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Arturo Fernández Vial

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Arturo Fernández Vial
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Guardiamarina de 17 años de la corbeta Esmeralda, al momento del Combate Naval de Iquique

Contraalmirante Arturo Fernandez Vial.jpg

Raimundo Arturo Fernández Vial ​ (Santiago, 15 de marzo de 1858 —† Santiago, 6 de noviembre de 1931) fue un marino chileno, de 21 años que se desempeñaba como guardiamarina de la corbeta Esmeralda cuando ocurrió el Combate naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879. Participó en la Guerra del Pacífico y en la Guerra Civil de 1891.

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Contenido

Hijo de José Fernández Labarca y Mercedes Vial Maturana.

1872

Con catorce años ingresó a la Escuela Militar

1875

Entró como aspirante a la Escuela Naval, siendo nombrado guardiamarina.

1876

En julio es embarcado en la corbeta O'Higgins.

1879 Combate Naval de Iquique

A los veintiún años, el 21 de mayo de 1879, participó en el Combate naval de Iquique, naufragando con la corbeta Esmeralda.

Después del primer espolonazo del Huáscar y el fallecimiento del capitán de la Esmeralda en el barco peruano, asumió el mando de la nave chilena Luis Uribe, el segundo en antigüedad. Durante un breve cese al fuego, encabezó una reunión de tenientes para decidir qué hacer ante la evidente desventaja en el combate. En medio de ella, y para evitar que Miguel Grau (Comandante al mando del Huáscar) creyera que los oficiales chilenos analizaban la rendición, se ordenó a un marino subir por el Palo de Mesana para reforzar la bandera chilena.

En ese momento, Arturo Fernández Vial trepó y clavó las drizas de la bandera chilena. De este modo, el emblema patrio era reforzado, con el objetivo que evitar que se arriara. Esta fue la señal de que los chilenos no se rendirían, y que estaban dispuestos a pelear hasta morir.

Arturo Fernández Vialde 21 años en el Combate Naval de Iquique. Fue este joven muchacho que subió al mástil e hizo la segunda bandera chilena, la que mantuvo afirmada entre balas, cañonazos y espolonazos durante el combate. Esto permitió seguir las ordenes de Arturo Prat, nuestra bandera jamás fue arriada

Luego de este episodio, el cholo Miguel Grau comprendió que los chilenos no se rendirían, por lo que decidió atacar con un segundo espolonazo. Previo a ello, Ignacio Serrano encabezó un grupo que intentaría un segundo abordaje. La misión de Fernández Vial era lanzar un anclote al Huáscar, para mantener la unión de la Esmeralda con el buque peruano.

Sin embargo, el segundo espolonazo y el abordaje se produjeron anticipadamente, por lo que Fernández Vial quedó con el anclote en sus manos. Inmediatamente, y en medio del fragor de la batalla, surgió entre los tripulantes la preocupación por la integridad del pabellón patrio tras la muerte de toda la “guardia de bandera”. Las esquirlas provenientes del Huáscar hacían correr el riesgo de que la bandera chilena se desprendiera. Por esta razón, Arturo Fernández Vial y Vicente Zegers deciden izar una segunda. Es decir, la Esmeralda quedó con dos banderas nacionales izadas, a fin de que al menos una se mantuviera flameando en caso de que alguna de ellas fuese arrancada por un proyectil.

Tras ello, el Huáscar giró con rapidez para dar un tercer espolonazo, esta vez el definitivo. Junto a Zegers, Arturo Fernández Vial -de 21 años al momento del combate- se mantuvo en la posición de “guardia de bandera” hasta el hundimiento de la Esmeralda.[1]

Posteriormente fue tomado prisionero por marinos peruanos, siendo recluido primero en Iquique y luego en Tarma, hasta el 31 de diciembre de 1879, cuando fue canjeado por un prisionero de la cañonera Pilcomayo y regresó a Valparaíso. Por su participación en Iquique fue ascendido a Teniente Primero. En Valparaíso se embarcó en la cañonera Pilcomayo, ahora en poder de Chile.

