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Juan Mackenna O´Reilly

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Juan Mackenna O´Reilly
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General durante la Guerra de la Independencia

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Juan MacKenna O'Reilly (☆ Clogher, Condado de Tyrone, Reino de Irlanda (actual Irlanda del Norte), 26 de octubre de 1771 - † Buenos Aires, Argentina, 21 de noviembre de 1814) nacido John MacKenna o Seán Mac Cionath, en Idioma irlandés), fue un ingeniero militar y general del Ejército de Chile durante la Guerra de la Independencia. Se le considera el creador del Cuerpo de Ingenieros Militares del Ejército de Chile. Hijo de William MacKenna y de Eleanor O'Reilly.

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Contenido


Juan Mackenna fue un soldado valeroso y tenaz, con conocimientos militares adquiridos en sus actuaciones en España, donde sirvió. Tenía por costumbre analizar las actuaciones de los grandes capitanes, tanto de las épocas pretéritas como contemporáneas, en particular de Napoleón y sus mariscales.

Pensaba Mackenna que para aprender cualquier arte y especialmente el de la guerra, debía comenzarse por el principio. Es decir, que para ser un buen general, el candidato debía ser primero un buen cadete o un buen soldado raso. Quien hubiese marchado con su mosquete al hombro y se hubiese identificado con su empleo en la lucha a la distancia y cuerpo a cuerpo y luego escalado los grados uno a uno, estaba en condiciones de llegar a ser un conductor de hombres en toda la extensión del vocablo.

1784

A los 13 años de edad, ingresó a la Real Academia de Matemáticas de Barcelona, para seguir la carrera de ingeniería.

Pronto se destacó como un alumno de clara inteligencia, obteniendo notas sobresalientes en los diferentes ramos.

1787

Siguiendo Juan Mackenna los dictados de su vocación militar, ingresó al Ejército español. Al joven futuro ingeniero de 16 años se le dio el grado de cadete. Fue aceptado en la Brigada Irlandesa del ejército español, y se unió a la lucha del Ejército en Ceuta en el norte de África, sitiada por el emperador de Marruecos al mando del Teniente Coronel Luis Urbina, y fue ascendido a segundo teniente.

1791

Mackenna reanudó sus estudios en Barcelona y actuó como enlace con los mercenarios reclutados en Europa. Al año siguiente fue ascendido a teniente en el Regimiento Real de Ingenieros.

1793

En la Guerra del Rosellón (guerra franco-española) en 1793, contra los franceses, Juan Mackenna luchó en Rosselló junto a el General Antonio Ricardos y allí se encontró con uno de los futuros Próceres de la independencia, José de San Martín.

1795

Por sus hazañas en defensa de la Plaza de Las Rozas, fue ascendido a capitán en 1795.

1796 América

En octubre, después de haberse fogueado en las campañas del Rousillón, en Francia y en Ampurdán, en Cataluña, partió para América del Sur.

Llegó a Perú en 1796 bajo recomendaciones de su tío, el conde Alejandro O'Reilly, y allí se puso en contacto con el también [[República de Irlanda Ambrosio O'Higgins, gobernador de Capitanía General de Chile y posteriormente, virrey del Perú.

1797 En Chile

En 1797 fue asignado como Gobernador de Osorno, enviado a reconstruir esa ciudad en el sur de Chile. Luego, en su calidad de ingeniero, fue enviado a inspeccionar el camino entre Santiago de Chile y Valparaíso.

1809

Se casa con Josefina Vicuña Larraín, dama perteneciente a la aristocracia chilena de la familia de Larraín, con quien tuvo tres hijos: Félix, Carmen y Juan. Siempre se declaró enamorado de su mujer y profundamente agradecido de la Providencia por la familia que tenía.

Dada su amplia formación como ingeniero militar en el Real Cuerpo de Ingenieros Militares español entre 1785 y 1793, el Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile lo puso a cargo de la creación de un «Plan de defensa del territorio». Recomendó la compra de armamento para el naciente Ejército de Chile y propuso la creación de una escuela permanente de oficiales.

Fue nombrado luego Gobierno de Valparaíso, Comandante General de Ingenieros de la naciente República y hasta miembro de la Junta de Gobierno de Chile.

