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Margot Loyola

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Margot Loyola
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Folclorista chilena

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Margot Loyola Palacios (Linares, 15 de septiembre de 1918 - †3 de agosto de 2015)[1] fue una folclorista, compositora, guitarrista, pianista y recopiladora e investigadora del folclore chilena. Para sus investigaciones, aplicó en terreno un método del más puro estilo antropológico y etnográfico, culminando con la escenificación de una estética. Junto a Violeta Parra y Gabriela Pizarro, es considerada una de las tres investigadoras esenciales del folclore de Chile.

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Contenido

Hija de Recaredo Loyola, comerciante y bombero, y de Ana María Palacios, hija de farmacéutico, Margot Loyola realizó estudios de piano en el Conservatorio Nacional de Música de Chile, con Elisa Gayán, y estudios de canto con Blanca Hauser.

1928

La familia se disgregó cuando ella tenía diez años. Los cuatro hermanos, Margot, Estela, Juan Recaredo y Marco Aurelio Loyola, vivieron con el padre en Santiago mientras su madre empezaba a trabajar en farmacias de la ciudad: en la Plaza del Roto Chileno, en Curacaví y más tarde en Recoleta. Margot Loyola vivió en esos vecindarios, jugó en esa plaza, creció en San Pablo y en Curacaví.

1931

Vivía en el barrio de Cumming cuando cursó el sexto año de preparatoria en la Escuela 21 de la misma calle y se presentó por primera vez en un teatro, el O’Higgins, de Cumming con San Pablo. Cantaba canciones en boga como ‘‘La bella condesita’’, ‘‘Fumando espero’’ o ‘‘Nelly’’ y no tenía más de trece años.

1933

El primer escenario del dúo fue el teatro de Curacaví, según recuerda Margot. Hacia 1933 ganaron un concurso en la Radio Del Pacífico, cuyo director artístico era el compositor Donato Román Heitman. Tenían trece y catorce años. En la época imperaban Los Cuatro Huasos, Las Hermanas Orellana y las obras costumbristas de Antonio Acevedo Hernández, y Las Hermanas Loyola actuaban ataviadas con trajes floreados y cantaban tonadas tradicionales aprendidas de su madre como ‘‘El imposible’’, además de ‘‘Peritas de agua’’, el villancico ‘‘Yo vengo del Colliguay’’ y la refalosa ‘‘Diablito de Talamí’’.

1935

Margot dejó en 1935 la Escuela Normal para dedicarse al folclor. Estudiaba danza con Cristina Ventura y, además del dúo, tomó sus primeras lecciones de piano con Flora Guerra, se presentó al Conservatorio Nacional de Música ante Rosita Renard.

1936

Entro a estudiar con Elisa Gayán desde 1936 hasta 1942, por siete años. Tocaba en piano en bailes y las hermanas eran además discípulas de la cantante lírica Blanca Hauser.

En el Conservatorio, Margot Loyola conoció a la poeta Cristina Miranda e hizo con ella sus primeros viajes de recopilación a pueblos cercanos a Santiago. Conoció a las cantoras Anita Cantillana en Alhué, Purísima Martínez en Pomaire y las hermanas Bermúdez en Colliguay, y recorrió Rari, Cantentoa, Quinchamalí y Caleu. Parte de ese repertorio fue recreado por Las Hermanas Loyola en teatros y universidades, pero también en chinganas y rodeos como los de Pichidegua, Rancagua, Osorno, San Javier, Parral y Linares y San Fernando, donde Margot Loyola se formó como bailarina de cueca.

1940

Laa madre de Margot, compró la farmacia Venus, en la esquina de las calles Santos Dumont y Recoleta en la capital: el mismo barrio de Los Cuatro Hermanos Silva. Conocieron a músicos como Carlos Mondaca, de Los Cuatro Huasos, o a los escritores Mariano Latorre y Antonio Acevedo Hernández, quien les dedicó un primer artículo en la prensa. Y las oyó el compositor y musicólogo Carlos Isamitt, quien las invitó al Instituto de Investigaciones Folklóricas de la Universidad de Chile, donde Margot Loyola conoció a estudiosos como Eugenio Pereira Salas, Carlos Lavín y Pablo Garrido. El dúo grabó en la colección de diez discos Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) junto a Las Hermanas Acuña, a Elena Moreno y otros cultores sureños reunidos por Isamitt, y actuaron en giras nacionales programadas por el Instituto.

