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Chemsex

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Presentación

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Chemsex palabra inglesa derivada de "Chemical sex", en español "Sexo Químico", es una práctica que se está poniendo de moda en el mundo y ya traspaso la cordillera llegando a Chile, especialmente y en aumento en la comunidad gay, donde un grupo de personas se reúnen en una casa o espacios privados para drogarse y así mantener relaciones sexuales bajo los efectos de las sustancias.

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Contenido

La mefedrona y la flakka provienen de una planta llamada cata edulis, pero es modificada sintéticamente para que sus efectos estimulantes sean mayores. Su uso aumento en 2008 y ganó popularidad pues sus efectos son menores a comparación de otras sustancias. Normalmente lo que produce es euforia, mayor energía, estado de alerta, muchas ganas de hablar, mayor habilidad mental, percepción de la música, disminución sentimientos hostiles y aumento en el deseo sexual.

Por su parte, la flakka, aumentó su consumo en 2011, al ser más barata que la cocaína y con los mismos efectos de euforia, estimulación mental, más energía, pensamiento creativo, productividad y por supuesto, la excitación sexual; por lo que es utilizada en estas fiestas gay de “sexo y drogas”. Las consecuencias de utilizar estas drogas durante estas prácticas o fiestas sexuales, puede derivar a contagios de diferentes enfermedades de transmisión sexual y otras complicaciones en la salud de las personas que utilicen las drogas y asistan a estos lugares.

Un articulo del 'British Medical Journal'[1] advierte ante los graves problemas físicos, psicológicos y emocionales que puede acarrear la nueva costumbre que arrasa en la cultura 'underground'. Quizá no le suene el nombre, pero en los últimos años se ha popularizado el término “chemsex” para referirse a las prácticas sexuales potenciadas por el consumo de diversas drogas y sustancias químicas. No se trata simplemente de consumir un psicoactivo antes de hacer el amor, sino que el nombre se refiere a un tipo de fiestas, por lo general homosexuales (aunque por definición también puede incluir las heterosexuales), que pueden prolongarse durante mucho tiempo gracias al consumo de estupefacientes.

Aunque muchos han hablado a menudo de los riesgos de esta conducta social, hasta ahora no se había producido una manifestación tan contundente como la del 'British Medical Journal' inglés, que en su último número dedica un editorial al “chemsex”. “Esta palabra se utiliza en Reino Unido para describir el sexo intencional bajo la influencia de drogas psicoactivas, sobre todo entre hombres que tienen relaciones con hombres”, señala en el artículo los autores, Hannah McCall, Naomi Adams y David Mason.

“Se refiere particularmente al uso de mefedrona, y-hidroxibutirato (GHB), y-butirolactona (GBL) y metanfetamina de cristal”, especifican. “Estas drogas se suelen combinar para facilitar las sesiones sexuales que duran muchas horas o días con múltiples parejas”. En definitiva, se trata del carburante que permite que las orgías se prolonguen durante mucho tiempo, algo que no sólo puede dañar a los consumidores por los efectos de la droga en su cuerpo, sino también porque aumenta la posibilidad de ser infectados por una enfermedad de transmisión sexual.

Tu cuerpo, la droga y el sexo 'non-stop'

El editorial detalla específicamente por qué estos compuestos son tan utilizados en el marco de las relaciones sexuales. El cristal y la mefredona, porque incrementan el ritmo cardíaco e impulsan una sensación de euforia y agitación sexual; el GHB es un potente desinhibidor y analgésico. Los supuestos beneficios son, por lo tanto, no únicamente físicos, sino también psicológicos: “Algunos usuarios señalan que los utilizan para manejar los sentimientos negativos, como la falta de confianza o de autoestima, la homofobia internalizada y el estigma por tener SIDA”.

El editorial concede que, en general, los usuarios de este tipo de drogas muestran una alta satisfacción con su vida sexual: “Los informes anecdóticos y algunos pequeños estudios cualitativos en Reino Unido muestran que la gente que lleva a cabo 'chemsex' reconoce tener mejores relaciones sexuales, al reducir las inhibiciones e incrementar el placer. Facilita una excitación sostenida e induce un sentimiento de entendimiento inmediato con las parejas sexuales”. Ello ha provocado que, la utilización de estas drogas haya aumentado sensiblemente: como puso de manifiesto 'The Chemsex Study', alrededor de una quinta parte de los consultados habían participado en una fiesta de este tipo durante los últimos cinco años, y una décima parte, en las últimas cuatro semanas.

Por eso ya se están implantando algunos servicios que intentan combatir los efectos de esta costumbre sexual, como ocurre con Antidote, donde el 64% de sus pacientes afirman haber utilizado drogas del 'chemsex'. Un término que probablemente estará aún más en boca de todos después de que 'Vice' estrene su documental 'Chemsex' [2], dirigido por Will Fairman y Max Gogarty y que “explora las vidas y hazañas de un grupo de hombres que toman parte activa en el estilo de vida del 'chemsex' y de aquellos que han sobrevivido a ello”.

