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El Partenón

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Presentación

Partenon vista aerea.jpg

El Partenón (literalmente «la residencia de las jóvenes»,[1] es decir, aquí «la residencia de Atenea Partenos»).

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Contenido

Es uno de los principales templos dóricos que se conservan, construido entre los años 447 y 432 a. C., sus dimensiones aproximadas son: 69,5 metros de largo, por 30,9 de ancho; las columnas tienen 10,4 metros de altura. Está dedicado a la diosa griega Atenea, a la que los atenienses consideraban su protectora.

Pocas frases son más adecuadas para resumir la belleza de los monumentos de la Acrópolis de Atenas, y en especial del Partenón, que la que escribiera Plutarco hace más de dos mil años: «De tal manera brilla siempre en ellos una flor de juventud que ha preservado su aspecto del paso del tiempo. Parece como si estas obras tuviesen un soplo siempre vivo y un alma inaccesible a la vejez»

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La Acrópolis, símbolo de la gloria de Atenas

El momento de máximo esplendor ateniense se inicia con Pericles, tras la guerra con Persia, quien a poco de ser elegido como primer magistrado encarga a Fidias la dirección de las obras necesarias para la reconstrucción de la Acrópolis.

Ello tuvo como objetivo simbolizar la victoria de Grecia sobre la barbarie y del nuevo predominio de Atenas sobre la Hélade, financiado su proyecto con el tesoro de la Liga Délica, es decir del dinero aportado para la guerra por las ciudades que se encontraban aliadas.

Sin lugar a dudas, desde el neolítico, La Acrópolis ateniense, había servido de refugio y fortaleza natural para el asentamiento de la población. La misma estaba situada en una colina rocosa, en el sur del país. Durante siglos, sucesivos templos fueron levantándose sobre ella, aunque muchos fueron destruidos en épocas de guerras. Los orígenes de esta ciudad hunden sus raíces de forma tan profunda en la tradición griega y su vinculación con antiguas leyendas sobre su fundación.

Por ejemplo, su nombre actual proviene de una disputa entre dioses (Poseidón y Atenea) por conseguir el dominio de tan hermoso lugar. Estos acontecimientos y la disposición de los edificios dan un aspecto “desordenado” a la polis, ya que el único elemento articulador del espacio era la vía procesional, relacionada con los ritos más importantes que se llevaban a cabo en la misma.

Fidias

Fidias

Fidias (Plantilla:Icono Atenas, h. 490 a.C.-† ?, 431 a.C.) , un gran escultor fue el encargado designado por Pericles, de la supervisión y direccion de las obras de reconstrucción de la Acrópolis. La primera en iniciarse fue el Partenón, siguió luego la de los Propileos, luego el templo de Atenea Niké y por último el Erecteion. Una vez concluidos los mismos, el aspecto general de la polis era diferente a la actual, los templos ya no estaban asilados, sino al contrario pasaron a estar insertos en un conjunto armonioso ornado por un sin fin de estatuas de bronce o piedra. Es así, como entre ellas la mas significativa fue la Atenea Prómaco, magnifica obra de Fidias, que se caracterizaba por su gran altura en todo el lugar (9 metros) y a la que los navegantes podían ver desde las aguas.

437 y 432 a.C.

La Acrópolis ateniense, levantada entre 437 y 432 a.C., fue diseñado por Mnesides y consiste en un pasadizo entre columnas con dos alas desiguales a los lados: una destinada a pinacoteca y otra a biblioteca, que no llegó a completarse. Pero sin lugar a dudas, en Grecia todos los conjuntos religiosos tenían estructuras más o menos similares.

