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Lucien Sartí

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  Lucien Sartí   Bienvenido a Biografías  

Asesino y terrorista

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Lucien Sarti (Marsella 8 de octubre de 1937- † Ciudad de México, 27 de abril de 1972) fue un traficante de drogas y asesino a sueldo. Fue soldado en la guerra de Argelia, mercenario en el Congo (“asesino de más de tres mil negros”, según la revista Gente) y terrorista en Yemen.

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Empezó asaltando a conductores de ómnibus hasta llegar a organizar bandas de ladrones de bancos. Muy joven abandonó a su familia para vivir en lujosos hoteles, rodeado siempre de bellas jóvenes. Cada día incursionaba en un nuevo delito. Es así como se dedicó también al contrabando de drogas y a la trata de blancas.

Y como siempre ocurre: un día el poder político lo cercó y una vez más mafia y política se dieron la mano. Sartí quedó entre la espada y la pared. O, en otras palabras, entre la cárcel y cumplir tareas que le encomendaran. La primera misión fue en Africa: secuestrar doce monjas de un monasterio. La tarea la llevó adelante mediante un operativo comando, con la intervención de los integrantes de una de sus pandillas. La policía del Congo siguió sus pasos hasta conseguir detenerlo. Pero días después recuperó la libertad, tras la intervención de abogados y presiones políticas.

Traficante y mercenario

Muy pronto trascendió la fama de Sartí como genio del crimen. Se dice que integró los grupos mercenarios que combatían contra el líder nacionalista del Congo, Patricio Lumumba. Tuvo varias incursiones guerrilleras y se ocupó de dar muerte a los africanos detenidos como prisioneros.

No tenía compasión con nadie que estuviera en su contra. Su arma de fuego, una ametralladora tipo Pam, frecuentemente estaba en acción. Para entonces ya había sido identificado por las fuerzas armadas, la policía y autoridades del gobierno y como tal fue sentenciado a muerte aún antes de ser capturado.

Pero el legendario francés sabía eludir a la muerte. Aseguran que en 1958, Luciano encabezó un movimiento en Africa Occidental, durante el cual se registraron muchos muertos y heridos.

Otro operativo similar lo realizó en el Congo Medio, una colonia francesa, cuando se constituyó en estado autónomo. Combatió en Argelia y hasta corrió versión de que Sartí planeó un atentado contra el entonces presidente de Francia, Charles de Gaulle. A raiz de estos hechos, y ya reconocido como autor o principal cerebro de las ejecuciones, la justicia de Francia lo condenó a muerte en la guillotina.

Mientras estos hechos ocurrían, se asegura que Sartí había echado sus raíces en Marsella, protegido por la mafia corsa. Y es en estos años que se produce la conexión que lo llevaría a participar del asesinato de Kennedy. Para la mafia marsellesa, la operación le significaba miles de kilos de droga. Para Sartí, aparte del negocio, representaba la posibilidad de respirar del acoso a que lo sometían.

La conexión francesa

Pero… ¿Por qué llega la mafia corsa a la Argentina? Y es acá donde todo para seguir un hilo conductor que parece por Marsella pero también por Dallas e incluye el asesinato de Kenneddy.

Según contó el periodista Osvaldo Aguirre en una nota titulada "Contacto en Buenos Aires - La Unión Corsa y el tráfico de heroína en los años 60" la punta de lanza en el desembarco de prófugos de la justicia francesa en Argentina parece haber sido Auguste Ricord. Condenado a muerte por colaborar con los nazis, se radicó en Buenos Aires a mediados de los años cincuenta. Detrás suyo llegaron, entre otros, Francis Capezza, Domingo Orsini, Christian David, Armand Charpentier, Michel Nicoli, François Chiappe y Lucien Sartí. Ricord anduvo por Brasil y Bolivia, obtuvo la nacionalidad argentina y se asoció con Orsini. Ambos fueron detenidos en Buenos Aires en febrero de 1968 –después que los delataran dos correos apresados en Nueva York– acusados de ser jefes de una banda que traficaba heroína hacia los Estados Unidos.

Era una rama de la organización de narcotraficantes corsos cuyo tronco se encontraba en Marsella y que realizaba embarques de droga desde 1965. También sabían manejar sus relaciones: pese a los cargos en su contra, Ricord y Orsini lograron quedar en libertad y abandonar el país".

