

Cuando Argón se vio reintegrado en su dignidad y dueño y señor de todo, mandó que se encaminaran hacia la corte.

Sucedió a la sazón que un día que Acomat se hallaba en la corte, en su palacio principal, celebrando gran pompa y jolgorio, llegose un mensajero y le dijo: «Señor, os traigo malas nuevas, y no tales como quisiera traeros; sabed que los barones han libertado a Argón, reconociéndole como señor y dueño, y que han matado a nuestro amigo Soldán. Ya vienen para prenderos y mataros, y decid lo que habéis de hacer para evitarlo». El mensajero calló, y cuando Acomat hubo oído sus razones, teniéndole por leal y buen vasallo, se quedó anonadado y le entró mucho miedo. Ya no sabía qué hacer ni decir. Pero en seguida, como era valiente y osado, se rehizo y le dijo al mensajero que no fuera indiscreto y no platicara de esto con nadie. Y Acomat montó su corcel, y acompañado por sus hombres de confianza, se puso en camino y fue a ver al sultán de Babilonia, pues cerca de él se daba por seguro.

Mas llegado que hubo a seis jornadas, se metió por un desfiladero, pues otro no había, y el que guardaba el paso reconoció a Acomat y vio que huía. Se dijo que lo haría prisionero, lo que era fácil no llevando Acomat más que mísera escolta. Y sabed que le arrestó el centinela. Al cogerle por la brida de su caballo, Acomat le pidió gracia y le ofreció un gran tesoro si le dejaba escapar. Mas éste, que quería a Argón con todo cariño, dijo que no valían promesas ni aunque le ofrecieran todos los tesoros del mundo; que lo entregaría a su señor, Argón. Y hecho esto, se puso en camino hacia la corte, llevando a Acomat consigo, cuidando de no perderle de vista para que no huyera. Y cabalgaron sincesar hasta llegar a la corte, en donde encontraron a Argón, que había llegado hacía tres días tan sólo, contrariado de que Acomat se le hubiera escapado.

- CCXIV - De cómo Argón hizo matar a su tío Acomat

Y cuando el hombre que guardaba el paso llegó, trayendo a Acomat prisionero, sintiese Argón tan gozoso que jamás probara mayor alegría. Dijo a su tío que lo vela en mala hora y que haría de él lo que era en justicia, y mandó le quitaran de en medio y le dieran muerte.

Y el que recibió esta orden se llevó a Acomat a sitio donde nunca más le volvieron a ver. Y le hizo matar y precipitar donde nadie pudiera encontrar su cuerpo.

De esta manera se resolvió la contienda que traían Argón y su tío Acomat.

- CCXV - Del pleito homenaje que rindieron los barones a Argón

Hecho esto, Argón se sintió dueño de su palacio y seguro de su señoría, y los barones y vasallos de Abaga, su padre, vinieron a rendirle homenaje. Y Argón envió a su hijo Casan con 30.000 hombres a caballo a la tierra del árbol seco para salvaguardarla y proteger a sus súbditos.

Y tal como lo habéis oído, recobró Argón sus dominios y fue en el año 1286 de la Encarnación de Cristo, habiendo Acomat Soldán usurpado el poder durante dos años.

Argón reinó seis años y al cabo de ellos murió de enfermedad, aunque algunos suponen que murió envenenado por un brebaje maligno que absorbió.

- CCXVI - De cómo Cuiaratu tomó el poder después de la muerte de Argón

Después de la muerte de Argón, un tío suyo, hermano carnal de Abaga, llamado Cuiacatu, tomó el mando de la señoría, y esto pudo hacerlo porque Casan, el heredero, se hallaba muy lejos, en la región del árbol seco. Y Casan supo que su padre había muerto y que Cuiacatu le había arrebatado el poder. Lloró al saber la muerte de su padre, y más le afligió la pérdida del reino. No se podía mover por causa de sus enemigos, pero juró tomar venganza, como su padre lo hizo con Acomat. Cuiacatu tomó por esposa a la mujer de Argón, su sobrino. Amaba mucho a las mujeres y se recreaba en ellas, siendo muy voluptuoso. Reinó durante dos años, pero al cabo de ellos murió envenenado por un brebaje.

