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Imperio Bizantino

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Imperio Bizantino
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Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente 330-1453

Bandera Imperio Bizantino.png

El Imperio bizantino (también llamado Imperio romano de Oriente o, sencillamente, Bizancio) fue un Estado cristiano heredero del Imperio romano que pervivió durante toda la Edad Media y el comienzo del renacimiento y se ubicaba en el Mediterráneo oriental.

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Contenido

Su capital se encontraba en [[Constantinopla]] (en griego: Κωνσταντινούπολις, actual Estambul), cuyo nombre más antiguo era Bizancio. También se conoce al Imperio bizantino como Imperio romano de Oriente, especialmente para hacer referencia a sus primeros siglos de existencia, durante la Antigüedad tardía, época en que el Imperio romano de Occidente continuaba todavía existiendo.

Orígenes

Para asegurar el control del Imperio romano y hacer más eficiente su administración, el emperador Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, consistente en la división del Imperio en dos partes, gobernadas por dos emperadores augustos, cada uno de los cuales llevaba asociado un «vice-emperador» y futuro heredero césar.

Constantino I el Grande

Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta el año 324, cuando Constantino I el Grande unificó ambas partes del Imperio.

Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La llamó «Nueva Roma», pero se la conoció popularmente como Constantinopla ('La Ciudad de Constantino'). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.

Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo, religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de dicha centuria, religión oficial del Imperio. Imperio romano oriental en el 480.

A la muerte del emperador Teodosio I, en 395, el Imperio se dividió definitivamente: Flavio Honorio, su hijo menor, heredó Occidente, con capital en Roma, mientras que a su hijo mayor, Arcadio, le correspondió Oriente, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores, es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia del Imperio bizantino. Mientras que la historia del Imperio romano de Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto el joven Rómulo Augústulo por el germano (del grupo hérulo) Odoacro, en cambio la historia del Imperio bizantino se prolongó aún, durante casi un milenio.

Constantinopla, Basilica de Santa Sofía
Resumen de Origenes
Los orígenes de la gran civilización conocida como el Imperio Bizantino se remontan al año 330 d.C., cuando el emperador romano Constantino I fundó Constantinopla, una “nueva Roma” en el sitio de la antigua colonia griega de Bizancio. Aunque la mitad occidental del imperio romano se derrumbó y cayó en el año 476, el Imperio Romano de Oriente le sobrevivió por 1.000 años más.

Su nombre

Hitos del Imperio Bizantino
FechaSuceso
330 Constantino traslada la capital a Constantinopla.
527 Justiniano I se convierte en Emperador.
532-537 Justiniano I construye la iglesia de Santa Sofía (Basílica de Santa Sofía (Estambul))
1054 La Iglesia de Constantinopla se separa de la Iglesia de Roma
1204 Constantinopla es capturada por los cruzados
1261 Miguel Paleólogo libera Constantinopla.
1453 Los turcos toman Constantinopla. Fin del Imperio Bizantino

El término “bizantino” se deriva de Bizancio, una antigua colonia griega fundada por un hombre llamado Byzas. Esta población estaba situada en el lado europeo del Bósforo (el estrecho que une el Mar Negro con el Mediterráneo). Una ubicación estratégica como punto de tránsito y de comercio entre Europa y Asia Menor.

Constantino gobernó sobre un Imperio romano unificado, pero en el año 364 el emperador Valentiniano I dividió el imperio en las secciones este y oeste. El destino de las dos regiones se separó. En 476, el bárbaro Odoacro derrocó al último emperador romano de Occidente, Roma había caído.

Pero la mitad oriental del Imperio Romano resultó ser menos vulnerable a los ataques externos, gracias en parte a su ubicación geográfica que hacía muy difícil penetrar las defensas de la capital, Constantinopla.

Los emperadores orientales fueron capaces de ejercer un mayor control sobre los recursos económicos del imperio y de manera más eficaz reunir mano de obra suficiente para combatir la invasión.

A pesar de que Bizancio fue regido por la ley e instituciones políticas romanas y su idioma oficial era el latín, el griego también se habla, y los estudiantes recibieron la educación de la historia griega, la literatura y la cultura.