JFK

¿Qué tiene que ver esta historia con la muerte de Kennedy?: Al parecer, mucho. Tanto que, se asegura, la presencia de la mafia corsa en la Argentina fue parte del pago que “algún organismo” que habría participado en la conspiración para matar al presidente de los Estados Unidos, ofreció a los asesinos. Una especie de “vía libre” para actuar desde “un país latinoamericano”, introduciendo droga en los Estados Unidos.

La historia la contó Eduardo Valle, en la edición dominical de El Universal el 23 de noviembre de 2003. Y dice:

“Durante cinco décadas, a partir de la entrega del Informe Warren al presidente Johnson en 1964, se han analizado y discutido las conclusiones de esa comisión. La principal: Lee Harvey Oswald actuó solo y disparó sólo tres tiros, hiriendo mortalmente al presidente John F. Kennedy y, en forma grave, al gobernador texano John Connally.

Los hechos del 22 de noviembre de l963, en la plaza Dealey, en Dallas, Texas, estaban oficialmente aclarados: Un asesino solitario con personalidad conflictiva que había llegado, en la URSS, al intento del suicidio.

Una “bala mágica” había herido al presidente y después golpeado, varias veces, en zig-zag, a Connally. Y luego la habían encontrado en estado casi perfecto. Los testigos coincidían, casi por unanimidad, en que luego del disparo a la cabeza de Kennedy la parte trasera del automóvil se cubrió con sangre y restos del cráneo del mandatario. Leyó bien: la parte trasera. Eso indicaría que le pegaron de frente el balazo en la cabeza. No desde atrás, como afirma la comisión.

Una teoría no creíble

Se presentó el testimonio de la esposa del gobernador Connally, Nelly, quien viajaba en el auto convertible:

-Sí, hubo tres disparos.

El primer disparo hizo blanco en Kennedy; el segundo hirió al gobernador. Y luego ocurrió el tercer disparo: el que llenó de sangre el Lincoln, y obligó a Jacqueline Kennedy a buscar un pedazo de cráneo de su marido en la parte de atrás del auto, como luego mostraría en forma visual la película de Abraham Zapruder.

La Unión Corsa de Marsella

Antes de los acontecimientos de Dallas, Lee Harvey Oswald viajó a México en septiembre de l963. Buscaba regresar a la Unión Soviética, donde había vivido como “desertor”, usando como puente a Cuba. Esta vez lo rechazaron en ambas embajadas y tuvo que regresar a Texas. Su presencia en México está llena de bizarros hechos, incluyendo el que un obvio impostor se presentara, usando su nombre, en la embajada de la URSS. Pero México podría ser mucho más importante en el conjunto de esta historia. Lo documenta el libro Fuego cruzado de Anthony Summers, también autor de Conspiracy. El periodista Steve Rivele, investigando el programa de la CIA, localizó al narcotraficante Christian David como uno de dos francotiradores extranjeros, asesinos a sueldo, contratados bajo ese programa. David estaba preso en Kansas, esperando su extradición a Francia, relacionada con el asesinato del líder africano Ben-Barka.

David le dijo a Rivele que Antoine Guerini, jefe de la Unión Corsa en Marsella, le había ofrecido un contrato para matar al presidente Kennedy en territorio estadounidense. David no aceptó, pero otro corso, Lucien Sartí, sí. Sartí, un extraordinario tirador, quien tenia como marca usar balas explosivas, salió de Marsella con dos cómplices rumbo a México; cruzaron la frontera por Brownsville, fueron recibidos por un hombre de la mafia de Chicago y se dirigieron a Dallas para planear el asesinato.

Sartí se habría ubicado, con alguna clase de uniforme, en la empalizada colocada en el montículo de tierra, a la derecha y enfrente de la comitiva presidencial. Hubo cuatro tiros; Sarti disparo el tercero, el fatal, contra la cabeza del presidente. Luego estuvieron ocultos dos semanas y finalmente viajaron a Montreal. David tenía un testigo, Michael Nicoli, quien vivía en EE.UU bajo el programa de protección a testigos. Rivele pudo hablar con Nicoli, quien confirmó lo dicho por David.

En 1988 una cadena inglesa de televisión presentó la serie Los hombres que mataron a Kennedy, la cual padecía de un serio error: identificaba en forma errónea a los cómplices de Sartí. Uno de ellos tenía coartada. El impacto se diluyó.

Hasta aquí el relato del Universal. En Internet uno puede leer otras noticias, todas coincidentes, sobre el caso. Como hecho concreto quedaba en claro una historia sobre la posible participación de Lucien Sartí en el asesinato del presidente John Kennedy y el pago de la “operación” con heroína y vía libre para actuar en algún país lejano, como fue la Argentina.

Fuentes y Enlaces de Interés

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