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Los zarpazos del puma

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Contenido

Capítulo 1: El hombre del golpe

  • - Usted es el hombre, mi general -dijo

el coronel con tono solemne, al mismo tiempo que detenía la marcha y rubricaba sus palabras con un asentimiento de cabeza.

  • - No, no puede ser, contestó el general Sergio Arellano Stark.
  • - ¿Por qué no, mi general?, insistió el coronel.
  • - Usted lo sabe tan bien como yo... ¿Cómo voy a pasar por encima de 18

generales más antiguos que yo? Usted sabe lo que eso significa para el Ejército - replicó el general Arellano.

  • - Sí, lo sé. Pero el hecho es que nosotros estamos con usted, mi general,

insistió el coronel. El general Sergio Arellano Stark era "el hom bre" del golpe militar, al promediar el invierno de 1973, para los que complotaban en el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada, pese a que prácticamente no t enía mando de una gran tropa. Estaba a cargo del Comando de Tropas de Peñalolén; en el sector oriente de la capital chilena . que incluía Telecomunicaciones y Aviación militar. Pero su innato don de liderazgo, sumado a sus conocimientos de la política local, su anticomunismo y sus contactos con el Partido Democrat acristiano (había sido edecán militar del Presidente Eduardo Frei), lo habían llevado a dirigir la iniciativa golpista que se movía sigilosamente en cuarteles y academias uniformadas. Después del fallido "tanquetazo" del 29 de junio de 1973, los complotadores lograron un biombo autorizado por el Alto Mando para justificar sus encuentros y acciones: el "Comité de los Quince", un grupo de trabajo formado por cinco altos oficiales de cada rama que debían estudiar la situación y proponer soluciones al Ejecutivo. No todos los generales y almir antes participaron del secreto. Pero el general Arellano no dio puntada sin hilo. Se encargó del "Plan Campana", cuyo objetivo era averiguar la capacidad de fuego de los cordones industriales y proponer la fórmula para anular el peligro. Y para ello debió tomar contacto con los oficiales de la Academia de Guerra del Ejército. De la zona céntrica no se preocuparon: el peritaje balístico ordenado por el general Augusto Lutz, director del Servicio de Inteligencia, indicaba con claridad qué tipo de armamento y desde dónde se había disparado contra los militar es en la intentona golpista del 29 de junio.

Los complotados creyeron estar en serio peligro, a fines de agosto, tras la dimisión del general Carlos Prats a la comandancia en jefe del Ejército . Porque en la primera reunión con su sucesor, el general Augusto Pinochet, le escucharon decir con abierto enojo que "lo que han hecho a mi general Prats se lavará con sangre de generales" y, acto seguido, les pidió sus renuncias. Los generales Arellano, Palacios y Vi veros no entregaron sus renuncias por escrito. Y, al paso de las horas, te mieron que todo se fuera por la borda si Pinochet los destituía. El general Arellano decidió, entonces, que había llegado la hora. Encargó a su hijo abogado - del mismo nombre- que se contactará con el hijo del Contralor General de la Repúblic a, Héctor Humeres, y lograra un aviso inmediato si el decreto de destitución llegaba a la Contraloría, así como procurar que detuviera el proceso de "toma de razón".

El tenso fin de semana debió culminar con el "vamos" al golpe militar el lunes 27 de agosto para entrar en acción el miércoles 29 . Los generales Arellano, Palacios, Nuño y Viveros afinaron todos los detalles: los profesores de la Academia de Guerra traspasarían la or den a los comandantes de unidades. Se esperaba contar con gran parte del Ejército y la totalidad de la Armada y la Fuerza Aérea. Por Carabineros, el general Yovane aseguraba que podría neutralizar las fuerzas en pro del gobierno. Pero el propio general Pinochet se encargó de desarticular el movimiento. Ese mismo día lunes 27 se reunió con el al to mando militar y -sorpresivamente- cambió su discurso: en lugar de insistir en las renuncias, habló de estrechar filas dentro del Ejército y con las otras ramas armadas... y planteó la posibilidad de una "intervención militar" si las circunstancias lo hacían necesario. ¿Qué hacer? ¿Era fiable o no el general Pinochet?.. Hasta entonces, "todos creíamos que Pinochet se oponía al golpe", recuerda el general Nicanor Díaz Estrada, uno de los principales gestores del complot por parte de la Fuerza Aérea. Federico Willoughby, participante del complot por el grupo de civiles del movimiento militarizado de extrema derec ha "Patria y Libertad" (vocero del gobierno militar tras el golpe), explicó así lo sucedido:

