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Historias del Cementerio General

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Historias del Cementerio General
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Historias para no dormir

Cementerio General Portada.jpg

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Contenido

La trágica historia del rondín

Antiguamente, dos vigilantes ataviados con capa y armas se encontraban haciendo una ronda. Al pasar por un pasillo con nichos, al que iba más adelante se le enredó la capa en unos alambres. El patio era conocido y temido, porque desconocidos realizaban actos de brujería y magia negra aprovechando ese sector, que queda resguardado de las simples miradas y hay que entrar en dichos pabellones rodeados de nichos.

También el sector era temido por la presencia de ladrones y delincuentes; este cementerio albergaba -y alberga- a dueños de grandes fortunas y no era extraño que lo visitaran profanadores de tumbas, y ladrones en pos de los adornos de los mausoleos que son de finos materiales, como jarrones de mármol, esculturas de mármol o de bronce, o manillas de belleza incomparables en bronce bruñido...

Ante tales amenazas y por el ruido que hizo el movimiento de la tela de la capa enganchada, el otro guardia, asustado, disparó, dándole de lleno en la cara al que tenía delante, y dando por tanto muerte a su compañero.

Desde entonces, hay testimonios que aseguran ver al vigilante trágicamente muerto, con su capa negra ondeando al aire, que observa a las personas que pasan.

Cuentan que unos pocos años atrás, dos jóvenes que se encontraban robando flores de plástico y otros adornos, por alguna razón fueron a entregarse en forma voluntaria y asustadísimos a los guardias. Cuando se les preguntó qué había pasado, aseguraron haber visto a una persona con capa negra y el rostro destrozado. No se sabe si es verdad, pero las caras de aquellos jóvenes pálidos y asustados no daban muestra de ser ninguna broma; además se agrega el hecho de que se entregaron voluntariamente a carabineros, pidiendo que se los llevase rápido al carro, prometiendo por la mamita, núnca más robar...saque sus conclusiones de que habran visto estos asustados flaites...

El Cristo de los Ricos

Al caer el sol, el cementerio cierra sus puertas, obligando a cualquier visitante a partir; los guardias se encargan de hacer esta labor, porque al ser tan grande este cementerio, muchas personas pierden la noción del tiempo dentro de él.

Las cuidadoras, al retirarse del cementerio al anochecer, aseguran que en el lugar donde se encuentra el Cristo de los Ricos, se ubica una persona alta y vestida de negro, a la que no conocen, pero que las saluda respetuosamente y las llama a cada una de ellas por su nombre; a esas horas de la noche ya no puede haber absolutamente nadie, por lo que no se trata de ningún visitante, y tampoco es ningún trabajador del cementerio.

Dicen que nunca han visto su rostro, porque sólo aparece cuando ya está oscuro y alcanzan a ver sólo un brillo en su boca, como si fueran tapaduras de oro; no suelen mantener ninguna conversación con él, porque al intentar comenzar alguna, el extraño desaparece. Se le ha intentado buscar durante toda la noche sin resultados. En nuestros días, se sigue apareciendo.

La Novia Muerta

Orlita Romero Gomez.jpg

Hay tres versiones de la muerte de Orlita Romero Gómez. Una dice que mientras se estaba casando, rodó por las escaleras del altar. Otra dice que falleció de un infarto al corazón durante la boda, y una tercera, que murió de pena porque su novio nunca llegó al altar; quienes creen en esta última, aseguran además que vaga buscando a ese novio.

Sin embargo, la versión oficial de su fallecimiento es distinta. Orlita falleció un 13 de abril de 1943, el día de su cumpleaños número 17, de un ataque al corazón. Su madre, muy afectada por su pérdida, la mandó embalsamar para conservar su belleza y la vistió de blanco como símbolo de pureza.

La desconsolada madre de Orlita todos los domingos iba a peinar el cabello de la difunta; en un principio ésta se encontraba en una urna de cristal, pero por razones obvias, con el paso del tiempo, su imagen se ha deteriorado. En la actualidad se encuentra en una tumba sellada, y su madre hace años que ya falleció. La capilla donde se encuentra es visitada por aquellos desgraciados en el amor, también lo hacen los escolares solicitando ayuda para pasar de curso o para algún examen, las novias antes de casarse para que todo salga bien, o cuando una relación dura mucho sin que se vislumbre cuando tañerán las campanas de boda...