1944

Margot Loyola empezó en 1944 a grabar, y lo hizo con intensidad desde el comienzo. Catorce canciones en seis discos fueron el aporte de Las Hermanas Loyola a la aludida antología Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944), editada por el sello Victor. Y el dúo grabó entre 1944 y 1950 una cuantiosa serie de discos, de dos a tres canciones cada uno, con RCA y Odeon.

1949

Tras verla bailar una cueca, el rector de la Universidad de Chile, Juvenal Hernández, invitó a Margot Loyola a dictar las anuales Escuelas de Temporada: cursos intensivos de un mes de duración que mantuvo hasta 1963 y fueron la cuna de grupos como Cuncumén y Millaray y, por extensión, de los ballets folclóricos Loncurahue, Pucará y Aucamán, precedente del actual Bafona.

La folclorista compartió quehaceres con Oreste Plath, también profesor de esos cursos, y trabajó en ellos con Matilde Baeza, profesora de guitarra y canto y bailarina de cuna campesina. Las Escuelas tuvieron otro efecto al extenderse por Chile: le permitieron iniciar su investigación más sistemática.

1950

Estela Loyola abandonó la música y el dúo terminó. En adelante Margot Loyola seguiría sola.

1951

Había hecho su primer viaje fuera de Chile. Partió en tren a Argentina con una carta de Oreste Plath dirigida a la escritora Marta Brunet, agregada cultural de la embajada chilena en ese país. Conoció a estudiosos argentinos del folclor como Carlos Vega y Antonio Barceló. En Montevideo, Uruguay, tomó contacto con los investigadores Sofía Arsarello y Lauro Ayestarán, y en 1952 llegó a Lima para hacer un estudio comparado entre la resbalosa y la marinera peruanas con la refalosa y la cueca chilenas.

Allí recibió ayuda de Vicente Bianchi para dar recitales, estudió con Porfirio Vásquez, patriarca de la música afroperuana, fue a Cuzco y Macchu Pichu y conoció al escritor José María Arguedas, quien la introdujo en la cultura indígena y le dedicó un afectuoso comentario. ‘‘Margot Loyola, como buena folklorista, está aprendiendo el huayno con los serranos, escuchándolos, tratándolos, acercándose amorosamente a ellos’’, escribió. ‘‘Desearíamos para la música peruana muchos ejemplos semejantes’’.

1952

Margot Loyola comenzó sus estudios sobre las danzas ceremoniales del norte chileno, con Rogelia Pérez, fundadora del baile Las Cuyacas. También trabajó con Los Morenos de Cavancha.

Se destacan, entre sus variadas investigaciones, su estudio en 1952 de la resbalosa y la marinera en Perú para establecer comparaciones con la refalosa y la cueca chilena. Trabajó, entonces, con Porfirio Vásquez, el patriarca de la música negra. También estudió la cultura indígena del Perú con José María Arguedas. En Argentina estudió con Carlos Vega, quién se convirtió en su gran maestro en el terreno de la investigación y con el cual llegarían a ser cercanos colaboradores. En Uruguay estudió con Lauro Ayestarán.

Margot Loyola ha investigado sobre el folclore de las más apartadas regiones de Chile. Ha recopilado y asimilado gran cantidad de material. Ha contado además con la asesoría especializada de musicólogos y especialistas en folclore. Se la considera una artista e investigadora de gran talento y relieve. Ha creado una escuela en torno a los cantos y bailes tradicionales de Chile, convirtiéndose así en una relevante embajadora de nuestra cultura.

Margot Loyola fue a Iquique, La Tirana y Andacollo a estudiar la danza ritual nortina con Rogelia Pérez y el grupo Morenos de Cavancha, y se vinculó a Rapa Nui con el arqueólogo Roberto Montandón.