En términos de religión, el emperador bizantino era el patriarca de Constantinopla, es decir el jefe de la Iglesia y del Estado, era el líder espiritual de la mayoría de los cristianos orientales.

Legado del Imperio

Mapa Imperio Bizantino.jpg

El Imperio bizantino fue un Imperio multicultural, que nació como cristiano y heredero de la tradición romana, comprendiendo la zona de Oriente y que desapareció en 1453 como un reino griego ortodoxo. El escritor británico Robert Byron lo describió como el resultado de una triple fusión: un cuerpo romano, una mente griega y un alma oriental.

Mehmet II
Iván IV el Terrible

Bizancio fue la única potencia estable en la Edad Media. Su influencia sirvió de factor estabilizador en Europa, sirviendo de barrera contra la presión de las conquistas de los ejércitos musulmanes y actuando como enlace hacia el pasado clásico y su antigua legitimidad.

La caída del Imperio fue traumática, tanto que durante mucho tiempo se consideró 1453 como la división entre la Edad Media y la Edad Moderna. El conquistador otomano, Mehmet II, y sus sucesores se consideraron a sí mismos herederos legítimos de los emperadores bizantinos hasta el derrumbamiento del Imperio otomano, a principios del siglo XX. Sin embargo, el papel del emperador bizantino como cabeza de la ortodoxia oriental fue reclamado por los grandes duques de Moscú empezando por Iván III. Su nieto Iván IV el Terrible se convertiría en el primer zar de Rusia (el título de zar proviene del latín caesar, 'césar'). Sus sucesores apoyaron la idea que Moscú era la heredera legítima de Roma y Constantinopla, la Tercera Roma — una idea mantenida por el Imperio ruso hasta su propio fin a principios del siglo XX.

Bizancio desempeñó un papel inestimable para la conservación de los textos clásicos, tanto en el mundo islámico como en la Europa occidental, donde sería clave para el Renacimiento. Su tradición historiográfica fue una fuente de información sobre los logros del mundo clásico. Hasta tal punto fue así, que se cree que el resurgir cultural, económico y científico del siglo XV no hubiera sido posible sin las bases establecidas en la Grecia bizantina.

La influencia de Bizancio en asuntos como la teología sería vital para pensadores europeos como Santo Tomás de Aquino. Asimismo se ha de mencionar que el Imperio fue clave en la extensión del cristianismo, que definiría Europa durante siglos. De los cuatro mayores focos de esta religión, tres (Jerusalén, Antioquía y Constantinopla) se hallaban en su territorio y hasta que no aconteció el cisma de Oriente fue su mayor foco espiritual. También fue responsable de la evangelización de los pueblos eslavos, gracias a misioneros tan célebres como Cirilo y Metodio, que evangelizaron a los pueblos eslavos y desarrollaron un sistema de escritura que aún hoy en día se sigue utilizando en muchos países, el alfabeto cirílico. Por último es notable su influencia en las iglesias copta, etíope, y la de armenia.

Resumen de Legado
El legado del Imperio bizantino ha dejado una rica tradición de arte y literatura. Además políticamente tuvo una gran importancia como “barrera” entre los estados medievales de Europa y la amenaza de invasión de los pueblos asiáticos. En asuntos como la teología sería vital para pensadores europeos como Santo Tomás de Aquino. Asimismo se ha de mencionar que el Imperio fue clave en la extensión del cristianismo, que definiría Europa durante siglos.

Fue responsable de la evangelización de los pueblos eslavos, gracias a misioneros tan célebres como Cirilo y Metodio, que evangelizaron a los pueblos eslavos y desarrollaron un sistema de escritura que aún hoy en día se sigue utilizando en muchos países, el alfabeto cirílico. Su tradición historiográfica fue una fuente de información sobre los logros del mundo clásico.

Su caída

Caida de Constantinopla

La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos el martes 29 de mayo de 1453 (de acuerdo con el calendario juliano) fue un hecho histórico que, en la periodización clásica, y según algunos historiadores, marcó el fin de la Edad Media en Europa y el fin del último vestigio del Imperio romano de Oriente.