1814

Cuando en enero de 1814, la Junta de Gobierno destituye como comandante del Ejército a José Miguel Carrera y todos los hermanos Carrera son expulsados del Ejército, Mackenna pasa a ser el principal colaborador del nuevo comandante del ejército, Bernardo O'Higgins.

Después de los triunfos obtenidos en los combates de Combate de Quechereguas (1814), Combate de Quilo y Combate de Membrillar, O'Higgins y Mackenna suscriben con Gabino Gaínza el Tratado de Lircay, por el cual las operaciones militares quedaron suspendidas a la espera de la confirmación de este tratado por el Virrey del Perú. En la opinión de O'Higgins, Mackenna es el militar más conspicuo e instruido que participó en la revolución chilena en uno y otro de los bandos contendientes (carta del 1 de septiembre de 1828 al Almirante inglés Sir Tomas Hardy).

Fue el autor de un informe[1] sobre los Hermanos Carrera, presentado por orden del Director Supremo de Chile Francisco de la Lastra.

Tres jóvenes sin los menores conocimientos militares, ni políticos, sin valor personal, y sin más cualidades de tiranos que la irrelijion i la inmoralidad, se constituyen, mediante el abuso de cuanto hay de sagrado entre los hombres, árbitros de la suerte de un millón de almas [...] en donde los excesos de los Carreras, los robos y los saqueos de sus satélites habían hecho execrables hasta los nombres de Patria y de sistema. Juan Mackenna

23 de julio de 1814: Poco después de entregado este informe, José Miguel Carrera destituye en una asonada militar a Francisco de la Lastra y expulsa a Mackenna O´Reilly a la ciudad de Mendoza (Argentina). Cabe citar la siguiente anotación de Carrera en su Diario militar:

Era preciso deshacerse de muchos facciosos, cuya tenacidad y bajeza nos obligaron alguna vez a derramar sangre. Su permanencia en Chile era perjudicial a ellos, al sistema y a nosotros. El gobierno remitió a Mendoza, a disposición de aquel gobernador, al brigadier Mackenna, don Antonio José de Irisarri, don Pablo Vargas, don José Antonio y don Domingo Huici, don Fernando Urízar y don Francisco Formas.

José Miguel Carrera[2]

Vida y muerte en Argentina

El gobernador de Cuyo, José de San Martín, quien se encontraba profundamente preocupado e interesado en la suerte de la revolución en Chile, le consultó ―al igual que a Antonio José de Irisarri― sobre los diversos grupos políticos que existían al otro lado de los Andes. Según muchos autores, esto les proporcionó a ambos la oportunidad de influir sobre San Martín en favor de O'Higgins, lo que habría dado sus frutos tras la Batalla de Rancagua, cuando aquel se pronunció en contra de José Miguel Carrera. A fines de octubre de 1814, San Martín dio la orden de apresar a los hermanos Carrera para ponerlos a disposición del Director Supremo, de esta manera puso fin a la disputa entre los dos caudillos chilenos.

Mackenna se trasladó entonces a Buenos Aires, destino que luego siguieron, por la fuerza, los hermanos Carrera. Allí, Luis Carrera ―motivado por las numerosas rencillas políticas y personales existentes con Mackenna― lo retó a duelo, (Ya se habían retado anteriormente pero por distintos motivos no pudieron concretarlo), enviándole la siguiente nota:

Usted ha insultado el honor de mi familia y el mío con suposiciones falsas y embusteras; y si usted lo tiene, me ha de dar satisfacción desdiciéndose en una concurrencia pública de cuanto usted ha hablado, o con las armas de la clase que usted quiera y en el lugar que le parezca. No sea, señor Mackenna, que un accidente tan raro como el de Talca haga que se descubra esta esquela. Con el portador espero contestación de usted.|Luis Carrera

MacKenna aceptó el reto por medio de la siguiente nota:

La verdad siempre sostendré y siempre he sostenido. Demasiado honor he hecho a usted y a su familia; y, si usted quiere portarse como hombre, puede tener este asunto con más sigilo que en Talca y el de Mendoza. Fijo a usted el lugar y hora para mañana a la noche; y en esta de ahora podría decirse, si me viera usted con tiempo para tener pronto pólvora, balas y un amigo que aviso a usted llevo conmigo. Juan Mackenna

21 de noviembre de 1814, a orillas del Río de la Plata en el sitio entonces llamado La Residencia (actual Parque Lezama), se encontraron los contendientes y MacKenna resultó muerto. Por el hecho Luis Carrera fue encarcelado y acusado de homicidio pero que no pudo comprobarse nada y así fue puesto rápidamente en libertad.

