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Cementerio de Coléricos

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Santiago 1886

Cementerio de Colericos 2017.jpg

El Cementerio de Coléricos fue un campo destinado a sepultar a las personas fallecidas por la epidemia de Cólera que azoto a Chile en los años 1986 a 1988. Se encuentra ubicado en la curva de la Costanera Norte, a un costado del Río Mapocho, en el kilómetro 20. Se calcula que se enterraron alrededor de 6.000 personas en ese lugar, por lo que debería ser declarado Patrimonio Histórico de Chile.

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Contenido

Hoy ese lugar ni siquiera existiría si no fuese por la obras que se encontraba realizando la autopista Costanera Sur, quien producto de nuevas faenas realizo el hallazgo. Debemos recordar que fue la misma obra la que decidió sepultar el año 2004 para siempre el famoso cementerio de Coléricos, sin ni siquiera que autoridades de Gobierno ni historiadores hiciesen algo por detenerla. Quizás por el desconocimiento del lugar o simplemente por falta de iteres.

1864

El autor e historiador chileno M.A. Ducci en su libro[1] INFORME D. Los Desastres naturales de Chile, relata que Chile vivió docenas de epidemias de Cólera y Viruela, entre otras, que debilitaron enormemente la salud de miles de compatriotas, donde poblaciones enteras fueron diezmadas. Muchas veces ni el gobierno ni los médicos "expertos", podían diagnosticar la epidemia. Algunos declaraban tifus, otros cólera inclusive fiebre amarilla.

Ducci señala en su libro que el caos comenzó mucho antes, con una epidemia de Tifus exantemático a fines de 1864, todo el año 1865 hasta 1866, esta enfermedad fue la antesala de la tragedia que se avecinaba. Cuando llego el Cólera en 1866, nuestra población ya estaba debilitada y con una precaria situación de salud, lo que fue un caldo de cultivo para la muerte.

Don Andrés Bello fue quien por primera vez, comenzó a publicar en El Araucano sobre escarlatina y cólera, diciendo en uno de sus artículos: "el cólera no es probable que se presente en Chile, atravesando mares inmensos, ni que aparezca en el interior antes de haber visitado los puertos. Si este azote ha de recorrer la tierra, será Chile, según el orden natural, uno de los últimos países que lo sufran. Nuestro comercio es limitado; nuestra población escasa y esparcida; y si aparece en un punto, hay aquí más facilidad para aislar el mal y atajar sus progresos que en la mayor parte de las otras naciones del globo.[2]

1887

La prensa de la época

La prensa y algunas tesis y memorias realizadas documentan que el gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda cerró la capital en un cordón sanitario tan obligatorio como inútil. Nadie podía entrar, pero sí salir. El tren al sur partía repleto desde Estación Central hasta Chillán. Los barcos en Valparaíso se mantuvieron a la gira y en cuarentena. Y siendo escasa la policía municipal, se convocó a los bomberos para controlar las calles y a los curas para atender los enfermos.

Los tónicos de hierbas, como el Licor de Hoffman, el mentol y el alcanfor, se agotaron en las droguerías en un día. Las cosechas de repollo (que el pensamiento popular consideraba culpable de la enfermedad) se incineraron completas.

Lamentablemente nada pudo alejar la epidemia de nuestro país, llegando a Valparaíso en un barco peruano (para variar) el 15 de enero de 1887, luego alcanzo a Santiago, principalmente en el barrio de Barrancas. A fines de dicho mes se había extendido no sólo a toda la ciudad sino a todo el departamento y aun a Melipilla. En los primeros días de febrero hizo su aparición en Rancagua y Rengo.

Al terminar 1887, el cólera se había propagado por el norte hasta Freirina y por el sur hasta Valdivia. En marzo de 1888 llegó a Copiapó, pero ya en este mes la intensidad de la epidemia comenzó a declinar y el último caso se presentó en Ovalle, el 2 de julio de 1888.

Al iniciarse el otoño, la epidemia declinó en el centro del país, desapareciendo totalmente durante el invierno, pero en el mes de octubre se recibieron en los tres hospitales de Santiago 93 coléricos, y como la enfermedad continuara difundiéndose otra vez más, el gobierno adoptó nuevas medidas.

El transporte de enfermos se efectuaba mediante carretelas que esperaban en distintos puntos de la ciudad. Además se contó con una ambulancia de los señores Matte, con otras de la comisión directiva y con tres coches que la municipalidad confió a diversos cuarteles de policía.[3]

Cifras de muertos.

