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Guillermo Eugenio Schmidt Godoy

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Guillermo Eugenio Schmidt Godoy
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Presentación

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Guillermo Eugenio Schmidt Godoy (☆ Tocopilla 4 de enero de 1950-† 12 de septiembre de 2012). “Willy” como le decían sus cercanos, vivió toda su infancia en el puerto nortino junto a su hermano Eric y su padre, quien era oficial de Secretaría de Carabineros.

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Contenido

Su padre, quien también se llama Guillermo Schmidt, fue trasladado a Antofagasta a mediados de los años 60´, por lo que Guillermo entra al Liceo de Hombres, formando parte de un grupo de amigos que se juntaban a tomar cerveza en el “Le Mans”. Ahí conoció a Luis Prenafeta, su mejor amigo.

1969 Cambio de vida

A los 19 años, Guillermo decidio entrar a Carabineros y seguir los pasos de su padre, al menos por un tiempo, pues quería ser profesor.

En los setenta, Guillermo comenzó a sentirse atraído al MIR influenciado por el “Pato del Sur”. Lo mantiene en estricto secreto.

1971

En esos días, el ya carabinero Guillermo Schmidt sirve de escolta a Salvador Allende cuando visita el norte del país junto a Fidel Castro, en 1971.

Sin embargo, dentro de la Cuarta comisaría de Carabineros, Guillermo tiene problemas con los mayores. No les quiere servir, ni dejar viandas, ni lustrar zapatos. Dice que está contratado como carabinero, no como otra cosa.

Uno de los comisarios era más malo que la cresta, nos hacía limpiarle las botas, ponía el pie, tenía gente que le arreglaba la manga de la camisa, era muy abusivo ese hueón. Y había otro que era más o menos, pero también era un vaca, porque el hueón se dejaba mucha comida para él en el casino y cortaba la cola- relata un ex carabinero de la comisaría donde trabajó Guillermo.

1972

El tormento en el trabajo no es muy diferente en la casa, ubicada en el edificio contiguo a la comisaría, en el Colectivo Bolivia. Una tarde de 1972, cuando la familia Schmidt Godoy empacaba para irse a vivir a Santiago –el padre había sido trasladado a la capital- Georgina llora. Su esposo Guillermo le revela que tenía otro amor en la capital, y al otro día se fue para no volver...

1973

11 de septiembre de 1973: Él ya sabía lo que le iba a pasar, pescó la pistola y se la puso detrás, la tenía debajo de la camisa- cuenta González Mena.

Apresurada, Georgina prepara un bolsón para irse a la casa de su hijo, en el centro de la ciudad. Cuando Schmidt entra a la comisaría, inmediatamente efectivos policiales le quitan su arma de servicio. Lo llevan a la oficina del capitán José Héctor Dávila, quien había sido informado por el cuñado de Schmidt de sus reuniones secretas con el MIR, y debía liquidarlo. El plan era matarlo, para hacerlo pasar como que iba a atentar contra ellos.

En esa oficina había varios funcionarios, entre ellos el mayor Osvaldo Muñoz Carrasco. Los gritos de “¡comunista, comunista!” se escuchan en toda la comisaría.

-Hemos hecho cagar a toda la gente de Tocopilla- le dice un carabinero a Guillermo.

12:25: En el calabozo hay tres obreros que habían resistido al asalto militar en el edificio de las Cervecerías Unidas, todos heridos.

"Ya hueón, si los matai, te damos la oportunidad de vivir hueón, vai a estar preso pero vai a vivir y si no, te matamos a voh"- le dice el capitán Dávila, según los testimonios. Schmidt se niega tajante:

-No hueón, yo no mato trabajadores.

El capitán saca una pistola, se la muestra a Guillermo, intentando negociar con él.

Te pasamos la pistola y tu disparai, pero te vamos a apuntar.

Schmidt no la recibe. Los carabineros están al lado, apuntándolo, listos para disparar.