De estilo dórico, planta rectangular y realizado en mármol del Pentélico, el Partenón fue construido en época de Pericles por los arquitectos Ictino y Calícrates. Era un templo dedicado a la diosa Atenea Parthenos, a cuyas manos se confió el destino de la ciudad, y estaba dividido en un "pronaos" -primera nave-, que daba paso a la "celia" -nave central-, desde la que se accedía al "partenon" recinto que contenía el tesoro de la deidad. Al oeste, se erigía el "opistodomos" -nave posterior, simétrica de la "pronaos"-, que completaba el conjunto. La decoración de sus frisos y "metopas" -espacio que media entre dos triglifos en el friso- fue realizada por Fidias y sus más destacados discípulos.

El templo de la diosa doncella

La Atenea Parthenos o “virgen”, con su majestuosa altura (12 metros), fue otra de las grandes esculturas de Atenea para la Acrópolis llevada a cabo por Fidias. El mismo lo realizo en madera y lo revistió de marfil y oro, más precisamente en marfil la parte visible del cuerpo, y en oro traje y ornamentos. Es de aquí donde subyace la idea de construcción del Partenón, edificio principal de todo el conjunto con motivo de cobijo hacia dicha estatua. Esta obra magma, fue realizada por los arquitectos Ictinos y Calícrates, quienes emplazadores el nuevo templo sobre la parte más elevada de la roca, en los años 447 hasta el 435 a.C.

El Partenón, se caracteriza por su imagen de perfección, exactitud que proviene del estilo dórico con algunos toques jónicos. Es considerado el edifico cumbre dentro del proyecto de Pericles, levantado sobre otro templo cuya firmeza data de las guerras medicas, el Hecatompedón, del cual además se aprovecharon algunos materiales.

El templo, peristilo, tiene la proporción clásica de un número de columnas, es decir ocho en este caso, en su parte más estrecha y el doble más una, es decir, 17, en su lado más largo. Concebido en un recinto de mármol con cimientos de caliza. Cada columna mide 10,43 metros de altura. Por su parte, sobre una base de tres escalones, las columnas sostenían un entablamento compuesto por arquitrabe sobre el que se asentaba el friso de triglifos y metopas. En la parte frontal del templo aparecen los frontones, bajo cada uno de ellos hay 14 metropas. El frontón oriental representaba el nacimiento de Atenea y el occidental recordaba la disputa de la diosa con Poseidón.

El Partenón, además en su interior, comprende un pronaos precedido por una hilera de seis columnas, la cual se abría por una puerta de doble persiana a la celia, separada la misma por un muro macizo, dispuesto de cuatro columnas jónicas. Solamente se abría esta sala hacia el opistódomo, es decir hacia el oeste en dirección simétrica del pronaos.

Esta obra arquitectónica se caracterizaba aun más por su unidad y equilibro, basado fundamentalmente en sus cuidadas proporciones fijadas a partir de un módulo inicial tomado del diámetro de la parte inferior de la columna: 1,10 m. pero los arquitectos, como en otros templos griegos también, introdujeron una pequeña variación para lograr un efecto óptico de sorprendente liviandad. De hecho, las columnas, con una ligera circunvolución en su parte central, no están verticales, se inclinan cada vez más hacia su interior y las cuatro angulares son cada vez más gruesas. Todas ellas se elevan además sobre un basamento que no es horizontal sino que tiene una ligera curvatura que culmina en el centro de los laterales. Y por lo tanto, el resultado final es un espléndido templo ateniense, el Partenón.

Los relieves del Partenón

Tradicionalmente se ha atribuido la decoración escultórica del Partenón —ubicada en frontones, metopas y friso- a Fidias, aunque es difícil precisar qué parte del trabajo es obra de su taller. Se supone que él se ocupó de hacer los moldes en yeso o en arcilla que más tarde sus ayudantes pasaban al mármol. El frontón occidental representaba la contienda de Atenea y Poseidón por el patronato de Atenas: la diosa hizo brotar del suelo de la Acrópolis el olivo, y el dios el caballo. Venció la diosa porque, según los atenienses, el árbol proporciona más riqueza que el animal.