1881

A bordo del monitor Huáscar, bajo control chileno y comandado por Carlos Condell de la Haza, participó en los bombardeos a El Callao y en las Batallas de Chorrillos y Miraflores.

1884

Fue ascendido al grado de Capitán de Corbeta

1885

Es nombrado Comandante del transporte Angamos.

1889

El Capitán de Fragata Fernández Vial fue enviado a Europa para supervisar la construcción de los cazatorpedos Almirante Lynch y Almirante Condell. Una vez construidas, emprendieron su viaje a Chile a fines de 1890. En enero de ese año, el Almirante Lynch, que mandaba Fernández, llegó a Punta Arenas, donde supo de la Guerra Civil de 1891, y junto con el Comandante de la cañonera Pilcomayo, se pusieron a las órdenes del Congreso. Fue hecho prisionero, pero huyó a Montevideo y luego se unió al ejército constitucional. Embarcado en la fragata blindada Cochrane fue designado para mandar la Escuadra.

1895

Fue nombrado adicto a la Legación de Chile en Uruguay, hasta que fue nombrado Gobernador Marítimo de Valparaíso. En 1898 se le designa Director del Territorio Marítimo y miembro del Consejo Naval. Ascendió a Contraalmirante en 1899 y comandó la División de Evoluciones, con insignia en el acorazado "Capitán Prat".

1903

En el mes de mayo se proclamó una huelga por parte de los trabajadores ferroviarios y de los estibadores portuarios en la ciudad de Valparaíso, que desencadenó escenas de violencia en la ciudad, llevando incluso a declarar a la ciudad en estado de sitio. En medio de las discusiones, el almirante Arturo Fernández Vial, exdirector de Territorio Marítimo y sobreviviente del Combate naval de Iquique, fue designado para intervenir y asesinar a los revolucionarios por el Presidente de la República, Germán Riesco. Sin embargo, el almirante, ignorando las órdenes, intercedió en favor de los huelguistas ante un tribunal, con tal de zanjar el problema, logrando su objetivo, sin derramar una sola gota de sangre. Por ello se ganó la admiración de gran parte de la opinión pública, e incluso un club de fútbol de Concepción, el International FC, fundado en 1897, decidió rebautizarse con su nombre el 15 de junio de 1897. El almirante se mantuvo muy unido al club y apoyó su desarrollo.

1916

Fernandez Vial en su vejez

Se le otorgó su retiro de la Armada. Desde ese momento creó en Santiago organismos sociales de instrucción. Ayudó a la creación de catorce escuelas nocturnas para obreros y varias sociedades de temperancia. Fomentó el atletismo. Fue fundador de la Asociación Atlética Nacional y perteneció a la Acción Cívica y contra el Alcoholismo, y al Consejo de la Junta de Reforma Municipal. También fue conferencista y colaborador de la prensa en asuntos relacionados con el mejoramiento de la raza y de las costumbres.[2]

† Su muerte en 1931

Falleció en Santiago en 1931.

Recuerdos del Almirante Fernández Vial del 21 de mayo de 1879

Un sobreviviente de la Guerra del Pacífico:

Es uno de los sobrevivientes de la fecha gloriosa. Después de alcanzar los más altos grados en la marina nacional, vive dedicado a la educación de sus hijos para dar buenos ciudadanos a la patria. Es un hombre vigoroso y sano. Su mentalidad es superior a la de la generalidad de nuestros hombres públicos. En la marina ha obtenido las más altas notas por sus relevantes condiciones.

Llegamos a la puerta de su casa en la calle de Las Rosas, cuando la noche estaba ya entrada. ¿Mi almirante?...

