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Batallón de Infantes de la Patria

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Batallón de Infantes de la Patria
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Presentación

El Batallón de Infantes de la Patria fue un cuerpo militar formado a partir de una guardia de milicianos voluntarios llamado Batallón de Pardos, creado con objeto de vigilar las calles y proteger el comercio, algo así como los serenos.

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Contenido

Esta milicia se formó exclusivamente con afrochilenos mestizos, que eran civiles que se desempeñaban en labores de comercio y artesanía como zapateros, barberos, sastres y similares. Para estos ciudadanos, hombres libres afrodescendientes, era una forma de subir en la cerrada jerarquía social de aquellos tiempos, aunque tuvieran que costearse en forma personal su equipo y armamento. Si bien les significaba gastos y tiempo de servicio, les permitía la obtención de beneficios y prestigio social, algo muy valorado en la época. La oficialidad fue al comienzo de ciudadanos españoles de las llamadas familias patricias, pero con el tiempo fueron comandados igualmente por oficialidad de color. Además de su trabajo normal de guardias cívicos, empezaron a reemplazar a los soldados de línea, cuando por alguna emergencia, éstos debían salir de Santiago.

Tuvo una destacada participación durante la independencia de Chile, tanto en la Patria Vieja como en el período denominado Patria Nueva y aunque es recordado con este nombre, no siempre fue conocido así ni tampoco fue un batallón. Su historia debe rastrearse a las unidades milicianas de pardos que existían en la capital del reino y que tuvieron una vida continua, dado que los primeros antecedentes de cuerpos de pardos datan del siglo XVII.

1720

Existía una compañía de negros y morenos libres, la que fue creciendo a tal punto en los años posteriores que para 1750 tenía fuerza suficiente para crear una nueva compañía, la que se estructuró en dos cuerpos: La de la Cañasa (Infantería) y la de Artillería. Esta organización duró poco , debido a que el gobernador Manuel de Amat y Junyent realizó una reestructuración de las fuerzas milicianas, que tenía directa incidencia en los pardos. En consecuencia, este cuerpo fue dividido en tres secciones: Húsares de Borbón (caballería ligera), de Granaderos (infantería pesada) y de Artillería, con alrededor de 200 miembros.

Sobre su estructura se estableció un doble criterio de selección para los soldados negros, el que fue por ubicación geográfica y racial. El racial, establecía que los zambos debían alistarse en la unidad de caballería ligera, los negros y mulatos en la de La Cañada y todos ellos podían ser reclutados para la Artillería. El criterio de localización espacial, estableció que los milicianos serían reclutados según el barrio de residencia. Esto produjo algunas polémicas, ya que, como se comprenderá, tuvo por resultado una serie de disputas entre los oficiales de dichas compañías, quienes pugnaban por alistar el mayor número de hombres en sus filas y no dudaban en literalmente, robar los soldados de los otros cuerpos de milicias de castas, amparados en que o bien debían pertenecer a su compañía por su condición de mulatos o zambos o si no, porque residían en un lugar determinado de la ciudad, pues ambos criterios parecían ser válidos al momento del reclutamiento.

1742

Posteriormente, en 1762, el gobernador Antonio Guill y Gonzaga realizó una nueva reforma sobre este cuerpo, dejando estructuradas las compañías de la siguiente manera: una de Artillería, la de zambos libres, la de La Cañada y la del Río. Sin embargo, la anterior organización solamente duró un año, ya que el gobernador Agustín de Jáuregui aumentó en una compañía de infantería la fuerza de los pardos y por primera vez se dispuso que el comando de estas tropas recayese en un capitán comandante pardo, el maestro barbero Jorge Gregorio de Arenas. Anteriormente el comandante de todas las compañías fue un oficial blanco, aunque se debe mencionar que los capitanes de cada compañía y sus oficiales eran de color.

Respecto de su disciplina interna, el cuerpo de pardos, al igual que otras unidades de milicias se regían principalmente por el Reglamento para las Milicias de Infantería y Caballería de la Isla de Cuba del 19 de enero de 1769, que fue extendido al resto de América por Real Orden en 1791.

1810

La unidad permaneció sin cambios aparentes hasta la instalación de la Junta Gubernativa del Reino el 18 de septiembre de 1810, y la orden que ésta dio el 2 de diciembre de 1810, de erigir nuevos cuerpos regulares de tropas en la capital. Es muy probable que producto de la creación de fuerzas regulares en Santiago, se haya decidido aumentar las del cuerpo de pardos. Esto con el fin de convertirlo en batallón, siguiendo la línea de poseer un núcleo de tropas que protegiera a las nuevas autoridades instaladas, en previsión de que ocurriese algún imprevisto como sucedió con el Motín de Figueroa el 1 de abril de 1811.