  • - Pinochet era un hombre de mucha c

onfianza para Allende...¡Si lo nombró comandante en jefe! Hay una mistificación en torno a la personalidad del general Pinochet que lo pudiera hacer aparecer como un traidor, en el sentido de que es un hombre que cambia demasiado rápidam ente de una posición a otra. Mi explicación, por lo que yo conozco, es que él es ciento por ciento militar, un hombre que entra a los quince años al Ejército, es decir, lleva casi sesenta años en la institución, y tiene que mantenerse dentro del Ejército para avanzar y para subir, siguiendo las corrientes de la época, siguiendo las opiniones predominantes, porque el que no lo hace así, se va, es expulsado por el sistema. Entonces, si hay que ser católico, es católico; si hay que ser masón, es masón; si hay que cuadrarse antes los políticos, se le cuadra a los políticos, si es Fidel Castro, se le cuadra a Fidel Castro. Por eso no lo ha hecho solamente Pinochet, lo han hecho todos los que permanecen en las instituci ones uniformadas, siempre. El que ha sido siempre el más leal colaborador de su jefe. Entonces, claro, era el hombre de mayor confianza para el general Prats. A su turno también puede sucederle. Lo que pasa es que Pinochet no le soltó prenda a nadie. Fue absolutamente cauteloso y desconfiado. Igualmente cauteloso y desconfiado , el general Arellano discutió largamente el asunto con los otros conjurados. Toda la A rmada, toda la Fuerza Aérea, la mayor parte del Ejército y buena parte de Carabi neros parecían asegurar el triunfo. Obviamente se minimizaban los costos si se lograba que el comandante en jefe del Ejército encabezara la acción, dada la prusiana formación castrense. Decidieron que Pinochet sacaría la misma cuenta. El día clave para el general Arellano fue el sábado 8 de septiembre. Ya el golpe tenía su día "H". No podía ser más allá del 19 de septiembre, para no tener que rendirle honores al Presidente Allende en la Parada Militar y... evitar el peligro de ser detenidos todos juntos si el complot se hubiera filtrado. No podía ser en día lunes, porque los mínimos preparativos en la víspera -domingo- darían motivo de alerta. Sí, debía ser un martes. ¡Que sea el martes 11!

Willoughby señala: "Efectivamente, circuló la especie de que el general Sergio Arellano Stark visitó al general Pinochet el día sábado 8 de septiembre para señalarle que si él no iba, se iba a quedar abajo no más. Así fue. Para todos los efectos prácticos, Arellano, es cier to, era el hombre que representaba estos sentimientos dentro del Ejército, era la voz cantante del desencanto". Y el general Díaz Estrada, casi diecis éis años después, en su departamento de la comuna de Providencia, recordó:

  • - Ya estábamos a punto y nadie había hablado con Pinochet. Yo había estado

hablando solamente con Arellano. El sábado 8, por la mañana, le insistí: "Y bueno, ¿cuándo van a hablar con Pinochet?" Me respondió: "Esta tarde voy a ir a su casa". Como el almirante Carvajal estaba en Viña y volvía con noticias esa noche, le dije a Arellano: "Juntémonos en la casa de Carvajal a las nueve y media" Arellano no llegó a la reunión. Recuer do que le comenté a Carvajal: "Deben haberlo tomado preso después de hablar con Pinochet". Porque jugábamos con fuego, no sabíamos cómo iba a reaccionar Pinochet. Y sigue Díaz Estrada:

  • - Me despedí a Carvajal a las once y media de la noche. Tomé mi auto y me

dirigí hacia la salida de la Quinta Normal, por calle Santo Domingo. Justo voy doblando cuando aparece el general Are llano, caminando, muy elegante:

