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Presidio ambulante

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Presidio ambulante
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1836 a 1847

Casa de Moneda de Santiago y presos de la policía

El Presidio Ambulante en Chile fue ideado por el ministro de ese entonces Don Diego Portales, durante el gobierno de José Joaquín Prieto, con la finalidad de dar un escarmiento a los delincuentes, exponiéndolos, a la vergüenza frente a la sociedad chilena. Esto a través de su traslado por las calles, en carretas con jaulas (igual que animales), y en los "trabajos pesados" en distintos sectores, abriendo caminos, o despejando basurales, a la vista de todos. El sistema comenzó el año 1836 y fue abolido en 1847.

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Contenido

Para hacer frente a la inseguridad que vivía el país en los años posteriores al proceso de Independencia, el ministro Diego Portales ideó en 1836 un nuevo sistema de castigo, consistente en carros de metal que llevaban a los presos a trabajar en las obras públicas.

1836 El sistema carcelario chileno y el presidio ambulante

El Quijote enjaulado.jpg

El presidio ambulante, como se le conoció en la época, tenía como elemento central la humillación de los reos ante el resto de la sociedad, con la finalidad de amedrentar a futuros delincuentes y hacer presente el poder del Estado ante los ciudadanos. [1]

A fines del siglo XVIII, es posible comprobar un aumento en la población de las grandes ciudades como Santiago y Valparaíso, que origina en la zona central de Chile la aparición de poblados espontáneos y una masa de individuos, la mayoría de ellos sin instrucción ni oficio, que terminan por caer en la mendicidad o la delincuencia. La política de poblaciones borbónicas, si bien intentó a su manera asentar dicha masa flotante en ciudades o villas especificas, reguladas por autoridades y sujetas al control central de Santiago, no pudo evitar que la situación de inseguridad en los campos y en algunas ciudades se modificase mayormente[2]</ref>.[3]

Diego Portales Palazuelos

Diego Portales, quien era Ministro del Interior del Presidente José Joaquín Prieto, aunque estaba en conocimiento de las nuevas posibilidades que implica poder adaptar a la realidad chilena el régimen penitenciario, se dio cuenta de que tal iniciativa requería tiempo y recursos, variables que el Ministro debía relegar, al menos por el momento, para concentrar sus esfuerzos en la planificación de un medio efectivo y rápido que permitiera el castigo de los delincuentes para así desincentivar a cometer futuros delitos. Fue en este contexto que plantea la posibilidad, en 1836, de establecer un Presidio Ambulante donde:

“... mediante la construcción de cierto número de jaulas de fierro montadas sobre ruedas, debían ser encerrados los criminales de mayor grado y ser conducidos donde conviniera para trabajar en la apertura y reparación de caminos u obras de publica uti1idad”[4]

No se sabe con certeza cual pudo ser el origen de esta idea por parte de Portales, pues desconocemos algún establecimiento similar en Chile durante los años anteriores. Sin embargo, Foucault, examinando la penalidad francesa del Antiguo Régimen, describe un sistema parecido cuando señala:

“Los carros hirieron vivamente la imaginación popular. Se les representaba como jaulas destinadas a conducir fieras; y las autoridades procuraron explotar el terror de los carros, creyendo encontrar en ese recurso un freno al desarrollo de la criminalidad"[5].

En Chile, este planteamiento pudo resolver al menos los problemas más urgentes para ese entonces: la reclusión de los criminales peligrosos en una cárcel con poco costo; y el control de la población penal a través de un cuerpo armado y de una serie de trabajos de bien público. Estos eran al menos los argumentos expuestos por Portales en su “Memoria del ministerio”, consolidando así una nueva experiencia penal en el país:

“Se ha celebrado otra contrata con los señores Jacob y Brown de Valparaiso, para la construcción de veinte carretas, con el objeto de establecer un presidio ambulante que reemplace el (de la isla) Juan Fernández, i trabaje principalmente en la apertura de caminos i otras obras de utilidad común; proyecto que sin aumentar los costos con que actualmente grava el presidio al erario, los hará mucho mas fructuosos al público; evitará el peligro, que hemos visto mas de una vez realizado, del levantamiento y fuga de un número considerable de facinerosos, capaces de las mas atroces atentados; proveerá mejor a su reforma penal, infundiéndoles hábitos de laboriosidad i disciplina; i substituirá a la confinación en una isla remota i desierta una pena mas a propósito para producir el escarmiento, que es el objeto primario de la lejislacion penal"[6]

Representación de una Carreta con jaula, usada para trasladar reos.

