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Antonia Salas de Errázuriz

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Antonia Salas de Errázuriz
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Ilustre filantrópica y matrona chilena

Antonia Salas de Errazuriz.jpg

Bandera Chilena mini.png Maria Antonia Salas Fernández de Palazuelos, también conocida despues de casada como Antonia Salas de Errázuriz (☆ Santiago 13 de junio de 1788 - † 8 de enero de 1867) ilustre matrona e hija de Manuel de Salas y esposa de Isidoro Errázuriz, uno de los primeros mártires de nuestra independencia, prisionero en la Isla de Juan Fernández. La señora Salas convirtió muchas veces su casa en hospital, ya fuera para asistir a los patriotas después de un enfrentamiento, o por las epidemias que sufrió el país. A su iniciativa se debió la llegada de las "Hermanas de la Caridad", y la fundación de la casa "Buen Pastor".

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Contenido

Su infancia junto a su padre

Fue hija de Manuel Silberio Antonio de Salas Corbalán y Manuela María Fernández Palazuelos y Martínez de Aldunate. Sus hermanos fueron Pedro, Santiago, Manuel José, Manuela y José Perfecto.

Su abuelo José Perfecto de Salas fue un hombre publico importante, llegando a ser asesor del virrey Manuel de Amat y Junyent.

Desde muy joven, se manifestó llena de las más nobles virtudes hacia los demás. Cuando era muy pequeña, ya acompañaba a su padre en sus visitas a los hospicios que el mismo había fundado y casas de acogidas, donde la impactaba la pobreza y la necesidad de ayuda que tenia esa gente. Junto a su padre también visitaba las cárceles, llevándoles ropa y víveres para aquellos necesitados.

Su juventud

Fue matrona, ofició como enfermera y contrajo matrimonio con don Isidoro Errázuriz Aldunate, uno de los patriotas precursores de la Independencia de Chile, que incluso estuvo confinado en Juan Fernández por involucrarse con los revolucionarios, durante la Reconquista.

Dama de una filantropía sin límites y considerada casi una santa viviente en su tiempo, también ayudó a la causa disponiendo de su propia casa como improvisado hospital para los patriotas tras las batallas emancipadoras y después para los enfermos de la epidemia de cólera. Pasada las guerras, semanalmente iba a ayudar en la atención de enfermos del antiguo Hospital San Borja, con un grupo de voluntarias que fundarían después la primera generación de la Sociedad de Beneficencia de Santiago y la Hermandad de los Dolores.

Sus hijos

Antonia Salas junto a Isidoro Errázuriz Aldunate tuvieron 10 hijos:

1814

En octubre de 1814, durante la época de la Reconquista, tanto su marido como su padre fueron relegados en la Isla de Juan Fernández, por los realistas.

Fue en esos momentos cuando Antonia de Salas, inspirada en las ideas de libertad supo resistir con entereza y resignación el destierro de quienes ella tanto quería.

Entonces, además de conseguir los recursos para enfrentar las contribuciones que le imponía el gobierno español, para enviar víveres a los desterrados, se las ingenió para hacerles llegar las noticias de la causa de los patriotas, empleando ingeniosos medios para burlar la vigilancia realista.

1817

Después de la Batalla de Chacabuco se de dedicó a recoger y curar a todos los chilenos que defendieron la libertad de nuestra patria y que habían caídos heridos por las balas y cañones enemigos.

1819

Este año Santiago fue atacado por la epidemia de Viruela, donde Doña Antonia, sin importarle el posible contagio, se dedicó a cuidar a las víctimas del espantoso mal.

1820

Durante la epidemia de viruela que azotó al país en 1820, se llevó a su casa en el fundo San Rafael, a una familia compuesta de cinco personas atacadas por dicha enfermedad, que vivían en una casa muy pobre.

Allí Antonia se preocupó de cada uno de ellos, quienes tuvieron la suerte de recobrar la salud gracias a sus cuidados.

