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Motín Militar 6 de Junio 1829

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Motín Militar 6 de Junio 1829
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6 de Junio 1829 en Santiago de Chile


Este motín, debe considerarse más como incidente del proceso electoral que como pronunciamiento militar, acabó de exacerbar las pasiones, ya muy enconadas.

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Contenido

Aunque la ruptura entre la fracción pelucona de Francisco Ruiz-Tagle y los otros cuatro bandos de gobierno, inclinaba del lado opositor la balanza en las elecciones de diputados y senadores, que debían efectuarse el 7 y el 8 de junio 1829, se descontaba de antemano que Novoa, con la tolerancia o la complicidad del gobierno, extremaría, como efectivamente ocurrió, los atropellos y los fraudes, y que haría elegir presidente y vicepresidente a quien se le ocurriera, pasando por sobre la constitución y las leyes.

El respeto a la constitución y a las leyes no hacía parte de su sicología y, aunque Pinto y el propio Francisco Ruiz-Tagle estaban aún en el gobierno, el mando habían pasado a él. El convencimiento de que la revolución se tomaba inevitable se generalizó, con gran alegría de los profesionales de los trastornos y bastante pesadumbre de los pelucones y de los elementos de orden en general.

Todo induce a suponer que el coronel Enrique Campino, que había tomado parte muy activa en las elecciones como opositor, alentado por este ambiente, puso en contacto al coronel Urriola, que seguía en libertad después de las hazañas revolucionarias que ya conocemos, con algunos individuos de la fracción pelu­cona de Francisco Ruiz-Tagle, enemistados con los otros cuatro bandos de gobierno, a raíz del reemplazo de su jefe por Francisco Ramón Vicuña como candidato a la vicepresidencia. Rodríguez Aldea, que ya estaba concertado con Basso y José Joaquín Prieto para la revolución del sur, no tomó parte en este motín.

Aludiendo a las actividades de Urriola, dice: "Tuvo después otras empresas que o no supe o no pude contener, y todas fueron descabelladas". Con dinero, que se dijo procurado por los partidarios de Francisco Ruiz-Tagle, sobornó al capitán Felipe La Rosa, a los soldados del mismo escuadrón de Coraceros que se habían pasado a Urriola en el combate de Ochagavía; al teniente Pedro Rojas, revolucionario profesional, y al cuerpo o asamblea de inválidos.

Una hora antes del amanecer

6 de junio de 1829: En invierno, una hora antes del amanecer, el escuadrón se sublevó. Felipe La Rosa lo condujo a la plaza, y de allí despachó piquetes a capturar al ministro del Interior, Carlos Rodríguez, y a Rafael Bilbao, gobernador local de Santiago, mientras él iba a ponerse a las órdenes del ministro Francisco Ruiz-Tagle, que no aceptó la revuelta. Los piquetes no lograron su objetivo, y poco más tarde, algunas descargas del batallón N°7, que llegó a la plaza al mando de José Rondizzoni Cánepa, obligó a los coraceros y a una compañía de inválidos que se le había unido, a huir hasta el cuartel de San Pablo. Allí tomó el mando Pedro Alcántara Urriola Balbontín; formó barricadas y se dispuso a defenderse tenazmente, ilusionado con la esperanza de que el descontento ambiente provocaría el levantamiento general del pueblo, pero sólo se le reunieron unos doscientos milicianos, en su mayoría desarmados.

El gobierno logró enterar cerca de 800 soldados de línea, ya mediodía, impartió al coronel Elizalde la orden de apoderarse a viva fuerza del cuartel ocupado por los revolucionarios. Después que la artillería destrozó las trincheras, Elizalde asaltó el cuartel. Los dragones no esperaron la embestida y dejando a los inválidos abandonados a su suerte, salieron por una puerta lateral con rumbo a San Felipe, donde se les desarmó. Urriola escapó, o se le dejó escapar.

Este descabellado motín se prestaba tan admirablemente para sacarle partido político y justificar los atropellos que se iban a cometer en las elecciones de diputados, que muchos creyeron que había sido dispuesto por el propio gobierno. Se ofreció indulto y reincorporación al ejército al capitán Felipe La Rosa, a trueque de que inculpara a distintos personajes de la oposición que, si no habían tomado parte activa en el motín, lo habían estimulado moralmente con su actitud. Pero Francisco Antonio Pinto cortó el escándalo.

13 de junio de 1829: Este hecho explica el extraño desenlace del proceso. Cumpliendo la promesa que se le hiciera, se reincorporó al ejército a La Rosa, que había encabezado el motín por venalidad. Pero, para intimidar a los opositores, que empezaban a tomar actitud revolucionaria, se creyó necesario realizar algunos fusilamientos. "La impunidad - decía el ministro, Carlos Rodríguez, al denegar el indulto ofrecido por el intendente de Aconcagua a los amotinados que se rindieron en esa provincia - obra como el más poderoso estímulo en los delincuentes para renovar sus atentados", y el 13 de junio se fusilaban a un sargento del cuerpo de inválidos y a tres soldados de coraceros.

24 de julio de 1829: Bajo el gobierno de Francisco Ramón Vicuña, se logró capturar al teniente Pedro Rojas, y se le condenó a muerte. Habiendo representado la Corte Suprema la ilegalidad de la ejecución de esta sentencia sin previa consulta, el vicepresidente Vicuña ordenó a última hora suspender la ejecución el 24 de julio de 1829. Pero el ministro de la Guerra, José Santiago Muñoz Bezanilla, que era un desequilibrado, al igual que Ramos, no hacía caso de las resoluciones del mandatario, ordenó al portador del decreto que no le diera curso sino después de ejecutado el reo.

Como apunta Errázuriz, con mucha sagacidad, estos fusilamientos de humildes soldados y oscuros oficiales, mientras se dejaba impunes a los cabecillas del motín, ya uno se le reincorporaba al ejército, en vez de servir de escarmiento, sólo pusieron de manifiesto la conciencia que el gobierno tenía de su propia debilidad. Ruiz Tagle prosiguió al frente del ministerio hasta el retiro de Francisco Antonio Pinto.

1831

junio de 1831: El Congreso, que ya entraba en su 3er. Período Legislativo, planteó la necesidad de revisar el ordenamiento constitucional de 1828.

septiembre de 1831: Fue elegido Presidente de la República el general don Joaquín Prieto Vial y a su lado se distinguía la personalidad del ministro don Diego Portales Palazuelos, quien ya había ejercido como ministro del Interior y de Relaciones Exteriores del también Vicepresidente de la República don José Tomás Ovalle Bezanilla, en 1830. La idea de Portales de mantener un gobierno fuerte, impersonal, respetable y respetado, contrario a los caudillismos civiles y militares, centralizado en el Jefe del Estado, guió por décadas al sector conservador y fue el alma del poderoso presidencialismo chileno.

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