- CCXVII - De cómo Baidu tomó la señoría después de Cuiacatu

Después de muerto Cuiacatu, su tío Baidu, que era cristiano, tomó la señoría del reino. Y esto fue en el año 1294 de la Encarnación de Cristo, y todos le obedecieron, salvo los que estaban con Casan. Cuando Casan supo de la muerte de Cuiacatu, montó en cólera por no poder tomar venganza del agravio que éste le había hecho; mas se dijo que de Baidu haría tal escarmiento que el mundo entero hablaría de ello. Y se preparó con toda su gente y fuese al encuentro de Baidu a rescatar su reino. Enterado Baidu del avance de su sobrino, juntó a cuantos pudo y se apostó en plan de batalla a diez jornadas de él. Sentó sus cabales y esperó a Casan y a sus huestes para combatirlas. Y alentó con su palabra a sus secuaces para animarles a la lucha.

Al cabo de dos días llegó Casan con su gente y la batalla comenzó, encarnizada y terrible; pero al poco tiempo los que estaban con Baidu se volvieron contra él y fue derrotado y deshecho. Y Casan, victorioso, quedó dueño y señor de todo el reino y todos los barones le juraron fidelidad y le rindieron pleito homenaje como a su señor y rey.

Y comenzó a reinar el año 1294 de la Encarnación de Cristo nuestro Señor. Ahora habéis oído todos los hechos que acaecieron desde Abaga hasta Casan, y sabed que Alan, que conquistó Abaudac, era hermano de Cublai, el Gran Khan, y de él es de quien descienden todos los que os he mentado, pues fue el padre de Abaga, y Abaga el padre de Argón, y Argón de Casan, que es el que reina al presente.

Dejaremos los tártaros de Levante y hablaremos de la Gran Turquía, de la cual ya hablamos cuando os contamos de Caidu, que es su rey. De modo que proseguiremos más adelante.

- CCXVIII - Del rey Canci que reina en tramontana

Hacia tramontana hay un rey llamado Canci; es tártaro y sus gentes son tártaras también; se rigen por la ley de este pueblo, que es muy ruda y bestial; pero la observan como Gengis Khan y los demás la observaron.

Tienen un dios de fieltro que se llama Nacigai. Le prestan mujer y dicen de la pareja divina que son los dioses de la tierra y guardan al ganado y al trigo y todos los bienes terrestres. Los invocan constantemente, y cuando catan algún buen bocado se lo introducen en la boca para hacerles participar a los dioses de lo que comen. Viven como animales y no están sometidos a ninguna ley. Es verdad que Canci es de la estirpe de Gengis Khan, es decir, del linaje imperial y por su alcurnia es pariente próximo del Gran Khan. Este rey no tiene ni ciudades ni fortalezas, pero vive en el llano y la montaña. Sus gentes se nutren de leche y de carne. Son muy numerosos, pero pacíficos, y no buscan pendencia con nadie.

Tienen gran cantidad de ganados: camellos, caballos, bueyes, corderos y otros animales. Existen allí también grandes osos blancos, que son del tamaño de 20 palmos; zorros negros y grandes; cebellinas, de las cuales se hacen pieles preciosas; ratas de Faraón en gran cantidad, con las cuales se alimentan durante el verano. Tienen toda especie de animales salvajes porque moran en sitios intransitables y raros.

Y este rey posee una región donde no puede vivir el caballo; es un país donde hay lagos y manantiales, pero el hielo y el cieno son tan considerables que los caballos no pueden andar. Y esta región es de trece jornadas de extensión. Y en cada jornada se encuentra una posta y un mesón donde el viajero se puede albergar. En éstas hay lo menos 40 perros mastines grandes como pollinos, y son estos perros los que transportan los correos de un sitio a otro. Ya os dije que en estos parajes no podía usarse el caballo por el hielo, el cierzo y el barro, como tampoco las carretas de ruedas; por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van sobre el hielo y en el fango y no se hunden demasiado en él. En nuestra tierra hay trineos semejantes a éstos con los cuales se trae el heno y la paja en invierno cuando hay lluvia y lodo. En estos trineos ponen pieles de oso y la estafeta monta en ellos y tiran de ellos los perros de que os he hablado. A estos perros no ha menester guiarles: ellos van solos hasta la próxima posta y tiran muy bien del trineo. Y así van de una posta a otra y los perros la llevan por el camino más recto y mejor. Cuando la estafeta llega al otro puesto ya encuentra listos a otros perros que llevan en el trineo más adelante. Y los que le llevaron le vuelven a traer, y así sucede en todo el viaje.

