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Primer Congreso Nacional de Chile

De WikicharliE

El Primer Congreso Nacional de Chile fue inaugurado el 4 de julio de 1811, siendo uno de los congresos más antiguos de América Latina.

Fue convocado para decidir la mejor clase de gobierno para el Reino de Chile mientras durara el cautiverio del rey Fernando VII en manos de Napoleón.

Sesionó desde el 4 de julio hasta el 2 de diciembre, cuando fue disuelto por un golpe de estado dado por José Miguel Carrera.

De inicial tendencia moderada, por medio del golpe de estado del 4 de septiembre de 1811, se entregó la hegemonía al sector de los llamados radicales o patriotas, quienes impusieron durante el transcurso de la legislatura del Congreso variadas reformas, como la ley de libertad de vientres, o se preparó las bases para transformaciones futuras, como la ley de cementerios o la reforma a la educación, lo que incluye también el inicio de un proceso de redacción de una constitución, que por la clausura del Congreso no llegó a puerto.

Palacio de la Real Audiencia de Santiago

Contenido

Convocatoria al primer Congreso

La gestación de este primer congreso provino directamente de la Primera Junta de Gobierno, instalada el 18 de septiembre de 1810, ya que la junta había sido elegida solo por los habitantes de Santiago, siendo por ende expresión de una sola ciudad, por lo que solo tomo el título de gobierno provisional,1​ solo “mientras se convocaban y llegaban los diputados de todas las provincias de Chile, para organizar la que debía regir en lo sucesivo”.

Antes de que la junta enviara instrucciones, algunos cabildos de provincias ya habían realizado elecciones. En Petorca el subdelegado Manuel de la Vega se hizo elegir diputado por el cabildo que presidida, y en Concepción fue electo Ándres del Alcázar, conde de la Marquina, mediante un cabildo abierto.​ Estas elecciones debían de ser invalidadas, a petición del cabildo de Santiago,4​ aunque posteriormente se aceptaron mientras tuvieran concordancia con las reglas establecidas en el texto de convocatoria.

Muchos de los patriotas que pensaba ya en una independencia plena, tenían sus dudas sobre los resultados inmediatos de la acción del congreso, teniendo como base las condiciones de desarrollo político de Chile.​

Bernardo O’Higgins escribe:

"Por mi parte no tengo duda de que el primer congreso de Chile mostrara la más pueril ignorancia y se hará culpable de toda clase de locuras. Tales consecuencias son inevitables, a causa de nuestra total falta de conocimientos y de experiencia; y no podemos aguardar que sea de otra manera hasta que principiemos a aprender"[1]

Elecciones

Elecciones parlamentarias de Chile de 1811

Existía cierto escepticismo sobre el proceso, pues Chile era un país siempre respetuoso de las leyes provenientes desde la metrópolis, que era dictada por un monarca de derecho divino, por lo que no se llegaba a entender como un grupo de hombres nacidos en Chile pudiesen llegar a tener una autoridad legislativa y que diesen una constitución al país.​ Para intentar promocionar la elección, el cabildo intento influir en la mente de los vecinos por medio del clero, contando para ello con el nuevo obispo interno de Santiago Domingo Errázuriz (que reemplazaba al obispo Aldunate que había caído en la locura), que se había pronunciado antes a favor de la revolución.​ El obispado expidió un documento el 2 de marzo a favor de las elecciones,​ pero la mayoría del clero le dio escaso cumplimiento, pues la mayoría no tenía interés en el curso de la revolución, y solo una minoría cooperó con los deseos de la junta.​

Se empezaron a realizar las elecciones en las provincias, en donde se empezaban a distinguir distintos partidos, que se dividía por el impulso o no que le daba a la revolución. Por un sector estaban los radicales o exaltados, liderados por Juan Martínez de Rozas, los moderados, que tenían al cabildo de Santiago como principal fuente de expresión política, teniendo como uno de sus principales exponentes a Agustín Eyzaguirre, si bien no contaban con ningún caudillo que les encabezara, y un sector realista, que tenía como bastión la Real Audiencia.

Las elecciones en provincias no estuvieron faltas de influjos electorales. Familias que estaban en un bando u otro, enviaban cartas recomendando ciertos candidatos,​ y se hacía sentir la influencia de autoridades gubernamentales, como ocurrió en la elección de Concepción.

La elección se realizaba de la siguiente manera: Se realiza una misa solemne en la parroquia, tras lo cual los votantes se reúnen en la sala del cabildo, depositando los votos en cédulas escritas, procediéndose posteriormente al escrutinio, realizados generalmente con poca dificultad, pues normalmente había un bajo número de votantes. Después de la elección nuevamente se dirigían a la iglesia parroquia, donde se cantaba un Te Deum.​

Para Santiago las elecciones se habían establecido para el 1 de abril. El grupo más exaltado tenía temor de que los contrarios a la revolución les impidieran tener representantes en el congreso, por lo que Bernardo de Vera y Pintado y Carlos Correa solicitaron a la junta excluir a 34 vecinos que eran enemigos reconocidos de la revolución, aceptado el cabildo esta proposición e incluso excluyendo a algunos más.

