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Donald Trump

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  Donald Trump   Bienvenido a Biografías  

45° Presidente Electo de los Estados Unidos

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Donald John Trump (Queens, 14 de junio de 1946) es un ejecutivo, político, empresario y millonario de Estados Unidos.

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Actualmente, es el 45° Presidente Electo de los Estados Unidos, ganador de las elecciones presidenciales de 2016 por el Partido Republicano, también es el presidente de la Trump Organization y fundador de Trump Entertainment Resorts. Fue el presentador del reality show The Apprentice hasta 2015.

Es hijo de un empresario de bienes raíces de Nueva York, en cuya compañía, la Elizabeth Trump & Son, trabajó mientras estudiaba en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. En 1968, se unió oficialmente a esa sociedad, que controla desde 1971, cuando la renombró Trump Organization. En los años 1990 la empresa entró en bancarrota comercial, pero en la década siguiente se recuperó y tiene una fortuna de varios miles de millones de dólares.

Primeros años y educación

Trump nació el 14 de junio de 1946, en el barrio neoyorquino de Queens. Fue uno de los cinco hijos de Mary Anne MacLeod y de Fred Trump, que se casaron en 1936. Su hermano mayor, Fred, murió en 1981 a los 43 años. Su madre era una inmigrante escocesa nacida en la isla de Lewis, en el norte de las Hébridas Exteriores, y sus abuelos paternos eran inmigrantes alemanes. Su abuelo, Frederick Trump (de nacimiento Friedrich Drumpf), llegó de Alemania a Estados Unidos en 1885, y adquirió la nacionalidad en 1892. Se casó con la abuela de Donald, Elisabeth Christ en Kallstadt, con quien tuvo tres hijos.

Mientras vivía en Jamaica Estates, fue al the Kew-Forest School en Forest Hills, Queens, junto a algunos de su hermanos. A los 13 años, tras tener problemas de conducta que llevaron a su salida de la escuela, sus padres lo enviaron a la Academia Militar de Nueva York (NYMA).

Trump fue a la Universidad de Fordham en el Bronx durante dos años, pero se pasó a la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, porque Wharton tenía uno de los pocos programas de estudio dedicados al sector inmobiliario. Se graduó en 1968, con un grado de Bachelor of Science en Economía y Antropología.

Precandidatura presidencial en 2016

El 16 de junio de 2015, en la ciudad estadounidense de Nueva York, Trump anunció su precandidatura para las elecciones de 2016, por el Partido Republicano, bajo el eslogan "We are going to make our country great again" (Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo). En su presentación, Trump criticó el avance de China en la economía mundial y también la presencia de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

El discurso de Trump generó controversia, ya que hizo comentarios despectivos hacia México, catalogando a los inmigrantes mexicanos ilegales como "corruptos, delincuentes y violadores", indicando además su deseo de construir un muro entre las fronteras de Estados Unidos y México, que tendría que ser pagado por México. Estas declaraciones causaron el enojo de la comunidad latina de los Estados Unidos e hicieron que varias empresas (como NBC, Macy's, y Univisión) cortaran relaciones comerciales con Trump.

En el primer debate de los precandidatos republicanos a la presidencia de los Estados Unidos organizado y transmitido por la cadena estadounidense FOX News el 7 de diciembre de 2015, el Precandidato Donald Trump mantuvo una postura que fue objeto de una gran polémica. Destacó que el sistema político de su país se encuentra presuntamente «roto» y que él y los Estados Unidos «no tienen tiempo de ser políticamente correctos», argumento sustentado en que el país ha perdido protagonismo y competitividad en el escenario global, esto según declaraciones del propio magnate.81 Trump también destacó que no descartaría la posibilidad de ser un candidato independiente a la presidencia del referido país si no llegase a ser nominado formalmente como "Candidato Presidencial por el Partido Republicano" lo cual fue objeto de críticas dentro de las filas de dicho partido.

La campaña presidencial de Trump estuvo marcada por protestas y hostilidad de sus adversarios. Varios de los actos de campaña de Trump estuvo acompañado por incidentes de violencia, siendo el más importante el que ocurrió en Chicago (véase Protesta contra Donald Trump de Chicago de 2016), cuando partidarios y detractores se enfrentaron violentamente después que el mitin se cancele por medidas de seguridad.