1811

El Batallón de Milicias Disciplinadas de Pardos se encontraba acantonado dicho mes y no concurrió como los Granaderos y otras fuerzas a sofocar el alzamiento. Esta situación no tuvo mayores consecuencias, a diferencia de lo que ocurriría con el primer golpe de Estado dado por José Miguel Carrera el 4 de septiembre de 1811. El no haber concurrido con las tropas en apoyo del movimiento revolucionario, molestó sobremanera a los oficiales, quienes expusieron en el Congreso lo siguiente:

Se leyó una representación de los oficiales de milicias del cuerpo de pardos, manifestando el sentimiento de no haber concurrido al servicio de la patria en el acaecimiento del día 4, por la poca actividad de su comandante, i que, para evitar algún accidente , i ponerse en el estado de disciplina que las haga útiles como desean, se encargase la inspección al coronel comandante de asamblea, don Juan de Dios Vial. Se acordó esto último, i previno a dicho oficial que proponga las reformas que tenga por convenientes a la Junta de Gobierno, a quien se remitió este negocio.

El comandante era Juan de Dios Portillo y su inacción le costó el puesto y pasar a retiro.

Respecto de su estructura, luego que fue elevado a batallón, sus compañías aumentaron de cuatro a seis, las que en su totalidad eran de fusileros de infantería.

Nuestros hermanos los pardos han manifestado siempre una ardiente y generosa adhesión a nuestros principios. Deben contarse entre los valientes defensores de la patria. Ya su cuerpo está aumentado a la clase de batallón, i dentro de poco, podrá competir con los veteranos

Debido a los cambiantes sucesos políticos que acaecían, el batallón no logró estar ajeno totalmente a ellos. Como lo fue la fallida conspiración del 27 de noviembre de 1811 contra los Carrera, en que se acusaba al Subinspector de pardos, Juan de Dios Vial Santelices, que había sondeado los ánimos de los oficiales y tropa de los pardos para indisponerlos contra el gobierno de turno. En consecuencia, el Subinspector pidió testimonios a parte de la oficialidad de los pardos quienes entregaron su apoyo a Juan de Dios Vial desmintiendo que intentó amotinar algún cuerpo militar contra el gobierno.

Pese a esta situación menor, la vida de la unidad siguió su curso y al igual que sus pares, fueron llamados a servicio para hacer frente a una inesperada amenaza, los patriotas de Concepción liderados por Juan Martínez de Rozas. Este líder político exigía volver a una representación legislativa equitativa como se había planteado en sus orígenes, situación que cambió con la llegada al poder del grupo carrerista, dado que habían clausurado el Congreso Nacional el 2 de diciembre de 1811 mediante un nuevo golpe de Estado. Esto finalmente ocasionó el quiebre entre ambas ciudades, y Concepción movilizó sus fuerzas, lo que provocó a su vez, que las tropas capitalinas fueran enviadas hasta Talca.

Solamente partieron las tropas regulares, y pese a que posteriormente hubo un pedido de los oficiales de las diversas unidades de milicias disciplinadas, estas no fueron enviadas.

1812

Cabe recordar que las milicias disciplinadas, solamente realizaban asamblea (instrucción) de forma esporádica, generalmente los fines de semana. Pero recibían paga cuando se les llamaba al servicio, el resto del tiempo, solo los oficiales y suboficiales encargados de su instrucción recibían un prest.

Es por esto que permanecieron acuartelados en la capital en espera de ser llamados, cosa que no ocurrió. Luego fueron liberados de sus obligaciones con fecha 30 de mayo ya que el erario debió privilegiar el pago de las tropas del sur y el de los Voluntarios de la Patria. Finalmente fueron movilizados por José Miguel Carrera, el 1 de junio de 1812, cuando inició la campaña en el Sur por el desembarco de la primera expedición realista al mando del brigadier Antonio Pareja.

Los pagos se hacían mensualmente, pero en caso de que el servicio fuera solo algunos días, se les entregaba la proporción correspondiente.