Los hombres que viven en estos llanos y valles son muy cazadores. Apresan piezas de gran precio, de las cuales sacan mucho provecho, y éstas son: cebellinas, armiños, martas, herculinos y otros animales, los cuales les surten de preciosas pieles de gran estimación y valor. Tienen trampas de las cuales no escapa ni uno. Por causa del frío intenso viven en casas subterráneas. Y como ya no hay nada digno de mencionar, seguiremos nuestra narración y nos ocuparemos de un lugar donde reina la oscuridad.

- CCXIX - En donde se trata de la provincia que está en la oscuridad

Es verdad que antes de este reino hacia tramontana hay una provincia llamada La Oscuridad, porque siempre reinan en ella las tinieblas; no hay ni sol, ni luna, ni estrellas, pero sí una oscuridad como a primeras horas de la noche. Esta gente no tiene señor y viven como animales. Los tártaros los frecuentan a veces del modo que os contaré.

Los tártaros penetran en ella montados en yeguas y atan a sus potricos en el camino para.que las yeguas vuelvan otra vez donde están sus hijos y no yerren el camino. Los tártaros roban y hurtan lo que pueden y lo cargan en sus yeguas, que vuelven aprisa en busca de sus mamones y no equivocan el camino.

Tienen pieles de gran valor: cebellinas, zorros negros, martas y armiños. Todos son cazadores y reúnen tal cantidad de estas pieles que es maravilla, y los vecinos que viven en la luz se las compran y con ello acumulan riquezas. Estos hombres son muy grandes y buenos mozos, pero pálidos y sin color. Y sabed que la Rusia Mayor confina en el Norte con esta provincia.

Y no hay nada notable ya que mentar y seguiremos adelante hablándoos de la provincia de Rusia.

- CCXX - En donde se habla de la gran provincia de Rusia y de su gente

La Rusia es una gran provincia del Norte. Son cristianos y observan la ley de los griegos. Tienen varios reyes y un idioma propio. Son gente muy sencilla, pero hermosos varones y bellas mujeres blancas y rubias. Tienen desfiladeros estrechos y fortificados. No pagan tributo a nadie, exceptuando a un rey tártaro de Poniente que se llama Toctai. Pero éste no cobra casi nunca, pues no es tierra que se dedica al comercio. Es verdad que tienen pieles en cantidad, de gran valor y las más bellas del universo. Tienen muchas minas de plata. Y no hay cosa ya digna de mencionar, y por eso nos iremos de Rusia para hablaros del Gran Mar y de las provincias que le rodean y en primer lugar de Constantinopla.

Pero antes dejad que os cuente de una provincia entre tramontana y maestral. En esta región se halla una provincia llamada Lac, que confina con Rusia y es gobernada por un rey. Y son sus habitantes cristianos y sarracenos. Hacen el tráfico de pieles, que transportan por todo el mundo. Viven del comercio y de la industria.

Nos alejaremos de aquí porque ya no hay nada digno que contar; mas antes os diré algo sobre Rusia.

En Rusia hace el mayor frío del mundo, de tal suerte que en invierno apenas puede uno escapar con vida. Es tan extensa esta provincia, que llega hasta el Océano. En este mar hay islas en donde nacen los halcones peregrinos, en tanta cantidad, que los llevan a todas partes del mundo. Y de la Rusia a Oeste no hay muchos caminos, y si no fuera por el frío, se podría ir a ella fácilmente. Pero dejemos esto y hablemos de la Mar Grande, pues hay muchos mercaderes y navegantes que la conocen, pero otros no, y por eso es necesario dejarlo escrito. Y empezaremos por la boca o estrecho de Constantinopla.

- CCXXI - En donde se habla del estrecho del Mar Grande


En la embocadura del Mar Grande, hacia Poniente, hay una montaña llamada el Far. Pero muchos conocen este mar, y es preferible hablemos de los tártaros de Poniente y de los señores que lo gobiernan.

- CCXXII - De los reyes de los tártaros de Poniente

El primer señor de los tártaros de Poniente fue Sain, grande y poderoso señor. Este rey Sain conquistó la Rusia, la Comania, la Alania, Lac, Mengiar, Çic y Gutia y Gaçaria. Todas estas provincias conquistadas por el rey Sain estaban sujetas a Acomaiz, pero no tenían unidad y por eso perdieron sus tierras y fueron arrojados por el mundo, y los que quedaron son siervos de este rey Sain.

