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Grifo

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Grifo
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Presentación

Grabado El grifo o Griffin.jpg

Grifo, animal mitológico que tiene la mitad superior de águila, y la mitad inferior de león, normalmente rampante y de perfil; y rara vez se le pinta sentado. Es símbolo de ingenio y grandeza. Animal fabuloso cuya forma varía con el tiempo, si bien es fácilmente reconocible ya que combina un cuerpo de león con cabeza, pecho, alas y garras de águila. La cabeza puede ser de buitre o de león. Las patas pueden ser todas de león o todas de águila o bien aparecer dos y dos.

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Contenido

Es posible también que el cuerpo del felino aparezca alado y sea más pequeño, del tamaño del lobo, y ocasionalmente puede tener cola de serpiente. Otras veces se le atribuía cuerpo de león, pero con cabeza y alas de águila, orejas de caballo y una cresta con aletas de pez.

Por otra parte, la postura del grifo no es uniforme: aparece amenazador y rampante, como custodio de un trono real, como montura de un dios o, simplemente, como un animal de presa. Lo mismo se puede decir respecto a su color.

De todo lo anterior se deduce que el grifo reunía en sí los caracteres físicos de los dos animales más poderosos de la tierra y del aire, el león y el águila.

Era regente del aire y también de la tierra.

Características

Algunos grifos se representan con orejas puntiagudas en la cabeza o plumas en la cola. De acuerdo a los mitos, es ocho veces más grande y fuerte que un león común y no es raro que se lleve a un jinete con su caballo, o a un par de bueyes, que entran en sus patas. Con sus garras se fabrican copas para beber, y con sus costillas arcos para tirar flechas.

Ésta morfología puede presentar variantes: la cabeza puede ser de buitre o, sobre todo en las representaciones mesopotámicas, de león. Las patas pueden ser todas de león o todas de águila, o bien aparecer dos y dos. Es posible también que el cuerpo del felino aparezca alado y sea más pequeño, del tamaño de un lobo, y ocasionalmente puede tener cola de serpiente. Otras veces se le atribuía cuerpo de león, pero con cabeza y alas de águila, orejas de caballo y una cresta con aletas de pez.

Lo mismo se puede decir respecto a su color; el historiador griego Ctesias decía que estaba cubierto de plumas rojas en el pecho y negras en el cuerpo, azules en el cuello y blancas en las alas, pero en época bizantina, cuando el grifo consolida por completo su carácter solar, es totalmente blanco.

Su comida favorita es la carne de caballo, por lo que es frecuente verlos atacando a caballos y levantándolos en el aire con sus poderosas garras.

Se considera que viven en grupos de entre 5 y 30 seres con una organización jerárquica muy similar a la de los leones, donde el más grande y viejo es la cabeza de la manada.

Conforme a un documento escrito en el siglo IX por el irlandés Stephen Scotus, los grifos son monógamos e incluso, si un miembro de la pareja muere, el otro grifo pasará sólo el resto de su vida sin necesidad de buscar un nuevo compañero. Por otro lado, los hábitos de la hembra fueron descritos por Santa Hildegarde de Bingen en el siglo XII, quien afirmaba que la grifo hembra buscaba una cueva donde pudiera poner a salvo sus tres huevos y cuidarlos hasta que éstos eclosionaran.

Los grifos cazan para alimentarse y lo hacen en grupos pequeños de no más de 12 grifos. Pueden combatir en el aire, o lanzándose en picada con el peso de su cuerpo. Los grifos tienen características de los dos animales de los que está formado, por parte de las águilas tiene una vista y un olfato muy desarrollados. Su parte de león le lleva a vivir en manadas, dentro de las cuales siempre hay un líder. Suelen vivir en montañas rocosas, construyendo sus inmensos nidos en las laderas. Estos nidos están hechos de ramas y hojas.

Pueden ser entrenados como monturas, pero es una tarea que requiere cierto tiempo. Una vez entrenados, los grifos son leales y defienden a su jinete hasta la muerte. Son muy valientes y luchan con toda criatura a la que consideren una amenaza sin pensárselo dos veces. El jinete y grifo quedan unidos de por vida.

Tienen un odio visceral por los caballos.

Origen

Una hipótesis plantea que el origen real del grifo como criatura mitológica se encuentra en los numerosos restos fósiles de dinosaurios pertenecientes a la familia Ceratopsidae, que se pueden encontrar en gran número en los desiertos de Asia central, especialmente Mongolia.