El sitio comenzó oficialmente el 7 de abril de 1453, cuando el gran cañón disparó el primer tiro en dirección al valle del Río Lico, junto a la puerta de San Romano, que penetraba en Constantinopla por una depresión bajo la muralla, lo cual posibilitaba el posicionamiento del cañón en una parte más alta. La muralla, hasta entonces imbatida en aquel punto, no había sido construida para soportar ataques de artillería, y en menos de una semana comenzó a ceder, pese a ser la mejor arma contra los otomanos, ya que constaba de tres anillos gruesos de murallas con fosos de entre 30 y 70 metros de profundidad. Todos los días, al anochecer, los bizantinos se escabullían fuera de la ciudad para reparar los daños causados por el cañón con sacos y barriles de arena, piedras despedazadas de la propia muralla y empalizadas de madera, mientras los defensores se defendían con sus arqueros mediante lanzamientos de flechas y con ballesteros de dardos. Los otomanos evitaron el ataque por la costa, puesto que las murallas eran reforzadas por torres con cañones y artilleros que podrían destruir toda la flota en poco tiempo. Por eso, el ataque inicial se restringió casi solamente a un frente, lo que facilitó tiempo y mano de obra suficientes a los bizantinos para soportar el asedio.

Al comienzo del cerco, los bizantinos consiguieron dos victorias alentadoras. El 12 de abril, el almirante búlgaro al servicio del sultán Suleimán Baltoghlu fue rechazado por la armada bizantina al intentar forzar el pasaje por el Cuerno de Oro. Seis días después, el sultán intentó un ataque a la muralla dañada en el valle del Lico, pero fue derrotado por un contingente menor, aunque mejor armado, de bizantinos, al mando de Giustiniani.

El 20 de abril los bizantinos avistaron los navíos enviados por el Papa, además de otro navío griego con grano de Sicilia, que atravesaron el bloqueo de los Dardanelos cuando el sultán desplazó sus navíos hacia el mar de Mármara. Baltoghlu intentó interceptar los navíos cristianos, pero vio que su flota podía ser destruida por los ataques de fuego griego arrojado sobre sus embarcaciones. Los navíos llegaron con éxito al Cuerno de Oro y Baltoghlu fue humillado públicamente por el sultán y ejecutado.

El 22 de abril, el sultán asestó un golpe estratégico en las defensas bizantinas con la ayuda de la maniobra ideada por su general Zaganos Pasha. Imposibilitados para atravesar la cadena que cerraba el Cuerno de Oro, el sultán ordenó la construcción de un camino de rodadura al norte de Pera, por donde sus navíos podrían ser empujados por tierra, evitando la barrera. Con los navíos posicionados en un nuevo frente, los bizantinos no tendrían recursos para reparar después sus murallas. Sin elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar y el 25 de abril intentaron un ataque sorpresa a los turcos en el Cuerno de Oro, pero fueron descubiertos por espías y ejecutados. Los bizantinos, entonces, decapitaron a 260 turcos cautivos y arrojaron sus cuerpos sobre las murallas del puerto.

Bombardeados diariamente en dos frentes, los bizantinos raramente eran atacados por los soldados turcos. El 7 de mayo, el sultán intentó un nuevo ataque al valle del Lico, pero fue nuevamente repelido. Al final del día, los otomanos comenzaron a mover una gran torre de asedio, pero durante la noche un comando bizantino se escabulló sin ser descubierto por los escuchas turcos y prendió fuego a la torre de madera. Los turcos también intentaron abrir minas por debajo de las murallas, pero los griegos consiguieron contraminar tres galerías turcas con diverso éxito. Con los impactos de artillería de los cañones las murallas sufrían grandes brechas por donde penetraban los jenízaros, que para salvar los fosos se dedicaban a recoger ramas, toneles, además de los bloques de piedra de las murallas derruidas, para rellenar los fosos y poder penetrar para luchar cuerpo a cuerpo con los bizantinos.