Después del rey Sain reinó el rey Patu; después de Patu reinó el rey Berca, y después de Berca reinó el rey Mongutemur, y después de Mongutemur reinó el rey Totamongu, y luego vino Toctai, que es el que reina al presente.

He aquí la nomenclatura de los reyes tártaros de Poniente. Y hablaremos de la gran guerra que hubo entre Alan, señor de Levante, y Berca, señor de Poniente, y el origen de esta guerra.

- CCXXIII - De la guerra que surgió entre Alan y Berca y de las batallas que libraron

En el año 1261 de la Encarnación de Cristo surgió una gran discordia entre el rey Alan, señor de los tártaros de Levante, y el rey Berca, rey de los tártaros de Poniente. Y esto fue por si una provincia pertenecía al uno o al otro, pues cada uno pretendía tener derecho a ella y ninguno la quería ceder al otro. Se declararon la guerra y cada uno decidió apoderarse de ella por la fuerza y se prepararon para la lucha.

Y así que se hubieron desafiado, en seis meses reunieron 300.000 hombres y se aprestaron a la lucha según sus costumbres.

Cuando estuvo listo Alan, señor de Levante, se puso en camino con toda su gente y cabalgaron hasta llegar a una llanura entre la Puerta de Hierro y el mar de Saray. Y aquí desplegó sus fuerzas en orden de batalla. Y había ricos pabellones y tiendas de campaña. Bien se veía que era un campamento de ricos hombres. Allí quedó aguardando a que Berca viniera a su encuentro y esperó al enemigo. Y dejemos a Alan y sus gentes y volvamos a Berca.

- CCXXIV - De cómo Berca y sus huestes encuentran a Alan

Y cuando el rey Berca hubo aparejado y reunido sus huestes y enteróse de que Alan había partido a su encuentro con las suyas, se dijo que ya no podía tardar y se puso en camino cabalgando tanto, hasta llegar al llano donde le esperaban sus adversarios. Y a diez jornadas de Alan alzó sus tiendas de campaña, y este campamento era tan hermoso como el de Alan, pues tenía sus tiendas recubiertas de gualdrapas de oro y ricas telas bordadas, de modo que jamás viose tanta riqueza en el campo de batalla, y tenía Berca más gente que Alan, pues había reunido a más de 350.000 hombres.

Al tercer día Berca llamó a sus hombres y les dijo: «Señores míos: Ya sabéis que desde que vine a esta tierra os he querido como hermanos y a hijos y varios de entre vosotros habéis peleado conmigo y me habéis ayudado a conquistar una gran parte de mi reino, así que debéis esforzaros en mantener nuestro honor. Ya sabéis que Alan se quiere batir con nosotros sin razón, ésta es la verdad; por consiguiente, tenemos derecho a mantenernos y darnos aliento los unos a los otros; así ganaremos la batalla. Somos en mayor número, pues ellos no tienen más que 300.000 hombres a caballo y nosotros tenemos 350.000, tan buenos como los de ellos, o mejores. No os diré más, pero cada cual esté en su puesto y se prepare a vencer y hagamos que en el porvenir todo el mundo nos tenga miedo». A estas palabras calló Berca, y ya os hemos contado cómo llevaba su negocio. Ahora os contaremos de Alan y su gente, de cómo se preparaban sabiendo que Berca y sus hombres estaban próximos.

- CCXXV - De cómo Alan habla a sus gentes

Cuando Alan tuvo la seguridad de que Berca llegaba con gran número de gentes reunió a su Consejo y a sus más respetables barones y dignatarios, y cuando estaban aunados les habló de la siguiente manera: «Hermanos míos, hijos y amigos: Toda la vida me habéis asistido y hemos ganado muchas batallas, y por eso os traigo a combatir contra la gente del temible Berca. Ya sé que su ejército es más numeroso que el mío y sabemos por nuestros espías que llegarán a la batalla dentro de tres días; ya me tarda en venir a las manos, y ruego a cada uno de vosotros que esté bien preparado para ese día y que me asistáis como de costumbre. Y una sola cosa os voy a recordar: que más vale morir en el campo de batalla para guardar su honor, hasta si hemos de ser derrotados. Pero que cada cual salve su honor y que el enemigo sea muerto y vencido». Así habló Alan a sus gentes.