  • 50 pesos los capitanes
  • 32 pesos los tenientes
  • 25 pesos para los alféreces
  • 15 pesos los sargentos 1°
  • 13 pesos para los sargentos 2°
  • 12 pesos para los cabos 1°
  • 11 pesos para los cabos 2° (pífano y tambor)
  • 10 pesos para los soldados

Este sueldo tenía que servirles para reemplazar el que alcanzaban con sus labores diarias, y también era ocupado, al menos por los oficiales, para comprar su propio uniforme, el que presentaba un carácter de obligatorio. Sin embargo, en el caso de la tropa dependía del comandante del cuerpo, dado que podía permitirles usar un simple poncho como uniforme en caso de ser necesario. El uniforme que utilizaron los pardos, probablemente debió ser casaca y calzón encarnado, solapa, chupín y vuelta verde, ojal y botón de plata.

1813

Por decreto del 25 de abril de 1813, el Batallón de Milicias Disciplinadas de Pardos pasó a denominarse Batallón Infantes de la Patria, según consta lo siguiente:

  • 1. El nombre de batallón de pardos queda para siempre abolido en el territorio de Chile. Los militares se emplean todos en la defensa de la patria i ella sin distinguir de condición los aprecia igualmente, no teniendo otra consideración sino a sus virtudes.
  • 2. El batallón que hasta ahora se ha conocido con este título se denominará en adelante Batallón Infantes de la Patria.

Llegaron a Talca 250 Infantes el 4 de mayo de 1813 y se incorporaron al Ejército Restaurador. Desde allí marcharon a Longaví, sonde se dio una nueva organización a las fuerzas patriotas, pasando los Infantes junto a los Voluntarios a formar la 3° división bajo el mando del Maestre de Campo brigadier Juan Mackenna O´Reilly. Sin embargo, a los pocos días el Infantes fue separado de la III división e incorporado a la II, así marcharon los pardos a su bautizo de fuego, el que encontrarían el 15 de mayo de 1813 en la Batalla de San Carlos.

Las tropas realistas fueron sorprendidas por el Ejército Restaurador bajo el mando de José Miguel Carrera en San Carlos. Su jefe interino Juan Francisco Sánchez hizo colocar a sus 27 piezas de artillería sobre un cerro y a su infantería formar un cuadrilongo protegiéndolas, a su espalda tenía el río Ñuble por lo que solamente debía preocuparse de su frente y sus alas. A su vez, el jefe patriota mandó el despliegue de sus fuerzas con la Infantería la centro, compuesta por el Batallón Granaderos de Chile y el Batallón Infantes de la Patria y la Caballería a los flancos con el objetivo de rodear a los realistas y cortarles el paso. Sin embargo, el comandante de la II división se lanzó al ataque con sus granaderos y estropeó el plan de ataque, debido a que el Granaderos se dispersó en pelotones haciendo fuego, en ese instante el Infantes entró al ataque de frente y sufrió la misma suerte. Pese a que ambas unidades continuaron el combate hasta la tarde, la batalla estaba decidida a favor del bando realista.

Posteriormente, Sánchez se encerró en Chillán y los patriotas ocuparon Concepción el 23 de mayo de 1813.

No ocurrió lo mismo con Talcahuano que se hallaba defendida tanto por tierra como por mar, debió ser tomada por la fuerza. Al amanecer del día 29 de mayo de 1813 las guerrillas del capitán Joaquín Prieto y del teniente Ramón Freire, apoyadas por 200 soldados del Batallón de Infantes de la Patria con 2 piezas de artillería, atacaban las alturas del morro, mientras, el resto de la infantería, reforzado por un cañón, avanzó por las alturas cercanas a San Vicente y obligó a los defensores a huir hacia los buques surtos en la rada, dejando un buen número de muertos y ciento cincuenta prisioneros.

Luego de esta acción el batallón participó en pequeñas acciones de guerra, pero no como unidad, sino que fraccionado. Uno de sus pelotones junto a otro del Voluntarios de la Patria fue aniquilado el 1 de julio de 1813 en camino hacia Chillán como refuerzo de las fuerzas sitiadoras. Parte de sus fuerzas estuvieron en el sitio de Chillán y partició en las acciones del 2 de agosto de 1813 y 5 de agosto de 1813. Otra quedó de guarnición en Talcahuano y otra continuó esta primera campaña y sufrió el ataque nocturno durante la Batalla del Roble el 17 de octubre de 1813.