  • - ¿De dónde viene, general? -le preguntó Díaz Estrada.
  • - De un matrimonio -contestó Arellano, muy tranquilo.
  • - ¿Habló con el general Pinochet? -insistió Díaz Estrada.
  • - No, no hablé -dijo, lacónicamente Arellano.
  • - Y, entonces, ¿qué viene a hacer aquí? Alzó su voz ronca el general de la

FACH, molesto consigo mismo por haber temido que Arellano estuviese preso. La versión de Díaz Estrada agrega que dos capitanes de navío - que habían salido de la reunión, se acercaron y les insinuaron seguir hablando en la casa de uno de ellos para evitar tan peligrosa discusión en plena calle. "El general Arellano no se atrevió a hablar con Pinochet", asegura Díaz Estrada. Pero el general Arellano tiene otra versión. Ese sábado 8, tras informar a otros generales de Ejército, llegó a la casa del General Pinochet alrededor de las 20,30 horas: "Su reacción fue una mezcla de sorpresa y molestia. Al tomar conciencia de que sólo se requería su adhesión a una decisión ya tomada, pareció abrumado". Y cuando Arellano le dijo que el comandante en jefe de la Fuerza Aérea estaba esperando su llamado telefónico, Pinochet "pidió unos minutos, asegurando que luego lo haría. Por ahora necesitaba reflexionar". En ese momento conforma la clave de la posterior defensa del general Arellano: el momento en que revela a su comandante en jefe que la acción golpista está en la recta final y le ofrece su conducción. El hecho es que el general Leigh no recibió llamada alguna ese día. Y cuando ya tenía escrita la proclama del golpe, decidió ir a la casa de Pinochet, como a las cinco de la tarde del domingo 9, interrumpiendo la fiesta de cumpleaños de la pequeña Jacqueline. Su recuerdo de esa conversación indica que Pinochet efectivamente había hablado con Arellano:

  • - Estaba en una posición muy tranquila, me escuchó el planteamiento en el

sentido que no le veíamos vuelta al asunto. "¿Qué piensas hacer tú? Porque lo que es nosotros, no damos más. Creo que estamos ya en un punto en que, si no actuamos, el país va al caos", le dije.

  • - ¿Y qué le contestó el general Pinochet?
  • - Me dijo: "¿Tú has pensado en que esto nos puede costar la vida a nosotros y a

muchos más?". Lo he pensado, respondí. La reunión fue interrumpida por la llegada de los enviados del almirante José Toribio Merino: los almirantes Carvaj al, Huidobro y el comandante González. Traían el breve texto manuscrito que sellaría el golpe. Leigh firmó de inmediato. Pinochet vaciló. "Si esto se filtra, puede sernos de graves consecuencias", dijo Pinochet, según lo recuerda Leigh.

  • - Pinochet dudó unos instantes y el general Leigh lo empujó diciéndole:

"Decídase, mi general, firme". Pinochet fue a su escritorio, abrió un cajón, sacó lapicera y un timbre. Y finalmente firmó -recuerda - Díaz Estrada.

A partir de ese momento, la alerta roja in visible comenzó a ulular sin descanso. A treinta y seis horas del golpe militar, el general Augusto Pinochet pasaba a formar parte del complot. Si algo le sucedía, sería reemplazado por el general Oscar Bonilla.