1956-1958

Un año después de la primera gira europea de Violeta Parra, Margot Loyola viajó a Francia, Polonia, España, Rumania, Unión Soviética y Checoslovaquia. Compró su primera grabadora en ese viaje. En París estuvo seis meses y se reencontró en 1956 con Violeta Parra, que cantaba en la boite L’Escale: allí la reemplazó por dos noches. Se habían conocido a comienzos de los años '50 en una fonda en la que Parra actuaba en la Quinta Normal, y Margot la había invitado a las Escuelas de Temporada. Su amistad había derivado en un trato de comadres.

Nos aveníamos mucho en lo humano, porque al igual que yo, era una mujer llena de dudas y angustias. ¡Nos unieron cosas tan dolorosas! Yo fui madrina de su última hijita (Rosita Clara Arce), que muere cuando ella tiene que viajar a Europa’’, explica Margot Loyola en su diálogo con Agustín Ruiz.

  • Este año conoce a quien sería su compañero de vida en uno de sus alumnos, el folclorista Osvaldo Cádiz.
  • Su primer LP en Chile data de la misma época: es Margot Loyola y su guitarra (1956), con canciones religiosas nortinas, tonadas, música pascuense, canciones mapuches y cuecas grabadas junto a Alberto Rey en arpa.

1959

Graba y lanza al mercado "Recorriendo Chile", subdividido en música de La Tirana, campesina sureña y mapuche. Margot virtió sus recopilaciones isleñas en Isla de Pascua (1959)[2].

1961

Realizo una nueva gira a Europa, junto a Cuncumén, por Bulgaria, Rumania, Polonia y Unión Soviética. A su regreso cantó con Los Chalchaleros y Ariel Ramírez en los teatros Astor y Windsor.

1964

Graba y edita uno de los más bellos discos de Margot, lleno de vitalidad y variedades de la cueca campesina, costina, chilota y de chingana bajo titulo "El amor y la cueca".

1965

Margot graba un disco muy significativo para su carrera y etapa como folclorista, "Salones y chinganas del 900", con mazurcas, refalosas, valses, couplets, corridos y zamacuecas

1966

Graba "Casa de canto", con tonadas, habaneras, vals y zarzuela.

1971

Margot Loyola inició el programa ‘‘Recorriendo Chile’’ en TVN, dirigido por René Schneider, donde actuaron músicos como Los Estudiantes Rítmicos, Las Cuatro Huasas y Rauquén.

1972

  • Viaja a EE.UU., luego de vuelta al país, visitó Ecuador como parte de una delegación cultural.
  • Este año pasa a formar parte del cuerpo académico de la Universidad Católica de Valparaíso,

1973

El golpe militar de 1973 puso freno a esas actividades. Margot Loyola reapareció en el programa de TV ‘‘Chilenazo’

1972

Pasa a formar parte como, académica de la Universidad de Chile.

1981

Vuelve a retomar un disco reeditado por Alerce bajo el titulo de "Isla de Pascua, cantos y danzas (1981) y Geografía musical de Chile".

Margot y Violeta Parra

Contemporánea y "comadre" de Violeta Parra, juntas constituyen un dúo de profundas resonancias en la vida artística, cultural e incluso política del Chile de la segunda mitad del siglo XX. Ambas mujeres, nacidas en pueblos vecinos de la Zona Central de Chile, representan un verdadero tesoro nacional, jamás igualado en el ámbito de la música folclórica, de la investigación del folclore, de la poesía popular y del canto popular. Ellas han sido inigualadas en la creación de una verdadera síntesis cultural chilena y en la recuperación, recreación y formación de la tradición de inmensa riqueza de Chile en cuanto a su cultura popular.

Violeta Parra y Margot Loyola, 22 de diciembre de 1953

El inevitable encuentro entre Parra y Loyola, entre la incipiente solista y la consagrada maestra, ocurrió en el año 1952. Según lo que extrae de las conversaciones de Loyola con Ruiz, para ella fue un descubrimiento personal importante, a pesar de los relatos que se han hecho sobre supuestas rencillas. Más claro queda con lo publicado en las páginas de la revista Ecran:

Margot Loyola, la conocida folklorista, acompañó a Violeta Parra hasta nuestra redacción, recomendándola fervorosamente como compositora, cantante e intérprete de la cueca campesina. ‘En Violeta hay un valor que tiene que ser reconocido’, nos aseguró Margot con entusiasmo. ‘Como letrista y compositora es excepcional, encuadrando sus composiciones dentro de los moldes folklóricos’. Tiene alrededor de treinta composiciones, que sólo ahora Margot le está escribiendo, pues Violeta no sabe música” (Ecran, 22 de diciembre de 1953).