La mano de obra estaba sobrecargada, los soldados cansados y los recursos escaseaban. El mismo Constantino XI coordinaba las defensas, inspeccionaba las murallas y animaba a las tropas por toda la ciudad.

La resistencia de Constantinopla comenzó a decaer cuando cundió el desánimo causado por una serie de malos presagios. En la noche del 24 de mayo hubo un eclipse lunar, recordando a los bizantinos una antigua profecía de que la ciudad sólo resistiría mientras la Luna brillase en el cielo. Al día siguiente, durante una procesión, uno de los iconos de la Virgen María cayó al suelo. Luego, de repente, una tempestad de lluvia y granizo inundó las calles. Los navíos prometidos por los venecianos todavía no habían llegado y la resistencia de la ciudad estaba al límite.

Al mismo tiempo, los turcos otomanos afrontaban sus propios problemas. El costo para sostener un ejército de 100.000 hombres era muy grande y los oficiales comentaban la ineficiencia de las estrategias del sultán hasta entonces. Mehmed II se vio obligado a lanzar un ultimátum a Constantinopla: los turcos perdonarían las vidas de los cristianos si el emperador entregaba la ciudad. Como alternativa, prometió levantar el cerco si Constantino pagaba un pesado tributo que ascendía a cien mil besantes de oro al año. Como los tesoros estaban vacíos desde el saqueo de la Cuarta Cruzada, Constantino se vio obligado a rechazar la oferta y Mehmed, a lanzar un ataque rápido y decisivo.

El asalto final

Mehmed ordenó que las tropas descansasen el día 28 de mayo para prepararse para el asalto final en el día siguiente, ya que sus astrólogos le habían profetizado que el día 29 sería un día nefasto para los infieles[cita requerida]. Por primera vez en casi dos meses, no se oyó el ruido de los cañones ni de las tropas en movimiento. Para romper el silencio y levantar la moral en el momento decisivo, todas las iglesias de Constantinopla tocaron sus campanas durante todo el día[cita requerida]. El emperador y el pueblo[cita requerida] rezaron juntos en Santa Sofía por última vez, antes de ocupar sus puestos para resistir el asalto final, que se produjo antes del amanecer.

Durante esa madrugada del día 29 de mayo de 1453, el sultán otomano Mehmed lanzó un ataque total a las murallas, compuesto principalmente por mercenarios y prisioneros[cita requerida], concentrando el ataque en el valle del Lico. Durante dos horas, el contingente principal de mercenarios europeos fue repelido por los soldados bizantinos bajo el mando de Giustiniani, provistos de mejores armas y armaduras y protegidos por las murallas. Pero con las tropas cansadas, tendrían ahora que afrontar al ejército regular de 80.000 turcos.

El ejército turco atacó durante más de dos horas, sin vencer la resistencia bizantina. Entonces hicieron espacio para el gran cañón, que abrió una brecha en la muralla por la cual los turcos concentraron su ataque. Constantino en persona coordinó una cadena humana que mantuvo a los turcos ocupados mientras la muralla era reparada. El sultán, entonces, hizo uso de los jenízaros, que trepaban la muralla con escaleras. Sin embargo, tras una hora de combates, los jenízaros todavía no habían conseguido entrar a la ciudad.

Con los ataques concentrados en el valle del Lico, los bizantinos cometieron la imprudencia[cita requerida] de dejar la puerta de la muralla noroeste (la Kerkaporta) semiabierta. Un destacamento jenízaro otomano penetró por allí e invadió el espacio entre las murallas externa e interna, y muchos de ellos fallecieron al caer al foso. Se dice que el primero en llegar fue un gran soldado llamado Hassan, que murió por una lluvia de flechas bizantinas. En ese momento, el comandante Giovanni Giustiniani Longo fue herido y fue evacuado apresuradamente hacia un navío. Constantino, avisado inmediatamente del hecho, fue hacia él y lo quiso convencer de no alejarse del lugar, le habló de la importancia de mantenerse como fuera en el campo de batalla, pero el genovés habría intuido la gravedad del asunto y lamentablemente se mantuvo firme en su deseo de retirarse para ser atendido. Cuando el resto de los soldados genoveses vieron que se llevaban a su capitán pasó lo que era de esperar[cita requerida]: se desmoralizaron y desertaron de sus puestos en la muralla siguiendo el camino de su capitán, justo en el preciso momento en que arreciaban las fuerzas de los jenízaros en el lugar.