Los esqueletos aplastados de estos dinosaurios, de boca en forma de pico ganchudo, amplios huesos escapulares, cola larga y patas con pezuñas de varios dedos pueden haber dado lugar a una interpretación de los dueños de esos esqueletos convirtiéndose en criaturas mitológicas a falta de un referente.

Desde hace más de 6,000 años, el Grifo está presente en la iconografía y en el arte del Mediterráneo y de Oriente Medio. Nunca, en todos esos siglos, ha sido dejado en el olvido, cosa realmente extraordinaria si tenemos en cuenta que jamás el Grifo ha sido elevado a categoría de mito, a diferencia de otros animales fantásticos protagonistas de grandes hazañas.

El Grifo une en su figura los dos animales que, más que ningún otro, encarnan la fuerza, la belleza y el poder: el águila y el león. La creencia en estos seres se remonta al antiguo Egipto alrededor del 3,300 a.C. sin embargo, hay quienes afirman que son más antiguos y existen referencias en las culturas babilónica, asiria y persa.

Plinio el Viejo creía que los grifos provenían del norte de Rusia; Esquilo, por su parte, pensaba que provenían de Etiopía, mientras que Bulfinch afirmaba que sus orígenes se encontraban en India. Heródoto, por su parte, creía que la leyenda del grifo provenía del pueblo mítico del los Isedones que vivían en los Montes Urales.

Parece tener su origen en Oriente próximo, pues se le encuentra en las pinturas y esculturas de los antiguos babilonios, asirios y persas. También se encuentran representaciones de grifos en la pintura minoica, como en el famoso sarcófago de Hagia Triada.

Es en Grecia donde aparece por primera vez el motivo de la lucha entre los hombres y los grifos en un poema del siglo IV a.C., titulado Arimaspeia, del que por desgracia no se conservan más que seis versos. El autor del relato, el poeta Aristea de Proconeso, cuenta su viaje hacia el país de los hiperbóreos, la tierra del dios Apolo, quien le había inspirado su obra. Durante el camino se había encontrado a los arimaspos, unos extraños seres ciclópeos, en lucha perpetua con los grifos para apoderarse del oro que éstos custodiaban.

Un siglo más tarde el historiador Heródoto retomó la historia y escribió que los grifos construían nidos de oro.

Llegada del Apolo Hiperbóreo a Delfos

Una leyenda griega relata que el dios Apolo había ido a buscar grifos y había regresado a Grecia cabalgando sobre los lomos de uno de ellos. Estaban consagrados a Apolo y vigilaban sus tesoros para protegerlos de los Arimaspos. También custodiaban las cráteras de vino de Dionisio.

Llegada del Apolo Hiperboreo a Delfos.jpg

Cerámica: oinochoe con figuras rojas (forma 2) con boca de trébol.

En el centro, el Gryphon se coloca a la izquierda con las alas y el antepié derecho levemente levantado, como si estuviera simplemente bajando; sentado sobre su espalda, justo detrás de las alas, está Apolo, una figura sin barba con el pelo corto enroscado en las orejas (?), con una corona de laurel y un manto alrededor de las extremidades inferiores; a lo largo de su brazo izquierdo lleva una larga rama de laurel con tres ramas, y coloca su mano derecha sobre el cuello del grifo. A la izquierda, Artemisa en chiton atado, aretes, collar y saccos, sosteniendo un arco en la izquierda, avanza y ofrece a Apolo con su derecha una flauta acanalada. A la derecha, Leto se para en la cara de tres cuartos a la izquierda mirando, sosteniendo en su mano izquierda un cetro, en su derecha colgando a su lado, un filete o una rama con cuentas; ella lleva un chiton largo atado con apoptygma, un collar, aretes y un filete irradiado; Su pelo está anudado en la espalda.


Un mito más reciente cuenta que se encargaban de velar por el oro que había en los desiertos del norte de la India. La razón de esta vigilancia podía deberse al deseo de proteger sus crías, puesto que ponían sus nidos en las montañas de las cuales se extraía el preciado metal.

Los romanos lo usaban simplemente con propósitos decorativos en frisos y en patas de mesa, altares y candelabros. El motivo del grifo se utilizó en los primeros tiempos del cristianismo en los bestiarios (o alegorías de animales) de san Basilio y san Ambrosio. Réplicas de piedra sirven con frecuencia como gárgolas en la arquitectura gótica de la baja Edad Media.

