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Suicidio

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Suicidio
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Presentación

Demencia con Cuerpos de Lewy.jpg

El suicidio (en latín: suicidium, de sui, sí mismo, y caedĕre, matar) es el acto por el que una persona, deliberadamente, se provoca la muerte. Comúnmente es una consecuencia de la desesperación, causa por la que se atribuye con frecuencia a una enfermedad mental como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno límite de la personalidad, el alcoholismo o el abuso de sustancias.

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Contenido

A menudo influyen en él diversos factores estresantes como las dificultades financieras o problemas en las relaciones interpersonales. Entre las medidas empleadas para prevenir el suicidio se incluyen: limitar el acceso al método de suicidio, como armas de fuego y venenos, tratamiento de la enfermedad mental y del abuso de sustancias y mejora de las circunstancias económicas. Aunque son comunes las líneas de crisis, hay poca evidencia sobre su efectividad.

Los métodos de suicidio varían según el país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, el envenenamiento por plaguicidas y por medio de armas de fuego. El suicidio fue la causa de muerte de 842.000 personas en 2013, un considerable aumento en comparación con las 712.000 muertes por suicidio en 1990. Por lo anterior, el suicidio es la décima causa de muerte a nivel mundial. Es más común en hombres que en mujeres; los primeros tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las últimas. Se estima que cada año hay de 10 a 20 millones de intentos de suicidio no exitosos. Los intentos fallidos pueden acarrerar lesiones e incapacidades a largo plazo. Por su parte, los intentos son más comunes en jóvenes y en mujeres.

La visión del suicidio ha sido influenciada por diversos temas como la religión, el honor y el sentido de la vida. Tradicionalmente, las religiones abrahámicas lo consideran como un pecado debido a su creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samurai en Japón, el harakiri era respetado como una forma de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. El satí, actualmente una práctica ilegal, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria de su recién fallecido marido, ya sea voluntariamente o bajo presión de la familia o la sociedad.

Aunque en muchos países el suicidio o su intento son considerados un delito, en la mayoría de los países occidentales no son punibles. Durante los siglos XX y XXI, el suicidio mediante inmolación fue utilizado en algunas ocasiones como forma de protesta, mientras que el kamikaze y los ataques suicida fueron y son empleados como una técnica militar o terrorista

Definición

El suicidio es el «acto de quitarse deliberadamente la propia vida». Mientras que el intento de suicidio o comportamiento suicida no mortal es la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que no resulta en la muerte del individuo. El suicidio asistido consiste en la ayuda que una persona brinda a otra que desea acabar con su vida, ya sea por medio de los conocimientos o medios para hacerlo. En contraste, en la eutanasia la persona que ayuda a otra a finalizar su vida juega un papel más activo, por ejemplo al no instaurar o al suspender el tratamiento médico. La idea suicida implica pensamientos sobre suicidarse «con diversos grados de intensidad y elaboración»

Factores de riesgo

Los factores de riesgo de suicidio incluyen: enfermedades psiquiátricas, abuso de sustancias, el estado psicológico, las situaciones culturales, familiares y sociales y la genética. Frecuentemente, coexisten las enfermedades mentales y el abuso de sustancias. Otros factores de riesgo son: un intento de suicidio previo, la disponibilidad de medios para llevarlo a cabo, historia familiar de suicidios o la presencia de un traumatismo craneoencefálico. Respecto a la disponibilidad de un medio, se ha encontrado que las tasas de suicidio son mayores en hogares con armas de fuego. Asimismo, problemas socio económicos como el desempleo, la pobreza, la indigencia y la discriminación pueden desencadenar pensamientos suicidas. Entre el 15% y el 40% de las personas dejan una nota suicida. La genética es la causa de entre el 38% y el 55% de los comportamientos suicidas. Por otro lado, los veteranos de guerra tienen un mayor riesgo de suicidio debido, en parte, a una mayor incidencia de enfermedades mentales y a problemas de salud relacionados con la guerra.