Uno de los primeros acuerdos fue poner a salvo a las familias para el caso de que algo fallara. Cada uno decidiría su lugar más seguro. El general Pinochet eligió la Escuela de Alta Montaña. A una hora no determinada del lunes 10, Lucía Hiriart de Pinochet y sus hijos menores llegaron al recinto militar comandado por el coronel Renato Cantuarias Grandón. ¿Qué razón le dio ella para justificar la presencia de la familia del comandante en jefe? ¿Qué necesitaban un descanso ante la tensa situación de la capital? Lo que estaba claro es que ella no podía hablarle del golpe inminente porque el coronel Cantuarias estaba catalogado como "no fiable" por los computados. ¿Por qué eligió Pinochet la Escuela de Alta Montaña y al coronel Cantuarias como el "lugar seguro" para su familia? Una respuesta la da su primo, el ex ministro Orlando Cantuarias, quien ocupó la cartera de Minería durante la Administraci ón Allende: "Mi primo era un caballero, muy correcto, leal y noble. Y no tengo duda que, si el golpe hubiera fracasado, él se habría jugado por sacar de Chile a la esposa y a los hijos de Pinochet. No me cabe duda alguna que los habría puesto al otro lado de la frontera, que está a tan pocos kilómetros". Otra explicación, dada en fuentes castrenses , fue más dura: "Pinochet, dirigió el golpe desde Peñalolén, donde disponía de helic ópteros para llegar rápidamente a la Escuela de Alta Montaña. Si el gol pe fracasaba, podía escapar por esa vía y cruzar la cordillera. Incluso más. Si lo decidía a tiempo, podía usar al coronel Cantuarias -conocido como proclive a la Unidad Popular- para iniciar desde allí la ofensiva contra los insurgentes y tratar de salvar la situación, manteniéndose en el poder castrense".

La versión de lo que realmente ocurrió en la Escuela de Alta Montaña quedó sepultada junto con el acribillado cuerpo del coronel Cantuarias antes de que terminara ese mes de septiembre. Quince años después, Willoughby respondió al periodista Sergio Marras:

  • - ¿Hubo resistencia en el Ejército?
  • - Que yo sepa, no. Entiendo que hubo lugares donde no se acataron las órdenes

y de inmediato tomaron medidas discip linarias con esa gente. Precisamente donde se había ido la familia Pinochet, en el Regimiento Guardia Vieja, en Los Andes, murió el comandante Cantuarias. Allá pasó la señora Lucía con los niños el día 11 de septiembre.

  • - ¿Se resistió el comandante?
  • . No sé detalles, pero Canuarias murió.

El general Díaz Estrada dijo: "Al coronel que estaba a cargo de la Escuela de Alta Montaña -justamente donde se refugió la señora de Pinochet para el día 11- lo trajeron preso al día siguiente a la Escuela Militar y le dejaron un revólver sobre la mesa para que se suicidara.

  • - ¿No lo fusilaron?
  • - No, se suicidó.

¿Qué sucedió realmente? Orlando Cantuarias vio a su primo poco antes de morir y recuerda, con emoción, el encuentro: Después del 18 de septiembre de 1973, yo andaba escondido en operaciones de desmantelamiento del aparato del Partido Radi cal. Un día se me ocurrió que ya no me buscaban y volví a mi casa. Ese mismo día llegaron a buscarme. Registraron todo. El oficial de Carabi neros, luego de dirigir el allanamiento y no encontrar nada anormal, me dijo que desgraciadamente me tenía que llevar a la Escuela Militar porque tenía instrucciones. "Cuando estaba en la Escuela, me hicieron pasar a una oficina y, de repente, bajó Renato, con uniforme de campaña, y con el pañuelo de color fuerte que usaban. Me dijo: "Compadre, ¿qué está haciendo a esta hora aquí?" Respondí: ¡Qué se yo, pues, compadre, me hicieron venir acá" Y él me dijo: ¿Qué va a decir mi tía? Me va a matar si sabe". "Yo lo vi normal. O quizás el perturbado era yo. ¿Qué si estaba armado? No lo recuerdo. Llamó a un teniente y le ordenó...

  • Podía dar órdenes?
  • - Sí, todo parecía normal. Era algo así como ayudante del Estado Mayor.

Después lo he pensado mejor y creo que era un sutil prisionero. Lo tenían ahí a buen recaudo, sin mando de tropa. El hecho es que llamó al teniente que era su ayudante, de apellido Allende, y le ordenó que tomara un jeep y me fuera a dejar a la casa con escolta. Al despedirse me di jo: "No le vaya a decir nada a mi tía, compadre, porque ¡qué va a decir!... Él quería mucho a mi mamá. "A las dos y tanto de la mañana me fueron a dejar a la casa. Y poco después me vi obligado a entrar a la embajada de Suecia, de la que salí luego. Tres o cuatro días después de lo ocurrido en la Escuela Militar, supe que mi primo se había suicidado. Nada más. Nunca averigüé nada más.