Y esperaron que llegara el día de la batalla. Y cada partida se aparejó lo mejor que pudo en todas las cosas que le eran necesarias.

- CCXXVI - De la gran batalla que hubo entre Alan y Berca

Y cuando los dos grandes reyes con todas sus gentes se encontraron cerca, esperaron para comenzar la batalla que se hicieran oír las nácaras. Y de pronto sonaron, y en cuanto las oyeron no pararon mientes, mas se fueron con furor los unos contra los otros. Empuñaron los arcos, tiraron las saetas y había que verlas volar cubriendo todo el aire. Los hombres morían y caían de sus caballos, y no podía ser por menos con la cantidad de flechas que cruzaban el aire. Y ¿para qué extenderme?, no cesaron de tirar las flechas hasta que el suelo se cubrió completamente de muertos y heridos. Luego empuñaron las espadas y las mazas; corrieron asestando golpes mortales. Y la batalla fue de las más crueles que jamás se han visto. Caían brazos, manos y cabezas. Los hombres tropezaban con sus caballos muertos, que yacían en el suelo. Y murieron tantos, que en mala hora empezó esa batalla. Los gritos eran aterradores, que hubieran cubierto el ruido del trueno. Los muertos cubrían la tierra, que estaba roja de sangre, pues os repito que desde antiguo no hubo en el mundo una batalla donde murieron tantos hombres como en ésta. Y eran tantos los gritos y las imploraciones de los heridos de muerte, que daba lástima oírlos. Y cierto es que en mala hora empezó esta batalla de una parte y otra, porque muchas mujeres quedaron viudas y muchos niños huérfanos.

El rey Alan, que era sabio, prudente y esforzado, se portó tan bien en la contienda que bien se veía que era hombre destinado a mandar y a ceñir una corona. No hubo proeza de que no fuera capaz. Confortaba a su gente y, viéndole, todos se inflamaban de nuevo ardor, y era cosa grande verle, porque no parecía un hombre, sino el mismo trueno.

Y de esta manera se portó Alan en la batalla.

- CCXXVII - De cómo Berca se porta heroicamente

El rey Berca también era valiente, pero de nada le valió, pues tuvo tantos muertos y heridos que ya no lo podían soportar, y al caer de la tarde empezaron a huir. Cuando Alan vio que el enemigo huía se puso a perseguirle con sus caballos, matando y aniquilando cuanto encontraba al paso. Y al poco rato de haberles perseguido volvieron rienda y se fueron al campamento a deponer las armas. Los heridos se hicieron lavar y vendar, y estaban tan hartos de la pelea, que ya no podían más. La noche vino y descansaron, y cuando Alan recorrió su campamento recomendó que quemaran los cadáveres amigos y enemigos. Y en seguida ejecutaron sus órdenes. Y a la mañana siguiente Alan volvió a sus tierras con todos los supervivientes, pues entre los que habían ganado la batalla había también muchos muertos, y no digamos en el campo de los vencidos, que fue tan grande el número que no se podían contar. Y tal como habéis oído sucedió esta batalla y fue victorioso el rey Alan. Os contaremos ahora de otra batalla que hubo entre los tártaros de Poniente.

- CCXXVIII - De cómo Totamangu fue señor de Poniente

En verdad, un señor de los tártaros de Poniente, que se llamaba Mongutemur, murió, y la señoría recayó en Tolobuga, que era joven bachiller. Y Totamangu, que era un hombre poderoso, mató a Tolobuga con la ayuda de otro rey tártaro que se llamaba Nogai.

No reinó mucho tiempo y murió, y Toctai fue elegido señor. Era hombre prudente y avisado y regía la señoría de Totamangu. Y sucedió en ese tiempo que dos hijos de Tolobuga -el que había sido asesinado- crecieron y llegaron a ser hombres aguerridos, sabios y valientes. Los dos hermanos se pusieron en camino y se prepararon para ir a la corte del rey Toctai. Llegados que fueron a la corte, se presentaron ante él, poniendo rodilla en tierra. Toctai les dijo que eran los bienvenidos, y los hizo levantar. Entonces el primogénito tomó la palabra y dijo: «Magnífico señor: Os diré por qué hemos venido; en verdad somos los hijos de Tolobuga, que fue muerto por Totamangu y Nogai. A Totamangu ya no se le puede alcanzar porque murió, pero reclamamos a Nogai y os pedimos sostenernos contra él, como señor conocedor de la justicia, pues asesinó a nuestro padre. Os pedimos hacerle venir ante vos y pedirle razón de la muerte de nuestro padre. Y he aquí por qué venimos a esta corte». Y el joven se calló y no añadió palabra.