Enfermedades mentales

Se estima que la presencia de enfermedades mentales al momento del suicidio varía entre el 27% y más del 90% de los casos. De los pacientes ingresados a unidades psiquiátricas, el riesgo vitalicio de completar el suicidio es de alrededor de 8.6%. La mitad de las personas fallecidas por suicidio podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor; tener esta enfermedad o alguno de los trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar, incrementa 20 veces el riesgo de suicidio. Otras condiciones implicadas incluyen: la esquizofrenia (14%), trastornos de la personalidad (14%), trastorno bipolar y trastorno por estrés postraumático. Cerca del 5% de las personas con esquizofrenia mueren por suicidio. Los trastornos de la conducta alimentaria son también un importante factor de riesgo.

Un historial de intentos de suicidio previos es el mejor predictor de un eventual suicidio consumado. Aproximadamente el 20% de los suicidas tuvieron un intento previo y, de estos, el 1% se suicidó al cabo de un año y el 5% al paso de 10 años. Comúnmente las autolesiones no tienen motivos suicidas y en su mayoría no representan un riesgo de suicidio. No obstante, algunos de los que realizan esta práctica se suicidan. En aproximadamente, en 80% de los suicidios consumados, los suicidas acudieron a un médico en el año anterior a su muerte;33 45% lo hizo en el mes previo. Un estudio encontró que, de 5894 fallecidos por suicidio, el 83% tuvo contacto con los servicios de salud mental en el año anterior a su fallecimiento.

Abuso de sustancias

El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común. Tanto el abuso crónico, como la intoxicación aguda están asociados. El riesgo incrementa cuando se combina con problemas personales, como el duelo. Por otro lado, el abuso de sustancias está asociado con algunos trastornos mentales.

La mayoría de las personas están bajo la influencia de drogas sedantes (como el alcohol o las benzodiazepinas) al momento de suicidarse; el alcoholismo está presente entre el 15% y el 61% de los casos. Generalmente, los países con mayores tasas de uso de alcohol y mayor densidad de bares tienen tasas de suicidio más altas. Entre el 2.2% y el 3.4% de las personas tratadas por alcoholismo fallecen por suicidio en algún punto de su vida. Comúnmente, los alcohólicos que intentan suicidarse son hombres, mayores y han intentado suicidarse previamente. Son suicidios entre el 3% y el 35% de las muertes por consumo de heroina. En adolescentes, el abuso de alcohol y disfunciones neurológicas y psicológicas pueden contribuir a incrementar el riesgo de suicidio.

El abuso de cocaína y metanfetaminas tienen una alta correlación con el suicidio. En las personas que usan cocaína el riesgo es mayor durante la fase de abstinencia. En aquellos que emplean inhalantes también hay un significativo riesgo; 20% de las personas intenta suicidarse en algún momento y más del 65% lo han considerado. Asimismo, el fumar cigarros también está asociado con riesgo de suicidio. No obstante, hay poca evidencia de la razón de esta asociación; se ha conjeturado que aquellos con predisposición a fumar también tienen predisposición al suicidio, que el fumar causa problemas de salud que, subsecuentemente, llevan a las personas a finalizar su vida y que fumar afecta la química del cerebro, causando tendencia al suicidio. Por su parte, independientemente, la marihuana no parece incrementar el riesgo de suicidio.

Condiciones médicas

Existe una asociación entre las tenencias suicidas y problemas de salud como el dolor crónico, el traumatismo craneoencefálico, el cáncer, la insuficiencia renal (con necesidad de hemodiálisis), el VIH y el lupus eritematoso sistémico. El diagnóstico de cáncer duplica el subsecuente riesgo de suicidio. En Japón, los problemas de salud son registrados como la principal razón de suicidio.

Por otra parte, trastornos del sueño como el insomnio o la apnea del sueño son también factores de riesgo para depresión y suicidio. En algunos casos, los trastornos del sueño pueden ser un factor de riesgo independiente para la depresión. Otras condiciones médicas pueden presentarse con síntomas similares a los trastornos del estado de ánimo, incluyendo el hipertiroidismo, el Alzheimer, los tumores cerebrales, el lupus eritematoso sistémico y efectos adversos de ciertos fármacos (como beta bloqueadores y esteroides).

