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Motín de Talca

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Motín de Talca
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21 de Julio 1827

El Motín de Talca del 21 de julio de 1927, fue una sublevación del escuadrón de cazadores, liderados por el cabo de la 1ª, Bernardo Pérez, algunos sargentos y otros cabos como Pablo Arriagada, José María Reyes y Rosauro Muñoz. El hecho aconteció en el Convento de San Agustín de Talca, que hacía las veces de cuartel militar. Apresaron a los oficiales que dormían en él; se apoderaron de la guardia de la cárcel y del depósito de armas, tomaron, además, como prisioneros a otros oficiales que vivían en la ciudad”. Los principales motivos fueron el atraso en los pagos de la tropa y el desorden político imperante en el país. Fueron repelidos por el Batallón Chacabuco y el Cuerpo de Nacionales al mando del teniente Barraza y el teniente coronel don Manuel Urquizo.

Cuando se llevo a cabo el Motín de Talca, gobernaba Francisco Antonio Pinto Díaz.

Convento agustino de la ciudad de Talca.jpg

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Contenido

Hemos visto que el motín de Campino fue el comienzo de los pronunciamientos militares de índole política. El advenimiento de Pinto al gobierno marcó una pausa en los trastornos de esta naturaleza por más de un año. La disciplina no se habla restablecido en el ejército como lo demostraron los sucesos siguientes; pero el prestigio personal el mandatario, el decidido concurso que desde afuera del gobierno le prestaron los estanqueros y la benevolencia de los pelucones, hasta que se echó en brazos de los violentos y de los pipiolos, contuvieron con el peso de su fuerza moral los pronunciamientos militares de índole política encabezados por jefes o caudillos, mientras las turbulencias civiles provocadas por el federalismo culminaban.

En cambio, las fuerzas morales que apoyaron la primera fase del gobierno de Pinto, influyeron poco sobre las clases y soldados. Un escuadrón de cazadores, que hablan quedado de guarnición en Talca de regreso de la campaña trasandina contra Pincheira, se sublevó a las 3 de la mañana del 21 de julio, capitaneado por algunos sargentos y cabos. Apresó a los oficiales que estaban en el convento de San Agustín, que servía de cuartel al cuerpo, ya otros que se hospedaban en la ciudad y amenazó saquear al pueblo, si no se pagaban en el acto la totalidad de los sueldos. El comandante Urquijo logró reunir algunos fondos, y se dirigió al cuartel, a rogar a los sublevados que aceptaran el abono a cuenta y se sometieran, ofreciéndoles un amplio indulto. Los sublevados lo recibieron respetuosamente, pero rehusaron someterse antes de que se les pagara todo lo que se les adeudaba. Urquijo, temiendo que consumaran la amenaza de saquear el pueblo, asaltó con tropas de infantería, sucesivamente, la cárcel y el cuartel de San Agustín, donde los cazadores se hablan atrincherado, y los sometió, con algunas bajas por ambas partes. Al día siguiente, sin consultar al gobierno, fusiló a un sargento y a tres soldados que hablan encabezado el motín.

Como era de esperado dada la crisis que atravesaba el concepto de la sanción la pena de muerte impuesta a los cabecillas provocó protestas. El periodista francés Pedro Chapuis fustigó desde el "Verdadero liberal", la enormidad que entrañaba el fusilamiento de humildes soldados que reclamaban, según él, dentro del respeto al orden, el pago de sus sueldos, en vez de devolver al Ejecutivo las atribuciones que le correspondían y regularizar la administración. El gobierno, estimando que el artículo de Chapuis importaba una justificación del motín, lo acusó, pero el fallo del jurado fue absolutorio.

Detalle de los acontecimientos

Como contexto político local, muy importante fue el proceso de demarcación territorial que estaba enfrentando el pueblo de Talca. En efecto, la ciudad maulina se había negado a incorporarse a la provincia de Colchagua y a enviar representantes a la asamblea de esta que funcionaba en Curicó. Esto hizo que se formara entre los vecinos una junta llamada comisión representativa.