Trump consiguió vencer en las elecciones primarias tras la retirada de todos sus adversarios, y se convirtió oficialmente en candidato a la Presidencia en la Convención Nacional Republicana celebrada entre el 18 y el 21 de julio de 2016.

2016 Donald Trump gana las elecciones de EE UU

El republicano Donald Trump ha conmocionado a medio Estados Unidos y al mundo entero al derrotar a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Trump, un populista con un discurso xenófobo y antisistema, será el próximo presidente de Estados Unidos. Con el apoyo masivo de los estadounidenses blancos descontentos con las élites políticas y económicas, e inquietos por cambios demográficos acelerados, Trump rompió los pronósticos de los sondeos y logró una victoria que aboca a su país a lo desconocido. Nadie como Trump supo entender el hartazgo con el establishment, con el que se identificaba a Clinton.

A medida que llegaban los resultados en los Estados clave y Trump sumaba victoria tras victoria, se disparaba el desconcierto de los especialistas en sondeos, de los estrategas demócratas, los mercados financieros y las cancillerías occidentales. La victoria en Florida, Estado que el presidente Barack Obama, demócrata como Clinton, ganó dos veces, abrió la vía para la victoria de un magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad que ha sacudido los cimientos de la política tradicional. Trump ganó después en Carolina del Norte, en Ohio y Pensilvania, entre otros Estados que Clinton necesitaba para ganar.

La llegada de Trump a la Casa Blanca puede suponer una ruptura con algunas tradiciones democráticas de EE UU como es el respeto a las minorías y con la tranquila alternancia entre gobernantes que discrepaban de su visión del país, pero no en los valores fundamentales que le han sostenido desde su fundación.

Trump, que ha prometido construir un muro en la frontera con México y prohibir la entrada de musulmanes a EE UU, ha demostrado que un hombre prácticamente solo, contra todo y contra todos, y sin depender de donantes multimillonarios, es capaz de llegar a la sala de mandos del poder mundial. A partir del 20 de enero, allí tendrá al alcance de la mano la maleta con los códigos nucleares y controlará las fuerzas armadas más letales de planeta, además de disponer de un púlpito único para dirigirse su país y marcar la agenda mundial. Desde la Casa Blanca podrá lanzarse, si cumple sus promesas, a batallas con países vecinos como México, al que quiere obligar a sufragar el muro. México, vecino y hasta ahora amigo de EEUU, será el primero en la agenda del presidente Trump.

El republicano ha desmentido a todos los que desde hacía medio año pronosticaban su derrota. Ha derrotado a los Clinton, la familia más poderosa de la política estadounidense en las últimas tres décadas, si se exceptúa a otra familia, los republicanos Bush, que también se oponían a él. Se enfrentó al aparato de su propio partido, a los medios de comunicación, a Wall Street, a las grandes capitales europeas y latinoamericanas y a las organizaciones internacionales como la OTAN.

Su mérito consistió en entender el malestar de los estadounidenses víctimas del vendaval de la globalización, las clases medias que no han dejado de perder poder adquisitivo en las últimas décadas, los que han visto cómo la Gran Recesión paralizaba el ascensor social, los que asisten desconcertados a los cambios demográficos y sociales en un país cuyas élites políticas y económicas les ignoran. Los blancos de clase trabajadora —una minoría antiguamente demócrata que compite con otras minorías como los latinos o los negros pero que carece de un estatus social de víctima— han encontrado en Trump al hombre providencial. También la corriente racista que existe en el país de la esclavitud y la segregación halló en Trump un líder a medida.

Trump pronosticó durante la campaña un Brexit multiplicado por cinco, en alusión a la decisión de Gran Bretaña, en referéndum, de salir de la Unión Europea. Y se ha cumplido. La furia populista a ambos lados del Atlántico consigue así su mayor victoria. El golpe se dirige a las élites estadounidenses y globales. Y es una prueba de que tiempos de incertidumbre son el caldo de cultivo idóneo para los líderes con los sensores para identificar los temores de la sociedad y con un mensaje simplificador que identifique al enemigo interno y externo.