- CCXXIX - De cómo Toctai manda venir a Nogai para pedirle cuenta de la muerte de Tolobuga

Cuando Toctai oyó lo que el joven le dijo, que sabía era la verdad, le contestó: «Mi buen amigo: Lo que tú me mandas que haga y deseas le pida cuenta a Nogai, lo haré con mil amores. Le haré que venga ante mí a la corte y veremos lo que la razón nos sugiere».

Y Toctai envió a dos emisarios a Nogai, mandándole venir a su corte para dar cuenta y razón a los hijos de Tolobuga de la muerte de su padre. Y cuando los enviados del rey dijeron a Nogai la embajada que traían, se burló de ellos y dijo que no iría a la corte. Los enviados del rey se volvieron a la corte de su señor y le trajeron la respuesta de Nogai. Cuando Toctai oyó tal impertinencia, se encolerizó y dijo a todos los que le rodeaban y podían oírle: «Si Dios me ayuda, o Nogai vendrá aquí para dar satisfacción a los hijos de Tolobuga, o yo iré contra él con toda mi gente». Y volvió a enviar a otros dos embajadores con las palabras que oiréis.

- CCXXX - De cómo Toctai envía otro mensaje a Nogai

Los dos mensajeros a quien Toctai había confiado la misión se pusieron en camino y llegaron a la corte de Nogai. Se presentaron ante él, y saludando cortésmente le hablaron en estos términos: «Señor: Toctai os manda decir que si no venís a la corte a dar satisfacción a los hijos de Tolobuga, vendrá él con su gente contra vos y os hará todo el daño que pueda; decidid lo que hayáis de hacer y contestadnos». Mucho disgustó a Nogai lo que Toctai le mandaba decir, y contestó airado: «Volved a vuestro señor y decidle que no le temo ni a él ni a sus gentes y no esperaré que venga a mi tierra, mas iré yo mismo a su encuentro». Y cuando esto oyeron cabalgaron a toda prisa para llevar a su señor las palabras de Nogai.

Y viendo que la guerra se hacía inevitable, mandó Toctai aviso a sus gentes para que se alistaran con el fin de ir contra Nogai, e hizo grandes preparativos. Cuando Nogai tuvo la certeza de que Toctai le venía al encuentro, preparó sus caballos y sus gentes; pero no era tan poderoso como Toctai y tenía muchos menos soldados; sin embargo, se armó cuanto pudo. Esto le valió el ser más tarde grande y poderoso.

- CCXXXI - De cómo Toctai fue al encuentro de Nogai

Cuando Toctai estuvo pronto, se puso en camino con sus gentes y aparejó lo menos 200.000 hombres a caballo. Cabalgaron sin novedad hasta llegar a la llanura de Nerghi, que era anchurosa y bella, y esperó allí a Nogai porque sabía que éste venía a su encuentro. Los dos hijos de Tolobuga llevaban también muchos hombres a caballo y armaron muchas compañías para vengar la muerte de su padre.

Pero dejemos a Toctai y su gente y volvamos a Nogai y sus huestes. Se puso en camino con 150.000 hombres, la flor y nata de valientes caballeros y hombres de armas, más aguerridos que los de Toctai. Y al cabo de dos días llegó con su gente y sentó el campo a 10 millas del enemigo.

Y el campo era rico en tiendas de paño de oro, y brocateles, gualdrapas bordadas, y bien se veía que era el campamento de un gran rey. Y cuando llegaron en el llano de Nerghi descansaron para el día de la batalla.

- CCXXXII - De cómo Toctai habló a su gente

Cuando el rey Toctai hubo reunido a su gente, les hizo el discurso siguiente: «Señores: Hemos venido hasta aquí a batirnos contra el rey Nogai y sus hombres; lo hemos hecho con razón, porque no ha querido dar satisfacción a los hijos de Tolobuga. Como estamos en la razón, conviene seamos vencedores en la batalla y que el malvado perezca. Os pido que seáis esforzados y valientes para que podamos ver la muerte y destrucción del enemigo».