El padrino de MacKenna en ese fatídico duelo fue su compatriota irlandés Guillermo Brown, nativo del condado de Mayo, fundador de la Armada Argentina.

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† Su muerte en 1814

Juan Mackenna O´Reilly falleció el 21 de noviembre de 1814, a orillas del Río de la Plata en el sitio entonces llamado La Residencia (actual Parque Lezama), producto de un balazo recibido en un duelo de pistolas con Luís Carrera. Sus restos fueron enterrados bajo el altar de la Pasión en la Convento de Santo Domingo (Buenos Aires). La placa conmemorativa en aquel lugar fue instalada por su nieto, el político e historiador chileno Benjamín Vicuña MacKenna. Durante los eventos de la Quema de iglesias del 16 de junio de 1955 el convento fue saqueado e incendiado, con lo cual sus restos se perdieron.

Detalles del duelo entre el coronel Luís Carrera y el brigadier Juan Mackenna.

21 de noviembre de 1814, en el lugar denominado Bajo de la Residencia, ubicado a media legua al poniente de la ciudad de Buenos Aires y a orillas del estero de Barrancas; se encontraron frente a frente el coronel Luís Carrera y el brigadier Juan Mackenna.

No era la primera vez que Mackenna fuese retado a duelo por un Carrera. Ya en Enero del mismo año, encontrándose en la Ciudad de Talca, el primero envió un oficio a la Junta de Gobierno pidiendo el alejamiento del ejército de don José Miguel y de sus hermanos; aduciendo, entre otros epítetos, que mantenerlos en el mando acarrearía una “escandalosa desorganización militar”.

Luís Carrera, quien se encontraba en la misma ciudad, exigió a Mackenna que se retractase de sus ofensas, o que le diera satisfacción en el campo de honor. Don José Ignacio Cienfuegos, vocal de la Junta de Gobierno, expuso los hechos ante esa entidad para que ésta interviniera (como así sucedió) y evitara el duelo, indicando que fue el propio Mackenna quien lo informó de los hechos. Posteriormente, debido a las protestas de este último, Cienfuegos negó haberlo dicho.

20 de octubre de 1814: Ya en Mendoza, después del éxodo patriota, fue Juan José Carrera quien volvió a desafiar a Mackenna al enterarse de que era éste quien, encontrándose desterrado en Mendoza por José Miguel Carrera, habría predispuesto al general San Martín en contra de los hermanos Carrera, presunción que no es alejada de la realidad si se toma en cuenta las pasadas y posteriores actuaciones, en Chile y en Argentina, del brigadier Mackenna.

El general San Martín sentía gran aprecio y respeto por Mackenna. Habían sido compañeros de armas en España, luchando contra las fuerzas de Napoleón en las campañas de Rosellon y en la batalla de Bailén. Era pues bastante natural que las opiniones del irlandés fueran escuchadas atentamente por el Gobernador de Cuyo y que estas pesaran en la abiertamente antagónica recepción que recibieron de su parte los hermanos Carrera al llegar a Mendoza y luego, para las acciones adoptadas después por San Martín; como fue el desarme y desbande de los restos del ejército chileno, así como el arresto al que fueron sometidos José Miguel y Juan José Carrera, junto con separarlos luego, enviándolos con escolta militar a Buenos Aires y a San Luís, respectivamente.

23 de octubre de 1814: Luís Carrera tuvo mas suerte ya que con anterioridad, junto con José María Benavente, habían obtenido el permiso de San Martín para viajar a Buenos Aires como emisarios de don José Miguel.