Los interminables escándalos, reales o inventados, de Clinton lastraron su candidatura. Pocos políticos se identificaban tanto con las élites como ella. A fin de cuentas, es la esposa de un presidente y EE UU, un república fundada contra las dinastías, ya tuvo suficiente con los presidentes Bush padre e hijo.

Los estadounidenses querían probar algo distinto, y en un año de cambio, después de ocho con un demócrata en la Casa Blanca, no había candidato más nuevo que Trump, ninguno que representase mejor que él un puñetazo al sistema, el intento de hacer borrón y cuenta nueva con la clase política de uno y otro partido. No importaron sus salidas de tono constante, ni sus mentiras, ni sus ofensas a los excombatientes, ni sus declaraciones machistas. No importó que EE UU tuviese un presidente popular del mismo partido demócrata, ni que la economía hubiese crecido a ritmo sostenido en los últimos años y el desempleo se hubiese reducido a niveles de plena ocupación.

La victoria del republicano deja una sociedad fracturada. Las minorías, las mujeres, los extranjeros que se han sentido insultadas por Trump deberán acostumbrarse a verlo como presidente. También deja una sociedad con miedo. El presidente electo ha prometido deportar a los 11 millones de inmigrantes sin papeles, una operación logística con precedentes históricos siniestros. El veto a la entrada de los musulmanes vulnera los principios de igualdad consagrados en la Constitución de EE UU.

Su inexperiencia y escasa preparación alimentan la incógnita sobre cómo gobernará. Una teoría es que una vez en el despacho oval se moderara y que, de todos modos, el sistema de contrapoderes frene cualquier afán autoritario. La otra es que, aunque este país no haya experimentado un régimen dictatorial en el pasado, las proclamas de Trump en campaña auguran una deriva autoritaria.

Hay momentos en los que las grandes naciones dan giros brusco. Cuando se trata de Estados Unidos de América, el giro afecta a toda la humanidad. El 8 de noviembre de 2016 puede pasar a la historia como uno de estos momentos.[1]

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El plan de inmigración de Donald Trump

Tienen que irse. Eso resume las ideas sobre inmigración que Donald Trump presentó el domingo en el programa Meet the Press y en un ensayo político de 1,900 palabras. Luego de basar su circo de campaña por la presidencia en la oposición a la inmigración ilegal, El Donald finalmente se aventuró a dar detalles de un plan de políticas sobre inmigración centrado en el aumento de la seguridad fronteriza y en el cumplimiento de las leyes inmigratorias.

Aunque es buena señal que Trump se haya animado a hacer propuestas políticas, sus ideas son poco prácticas en el mejor de los casos e inhumanas en el peor. Sus ideas quedan muy a la derecha de la ideología predominante en Estados Unidos. En vez de estabilizar nuestra economía, sus planes podrían atrofiar nuestro crecimiento económico.

Piensen en que Trump quiere construir un muro a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México. Para quienes el combate a la inmigración ilegal es una prioridad, podría parecer un plan inteligente y sensato. Pero esta mentalidad ignora la realidad. La seguridad fronteriza es la mejor en años; en un análisis que llevó a cabo este año, el diario The Washington Post descubrió que los cruces ilegales en la frontera con México estaban en el nivel más bajo en dos décadas.

Mientras tanto, la población de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos se ha reducido en aproximadamente un millón de personas a lo largo de los años pasados, según el Pew Research Center. No necesitamos ese muro, lo que necesitamos es la aplicación inteligente de las leyes de inmigración.

Trump dijo que su gobierno obligaría al gobierno mexicano a pagar este muro. Con todo respeto, la idea es risible. Cuando le contaron el plan de Trump de hacer que México pagara la construcción de un muro entre ambos países, un portavoz del presidente de México, Enrique Peña Nieto, dijo a Bloomberg News: "refleja la enorme ignorancia de lo que México representa y la irresponsabilidad del candidato que lo dice". Tiene razón.

Trump dice que para obligar a México a pagar la construcción de este muro, impondría aranceles a las importaciones. Imagínense lo perturbador que sería que el "presidente Trump" se metiera en una batalla económica con uno de nuestros tres principales socios comerciales cuyas importaciones y exportaciones con Estados Unidos sumaron 294,000 millones de dólares en 2014.