Así, el encuentro entre ambas anticipó con claridad lo que habría de ocurrir en el proceso estético-estilístico de la Nueva Canción: por una parte, Parra le entrega al movimiento la lucidez de una creación personal sin trabas. Por otra, Loyola, le lega la técnica para una interpretación veraz.

En este punto es preciso detenerse, puesto que la Nueva Canción ha sido abordada, principalmente, desde la creación. Uno de los puntos compartidos entre ambas es la búsqueda universalista de su alteridad, su reconocimiento y legitimación mediante la representación de las experiencias tradicionales, recogidas mediante herramientas etnográficas y representadas como producto de un estudio contextual, bajo principios de selección y adaptabilidad escénica.

Sin embargo, de aquí surge también una de las divergencias entre ambas folkloristas: Loyola es una purista de la interpretación: “su afinación temperada, una producción de la voz cultivada, brillante y bien colocada, con aprovechamiento de los diversos resonadores, o los conceptos de manejo del ritmo escénicos a través de los contrastes en dinámica, intensidad y textura, forman parte de un conjunto de técnicas y criterios propiamente académicos al servicio de la representación” (Ruiz, 2006) (6).

Violeta, por su parte, no tiene conflictos en experimentar y apartarse del canon oficial en pro de afirmar su identidad más profunda.

Esta divergencia cubrirá todo el espectro de la Nueva Canción de los sesenta. Loyola había desarrollado una riquísima técnica vocal que le permitió cantar en escenarios hasta pasados sus ochenta años de edad. Además de su pulcro canto, en su interpretación no recrea personajes como caricaturas o estereotipos sino que asume la profundidad síquica al estilo del teatro de Stanislavsky o del Teatro de la Crueldad de Artaud y así lo transmite al público.

Violeta, por su parte, no representa, más bien encarna a profundidad a la cantora campesina ajena a todo discurso académico. Diversas cantoras de estirpe como Peta Basaure, Las Petorquinas, Elena Carrasco, entre otras, estaban más cerca de Loyola (la inspirarían, de hecho) que de Parra. Por tanto, Violeta responde, junto a otras campesinas de la zona central, exclusivamente a la mujer campesina aplastada por los quinientos años de latifundio y patriarcado.[3]

Distinciones y grados

  • 1993: recibió la distinción «figura fundamental de la música chilena» de parte de la SCD.
  • 1994: fue reconocida con el Premio Nacional de Artes Musicales, siendo la primera folclorista en Chile que obtuvo dicho reconocimiento.
  • 1998: fue nombrada profesor emérito de la Universidad Católica de Valparaíso.
  • 2001: fue galardonada con el Premio a lo Chileno. En junio de 2010, la Universidad Arturo Prat de Iquique le otorgó el título honorífico de doctor honoris causa en reconocimiento a la labor pionera que desplegara más de medio siglo antes en la investigación y difusión de las culturas pampina y andina de la zona.

Margot Loyola y Osvaldo Cádiz, un amor eterno

No le importó ser casi veinte años mayor. La folclorista y Premio Nacional de Arte Margot Loyola (95) siempre fue vanguardista y transgresora; poco le interesaban los comentarios que generaba la relación con su alumno de baile Osvaldo Cadiz (73), con quien ya cumplió 52 años juntos y 25 de matrimonio. “De prohibido, ¡nada!; ambos éramos libres”, dice ella con su tono directo y campechano.

Margot Loyola y Osvaldo Cádiz 2013

Instalada en el living de su casa en La Reina, y bajo la atenta mirada de su marido —que cada tanto le repite las preguntas cuando no escucha bien—, Margot recuerda su historia amorosa que se remonta a 1955, cuando —junto al compositor Carlos Issamit—, fue al Liceo de hombres Leandro Schilling (de San Fernando) para dar una charla sobre etnias chilenas. Osvaldo que entonces tenía 15, tiene grabada la imagen de ella cantando recostada en el escenario con traje de plumas. “Margot ya era una folclorista reconocida; su presencia causó revuelo entre puros hombres.