Estados psicológicos

Diversos estados psicológicos pueden incrementar el riesgo de suicidio: desesperanza, anhedonia, depresión y ansiedad. También influyen: una pobre capacidad de resolver problemas, pérdida de capacidades que antiguamente se tenían y poco control de los impulsos. En adultos mayores, es importante la percepción de ser una carga para otras personas.55 El suicidio producto de una «pobre integración a la sociedad» se denomina «suicidio egoísta».

Diversos estreses de la vida, como la pérdida de un familiar o amigo, de un trabajo o el aislamiento social (como el vivir solo), incrementan el riesgo de suicidio. Asimismo, las personas que nunca se han casado tienen un riesgo mayor. Al contrario, el ser religioso puede reducir el riesgo de suicidio. Lo anterior se ha atribuido a las percepciones negativas de muchas religiones sobre el suicidio y a la interrelación que la religión puede proveer.

Algunas personas se suicidan para escapar del acoso escolar o el prejuicio. Un historial de abuso sexual infantil y de acogidas temporales son también factores de riesgo. Se cree que el abuso sexual contribuye con alrededor del 20% del riesgo total. Desde un punto de vista evolutivo, una explicación del suicidio es que este ayuda a la eficacia biológica inclusiva. Lo anterior puede ocurrir si el suicida es una persona que no puede tener más hijo y que, al permanecer vivo, está robando recursos a sus parientes. Una objeción a la teoría es que las muertes de adolescentes sanos no ayudan a la eficacia biológica inclusiva.

La pobreza está relacionada con el riesgo de suicidio. El incremento de la pobreza relativa, en comparación con las personas que rodean al individuo, incrementa el riesgo de suicidio. Cerca de 200 000 granjeros en la India se han suicidado desde 1997 debido, en parte, a problemas financieros. Asimismo, en China, el suicidio es tres veces mayor en regiones rurales que en las urbanas; lo que, se cree, es debido, parcialmente, a las dificultades económicas en estas áreas del país.

Métodos

Los métodos más comunes de suicidio varían según el país. No obstante, entre los métodos más utilizados están el ahorcamiento, el envenenamiento por pesticidas y el disparo con arma de fuego. Se cree que las diferencias en los métodos se deben, en parte, a la disponibilidad de los mismos. En una revisión de 56 países se encontró que el ahorcamiento era el método más utilizado en la mayoría, sumando el 53% de suicidios de hombres y 39% de mujeres.

A nivel mundial, 30% de los suicidios son realizados por medio de pesticidas. Sin embargo, el uso de este método varía marcadamente del 4% en Europa a más del 50% en el Pacífico. También es comúnmente utilizado en Latinoamérica, debido al fácil acceso a los pesticidas en las poblaciones agrícolas. La sobredosis es motivo de aproximadamente dos tercios de los suicidios de mujeres y un tercio de los de hombres. Muchos no son planeados y ocurren durante periodos de ambivalencia. La tasa de mortalidad varían según el método: arma de fuego 80%-90%, ahogamiento 65%-80%, ahorcamiento 60%-85%, tubo de escape 40%-60%, salto 35%-60%, quema de carbón 40%-50%, pesticidas 6%-75% y sobredosis de medicamentos 1.5%-4%. Los métodos más empleados para el intento de suicidio y para el suicidio exitoso también son diferentes; cerca del 85% de los intentos de suicidio en el mundo desarrollado se realizan por sobredosis.

En China, el método más común es el envenenamiento por pesticidas. En Japón, aunque todavía se practica el harakiri, el método más común es el ahorcamiento, al igual que en Suiza. El salto desde alguna altura es común en Hong Kong y Singapur, involucrado en el 50% y 80% de los suicidios, respectivamente. En Estados Unidos, el 57% de los suicidios involucra un arma de fuego, método un poco más común en hombres que en mujeres, seguido del ahorcamiento en hombres y el envenenamiento en mujeres.