Quizá no le suene el nombre, pero en los últimos años se ha popularizado el término “chemsex” para referirse a las prácticas sexuales potenciadas por el consumo de diversas drogas y sustancias químicas. No se trata simplemente de consumir un psicoactivo antes de hacer el amor, sino que el nombre se refiere a un tipo de fiestas, por lo general homosexuales (aunque por definición también puede incluir las heterosexuales), que pueden prolongarse durante mucho tiempo gracias al consumo de estupefacientes.

Aunque muchos han hablado a menudo de los riesgos de esta conducta social, hasta ahora no se había producido una manifestación tan contundente como la del 'British Medical Journal' inglés, que en su último número dedica un editorial al “chemsex”. “Esta palabra se utiliza en Reino Unido para describir el sexo intencional bajo la influencia de drogas psicoactivas, sobre todo entre hombres que tienen relaciones con hombres”, señala en el artículo los autores, Hannah McCall, Naomi Adams y David Mason.

Las drogas facilitan una excitación sostenida e inducen una sensación de entendimiento inmediato con las parejas sexuales “Se refiere particularmente al uso de mefedrona, y-hidroxibutirato (GHB), y-butirolactona (GBL) y metanfetamina de cristal”, especifican. “Estas drogas se suelen combinar para facilitar las sesiones sexuales que duran muchas horas o días con múltiples parejas”. En definitiva, se trata del carburante que permite que las orgías se prolonguen durante mucho tiempo, algo que no sólo puede dañar a los consumidores por los efectos de la droga en su cuerpo, sino también porque aumenta la posibilidad de ser infectados por una enfermedad de transmisión sexual.

Los terribles efectos secundarios

El beso de la muerte

El artículo publicado en el 'British Medical Journal' sintetiza todo lo que puede ocurrir con nuestro cuerpo cuando tomamos esta clase de estimulantes: “la mefedrona y el cristal pueden crear una dependencia psicológica muy fuerte, y el GHB crear una peligrosa dependencia fisiológica”, advierten. Una de las consecuencias más comunes del 'chemsex' son los “días perdidos”, es decir, no dormir ni comer durante 72 horas, algo que tiene devastadores efectos en la salud.

No sólo eso, sino que estas prácticas sexuales pueden multiplicar las posibilidades de contagio sexual: “Los datos de los usuarios de estos servicios sugieren que la media es de cinco parejas por sesión y que el sexo sin protección es la norma”. Aunque ello no puede aplicarse en todos los casos, autores como T. Kirby señalan que se trata de “la tormenta perfecta” para la transmisión del sida y de la hepatitis C. Las consecuencias no se dejan notar únicamente en nuestra salud mental o física, sino también en la calidad de nuestras relaciones, sugiere David Stuart, consejero principal de 56 Dean Street, la única clínica de apoyo en Reino Unido que ha colaborado estrechamente con 'Vice' para su documental. “Si no has tenido sexo sobrio durante los últimos seis meses, ello no te convierte en un furioso drogadicto”, comienza a explicar. “Pero las conexiones sexuales íntimas forman una parte muy importante de nuestro bienestar, y si delegamos demasiado en las sustancias para satisfacer esas necesidades, puede que tengas alguna clase de problema”.

Stuart muestra su preocupación por los estragos que costumbres como el 'chemsex', basadas en la diversión banal y el desprecio de las relaciones “íntimas y duraderas”, están causando en la comunidad homosexual. “Cuando el sexo que sólo dura 15 minutos (frente al que dura dos días) resulta aburrido, tenemos un problema. Cuando no vemos nuestras necesidades cubiertas, o no podemos tener relaciones íntimas sin sustancias, tenemos un problema. Cuando necesitamos sortear los riesgos de las drogas en la búsqueda de un polvo, tenemos un problema”, concluye.[3]

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  • Energy Control[4] es un colectivo que está en la primera línea en el mundo de las drogas. Si algo pasa, ellos son los primeros en enterarse. Colaboran con el Ministerio de Sanidad y con el Departament de Salut de la Generalitat, entre otras instancias oficiales. Desde 1997, aplican una política de reducción de riesgos que parte de un principio básico: si la gente va a tomar drogas de todas formas, mejor que tenga información sobre ellas; y mejor que lo que tomen haya pasado algún filtro de calidad. Los más de 70 voluntarios de esta organización acuden a raves (fiestas al aire libre o en lugares abandonados que duran más de 24 horas) y montan un puesto al cual acuden las personas que van a consumir éxtasis para que les analicen las pastillas y les orienten sobre su consumo y sobre, por ejemplo, los efectos secundarios. En definitiva, analizan e informan. Desde hace unos meses, han iniciado un experimento pionero: los lunes y los jueves por la tarde, los consumidores de éxtasis, mefedrona y demás drogas de diseño pasan por su laboratorio con pequeñas muestras de sus pastillas para que sean analizadas. "No estamos ni a favor ni en contra del consumo", explica Nuria Calzada, coordinadora de Energy Control. "Trabajamos con la población que consume y está expuesta a riesgos. Las drogas son un tema de salud y no de moral".

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