Llegué al camarín a saludarla. Me impactaron sus piernas… y su canto”. Cuando egresó del colegio, Osvaldo partió a Santiago a estudiar pedagogía en castellano en la Universidad Católica. Por esos años participó y ganó un concurso radial para aprender a bailar cueca que ofrecía nada menos que Margot Loyola. Quedó tan encantado con el baile nacional, que le pidió a la compositora ayudarla en sus cursos cuando le faltaran bailarines.

Al año se hicieron inseparables. El estudiante acompañaba a su profesora a sus clases de canto y a cuanto taller de baile ofrecía, hasta que un día Margot le dijo que debían separarse porque se estaba enamorando. “Pero si yo estoy enamorado hace rato”, le respondió él. Aun así, la compositora se resistió; le asustaba la diferencia de edad. “Le decía: me voy a poner vieja, tú seguirás joven, te vas a enamorar de una muchacha, yo te voy a plantar un par de balas y me iré a la cárcel, ¡no me conviene! Váyase usted por su camino y yo por el mío”, le aconsejó.

† Su muerte 2015

3 de agosto de 2015: Fallece destacada folclorista nacional Margot Loyola, a los 96 años.

Roberto Cádiz, vocero de la familia, dijo que si bien "no estaba enferma de nada", últimamente la artista estaba "muy apagada, muy decaída y se fue apagando de a poco". Contó que la artista, ganadora del Premio Nacional de Arte en 1994, falleció a las 20.45 "tranquilamente rodeada de su familia".

Margot Loyola fue una de las más destacadas folcloristas nacionales, junto con Violeta Parra.[4] Desde 1972 se desempeñó como académica de la Universidad Católica de Valparaíso, recibiendo en 1998 recibió el título de Profesor Emérito.

Pizarra

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  • Además de su investigación, en esta trayectoria Margot Loyola ha grabado música recogida por María Luisa Sepúlveda, Carmen Álvarez, Petronila Orellana, Matilde Baeza, Blanca Hauser (cuyo crédito figura en la canción popular ‘‘A cantar a una niña’’), Isabel Soro, Gabriela Pizarro y otras recopiladoras. Hacia 1950 registró además dos obras de Francisco Flores del Campo y dos tonadas de Clara Solovera, y de la propia Peta Orellana ha grabado la tonada ‘‘Como que me voy curando’’, las cuecas ‘‘Los nombres’’ y ‘‘Los ríos de mi tierra’’ y el vals ‘‘El amor es un dúo’’. En su disco Siete compositores chilenos (1972) incluyó canciones de Esther Martínez y José Goles y tres cuecas de Hernán Nano Núñez: ‘‘Barquito de papel’’, ‘‘Mi negra me retó a duelo’’ y ‘‘La farra de los instrumentos’’, tocadas con piano y batería.
  • Una buena parte de su repertorio es original. ‘‘Pomaire’’ o la danza ‘‘Cachimbo’’ son de su autoría, y varias canciones tienen música de Margot Loyola y letra de su más cercana colaboradora, Cristina Miranda. La dupla se remonta a la época de Las Hermanas Loyola con la tonada ‘‘Moliendo maíz’’, la canción ‘‘Dolor del indio’’, el vals ‘‘Ya no’’ o la cueca ‘‘El pescadito’’ y siguió activa en grabaciones de Margot como la tonada ‘‘Pena junto al río Claro’’, las cuecas ‘‘Amor veleidoso’’ y ‘‘Azahar y marinero’’ incluidas en El amor y la cueca (1964), ‘‘La pomairina’’ y la cueca de velorio ‘‘Los leñeros’’.

Links de Interés en WikicharliE

  1. Música popular/Margot Loyola
  2. youtube/Margot Loyola - E Maiso Mama (canción de amor, rapa nui)
  3. El ciudadano/Violeta Parra y Margot Loyola en la Nueva Canción Chilena/12mar 2011
  4. Folclore/biografiás/Margot Loyola

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