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Las 10 peores formas de comenzar una historia

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Las diez peores formas de comenzar una historia

El comienzo de una narración, sea una novela o un cuento, es crucial. Debe ser vigoroso e incitar al lector a seguir leyendo. Hace tiempo te dimos algunas ideas para escribir un primer párrafo seductor. Hoy profundizamos en esa idea contándote diez maneras en que NO debes empezar una historia.

Porque el comienzo de un relato o de una novela es vital y no debes estropearlo con una introducción que demore la puesta en escena del conflicto que será el motor de la narración.Toma nota.

1. Despertador

Novelas, películas e incluso vídeos musicales se han comenzado con el ruido de la alarma de un despertador, aunque existen otras variantes: una canción que suena en la radio o la voz de una persona que saca del sueño al protagonista. Puede que en su momento fuera un recurso efectivo, pero ya ha sido usado demasiadas veces como para conservar su gancho. Es decir, se ha convertido en un cliché. Así que si te decides a usarlo hazlo con tiento e intenta introducir algún elemento original que atraiga y conserve la atención del lector.

Otras formas en que no debes comenzar tu historia relacionadas con el despertar serían:

  • Con un sueño. Especialmente ese que comienza como una escena normal en la que, en un giro inesperado, se van introduciendo sucesos extraños que, finalmente, resultan ser un sueño.
  • Cualquiera de estas frases: “”El desayuno está listo”, “Vas a llegar tarde”, “Arriba dormilón” o “Cinco muntos más…”
  • El olor del desayuno que despierta a tu protagonista.
  • El protagonista levantándose de la cama y mirándose en un espejo.
  • El protagonista despertándose con resaca.
  • El protagonista despertándose en un día en el que no va a suceder nada en particular y el lector simplemente le acompañará en el transcurrir cotidiano de su día a día.

2. Descripción del tiempo o del paisaje

Probablemente una de las formas más aburridas de empezar una historia es la larga descripción de un paisaje o de un fenómeno climático: la niebla espesa, la lluvia torrencial, la idílica campiña, lo intrincado de un bosque, etc.

El luminoso sol se alzaba en el cielo azul, en el que alguna nubecilla parecía desperezarse. Sobre los oteros serpenteaba un camino que, en las hondonadas, desaparecía entre un tenue velo de niebla.

Si decides optar por un comienzo de estas características, dos recomendaciones: lee a Émile Zola, un genio indiscutible de la descripción. Y opta por introducir en tu descripción un elemento humano en una situación delicada. Por ejemplo, por el camino serpenteante de la descripción del ejemplo puede aparecer un hombre corriendo en pijama que actuará como imán irresistible para la atención de tu lector.

3. Erase una vez

Seguro que ya sabes el motivo por el que no debes empezar así una historia. En efecto, es un cliché. Si deseas usarlo recuerda introducir algo original o paradójico para romper la sensación de algo demasiado usado.

4. Descripción de una ciudad, país o planeta

Crear un mundo desde cero es una experiencia muy gratificante para cualquier escritor. Pero el inicio de la historia no es el lugar apropiado para explicarle al lector el tipo de coches que la gente conduce en tu mundo, su sistema de gobierno o la historia de la fundación de la ciudad. Al lector le va a encantar conocer todos esos detalles, pero salpimentando adecuadamente una historia apasionante donde el personaje se enfrente con resolución al conflicto y los obstáculos que has ideado para él.

5. Descripción detallada de un personaje

Las primeras páginas de una historia son críticas. De modo que no debes saturarlas con una descripción al detalle del protagonista, porque en ese momento al lector todavía le da igual si sus ojos son azules o marrones. Todavía es peor si esa descripción se hace cuando el personaje se coloca frente al espejo al levantarse.

Carlos se cepillaba los dientes con vigor frente al espejo. El pelo, todavía despeinado, se ondulaba en rizos castaños que caían sobre una frente amplia. Los ojos, castaños y muy juntos, examinaban el mundo desde lo alto de una correcta nariz griega que volaba armoniosa sobre una boca de labios finos.

