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El caso de la torpedera Quidora

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  El caso de la torpedera Quidora   Bienvenido a Departamento Historia de Chile  

28 de noviembre de 1967

La Verdad sobre el Caso “Quidora”

Santiago, 22 de diciembre de 1968.” Publicada en el diario El Mercurio del 31 de diciembre de 1968

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1.-He esperado en silencio durante un año que se aclaren y definan, por medio de un sumario, las causas que motivaron mi retiro de las filas de la Armada, dispuesto por el Supremo Gobierno a fines del año pasado. Durante el mismo tiempo he aguardado con paciencia una entrevista con el Presidente de la República, solicitada por conducto regular y reiterada numerosas veces, a través del Comandante en Jefe de la Armada, senadores y edecanes del Primer Mandatario. Ha transcurrido demasiado tiempo y no he sido escuchado ni se me ha hecho justicia, después de haber tomado una medida arbitraria en contra mía, que afecta mi nombre y el prestigio de mi familia. Para mi el tema tiene permanente actualidad y hoy hastiado de tramitaciones y esperas deseo aclarar algo acerca del tan bullado y tergiversado incidente ocurrido en el canal Beagle el 28 de noviembre de 1967, durante un patrullaje de rutina efectuado por la torpedera “Quidora”, en aquel entonces bajo mi mando.

2.-28 de noviembre de 1967: Zarpé con la torpedera para cumplir una serie de tareas. Como podía elegir libremente la ruta, decidí navegar el paso Eclaireurs o el paso Romanche, los cuales indudablemente se encuentran en aguas chilenas. Elegí esta ruta con fines de patrullaje, lo que se verá fue muy oportuno.

3.-Desde la distancia observé que aviones argentinos efectuaban ejercicios de bombardeo en el canal Beagle. Me acerqué para investigar y verificar este insólito hecho y comprobé que efectivamente dos aviones de la Armada argentina practicaban puntería contra los islotes chilenos Bridges y Despard. Con esto, la navegación por los pasos que yo había elegido estaba interrumpida. Quedaba entonces sólo dos caminos a seguir: devolverme o continuar en la dirección previamente decidida. Elegí, por lógica y dignidad, seguir adelante, a pesar de que eso involucraba acercarse a Ushuaia. Ordené alistar, por precaución, los cañones antiaéreos y seguí navegando en la dirección que llevaba, hasta que terminó el ejercicio. El imperativo de las circunstancias me obligó a acercarme a Ushuaia, pero en ningún momento entré en la bahía de Ushuaia a ver una supuesta novia, como se ha dicho estúpidamente, SIEMPRE NAVEGUÉ POR AGUAS CHILENAS.

4.-Posteriormente se continuó la travesía. Los aviones sobrevolaron las cercanías del buque, alejándose definitivamente a su aeropuerto cuando se les apuntó con los cañones.

5.-La parte fundamental, importante y grave de todo esto y que no ha sido mencionado en la prensa, radio ni televisión, es que las aeronaves argentinas violaron abiertamente el statu quo y el acuerdo suscrito por Chile y Argentina de no efectuar demostraciones bélicas en el canal, mucho menos haciendo ejercicios de combate.

6.-Cuando regresaba a Puerto Williams, en la noche del mismo día, avistamos al patrullero argentino “Irigoyen”, lo cual no fue novedad, ya que en muchas ocasiones anteriores nos habíamos encontrado con este patrullero y otros buques argentinos en el área. En esta oportunidad trató de seguirme, aunque por su poca maniobrabilidad no pudo hacerlo. Luego de navegar nosotros en círculo alrededor de él, decidí continuar mi travesía considerando que no habría novedades. Al encontrarnos nuevamente frente al paso Eclaireurs, el señalero me indicó que el otro buque tenía izada una señal internacional que significa “paso infranqueable”. Como esto venía a constituir una afrenta y yo no podía obedecer sus pretendidas imposiciones, decidí cruzar este paso.

