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El Oriflama

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El Oriflama
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Navío francés desaparecido en aguas chilenas cerca de Curepto, región del Maule 1770

El Oriflama, navío de línea de dos puentes, fue construido para la armada Francesa en Toulon, en el año de 1743, por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses.

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Contenido

El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas.

Portaba 50 cañones, aunque se llegó a artillar con 56, de la siguiente manera: 24 cañones de a XVIII en la primera batería, 26 cañones de a XII en la segunda batería y 6 de a VI en el alcázar, por lo que se clasificaba como un navío de Cuarto Rango, Primer orden.

Así sirvió a la Armada francesa hasta abril de 1761, cuando es capturado por los Ingleses, que estaban en guerra contra Francia desde 1756. No utilizándolo en su armada, fue transformado en navío mercante, conservando su nombre.

Aunque no sabemos con exactitud en virtud de que circunstancias pasó a manos Españolas, suponemos que el echo ocurriera a fines de diciembre de 1761, cuando en medio de la escalada de hostilidades que presagiaban la declaración de guerra entre España e Inglaterra, Carlos III ordena la captura de todos los barcos Ingleses anclados en puertos Españoles. Entre los Españoles mantuvo su condición de mercante pero se rebautiza con el nombre de "Nuestra Señora del Buen Consejo y San leopoldo", pero siempre mantuvo el alias de "El Oriflama". Clausurándose la primera batería de cañones para transformarla en bodega, quedando artillado solo con 26 cañones de a VIII en la segunda batería.

1763

Suponemos que luego de la apropiación se subasta a particulares y de esta forma lo obtiene su último propietario Juan Baptista de Uztaris, Hermanos y Compañía. Entre los años 1763 y 1768 realiza varios viajes a la Nueva España.

Durante este período, varios documentos denuncian su derrota desde Cádiz hacia Veracruz, desde allí a la Habana, y retornar a España cargado con los caudales de México.

"Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo" fue el nombre que le asignaron sus nuevos propietarios, aunque entre los tripulantes conservó el más breve de Oriflama. Dos años después de su captura el gobierno español lo remató, siendo adquirido por los armadores Juan Bautista Uztaris, Hnos y Cía., quienes lo utilizaron para efectuar viajes entre el viejo y el nuevo continente, todos teniendo como destino los puertos del Caribe. En varias oportunidades, entre 1763 y 1768, navegó desde y hacia Cádiz, Veracruz y La Habana, transportando mercaderías y pasajeros.

1770

18 de febrero de 1770: Su último viaje, con destino al Callao, lo realizó posiblemente, en conserva del navío "San Joseph" alias "El Gallardo" (por cuanto este último conducía el registro del Oriflama por duplicado). Así el 18 de febrero de 1770 zarpó del puerto de Cádiz con una tripulación de 176 hombres y 38 pasajes, a cargo del capitán Joseph Antonio de Alzaga. Su Maestre, Joseph de Zavalsa se comprometió a viajar "derechamente" hacia el puerto de la mar del sur, sin tocar ningún otro puerto bajo pena de multa.

Con una carga total de 108,000 palmos cúbicos de mercancías y excediéndose en 3,584 palmos cúbicos las 628,5 toneladas de arqueo de su bodega, El Oriflama totaliza un registro igual a 436 que incluía: 1,658 cajones de todo tipo y 1,738 cajones arpillados conteniendo cristalería de la granja de San Ildefonso, por encargo del Rey para ser vendidos en el virreinato, en beneficio de las fabricas de Talavera. Este será sin dudas el cargamento más valioso a bordo y el objeto de todos los esfuerzos del rescate luego del naufragio.

El Oriflama.jpg

En Chile

25 de julio de 1770: Casi al término de su viaje y luego de cinco meses de navegación El Oriflama es avistado, el 25 de Julio de 1770, aproximadamente en los 34º 09' de latitud Sur, entre los puertos de Concepción y Valparaíso, por el navío español San Joseph, alias El Gallardo, capitaneado por Juan Esteban de Ezpeleta, quién ordena ponerse al pairo, a fin de identificar al otro navío. El Oriflama no responde al cañonazo disparado ni a la bandera de señales izada como aviso en El Gallardo, por lo que dispone que un bote se dirija hacia el otro barco, distante unas dos leguas.