Fisiopatología

Cerebro humano.jpg

No existe una fisiopatología unificadora de la depresión o del suicidio. Sin embargo, se cree son resultado de la interacción de factores de socioambientales, psiquiátricos y de comportamiento. Los niveles bajos del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC) están directamente asociados con el suicidio e indirectamente asociados con el trastorno depresivo mayor, el trastorno de estrés postraumático, la esquizofrenia y el trastorno obsesivo compulsivo. Diversos exámenes post-mortem han encontrado niveles bajos del FNDC en el hipocampo y en la corteza prefrontal en personas con y sin condiciones psiquiátricas. Se cree que los niveles de serotonina se encuentran bajos en suicidas. Lo anterior se basa, parcialmente, en el hallazgo en autopsias de niveles incrementados de receptores 5-HT2A. Asimismo, otras pruebas han encontrado niveles reducidos de ácido 5-hidroxindolacético en el líquido cefalorraquídeo. No obstante, evidencias directas son difíciles de reunir. También se cree que la epigenética participa en la determinación del riesgo de suicidio. Aspectos sociales y demográficos del suicidio

Crisis económica y suicidio

Algunos estudios correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio, en una proporción de 0,8% de aumento en la tasa de suicidios por cada punto de aumento en el desempleo, así como los trastornos mentales derivados como ansiedad o depresión. Con ocasión del Día de la Salud Mental 2012, celebrado bajo el lema "la depresión, una crisis mundial", la Organización Mundial de la Salud advirtió de la influencia de las causas económicas en el problema y señaló precisamente el desempleo y los impagos como las principales causas de suicidio.

El índice que marca un aumento del 0,8% de la tasa de suicidios por cada aumento de punto de desempleo, establecido a partir de un estudio publicado en 2009 en la revista The Lancet sobre la relación entre el suicidio y las crisis económicas en veintiséis países europeos a lo largo de tres décadas, se está cumpliendo actualmente en el caso de países como Grecia e Irlanda.

Según el estudio de The Lancet la tasa de suicidios en la Unión Europea se encontraba en descenso hasta 2008. Con la crisis económica de 2008-2013 comenzó a aumentar, siendo ahora un 20% superior al nivel mínimo que había sido alcanzado en 2007.

De forma general aumentan las muertes por suicidio en todos los países y situaciones. El desempleo se asocia a suicidio.

En el mundo, el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los accidentes de tráfico, entre los 10 y 24 años.[cita requerida] Se puede evitar el aumento de los suicidios, con el rechazo a las políticas que hacen caer el sistema de previsión social, la educación, la sanidad, la cultura y el medio ambiente.

Datos sobre el suicidio

Tasa de suicidio y homicidio x países

Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, en el 2012 se registraron en el mundo unas 804 000 muertes por suicidio; lo que representa un suicidio cada 40 segundos. Además, revela que a nivel mundial el suicidio es la segunda causa de muerte en la población entre 15 a 30 años y que las tasas de suicidio son más elevadas entre las personas de 70 años de edad o más.

El suicidio, según las estadísticas mundiales, alcanza anualmente más de un millón de personas, lo que representa un 1,8% del total de fallecimientos. En los jóvenes y adolescentes, algunos de los factores de riesgo que influyen en la decisión de suicidarse son: abuso de la ingesta de alcohol, consumo de algún tipo de droga, violencia familiar, comportamientos antisociales, depresión, aislamiento, entre otros.

Según Durkheim (1897) hay varios tipos de suicidios. Uno de estos se conoce como el suicidio por imitación. Este último se lleva a cabo porque el suicidio es un factor de impresión e impacto que tiene el suicidio a las personas en su alrededor, además dice que no solo impacta a aquellos cercanos a la víctima, sino que “un estornudo, un abucheo o un impulso homicida pueden pasarse de un individuo a otro sin que exista entre ellos más que una relación fortuita y pasajera”.

Suicidio en Chile

2014

Según datos de la OCDE, Chile habría incrementado su tasa de muertes autoinflingidas, de acuerdo con el estudio global. Dentro de la región, Chile ocupa el cuarto lugar dentro de los países con mayor tasa de suicidio, después de Guyana (26,2 por 100 mil habitantes), Surinam (23,3) y Uruguay (14,2). Le siguen, Trinidad y Tabago (10,7), Estados Unidos (10,1), Cuba (9,9) y Canadá (9,7).