19 de mayo de 1827: Este día se reunió la asamblea, donde dio cuenta al Congreso y al Gobierno de su instalación, y mandó retirar a los diputados que este distrito tenía en Santiago. Diego Barros Arana recalca que, sin embargo las tropas que en su mayor parte regresaban desde el sur de su campaña en contra de los montoneros, como los mencionados Pincheira, “eran completamente extrañas a estas perturbaciones políticas y nada hacía temer acto alguno de insurrección”.

Y, al momento de retornar las tropas desde el sur, el pueblo de Talca estaba resguardado por un escuadrón de cazadores a caballo que mandaba el teniente coronel don Manuel Urquizo y por el batallón número 1 (Chacabuco), en ese momento a cargo del sargento don Manuel Navarro.

Qué sucedió?

21 de julio de 1827: A las tres de la madrugada, los soldados del escuadrón de cazadores, liderados por algunos sargentos y cabos, se sublevaron en el convento de San Agustín que hacía las veces de cuartel militar. Asimismo, “[...] apresaron a los oficiales que dormían en él; se apoderaron de la guardia de la cárcel y del depósito de armas que allí había, y tomaron, además, como prisioneros a otros oficiales que vivían en la ciudad”.

Como fuentes principales de este acontecimiento, han de considerarse los dos partes militares del comandante Manuel Urquizo: uno breve e inmediato del 21 de julio de 1827, y otro largo y posterior del 23 de julio de 1827. Asimismo, interesante, aunque no tan detallado, es el oficio del gobernador de Talca, don Juan Nepumoceno de la Cruz del 24 de julio de 1827. Estos tres documentos fueron transcritos en el periódico "La Clave" del 1 de agosto de 1827, así como en las Sesiones de los Cuerpos Legislativos. Además, este acontecimiento fue tratado por algunos periódicos de la época, especialmente por El Verdadero Liberal de Santiago EL 21 de julio de 1827, situación que trajo consigo algunos efectos “secundarios” que mencionaremos más adelante.

Primer elemento: Atraso en el pago de los sueldos de la tropa

Un primer elemento de hecho a considerar, y en el que coinciden todas las fuentes históricas mencionadas ut supra, es que este motín tuvo como causa inmediata el atraso en el pago de los sueldos de la tropa. En efecto, el parte del comandante Urquizo del mismo día 21, que hemos calificado de breve e inmediato, consigna que a “[...] las nueve de la mañana se me hizo llamar por los sublevados y lo verifiqué en el acto; en la entrevista me hicieron saber que únicamente reclamaban sus pagos, a lo que contesté: que no estaba en mis alcances el condescender con su petición, y aunque para contenerlos apuré todos los medios que en iguales casos dicta la prudencia me fue enteramente imposible y el desorden tomaba ya un aspecto de gravedad”.

Citemos in extenso, para una mejor comprensión de este primer elemento, el parte del día 23, que hemos calificado de largo y posterior, en el que Urquizo afirma:

“Cerciorado plenamente que este cuerpo se hallaba fuera de todo comprometimiento y que estaba ciego al obedecimiento de mis órdenes, mandé a mi cuartel a mi asistente, (único hombre que se hallaba en franquía de todo el escuadrón) para que se me permitiese hablar con el que comandaba la tropa, pues hasta entonces yo lo ignoraba".

"Se me accedió, y en el momento fui con ellos, entré al cuartel y encontré en él el mayor desorden. Los oficiales todos presos con centinelas; el escuadrón; formado y los sargentos desarmados, aunque en sus puestos. El almacén descerrajado, y puestos al frente de la línea las municiones sobrantes después de municionados a tres paquetes".

Observé que el que comandaba era el cabo de la 1.ª, Bernardo Pérez, pues al preguntarse por mí quién era el autor de aquel movimiento y con quién me debía entender, se me contestó por éste que con él. Salió al frente, y héchole por mí los cargos del buen trato, y la exacta asistencia en un todo, con cuanto más pudo sugerirme la prudencia y el tino con que debía conducirme en aquel caso a fin de retraerlos al orden, se me contestó que todo era muy cierto, pero que carecían absolutamente de sus pagos, que se hallaban debiendo en el pueblo; que no tenían lo necesario de sus vicios, y que precisamente antes de deponer las armas habían de ser completamente ajustados.