De esta forma, el segundo piloto de El Gallardo, Joseph de Álvarez, a bordo del bote, pudo conocer la identidad del Oriflama y enterarse del estado desastroso de los pasajeros y tripulación, víctimas del frío, hambre y escorbuto. Desde su partida habían echado 78 cadáveres al mar, quedaban a bordo 106 enfermos graves, y sólo 30 hombres podían maniobrar en forma limitada las velas inferiores, siendo incapaces de subir más arriba de la primera cofa.

El capitán Ezpeleta ordenó se embarcase de inmediato en el bote una tripulación de auxilio y provisiones para brindarles ayuda inmediata, "jamones, un barril de sémola, una barrica de harina, quesos y vino". No obstante, la calma que había posibilitado la reunión de ambos navíos, se transformó de improviso en un viento fuerte del norte que impidió el acercamiento del bote con provisiones.

Ante esto, Ezpeleta ordenó arriar las velas para mantener su posición, y dispara un segundo cañonazo para que El Oriflama, con el viento a su favor, viniese hacia El Gallardo, "a fin de meterle dentro todo cuanto estaba en el bote y socorrerle con cuarenta hombres, pero El Oriflama, sin hacer caso ni demostración ninguna, prosiguió la vuelta de afuera, que había emprendido con las cuatro principales rizadas y el sobremesana". En vista de la sorpresiva y errada maniobra del Oriflama, el capitán de El Gallardo optó por seguirlo, ejecutando idéntica maniobra, además de señalar su posición con faroles dispuestos estratégicamente sobre los mástiles. A las diez de la noche se vio la ultima luz de un farol del Oriflama, la que se perdió después, por haber arreciado el viento.

26 de julio de 1770: Al día siguiente, sobre las dos y media de la tarde, el Oriflama es avistado nuevamente por el Gallardo y por ultima vez.

27 de julio de 1770: En horas del mediodía y bajo una terrible tempestad de viento y agua, El Capitán Feliciano Lottelier divisó el navío que venia por la costa y que al acudir con gente a la orilla del mar, ya estaba encallado sobre la misma reventazon y cerca de la desembocadura del Huenchullami. Desarbolado a ras de cubierta con la popa separada de la proa, y con alrededor de ocho hombres en el bauprés pidiendo socorro, el Oriflama se pierde para siempre con su tripulación bajo una fuerte tempestad la que impidió cualquier ayuda.

28 de julio de 1770: Al día siguiente aparecieron sobre la playa algunos cajones y fardos, fragmentos del casco y arboladura junto a 12 cadáveres.

8 de marzo de 1771: Ocho meses después del naufragio, llegó al paraje de Huenchullami (comuna de Curepto, región del Maule, Chile), procedente de Lima, Juan Antonio de Bonachea, con 9 marineros y 3 buzos expertos; bajo órdenes directas del Virrey Manuel de Amat y Junyent de encontrar los restos y su cargamento a cualquier costo. Sin embargo pese a todos los esfuerzos estos no aparecieron y se informó " Que durante todo el tiempo que se encontraba en el sitio no había visto la mar tranquila tres días, por lo que consideraba casi imposible el rescate aún en caso de encontrar la carga. [1]

1772

Se dio por finalizada la búsqueda en marzo de 1772.

2006 Lo encuentran bajo la arena

La información de su ubicación corrió por el país. Ahí en la playa La Trinchera, justo donde desemboca el río Huenchullami, en las costas de Curepto, en la Región del Maule, descansa aún el Oriflama. A 9.5 metros de profundidad embancado en la arena estaría el navío con su cargamento millonario, en cristales y piezas preciosas. Ahí la empresa trabajó intensamente y se habría confirmado la presencia del Oriflama. “Aquí trabajaron mucho, metían unos tubos para abajo y sacaban muestras. También sacaron algunas cosas”, contó en una oportunidad un pescador asiduo a ese solitario sector de la comuna de Curepto. El lugar estaba completamente establecido. Ahí estaba enterrada la nave y la intención siempre ha sido sacarla a la superficie.[2]

En el agua

En la actualidad, con los cambios ocurridos en el mar tras el terremoto del 27F, parte de la nave aparece en la superficie del mar, resistiendo el paso de las olas. “Ahí está el cañón superior del Oriflama”, nos muestra un conocedor del lugar.