  • 1500 chilenos, aproximadamente, cometen suicidio anualmente, de estas, el 90% padecen de alguna enfermedad psiquiátrica.
  • 4 veces mayor es la tasa de hombres que se suicida, versus mujeres.
  • Chile es el país de la OCDE donde más ha aumentado el suicidio, después de Corea del Sur.
  • Segundo lugar de muertes no naturales en Chile lo constituyen los suicidios. En el 1ero están los decesos por accidentes de tránsito.
  • De 20 personas que intentan suicidarse, 1 lo consigue.[1]

2015

En Chile, según datos del Servicio Médico Legal, el año pasado 1596 personas se quitaron la vida. Es decir, 9 personas cada 100 mil habitantes.

  • Los mayores de 65 años son el grupo que registra el mayor número de suicidios

Tasa Suicidio por región de Chile

Tasa Suicidio por region de Chile.png

Equilibrio Químico

Que nuestra salud mental depende, entre otros factores estructurales y evolutivos, de un cierto equilibrio químico en el cerebro es algo comúnmente conocido. Los fármacos destinados a la curación o alivio de muchas psicopatologías trabajan precisamente alterando o estabilizando la química cerebral del paciente. Muchas drogas están diseñadas para alterar positivamente nuestro estado de ánimo. Es más, nuestra dieta diaria es capaz de influir en nuestro estado de ánimo. Se está haciendo poco a poco normal (sin falta de controversia) ver anunciados suplementos vitamínicos que van orientados precisamente a mejorar nuestro estado de ánimo. Pero no hace falta recurrir a los suplementos. Nuestra dieta normal debe cubrir las necesidades energéticas y químicas de nuestro cuerpo (¡por eso debe ser variada y equilibrada!), y nuestro cerebro forma parte de ese cuerpo y de esa receta de ingredientes. Si nuestro cerebro no obtiene lo que necesita en la dieta u obtiene cosas que no necesita, puede alterarse su funcionamiento.

Esto anterior abre multitud de preguntas. ¿Cómo podemos saber las consecuencias anímicas de cada cosa que ingerimos? ¿Y si tu alimento favorito resulta que te deprime? ¿Podrías ser una persona más alegre simplemente cambiando de dieta? No nos pongamos nerviosos antes de tiempo. Muchas empresas y marcas se aprovechan de este vínculo entre dieta y estado de ánimo para hacer promesas discutibles (“Coma este yogurt y se sentirá feliz cada día”), pero lo cierto es que el vínculo existe. Desgraciadamente (o por suerte) cada persona es un mundo y la química de cada cual es la química de cada cual. Por esto debemos huir de eslóganes absolutistas como el de algunos productos.

Estructura de la Fenilalanina

Empezamos a explorar este tema en “Fenilalanina: ¿la chispa de la felicidad?” en el que utilizamos la “feliz coincidencia” entre el eslogan de la marca Coca-Cola, “La chispa de la felicidad”, el hecho de que sus productos light (como muchos productos light) contengan una fuente de fenilalanina y el hecho de que el déficit de fenilalanina forme parte de una de las hipótesis que trata de explicar la depresión. Vimos que un defecto de fenilalanina en la dieta puede tener un efecto negativo en el humor y viceversa, pero que la relación está lejos de ser lineal. No podemos hablar de que un alimento nos hace feliz o tristes. Tampoco podemos decir que aumentar mediante complementos vitamínicos la dosis de cierta sustancia que nuestro cerebro necesita para su normal funcionamiento signifique un aumento proporcional del correcto funcionamiento cerebral. La química cerebral está lejos de ser una sencilla regla de tres.

Pero, repetimos, que la relación sea opaca y compleja no significa que no exista relación entre la ingesta de ciertas sustancias y nuestro estado de ánimo o en el reflejo de nuestro estado de ánimo. Aunque la psicofarmacología nos lo confirma a diario, hoy vamos a ver un ejemplo muy curioso de ello.

La relación entre litio y tasa de suicidio, más concretamente de la relación entre el nivel de litio en el agua corriente y la tasa de suicidio en la población.