Luego de estos combates los oficiales se vieron envueltos en otro incidente político, producto de la desunión de José Miguel Carrera y sus hermanos. Sin embargo, Carrera retrasaba su partida y cuando lo hizo, el quiebre entre las tropas era evidente, algunos apoyaban a O’Higgins, nuevo Comandante en Jefe y otros al saliente. Por este motivo, la oficialidad del Infantes y de los Voluntarios de la Patria junto a la de los cuerpos milicianos acantonados en el campamento militar del Troncón, redactaron el siguiente documento:

Excmo. Señor:

Deseosos de precaver los insultos que nos anuncia la situación en que nos hallamos expuestos por la poca consideración de los jefes al bien público y a padecer las vejaciones de los enemigos que con insolencia intentan violar nuestros derechos y coartar nuestra libertad; usando de ella y de los medios más oportunos que inspira la prudencia, hemos pactado aproximarse a Itata con la fuerza de los infantes de la patria y los voluntarios, uniendo a estos los milicianos de Concepción con tras divisiones que se reunirán en el caso hasta formar una fuerza de doscientos y más fusileros.

Finalmente, el anterior problema se vio resuelto por la captura de los Carrera y por la llegada de una nueva expedición realista, esta vez al mando del brigadier Gabino Gaínza. El Batallón Infantes de la Patria antes de comenzar esta nueva campaña, recibió un refuerzo aproximado de 150 pardos que se habían quedado de guarnición en Santiago, lo que en parte supliría las bajas experimentadas por este cuerpo debido a los combates, las enfermedades y las deserciones.

La primera acción de importancia de esta nueva campaña fue la captura de Talca, la que se hallaba defendida por una reducida fuerza de 110 fusileros, 70 artilleros y 30 milicianos de caballería. Entro los primeros de la anterior relación se encontraban un número indeterminados de pardos, uno de ellos fue José Romero, conocido como Zambo Peluca, estaba en la defensa de Talca y sobrevivió a la Guerra de Independencia y llegar al grado de sargento mayor.

José Romero, el Zambo Peluca

Su nombre no aparece en las “Historias de Chile”, ni en ningún lugar público. Fue un modesto e ignorado héroe de la Batalla de Rancagua. En su tiempo lo conocieron popularmente por el sobrenombre de “Zambo Peluca”. su nombre era José Romero.

Tiene una tumba en el Cementerio General de Santiago con una placa con la siguiente inscripción:

“A la memoria del filántropo Sargento Mayor del Ejército José Romero, modelo de claridad y patriotismo. Erige este monumento su compatriota ausente. Francisco Javier Rosales. 1863”.

Romero había nacido en 1794, era hijo de un esclavo negro. En 1807 ingresó al regimiento como “tambor” (Infantes de La Patria). Se quedó definitivamente en el Ejército después del Cabildo Abierto de 1810.

Participó de Talcahuano, San Carlos, Talca y El Roble. El General O’Higgins lo ascendió a Subteniente, y en esa calidad se batió heroicamente en la Batalla de Rancagua. Fue tomado prisionero por los Realistas que más tarde lo dejaron en libertad bajo fianza. Después de Chacabuco participó valientemente en las filas de los Infantes de La Patria. En Maipú fu ascendido a Sargento Mayor. Durante su vida se destacó por sus obras benéficas y filantrópicas, por lo cual fue muy querido por la gente y muy lamentada la noticia de su fallecimiento, ocurrido cuando contaba con 64 años de edad, el 28 de marzo de 1858[1].

1814

Los patriotas estaban acampados en el Quilo y el Membrillar, esperando los refuerzos al mando de Manuel Blanco Encalada. Parte de los Infantes junto a otras fuerzas que se hallaban en Quilo bajo el mando de O’Higgins lograron rechazar fácilmente a las tropas realistas aquel 16 de marzo de 1814, dado que estas estaban constituidas, en su mayoría por guerrilleros y su misión no era atacar a O’Higgins sino distraerlo. Los núcleos patriotas de O’Higgins y Juan Mackenna O´Reilly localizados respectivamente en el Quilo y el Membrillar no podían ir en refuerzo, así que debieron prepararse para la defensa. El primero de ellos se tardó en ir como refuerzo de Mackenna debido al temor que tenía de ser atacado nuevamente, lo que ocasionó que el brigadier irlandés tuviera que afrontar con sus fuerzas el ataque del grueso realista aquel 20 de marzo de 1814. Posteriormente, los realistas acabaron con un refuerzo conducido por Blanco Encalada en Cancha Rayada el 29 de marzo de 1814. Lo que dejó a las fuerzas patriotas en un mal estado, pero a su vez los realistas tampoco estaban mejor, lo que dio paso a las negociaciones que culminaron en el Tratado de Lircay el 3 de mayo de 1814, que fue una tregua necesaria para ambas fuerzas.