El Motín de Figueroa

Artículo principal: Motín de Figueroa

Las elecciones en Santiago estaban fijadas para el 1 de abril de 1811. A fin de resguardar el orden, el jefe de plaza comandante Juan de Dios Vial ordenó al teniente coronel Juan Miguel Benavente que tomara 50 hombres del cuartel San Pablo y se apostara en la plazoleta del consulado, que era donde se verificaría el acto. Después de las primeras horas de la mañana, Benavente empezó a notar signos de insurrección, los soldados preguntaron por quien iban a pelear, y solo cuando les dijo que era por defender la causa del rey Fernando VII los soldados se pusieron en marcha. Los soldados pedían que se hiciese venir a la compaña de infantes Concepción que se encontraba en Santiago bajo las órdenes de Tomás de Figueroa. Benavente intento reprimir a no de los soldados sublevados, pero salió en defensa de este el cabo Eduardo Molina, que dijo que no reconocían a otro superior que a Figueroa. El cabo Molina proclamaba a los insurrectos a la necesidad de derrocar el gobierno de la junta y reinstaurar al antiguo gobernador García Carrasco.

Pronto se presentó el capitán Figueroa que tomo la dirección del motín. Encabezó su grupo hacia la plazuela del consulado, creyendo encontrar a los miembros de la junta y el cabildo, pero la encontró desierta. Desconcertados, se dirigieron a la plaza principal, ingresado Figueroa a la sala de la Real Audiencia. Este tribunal le respondió que no se hallaba en disposición de impartirle órdenes algunas sin consultar a la Junta, lo que iban a realizar inmediatamente, y que por ello esperase el resultado y respuesta, conteniéndose él y sus tropas para evitar derramamiento de sangre.​

Los miembros de la junta todavía seguían en sus hogares cuando escucharon los rumores de la insurrección. Inmediatamente se reunieron en la casa de Fernando Márquez de la Plata los vocales Rozas, Carrera y Rosales, que tenían la dirección de la junta tras la muerte Mateo de Toro y Zambrano. Ordenaron que el comandante Vial se dirigiera al lugar donde se encontraban los amotinados con el batallón de granaderos y dos piezas de artillería. Órdenes y contraordenes que se entregaban creaban una gran confusión en el ambiente, considerándose generalmente que fue la energía y dirección impuesta por Rozas lo que salvo la situación. EL comandante Vial logró formar una columna de 500 hombres, a la que se le sumaron un piquete de artilleros bajo el mando de Luis Carrera y Bernardo Montuel. Las tropas leales al gobierno se pusieron en marcha, mientras las tropas de Figueroa se mantenían en la parte oriental de la plaza.

Tras unos intentos infructuosos de diálogo, se escuchó un disparó de fusilería, que fue contestado por los hombres de Vial con metralla de uno de los cañones. Esto provocó una enorme confusión, que provocó el desmembramiento de la tropa rebelde, dejándose un saldo de 20 heridos y 10 muertos, entre ellos el cabo Molina, instigador de la revuelta.16​ Figueroa por su parte escapo gritando, “soi perdido, me han engañado”.

Martínez de Rozas se dirigió al cuartel de San Pablo, donde se decía poda reindicarse la lucha, pero los soldados de infantería de Concepción, faltos de mando, abandonaron el cuartel y se dispersaron hacia el camino de Valparaíso. Posteriormente Rozas se encaró con los miembros de la audiencia, acusándolos de instigadores.16​ Se encargó también de la captura de Figueroa, el que se había refugiado en convento de Santo Domingo.

Se realizó un juicio a Figueroa, del cual se pudo sacar una confesión, y a esto sumado a las declaraciones de diez testigos, la junta procedió pronunciar sentencia. Los vocales Rozas y Rosales exigían pena de muerte, mientras que carrera y Reina optaron por destierro perpetuo. Márquez de la plata, como presidente accidental de la junta, rompió el empate pronunciándose por la muerte.16​ Se declaraba traidor a su patria y al Gobierno y que, pasadas cuatro horas después de la notificación, fuese fusilado en el calabozo en que se hallaba detenido.​ Tras cumplirse la sentencia, su cuerpo fue expuesto bajo el pórtico de la cárcel.

Producto del motín, la junta endureció las medidas contra la oposición, disolviendo la Real Audiencia y expulsando a muchos vecinos del reino, como sucedió con el ex-gobernador García Carrasco.
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