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Cómo nace la costumbre de arrojar monedas a las fuentes

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Cómo nace la costumbre de arrojar monedas a las fuentes
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Presentación

Esta costumbre, a la que podríamos llamar también superstición, viene de lejos y tiene su origen en una antiquísima tradición por la que se creía que el agua que estaba estancada, ya fuese en un pozo, lago, fuente, cueva, etc…, tenía propiedades curativas. No debemos obviar que los tratamientos termales ya se realizaban hace varios milenios. Esa creencia se popularizó rápidamente debido a que estaban convencidos de que en el interior de esos lugares habitaban algunas divinidades, las cuales concedían deseos.

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Celtas

La sociedad celta.gif

El pueblo Celta era uno de los que más ayudó a difundir este tipo de creencias, surgiendo entre sus costumbres la de lanzar una piedra en uno de esos pozos (o lugares con agua estancada) y ver cuántas burbujas brotaban o escuchar el ruido que hacía, dependiendo del número creían que les iría mejor o peor.

Les pedían a las deidades deseos, pero siempre estaban relacionados con la salud (al menos en la antigüedad).

Según como fueron pasando los siglos se fue afianzando esa tradición, pero al mismo tiempo se fue modificando: ya no solo se pedía por la salud sino que al abanico de deseos se le comenzó a unir peticiones para encontrar pareja, trabajo, ganar premios de azar…

También se cambió el lanzar piedras a tirar monedas. Este cambio radica básicamente en que es más fácil que una persona lleve una moneda encima que no una piedra (aparte de que lo de las monedas se convirtió en todo un lucrativo negocio para muchos de esos sitios). Cabe destacar que en algunos lugares también se volvió una tradición el tirar alfileres.

Cuando llegaban a encontrar una fuente del vital líquido, tenían la creencia de que era un obsequio de los dioses y tenían que agradecerlo de alguna forma. Así, se dice que lanzaban flores, esencias y otras cosas como pago por el agua.

En el año 77

El historiador romano Plinio el Viejo recomendaba mezclar, por partes iguales, el agua de tres manantiales distintos para curar las fiebres tercianas. En una fuente termal en Bath, Inglaterra, se encuentra una inscripción en latín sobre una tablilla de plomo, hecha por un antiguo romano en el año 200 que estaba dirigida a la diosa Sulis y dice así: "Maldigo al que robó mi capa, ya sea hombre o mujer, libre o esclavo. Que la diosa Sulis no deje al ladrón dormir mientras no devuelva la capa a este templo."

irlandeses y escoceses

Los campesinos irlandeses y escoceses buscaban fuentes cercanas a robles o a grandes rocas. Decoraban las ramas de los árboles o las piedras con tiras de lienzo y luego les escupían encima, en la creencia de que este ritual los protegería a ellos y a su ganado contra las infecciones que los druidas podrían mandarles. Desde las primeras monedas, hechas probablemente en Asia Menor por los lidios hasta las actuales, estas pequeñas piezas de metal han sido consideradas como símbolos de buena suerte. Hoy día es muy común verlas en pulseras y collares. Algunas novias ponen una moneda dentro de su zapato y muchas personas se niegan a gastar su moneda de la suerte.

En las sociedades primitivas, la gente creía que arrojar un regalo al agua agradaría a los espíritus que vivían dentro de los pozos o que, según ellos, habían hecho brotar un manantial. Plinio, el Joven dice que una fuente cercana a Roma era "tan clara y transparente que se podían contar las moneditas que le habían echado". Hace apenas un siglo, los ingleses arrojaban alfileres (a los cuales estaban ligadas otras supersticiones) a los pozos para que los protegieran de ser embrujados. Otros más, siguiendo una antigua tradición, dejaban caer una piedrita y formulaban un deseo al momento en que ésta entraba en el agua.

Cada fuente con su deidad.