En el Libro de Alexandre, reconstrucción fantástica de la vida del emperador Alejandro Magno, una leyenda asegura que Alejandro Magno (356-323 a.C.), después de conquistar la mayor parte del mundo conocido, quiso ver cuan grandes eran sus dominios pero eso no podía verlo a ras de suelo y decidió elevarse en el aire para poder contemplar toda la tierra conquistada.

El macedonio, ya conquistada la tierra, decide emprender la conquista del cielo; asciende a una elevada montaña cercana al Mar Rojo y ordena construir una especie de cesto que sujeta con cadenas a unos grifos. Alejandro idea entonces una treta para conseguir que los grifos levanten el vuelo. Sentado en el interior de la barquilla, sujeta en sus manos dos largas pértigas de madera en cuyo extremo había colocado unos trozos de carne que caían justo delante del pico de los animales; así pues, éstos, en su afán de alcanzarla, echan a volar.

Después de sobrevolar la tierra durante el tiempo suficiente para verla como una isla rodeada del océano, la extraña aeronave cayó al agua, al parecer sin consecuencias trágicas para el rey. Se trata éste de un motivo recurrente en la iconografía mundial a lo largo de la historia.

A través del Tiempo

Grifo.png

Con el paso del tiempo, los caracteres del grifo se fueron definiendo. Quedó convertido en un ave cuadrúpeda de enormes garras, con uñas del tamaño de los cuernos de un buey, capaces de aferrar el cuerpo de un caballo o de un hombre completamente armado y transportarlo por los aires (las garras eran tan grandes que se podía fabricar una taza o un vaso con cada una de ellas; de hecho, durante la Edad Media se comerció frecuentemente con supuestas garras de grifo, en la creencia de que cambiaban de color si se introducía un veneno en ellas).

Cuando el grifo echaba a volar, el viento que producían sus fuertes alas bastaba para derribar a los hombres. Los grifos vivían en los montes Hiperbóreos, en algún punto de Escitia, en lucha constante con los arimaspos, los cuales intentaban robarles el oro y las esmeraldas que colocaban en su nido como talismán contra las alimañas venenosas del monte. Los enemigos naturales del grifo eran los hombres, a los que no temía en absoluto, y los caballos. De su enorme hostilidad hacia este animal da cuenta el hecho de que Virgilio no encuentra imagen más significativa para describir las bondades de la Edad de Oro que decir que en esta época incluso los caballos se mezclaban con los grifos (posteriormente esta idea hará fortuna en la figura del Hipogrifo).

Leyendas

Grecia

Es en Grecia donde aparece por primera vez el motivo de la lucha entre los hombres y los grifos en un poema del siglo IV a.C., titulado Arimaspeia, del que por desgracia no se conservan más que seis versos. El autor del relato, el poeta Aristeas de Proconeso, cuenta su viaje hacia el país de los hiperbóreos, la tierra del dios Apolo, quien le había inspirado su obra. Durante el camino se había encontrado a los arimaspos, unos extraños seres ciclópeos, en lucha perpetua con los grifos para apoderarse del oro que éstos custodiaban. Un siglo más tarde el historiador Heródoto retomó la historia y escribió que los grifos construían nidos de oro.

Edad Media

La segunda leyenda relacionada con el grifo aparece ya en época medieval, en el Libro de Alexandre, reconstrucción fantástica de la vida del emperador Alejandro Magno, en la cual el macedonio se convierte en un héroe en el que confluyen motivos religiosos, caballerescos, legendarios, etc., capaz de realizar numerosas proezas. Entre ellas está la de enganchar en su carruaje dos grandes grifos.

El macedonio, ya conquistada la tierra, decide a emprender la conquista del cielo; asciende a una elevada montaña cercana al Mar Rojo y ordena construir una especie de cesto que sujeta con cadenas a unos grifos. Alejandro idea entonces una treta para conseguir que los grifos levanten el vuelo. Sentado en el interior de la barquilla, sujeta en sus manos dos largas pértigas de madera en cuyo extremo había colocado unos trozos de carne que caían justo delante del pico de los animales; así pues, éstos, en su afán de alcanzarla, echan a volar. Después de sobrevolar la tierra durante el tiempo suficiente para verla como una isla rodeada del océano, la extraña aeronave cayó al agua, al parecer sin consecuencias trágicas para el rey. Se trata éste de un motivo recurrente en la iconografía mundial a lo largo de la historia que, como el anterior, no ha permanecido en el imaginario colectivo.