''Yo juré defender mi patria y respeto a la Constitución de Chile, soy un Carabinero y estoy por defender a la patria y para recibir órdenes del Presidente de la República, y no de un hueón que rompe el juramento, no te voy a hacer caso a voh conchetumadre- replica Schmidt, al mismo tiempo que saca el arma de su vecino, que había permanecido escondida.

En segundos, Schmidt dispara directo al corazón del Capitán José Dávila. Una de sus balas perfora el diafragma del Mayor Osvaldo Muñoz, otra le revienta el bazo y la tercera le da en el abdomen. Caen muertos de inmediato y comienza la balacera. Guillermo cae herido, le dan un golpe que le rompe la cabeza dejándolo sangrando. Su cuñado, sin piedad, le dispara en los pies, dejándolo inmóvil. Arrastrándose, el carabinero intenta avanzar al cuarto de armas, pero cae desmayado.

Dónde está Guillermo

Frente a la casa de Georgina estaba la comisaría y allí deja una nota a su hijo Eric, quien está inubicable. En eso, suena una sirena de las ambulancias de carabineros. Están sacando los cuerpos de los oficiales asesinados por Schmidt. Georgina se preocupa y baja corriendo a la comisaría, preguntando a los carabineros sobre lo sucedido, sin recibir respuestas.

-No se preocupe- le dice un oficial- porque el Guillermo está bien.

Georgina partió a la casa de Roxana. Cae la noche y mientras los tres hijos de Guillermo miran dibujos animados en televisión, golpean la puerta de la casa.

-¿Quién es?

-Carabineros.

La cordialidad que tenía con los Carabineros, a quienes conocía por su hijo, desapareció en un instante cuando los uniformados irrumpen violentamente poniendo una metralleta en su estómago.

-¿La señora?- preguntan.

-La señora ya viene… ¡Roxana, Roxana!- grita.

Los carabineros registran completa la casa armados fuertemente.

-¿Por qué tiene tanta leyenda marxista en su casa?- increpa un oficial.

-Porque en la comisaría se las venden para que las lean. No va a encontrar más libros porque los botaron, y yo no vivo acá, vivo en los colectivos- dice Georgina.

Sólo en la noche un mayor le informa a Georgina lo ocurrido con Willy.

-Recé toda la noche porque yo sabía que lo iban a matar. Estuvimos toda la noche, el papá de ella (Roxana) y el hermano, que eran Carabineros, no nos quisieron decir nada. El otro día volvieron a ir a la casa y ahí nos dijeron que a Guillermo lo iban a fusilar…

Interrogatorio

11 de septiembre de 1973: Guillermo es uno de los que sufrieron las golpizas por parte de sus propios compañeros toda la noche. Los interrogadores no tuvieron piedad: tanto era el afán por saber quién más estaba involucrado con el MIR, que le iban arrancando las uñas.

Guillermo, estoico por el dolor, no delataría a nadie. Su suerte ya estaba echada, y lo sabía.

Guillermo Schmidt no tuvo Consejo de Guerra. Esas instancias fueron meros formalismos como preludio al patíbulo que muchas veces los militares no se daban el tiempo de hacerlas. En el caso de Schmidt, era un hecho que ese día moriría, y por eso deciden trasladarlo a la cárcel.

Tuvieron que ponerle pantuflas para suavizar un poco el dolor por sus pies, ahora sin uñas. Cuando lo bajaban al primer piso para subirlo a la furgoneta que lo trasladaría, observa los dos ataúdes de los carabineros que murieron bajo su mano. En un arrebato, escupe desde el segundo piso los féretros. Para él, son unos traidores.

Las últimas horas

En otro lado de Antofagasta, el cuñado de Guillermo guarda un silencio culpable. Su hermana, Roxana, tiene el alma en un hilo por saber la suerte de su marido, y aún no sabe que su propia sangre lo traicionó. Fue él quien delató, apresó y disparó a Schmidt, pero no quiere decir nada. Al poco tiempo, será Georgina, su madre, quien le cuente toda la verdad a Roxana.

Guillermo está encerrado en una celda de la cárcel de Antofagasta. Ya no están sus compañeros cerca, lo entregaron a los gendarmes, quienes aprovechan de torturarlo y golpearlo.