Como se puede apreciar a través de este documento, el sentido general de la reforma penal para Portales continuaba siendo el escarmiento, única medida ejemplificadora que podía desincentivar el delito. En este sentido, el Ministro, si bien podía tener conocimiento de los principios generales del nuevo régimen penitenciario, no descartaba el uso de los antiguos medios punitivos coloniales. De esta manera, el “palo y bizcochuelo”, frase bastante conocida de este personaje, era también llevada a la práctica en una iniciativa de castigo más que de rehabilitación. Aunque Portales no tuvo tiempo de apreciar los resultados de este ensayo penal, el paso de los años y los evidentes errores de organización, pronto se hicieron notar.[7]</ref>.[8]

1837 Sublevación en Valparaíso

La vida de esta gente era tan terrible, que hubo una sublevación en Valparaíso, cuando un grupo de reos, se encontraba reparando un camino, y ante el descuido los guardias, fueron atacados con piedras y algunos de los fusiles de la tropa, que les lograron arrebatar. Inmediatamente los otros policías-guardias reaccionaron matando a 27 insurrectos, hiriendo a 8 y manteniendo cautivos en jaulas a 87 presos.

Ante este motín, José Miguel Irarrázaval Alcalde[9], apoyando a Portales en esta iniciativa, comenta: "La Cárcel ambulante, al menos es provechosa para el estado y que la idea era "hasta humanitaria", sis e comparaba con las celdas existentes en las cárceles de la época, pues durante la jornada de trabajo los reos podían poner a trabajar sus músculos, respirar el aire limpio y gozar del espacio libre del lugar donde trabajaban y aún en su triste condición podían recrear la vista entre las rejas de sus jaulas".[10]

José Miguel Irarrázaval Alcalde.

1847 El fin del sistema

Las frecuentes rebeliones de reos, las inhumanas condiciones en que se mantenía a éstos y la reprobación de los intelectuales liberales, llevó a la supresión del sistema en 1847 y su reemplazo por un sistema penal moderno, que tuvo como símbolo la construcción de la Penitenciaría.

Antiguo Presidio de Santiago fotografiá anterior a 1872

El presidio según Barros Arana

Diego Barros Arana.JPEG

Diego Barros Arana describe el presidio de Portales como un conjunto de carretas tiradas por bueyes, dotadas de una jaula para llevar a los reos. Esta se dividía en tres compartimientos, donde en cada una iban 3 reos, donde debían mantenerse recostados por la poca altura de las jaulas. Allí permanecían durante la noche y días festivos, sacados solo en los días que debían cumplir con la reparación, despeje o crear nuevos caminos. Estos estaban siempre muy custodiados y con grandes grilletes en los dos tobillos.

Carreta tirada por bueyes con Jaula

El tratamiento que recibían estos reos era muy despiadado, desde que se dictaba la sentencia hasta que llegaban a estos Presidios ambulantes. Esta era una costumbre barbara, respaldad por Portales, lo que permitía que los mandos inferiores se ensañaran y cometieran las más grandes atrocidades, con los condenados.


Fuentes y Enlaces de Interés

  1. memoriachilena.cl/Presidio ambulante
  2. Michel Foucault, Vigilar y castigar. El movimiento de la prisión, México, Siglo XXI Editores, 1995, passim. La edición francesa es de 1976
  3. Mapocho / Biblioteca Nacional. Santiago : La Biblioteca, 1963- (Santiago : Universitaria) v., n° 43, (1998), p. 183-209/Entre el espectáculo y el escarmiento: el Presidio Ambulante en Chile (1836-1847)
  4. Ramón Sotomayor Valdés, Historia de Chile bajo el gobierno del General don Joaquín Prieto, Tomo I, Santiago, Fondo Histórico Presidente Joaquín Prieto, Academia Chilena de la Historia, 1962.
  5. Michel Foucault, Vigilar y castigar. El movimiento de la prisión, México, Siglo XXI Editores, 1995, passim. La edición francesa es de 1976
  6. Memoria que el Ministro de Estado en el departamento del Interior presenta al Congreso, año de 1836, reproducida en Documentos Parlamentarios. "Discursos de apertura en las sesiones del Congreso i Memorias Ministeriales correspondientes a la administración Prieto (1831- 1841)", Tomo I, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1858, pág.96.
  7. Michel Foucault, Vigilar y castigar. El movimiento de la prisión, México, Siglo XXI Editores, 1995, passim. La edición francesa es de 1976
  8. Mapocho / Biblioteca Nacional. Santiago : La Biblioteca, 1963- (Santiago : Universitaria) v., n° 43, (1998), p. 183-209/Entre el espectáculo y el escarmiento: el Presidio Ambulante en Chile (1836-1847)
  9. bcn/José Miguel Yrarrázaval Alcalde/ Reseñas Biográficas
  10. "Portales, una falsificación histórica"/Autor Sergio Villalobos R./Editorial Antártica/1989.
  • Lectura: "Portales, una falsificación histórica"/Autor Sergio Villalobos R./Pág.149, 150, 151/Editorial Antártica/1989.

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