No por coincidencia y casi al mismo tiempo, partieron a esa ciudad el brigadier Mackenna y José Antonio de Irisarri (enemigo declarado de Carrera) para conferenciar, por cuenta de San Martín, con el Director de esa Provincia, don Gervasio Posadas y contrarrestar a toda costa cualquier intento de don Luís para obtener su apoyo. Es así como el destino iba envolviendo con sus redes a ambos oficiales patriotas, hasta desencadenar el fatal desenlace de esta larga disputa.

Ante el gobierno de esta Provincia, ciudad capital del que fuera el Virreinato de La Plata, Mackenna acusó a don José Miguel Carrera de traición por su comportamiento durante el desarrollo del Desastre de Rancagua y la pérdida de Chile para la causa patriota. Sostuvo que el y sus hermanos tenían ambiciones monárquicas y debían ser mantenidos bajo vigilancia, so pena de causar un enorme daño a cualquier esfuerzo para la liberación de Chile.

Enterado de estos hechos, Luís Carrera, lleno de ira, escribe a Mackenna la siguiente nota:

Usted ha insultado el honor de mi familia y el mío con suposiciones falsas y embusteras; y si Ud. lo tiene me ha de dar satisfacción, desdiciéndose en una concurrencia pública de cuanto Ud. ha hablado, o con las armas que Ud. quiera y en el lugar que le parezca. No sea señor Mackenna que un accidente tan raro como el de Talca, haga que se descubra esta esquela.

Con el portador espero la contestación.

De usted

L.C.

Ya nada podría detener el trágico desenlace de este antiguo feudo. El emisario regresó con la siguiente respuesta:

La verdad siempre sostendré y siempre he sostenido: demasiado honor he hecho a Ud. y a su familia, si Ud. quiere portarse como hombre, puede tener este asunto con más sigilo que el de Talca y el de Mendoza. Fijo a Ud. el lugar y hora para mañana en la noche; y en esta de ahora podría decidirse si me diera Ud. con tiempo para tener pólvora, balas y un amigo, que aviso a Ud. llevo conmigo.

De Ud.

M

21 de noviembre de 1814, trascurría placida y serena noche en la campiña argentina iluminada por la luna, que a veces se ocultaba entre nubes pasajeras. Poco antes de la medianoche, llegaron al lugar acordado, Mackenna y el Comandante Pablo Vargas, quien sería el padrino del brigadier. Ahí los esperaban Luís Carrera, el capitán de la Marina estadounidense don Tomás Taylor, que sería el padrino de don Luís, y el doctor Carlos Hamphord que actuaría en su calidad de médico y de arbitro del duelo.

Los contendores se saludaron con mucha cortesía y Taylor, después de revisar las armas, ofreció a Mackenna el estuche con las pistolas de Carrera para que eligiese una de ellas, cosa que así hizo don Juan. Acto seguido, ambos contendores se colocaron espalda con espalda y el doctor dio la orden de partida para que cada uno caminara seis pasos, dieran media vuelta y disparara.

Dos estampidos interrumpieron la quietud de la noche y, al disiparse el humo, se vio la gorra militar de don Luís en el suelo, alcanzada por una bala.Los testigos expresaron su satisfacción al ver que los contendores no habían sufrido heridas y les indicaron que el honor de ambos se encontraba restablecido, pidiéndoles estrechar sus manos en señal de amistad. Sin embargo, Carrera insistió en una retractación pública de Mackenna, a lo cual, este ultimo respondió:

“-¡No me desdiré nunca. Antes que eso, me batiré todo un día!”.

Carrera respondió de inmediato diciendo:

“-¡Y yo me batiré dos!”.

Ante la consternación de los testigos, la ceremonia fue repetida, esta vez con las pistolas de Mackenna. Al disiparse el humo de los disparos, se vio al brigadier caído y la sangre brotaba a borbotones de la herida. La bala había destrozado la montura de la pistola y un dedo de su mano derecha, siguiendo su trayectoria y dejando una línea roja en el brazo, hasta alojarse en su cuello, comprometiendo una arteria.

Aun estaba con vida, pero la hemorragia fue imposible de estancar a pesar de los esfuerzos del médico presente.

El Capitán Taylor y Luís Carrera se acercaron al moribundo y este último tomó la mano destrozada de Mackenna en un gesto generoso de reconciliación. A los pocos minutos, don Juan dejó de existir.