Para especificar cual deidad protegía a cada fuente, estas personas empezaron a dejar una estatua (que era la representación del dios en cuestión) en un lugar cercano, y después estos sitios fueron tomados como lugares de culto. Posteriormente se convirtieron en santuarios. Se llegó el momento en que no arrojaban más monedas para agradecer por el agua, pues ahora les resultaba más fácil localizarla, pero la costumbre seguía vigente como una forma de calmar la ira de los dioses o para que respondieran las peticiones de las personas.

Fuente dedicada a Coventina

En el Reino de Northumbria, una antigua región de Inglaterra, un pozo muy famoso era el que dedicaron a Coventina, la diosa celta de los pozos y nacientes de agua. En este lugar se localizaron aproximadamente 20 mil monedas de diferentes épocas del Imperio Romano. Curiosamente, la mayoría de estas monedas eran de baja denominación, como nuestras monedas de 50 centavos, por ejemplo.

Restos del Pozo de Pen Rhys.

Sin embargo, los dioses del pasado no solo querían monedas. También en Inglaterra tenemos el Pozo de Pen Rhys, en las inmediaciones de Oxford. Allí, las personas arrojaban trozos de su vestimenta en lugar de monedas. Como la creencia era que esta agua tenía poderes sanadores, solían arrojar toda clase de botones y fragmentos de ropa de personas enfermas, con la esperanza de que esto sirviera para que recuperaran la salud. La creencia en el poder curativo de este lugar se extendió hasta el siglo XVIII.

La fuente de la fortuna y el amor.

En nuestros días, esa creencia sobre los dioses ya está en completo desuso, pero las personas siguen arrojando monedas en fuentes o pozos para pedir algo a cambio. Sin lugar a dudas, el lugar donde este fenómeno puede apreciarse con mayor intensidad es la Fontana di Trevi – fuente de Trevi -, ubicada en Roma, Italia. Dado que es uno de los destinos turísticos más frecuentados del país, todos los días se extraen de esta fuente alrededor de 3,000 € en monedas.

Fontana di Trevi en Roma, Italia

La Fontana de Trevi (Roma) con el Palacio Poli

Construido sobre la intersección de tres vías, este lugar surgió en el siglo XIX y marcaba el final de un acueducto de 21 kilómetros de longitud. Lo llamaban Acqua Vergine, gracias a una leyenda en la que supuestamente una mujer había indicado a los constructores romanos el punto exacto donde encontrarían una naciente de agua para abastecer a la ciudad.

En la Fontana di Trevi, la tradición de arrojar monedas es un poco diferente. Allá, se debe arrojar la moneda por encima del hombro, para que algún día se pueda volver a Roma. En 1954, el filme “La fuente del deseo” (titulada originalmente “Three Coins in the Fountain”) presentó una variante de la leyenda: si se arrojaba una segunda moneda por encima del hombro, la persona se enamoraría de un ciudadano de Roma. Y cuando una tercera moneda era arrojada, se consolidaría el matrimonio. Desde entonces, la cantidad de turistas arrojando monedas a este lugar no ha hecho más que aumentar.

Contando las monedas.

Evidentemente, recoger 3.000 € todos los días es un auténtico negocio en el que no se ha invertido prácticamente nada. Así, todos los días la fuente se cierra por un lapso de tiempo y las monedas que han arrojado aquí son recolectadas por una organización caritativa llamada Caritas, que pertenece a la iglesia católica.

Posteriormente, las monedas se secan, se limpian, se separan según la denominación y son depositadas en un banco a una cuenta utilizada para comprar alimentos para los necesitados y mantener refugios de personas enfermas de SIDA. Pero no todo es color de rosa: hace algunos años la policía romana aprendió a un grupo de personas que solía extraer el dinero de la fuente para ganar dinero sin esforzarse. Desde entonces, las colectas para la caridad se dispararon en un 30%.

Aunque en el pasado se creía que estas aguas otorgaban salud a las personas que bebían de la fuente, en la actualidad no es una práctica recomendable, sobre todo si tomamos en cuenta la cantidad de personas que circulan por estas áreas todo el tiempo. Lo más sano es evitarlo.

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