El frontón oriental ilustraba el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. En las metopas, un total de 92 cuadros de metro y medio de altura en altorrelieve, se representaron la gigantomaquia —lucha de los dioses y los titanes— en el lado este, la centauromaquia —contienda de los lapitas con los centauros— en el sur, y la amazonomaquia ---batalla contra las amazonas y los bárbaros en la guerra de Troya— en el lado occidental. Las metopas del lado norte, probablemente dedicadas a la destrucción de Troya, están prácticamente perdidas. La elección de los temas no es casual: la gigantomaquia recordaba que Atenas había vencido en la lucha contra la barbarie personificada en los persas, del mismo modo que los dioses habían vencido a los titanes e impuesto el orden en el Olimpo.

El friso, que recorría el interior de la celia, representaba el tema de la procesión de las Panateneas, festividad que se celebraba cada cuatro años en honor de la diosa. Fomentada desde la segunda mitad del siglo VI a. C. por Pisístrato, se suponía instaurada por el mismo Teseo. Toda la ciudad se reunía para llevar a la estatua de la diosa un manto de lana (peplo). Estos relieves estaban situados a considerable altura, por lo que la parte superior se hizo un poco más profunda que la inferior (unos 5 cm) y se inclinó hacia afuera, para evitar que el observador perdiera detalles debido al reflejo de la luz. Todas las figuras estaban pintadas con vivos colores, pero la policromía se ha perdido. Se conoce la ubicación de estos grupos escultóricos gracias a los dibujos del pintor francés Carré, que en 1674 formaba parte del séquito del embajador de Luis XIV en la corte turca. La procesión comienza en el lado occidental y sigue caminos paralelos por los flancos norte y sur.

El principio lo componen un grupo de jinetes con sus caballos encabritados, que se van serenando a medida que avanza el desfile. Delante de ellos están los carros con sus aurigas, después, un grupo de: ancianos y de músicos: preceden a los conductores de animales para el sacrificio (ovejas y bueyes). La ceremonia propiamente, dicha tiene lugar; en el lado oriental, al que. se acercan las jóvenes-atenienses ataviadas con hermosos peplos. - En el centro, un’ joven hace entrega del manto doblado a un magistrado, en presencia de la sacerdotisa de Atenea; contemplan la escena varios dioses y héroes sentados, cuya presencia no es advertida por: los mortales. Estilísticamente se notan diferencias de unos relieves a otros, debido a la intervención de numerosas manos y a que unas placas se labraron en el taller y otras cuando ya estaban colocadas en el edificio. Rasgos unificadores son el modelado airoso y natural de los paños, el perfecto estudio de las anatomías y las expresiones serenas. Todo ello marca la cima del clasicismo en la escultura griega. El Partenón, al igual que todos los templos’ griegos, estaba pintado. Se supone que las estrías de las columnas estuvieron decoradas en rojo; los ábacos, en azul; los triglifos, en azul y amarillo, y los fondos de los frontones y las metopas, en rojo.

Otros edificios de la Acrópolis

Muertos Pendes y Fidias, se levantó el Erecteón (420-405 a. C.), templo jónico destinado a varias divinidades relacionadas con los mitos fundacionales de Atenas. Sus constructores se vieron obligados a adaptarse a las necesidades rituales y tradiciones religiosas, y debieron salvar un pronunciado desnivel en el terreno. A uno de los lados tiene una tribuna sujeta por cariátides. Se labraron ricas molduras con motivos geométricos y florales; el friso estaba formado por figuras de mármol recortadas y embutidas en un fondo de piedra. Las basas y capiteles de las columnas se doraron y se incrustaron en ellas trozos de vidrio. Otro bello ejemplo del jónico ateniense es el templo de Atenea Niké, erigido entre 421 y 415 a. C., para conmemorarla paz de Calias.

La ruina más bella del mundo

El Partenón permaneció prácticamente intacto hasta el siglo y d. C., cuando se retiró la estatua de Fidias y se convirtió en iglesia cristiana consagrada a la Virgen Theoto kos. Hacia el siglo VII sufrió algunos cambios estructurales en su interior. Los turcos tomaron la acrópolis en 1485 y Convirtieron el edificio en mezquita, para lo que levantaron un minarete en el lado sudoccidental.