Litio y tasa de suicidio

Qué es el litio

El litio es un elemento químico natural que se encuentra en rocas, mar y también en seres vivos. Plantas, vertebrados e invertebrados contamos con niveles de litio en nuestro cuerpo, aunque todavía no se sabe muy bien qué hace ahí (parece demostrado que podemos vivir sin litio en nuestro cuerpo perfectamente).

Aunque no dispongamos de litio en grandes cantidades de manera natural, este elemento es un famoso del “maletín del psiquiatra” debido a los efectos estabilizadores del humor de su consumo que han resultado útiles en el tratamiento del trastorno bipolar, sobretodo para “amortiguar” los episodios maníacos sobretodo para reducir el riesgo de suicidio en los enfermos, y para aumentar el efecto de otros medicamentos en las depresiones unipolares (lo que típicamente se conoce como depresión”.

Sus efectos, a grosso modo, se deben a la capacidad del litio para disminuir la síntesis de norepinefrina y para aumentar la síntesis de serotonina en nuestro sistema nervioso.

¿Menos suicidios por beber agua de la llave?

Si la ingesta de litio tiene efectos en nuestro humor y el litio está presente en la naturaleza, ¿el nivel de litio en el entorno puede influir en nuestro humor? La respuesta parece positiva. ¿Cómo puede ser esto?

El litio, como dijimos, es un elemento químico que puede encontrarse en rocas, en el agua y en otros seres vivos. Si ingerimos agua y otros seres vivos y además el agua de la lluvia es capaz de derivar parte del litio de las rocas al agua de los ríos o a suelos de cultivo, la relación se vuelve plausible.

Varios estudios han abordado la relación entre el contenido en las aguas de litio y tasa de suicidio. Uno de ellos realizado en Texas describió una relación negativa entre los niveles en los depósitos de agua municipales de litio y tasa de suicidio. Esto es, cuanta mayor cantidad de litio en los depósitos, menor era la tasa de suicidio local, y viceversa. Otro realizado en Japón también describió una correlación igualmente negativa entre la cantidad en el agua corriente de litio y tasa de suicidio en la prefectura de Oita.

Aunque los anteriores estudios fueron criticados por no controlar variables que pudieran estar interviniendo en esta aparente relación negativa entre litio y tasa de suicidio, otro estudio realizado en Austria aportó más luz a esta curiosa relación. Esta vez se controlaron variables que ya habían mostrado tener relación en la tasa de suicidio: la densidad de población, el nivel de servicios de salud mental existente, el nivel socioeconómico y, también, la proporción de cristianos católicos.

Para el estudio se tomaron más de 6000 muestras de agua de 99 distritos austriacos. Los resultados mostraron una correlación negativa elevada entre niveles de litio y tasa de suicidio local, es decir, mayores niveles de litio indicaban menores niveles de suicidio, esta vez sin interferencia de otras posibles relaciones como el nivel socio económico o el nivel de servicios de salud mental. Tras análisis estadísticos, aunque la relación no era total, se pudo establecer que los niveles de litio en el agua eran un buen predictivo de la tasa de suicidio.

Gráfico que muestra la relación negativa entre niveles de litio y tasa de suicidio. A menores niveles de litio (izquierda, eje x) mayor tasa de suicidio (arriba, eje y) Extraído del estudio de Kapusta et al.

A pesar de la correlación intensa encontrada, no podemos establecer con este tipo de estudios una relación causal entre nivel de litio y tasa de suicidio. No podemos afirmar que una población se “suicide menos”, invariablemente, porque haya más litio en sus aguas o en los alimentos que consume. Pero la relación entre litio y tasa de suicidio existe y es un predictor a tener en cuenta. Sobretodo dan pie y abren interesantes caminos para seguir explorando la siempre sorprendente química de nuestro cerebro.[2]

Una sola conmoción cerebral puede triplicar el riesgo de suicidio a largo plazo

Conmocion cerebral.jpg

Un nuevo estudio que analizó conmociones cerebrales leves en adultos canadienses sugiere que los riesgos son aún más altos en el caso de lesiones en actividades recreativas.