Actualmente, Orlita se encuentra en la misma capilla; la puerta de hierro tenía un vidrio a través del cual se podía ver su interior, incluyendo su urna; ahora hay una cortina de tela que oculta el interior, y el vidrio ha sido roto, llenándose el interior de la capilla de papelitos, corbatas, cuadernos, mientras que el exterior está lleno de rayados solicitando su intercesión, los enamorados introducen papelitos con sus nombres escritos para que Orlita los una en matrimonio o mantenga su unión para siempre... se ha transformado en una 'animita' para los enamorados y también para los desdichados que desean que su suerte en el amor cambie.

La Carmencita

Esta es la historia de Margarita Cañas Cañas, más conocida como 'la Carmencita'. De ella existen dos versiones. Una, cuenta que era una niña que cuando tenía 9 años fue brutalmente violada y asesinada. La otra dice que era una mujer adulta, venida desde el sur a buscar trabajo. En Santiago conoció a Julio Marín, con quién se emparejó. A los 37 años, debió ser operada y murió de un shock anestésico. Cuentan que esta última historia fue inventada por un cuidador del cementerio, quien la habría creado para que la gente le dejara monedas en una caja. Lo que finalmente fue suprimido, cambiándose la ofrenda de dinero por una flor. En la actualidad, son muchas las personas que se detienen ante la tumba de 'Carmencita', convertida en una auténtica 'animita'; le rezan y le piden todo tipo de favores y 'mandas', y le dejan flores, mensajes de gratitud y hasta juguetes.

La Llorona

La Llorona.jpg

En varias leyendas de la cultura latinoamericana se nombra a la "Llorona", por un motivo o por otro se ha repetido el mito; por desgracia, en esta ocasión concreta, obedece a una historia real ocurrida hace más de tres décadas.

En un gran accidente, una madre y sus hijos sufren graves heridas por causa de un automovilista que se dio a la fuga; del padre de las criaturas nunca se ha sabido nada, no los acompañaba en aquella desgraciada ocasión y se dice que al hospital tampoco fue.

Ella, gravemente herida, queda en estado de coma, aparentemente sin posibilidad de recuperación; pero sus dos hijos no resisten la gravedad de sus lesiones y fallecen a los pocos días de haber sido ingresados.

Pasados dos años, la mujer despierta de manera casi milagrosa del coma. Lo primero que hace al recobrar la conciencia es preguntar por sus hijos; de la mejor manera posible, se le da la triste noticia. Ella no puede creerlo, se trastorna por la desesperación de haberlos perdido; al no poder encontrar consuelo alguno, pone fin a sus días, ahorcándose de un árbol, junto a las tumbas de sus pequeños.

Desde entonces, hay personas que aseguran que en las noches de invierno y navidad vaga por los oscuros pasillos del cementerio, con su cuello dislocado, “la Llorona”, buscando a sus hijos. Se dice que sólo los hombres pueden escuchar su llanto.

La chaqueta

Se cuenta una historia, que ya es casi una leyenda urbana, de un taxista que al pasar por la calle Recoleta en su taxi, lo hace parar una bella mujer. El día está frío y lluvioso, pero la pasajera lleva puesto un hermoso vestido veraniego de fiesta. Ella le pide que la deje en el Instituto Médico Legal (que se ubica en Av. la Paz poco antes de llegar a la entrada principal del Cementerio General).

El taxista al recibir el dinero del viaje, siente que la mano de la mujer al pagarle está muy helada. Preocupado porque en esos instantes llueve y hace frío, le ofrece su chaqueta, la cual ella acepta muy agradecida.

La mujer le indica que la puede ir a recoger a Los Naranjos 1245, donde al día siguiente se encontraría. Al día señalado, el taxista va a buscar su chaqueta y deambula por las calles cercanas a donde recogió a la agraciada pasajera, buscando la dirección que la bella mujer le entregó. En la calle se encuentra con un transeúnte, al cual le consulta por la mencionada dirección y éste le contesta que esa calle existe, pero que está en el cementerio.

El taxista, intrigado pero no por ello asustado, porque puede ser perfectamente una veladora del cementerio o la esposa de algún guardia, entra al camposanto, comienza a caminar buscando y por fin da con la calle y la numeración .