El conjunto ha llegado en muy malas condiciones hasta nuestros días porque albergó en su interior un polvorín, y en 1687 una granada lanzada por los venecianos durante el sitio de Atenas lo dañó gravemente. A comienzos del XIX se arrancaron la mayor parte de los relieves, que fueron vendidos al Museo Británico; algunos restos de escultura se conservan en el Louvre, Copenhague y Atenas.

El Partenón resultó seriamente dañado por un terremoto en 1894; el arquitecto Balanos trató de reconstruirlo a principios del siglo XX por el procedimiento de la anastilosis, un tipo de intervención Consistente en recuperar los fragmentos y tratar de restituirlos al lugar que ocupaban originalmente. En esta restauración se cometieron graves errores. En los últimos tiempos, el edificio sufre un peligroso deterioro por el turismo masivo y la contaminación (Ver Arte Griego)

Siglo V a.c.

Cuando, a mediados del siglo V a. de J.C., se construyó el Parte-non, se crearon tres grupos diferentes de esculturas para decorarlo: las metopas, el friso y los frontones. Las metopas, los espacios separados por los triglifos y situados alrededor del edificio, sobre las columnas, estaban decoradas con 92 esculturas. El friso, de 160 metros, estaba sobre la línea interior de las columnas y, por último, los frontones estaban colocados en el espacio triangular de cada extremo del templo.

Las metopas, realizadas en alto-rrelieve, mostraban escenas de la guerra de Troya, de las batallas entre griegos y centauros, de las luchas de dioses y gigantes y de las que tuvieron lugar entre griegos y amazonas. El friso, decorado en bajorrelieve, representa la procesión de las Panateneas, las grandes fiestas en honor de la diosa Atenea. Y los frontones, también en altorrelieve, explicaban el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus y su lucha contra Poseidón por el dominio del Ática.

La totalidad de las esculturas que han sobrevivido se encuentra, actualmente, repartida entre Londres (Museo Británico) y Atenas, siendo ésta es la causa de una larga polémica entre ambos países.

Los ingleses sacaron parte de El Partenon

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El origen de dicha disputa se remonta a principios del siglo XIX cuando, estando Atenas bajo soberanía turca, el embajador británico en Constantinopla, lord Thomas Bruce Elgin, visitó la Acrópolis y decidió extraer del Partenón las esculturas que más le gustaron para llevarlas a Inglaterra. Una vez allí, después de tenerlas durante años en su casa, consiguió venderlas al Museo Británico, que las colocó en una galería construida especialmente para ellas.

La polémica surgió a raíz de la petición de las autoridades griegas de la devolución de los mármoles del Partenón, uno de los edificios más importantes de Grecia, a su país de origen, argumentando que dichos tesoros culturales fueron robados. La intención del gobierno griego es reunir en una única colección todas las esculturas, separadas hoy por más de 2.000 kilómetros, para que puedan visitarse conjuntamente en el nuevo museo al pie de la Acrópolis. En su defensa, el gobierno británico afirma que los mármoles fueron comprados legalmente y que bajo ningún concepto permitirá su salida del Reino Unido. Alegan, además, que en Londres se conservan mejor y son visitados por un mayor número de personas (cinco millones de visitantes al año).

Por su parte, el gobierno griego, esperando que tarde o temprano los tesoros del Partenón regresarán a Atenas, comenzó a construir el Nuevo Museo de la Acrópolis. Dicho museo, situado a unos trescientos metros del templo, incluye una galería rectangular de vidrio, llamada "Salón del Partenón", en la que se expondrían los mármoles con la misma disposición que tuvieron en el templo, que se puede contemplar desde el museo.

Grecia, cuyos intentos por recuperar las esculturas del que se considera el monumento más importante de la antigüedad griega le han llevado incluso a pedir el apoyo del Parlamento Europeo, esperaba que, con la celebración de los Juegos Olímpicos de 2004, Londres cambiara su postura y retornara las esculturas a Atenas pero, de momento, el Museo Británico sigue negándose a que los mármoles salgan del Reino Unido.