  • - ¿Y le parece posible el suicidio?
  • - No. Era muy católico y muy vital. Algui

en me dijo, como explicación oficial, que había operado un tribunal de honor, tribunal que había estimado que al no cumplir la orden de bombardear a los obreros de la Minera Andina, lo que correspondía era la degradación o el suicidio. Pero estoy convencido de que, de una u otra manera, lo mataron...

El teniente coronel Olagier Benavente, en cambio, supo -en el Regimiento Talca- que el coronel Cantuarias fue castigado por no llegar a tiempo con sus tropas a Santiago. En el curso de una exhaustiva investigación, el periodista Ignacio González estableció que el movimiento de tropas de Los Andes el lunes 10 de septiembre "se había originado en una orden impartida des de Santiago: debían dirigirse a la capital un batallón del regimiento Andino, parte de la Escuela de Montaña y un regimiento de San Felipe" No hay más datos fidedignos al respecto. Sobre el coronel Cantuarias no puede hablarse con su familia directa. La sola mención hecha por el general Díaz Estrada en 1988 le significó la indignada visita de la viuda y la hija, exigiendo que se retractara. Y es que la viuda -María Antonieta Bernal Cantuarias, prima a su vez del fallecido coronel- volvió a casarse con un alto oficial de Ejército. La hija también tuvo contrajo matrimonio con otro oficial y el hijo también lo es, ambos del Ejército.

El ex ministro Cantuarias lo recuer da como "un hombre buena persona, cordial, muy alegre. Amaba la vida. Tenía una gran afición por la lectura, lo que lo hacía distinto a otros militares. Mi padre, que era profesor de Historia, tenía una gran biblioteca y recuerdo a Renato leyendo mucho. Aseguraba que "no era un hombre de Izquierda ni mucho menos. Si se daba cuenta de la necesidad del cambio, del progreso, de que mejorara la condición de los sectores desposeídos, pero sin afectar el marco de la sociedad en que estaba inserto como militar. Y tenía un respeto irrestricto - en eso era tan dogmático como en la religión católica que profesaba por la voluntad popular. Por eso se sentía cercano a Schneider y a Prats. Ambos lo habían distinguido con su amistad, tanto como parecía distinguirlo Pinochet hasta el golpe militar". Lo vi muchas veces durante el gobierno de la Unida Popular. Iba a verlo al regimiento de Los Andes "Guardia Vieja", donde era segundo comandante, y él venía a verme a mí. Luego fue comandante de la Escuela de Alta Montaña, cerca de Portillo. Sé que cuando fue allá el Presidente Allende, Renato, le dijo: "Presidente, bienvenido, aquí tiene el mando y, desde este momento, la responsabilidad por su seguridad está a mi cargo, a los miembros de su escolta les tengo preparado todo, con las mejores atenciones, afuera. Porque a mi regimiento no entran". Le molestaba la guardia presidencial personal de los GAP, así como sé que le molestaba que no fuéramos capaces de terminar con el problema del desabastecimiento de productos esenciales recordó, el ex ministro Cantuarias. De lo sucedido al coronel Cantuarias supo también el mayor Fernando Reveco Valenzuela -quien actuó como presidente del consejo de guerra en el Regimiento Calama- cuando lo sometieron a la primera sesión de interrogatorio.

  • - Dijeron que era un traidor a la patria.. Lo mismo que al mayor Iván Lavanderos

Lataste, quien fue mi compañero de curso y dicen que se suicidó en la Academia de Guerra del Ejército. En la primera sesión que tuvo conmigo el "polaco" Rodríguez, me amenazó diciendo: "Ya se han matado dos, Cantuarias y Lavanderos".