...Y encima de la tumba con el número 1245, encuentra su chaqueta. Al retirarla, su impresión es aún mayor, porque en la lápida está la foto de la difunta, la misma bella mujer que el día anterior había llevado en su taxi. La fecha de la muerte había sido años atrás y en verano, por ello sería que no iba vestida acorde para aquella lluviosa tarde de invierno en Santiago.

La mujer de luto

Dama de Negro Chile.jpg

Un grupo de trabajadoras del cementerio habían hecho un fuego en un brasero que tenían para pasar el frío invernal. Estaban tan entretenidas conversando que sin darse cuenta, se les hizo casi de noche, ya que en invierno con las frías tardes nubladas oscurece más rápido. Tres se iban por avenida Recoleta y una por La Paz. Sus compañeras trataron de convencerla para que no se fuera sola y se marchara con ellas, pero las distancias son grandes y en esos tiempos pasaba locomoción por la avenida la Paz, y debido a ello la mujer no aceptó irse por Recoleta.

Ya tomando el camino en dirección a la avenida la Paz, dentro del mismo cementerio, porque estaba a la altura del Crematorio, la trabajadora vio a una señora de luto por los pasillos, y le preguntó rápidamente: "Señora, ¿usted va por la Paz?". La mujer vestida de luto dio una respuesta afirmativa con su cabeza, y ambas siguieron camino juntas.

El camino era largo y el silencio comenzó a ser molesto, por lo cual la trabajadora del cementerio quiso iniciar una conversación, y le preguntó: "Usted, ¿a quién viene a ver?" Pero la visitante de negro no le respondió.

La señora, que había decidido no irse con sus amigas anteriormente, creyendo que la de negro no la escuchaba, se acercó más a ella, repitiéndo la pregunta, esta vez en forma más prepotente: "!Usted, a quién viene a ver¡"

Entonces, la mujer de negro se detuvo y volvió lentamente su cabeza hacía la trabajadora. Su mano enguantada, lentamente levantó el velo que cubría su rostro...dejando ver una horrible calavera, con rastros sanguinolentos y podridos, una cuenca del ojo vacía, por donde borboteaba una baba verdosa, y una sonrisa cadavérica a la que le faltaban dientes. Después de mostrar su rostro, la aparición soltó una carcajada horrible y maniática, que retumbo en cada uno de los nervios de la pobre mujer, que la miraba aterrada, pegada a la pared mohosa.

La trabajadora sintió un fuerte olor a putrefacción y salio corriendo gritando despavorida, como alma que lleva el diablo, tropezándose con cuanta, tumba y árbol a su paso encontraba, hasta el "Cristo de los Ricos" donde se arrodilló y comenzó a rezar, mientras tiritaba cada parte de su cuerpo. Cuándo se atrevió a mirar y constató que no había nadie, solo la brisa que movía los árboles, corrió como pudo hasta la puerta principal. Asustada, tiritando, gimiendo y casi en estado de schok, les contó a los vigilantes lo sucedido, una y otra vez, mientras apuntaba con el dedo hacía el sector y se agazapaba debajo del escritorio de guardía. Los Vigilantes pensaron que alguien se había quedado dentro del cementerio, procediendo a revisar el sector, pero esta vez los perros no fueron, se quedaron con la trabajadora en la oficina y no hubo quien los pudiese sacar..cosa rara.. No encontraron a ninguna mujer de luto y nadie salió por las puertas.

Dos de esas cuidadoras aun están vivas y una de ellas asegura que fue una de sus amigas quien se fue con la mujer de luto caminando. Todavía hay guardias que fueron testigos del estado en que llegó la mujer a contar lo que le había sucedido. Se mantiene en reserva su nombre y se asegura que no es una mujer fácil de asustar. Después del suceso tomo un descanso obligado, ya que sus nervios quedaron destrozados y su pelo de negro como la noche que lo tenía, se había convertido en canas blancas, como una abuela de 90 años. Nunca más volvió al cementerio (y ella, lo requetejuro)....pero lamentablemente falleció, y adivinen donde enterraron sus restos...si, en el cementerio general. Suponemos que su amiga, la Mujer de Luto, la estuvo esperando...eso...jamás lo sabremos, hasta que usted y yo, lleguemos hay.

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