De acuerdo con las declaraciones de los testigos presentes, Carrera exclamo:

- “Era mi enemigo y mucho daño hizo a mi familia; pero no puedo dejarlo así, botado como a un perro. Fue un brigadier de mi Patria”.

Sin embargo, los ahí presentes lo conminaron a retirarse inmediatamente del lugar, para no exponerse a un arresto, ya que los lances de honor estaban penados por la ley.

Francisco Antonio Encina, en su Historia de Chile, dice al respecto:

“El cuerpo de Mackenna fue remitido a la ciudad por el Teniente Alcalde don Joaquín Villalba y se le colocó bajo los portales de la cárcel y casa del Cabildo, cubierto por su capote, para que fuese identificado”. Por el hecho de haber muerto en un duelo, no podría haber sido enterrado en tierra sagrada.

Benjamín Vicuña Mackenna

Benjamín Vicuña Mackenna dice que:

“...su cadáver, casi insepulto, fue arrojado en una fosa en el Claustro de Santo Domingo...”

Fue el mismo Vicuña Mackenna quien, 40 años después, mandó a colocar en ese lugar una lápida que decía:

“A la memoria del general chileno don Juan Mackenna, fallecido en Buenos Aires el 21 de Noviembre de 1814, a los 43 años de edad”.

Pero el infortunio de don Juan continuó aun después de su muerte. Durante la caída del general Juan Domingo Perón, ya en el siglo XX, las turbas saquearon e incendiaron la iglesia y el convento de Santo Domingo y uno de los primeros en arder, fue el altar de la Pasión, donde se encontraba la placa recordatoria ya mencionada, desapareciendo así todo vestigio de su muerte.

Luís Carrera fue acusado de asesinato

Por su parte, don Luís Carrera fue acusado de asesinato y encarcelado para ser sometido a juicio por ese delito. Después de mas de dos meses en prisión y gracias a la influencia que ejerció un amigo y antiguo compañero de armas en España de don José Miguel, el general Carlos María de Alvear, quien llegaba a Buenos Aires victorioso y lleno de prestigio después de haber tomado la plaza de Montevideo; don Luís pudo recién respirar el aire de esa ciudad en una libertad relativa, ya que tanto el como sus hermanos, siguieron siendo vigilados y hostigados por las autoridades argentinas, mas aun después de lo ocurrido.

Bernardo O’Higgins sintió la muerte de Mackenna como si fuera la de su hermano mayor pues, fuera de haber servido con distinción bajo las ordenes de don Ambrosio O'Higgins, entonces Gobernador de Chile y futuro Virrey del Perú; fue don Juan su consejero, amigo y mentor en lo que respecta a las ciencias militares.

Causas de la odiosidad

Cabe preguntarse cuáles fueron las causas que despertaron tal odiosidad entre patriotas tan insignes como aquellos que protagonizaron este drama. Sabemos, eso si, que no siempre existió esa odiosidad entre ellos.

Por ejemplo, que la primera autoridad chilena a quien visitó don José Miguel Carrera, al desembarcar de la fragata “Standart” en Julio de 1811, fue al Intendente de Valparaíso, don Juan Mackenna, quien lo recibió en forma amistosa y cordial.

Creemos que esas causas son diversas y que tienen una directa relación con la naturaleza humana. Consideremos que Mackenna, por su matrimonio con doña Josefina Vicuña Larraìn, estaba estrechamente vinculado al clan Larraìn (o Casa Otomana, como se les designaba entonces); poderosa familia aristocrática de gran influencia en la sociedad y en la política de esos años, clan que se unió a don José Miguel Carrera para derribar, el 4 de septiembre de 1811, a la Junta de Gobierno, tomando el poder e iniciando un breve período de nepotismo e inacción que exacerbaron la paciencia de muchos progresistas, incluyendo a los Carrera.

15 de noviembre de 1811: don José Miguel Carrera, apoyado por la guarnición militar de Santiago y mas de trescientos adherentes a la causa patriota, incluyendo a Camilo Henríquez, depone a la Junta de los Larraìn y asume la Presidencia del nuevo gobierno, iniciando reformas de enorme importancia para la causa independentista y dándole al país una estructura administrativa, social y militar que convirtieron a Chile en una Nación, reconocida incluso por gobiernos extranjeros.