7.-Cuando iniciaba el cruce, el “Irigoyen” disparó al aire, pretendiendo según supuse, obligarme a no franquear el paso. Inmediatamente ordené alistamiento para el combate y continué navegando por donde me había propuesto, para demostrar mi derecho a emplear estas aguas. Una vez franqueado el “paso infranqueable”, continué en dirección a la base naval de Puerto Williams y dimos por terminada una misión más de rutina. LO QUE OCURRIÓ DESPUÉS Informé a mis superiores de lo ocurrido. Al día siguiente un avión de la FACh fue a buscarme para conducirme a Santiago con el objeto de aclarar la situación.

Después de declarar ante la superioridad de la Armada, el Comandante en Jefe me ordenó: “Restituirme a mi buque y reasumir el mando, dándose por terminadas las investigaciones”. Se me confirmó en mi cargo con todas las prerrogativas y honores del rango. Un mes más tarde, luego de haber continuado normalmente como comandante de la “Quidora”, navegando por la zona y cumpliendo diversas misiones, recibí orden de entregar el mando del buque. En Santiago, el mismo Comandante en Jefe de la Armada que me había confirmado en mi puesto, me comunicó que por orden del Presidente de la República se disponía mi retiro de las filas de la Armada y se me mostró, como confirmación, un decreto ya firmado y tramitado. No hubo sumario ni mayores investigaciones. No viene al caso entrar en detalles sentimentales sobre la impresión que me causó esta inesperada resolución, totalmente contraria a lo que se había dispuesto y contra todo principio de nobleza y justicia. Inmediatamente pedí permiso para hablar con el Presidente de la República, pues se me informó de que él había dispuesto mi retiro.

Hasta la fecha no he logrado ser recibido aunque he concurrido personalmente a La Moneda en cinco oportunidades. Tampoco se ha efectuado el sumario correspondiente. Al Ministro de Defensa Nacional, señor Juan de Dios Carmona, le pedí aclararme los cargos específicos en mi contra que justificaran mi retiro. Me manifestó que yo había desobedecido instrucciones pertinentes de evitar roces e incidentes con Argentina. Eso no es efectivo. Había instrucciones al respecto y yo las obedecí hasta los límites máximos aceptables. El Ministro, después de escucharme, se comprometió a disponer una revisión del caso, manifestándome que se trataba de un retiro temporal. Hasta el momento no se me ha citado para obtener mayores informaciones. Se me recomendó, además, no asistir a manifestaciones que se estaban organizando en la Armada, en el comité Patria y Soberanía y entre civiles que demostraban su adhesión. Acepté esta recomendación por lealtad, estimando que no debía dársele mayor publicidad a este asunto. Comencé a esperar confiado en una pronta reincorporación. Como ha transcurrido un año y no he sido llamado a servicio, me considero a partir de hoy, 22 de diciembre de 1968, definitivamente fuera de las filas de la Armada. He hecho las anteriores declaraciones hablando con especial cuidado en primera persona, para dejar claramente establecido que tengo la responsabilidad absoluta de las resoluciones tomadas en el canal Beagle, el día 28 de noviembre de 1967.

Para terminar, quiero agregar lo siguiente:

  • a)Fui enviado a Europa, en 1965, para vigilar la construcción de la torpedera “Quidora”. En Chile navegué veinte mil millas a su bordo, durante dos años, con una excelente dotación de oficiales y tripulación, a los que tuve el privilegio de conducir en las permanentes y delicadas labores que cumple la Flotilla de Torpederas, navegando por los mares más tormentosos del mundo.
  • b)El año 1967 estuve calificado en Lista 1 sobresaliente.
  • c)El resumen de mi hoja de servicios fue el siguiente: “Oficial que ha tenido un excelente desempeño como comandante de torpedera. Se distingue por su iniciativa, sentido del deber y vocación profesional”.}
  • d)Para el año 1968 estaba nombrado ayudante del Comandante en Jefe de la Escuadra. Leonardo Prieto Vial, ex comandante de la torpedera “Quidora”.

Fuentes y Enlaces de Interés

  • Santiago, 22 de diciembre de 1968.” Publicada en el diario El Mercurio del 31 de diciembre de 1968

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