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La Gran Depresión en Chile (1929-1932)

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1930
Esta aparente prosperidad con endeudamiento, llegó a su fin con la crisis económica internacional, que comenzó en octubre de 1929 con el derrumbe de la Bolsa de Nueva York. La crisis del mercado de valores provocó una falta de liquidez que llevó a una drástica caída de los precios internacionales de las mercancías y de la mayoría de los activos, ocasionando -en último término- una crisis bancaria a escala mundial, especialmente en los países con sistema de patrón oro. A comienzos de 1930, las consecuencias del hundimiento de la bolsa de valores estadounidense fueron vistas como algo temporal; sin embargo, a mediados de 1932, ya nadie tuvo duda que se estaba en presencia de la mayor crisis económica de la historia, siendo bautizada como la Gran Depresión.
*En Chile la mayor parte de las políticas económicas de la administración Ibáñez fueron financiadas con préstamos norteamericanos, otorgados con grandes facilidades de pago. Esta situación supeditó a la economía de Chile a los vaivenes del comercio internacional y a las variaciones del valor del dólar, amenazado constantemente por las tensas relaciones europeas de la posguerra.
== 1930 ==
El impacto de la crisis mundial en el país se dejó sentir con fuerza entre 1930 y 1932, estimándose por un informe de la Liga de las Naciones (World Economic Survey) que nuestra nación fue la más devastada por la Gran Depresión.  El panorama económico chileno se complementaba con una industria del salitre cuyo principal cliente era los Estados Unidos, lo cual profundizaba la dependencia chilena de la economía mundial y de los mercados globales, amén de los estragos que produjo la aparición del salitre sintético, disminuyendo brusca y drásticamente la venta de la principal fuente de riqueza del país en esos tiempos. La crisis económica mundial de 1929 hizo remecer a la economía chilena, ya que resintió a todas las actividades productivas, afectando los ingresos fiscales y las divisas. Chile fue uno de los países más golpeados por esta crisis, sobreviniendo entonces la paralización de faenas, la cesantía y las quiebras. Se produjo una intensa agitación política y social contra el Presidente Ibáñez, quien renunció en julio de 1931, sumiendo de paso al país en un período de gran anarquía nacional. Ibáñez se convirtió en aliado de los norteamericanos. A éstos les aseguró los monopolios del cobre, de la energía eléctrica, del salitre, de los tranvías y del comercio. El caso de la Compañía Salitrera de Chile (Cosach), es un ejemplo típico: fue formada en julio de 1930, entregándole el 50 por ciento de las utilidades salitreras a los capitalistas norteamericanos, además de asegurarles gran parte de las reservas, suprimiendo los pagos por derechos de exportación (entre 1929 y 1930 se exportaron 2.898.141 toneladas métricas). Se calcula que, en 1930, las inversiones directas del capitales norteamericanos en Chile sumaban 729 millones de dólares, seguidos por los ingleses, que tenían inversiones por 330 millones, y los alemanes, con 125 millones de dólares. El balance del ejercicio del comercio exterior chileno, entre 1927 y 1933, arroja un resultado bastante expresivo: un superávit de 2.853.776 pesos de 6 peniques. Ese superávit, sin embargo, jamás ingresó al país, debido a que eran utilidades de las empresas de comercio exterior de propiedad extranjera, tales como la Duncan Fox, la Grace & Cía, la Weir Scott, etc. Los primeros años de Ibáñez mostraron una notable bonanza, que permitió emprender algunas reformas de carácter económico, dándose paso al Instituto del Crédito Industrial, con el fin de estimular la inversión hacia la industria liviana. Se crearon cooperativas agrícolas, se incentivó el crédito hacia los pequeños propietarios agrícolas, además de establecer varias barreras tarifarias. Para estimular el empleo, se solicitaron varios empréstitos a la banca extranjera, para desarrollar un gran plan de obras públicas. El gobierno recibió nueve empréstitos, que provocaron una mayor subordinación de la economía chilena. Todas estas medidas crearon una sensación de progreso y optimismo, que favoreció la estabilidad del gobierno durante los primeros dos años. Sin embargo, todo ello se desplomó abruptamente, a partir del 29 de octubre de 1929, cuando se produce el desplome en la Bolsa de Valores de Nueva York, dando paso a la Gran Depresión, que afectó profundamente la economía mundial, durante los años siguientes. La doble dependencia que la economía chilena tenía del mercado mundial (los préstamos foráneos y la venta del salitre) causó que nuestro país se viera fuertemente remecido por la crisis de 1929, puesto que el brusco descenso de la demanda de salitre generó una escasez de fondos que impidió a Hacienda pagar las cuotas relativas a los empréstitos comprometidos en el extranjero. Se calcula que más del 25 por ciento de la población quedó en la extrema miseria. Informes de organismos internacionales señalan que durante la Gran Crisis Chile tuvo los índices de mortalidad infantil y de tuberculosis más altos del mundo. La paralización de las fuentes productivas mineras y agrícolas provocaron la emigración hacia las ciudades, que se vieron invadidas de personas deambulando, en busca de comida y un lugar de abrigo, que incluso morían en los sitios públicos de frío y hambre. Toda la estructura económica y social del país se vio convulsionada, lo que traería consecuencias políticas e inestabilidad social. El gobierno ya había tenido sus primeros problemas, enfrentando las conspiraciones de sus opositores. En septiembre de 1930, se había conocido el complot del avión rojo, protagonizado por disidentes en el exilio, encabezados por Alessandri y Grove. Esto como consecuencia de la formación en Buenos Aires, en mayo de 1929, de un Comité Revolucionario, compuesto por exiliados, dirigido por el general en retiro Enrique Bravo. Entre los conjurados se encontraban [[Marmaduke Grove|Marmaduque Grove]], Pedro León Ugalde, Carlos Vicuña Fuentes, etc. Éstos establecieron contactos con la guarnición militar de Concepción, bajo el mando de general José María Barceló. Los conjurados fracasaron. Llegaron a Chile en un avión trimotor Fohher de color rojo, que aterrizó en Concepción. Apresados los pasajeros del avión rojo, algunos fueron relegados a Isla de Pascua y otros deportados a los países vecinos. Sin embargo, lo que las conjuras no pudieron, lo lograría la crisis económica. El gobierno, al declarar la moratoria de la deuda externa (no pagarla), no hizo más que acelerar la crisis. Junto con ello se redujo drásticamente el gasto público, afectando incluso al personal de las fuerzas armadas, sostén del régimen. 
== 1931 ==
Las exportaciones de salitre y cobre se derrumbaron, provocando graves consecuencias sobre la economía interna, al caer los ingresos fiscales y disminuir las reservas. A mediados de 1931, la situación económica del país pareció tocar fondo, obligando a la suspensión del pago de su deuda externa por primera vez en la historia: un 16 de julio de 1931.
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