1822

19 de noviembre de 1822: Un gran terremoto azota la zona central de Chile, se le llamo el "Terremoto de Valparaíso", con una magnitud de 8.5º Richter y una duración de tres minutos, dejando un saldo de 76 fallecidos (el doctor Juan Miquel, dice 200), 18 desaparecidos, 546 heridos y 5.342 damnificados [1].

Fallece su hijo

Entre los fallecidos estaba Francisco de Paula, un hijo de la señora Antonia Salas. La gente de la época describió este espantoso acontecimiento como muy penoso y terrible, pero al contrario de lo que todos suponían, la señora Salas refugio su dolor ayudando a los damnificados de la tragedia.

1829

Durante la Guerra Civil de 1829 a 1830, luego de la Batalla de Ochagavía, organizó la asistencia a los heridos en un improvisado hospital militar.

1833

18 de agosto de 1833: Este día fallece su marido Isidoro Errázuriz Aldunate

1838

La formidable generosidad y abnegación de doña Antonia, aliada a la del Arzobispo de Santiago Manuel Vicuña Larraín, condujeron a la decisión del ministro Diego Portales de solicitar la venida a Chile desde Francia de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón, materializada en 1838, las que eran conocidas por sus acciones de servicio social y hospitalario.

La Sociedad de Beneficencia de Santiago

La llegada de las primeras religiosas a Chile se encuentra fuertemente ligada a la labor de la Sociedad de Beneficencia de Santiago, presidida por Antonia Salas de Errázuriz. Formaban esta Sociedad mujeres de la oligarquía, a menudo esposas, hermanas o madres de connotados hombres públicos de la época. Como otras sociedades de ese tipo que proliferaran en América Latina, la acción de esta se orienté a los hospitales, a1 hospicio, a la Casa de Huérfanos, al Asilo del Salvador y a las cárceles, instituciones en las que organizaban especies de Juntas de Vigilancia que intentaban paliar el franco abandono en que se encontraban estas instituciones.

La Sociedad tenia como objetivo primordial velar por los intereses y necesidades de la mujer pobre:

Su objeto seria ejercer cierta especie de tutela o patronato sobre las obras de Beneficencia destinadas a la mujer, inspeccionarían las existentes y crearían nuevas: obtendrían del gobierno la personería jurídica, la facultad de desempeñar su cometido ah en los establecimientos oficiales y la licencia para recolectar fondos[2].

Porque traer religiosas

El trabajo que se proponía cubrir el pequeño grupo de mujeres que conformaba esta Sociedad, las sobrepasaba. Las necesidades eran de tal envergadura en el Santiago de mediados de siglo, que pronto se fue perfilando la idea de establecer en Chile comunidades religiosas femeninas dedicadas ciento por ciento a las tareas de socorro a la mujer. Hasta ese momento no se conocían en el país más que las antiguas órdenes contemplativas y educacionales, que aunque realizaban ayuda solidaria, no era ella su principal quehacer.

Fruto de esta situación, la Sociedad comenzó a realizar gestiones para concretar la venida de congregaciones religiosas que asumieran determinadas labores:

  • Las Hermanas de San Vicente de Paul para hacerse cargo de los hospitales
  • Las monjas de la Providencia para el cuidado de los huerfanos y niños abandonados
  • Las religiosas del Buen Pastor en el "Asilo de la mujer caída y en la cárcel de corrección". [3][4]

1854 Las monjas de San Vicente de Paul

Hijas de la Caridad por Armand Gautier (1825 a 1894).jpg

Este año gracias a las gestiones y ayuda económica de Doña Antonia en conjunto con el gobierno del presidente Manuel Montt, llegan a Chile las religiosas francesas de la congregación fundada por San Vicente de Paul, las que fueron destinadas a la atención de los hospitales de Santiago, al hospital de Valparaíso y al Hospital de Talca. En este ultimo desarrollaron una hermosa y abnegada labor asistencial en Talca, siendo clásicas sus figuras con las grandes tocas aladas en la ciudad.

Las monjas de San Vicente de Paul que trajo doña Antonia, ayudarían al cuidado de los hospitales; y las de La Providencia, harían lo propio con los niños.