Sin su liderazgo, los soldados griegos lucharon desordenadamente contra los disciplinados turcos[cita requerida]. La muerte de Constantino XI es una de las leyendas más famosas del asalto, ya que el emperador luchó hasta la muerte[cita requerida] en las murallas tal y como había prometido a Mehmed II cuando este le ofreció el gobierno de Mistra a cambio de la rendición de Constantinopla. Decapitado, su cabeza fue capturada por los turcos, mientras que su cuerpo era enterrado en Constantinopla con todos los honores[cita requerida].

Giustiniani también moriría más tarde, a causa de las heridas, en la isla griega de Quíos, donde se encontraba anclada la prometida escuadra veneciana a la espera de vientos favorables.

Captura y control otomano

Mehmed II entró en la ciudad por la tarde, junto a sus generales Zağanos Pasha y Mahmud Pasha, y ordenó que la catedral (Santa Sofía) fuese consagrada como mezquita. El contingente bizantino recibió autorización para residir en la ciudad bajo la autoridad de un nuevo patriarca, el teólogo Jorge Scolarios, que adoptó el nombre de Genadio II, designado por el propio sultán para que no hubiera revueltas. Desde entonces quien tendría el control religioso de Palestina fue Atenas.

Constantinopla pasó a ser la capital del Imperio otomano y Mehmed II se declaró emperador romano (en turco antiguo otomano Kayzer-i Rum).

La masacre de los turcos en la población cristiana de Constantinopla en 1453

Relato de Georgios Phrantzes testigo de la masacre de los turcos en la población cristiana de Constantinopla en 1453.

Los habitantes de Constantinopla buscaron refugio al caer la noche, cuando Mohamed II comenzó con el bombardeo de las paredes de Teodosio , con los cánones de la catedral de Sofía Sofía y empezaron ahí, a cantar salmos, para implorar la misericordia de Dios. El patriarca a la luz de las velas lee la última misa, pide a los tímidos como estímulo: “No tengáis miedo!Mañana estarás en el cielo y sus nombres serán hasta el final de los tiempos tiempo! “

Las madres consolaron a sus hijos llorando y sollozando: “Silencio, mi hijo tranquilo! Morimos por nuestra fe en Jesucristo! Morimos por nuestro emperador Constantino XI., Para nuestro país! “

Las tropas otomanas, el batir de tambores penetran a través de las brechas de las murallas que se derrumban y realizan el rebasamiento de los genoveses, venecianos y los defensores españoles, masacraron a todos y cada uno con sus sables. Luego irrumpieron en la catedral y decapitaron, incluso los bebés. Las cabezas las utilizaron para apagar las velas. La masacre duró desde el amanecer hasta la tarde. Se disminuyó sólo en el momento en el que el gran visir se levantó en el púlpito de Santa Sofía, y dijo a los verdugos: “descansen. Este templo es ahora parte de Dios. “

Mientras tanto, la ciudad era quemada. Los soldados crucificados y empalados. Los Janitscharen violaron a las monjas, y luego les cortaron el cuello (cuatro mil en pocas horas), o los sobrevivientes fueron encadenados juntos para vendelos en el mercado de Ankara. Y los cortesanos (los miembros de la corte) realizaron el banquete de la victoria. En ese banquete, en el que se emborrachó Mohanned II (el profeta le ampare) con el vino chipriota.

