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Tragedia del Hospital Manuel Arriarán

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Tragedia del Hospital Manuel Arriarán
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6 de mayo de 1963

La Tragedia del Hospital Manuel Arriarán de Santiago ocurre el 6 de mayo de 1963, cuando una violenta explosión ocurre en uno de los pabellones quirúrgicos de dicho hospital, donde seis personas fallecieron entre ellos dos anestesiólogos, dos cirujanos y los dos pequeños pacientes que se encontraban sobre la mesa de operaciones y al menos otros 10 integrantes del equipo de salud, sufrieron múltiples lesiones y mutilaciones. La tragedia fue ocasionada por la explosión en cadena de los balones de ciclopropano.

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La magnitud de la tragedia en cuanto a vidas cobradas, se debió entre otros, a que en un mismo recinto funcionaban dos equipos quirúrgicos.

Las condiciones de seguridad en los quirófanos eran precarias. El anestésico de uso habitual en Chile en aquella época era el ciclopropano; recién empezaba a utilizarse el halotano.

De los anestesiólogos que fallecieron, uno de ellos, el Dr. Miguel Torres Kay era un profesional muy experimentado. Había estudiado medicina en la Universidad de Concepción, finalizando en la Universidad de Chile. Luego de un curso de especialización en anestesia en los hospitales Luis Calvo Mackenna y Salvador ingresó al hospital Manuel Arriarán, donde llegó a ser jefe de Servicio. Fue residente en anestesiología en el Mercy Hospital de Pittsburgh, colaborando allí en publicaciones científicas. A nivel nacional tuvo un destacado desempeño profesional, siendo Secretario de la Sociedad de Anestesiología de Chile en dos períodos, luego Vicepresidente y Presidente en ejercicio el momento de la tragedia. Sus trabajos científicos fueron numerosos en anestesia pediátrica: sobre premedicación, sobre uso del halotano en niños. De este modo en la tragedia se perdía a un socio fundador de nuestra Sociedad, formador de especialistas e investigador.

La otra anestesióloga, la Dra. Ana María Yurisic Hevia, era residente de anestesia de la Universidad de Chile y estaba finalizando su formación. Era casada y madre de dos hijas. Esa semana fatídica iniciaba su rotación por anestesia pediátrica, en el Hospital Arriarán. La Dra. Yurisic era hija de un prestigioso médico, además, miembro activo de la Sociedad de Anestesiología de Chile y hoy su memoria se honra en el Centro de Salud familiar que lleva su nombre. Ambos profesionales dejaron hijos de muy corta edad. Con los años, en ambas familias hubo un hijo que siguió los pasos de los padres mártires y se hizo médico.

Segundo, una mezcla de asombro por la precariedad de las condiciones de trabajo, tales como: pabellón compartido, circuitos de gases y riesgo de ignición entre otros. Pero al mismo tiempo admiración por la solidaridad, responsabilidad de medios y respeto por el prójimo con que se vivía en este país en blanco y negro. La las fotos de los periódicos de la época, que retratan lo sucedido, nos hablan de una sociedad a escala humana, que sufrió profundamente con este accidente y contribuyó hasta estos días a valorar a nuestros mártires.

Tercero, no podemos evitar el comparar con la práctica actual. Mucho se ha avanzado en seguridad en anestesia y cirugía. Desde luego, con posterioridad al accidente se prohibió en Chile el uso de ciclopropano, llamado por la prensa de la época “el gas de la muerte”, y muchas mejoras se introdujeron paulatinamente en el proceso anestésico-quirúrgico. Cada vez más se ha ido mejorando las condiciones de trabajo, la infraestructura y la capacitación del equipo médico. En esta época la incidencia de complicaciones menores se estima en 18-22%, las complicaciones severas oscilan entre 0,45-1,4% y la mortalidad es de 1/100.000. Estas condiciones son resultado de un trabajo intenso de los especialistas. Los protocolos establecidos, derivados de otras áreas del conocimiento, como la aeronáutica y otras industrias de alto riesgo, nos han llevado a establecer estándares de seguridad infinitamente superiores a los de 1963. El énfasis en seguridad forma parte de todos los procesos de calidad, acreditación y certificación, pero depende de nosotros que se lleven a cabo. Sin embargo, los avances en tecnología tales como redes de gases, monitoreo multifuncional, máquinas de anestesia, etiquetado de jeringas etc., no tendrán efecto en mantener o reducir las cifras actuales de morbimortalidad relacionada si no los incorporamos fehacientemente a nuestra actividad. De hecho, la administración segura de fármacos, a través de etiquetado, doble chequeo de preparación y administración se practica en forma deficiente por los anestesiólogos.

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