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Planeta X

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Planeta X
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Presentación

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Planeta X, se trataría del noveno planeta de nuestro sistema estelar y ha sido apodado como «Planeta Nueve». Aún no se ha observado directamente, pero su presencia se ha inferido al estudiar las órbitas de sus vecinos, más allá de Plutón

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Contenido

La «X» de la denominación se refería a que el planeta permanecía desconocido o incógnito, no al número romano 10, ya que solo había ocho planetas conocidos en los tiempos de la búsqueda del Planeta X. En la cultura popular, el planeta X se convirtió en algo genérico para señalar un planeta imposible de encontrar en el sistema solar.[1]

El Planeta X existe de verdad

Al final, el famoso Planeta X podría convertirse pronto en realidad. El conocido astrónomo Michael Brown, descubridor de Eris y Sedna, acaba de aportar, junto a su colega Konstantin Batygin, las mejores evidencias que existen hasta ahora de la existencia de un nuevo y distante planeta gigante en los confines del Sistema Solar. Su trabajo, que está revolucionando a la comunidad científica internacional, acaba de publicarse en The Astronomical Journal[2].

Todo parece indicar que estamos más cerca que nunca de descubrir el noveno planeta del Sistema Solar. Y no se trata esta vez de pequeños mundos helados más allá de la órbita de Plutón, como el que anunció la Institución Carnegie el pasado mes de noviembre, ni tampoco de un simple objeto transneptuniano, sino de un auténtico gigante de tamaño comparable a Neptuno y que, de confirmarse definitivamente su existencia, entraría por la puerta grande en el selecto club planetario del que la Tierra forma parte y del que, en 2006, fue expulsado el propio Plutón. En otras palabras, podría tratarse del famoso y escurridizo Planeta X, ese que los astrónomos persiguen desde hace más de un siglo y que la cultura popular ha terminado por convertir en leyenda.

Los autores del trabajo, un equipo de investigadores de Instituto de Tecnología de California, le han bautizado como «Planeta Nueve». Tiene entre cinco y diez veces la masa de la Tierra, gira alrededor del Sol una vez cada 15.000 años y, aunque aún no lo han observado directamente, Michael Brown y Konstantin Batygin han deducido su existencia a partir de las órbitas de toda una serie de planetas enanos y otros objetos extremos de nuestro Sistema descubiertos recientemente. Se sabe desde hace tiempo que las extrañas «maniobras orbitales» de estos pequeños mundos podrían explicarse gracias a la perturbación gravitatoria de un hipotético planeta gigante nunca visto hasta ahora. Brown y Batygin creen que el nuevo planeta pudo ser «expulsado» lejos del Sol y al espacio profundo hace miles de millones de años, como consecuencia de un «empujón gravitatorio» de Júpiter o Saturno.

Escepticismo

Los investigadores saben que su trabajo será sometido a toda clase de revisiones por astrónomos de todo el mundo. No es la primera vez, en efecto, que se anuncia el hallazgo del misterioso Planeta X, cuya búsqueda está plagada de errores, exageraciones e, incluso, pura y simple charlatanería. Por eso, Brown y Batygin se han preparado conta la inevitable ola de escepticismo con una larga serie de datos, análisis orbitales de otros objetos distantes y sesudas simulaciones informáticas. «Si dices que tienes evidencias del planeta X -afirma Brown- prácticamente cualquier astrónomo dirá: ´¿Otra vez? Estos chicos, claramente, están locos. ¿por qué esta vez debería ser diferente a las demás?´. Esta vez es diferente porque esta vez tenemos razón».

Los dos astrónomos dedujeron la presencia del«Planeta Nueve» por la singular agrupación de seis objetos previamente conocidos y cuyas órbitas se encuentran más allá de Neptuno. Según sus datos, solo hay un 0,007% de probabilidades (una entre 15.000) de que esa agrupación se deba a una simple coincidencia. Mucho más probable es que un planeta con la masa de diez tierras esté guiando a los seis objetos en sus extrañas y peculiares órbitas elípticas, muy inclinadas con respecto al plano del Sistema Solar.

Del mismo modo, también la órbita del nuevo planeta está inclinada, y también estirada hasta distancias tan grandes que obligarán a revisar algunas de las ideas más establecidas sobre la dinámica planetaria dentro de nuestro sistema.

Locura

La mayor aproximación del Planeta Nueve al Sol lo sitúa hasta siete veces más lejos que Neptuno, a 200 Unidades Astronómicas (UA) de distancia. (Una Unidad Astronómica es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol, 150 millones de km). Pero en su periplo orbital, el recién descubierto Planeta X podría llegar a alejarse periódicamente del Sol entre 600 y 1.200 Unidades Astronómicas. Es decir, mucho más allá del cinturón de Kuiper, la región de los pequeños mundos helados más allá de Neptuno, que empieza a «solo» unas 30 UA.

Hace años, la investigación de Brown y Batygin no iba encaminada a descubrir un nuevo planeta, sino todo lo contrario, a demostrar que el Planeta Nueve no existía. Pero el trabajo de otros dos astrónomos, que descubrieron una inusual agrupación de pequeños mundos helados en una remota región del Sistema Solar, les hizo cambiar de idea. En 2014, además, un estudio publicado en Nature por Scott Sheppard Y Chad Trujillo, de la Institución Carnegie, apuntaba a la existencia potencial de un planeta gigante desconocido, uno cuya gravedad, precisamente, estuviera afectando a las órbitas de todos esos cuerpos más pequeños. Al principio Brown pensó que era una locura, y trató de demostrarlo con una serie de ecuaciones y simulaciones informáticas que, al final, terminaron por demostrar que la del planeta gigante oculto era la mejor de las explicaciones posibles.

