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Roto chileno

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Presentación

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El adjetivo sustantivado roto, que adoptó una connotación clasista en el siglo XIX, ha sido usado para denominar en Chile, en general, a un tipo humano: la persona de origen urbano y pobre. Pero en las guerras y luchas tan bravo que infunde temor en sus enemigos.

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Contenido

Pese a lo anterior, el término también ha sido usado con connotaciones afectivas, sobre todo en su forma diminutiva, o incluso épicas. En Chile desde comienzos del siglo XX, el roto ha sido considerado una figura de identidad nacional y arquetipo de la chilenidad.

Orígenes

Durante la colonización española de América, Diego de Almagro regresó desde Chile a la Gobernación de Nueva Toledo por el desierto de Atacama en 1537. La travesía fue desastrosa; tal fue el estado en el cual llegaron Almagro y sus seguidores que desde entonces a quienes vinieran de esas tierras se les llamó «rotos», es decir «andrajosos, zarrapastrosos».[1]

'[...] los de Chile estaban en tan pobres condiciones, ya que nadie les daba trabajo ni posibilidades de desenvolverse en alguna actividad, que por sus ropas harapientas los llamaban los rotos chilenos.'

Mientras otras fuentes sugieren que el origen del término sería militar y significaría «derrotado», para el escritor y folclorista Oreste Plath la «procedencia es muy distinta» puesto que la voz se aplicaba desde la época de la conquista de Chile (1541-1598):

Oreste Plath (1907-1996)

El origen de la palabra «roto» es, para muchos, sinónimo de astroso, rotoso, parchado. Pero la procedencia del vocablo es muy distinta. Se sabe que se aplicó algunos años después de la Conquista, cuando los españoles viajaban al Perú casi sin vestimenta uniforme y los más vestidos iban extraña y estrafalariamente abigarrados, lo que hizo que se les denominara a estos viajeros, «rotos», en el sentido español de la palabra, que es 'ir de cualquier modo'. Los viajes se generalizaron y los que iban de Chile, es decir, estos personajes, pasaron a ser «rotos», no ya por su aspecto, sino por su esfuerzo y valentía; luego se generalizó por todos los países esta denominación.

Oreste Plath, Epopeya del «roto» chileno, 1957.[2]

El roto en la literatura

Mucho más tarde, Joaquín Edwards Bello describió en su novela El roto (1920) una sociedad aparentemente marginal en la cual el roto era precisamente el protagonista. Ambientada en el popular barrio de la Estación Central de Santiago, los personajes —los prostibularios— exhiben un modo de vida y una escala de valores que la sociedad biempensante de la época no se interesaba en conocer. Mediante esta denuncia crítica, Edwards Bello mostró las profundas influencias del naturalismo.[3]

Detrás de la Estación Central de Ferrocarriles, llamada también Alameda, por estar a la entrada de esa avenida espaciosa que es orgullo de los santiaguinos, ha surgido un barrio sórdido, sin apoyo municipal. Sus calles se ven polvorientas en verano, cenagosas en invierno; cubiertas constantemente de harapos, desperdicios de comida, chancletas y ratas podridas. Mujeres de vida airada rondan por las esquinas al caer la tarde; temerosas, completamente embozadas en sus mantos de color indeciso, evitando el encuentro con policías.

[...] El hacendado típico chileno, personaje híbrido, con palco en la ópera y sillón en la cámara, no puede ver en la agricultura sino un medio para lucrarse y satisfacer sus vanidades en la capital; es una máquina para exprimir y nada más. No es extraño que el campesino permanezca en condiciones de ignorancia y miseria. Lo que produce el campo lo traga la ciudad en una forma descorazonante, sin recibir ninguna recompensa el brazo que suda o la tierra generosa que da ciento por uno.

Joaquín Edwards Bello, El roto, 1920

Definición actual del término

En el Chile actual, la palabra «roto, -ta» define a la «persona mal educada, de modales groseros» o de manifiesta tosquedad, antes que a una división clasista. La «rotería» es el acto mismo de desvergüenza, falta de educación o poca generosidad. Básicamente, entonces, «roto» es aquel que rompe las reglas sociales sobre el buen proceder. Este término se diferencia de los epítetos «cuma» o «flaite»: el primero de ellos se ha relacionado desde el siglo XX con el hampa delictual o la marginalidad, mientras que el segundo surgió a fines del siglo XX y principios del XXI para referirse al delincuente juvenil de extracción baja o a quien adopta sus usos y costumbres, sin ser necesariamente delincuente.[4]

En Bolivia y Perú, sin embargo, el vocablo «roto, -ta» es un término despectivo y es comúnmente usado para referirse a alguien originario de Chile. Como así los chilenos tratan a los peruanos de hediondos, cholos, perdedores, cobardes y feos. A los bolivianos de bolis, indios y puis y asquerosos.

1839

El roto adquirió caracteres míticos dentro del alma nacional.

El empleo del término se hizo mayor después de la Guerra entre la Confederación Perú-Boliviana y el Ejército Restaurador Chile-Perú; las tropas restauradoras, mayoritariamente chilenas y pertenecientes a grupos de extracción social pobre, vencieron el 20 de enero de 1839 a las confederadas en la Batalla de Yungay, triunfo conmemorado con el himno de Yungay, que se percibió como símbolo de la consolidación de la nacionalidad chilena.

En Chile se rindió homenaje a los vencedores de Yungay mediante la inauguración del «Monumento al Roto chileno» en la plaza Yungay en 1888 y se instituyó el 20 de enero como el «Día del Roto Chileno» en 1889.[5]

"Canción de Yungay"

Portada del Himno de Yungay.

"Canción de Yungay" compuesta por José Zapiola (música) y Ramón Rengifo (letra).

Cantemos la gloria del triunfo marcial

que el pueblo chileno obtuvo en Yungay.

Del rápido Santa pisando la arena, la hueste chilena

se avanza a la lid.

Ligera la planta, serena la frente, pretende impaciente triunfar o morir.

Oh, patria querida, que vidas tan caras,

ahora en tus aras se van a inmolar!

Su sangre vertida te da la victoria;

su sangre, a tu gloria da un brillo inmortal! Al hórrido estruendo del bronce terrible,

el héroe invencible se lanza a lidiar.

Su brazo tremendo confunde al tirano,

y el pueblo perruano cantó libertad. Desciende Nicea, trayendo festiva, tejida en oliva, la palma triunfal.

Con ella se vea ceñida la frente

del héroe valiente del héroe sin par.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Larraín Valdés, Gerardo (2001 [1996]). Diego de Almagro. Luxemburgo. ISBN 956-272-488-3.
  2. Plath, Oreste (1957). «Epopeya del «roto» chileno» (HTML). En Nicomedes Guzmán. Autorretrato de Chile (Santiago: Empresa editora Zig-Zag)
  3. Edwards Bello, Joaquín (1920). El roto. Santiago: Editorial Chilena. pp. 15 y 102.
  4. Gutiérrez, Horacio (2010). «Exaltación del mestizo: La invención del Roto Chileno» (PHP). Universum (Talca)
  5. López Ardiles, Marcos (17 de enero de 2012). «Batalla de Yungay y conmemoración del roto chileno - Yungay y el roto chileno: El proceso de consolidación de la nacionalidad». www.academiahistoriamilitar.cl.

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