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Historia del Pensamiento Económico

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Sabemos que los Sumerios y fenicios fueron los primeros que trataron de tener un conocimiento sobre el funcionamiento de la economía. Luego los griegos a través de Hesiodo con sus obras "Los alfareros y Grandes trabajos" (Μεγαλα εργα).

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Jenofonte discípulo de Sócrates que escribió el dialogo El Económico, que es un diálogo socrático que trata de la economía doméstica y la agricultura. Es una de las primeras obras de economía y una fuente importante para el conocimiento de la historia social e intelectual de la Atenas clásica. Además de la economía doméstica, el diálogo trata temas como las cualidades de hombres y mujeres, sus relaciones, la vida rural frente a la urbana, la esclavitud, la religión y la educación. Los estudiosos sitúan la redacción de esta obra en los últimos años de la vida de Jenofonte, tal vez tras el año 362 a. C. Cicerón tradujo el Económico al latín, y la obra fue muy popular durante el Renacimiento y fue traducida a varios idiomas. (Jenofonte (1993).[1] Le siguen Platón y Aristóteles que se destacaron por buscar explicación a los fenómenos económicos que acontecían en su época.

Durante la era feudal, comprendida entre los siglos VIII y XIII, aproximadamente, se empezaron a presentar dos fenómenos que, posteriormente, Douglas North llamaría |las relaciones sociales y los derechos de propiedad.

A partir del año 1300, se avanzó un poco más en el desarrollo de los temas económicos, gracias a las contribuciones de los llamados escolásticos. Estos eran monjes que se dedicaban a escribir, entre otros temas, sobre los fundamentos de la economía feudal, reglamentándolos de tal forma que los resultados de sus escritos fueran coherentes con la doctrina religiosa cristiana. El principal exponente de la escuela escolástica fue santo Tomás de Aquino. Esta escuela existió en el periodo comprendido entre la caída de Roma y la escuela mercantilista, apareciendo esta última aproximadamente en el año 1600.

La economía mercantilista marca una pauta importante en el desarrollo de la ciencia económica. Tuvo sus inicios en Inglaterra y Francia, implantándose en el mundo entre los años 1500 y 1750, aproximadamente. Los mercantilistas consideraban que la riqueza en el mundo era fija, y estaba representada por la cantidad de metales preciosos y semipreciosos que se poseyeran. La anterior idea los llevó a tomar medidas proteccionistas para evitar que la riqueza pudiera salir de un país. El comercio exterior, a través de una balanza comercial positiva (exportando más de lo que se importara), se convirtió en la clave para obtener poder y riqueza.

En la segunda mitad del siglo XVIII surge la fisiocracia como una reacción de tipo intelectual a la común concepción intervencionista del pensamiento mercantil. Para ahondar más las diferencias, los fisiócratas estudiaron las fuerzas reales que conducen al desarrollo; es decir, estudiaron la creación del valor físico, concluyendo que el origen de la riqueza era la agricultura (en últimas, la misma naturaleza era el foco de riqueza) y que la manufactura era una actividad estéril. Este movimiento se desarrolló únicamente en Francia, a lo largo de treinta años, gracias a François Quesnay y a su obra Le Tableau Économique. En ella, Quesnay, gracias al análisis de los flujos de los ingresos monetarios en los tres sectores de la economía (agricultores, terratenientes y artesanos/sirvientes), muestra la creación y la circulación del producto neto (la ganancia).

Con los fisiócratas nace la idea de que los esfuerzos personales estaban de alguna manera conectados entre sí (gracias al sistema de precios de la economía). Esto obedecía también a un orden natural superior, que hacía que se concibiera el sistema económico como un mecanismo autorregulable. De aquí surge la idea central del laissez–faire (dejar las cosas a su libre albedrío) como una función del gobierno, porque los obstáculos al crecimiento eran el resultado de las restricciones (mercantilistas) al comercio internacional y al mercado interno.

A finales del siglo XVIII, las tesis fisiócratas ya no eran consideradas adecuadas para asumir un análisis profundo y consciente, dadas las nuevas realidades de la sociedad capitalista. Surge entonces el liberalismo como una nueva doctrina que responde a las exigentes expectativas, fruto de la profunda transformación socioeconómica. La economía clásica fue una forma de pensamiento que surgió con representantes como Adam Smith y David Ricardo. Ellos, preocupados por las relaciones sociales, la intervención del Estado y las consecuencias de éstas en variables como el consumo, la producción y la distribución de la riqueza, tratan de encontrar repuestas en medio del proceso de industrialización vivido especialmente en Gran Bretaña.

Una visión contemporánea pero enfocada hacia las relaciones sociales de la producción industrial es la de Carlos Marx. Para él, la producción industrial generaba un excedente que no se redistribuía en el salario de los trabajadores, sino que era acumulado por el propietario del capital y de los medios de producción.

Desde finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, se desarrolla un movimiento que defiende fuertemente al liberalismo y al individualismo: los neoclásicos. Sus principales puntos de análisis fueron la plusvalía y la maximización de los beneficios. Reconocidos representantes de ellos son Keynes y Say, quien formuló la ley del pleno empleo, mientras que Keynes decía que los individuos intercambian instintivamente y, por lo tanto, el mercado es consecuencia de un orden natural, de la misma manera que lo es la acumulación de capital. Este orden natural es guiado por la revelación de las preferencias de los individuos a un subastador, quien encuentra el precio en el que se vacían los mercados, de tal suerte que el único mecanismo que evita el monopolio es la concurrencia del mercado. Así, la autorregulación da origen al concepto de “la mano invisible”.

Entre las últimas escuelas de pensamiento económico se encuentran las de los neo-neoclásicos. Ellos agrupan varias corrientes, entre ellas las de los monetaristas y los neoinstitucionalistas. Los monetaristas son conocidos gracias a Milton Freeman, quien afirmaba que las fallas en el mercado se debían, en buena parte, a la intervención del Estado. Los neoinstitucionalistas se centran en los fenómenos sociales y en la cooperación económica. Gran parte de sus ideas son una crítica al neoclásico Marshall, argumentando que, para que la distribución de la riqueza sea eficiente, son necesarias las instituciones.[2]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Recuerdos de Sócrates; Económico; Banquete; Apología de Sócrates. Madrid: Gredos.) (Xenophon, The Shorter Socratic Writings: "Apology of Socrates to the Jury", "Oeconomicus", and "Symposium," trans. and with interpretive essays by Robert C. Bartlett, with Thomas Pangle and Wayne Ambler, Ithaca: Cornell University Press, The Agora Editions, 1996).
  2. (Banco de la República. (2015). Historia del pensamiento económico.)

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