Efectivamente, desde la orilla se divisa la estructura metálica. Más abajo estaría el resto de esa nave. “El navío de línea de dos puentes “El Oriflama” fue construido para la armada Francesa en Toulon, en el año de 1743, por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses.

El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas”, se expresa en la página de Internet.

Así sirvió a la Armada francesa hasta abril de 1761, cuando es capturado por los Ingleses, que estaban en guerra contra Francia desde 1756. No utilizándolo en su armada, fue transformado en navío mercante, conservando su nombre.

Aunque no sabemos con exactitud en virtud de qué circunstancias pasó a manos Españolas, suponemos que el hecho ocurriera a fines de diciembre de 1761, cuando en medio de la escalada de hostilidades que presagiaban la declaración de guerra entre España e Inglaterra, Carlos III ordena la captura de todos los barcos Ingleses anclados en puertos españoles. Entre los españoles mantuvo su condición de mercante pero se rebautiza con el nombre de “Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo”, pero siempre mantuvo el alias de “El Oriflama”. Clausurándose la primera batería de cañones para transformarla en bodega, quedando artillado solo con 26 cañones de a VIII en la segunda batería”, se agrega en la misma fuente.

Visitado

Si ante el punto donde estaría la nave bajo la arena, era altamente visitado, hoy lo es mucho más, pues el Oriflama está a la vista ahí en La Trinchera. Del destino siguiente no hay información aún. No se ha establecido si se trabajará en reflote o si continuará ahí sepultado para continuar siendo una de las tantas embarcaciones míticas de las costas chilenas.[3]

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Jerónimo de Ustáriz murió sin descendencia

¿No será la carga propiedad de los descendientes del naviero Jerónimo Ustáriz y Tovar? José Ignacio Vaillant y Hormaechea es ejecutivo de una consultora y sexto marqués de Ustáriz, y explica: “No soy el descendiente directo del que fletó el buque, que fue el segundo marqués de Ustáriz, ya que este murió sin descendencia. Esa es la verdad. Y no creo que nadie lo sea, ni siquiera los que lo aseguran [en referencia a una familia venezolana que lo reivindica]”.

Vaillant y Hormaechea, gran aficionado a la historia, asegura que la sociedad Oriflama SA nunca se puso en contacto con él. “Le hubiésemos dicho lo mismo, pero no es suficiente publicar un anuncio en un periódico chileno para dar por bueno que se ha intentado contactar con los descendientes”. El ejecutivo recuerda que, además, la carga de estos barcos podía incluir hasta “un 40%” de objetos de contrabando, “por lo tanto, nadie puede demostrar que es propietario de todo”.

Está documentado que los objetos de contrabando se ocultaban en los más recónditos huecos de los navíos. Se han hallado monedas o joyas hasta dentro de los cañones de las naos hundidas.

Pizarra

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  • 8 de octubre de 1999: El Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) generó el decreto Nº 311 inspirado en la Carta de Sofía, bajo el parámetro de la Convención de la Unesco. Así, el Estado de Chile declaró monumento histórico a todas las naves hundidas en sus costas y que se encuentren por más de 50 años perdidas bajo el agua. Este decreto otorga al CMN la tuición sobre los restos náufragos, pero no así la propiedad.
  • Después de su hundimiento, algunas cajas llegaron a las playas de Curepto. El museo parroquial, de hecho, las guarda.
  • La Convención sobre Patrimonio Subacuático de la Unesco impide la comercialización de bienes patrimoniales y privilegia la conservación in situ de ellos. No obstante, nuestro país hasta la fecha no ha firmado ni ratificado este protocolo internacional, pese a que el CMN ha otorgado formalmente su opinión favorable respecto a la Convención. Ratificarla es tarea del Poder Legislativo, la Armada y de los ministerios de Relaciones Exteriores y Educación.[4]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Historia/oriflama.org
  2. Paula/Barco español enterrado ¿De quién es el tesoro?/7ene 2011
  3. El mítico Oriflama a la vista
  4. Estela de un polémico hallazgo/Consultado 8 jun 2014

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