  • - ¿Se suicidó Lavanderos?
  • - No creo en su suicidio. Era soltero, hijo único de madre viuda, sin ninguna

tendencia a la depresión. Dicen que tenía a un grupo preso, que se le ablandó el corazón y lo dejó frente a una embajada. Y después, algo ocurrió en la Academia de Guerra: lo obligaron a pegarse un tiro o lo mataron. Otra versión asegura que el mayor Lavanderos Lataste fue fusilado en el Estadio Nacional, al igual que otro centenar de prisioneros. Respecto de la acción que le costó la vida, se aclara que "decidió evitar la muerte de 41 uruguayos y los entregó al embajador de Suecia en Chile".

Capítulo 2: ¿De qué guerra me habla, mi general?

La noticia de la extraña muerte del coronel Cantuarias se esparció rápidamente por cuarteles y casinos. En el Regimiento Talca, el comandante Efraín Jaña Girón recuerda que "alguien me dijo que se había suicidado en la Escuela de Alta Montaña. Conociendo a Cantuarias, me parec ió muy raro. Porque era tan vital, tan correcto, un militar a la antigua. Pe ro reconozco que en esos días estaba con tanto trabajo que no hice nada por averiguar más". El segundo comandante del Regimiento Ta lca, teniente coronel Olagier Benavente, asegura que "todos sabíamos que lo habían matado. Porque no puede ser que, estando detenido en la Escuela Militar y declarando en su proceso, pida permiso para ir al baño y se suicide, se dispare. Todos sabíamos que un militar detenido no puede estar armado.. ¿El proceso? Supimos que no llegó a tiempo cuando le ordenaron trasladar tropas de la Escuela de Alta Montaña. Y se decía que era uno de los coroneles leales al general Prats, por eso lo enjuiciaron". El teniente coronel Benavente, quien ac tuaba como fiscal militar, tenía muy presente el caso Cantuarias el domingo 30 de octubre de 1973 cuando el helicóptero militar Puma aterrizó y llegó al Regimiento Talca el general Sergio Arellano Stark y su comitiva. Así lo recordó:

  • - La caravana del general Arellano llegó un domingo sin aviso previo. Me

llamaron por teléfono a la casa y partí de inmediato. Yo vivía muy cerca. Me extrañó todo desde el principio, por que el general Arellano llegó con una protección militar inusitada, todos de ca scos y ametralladoras en mano. De hecho, cuando llegué a la oficina de la comandancia, él estaba instalado ahí y su guardia no me permitió entrar. Como había tantos vericuetos, me metí por otra sala y entré no más... El teniente coronel Benavente ev oca la escena con claridad:

  • - Estaba el general Arellano usando el teléfono directo, el que no pasaba por la

compañía, hablando a Concepción. Cuando colgó, me preguntó que problemas tenía en Talca. Yo le respondía que, afortunadamente, no teníamos problemas. El insistió en saber cuáles eran los casos más difíciles entre los presos políticos. Yo le dije que ninguno en ese moment o, porque una semana antes habíamos fusilado al intendente Castro en el regimiento".

  • - ¿En qué calidad actuaba?
  • - Me dijo que venía con amplias atribuci

ones del comandante en jefe del Ejército, como delegado de él.

  • - ¿Conocía a algunos de los integrantes de su comitiva?
  • - Sí, conocía al menos a dos de los que andaban con él. Marcelo Moren Brito

había sido teniente mío en Cauquenes y tenía un historial de locuras, porque era muy exaltado. Estaba también Antonio Pa lomo, piloto del helicóptero y también subteniente mío en Cauquenes. Un muy buen muchacho. Entre tanto, el comandante del Regimi ento Talca estaba en la oficina de la Intendencia. Ahí lo llamó el teniente coronel Benavente para decirle que el general Arellano quería verlo de inmediato.

  • - Tomé mi jeep y llegué al Regimiento en un par de minutos. El general Arellano

me recibió en el Casino de Oficiales. De pie en el salón, con un vaso en una mano y en la otra una metralleta. Omitió el saludo de rigor observado entre caballeros y hombres de armas. Se limitó, en forma tajante, a preguntarme el número de bajas registradas en mi jurisdicción. El comandante Efraín Jaña recuerda que se sintió sorprendido y ofendido en su doble calidad de Comandante de Regimiento y anfitrión. Y le respondió:

  • - Mi general, la guarnición de Talca sin novedad.
  • - ¿Cómo que sin novedad? ¿Cuántas bajas?