Habrá ocasión más adelante de contarle al lector cómo es la nariz de tu personaje. Así que aprovecha el comienzo de la historia para empezar a desarrollar la trama y presentar el conflicto que va a sacudir la vida del hombre de la nariz griega. Esto significa que tampoco debes comenzar contando la vida de tu personaje: su lugar de nacimiento, dónde fue a la escuela o cuál fue su primer amor. Lo que importa es lo que le sucede a ese personaje ahora, así que reserva los detalles de su biografía para ir introduciéndolos poco a poco allí donde sean necesarios para explicar algún aspecto de su carácter.

El prólogo es una manera habitual de poner en antecedentes al lector dándole el contexto de la historia. Por lo general, el prólogo actúa como un racconto que proporciona al lector una información que se supone necesaria para comprender la historia que está a punto de comenzar. Pues bien, por lo general esa información se podría dar más adelante sin correr el riesgo de que el lector no comprenda lo que le estás contando (creer que nuestro lector no tiene comprensión lectora es un craso error). Y de hacerlo así, la historia ganaría en suspense y el querer conocer por qué sucede lo que sucede sería un acicate que impulsaría al lector a seguir pasando hojas.

7. Apelar directamente el lector

Bienvenido a esta historia. Voy a contarte lo que le sucedió a un hombre de carácter débil por no querer enfrentarse a sus problemas. Esta historia comienza en una radiante mañana de mayo…

Este tipo de comienzos no deja de ser original. Sin embargo, tiene un peligro obvio: levanta una barrera en la mente del lector que le impide meterse en la narración porque te estás encargando de recordarle que solo es una historia que has pergeñado. Es cierto que la primera premisa del pacto ficcional es que el lector acepta que los hechos son imaginarios, pero recordárselo de forma contundente puede no ser la mejor opción.

8. Decir que es una historia real

Si de verdad no se trata de una historia real, no lo digas. Por tanto, evita comienzos como “Esto sucedió hace muchos años” o “Esta es la verdadera historia de cómo…”. En vez de limitarte a decirlo, haz todo lo posible para que la historia parezca real. Especialmente trabajando la verosimilitud de tus personajes. Pueden ser elfos o robots, pero haz que tengan sentimientos, actitudes y reacciones que el lector reconozca como humanas y verdaderas; como algo que él mismo sentiría si estuviese en esa misma situación a la que se enfrenta el personaje.

9. Una primera frase (demasiado) impactante

Artículos como este, que señalan la importancia del comienzo de una historia, llevan a pensar al escritor principiante que debe buscar una primera frase muy, muy impactante. Algo del estilo: “Nunca imaginé que mi hermana pequeña intentaría matarme”. Pero si tu comienzo se pasa de impactante se convertirá en extravagante, algo tan chocante que sorprenderá negativamente al lector. De hecho, este tipo de comienzos habla a gritos de recurso utilizado por un escritor principiante. Así que mejor renuncia a él.

10. Cosas que el lector no entiende

Nos cuesta mantener la atención en aquello que no comprendemos bien. Por eso nunca empieces una historia de manera críptica porque estarás dejando fuera al lector. Puede ser porque uses un lenguaje rebuscado, plagado de palabras de uso poco frecuente (estamos a favor de un lenguaje rico, pero siempre con mesura y sin que resulte impostado), o porque hayas decidido empezar la historia in media res sin cuidarte de porporcionar aquellos detalles que ayudarían a comprenderla. También es un error comenzar con un diálogo porque el lector no sabrá ni quiénes son los personajes ni de qué están hablando. Por lo tanto asegúrate siempre de que das aquella información (puede ser de manera sucinta) que ayudará al lector a comprender lo que estás empezando a contarle.[1]

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Fuentes y Enlaces de Interés

  1. sinjania/Las diez peores formas de comenzar una historia

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