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Porque vemos luces cuando nos rascamos los ojos

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Porque vemos luces cuando nos rascamos los ojos
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Presentación

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Los humanos vemos una imagen porque la luz estimula los fotorreceptores de la retina y transforman esa estímulo en impulsos eléctricos que viajan hasta el cerebro a través de los nervios. Una vez allí el cerebro interpreta las señales como una escena.

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Contenido

Cuando cerramos los ojos y apretamos con fuerza los párpados vemos puntos de luz, colores y destellos. Sucede porque "el aumento de la presión en el globo ocular, activa mecánicamente la retina y genera actividad eléctrica sin sentido". "Los fotorreceptores se activan también por la presión y vemos esos destellos de luz. Por eso, cuando nos dan un puñetazo en el ojo se dice que vemos las estrellas".

Se llaman fosfenos y no son malos para la vista. "Cerrar los ojos con fuerza un momento no es malo, pero ejercer presión sobre el globo ocular durante largo tiempo sí lo es".

También vemos 'estrellitas' o luces, cuando permanecemos con los ojos cerrados sin apretar los párpados. Existen algunas hipótesis sobre su origen.

Cuando tenemos los ojos cerrados el sistema de visión permanece más o menos activo, excepto los fotorreceptores de la retina. De esta forma, las neuronas que están en la corteza cerebral encargadas de formar imágenes siguen trabajando y por eso vemos los pequeños fogonazos.

"Esas estrellas o luces, son el equivalente de los pititos que tenemos a veces en los oídos, y de la picazon que aparece en cualquier momento en cualquier parte del cuerpo

Fosfeno

Un fosfeno es un fenómeno caracterizado por la sensación de ver manchas luminosas que está causado por la estimulación mecánica, eléctrica o magnética de la retina o corteza visual. Un ejemplo de fosfeno son los patrones luminosos que se ven al frotar los párpados con bastante presión. Los fosfenos son un fenómeno entóptico.

Representación artística de un fosfeno, fenónmeno entóptico, caracterizado por la sensación de percibir la luz, causada por la estimulación mecánica, eléctrica o magnética de la retina o la corteza visual

Por qué vemos luces y patrones geométricos

La explicación a por qué durante estas experiencias que alteran la normal activación (o inhibición) de la corteza visual vemos luces que a menudo se convierten en complejos patrones geométricos debemos buscarla en la manera en que la corteza visual primaria está organizada.

“Nunca vemos algo del todo” que la corteza visual está organizada en diferentes capas y que a medida que la información visual avanza por esas capas suceden diferentes formas de procesamiento. La V1 o capa 1 de la corteza visual es la primera capa de la corteza visual que recibe la información que los ojos envían. Aunque en estadios anteriores de procesamiento ya ocurre una suerte muy útil de procesamiento visual (lee más en “Procesamiento visual: enseñanzas de una rana“, en “Por qué nos asustan las pelusas o las manchas” y en “Lo que ve el miedo“), en la V1 se comienza a formar lo que vamos a ver de forma consciente.

Esta V1 presenta una organización columnar (como muchas regiones corticales) de sus neuronas (puedes refrescarlo en “El modelo de cubitos de hielo en la corteza visual“). Es decir, neuronas de una misma columna de una región determinada de la corteza están dedicadas al procesamiento de un tipo de estímulos simples. Por ejemplo, si hacemos pasar una línea negra ligeramente inclinada (/) a lo largo de la retina, encontraremos que hay columnas de neuronas que se excitan especialmente ante la aparición de esa línea. Si por el contrario hacemos pasar por nuestra retina una línea recta (|) encontramos otras columnas que se excitan especialmente ante ese estímulo, en cambio las anteriores columnas neuronales (/) ya no se excitan especialmente.

Además de columnar, nuestra V1 presenta una organización retinotópica. Esto significa que las neuronas de esta capa de la corteza visual están organizadas de modo que recrean la localización de los campos receptivos de las células de la retina, creando en nuestra corteza una especie de “mapa de coordenadas” de los ojos. Una estimulación lumínica que incida sobre la parte derecha de nuestra retina será procesada por las retinas situadas en la parte derecha de este mapa. Aunque la proyección no es exactamente fiel, la organización “izquierda-derecha” se mantiene.

Lo que tenemos, pues, podemos describirlo como una especie de complicada malla: si extendiésemos nuestra corteza visual sobre una mesa (difícil tarea) y sobre cada neurona dibujásemos el tipo de estímulo ante el que esa neurona se excita especialmente, al final lo que resultaría sería una complejísima red de líneas en cierto modo geométrica (recordemos que la naturaleza no obra con escuadra y cartabón). Si estimulamos “a lo loco” esta intrincada red mediante estimulación eléctrica directa o consumiendo ciertas sustancias, cada neurona nos “mostrará” su “estímulo favorito”, por lo que resulta comprensible por qué se vislumbran patrones geométricos: porque la corteza visual presenta una organización ciertamente geométrica.