Dicha paz transitoria se vio interrumpida por el golpe de Estado que dieron los Carrera el 23 de julio de 1814 en Santiago, lo que provocó la reacción de O’Higgins y sus fuerzas. La oficialidad que estaba bajo su mando en Junta de Guerra celebrada el 28 de Julio en Talca resolvió por voto casi unánime (sólo José María Benavente estuvo en contra ya que era amigo personal de los Carrera) marchar a reponer las autoridades sacadas por los Carrera por la fuerza de ser necesario. El único oficial de los Infantes que tenía el grado mínimo requerido de capitán para participar en dicha votación y decidir por su cuerpo, dijo lo siguiente:

El capitán de Infantes de la Patria don Joaquín Alcaya dijo que opinaba del mismo modo que el capitán Correa (este opinó lo siguiente: que estando cierto que las corporaciones de la capital de Santiago no tenían facultad para elegir un gobierno que mandase a todo el reino, no obedecía a la autoridad nuevamente instituida) y lo firmó.

Una vez tomada la decisión, las fuerzas del Ejército Restaurador bajo el mando de O’Higgins partieron a cumplir su cometido. Pero como era de esperarse, José Miguel Carrera logró alistar las pocas fuerzas que poseía en la capital y se preparó para la defensa en la línea de Las Tres Acequias, al este del río Maipo, dejando al mando de ellas a su hermano, el coronel de Artillería Luis Carrera. La vanguardia de Bernardo O´Higgins compuesta de Dragones de la Frontera, el 26 de agosto de 1814 fue recibida por tiros de los fusileros y de la artillería carrerista y posteriormente fueron atacados por las milicias de Caballería, por lo que debieron retirarse derrotados. Mas O’Higgins no había renunciado a intentar otro ataque con todas sus fuerzas, siendo un elemento principal de este nuevo intento los Infantes de la Patria. Cuando recibió la noticia de la llegada de un emisario del brigadier Mariano Osorio, jefe de la tercera expedición realista, se vio obligado a buscar un acuerdo con José Miguel Carrera y unir sus escasas fuerzas para afrontar esta última campaña.

Las fuerzas del batallón se hallaban muy disminuidas, por el desgaste natural de campaña y además, porque habían perdido los hombres que guarnecían Talcahuano. El brigadier Mariano Osorio desembarcó sus fuerzas en Talcahuano el 13 de agosto de 1814 y rindieron Concepción el mismo día luego de una defensa a la desesperada realizada por la escasa tropa patriota, compuesta por 130 fusileros, 60 lanceros y algunos vecinos. Todas las fuerzas que protegían la ciudad, entre ellos un pelotón de Infantes, fueron hechos prisioneros por varios años, como lo fue el sargento 1° Tadeo Mateluna.

Dando por perdidas las fuerzas al sur del río Maipo, José Miguel Carrera comenzó a reorganizar las tropas. El Batallón de Infantes de la Patria junto al Regimiento de Ingenuos de la Patria, se unieron para formar el Batallón de Infantería de Línea N°4.

Los Ingenuos de la Patria fue una unidad creada por decreto de la Junta Gubernativa de Chile el 25 de agosto de 1814. En base a esclavos que debían entregar sus dueños a los que se les pagaría el precio de venta normal. Estos hombres al ser incorporados en esta unidad podían acceder a su libertad pero luchando por ella. Lamentablemente, por falta de instrucción y el poco tiempo que hubo no fueron una fuerza efectiva.

Al analizar la nueva estructura del Batallón, se puede dar cuenta que los Infantes de la Patria finalmente pasaron a ser una unidad regular y por ende, tuvieron por primera vez una capellán y un cirujano.

Supuestamente, el nuevo Batallón de Infantería de Línea N°4 debió tener una fuerza de 700 hombres sin contar a su Plana Mayor. Pero cabe preguntarse de dónde iba a sacar esa cantidad de soldados pardos. Por suerte había 100 Infantes resguardando Valparaíso junto a otras fuerzas desde el comienzo de la guerra. Estos fueron llamados por Carrera el 28 de julio de 1814 para la capital. Según las anotaciones del mismo Carrera en su diario, los Infantes que estaban bajo el mando de O’Higgins después del combate de Tres Acequias eran solamente 47. Esto sin contar los Ingenuos que pudo haber reunido desde su reciente creación. Por lo que resulta muy lógico que en el estado de fuerzas de las tropas que combatirían en Rancagua, el Batallón de Línea N°4 solamente tuviera una fuerza de 186 soldados y 9 oficiales incluyendo a su comandante Ambrosio Rodríguez.