Según sostienen Brown y Batygyn, si el Planeta X está ahí fuera, los astrónomos deberían encontrar muy pronto más objetos en «órbitas reveladoras», influenciadas por el gigante oculto. Aunque Brown sabe muy bien que nadie creerá de verdad en el descubrimiento hasta que el Planeta X, en todo su esplendor, sea detectado por fin con un telescopio. «Hasta que no haya una detección directa -afirma el astrónomo- estamos ante una hipótesis». El equipo de investigadores utilizará ahora sus cálculos para «cazar» al escurridizo planeta con uno de los grandes telescopios instalados en Hawaii. Y no cabe duda de que, con los datos de su trabajo en la mano, muchos otros astrónomos intentarán hacer lo mismo.

Matar a Plutón

De hecho, grandes telescopios de dos continentes están tratando ya de poner la vista encima al Planeta X, que sería, por tamaño, el quinto mayor del Sistema Solar, después de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Pero a tanta distancia, no se trata de una tarea sencilla, ya que el Planeta Nueve, o X, refleja tan poca luz solar que pone a prueba la capacidad de los mejores intrumentos de observación disponibles.

Resulta irónico que sea precisamente Michael Brown el descubridor del noveno planeta del Sistema Solar. De hecho, fue él quien, en 2005, descubrió Eris, un pequeño y distante mundo helado del mismo tamaño de Plutón y que demostró que el hasta entonces noveno planeta de nuestro sistema era más que uno entre muchos mundos similares del cinturón de Kuiper. Fue precisamente su descubrimiento el que provocó que, apenas un año más tarde, en 2006, la Unión Astronómica Internacional reclasificara a Plutón, privándole de su título planetario y degradándolo a planeta enano. El propio Brown contó este proceso en su libro «Cómo maté a Plutón». Unos años antes, en 2003, Brown también protagonizó el descubrimiento de Sedna, otro pequeño y lejano mundo, aunque menor que Eris y Plutón.[3]

Como sería el planeta X

Científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) en Pasadena (EE.UU.) publicaban el pasado enero un estudio fascinante, cuyas conclusiones daban por buena la existencia del popularmente llamado Planeta X o Planeta 9.

Un mundo gigante desconocido en los confines del Sistema Solar. Los resultados, basados en cálculos matemáticos sobre las órbitas de seis lejanos cuerpos del cinturón de Kuiper, que parecen girar en torno a un enorme objeto desconocido, causaron una gran sensación entre el público en general. Tanto que la NASA tuvo que advertir de que no se trataba de una observación directa.

Pero, ¿cómo será ese misterioso planeta si es que realmente existe? ¿Cuál puede ser su tamaño? ¿Y su brillo y temperatura? Estas son las preguntas que Christoph Mordasini, profesor de la Universidad de Berna (Suiza), quiso responder cuando se enteró de las conclusiones de sus colegas de Caltech. Los científicos suizos son expertos en el modelado de la evolución de los planetas. Por lo general, estudian la formación de exoplanetas (mundos fuera del Sistema Solar) jóvenes en los discos alrededor de otras estrellas a años luz de distancia, con el objetivo de que estos cuerpos puedan ser vistos en el futuro con potentes instrumentos como el telescopio espacial James Webb, ahora en construcción.

A juicio de la investigadora Esther Linder, que ha participado en el estudio, «el candidato a Planeta 9 es un objeto cercano, aunque está alrededor de 700 veces más lejos que la distancia entre la Tierra y el Sol». Los astrofísicos asumen que el Planeta 9 es una versión más pequeña de Urano y Neptuno, un pequeño gigante de hielo con una envoltura de hidrógeno y helio. Con su modelo de evolución del planeta, calcularon cómo los parámetros como el radio planetario o el brillo evolucionaron con el tiempo, ya que el Sistema Solar se formó hace 4.600 millones de años. De esta forma, concluyen que un planeta con la masa igual a 10 veces la terrestre, tiene un radio actual 3,7 veces el de la Tierra.

Su temperatura es de -226ºC. «Esto significa que la emisión del planeta está dominada por el enfriamiento de su núcleo», explica Linder: «Su energía intrínseca es aproximadamente 1000 veces mayor que la absorbida». Por lo tanto, la luz del Sol reflejada contribuye sólo en una pequeña parte a la radiación total que podría ser detectada. Esto también significa que el planeta es mucho más brillante en el infrarrojo que en el visual. «Con nuestro estudio, el candidato a Planeta 9 es ahora más que un simple punto de masa, toma forma con propiedades físicas», dice Mordasini.

¿Por qué no lo hemos visto todavía? Los investigadores también comprobaron si sus resultados explican por qué el Planeta X no ha sido detectado por los telescopios hasta ahora. Para ello, calcularon el brillo de planetas más pequeños y más grandes en diversas órbitas. Concluyen que con los estudios del cielo realizados en el pasado sólo había una pequeña posibilidad de detectar un objeto con una masa de 20 masas terrestres o menos, sobre todo si se está cerca del punto más lejano de su órbita alrededor del Sol. Pero de la sonda Infrared Survey Explorer de la NASA podría haber descubierto un planeta con una masa igual a 50 veces la terrestre. «Esto pone un límite superior de masa interesante para el planeta», explica Esther Linder.

Según los científicos, los futuros telescopios como el Gran Telescopio para Rastreos Sinópticos en construcción cerca de Cerro Tololo en Chile o rastreos dedicados deberían ser capaces de encontrar o descartar el candidato a Planeta 9. «Esa es una perspectiva emocionante», dice Christoph Mordasini. El estudio de los investigadoes suizos puede consultarse ya en Arxiv.org. Ha sido admitido para su publicación en la revista Astronomy & Astrophysics.

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