Se le reprodujo por mí que el Gobierno no podía hacer más que lo que hacía; que acababan de recibir un vestuario; que trescientos y más pesos se me habían suplido a crédito en el pueblo para socorrerles seis días antes; que se esperaba al oficial conductor de caudales por momentos, en que serían socorridos de un modo bastante: que un escuadrón, que jamás había dado que notar en este orden me era muy sensible lo verificase ahora, en un pueblo de quien había merecido las mayores consideraciones y mejor hospitalidad. Le hice infinitas otras reflexiones; pero tenaz en su capricho, unas me rebatía y otras me despreciaba.

Viendo su terquedad traté de entrar en pacto, y después de varios debates quedamos acordes en que si se les daba cuatro pesos a cada uno, cesarían de la empresa. Convine en ello y me fui al Ilustre Cabildo que se hallaba reunido, e igualmente a la Asamblea, para que ambos cuerpos meditasen de dónde debía salir este dinero.

El oficio del gobernador de Talca, Juan Nepumoceno Cruz, confirma que el motín tuvo como causa inmediata una motivación esencialmente económica:

“Bien avenido con los cuerpos militares estacionados en su centro, el batallón Chacabuco y escuadrón Cazadores a caballo: en el mejor orden y tranquilidad pública: seguros de hostilidades en razón de la estación en que nos hallamos a cubierto de Pincheira y sus satélites: entregados al reposo que los mismos militares lograban para desahogo de sus fatigas y trabajos consiguientes a la anterior campaña; entonces es que el antedicho cuerpo de Cazadores forja, sin que por otros se trascienda, un proyecto de sublevarse escandalosamente en esta plaza, como lo verificó el día 21 del que rige a pretexto de no estar pagados mucho tiempo ha de sus sueldos, y exigiendo sus ajustes de las existencias que suponían en esta tesorería y administración, o en caso de que con tales fondos no alcanzaren a pagarse, lo verificara el pueblo bajo el mas serio apercibimiento de un saqueo.”

Un segundo elemento: Enfrentamiento armado

Un segundo elemento de hecho importante es que, finalmente, el incidente se resolvió por la vía armada. Dice Urquizo en su parte del día 21: “Acordé en Junta de Guerra lo que se debía hacer en esta materia, y se resolvió repelerlos con el batallón Chacabuco y las milicias que pude reunir: ellos hicieron resistencia en la guardia de la cárcel y en el cuartel con bastante obstinación. Al ver que me eran infructuosas todas las medidas de pacificación me determiné a rendirlos a fuego, como efectivamente se verificó. Me anticipo a avisar a Ud. este resultado porque más de treinta sublevados se han dirigido a esa capital”.

El enfrentamiento armado

21 de julio de 1827: A las tres de la madrugada, los soldados del escuadrón de cazadores, liderados por algunos sargentos y cabos, se sublevaron en el convento de San Agustín que hacía las veces de cuartel militar. Asimismo, “[...] apresaron a los oficiales que dormían en él; se apoderaron de la guardia de la cárcel y del depósito de armas que allí había, y tomaron, además, como prisioneros a otros oficiales que vivían en la ciudad”.

En el parte del día 23, Urquizo da cuenta con más detalles del enfrentamiento armado a que dio lugar la intransigencia de los amotinados:

“Efectivamente se acordó que sin perder momento, se repeliesen los sublevados con la fuerza del batallón Chacabuco y el cuerpo de Nacionales que ya estaba reunido. Se dio parte a la Asamblea y Cabildo de la resolución antecedente y estando ambos Cuerpos conforme en la determinación por ser llegado el último caso y que se habían ya tocado todos los medios que dicta la buena razón, puse en práctica el ataque dando al efecto las órdenes siguientes. Al bravo teniente Barraza lo estaqué con 20 hombres a forzar y tomarse a todo trance la guardia de la cárcel, por ser la más importante, pues se hallaban bajo su custodia los diez mil tiros y el armamento de Nacionales. El batallón, en seguida de la vanguardia, marchó bajo mis órdenes a distancia de 50 pasos. La intrepidez del teniente Barraza hizo rendirse por la fuerza a la citada guardia a pesar de haberse sostenido con vivo fuego.”