La aparición del cólera motivó un sorpresivo y arduo trabajo de los sepultureros en 1886 y años siguientes. Según datos del registro civil, 23.432 personas murieron víctimas de esta enfermedad, lo que era bastante para una población de 3 millones".[4][5] 11,12. El doctor Adolfo Murillo estimó en aproximadamente 40.000 el número de fallecidos en todo el país.[6]

El Cementerio de Coléricos aún en el mapa de Santiago en 1911

2003

Cuando en agosto de 2003 la Costanera Norte realizaba las excavaciones para cimentar esa curva, las retroexcavadoras descubrieron osamentas humanas. "Fue en la punta de una de las dos largas bóvedas, casi al llegar al río". Al principio, se pensó en detenidos desaparecidos y la denuncia se llevó al 18° Juzgado del Crimen. Ese 11 de septiembre los vecinos de la población Bulnes de Renca encendieron velas y barricadas en el lugar, pero al poco andar, el SML constató que se trataba de "muertos históricos" y en virtud de la Ley de Monumentos Nacionales, pidió a la Costanera Norte que hiciera un levantamiento arqueológico. La concesionaria ya había descubierto en sus excavaciones restos de los Tajamares, del Puente Cal y Canto y el Puente de Palo.

La investigación arqueológica quedó en manos de la consultora Soluziona. El arqueólogo a cargo, Iván Cáceres, constató que había dos fosas de ladrillo de 70 metros de largo por dos de ancho, que correspondían al Cementerio de Coléricos de la capital. "Botones de loza y concha perla, restos de rosarios, mortajas de lona y calzado, y un recubrimiento azulado sobre los esqueletos correspondiente a los desinfectantes de la época, revela que los muertos eran de la epidemia de cólera", dice en su informe final. Calculó entre 4.500 y 6.000 el total de osamentas del lugar. Los 60 cuerpos removidos eran hombres adultos sanos, que recibieron una muerte rápida. Las bóvedas pronto quedaron cubiertas por el material sedimentario y la basura que arrojaban las crecidas del río. En un plano de Santiago de 1939 todavía figuraba el sector como "antiguo Cementerio de Coléricos", pero en el posterior de 1950 ya había desaparecido.

Pero el 15 de enero de 1887 cayeron los primeros enfermos en Barrancas, hoy Pudahuel. La ciudad se paralizó: la peste no tenía cura y sólo quedaba esperar encerrado en la casa tener la suerte de ver la espalda de la muerte cuando dejara Santiago.

Los bomberos recogían a los enfermos desde las casas marcadas y los llevaban a alguno de los tres lazaretos -hospitales provisorios que dispuso el gobierno para dejar agonizar a los contagiados- en carretas ambulancias. En las noches, esas mismas carretas tronaban tétricamente en los adoquines de una ciudad vacía, rumbo al Cementerio General.

Al principio, a sus propias tumbas del Cementerio General, pero luego fueron tantos, que el gobierno dispuso la creación de un sitio especial en la ribera del río a dos kilómetros de donde terminaba la ciudad, en Avenida Independencia.

Aún aparece demarcado el Cementerio de Coléricos en mapa de Santiago en 1923

En el Cementerio de Coléricos se prohibieron los rituales fúnebres y los cuerpos eran sepultados en una bóveda uno junto a otro, sin ataúd, envueltos en lona. Luego, se tapiaban con tierra del río y una solución de sulfuro que se pensaba eliminaba el contagio. Más tarde, se cercó el lugar y mediante un decreto (el 606) se dispuso que se prohibía la exhumación, remoción y construcción en el lugar. Cuando se descubrió por casualidad en 2003 y luego de terminado el estudio arqueológico, la Costanera Norte depositó los cuerpos removidos en una nueva fosa de concreto.

Cementerio de Colericos de Santiago, esqueletos.png

A raíz de los daños que sufrió el Cementerio General con el terremoto, descubrió que se removieron tumbas de coléricos en el patio 38 y 37, "sin autorización de ningún tribunal y violando la prohibición de exhumación que, pese a lo antigua, sigue vigente". [7]

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. amazon.com/INFORME D. Los Desastres naturales de Chile/2017
  2. Costa-Casaretto C. La Revista Médica de Chile 100 años atrás. Año XVII, N 4. octubre 1888. Rev. Méd. Chile 1989; 117: 228.
  3. Memoria que el director del lazareto de coléricos del Camino de Cintura pasa a la Junta Departamental de Salubridad Impta. Nacional. Stgo. de Chile. 1887.
  4. Vida y milagros del Cementerio General. El Mercurio de Santiago. 2 de noviembre de 1985.
  5. Osses D. La historia infausta. Vida Médica 1987; 39; 6.
  6. Costa-Casaretto C. La Revista Médica de Chile 100 años atrás. Año XVII, N 4. octubre 1888. Rev. Méd. Chile 1989; 117: 228.
  7. latercera.com/El desconocido cementerio al norte del Mapocho

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