La parte más inquietante del plan inmigratorio de Trump es que ciertamente ha estado a favor de la deportación masiva de indocumentados. "Vamos a mantener unidas a las familias, pero tienen que irse", dijo en Meet the Press. Piensen en lo que esto significaría: se estima que la población de indocumentados en Estados Unidos es deunos 11 millones de personas, el equivalente a la población del estado de Ohio.Piensen en la convulsión económica tremenda, en el sufrimiento humano y en la desestabilización de las comunidades que se causarían si nuestro gobierno expulsara a 11 millones de personas. Esa idea es desconcertante por su falta de compasión, particularmente porque se estima que un 62% de los indocumentados ha vivido en Estados Unidos por más de una década y la mayoría son miembros productivos de sus comunidades estadounidenses.

El costo de las deportaciones masivas sería, para usar una de las palabras favoritas de Trump, enorme. El grupo conservador American Action Forum estimó que deportar a todos los inmigrantes indocumentados costaría entre 400,000 y 600,000 millones de dólares y tomaría 20 años. En tal caso, la producto interno bruto real caería en casi 1.6 billones de dólares (unos 25.6 millones de pesos).

Trump dice que "mantendremos unidas a las familias". ¿Qué pasaría entonces con los niños nacidos en Estados Unidos que viven con padres indocumentados? En 2008, el National Council of La Raza estimó que tres cuartas partes de los niños que viven con al menos un padre indocumentado son ciudadanos estadounidenses por nacimiento. ¿Enviarían a estos niños a un país extraño para ellos cuando probablemente ni siquiera hablan el idioma?

Peor aún: Trump pidió que se cancelara el derecho a la ciudadanía por nacimiento y afirmó que "sigue siendo el mayor imán para la inmigración ilegal". Esta idea cuenta con poco o ningún fundamento analítico. La vasta mayoría de los inmigrantes indocumentados van a Estados Unidos a trabajar para mantener a su familia. Además, el derecho a la ciudadanía por nacimiento se estableció en la 14a enmienda a la Constitución estadounidense y la Suprema Corte de Estados Unidos lo ha respaldado desde el caso de Wong Kim Ark en 1898.

En el plan de inmigración de Trump hay muchas otras ideas fallidas parecidas. Cualquier estudiante de primer año de Economía le podría decir que su propuesta de "poner en pausa" la emisión de permisos de residencia tendría un efecto negativo en nuestros sectores de la tecnología y los negocios al cerrar el flujo de trabajadores legales capacitados.

Trump quiere que aumente la seguridad fronteriza y que mejore la aplicación de las leyes inmigratorias, aunque Estados Unidos actualmente gasta más en aplicación de las leyes inmigratorias (18,000 millones de dólares) que en otros ámbitos federales en conjunto. La política inmigratoria de Trump parece estar centrada en el mito de que los inmigrantes indocumentados les quitan el trabajo a los estadounidenses. De hecho, los investigadores descubrieron que los inmigrantes indocumentados representan un beneficio neto para nuestra economía por sus contribuciones a la seguridad social, impuestos y su labor en los sectores agrícola y de servicios.

Es cierto que la inmigración ilegal es un tema importante para los electores. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses sigue apoyando una vía a la ciudadanía para los indocumentados, una que comprenda revisiones de antecedentes, multas y un periodo de espera. En una encuesta reciente de Gallup se descubrió que el 65% de los estadounidenses apoya una vía a la ciudadanía para los indocumentados, mientras que el 19% está a favor de que los envíen de vuelta a sus países de origen. Así que a pesar de toda la atención que está recibiendo por el tema de la inmigración, Trump no está en sintonía con la mayoría de los estadounidenses.

El plan inmigratorio de Trump sería un desastre para nuestro país, nuestra economía y nuestros valores. Sus ideas son muy parecidas a su nueva personalidad política: cruel, divisiva y carente de sustento.[2]

Referencias y Enlaces de Interés

  1. elpais.com2016/11/09/Donald Trump gana las elecciones de EE UU
  2. Raúl Reyes es abogado y miembro de la junta de colaboradores del diario estadounidense USA Today.

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