Esta acción de armas concluyó con la muerte del teniente Barraza y de tres soldados de Cazadores. Urquizo informa de la pérdida total de “veintiún hombres entre fugados y muertos,” incluyendo a los sublevados, ya que habla de fugados.

Fusilados

22 de julio de 1827: En todo caso, resulta claro que los cabecillas del motín –Bernardo Pérez, Pablo Arriagada, José María Reyes y Rosauro Muñoz fueron fusilados al día siguiente, es decir, el 22 de julio de 1827. En suma, y coordinando este documento con el oficio del gobernador de Talca, Juan Nepumoceno Cruz, es posible concluir que, a lo menos, murieron cuatro hombres por el lado del Gobierno y, a su vez, cuatro por el lado de los amotinados: los cabecillas fusilados.

Tercer elemento: Clima de desorden politico

Por último, y como un tercer elemento fáctico, el periódico "El Verdadero Liberal" de 31 de julio de 1827, si bien acoge la misma tesis económica de las fuentes arriba citadas, pone el acento en un clima político general de desorden, culpando al gobierno del acontecimiento aquí referido: “En esta ocasión como en muchas otras hemos sido profetas, para lo cual no nos ha sido necesaria mucha perspicacia, sino solo un poco de buen sentido, y el conocimiento del estado actual del país. Ninguno habrá experimentado la menor sorpresa al saber lo acontecido en Talca, pues el árbol ha dado su fruto”. Esta nota, escrita por el francés Juan Chapuis, editor del periódico, fue fuertemente rechazada por el Gobierno. En efecto y tal como da cuenta el periódico La Aurora del 8 de agosto de 1827:

“El 1° del corriente fue encarcelado Mr. Chapuis, editor del Verdadero Liberal, de orden de su excelencia el Vicepresidente de la República, comunicada por escrito al juez de letras en lo criminal, por el artículo “Acontecimientos de Talca” publicado en el núm. 60. El cargo de escribir para el público nos impone registrar este suceso en nuestras páginas para defender la ley de libertad de imprenta que se ha infringido por un golpe de autoridad. Confesamos que este artículo es descarado, indiscreto y ofensivo del respeto que se debe al gobierno; pero teniendo éste un camino demarcado por las leyes para hacer vengar su ofensa, y castigar la licenciosa manera con que ese escritor se ha producido; cuando se le había presentado la oportunidad más favorable de ofrecer un escarmiento que enfrente la audacia de los que intentasen seguir su ejemplo pernicioso, es muy sensible que haya abusado del poder, invadiendo las fórmulas legales del juicio de imprenta, que constituyen las garantías más apreciables de las libertades públicas.”

Como se observa, un “efecto secundario” del Motín de Talca del 21 de julio de 1827 y a raíz del apresamiento de Juan Chapuis, editor de El Verdadero Liberal , fue una cierta discusión en los diarios (y, suponemos, en determinados círculos elitarios) de la capital en torno a la libertad de imprenta. Diríamos, a la luz de nuestra revisión de la prensa periódica de esos días, que este punto ocupó mucho más espacio que el acontecimiento mismo aquí tratado.

Conclusión

¿El Motín de Talca del 21 de julio de 1827 tuvo motivaciones de carácter principalmente políticas o económicas? En otras palabras, ¿se trató de una sublevación en contra del Gobierno o que obedeció, más bien, a razones “gremiales”, como el no pago de sueldos en forma oportuna?.

Claramente, a la luz de las fuentes citadas –partes militares del comandante Urquizo, oficio del gobernador de Talca y notas de prensa, se trató de un conflicto básicamente “gremial”, originado en el no pago de sueldos en forma oportuna. El mismo Diego Barros Arana, a pesar del contexto general anárquico que describe –político, económico, militar y local– señala que las tropas eran completamente extrañas a las perturbaciones políticas de dicha época.