El batallón marchó al sur como parte de la III división que se encontraba bajo las órdenes directas del coronel Luis Carrera. Hubo una divergencia de planes entre Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, el primero quería hacer resistencia en Rancagua y el segundo en Angostura de Paine.

Finalmente no se realizó ninguno de los dos planes a cabalidad, se fortificó en algún grado la Angostura de Paine y se dejaron fuerzas resguardando el Cachapoal. Debido a que las tropas realistas lograron traspasar dicho río sin ser impedidos, las fuerzas de la I y II divisiones se encerraron en Rancagua. Así comenzó el 1 de octubre de 1814 la sangrienta y larga batalla que duró hasta el día siguiente. Por suerte para los Infantes su nueva unidad estaba encuadrada en la III división y no sufrieron el rigor de la tabla aunque el 2 de octubre de 1814 realizaron un ataque para que los patriotas efectuaran una salida de dicha plaza que no concretaron por falta de coordinación. Posteriormente los restos de la I y II realizaron una salida a la fuerza, rompiendo el cerco realista y retirándose con los que quedaba de la III.

Pero este no fue el fin de las penurias de los Infantes, ya que tuvieron que proteger la retirada patriota y entablar un último combate en la Ladera de los Papeles. Como informa el mismo Mariano Osorio en un comunicado al Virrey del Perú.

El enemigo, en precipitada fuga, abandonándolo todo y con poquísima gente, pues quizá no llegaría a cien hombres, pasó la cordillera del 13 al 14; desde Colina a la cumbre de Los Andes, hasta donde se les pudo seguir, se le tomaron nueve piezas de artillería de diferentes calibres, con algunas cureñas que no tuvo tiempo de quemar; muchas municiones, particularmente de cañón, más de 300 fusiles, más de 200 prisioneros, sin contar 36 muertos que tuvo en la pequeña acción que quiso sostener en la altura más arriba de la ladera llamada de Los Papeles, dentro de la cordillera; la bandera del Batallón de Ingenuos, con la misma divisa negra…

Esta información se puede contrastar con la que existe anotada en la Hoja de Servicios de Pedro Nolasco Vial.

En la de Rancagua desde el 26 de septiembre de 1814 hasta el 15 de octubre de 1814, al mando del Batallón Infantes de la Patria i cuatro piezas de artillería i con la fuerza que salvó de la acción de Rancagua en los días 1 y 2 de octubre protegió la retirada hasta la otra banda de la cordillera, precipitó los cañones en la ladera de los Papeles, por la imposibilidad de conducirlos i entregó en Mendoza en 16 de octubre 14 artilleros y 94 infantes con sus armas y bandera de batallón.

En ambas fuentes queda claro que en la cuesta de Los Papeles, las fuerzas patriotas que sobrevivieron al enfrentamiento de los realistas eran alrededor de 100 hombres, que se vieron obligados a abandonar los cañones y que su infantería estaba compuesta por hombres de color. Ninguna de las fuentes miente en su relato, debido a que el Batallón de Infantería de Línea N°4 solamente existía de nombre y que en la realidad, tanto los Infantes como los Ingenuos, operaban como unidades independientes cada una con su propia bandera. La del Ingenuos fue capturada pero la del Infantes logró llegar a salvo a Mendoza conducida por los restos de este golpeado batallón.

Así terminó la destacada actuación de los denominados pardos, gente de color que pertenecía al bajo pueblo, preferentemente artesanos y maestros de oficio. De los aproximadamente 370 hombres que servían en esta unidad para abril de 1811, apenas lograron llegar a Mendoza unos 94. Una cifra atroz, ya que entre muertos y prisioneros la unidad perdió el 75% de su fuerza. Pero este no fue el final de la lucha, ya que en primera instancia fueron incorporados el 1 de noviembre al batallón de Auxiliares de Córdoba, para luego ser llamados de forma exclusiva, tanto los Infantes como los Ingenuos y esclavos chilenos para formar un cuerpo cuando regresaran a Chile. Una vez ocurrida la victoria de Chacabuco e instalado el gobierno de Bernardo O’Higgins, este, mediante un decreto estableció la reorganización del Infantes de la Patria, participando en la Batalla de Maipú.

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