1855

Sus esfuerzos también permitieron la fundación de la Casa del Buen Pastor, en 1855, y las monjas de la orden de San Vicente de Paul, ayudaron a atender las casas correccionales.

Su muerte en 1867

Antonia, falleció en la ciudad de Santiago a los 78 años de edad, el 8 de enero de 1867.

Su monumento un reconocimiento que nunca tuvo en vida

Pareciera que doña Antonia Salas no habría tenido ningún reconocimiento importante a su obra después de su muerte ocurrida en 1867, así que, según la información publicada por el Consejo de Monumentos Nacionales, una pariente suya tuvo la iniciativa de erigirle un monumento a tan notable mujer de nuestra historia, hacia la proximidad del Primer Centenario de la Independencia. Esta familiar residía en Buenos Aires, Argentina, en donde existía ya una hermosa obra de Léon Ernest Drivier (1869-1943), titulada "La Primavera", que había sido elogiada en esas tierras platenses y que estaba originalmente en la Pérgola del Lago de Palermo, pero después fue trasladada hasta el Parque Justo José de Urquiza.

La persona referida tuvo la idea, entonces, de solicitar al artista francés la creación de una obra que homenajeara la memoria de doña Antonia. Los documentos publicados por el Consejo de Monumentos Nacionales y la Universidad Miguel de Cervantes sugieren que la inspiración para solicitar la escultura a Drivier fue la misma obra que el escultor francés había colocado en la Argentina, aunque parece que de todos modos el autor se tomó plenas libertades creativas, pues mientras "La Primavera" mostraba a tres figuras femeninas de pie, en la dedicada a la caritativa chilena los personajes están arrodillados o sentados y sólo dos de ellos son femeninos, aunque en el mismo estilo figurativo neoclásico. Además, en la estatua de Argentina aparecen esculpidos y adosados a la roca, mientras que en esta nueva obra las imágenes se ven desprendidas y casi en unidades.

Titulándole "A la Caridad", o "Ángel de la Caridad" según otras fuentes, hacia 1910 Drivier habría tenido terminado el encargo y envió la obra hasta las manos de la solicitante. Ella la puso en barco de camino a Chile. Pero otros textos señalan que esto sucedió más de 15 años después, pues todo el trámite que se realizó tanto para solicitarla, pagarla y transportarla es casi desconocido en nuestros días, al haber correspondido a una gestión privada, quedando en misterio la mayor parte de ella.[5]

Tras desembarcar, además, los enredos administrativos hicieron que el monumento permaneciera guardado en las bodegas de la Aduana de Valparaíso sin ser enviado a Santiago, al contrario de lo que se había dispuesto. Por esta razón, la solicitante debió viajar desde el Plata hasta Santiago, para arreglar por su propia cuenta estas vicisitudes y convencer a las autoridades de montar esta obra en algún lugar de Santiago. Su insistencia rindió frutos el 27 de mayo de 1927, cuando la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de instalación de "A la Caridad", según señalan las actas del Consejo de Monumentos Nacionales.

Sólo un parlamentario votó caprichosamente en contra de la iniciativa

Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuatro años para decidir dónde colocar la obra dentro de la ciudad, algo ocurrido hacia 1932. Se supone que había sido escogida la Plazuela de la Merced, simbólicamente situada ante la basílica de la congregación religiosa relacionada precisamente con la caridad. Empero, el monumento estuvo primero en el hall del Palacio de Bellas Artes, sobre un espejo de agua y con una fuente detrás de sí, siendo trasladado más tarde a la Alameda de las Delicias frente a calle Santa Rosa. El conjunto quedó instalado en la Plazoleta de la Merced, por entonces llamada Plaza del Arzobispo, sólo después de este peregrinar por Santiago Centro, pero se cuenta que jamás pudo ser inaugurado: la anarquía política que se vivía en esos días y la seguidilla de gobiernos provisorios impidió que un acto oficial de descubrimiento la presentara formalmente.