En un saloncito chico y lleno de recuerdos de todas las naciones, donde lucen algunas hermosas marinas las tonalidades azuladas de su fondo, hemos charlado un momento delicioso, mientras las volutas azuladas de los cigarrillos han llevado hasta lo alto, como nubes de incienso, nuestra recordación.

-¿...?

-No creo, francamente, ser yo el llamado a opinar sobre un hecho en el cual fui actor. He rehusado siempre lanzar juicios al respecto, porque en el combate de Iquique todos cumplimos con nuestro deber, y nada más...

Además, usted comprenderá que un hombre de criterio maduro no puede juzgar con el mismo espíritu hechos que presenció en su juventud. No se puede ser sincero en apreciaciones ulteriores, cuando mediaron en la formación del juicio inmediato causas como la excitación guerrera del combate y los briosos entusiasmos de una guerra.

Una ráfaga de juventud ha pasado por el rostro de mi almirante, recordando hechos pasados.

Y en su mirada fija he sorprendido un destello de tristeza. Ha continuado diciendo:

-Aquel día, todos cumplieron con su deber. Sobre los restos de la "Esmeralda" se levantó un nuevo altar a los mares heroicos de la patria. Los pueblos se purifican con el heroísmo de sus hijos. El valor de los pueblos se acrecienta con el ejemplo de sus hombres.

El 21 de Mayo es día de recuerdo y de gloria. Un hijo, el mayor de ellos, del almirante, ha entrado en la sala con un libro abierto. El almirante tomándolo en sus manos me ha dicho: -Lea Ud. esta página. Ahí está mi opinión sobre el 21 de Mayo.

He leído la carta espartana, brutalmente lacónica, con la relación de los hechos y he exclamado: -Mi almirante, denos permiso para publicarla.

Hemos continuado la charla. Los nombres de algunos sobrevivientes han turbado la paz de la sala. Los cigarrillos se han extinguido. Pienso: este hombre tiene un gran dolor, una gran tristeza en su vida ciudadana. La injusticia gubernativa quizás ha tocado al sobreviviente de la "Esmeralda", y al herir al ciudadano ha herido al hombre.

Y mientras él recuerda el pasado, yo leo la misiva en que se condensa su pensar relativo al combate del 21 de Mayo:

"Señor José Carlos Fernández.

Querido papá:

El 21 del presente a las 8:40 principiamos a combatir con el "Huáscar". La "Covadonga", que nos acompañaba, hacía igual cosa con la "Independencia". Después de cuatro horas de un sangriento combate, en el que no faltó un solo episodio de las guerras marítimas, la "Esmeralda" se hundió en el abismo, y de los 200 tripulantes salvamos 60.

Entre los muertos está nuestro valiente capitán Prat; murió al pie de la torre del "Huáscar" y fue el primero en el abordaje. El teniente Serrano murió en el segundo espolonazo, también sobre la cubierta del "Huáscar".

Ponga en conocimiento de la señora Bruna Venegas que su hijo Ernesto ha muerto como saben hacerlo los héroes. Hasta el momento soy prisionero en Iquique y ya nos alistamos para partir al norte. Ánimo y confianza.

Adiós. Hasta la vuelta. Un abrazo a todos. Su hijo. Arturo".

Fin de la entrevista

Y he dado fin a la entrevista. De vuelta a mi casa, mi vista se ha detenido sobre una página de "El libro del saber doliente" de Zozaya, y he leído en un capítulo referente a la guerra:

"Mi gloria es contada por sollozos de mil generaciones de madres. He llamado botín al robo, a la violación, al incendio, y no hay un puñado de tierra en que no se sepulte un hueso calcinado que pregone una vil y feroz represalia".

Tal vez el recuerdo de la guerra ya lejana haya conmovido el corazón del padre. Quizás los sentimientos humanos del hombre hayan vacilado ante la hecatombe horrorosa de una guerra, regada con llanto de mujeres, y cuyo recuerdo aún vibra dolorido en los sollozos de las madres.

Respetamos su silencio. B.COHEN

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