-inquirió- con molestia Arellano.

  • No hay bajas ni procesos en curso, mi general. El único problema que tuvimos, y que pudo haberse evitado con órdenes oportunas, ya fue resuelto. El ex Intendente fue procesado y fusilado - respondió el comandante Jaña.
  • - ¡Acaso no sabe que estamos en guerra!-

dijo el general Arellano, alzando la voz.

  • - No sé de qué guerra me habla, mi general -contestó- Jaña, masticando las palabras. "Yo podía hablarle así, porque él había sido al

umno mío. Yo actué, en el Estado Mayor, como profesor de Inteligencia de los agregados militares. Palacios, Lagos, Alvarez, Benavides y Arellano fueron mis al umnos. Además, Arellano me escribía desde España llamándome "mi querido amigo". Así que cuando lo vi en el casino de mi Regimiento, arrogante y frío, no pude evitar contestarle en tono golpeado". "Le dije que para nosotros era un orgullo que en Talca todo estuviera normal. Le conté que cuando Inteligencia del regimiento me informó que era posible que la cosecha fuera quemada por campesinos descontentos, había ido en mi jeep, sin armas y sólo con el conductor, a entrevistarme con mil 200 campesinos. Que todo se había aclarado y ellos terminaron apoyando mi gestión como autoridad local. Y que lo mismo hice con los obreros en una reunión en el Estadio Municipal. Le dijo que yo entendía que la Junta Militar necesitaba que el máximo de gente se plegara activamente al apoyo de la nueva gestión gubernamental".

  • - Y este bando, ¡qué significaba este bando!.interrumpió el general Arellano.

El comandante Jaña miró el papel que Arellano lanzó sobre la mesa y se lo explicó: "Era un bando en que yo llamaba a la ciudad de Talca al reencuentro, a reconciliarnos, en que pedía que nos olvidáramos de posiciones antagónicas., que el pueblo se uniera a sus Fuerzas Armadas para así mantener la paz interna. El general Arellano me rechazó la explicación. Estaba muy enojado. Después lo entendí: yo estaba llamando a la amist ad cívico militar en un momento que no calzaba con los planes superiores, justo cuando se buscaba exacerbar la furia militar contra la Izquierda usando el llamado Plan Zeta. Pero Talca no calzaba con el plan. Estaba todo tranquilo, justo cuando se requerían muchos presos y procesados para acusarlos por el Plan Zeta". El comandante Jaña recuerda que, finalmente, le dijo al general Arellano que el coronel von Chrimar había revisado todo lo obrado en Talca y había rendido informe al general Washington Carrasco, je fe de la División, quien había mostrado su total conformidad: "No quería escuchar. Estaba muy molesto." Le ordenó que esperara en una sala próxima a la Comandancia. Y se reunió con otros oficiales del regimiento: "Yo esperé con un estado anímico especial, tranquilo por haber cumplido con mis deberes y preocupado por la actitud del general Arellano". "Una hora después me comunicó que en su calidad de Delegado del Comandante en Jefe del Ejército y de la Junta de G obierno, yo debería entregar el mando para continuar mis servicios en el Estado Mayor del Ejército".

  • - Tómese el tiempo necesario para este efecto - dijo finalmente Arellano.
  • - A primera hora entregaré el mando

- respondió el comandante Jaña y de inmediato hizo el saludo militar de rigor, dándose la media vuelta. El general Arellano comunicó al teni ente coronel Benavente que debía asumir transitoriamente el mando del Regimient o y se fue tras firmar el siguiente documento, con carácter de "Reservado".

RESERVADO

Ejército de Chile.

Comando de Tropas del Ejército.

Delegado Junta Militar de Gobierno.

Talca, 30 de septiembre de 1973

ORDEN N° 1 DEL DELEGADO DE LA JUNTA MILITAR DE GOBIERNO Y DEL COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO CONSIDERANDO:

  • 1- Que el Intendente de Talca y Com

andante del Regimiento de Montaña N° 16 "Talca", TCL. EFRAIN JAÑA GIRON no ha dado debido cumplimiento a lo dispuesto por la Junta Militar de Gobierno en Jefe del Ejército.

