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Francisco Bilbao

175 bytes añadidos, 23:14 16 jun 2018
El Juicio 1844
== El Juicio 1844 ==
El [[20 de junio en Chile|20 de junio de 1844]], con una gran claridad en sus ideas de reivindicaciones sociales, es sometido a juicio Francisco Bilbao. Temprano por la mañana, la Plaza Mayor de Santiago, empieza a colmarse de diversos grupos, lo que llego a convertirse en un tumultuoso juicio.
Con serenidad y altivez, propia de las más nobles causas, con su melena suelta al viento y su corbata bohemia caída sobre el pecho, Bilbao atravesó la plaza hasta avanzar frente a la sala para tomar asiento en la banco de los acusados. A un lado, los aristócratas con sus lujosos trajes y enjoyados dedos. Más allá, los liberales pacatos luchando entre su posición y su conciencia. Y en otro sector, la gente del pueblo, sencilla junto a los estudiantes del Instituto Nacional, quienes comentaban la actitud del joven acusado. Al fondo, el jurado.
''“Señores del Jurado, no soy blasfemo, porque amo a Dios; no soy inmoral, porque amo y busco el deber que se perfecciona; no soy sedicioso, porque quiero evitar la exasperación de mis semejantes oprimidos...” “...diviso un día en que mi Patria, impulsada por la actividad humana, arrojará una mirada sobre mí y esa mirada iluminará mi nombre. La Sociedad ha sido conmovida en sus entrañas. El lugar en que nos hallamos y la acusación que se me hace, revelan el estado en que nos encontramos en instituciones y en ideas. Aquí hay dos nombres enlazados por la fatalidad histórica y que rodarán, en la historia de mi Patria. Entonces veremos, el señor fiscal y yo, cual de los dos cargará con la bendición de la posteridad. La filosofía tiene también su código y este código es eterno. La filosofía os asigna el nombre de retrógrados y bien: ¡innovador! ¡he ahí lo que soy! ¡retrógrados! ¡he ahí lo que sois!''.
Con los ojos centellantes de emoción, seguía de pie. Tieso como un mástil, pálido, revuelto el cabello, esperaba al jurado. Al cabo de un rato, ceremoniosamente, éste entraba en la sala para entrega su veredicto: se le condena "en tercer grado como blasfemo e inmoral ", y, además, a pagar una multa de $1.200 pesos, cantidad bastante apreciable en esos tiempos, los que fueron cancelados con una colecta pública; lo cual muestra que sus ideas fueron populares o, mejor aún, que había ya suficientes hombres en Chile dispuestos a defender su derecho a expresarlas. A su vez fue expulsado del Instituto Nacional y el libro impreso fue mandado quemar por mano del verdugo.
Luego, los partidarios de Bilbao, lo sacaron en andas por las calles de la ciudad, cantando y pregonando la nueva verdad, por todas las principales calles de [[Santiago]]. Su artículo fue quemado públicamente al mismo tiempo que era excomulgado por los sacerdotes más exaltados de la época.
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