La segunda interrogante que nos planteamos es si el motín en cuestión constituye o no una expresión de militarismo. En parte, esta pregunta ya ha sido respondida. Si la palabra militarismo la entendemos en sentido material, como la primacía política del estamento militar por sobre el civil, nos parece que no, que no se trató de un motín con tintes militaristas, puesto que los militares sublevados no manifestaron la intención de tomarse el gobierno. Sin embargo, si el término militarismo lo consideramos en un sentido formal, como la influencia de lo militar en el ámbito civil, el conflicto en cuestión sí tendría un carácter militarista, puesto que manifiesta una influencia de lo militar en el plano civil. En otras palabras, se rompió, al menos en un ámbito descentralizado y local, el carácter jerárquico y no deliberante que debe reinar en toda institución castrense. Hay que decir que, en términos formales, este carácter ya se encontraba en constituciones tempranas. Por ejemplo, la de 1823 establece en su artículo 226 que la “[...] fuerza pública [armada] es esencialmente obediente: ningún cuerpo armado puede deliberar”.

Cabe consignar que en los tomos del Ministerio de Guerra de 1827 relativos a sublevaciones militares no encontramos juicios asociados al acontecimiento que es materia de este trabajo. Hay que recordar que los cabecillas del motín fueron fusilados al día siguiente, o sea, a partir de juicios sumarísimos. Y que en ese tiempo aún estaban vigentes las ordenanzas militares de Carlos III, rey de España entre 1759 y 1788. Dice esta norma:

(articulo 26, tit. 10, trat. 8)[1]'“Los que emprendieren cualquiera sedición, conspiración o motín, indujeren a cometer estos delitos contra mi real servicio, seguridad de las plazas y países de mis dominios, contra la tropa, su comandante u oficiales, serán ahorcados en cualquiera número que sean; y los que hubieren tenido noticia y no los delaten luego que puedan, recibirán la misma pena”.'[2]

En tercer lugar, la pregunta más compleja –la que en parte también ha sido ya respondida – es si existe alguna conexión entre las expresiones de inestabilidad política reseñadas en la introducción de este trabajo: el constitucionalismo, la anarquía y el militarismo. Si bien este tema ha sido analizado, más bien en perspectiva político-institucional por la historiografía chilena, cabe señalar que sí existiría tal conexión. Precisamente la existencia de órdenes constitucionales que consagraban un Poder Ejecutivo débil, como fueron las constituciones y leyes federales del período 1823-29, dio pie a la sucesión irregular de diversos gobiernos y a la dificultad de asentar gobiernos civiles por sobre los militares. Fue recién a partir de la carta de 1833 en que se consolidó en Chile un régimen político estable, aunque con ciertas variantes en su texto y dificultades prácticas, incluso de carácter revolucionario (1851, 1859 y 1891). La particularidad de esta carta fundamental, a diferencia de las anteriores, todas de corta duración, es que alcanzó una larga vigencia en el tiempo: desde mayo de 1833 hasta septiembre de 1924.

Y, justamente, la existencia de este orden constitucional estable –para el caso de Chile, presidencialista– fue lo que posibilitó un clima de gran estabilidad política, aunque en el marco de una democracia censataria y oligárquica (el poder político está en manos de unas pocas personas, generalmente de la misma clase social), lo que, por lo demás, se ajustaba a la época: en el siglo XIX no había sufragio universal y ni siquiera una participación política mesocrática (Sistema social en que la clase media es preponderante). lo que comenzaría recién en la primera mitad del siglo XX.

El Motín de Talca del 21 de julio de 1827, pese a tratarse de un evento específico –por tanto, no necesariamente representativo de todas las sublevaciones militares del período 1823-29– da cuenta de un tiempo de gran inestabilidad política, aunque de corta duración y no extremadamente cruenta. Importante es seguir, en el futuro, estudiando los otros motines del período con el objeto de tener un panorama más amplio del enfoque de este trabajo: las conexiones entre las diversas expresiones de inestabilidad política, especialmente con relación al militarismo, aspecto mucho menos estudiado por la historiografía.[3]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Causas que se han seguido y terminado contra los comprendidos en la conspiración/Tomo I/ 1828
  2. Ordenanza militar para el régimen, disciplina, subordinación y servicio del ejército, Volume 2/México/Publisher J.M. Lara, 1842/pag. 184
  3. Fuente articulo: ANUARIO de la Academia de Historia Militar/N26 2012/pags 9-18/pdf

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