Mientras que las Panteras de Carolina y los Broncos de Denver se enfrentaban en el tercer cuarto del reciente Super Bowl, el receptor abierto Philly Brown sufrió una posible conmoción cerebral y, para desilusión de los fanáticos de las Panteras, no volvió al juego. Pero fue por una buena razón: ahora se sabe que estos traumatismos son lesiones mucho más serias de lo que se creía. Y el peligro puede no estar limitado a las repercusiones inmediatas. Los investigadores ya han vinculado el suicidio con lesiones cerebrales más severas — en particular en veteranos militares y atletas profesionales— y más recientemente han explorado la conexión entre conmociones cerebrales y depresión.

Ahora, un nuevo estudio publicado en el Canadian Medical Association Journal muestra que aún las conmociones leves ocurridas en situaciones cotidianas podrían serían más perjudiciales de lo que se pensaba; el riesgo de suicidio a largo plazo se triplica en adultos que han experimentado incluso una conmoción cerebral. Este riesgo aumenta un tercio si el golpe ocurre un fin de semana en vez de un día de semana —lo que sugiere que los traumatismos en situaciones recreativas son más riesgosos a largo plazo que aquellos ocurridos en el trabajo. “El paciente típico que veo es un adulto de mediana edad, que no es un atleta de elite”, dice Donald Redelmeier, científico de la Universidad de Toronto y uno de los autores principales del estudio. “Y las circunstancias habituales par sufrir una conmoción cerebral no son durante un partido de fútbol; ocurren al conducir y tener un accidente de tráfico, al trastabillar y caerse en una escalera, o intentando reparar algo complicado en la casa, esto es, en actividades de la vida cotidiana”.

Redelmeier y su equipo quisieron examinar los riesgos de conmociones cerebrales ocurridas bajo esas circunstancias. Identificaron casi un cuarto de millón de adultos en Ontario que fueron diagnosticados con un traumatismo leve en un período de 20 años —casos severos que resultaron en una internación hospitalaria fueron excluidos del estudio— y los siguieron hasta una posterior muerte por suicidio. Resultó que entre esos pacientes hubo más de 660 suicidios, lo que equivale a 31 muertes cada 100.000 pacientes anualmente: tres veces lo registrado en la población general. En promedio, los suicidios ocurrieron casi seis años después del traumatismo. Hallaron también que el riesgo fue independiente de las características demográficas o condiciones psiquiátricas previas, y aumentó con conmociones cerebrales adicionales.

Para los traumatismos ocurridos durante un fin de semana, el riesgo de suicidio posterior fue cuatro veces mayor a lo habitual. Redelmeier y sus colegas se preguntaron si el riesgo sería diferente entre conmociones cerebrales ocurridas en el trabajo o en actividades recreativas. Sin embargo, como no tenían información sobre dónde los pacientes sufrieron el traumatismo decidieron usar el día de la semana en que ocurrió, como modo de aproximarse. Aunque no saben por qué el riesgo durante los fines de semana es más alto, sospechan que puede ser porque en esos días el personal médico no está tan disponible o accesible, o la gente no busca atención de inmediato.

Pese a que las causas subyacentes de la conexión entre conmoción y suicidio aún no se conocen, Redelmeier dice que hubo al menos tres posibles explicaciones. Un traumatismo puede ser un marcador pero no necesariamente un mecanismo de problemas posteriores, o en otras palabras, las personas que sufren estos golpes ya podrían tener, originalmente, un desequilibrio que aumenta su riesgo de depresión y suicidio. “Pero también observamos al subgrupo de pacientes que no tenía una historia psiquiátrica pasada, ni problemas anteriores, y aún así encontramos un aumento significativo en el riesgo. Por lo que no creo que eso sea todo”, detalla el experto. Una de las explicaciones más plausibles, dice, es que el traumatismo cause una lesión cerebral, como una inflamación (como se halló en algunos estudios), de la cual los pacientes nunca se recuperan totalmente. De hecho, un estudio realizado en 2014 encontró que la repetición de una lesión en la cabeza lleva a un mayor riesgo de enfermedades mentales más adelante en la vida. La otra posibilidad es que algunos pacientes no se tomen el tiempo suficiente para recuperarse antes de volver a la rutina diaria, lo que conduce a tensión, frustración y decepción— y, en definitiva, puede resultar en depresión y, por último, incluso suicidio.