Mackenna, entonces de 40 años y 14 años mayor que Carrera, perdió la gran base de apoyo que le brindaba la “Casa Otomana” y se encontró subordinado a un joven que, con sus 26 años recién cumplidos, cortaba todas sus aspiraciones militares y políticas. Más aun, su cargo de Comandante general de la artillería del ejercito, le fue entregado a don Luís Carrera, ascendido a coronel, quien era aun mas joven que don José Miguel.

Otro factor importante es, sin duda, que Mackenna fue un miembro prominente de la Logia Lautaro, a la cual también pertenecían San Martín y O’Higgins, mas no así los hermanos Carrera, quienes eran mirados con desconfianza por esa sociedad secreta.

Conspiración para asesinar a los tres hermanos Carrera.

En 1812, don Juan, junto con la Casa Otomana y sus seguidores, traman una burda conspiración para asesinar a los tres hermanos, la cual es prontamente desbaratada. Se forma un tribunal para juzgar a los conspiradores, compuesto por don Lorenzo Villalón, Domingo José de Toro, José Joaquín Rodríguez, los licenciados José Joaquín Gandarillas y José Antonio Astorga. Este tribunal fue designado por la Junta de Gobierno, en la cual participaba como vocal don Bernardo O’Higgins, en representación de don Juan Martínez de Rozas.

27 de febrero de 1812: Como resultado de este proceso, don Juan Mackenna es condenado a tres años de destierro en la Villa de La Rioja, pena que fue rebajada por Decreto de la Junta de Gobierno del 17 de marzo de 1812, a dos años de confinación en la hacienda de Catapilco.

20 de marzo de 1814: Posteriormente, ya reincorporado al ejército patriota, tuvo una brillante participación en la Batalla del Membrillar, donde su división rechazó a las muy superiores fuerzas realistas de Antonio Pareja, llegando a ser jefe del Estado Mayor del General Bernardo O’Higgins, su antiguo discípulo y amigo y, junto con éste, fue uno de los firmantes del controvertido Tratado de Lircay el 3 de mayo de 1814.

Semejanza de la muerte de Juan Mackenna y los Hermanos Carrera

En su muerte inútil y en el destino de sus restos mortales, existe un cierto paralelismo con lo sucedido el 8 de abril de 1818 a su contendor en aquel duelo, don Luís Carrera, sacrificado en Mendoza junto a su hermano Juan José, frente a un pelotón de fusileros, cuyos cadáveres también fueron arrojados a la fosa de un convento.[3]

Pizarra

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2 de noviembre de 2009: La Municipalidad de Providencia y el Ejército de Chile inauguraron una estatua a Juan Mackenna en la Plaza Inés de Suárez de Providencia. La iniciativa de eregir la estatua al general Juan Mackenna O"Reilly corresponde al regimiento simbólico "Lumaco", que agrupa al arma de ingenieros militares del Ejército de Chile, que tiene como su héroe patronímico a quien también se enmarca en la categoría de Padre de la Patria y cuyo aporte a la independencia de Chile se quiere testimoniar para el conocimiento de las futuras generaciones de chilenos.[4]

La estatua de una altura de 2,70 m., es una obra del escultor Galvarino Ponce y del fundidor Gabriel Ravioly y estará emplazada en una base de granito de 1,40., m con tres placas de mármol que testimonian los episodios de la vida del ilustre militar, de origen irlandés, que tuvo un destacado papel en la lucha emancipadora de la Patria, con un papel, particularmente, heroico en la batalla de El Membrillar el 19 de marzo de 1814.

El municipio de Providencia acogió la iniciativa del regimiento "Lumaco" disponiendo de su emplazamiento en la Plaza Inés de Suárez, de la comuna, en el sector de Pocuro con la calle Regimiento Cazadores.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. memoriachilena/pdf/Informe del brigadier don Juan Mackenna sobre la conducta militar de los Carrera.
  2. Historia General de Chile Vol 9, Diego Barros Arana, pag. 361
  3. Gaceta Digital del Instituto de investigaciones Historicas, General José Miguel Carrera/ Número 8/Octubre de 2010
  4. grafelbergnoticias/blog/Providencia

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