Pese a todo, la obra de bronce marcó aquella esquina hasta nuestros días. Como hemos dicho, reúne a cuatro personajes, pero destaca el de la mujer con una especie de vestido ligero y más alta en el conjunto, a diferencia de la desnudez de los otros tres a quienes parece abrazar, como si les diera abrigo. Es la representación que Léon Ernest Drivier hizo de doña Antonia Salas de Errázuriz, en actitud de ofrecer acogida a los desvalidos.

Posteriormente, Léon Ernest Drivier realizó otra obra con el mismo dramatismo que la de Chile y hasta cierto grado de semejanza, que algunos le consideran como la mejor y más conocida, siendo llamada "A nuestros muertos". Está en la Plaza de Estrasburgo, y muestra a una madre que abraza con dolor a sus dos hijos caídos en la guerra, mientras estos han perecido con sus manos tomadas, como aferrándose entre sí a la vida. Alegoriza la tragedia de Alsacia, con uno de los hijos simbólicamente muerto por los franceses y el otro por los alemanes. Aunque Drivier la concibió originalmente para los caídos en la Primera Guerra Mundial, colocándose en su base la inscripción "1914-1918", irónicamente, la maldad cíclica de la historia ha obligado a los franceses a seguir anotándole nuevas fechas, incluso después de la muerte del autor: "1939-1945", "1945-1954" y "1952-1962", aludiendo a las posteriores guerras que volvieron a comprometer vidas francesas.

Y así como la estatua de Estrasburgo ha seguido en triste vigencia después de haber sido creada sobre una época específica de la historia y sus dramas, la nuestra emplazada en la Plazoleta de la Merced o de la Caridad aún sigue recordándonos no sólo los sacrificios de doña Antonia Salas de Errázuriz, sino la importancia y la necesidad aún cierta de la caridad humana, requerida hasta nuestros días en un país que presume tanto de sus logros y de su aparente desarrollo, pero de espaldas a la resistida realidad tercermundista que arrastra y seguirá arrastrando probablemente por mucho tiempo más.

El hecho que la Basílica de la Merced esté frente a esta estatua no es menor, dado que el origen histórico de la Orden (inspirado por una visión de la Virgen María que tuvo en 1918 el clérigo catalán Pedro Nolasco, hoy santo), fue precisamente relacionado con la caridad: la redención de cautivos, la liberación de esclavos incluso llegando los frailes a canjearse por esclavos negros. En la colonización española en nuestras tierras, abogaron por la abolición de las encomiendas donde se esclavizaba a los indígenas. Actualmente, los mercedarios tienen a su cargo la pastoral carcelaria a nivel nacional, donde asisten espiritualmente a los reos de los distintos penales, como forma de llevar a cabo su misión fundacional.

Pizarra

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  • La escultura tiene una firma de buena cotización en la historia universal del arte: "DRIVIER". Corresponde al escultor francés León Ernest Drivier (1878-1951), discípulo de Rodin, cuyo estilo artístico es de inspiración clásica y de gran dramatismo expresivo. En su base está inscrito el nombre de doña Antonia Salas de Errázuriz, sobre la frase "Charitatum Dilexit", algo así como "Amó la Caridad" en latín.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. amazon.com/INFORME D. Los Desastres naturales de Chile/M.A. Ducci
  2. Isem 1923,29
  3. Errázuriz de Subercaseaux 1922,17.
  4. Disciplina y Desacato, Construcción de Identidad en Chile. Siglos XIX y XX./Maria Soledad Zárate C./Edit. Sur/Decem /Pág. 159
  5. urbatorium/La plazuela de la Merced y su escultura dedicada a la caridad eterna
  • La Tercera/Historias perdidas de las Hermanas de la Providencia/30 ene 2014
  • Antonia Salas de Errázuriz/Rasgos biográficos de mujeres célebres de América : escritos, traducidos y extractados para el uso de las jóvenes / por José Bernardo Suárez. 4a Ed. Paris: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1909. 173 p.
  • El ángel de la caridad : Doña Antonia Salas de Errázuriz 1788 a 1867/ Autor: Errázuriz de Subercaseaux, Amalia, 1860-1930/Santiago de Chile/Imprenta Chile, 1916/Salas, Antonia, 1787-1867.

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