  • El Libro de Alexandre es una obra en verso del primer tercio del siglo XIII, que narra, con abundantes elementos fabulosos, la vida de Alejandro Magno. Está escrito utilizando la cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo alejandrino y se incluye en la escuela poética denominada mester de clerecía. Se compone de 2.675 estrofas y 10.700 versos.

Símbolo

Hebreo

Los antiguos hebreos consideraron que el grifo representaba Persia y su religión binaria, el zoroastrismo, pero básicamente el grifo fue siempre -como tantos otros híbridos- una figura guardiana.

Creta

Representó la valentía vigilante, y así también lo consideraron los antiguos griegos, convencidos de que los grifos protegían los tesoros de oro en Escitia e India.

Roma

Para los romanos, fue el emblema de Apolo, el dios del sol, y estuvo relacionado con Atenea, diosa de la sabiduría y con Némesis, diosa de la venganza.

Cristianismo

Con la llegada del cristianismo, el grifo se convirtió en la imagen de venganza y la persecución y, ya en época medieval, fue uno de los pilares de los bestiarios cristianos, pues pasó a simbolizar la naturaleza dual (humana y divina) de Cristo. En cualquier caso, el grifo siempre mantuvo su carácter guardián pues imágenes suyas en piedra (a modo de górgolas) custodian frecuentemente los templos y palacios en la arquitectura gótica de la Baja Edad Media.

En realidad, toda esta enorme difusión del grifo parece deberse a su aspecto formal, elegante y vigoroso, el cual se presta a un papel emblemático y simbólico, antes que a una fabulación mítica. Esta es quizá la razón que explica el dilatado uso de esta figura en heráldica, donde siempre ha representado la fuerza y la vigilancia.

En la cristiandad medieval, el hecho de combinar una bestia terrenal con un ave propició su utilización como símbolo de las cualidades humanas y divinas de Cristo. Por esta razón, en las iglesias solían esculpirse imágenes de grifos.

Puesto que, según la leyenda, los caballos eran las presas favoritas de los grifos, cuando las dos especies copularon, el resultado de su unión resultó raro y fabuloso. Tal como los concibe el folclore medieval europeo, el hipogrifo en parte caballo y en parte grifo. Al igual que este último, la criatura tiene cabeza y pico de águila, y garras y alas cubiertas de plumas. Sin embargo, el resto de su cuerpo es de caballo.

Del grifo deriva el hipogrifo, resultado de la unión entre un grifo y una yegua. El hipogrifo era una de las criaturas favoritas de los poemas y fábulas medievales. En el poema épico Orlando Furioso (1,516), del autor italiano Ludovico Ariosto, aparece una de estas criaturas. El animal, que resulta un excelente caballo capaz de volar a la velocidad del rayo se convierte en corcel del mago Atlante y transporta a los héroes de los poemas durante los rescates de las doncellas. En la actualidad, esta criatura está despertando un nuevo interés debido al papel que desempeña el hipogrifo Buckbeak en la saga Harry Potter.

Al igual que los dragones, se decía que los grifos custodiaban tesoros y eran especialmente feroces a la hora de defenderlos. Suelen aparecer en los bestiarios y son emblemas del coraje regio, tal como demuestra su inclusión en los escudos de armas. Representa convencionalmente la fuerza, el valor y la vigilancia.

Mitología Griega

Hipogrifo.jpg

Según la mitología Griega sus principales características se repiten una vez más, como ya lo detallamos anteriormente como un ave gigantesca, la más grande de todas las especies. Tenia la cabeza parecida al águila, de color oro y el cuerpo de león, de color blanco, su vista era muy aguda, es fuerte y ágil. Cuando agitaba sus alas, levantaba tanto viento que ara capaz de derribar a una persona. Con sus enormes garras pueden atrapar cualquier presa por grande que sea. Los Grifos tienen fama de codicia y rapacidad, son crueles y enemigos de los hombres y de los caballos.

La mitología griega asociaba el brillo de su oro con el sol, la leyenda cuenta que estas aves estaban consagradas a APOLO el dios del sol, de cuya carrozaba tiraban a través del cielo, y custodiaban el tesoro que pertenecía a este dios. También se les relaciona con Dionisio, dios del vino, como protectores y guardianas del vino.

En las Heraldicas

Heráldica

Animal mitológico, símbolo de ingenio y grandeza. Todos los blasones que poseen un Grifo, denotan pertenecer a un linaje en el que sus miembros destacaron por su ingenio durante su vida. Otro término heráldico es "Grifado"; en el diccionario heráldico su definición es, "escudo sembrado de Grifos.

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