Lo que pasa es que lo “normal” no es que la activación de esta red neuronal ocurra a lo loco sino que suceda de forma selectiva en función de los estímulos que contemplamos. Es decir, lo normal es que nuestra corteza visual se active debido a estímulos que reflejan su luz hacia nuestros ojos y no que se manipule directamente con electrodos o drogas.

Cuando la activación de la V1 está alterada de esta forma, el resto de capas del procesamiento visual sigue haciendo su trabajo, por lo que a los patrones geométricos pueden sumarse percepciones nuevas como que esos patrones se muevan o que esos patrones se agrupen de una forma y al segundo de otra. Son todo en conjunto llamativas ilusiones de percepción que ocurren, quizás, debido a la forma tridimensional natural de procesar la información visual, tal y como ocurre en “La ilusión de Ebbinghaus“, en donde estímulos iguales los percibimos diferentes debido a la información visual del entorno.

Por así decirlo, cuando experimentamos los fosfenos geométricos más complejos estamos contemplando la organización compleja de nuestra corteza visual, todo en una sola imagen. En cambio, cuando experimentamos los fosfenos más simples, esos puntos de luz o esas “estrellas” estamos experimentando la activación de pequeñas redes neuronales de esa corteza como fenómenos más aislados.

Como provocar un fosfeno

Un fosfeno se obtiene observando fijamente durante al menos 20 segundos una bombilla blanca «luz de día», situada a 2 ó 3 metros de distancia. Estas observaciones fijas, tan cortas, no cansan de ninguna manera la vista y constituyen, luz de día, una excelente gimnasia ocular. En la oscuridad, el fosfeno se presenta en forma de mancha de colores cambiantes, que persiste durante tres minutos.

Los colores del fosfeno

Después de apagar la lámpara fosfénica:

  • corta fase verde
  • durante el primer minuto, amarillo rodeado de un ribete rojo
  • durante el minuto siguiente el color dominante del fosfeno es rojo/rosado
  • al tercer minuto es de color azul

El fosfeno puede durar entre 3 y 4 minutos, según las personas, y a veces puede ser susceptible de eclipsarse brevemente.

Método de análisis cerebral

Los fosfenos constituyen un maravilloso método de análisis de cualquier acción sobre el cerebro. Permiten determinar, certeramente, lo que resulta favorable o desfavorable al buen funcionamiento del y al individuo en general.

Cuando se asocian los fosfenos a cualquier ejercicio, tradicional o moderno, de desarrollo personal, multiplicamos sus efectos en proporciones considerables. De esta manera, obtenemos el desarrollo de la memoria, de la atención, de la inteligencia, del espíritu de iniciativa y de la creatividad, lo que los convierte en una maravillosa herramienta pedagógica.

Los fosfenos constituyen un verdadero acelerador de los procesos mentales. Nos permiten ejercer una acción directa sobre nuestro propio pensamiento, su contenido, su calidad, su organización; en suma, optimizar el rendimiento de la reflexión y de toda actividad intelectual.

Los fosfenos estuvieron en el origen de todos los descubrimientos del Doctor LEFEBURE.

Los fosfenos están constituidos, especialmente, por movimientos y ritmos. Ahora bien, ambos son la definición incluso de la energía, energía que corresponde a los ritmos cerebrales. Los fosfenos son el reflejo amplificado de nuestro funcionamiento cerebral. Nos muestran exactamente cómo funciona nuestro cerebro, el trabajo rítmico de sus dos hemisferios. La atención, la memoria, la reflexión, están en función de la regularidad de la alternancia cerebral.

Cuáles son las contraindicaciones de la práctica?

La única contraindicación para la práctica del fosfenismo es el glaucoma, es decir, la hipertensión de los líquidos del ojo, que se traduce por fuertes dolores en el fondo del ojo.

En realidad, es una contraindicación parcial, porque personas con un glaucoma ligero, contra nuestra opinión, han practicado con los fosfenos, pero tomando ciertas precauciones elementales. Han utilizado una bombilla más débil (40 vatios), se han colocado más lejos y han mirado fijamente la lámpara durante menos tiempo. El glaucoma no ha evolucionado, y los ojos han ganado en resistencia. De esta manera, estas personas han podido acercarse progresivamente a la lámpara y después han pasado a una bombilla un poco más potente, sin molestias ni fatiga.

Las personas muy sensibles a la luz observan también que, con la práctica regular de los fosfenos, sus ojos se adaptar mejor a los ambientes luminosos y que, al cabo de unos meses, pueden abandonar las gafas de sol.