Lea Alhilali, médica e investigadora del Instituto Neurológico Barrow, que no participó en este estudio, usa imágenes con tensor de difusión (una técnica de resonancia magnética) para medir la integridad de la sustancia blanca en el cerebro. Su equipo halló similitudes entre los patrones de degeneración de la sustancia blanca en pacientes con depresión vinculada con traumatismos y pacientes que no tenían lesiones con un desorden depresivo importante, particularmente en el núcleo accumbens, o el “centro de recompensas” del cerebro. “Puede ser difícil determinar qué está relacionado con una lesión y qué se vincula con las circunstancias que rodean a la conmoción cerebral, dice Alhilali. “Podría ser trastorno de estrés postraumático (PTSD), la pérdida de un trabajo, lesiones ortopédicas que puedan influir en la depresión. Pero yo creo que probablemente hay una lesión cerebral orgánica”.

Alhilali hace referencia a estudios recientes sobre encefalopatías traumáticas crónicas (ETC), una enfermedad cerebral degenerativa y gradual asociada con golpes en la cabeza a repetición. A menudo vinculada a la demencia, la depresión, la pérdida del control y el suicidio, la ETC fue diagnosticada recientemente en 87 de 91 jugadores de la NFL fallecidos. ¿Por qué, dice Alhilali, no sospecharíamos de que las conmociones cerebrales también causen otros daños en el cerebro?

Puede que este nuevo estudio solo represente la punta del iceberg. “Solo estamos mirando las consecuencias más extremas, que es quitarse la propia vida”, dice Redelmeier. “Pero por cada persona que se suicida, hay muchas otras que lo intentan, y cientos que piensan en hacerlo y miles que sufren depresión”.

Es necesario hacer más investigaciones; este estudio no logró tomar en cuenta las circunstancias exactas bajo las cuales ocurrió el traumatismo. La investigación de Redelmeier analizó solo los registros de adultos que buscaron atención médica, ni incluyó lesiones de cabeza más severas que necesitaron hospitalización o una mayor atención de emergencia. En ese sentido, sus resultados pueden haber subestimado la magnitud de los riesgos absolutos en cuestión.

Aún muchas personas no son concientes de estos riesgos.

Redelmeier es categórico en cuanto a que la gente debería tomar conciencia seriamente. “Necesitamos hacer más investigación sobre la prevención y la recuperación”, señala. “Pero déjeme expresar al menos tres cosas: Una, permítase descansar. Dos, cuando empiece a sentirse mejor, no intente volver con vehemencia. Y tres, incluso después de que se sienta bien, y de que haya descansado adecuadamente, no se olvide completamente del tema. Si tuvo una reacción alérgica a la penicilina hace 15 años, seguro se lo diría a su doctor y lo tendría presente en su historial médico. Entonces, hágalo también si tuvo una conmoción cerebral hace 15 años”.[3]

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  • La falta de dinero, no pagar cuentas, el arriendo, el colegio, servicios básicos
  • La soledad: No poder compartir problemas, ilusiones, sueños o por último alguien que se interese en las cosas internas y personales.
  • Las enfermedades como diabetes y cáncer
  • Los dolores corporales. Diarios y nocturnos, dolor de huesos, piernas, pecho, ceguera, manos, cefaleas, el frió diario.
  • Los acreedores y el daño psicológico, la presión ejercida sobre la persona diariamente.
  • La depresión te va envolviendo, no hay salida, no hay esperanza. Ya nada resulta de lo que hagas para salir del hoyo. La necesidad de descansar los huesos y cerebro es más grande que las ganas de vivir.
  • Pides a dios "cada noche" que te lleve en sueños, no quieres despertar, nunca más.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. C13/Suicidio en Chile/Cons 5may 2014
  2. The British Journal of Psychiatry/Lithium in drinking water and suicide mortality/PDF en ingles
  3. scientificamerican.com/

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