Por otro lado, el rey Nogai habló a su gente de la manera que vais a oír: «Mis buenos hermanos y amigos -dijo-. Sabéis que en muchas grandes batallas y acciones hemos vencido y contra gente más fiera y avezada. De modo que preparaos a vencer esta batalla, pues nosotros tenemos razón y ellos no están en la suya, pues sabéis que mi señor me mandó ir a su corte por razones de otros. Así que os digo que cada uno piense en hacer lo que pueda para que ganemos esta batalla y hagamos hablar de nosotros al mundo entero y digan que somos cada día más temibles». Y calló el rey Nogai y no añadió palabra.

Cuando hubieron hablado los dos reyes, no demoraron más. Al día siguiente se aparejaron. El rey Toptai repartió su gente en 20 batallones, y en cada uno puso un buen condotiero y un buen capitán. Y el rey Nogai armó 15 cuadros y en cada uno puso 10.000 hombres a caballo, con sus buenos y bravos capitanes. ¿Y qué os diré? Cuando los dos reyes estuvieron el uno cerca del otro tomaron un momento de tregua hasta esperar que tocaran las nácaras. Y al son de las nácaras empezó la pelea. La lucha fue encarnizada. Volaban flechas y saetas. Rugía el griterío. Cercenaban manos, brazos y cabezas. Veíanse caer a tierra caballos y caballeros. En ninguna batalla murió tanta gente, pero en más gran número murieron los hombres de Toetai que los de Nogai. Pero todo fue inútil, porque Nogai era terrible peleando, y aunque los hijos de Tolobuga se esforzaban en vengar la muerte de su padre y peleaban como leones, todo fue en vano y no consiguieron matar al rey Nogai. ¿Y qué más os diré? La batalla fue tal, que tantos que por la montaña estaban sanos y buenos, murieron aquel día, y muchas mujeres quedaron viudas, y esto fue porque la batalla resultó sangrienta y cruel.

El rey Toctai se esforzó, con todo su poder, en mantener a su gente y a su honor, e hizo grandes proezas. Y ciertamente que todo el mundo no podía más que alabarle. Se metía entre sus enemigos de tal manera como si no le importara la muerte. Hendía su sable a diestra y siniestra e iba repartiendo golpes de tal manera que dañó a todos sus enemigos. Mató muchos de entre ellos con su propia mano, y cuando esto velan sus amigos, llenábanse de nuevo ardor y aquéllos arreciaban contra éstos y los mataban sin piedad.

- CCXXXIII - Del arrojo y valor del rey Nogai

El rey Nogal se expuso tanto y tanto, y tanto combatió entre su gente, que acudía acá y allá y se excedía a sí mismo; entre el enemigo se batió como el león entre las fieras, y les venció, les aplastó en su furor bélico y se echó sobre ellos como un héroe. Y sus hombres, que velan así a su señor, se esforzaban en ser como él, corrían sobre sus enemigos, haciendo estragos entre ellos. ¿Y por qué contaros más? Sabed, en verdad, que la gente de Toctai se esforzó en mantener alto el honor, pero de nada les valió; tenían contra ellos a demasiados fuertes guerreros. Sufrieron tanto, que vieron que si más quedaban, morirían todos, y no aguantando más, empezaron a huir, y el rey Nogal arremetió contra ellos hasta diezmarlos a todos.

Así fue como Nogal venció la batalla y murieron más de 60.000 hombres. Mas el rey Toctai tuvo la suerte de escapar con vida y los hijos de Tolobuga también.

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  • Las primeras traducciones son del siglo XVI. En 1503, Cosmographia breue introductoria en el libro d'Marco Polo (Sevilla, 1503), y, en 1520 y también en Sevilla, la muy conocida de Rodrigo Fernández de Santaella.
  • La más divulgada edición de la obra completa corresponde a la traducción de Mauro Armiño, Libro de las Maravillas, editada originalmente en Madrid: Anaya, 1984, colección Tus Libros, 27-Viajes, ISBN 8475251081. Posteriormente fue reeditada en Barcelona: Ediciones B, 1997, Biblioteca Grandes Viajeros, ISBN 978-84-406-7042-7.

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