† Su muerte

12 de septiembre de 2012: Cerca de él aún permanece el capellán de Carabineros, Gregorio Centeno. “Willy” le pide al capellán lápiz y papel para despedirse de su madre a través de una nota, que guarda celosamente Centeno para entregarla a Georgina.

Al caer la noche, Guillermo ya está frente al pelotón. Se niega a que lo amarren o lo venden siquiera.

-¡Disparen!- les grita- !Que les quede el consuelo de que matan a un hijo del pueblo!

Son las 22:10 horas.

El día después

13 de septiembre de 1973: reaparecieron los diarios en la ciudad. El Mercurio de Antofagasta titula “Regresa la normalidad”, y en sus páginas interiores informa el bando entregado por Carabineros, al lado de una reseña de los dos oficiales ultimados por Schmidt:

"Ayer 11 del presente a las 12.25 horas, en el interior del cuartel de la Cuarta Comisaría de Carabineros 'Antofagasta' (A), encontrándose el personal acuartelado en primer grado y en piquetes con armamento para salir inmediatamente a intervenciones del mantenimiento del orden público, el funcionario de esa unidad de tendencia extremista, Guillermo Eugenio Smith Godoy, usó un revólver de servicio para ultimar al Comisario, mayor señor Osvaldo Mario Muñoz Carrasco y al subcomisario, capitán señor José Héctor Dávila Rodríguez, a los que sorpresivamente atacó cuando se encontraban en el interior de la oficina del último de los nombrados. Ambos oficiales eran casados, tenían dos hijos cada uno y figuraban en lista número uno de mérito.

Juzgado por los tribunales militares en tiempo de guerra, el criminal confeso de su delito fue fusilado hoy 12 de septiembre".

Quien no pudo soportar la noticia fue su hermano Eric. Las pesadas paredes de cemento de los colectivos temblaban cada vez que golpeaba con rabia y dolor las murallas.

-¡¿Por qué el Willy no pensó!? -gritó llorando Eric.

Su cuerpo

Mientras tanto, Roxana y Eric salieron a buscar el cuerpo de Guillermo a la morgue. Tuvieron suerte, porque los cadáveres de los fusilados no se entregaban a sus familiares, sino que terminaban en una fosa común. Ahí vieron las marcas del dolor de las últimas horas del carabinero. Sus manos y pies sin uñas, moretones por las golpizas en el cuerpo, y un boquerón en la espalda hecho a punta de balazos

Un último adiós

14 de septiembre de 1973: Al regresar a la casa a velarlo, había un desastre. Eric en su rabia había destrozado los artefactos de la casa, desenfrenado por el dolor de saber que nunca más iba a compartir con su querido hermano.

Pusieron el ataúd en el medio del departamento para que lo visitasen las pocas personas que se atrevieron a velar a Guillermo. Georgina notó que desde las afueras, muchos carabineros miraban hacia el departamento. Tapizó las ventanas con frazadas para que no vieran lo que sucedía al interior.

Esa noche, llegó una patrulla militar al primer piso del colectivo Bolivia. Venían a llevarse a Guillermo. Sin embargo, varios de sus ex compañeros carabineros apostados en el colectivo Argentina lanzaban balas al aire para despistar a la patrulla, y evitar que nuevamente Georgina perdiera a su hijo.

15 de septiembre de 1973: Al día siguiente, cuando la carroza fúnebre llevaba el cuerpo de Guillermo rumbo al cementerio, un círculo de carabineros miraba sigiloso en la esquina de la comisaría. Hicieron detener el carro. Georgina estaba aterrorizada.

-Mire, -dijo el oficial- haya pasado lo que haya pasado, Schmidt fue un buen compañero, así que aquí el que caga, caga.

A medida que el carro iba avanzando, sus ex compañeros le presentaron armas y luego volvieron a la comisaría, asustados, pero con el deber cumplido de haber rendido un último homenaje a Guillermo. Lo sepultaron en el cementerio General.

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