La Historia oculta

El Partenón de Fidias tiene alguna extraña cualidad que hace que todos veamos en él lo que vamos buscando: Cecil Rhodes, el señor feudal de la antigua Rhodesia, encontró una prueba de virilidad militarista; los fascistas y los nazis apreciaron una promesa del mundo nuevo que habrían de traer; los comunistas, más o menos llegaron a la misma conclusión. Los nacionalistas griegos del XIX celebraron en él la coronación de sus primeros reyes porque en la Acrópolis estaba el molde de su identidad frente a los otomanos, los bábaros. Le Corbusier, claro, vio en el templo un tratado de geometría y de abstracción, y Virginia Woolf, cuando lo visitó por segunda vez a los cincuenta y tantos, se dio con el espíritu de sí misma "con 23 años, llena de vida, con todo por delante".

Pero la imagen que se ha impuesto ha sido la interpretación liberal-burguesa, por llamarla así, acuñada por primera vez por el alemán Johann Winckelmann en el siglo XVIII: la idea que conecta el Partenón con la república de Pericles, con la democracia, la noción de la libertad individual y el refinamiento intelectual. El lugar que alguna vez habitó el ser humano y al que todos querríamos volver.

Las pruebas del éxito de esa interpretación están repartidas por todo el mundo: el Museo Británico de Londres, el Wallhalla de Regensburg, la Casa de Aduanas de Wall Street en Nueva York, la National Portrait Gallery de Washington DC, el Panteón del Barrio Latino de París, el Capitolio de La Habana... Edificios que remiten a la Acrópolis para atribuirse la dignidad de la democracia y el conocimiento, la certeza y la quietud. "Una vez fui a Atenas, a la Acrópolis, y no sé cómo, me colé en una zona junto al Partenón en la que no debía entrar", contó el arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura en una entrevista publicada por EL MUNDO en 2012. "Me vi ahí y pensé: si ahora viene el diablo, le vendo mi alma si me deja meter mano. Así que me puse a pensar: ¿Qué haría? ¿Le daría más altura? No, está bien así. ¿Meto otro cuerpo? No. ¿Más fondo? No. ¿Las gradas? No. Es perfecto. Así que, al final, no vendí mi alma".

El Partenón es perfecto, si lo dice Souto de Moura, ¿quién podría pensar lo contrario? Pero también es mucho más complicado de lo que tendemos a pensar. Un ensayo recién publicado en inglés, 'The parthenon enigma' (de Joan Breton Connelly, profesora en la NYU de Nueva York), cuenta la historia del templo de Atenea a partir de esa idea de complejidad. Y trae alguna sorpresa.

Básicamente, el gran asunto de 'The parthenon enigma' consiste en la reinterpretación de la escena central del friso oriental (el lado de la fachada principal) del templo. La lectura tradicional del friso, explica Breton Connelly, habla de la ofrenda de un peplos (una túnica) a Atenea, en lo que suponía el punto culminante del festival que celebraba la diosa. Sin embargo, la autora sostiene que el friso representa un mito divino mucho menos reconfortante: el relato del rey Erecteo, que, de acuerdo a lo que le había indicado el oráculo, entregó a su hija menor en sacrificio para salvar Atenas de una invasión. Lo más conmovedor y terrible de la historia es que la otra hija del rey, atormentada por su fortuna, quiso acompañar a su hermana en la muerte. Atenea, según esta lectura, "no está recibiendo la túnica sino las mortajas que llevan los cuerpos de las hijas de Erecteo". La diosa de la sabiduría, por tanto, no sería la amiga sabia y comprensiva de los atenienses que solemos tener en la cabeza.

Fuentes y Enlaces de Interés

  • Fuente Consultada:Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe
  1. Pierre Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque, Klincksieck, París, 1999

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