Después de una operación quirúrgica en los ojos (personas que han sido operadas, por ejemplo, de una catarata o un desprendimiento de retina), conviene esperar entre 1 y 2 años. Después de una operación con láser, debe esperarse entre 6 meses y 1 año.

El efecto sobre la vista es muy favorable, siempre, por supuesto, que se respeten las normas de iluminación; se trata de normas establecidas por más de 35 años de experiencias con miles de casos. Por otra parte, algunos métodos de rehabilitación visual, como el método BATES, utilizan la luz para rehabilitar la vista. En definitiva, la práctica de fijaciones cortas de la mirada en una fuente luminosa constituye una excelente gimnasia para el ojo.

No hay que inquietarse si al principio se producen algunos problemas de adaptación, como lagrimeo o dolor de cabeza; desaparecerán al cabo de unos días.

Pero, ¿por qué luces y patrones geométricos?

La explicación a por qué durante estas experiencias que alteran la normal activación (o inhibición) de la corteza visual vemos luces que a menudo se convierten en complejos patrones geométricos debemos buscarla en la manera en que la corteza visual primaria está organizada.

La V1 o capa 1

“Nunca vemos algo del todo”, la corteza visual está organizada en diferentes capas y que a medida que la información visual avanza por esas capas suceden diferentes formas de procesamiento. La V1 o capa 1 de la corteza visual es la primera capa de la corteza visual que recibe la información que los ojos envían. Aunque en estadios anteriores de procesamiento ya ocurre una suerte muy útil de procesamiento visual, en la V1 se comienza a formar lo que vamos a ver de forma consciente.

Esta V1 presenta una organización columnar (como muchas regiones corticales) de sus neuronas (puedes refrescarlo en “El modelo de cubitos de hielo en la corteza visual“). Es decir, neuronas de una misma columna de una región determinada de la corteza están dedicadas al procesamiento de un tipo de estímulos simples. Por ejemplo, si hacemos pasar una línea negra ligeramente inclinada (/) a lo largo de la retina, encontraremos que hay columnas de neuronas que se excitan especialmente ante la aparición de esa línea. Si por el contrario hacemos pasar por nuestra retina una línea recta (|) encontramos otras columnas que se excitan especialmente ante ese estímulo, en cambio las anteriores columnas neuronales (/) ya no se excitan especialmente.

Además de columnar, nuestra V1 presenta una organización retinotópica. Esto significa que las neuronas de esta capa de la corteza visual están organizadas de modo que recrean la localización de los campos receptivos de las células de la retina, creando en nuestra corteza una especie de “mapa de coordenadas” de los ojos. Una estimulación lumínica que incida sobre la parte derecha de nuestra retina será procesada por las retinas situadas en la parte derecha de este mapa. Aunque la proyección no es exactamente fiel, la organización “izquierda-derecha” se mantiene.

Lo que tenemos, pues, podemos describirlo como una especie de complicada malla: si extendiésemos nuestra corteza visual sobre una mesa (difícil tarea) y sobre cada neurona dibujásemos el tipo de estímulo ante el que esa neurona se excita especialmente, al final lo que resultaría sería una complejísima red de líneas en cierto modo geométrica (recordemos que la naturaleza no obra con escuadra y cartabón). Si estimulamos “a lo loco” esta intrincada red mediante estimulación eléctrica directa o consumiendo ciertas sustancias, cada neurona nos “mostrará” su “estímulo favorito”, por lo que resulta comprensible por qué se vislumbran patrones geométricos: porque la corteza visual presenta una organización ciertamente geométrica.

Lo que pasa es que lo “normal” no es que la activación de esta red neuronal ocurra a lo loco sino que suceda de forma selectiva en función de los estímulos que contemplamos. Es decir, lo normal es que nuestra corteza visual se active debido a estímulos que reflejan su luz hacia nuestros ojos y no que se manipule directamente con electrodos o drogas.

Cuando la activación de la V1 está alterada de esta forma, el resto de capas del procesamiento visual sigue haciendo su trabajo, por lo que a los patrones geométricos pueden sumarse percepciones nuevas como que esos patrones se muevan o que esos patrones se agrupen de una forma y al segundo de otra. Son todo en conjunto llamativas ilusiones de percepción que ocurren, quizás, debido a la forma tridimensional natural de procesar la información visual, tal y como ocurre en “La ilusión de Ebbinghaus“, en donde estímulos iguales los percibimos diferentes debido a la información visual del entorno.

Por así decirlo, cuando experimentamos los fosfenos geométricos más complejos estamos contemplando la organización compleja de nuestra corteza visual, todo en una sola imagen. En cambio, cuando experimentamos los fosfenos más simples, esos puntos de luz o esas “estrellas” estamos experimentando la activación de pequeñas redes neuronales de esa corteza como fenómenos más aislados.

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