  • 2- Que los allanamientos a partir del

11.IX.973, se efectuaron con retraso y no con la intensidad que el caso aconsejaba.

  • 3- Que no se cumplió la orden del Cdte

. En Jefe de la III D.E., transmitida el martes 11.IX.973 por el Jefe del Estado Mayor, CRL., LUCIANO DIAZ MAIRA, de nombrar Director del Hospital Regional al CAP. De Sanidad CARLOS VALVERDE VILDOSOLA en vez del Dr. Alberto Contre ras Garrido de filiación comunista, el cual se mantuvo en funciones hasta el jueves 13.IX.973, fecha en que se nombró al CAP. De Sanidad de Carabineros CARLOS CAPONASSI.

  • 4- Que se mantuvo en sus puestos a los Jefes de Servicio de la Unidad Popular

hasta el jueves 13.IX.973, con todos los problemas que ello significaba y proporcionándoles la oportunidad de destruir documentación comprometedora y de cometer todo tipo de irregularidades. Todo ello sin considerar el peligro a que pudo haberse sometido el regimiento ante la reacción desfavorable de la población civil si hubiera sido incitada por los Jefes de Servicio de la UP que se mantuvieron en sus puestos los días 11, 12 y 13 IX. 973.

  • 5- Que no se cumplió la orden de detener al ex Intendente de la Provincia GERMAN CASTRO, de filiación socialista,

impartida telefónicamente por el Cdte.

En Jefe de la III D:E. General de Brigada WASHINGTON CARRASCO FERNANDEZ, el martes 11.IX.973 a las 08.30 horas, ya que en vez de enviar en forma inmediata una patrulla a cargo de un Oficial, le avisó telefónicamente al interesado que se presentara al Regimiento en calidad de detenido, lo que aprovechó para fugarse, organizar una guerrilla y asaltar el retén de Carabineros de Paso Nevado el mismo día a las 12.30 horas, ocasionando heridas graves al Cabo ORLANDO DEL C. ESPINOZA FAUNDEZ, quien falleció posteriormente. Que la comunicación a la Prefectura de Carabineros para que cumpliera la orden de detención llegó tarde ya que GERMAN CASTRO, debidamente advertido por la llamada telefónica antes mencionada,se había fugado de la Intendencia.

ORDENO:

  • 1. -Relévase con fecha 30 de septiembre de 1973 de su cargo al Intendente de la

Provincia de Talca y Comandante del Regimiento de Montaña n° 16 "Talca" al TCL. EFRAIN JAÑA GIRON.

  • 2. EL TCL. OLAGIER BENAVENTE BUSTOS pasará a desempeñarse , a partir de esta fecha y en forma interina, como Intendente de la Provincia de Talca y Comandante del Regimiento de Montaña N° 16 "Talca".
  • 3- El TCL. EFRAIN JAÑA GIRON se presentará al Jefe de Estado Mayor general

del Ejército, General de División don ORLANDO URBINA HERRERA, el lunes 1° de Octubre de 1973.

SERGIO ARELLANO STARK ,GDB Oficial Delegado del Presidente Junta de Gobierno y Cdte. En Jefe del Ejto. DISTRIBUCION:

  • 1. - Sr. Presidente de la J:M. de Gobierno.
  • 2. - Sr. Jefe del Estado Mayor General del Ejército.
  • 3. - Sr. Cdte en Jefe de la III D.E.
  • 4. - TCL. Efraín Jaña Girón.
  • 5. - TCL Olagier Benavente Bustos
  • 6. - GDB. Sergio Arellano Stark.

La copia del comandante Jaña Girón nunca llegó a sus manos. Casi 16 años después, revisamos juntos los cargos y escuché sus descargos, evocando el contexto de esos días entre el golpe militar de 1973 y la visita inspectiva del general Arellano que puso brusco fin a su impecable carrera militar.

  • - ¿Se efectuaron realmente los allanamientos con retraso y sin la intensidad que el caso aconsejaba?

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