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Núcleos septales

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Núcleos septales
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Presentación

Núcleos Septales

El área septal (área olfatoria medial) son estructuras que se encuentran por debajo de la tribuna del cuerpo calloso en la parte delantera de la lámina terminal (la capa de materia gris en el cerebro que conecta el quiasma óptico y la comisura anterior, donde este último se continúa con la lámina rostral) , compuesto por neuronas de tamaño medio agrupadas en grupos: medial, lateral y posterior. Además existen los núcleos septales, situados anteriormente a la comisura anterior e inferiormete a la rodilla del cuerpo calloso, en el área septal.

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Contenido

Los núcleos septales reciben fibras aferentes desde múltiples localizaciones: del bulbo olfatorio por la estría olfatoria medial, del hipocampo por el fórnix, del cuerpo amigdalino por la estría terminal y también de la corteza prefrontal. Así pues, son un centro de relevo crucial, un centro de asociación entre el rinencéfalo, la corteza visceral, el hipotálamo y el epitálamo. Los núcleos septales envían sus fibras eferentes hacia el hipotálamo y el epitálamo.

Proyecciones

Existen dos tipos de proyecciones, la proyección hipotalámica y la epitalámica que serán explicadas a continuación:

  • La proyección hipotalámica se realiza por medio de un fascículo de fibras poco mielinizadas: se trata del fascículo telencefálico medial, que discurre entre los núcleos mediales y laterales del hipotálamo, se distribuye hacia los núcleos hipotalámicos y el cuerpo mamilar y descendiente hasta el tegmento del tronco del encéfalo.
  • La proyección epitalámica está constituida por la estría medular del tálamo, que bordea la habénula. La habénula termina posterior al núcleo de la habénula. En ese punto hace relevo y la nueva vía, denominada tracto habenulointerpenduncular o fascículo retrorreflejo (Meynert), termina en el núcleo interpenduncular, que finalmente se proyecta sobre los centros vegetativos del tronco del encéfalo.

Función

Parecen actuar con el hipotálamo medial y el hipocampo produciendo una inhibición interna en el sistema límbico y el nivel de alerta, lo que ayuda a mantener la memoria y la atención selectiva. Dentro de las funciones del núcleos septales, esta la de regular los niveles emocionales y de alerta, también mantener al organismo en estado de quietud listo para responder o reaccionar. Esta estructura parece servir como una interfaz integradora entre la memoria, motivación, la emoción y el estado de alerta, modulando las sensaciones placenteras y los estados de activación externos.[1]

1954 La estimulación eléctrica cerebral

Hablamos de lo que se ha denominado como la evocación de placer a través de la estimulación eléctrica cerebral, y todo comenzaría en 1954, como tantas veces en la ciencia, de manera fortuita.

Ese año los investigadores James Olds y Peter Milner dieron con lo que luego ha pasado a llamarse centro de recompensa del cerebro. Ambos estaban estudiando la parte del cerebro llamada formación reticular. Cuando estimulaban esta estructura neurológica del tallo cerebral con electrodos implantados los investigadores eran capaces de causar en los ratones de laboratorio un efecto de no repetición. Los animales evitaban la acción que les provocaba la sensación.

Ocurre que durante las primeras pruebas, los electrodos no siempre terminaron en las áreas del cerebro donde los investigadores estaban apuntando. El electrodo de un animal en particular se perdió dicha formación y se dirigió en su lugar al área septal que se conectaba con el hipocampo, el actor principal de la memoria.

¿Qué ocurrió?

Que el animal pasó a comportarse de manera inesperada: en lugar de evitar la acción que le provocaba la descarga eléctrica, repetía una y otra vez la acción tras la descarga. Así fue como Olds describió el suceso en Scientific American:

  • En el experimento de prueba que estábamos usando, el animal se colocó en una caja grande con esquinas etiquetadas como A, B, C y D. Cada vez que el animal fue a la esquina A, su cerebro recibía una suave descarga eléctrica. Cuando se realizó la prueba en el animal con el electrodo en el nervio rhinencephalic, el animal volvía a la esquina A. Después de varias vueltas a la zona A en el primer día, finalmente fue a un lugar diferente y se durmió. Sin embargo, al día siguiente parecía aún más interesado ​​en la esquina A. En este punto asumimos que el estímulo debía provocar la curiosidad; todavía no pensamos en ello como una recompensa.

Tras una experimentación adicional sobre el mismo animal antes indicado, para nuestra sorpresa, su respuesta al estímulo era mucho más que curiosidad. Al segundo día, después de que el animal había adquirido la costumbre de volver a la esquina A para ser estimulado, comenzamos tratando de alejarlo de la esquina B, dándole una descarga eléctrica cada vez que pasaba en esa dirección. En cuestión de cinco minutos el animal estaba volviendo a la esquina B. Después de esto, el animal podría ser dirigido a casi cualquier punto bajo la voluntad del experimentador. Cada paso en la dirección correcta fue pagado con una pequeña descarga; a su llegada al lugar designado el animal recibió una serie aún más larga de choques.

Lo que habían descubierto estos primeros experimentos es que la aplicación de una pequeña descarga eléctrica dirigida a los centros de recompensa del cerebro proporcionaba un mecanismo de retroalimentación positiva extremadamente potente. Incluso si a un animal se le privaba de alimento durante 24 horas, cuando se enfrentaba a una elección entre la comida o el lugar donde recibiría la estimulación cerebral, no había duda, elegía la segunda.

Llegados a un punto, los investigadores construyeron un aparato en el que un animal podría utilizar una palanca para activar la corriente eléctrica. Después de aprender el funcionamiento del mecanismo, el animal se estimulaba su propio cerebro regularmente, a intervalos de una vez cada cinco segundos.

El área septal era el centro del placer del cerebro

Sin duda, habían creado una máquina perturbadora en muchos sentidos. Una máquina capaz de convertir a los animales en yonkis del placer. Así que llegados a este punto, es posible que te estés haciendo la pregunta, ¿qué efecto podría tener en los seres humanos? ¿cómo puede ser que no haya oído jamás de ella? O quizá más inquietante, ¿estamos preparados para dicha tecnología?

Posiblemente, lo ocurrido a mediados de los 70 supuso un punto de inflexión para que aquello se mantuviera con cierta discreción. Lo ocurrido por aquellas fechas, aunque más cercano a la ciencia ficción, fue un hecho verídico y ciertamente oscuro de la ciencia.[2]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Wikipedia
  2. gizmodo.com/Existe un "botón" del placer que muy pocos seres humanos conocen.

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