El Megadux Notaras, al que Mohammed II utilizó anteriormente como gobernador de Constantinopla, le ejecuta con sus hijos. Notaras se negó a poner su hijo de 14 años de edad, para el sultán como un efebo disponible. Y porque él tenía una debilidad por los jóvenes, quizo el primogénito de la ortodoxa griega Gran Duque Notaras. Bien conocido por sus belleza se hizo trael al primogénito de catorce años de edad, lo violó, y después de que él lo había violado, dejó que los otros (miembros de la familia del gran duque) se presentaran. Los padres, abuelos, tíos, primos del niño. Ante sus ojos, les cortaron la cabeza. Uno por uno. Destruyó todos los altares, todas las campanas se fundieron, giraron a todas las iglesias en mezquitas y bazares. Oh, sí. Así se convirtió Constantinopla en Estambul. Igual si Fra’ Accursio ”de la ONU quiere escucharlo o no.”

Emperadores Bizantinos

Alejo I Comneno Alejo II Comneno Alejo III Ángelo Alejo IV Ángelo Alejo V Ducas Anastasio I (emperador) Anastasio II (emperador)
Andrés Paleólogo Andrónico I Comneno Andrónico V Paleólogo Arcadio Artabasdo Basilisco (emperador) Constante II
Constantino III Heraclio Constantino IV Constantino X Ducas Constantino Láscaris Constantino V Estauracio Filípico
Focas (emperador) Heraclio Heraclio II Isaac I Comneno Isaac II Ángelo Joviano Juan II Comneno
Juan VI Cantacuceno Justiniano I Justiniano II Nicolás Kanabos León I (emperador) León II (emperador) León III (emperador)
León IV (emperador) León V (emperador) Leoncio Manuel I Comneno Marciano (emperador) Mateo Cantacuceno Mauricio (emperador)
Miguel I Rangabé Miguel II Miguel III Miguel VI Miguel VII Ducas Nicéforo I Nicéforo III
Romano IV Diógenes Teodosio I el Grande Teodosio II Teodosio III Teófilo (emperador) Tiberio II Tiberio III
Valente Zenón - - - - -

Fuentes y Enlaces de Interés

  • Roderich Reinsch Dieter: Mehmet II conquistó Constantinopla. Los primeros años del reinado de Fatih Sultan Mehmet, los Erobereres de Constantinopla de 1453. La obra histórica de Critóbulo de Imbros, ‘historiador bizantino, serie, Vol. XVII, ed. J. Koder, tradujo, presentó y explicó por Dieter Roderich Reinsch, Graz / Viena / Colonia, 1986, ISBN 978-3-222-10296-7
  • FA Brockhaus: La Casa de Brock, en quince volúmenes. Brockhaus en los medios de comunicación de conocimientos, Leipzig / Mannheim de 1997, el BND. 7, S.464, ISBN 978-3-7653-2801-5
  • Roderich Reinsch Dieter: Mehmet II conquistó Constantinopla. Los primeros años del reinado de Fatih Sultan Mehmet, los Erobereres de Constantinopla de 1453. La obra histórica de Critóbulo de Imbros, ‘historiador bizantino, serie, Vol. XVII, ed. J. Koder, tradujo, presentó y explicó por Dieter Roderich Reinsch, Graz / Viena / Colonia, 1986, ISBN 978-3-222-10296-7
  • FA Brockhaus: La Casa de Brock, en quince volúmenes. Brockhaus en los medios de comunicación de conocimientos, Leipzig / Mannheim de 1997, el BND. 7, S.464, ISBN 978-3-7653-2801-5 Articulo en Alemán
  • history.com
  • Roderich Reinsch Dieter: Mehmet II conquistó Constantinopla. Los primeros años del reinado de Fatih Sultan Mehmet, los Erobereres de Constantinopla de 1453. La obra histórica de Critóbulo de Imbros, ‘historiador bizantino, serie, Vol. XVII, ed. J. Koder, tradujo, presentó y explicó por Dieter Roderich Reinsch, Graz / Viena / Colonia, 1986, ISBN 978-3-222-10296-7
  • FA Brockhaus: La Casa de Brock, en quince volúmenes. Brockhaus en los medios de comunicación de conocimientos, Leipzig / Mannheim de 1997, el BND. 7, S.464, ISBN 978-3-7653-2801-5
  • http://yahel.wordpress.com

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