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Tía Carlina

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Tía Carlina
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Famosa regenta de prostíbulos de los años 50 y 60 en Santiago

Una de las únicas fotos existentes de María Carlina Morales Padilla de 1971, mejor conocida como la Tía Carlina, nunca le gusto que la fotografiaran, por lo que la mayoría de las veces, quien lo intentaba salía lléndose con un buen rosario de parte de la tía. Una imagen borrosa, pero al menos podemos dejar algo en la memoria de Chile.
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María Carlina Morales Padilla ( Colchagua 1910 -† Santiago 1993) conocida en Chile como la Tía Carlina regenta y dueña del burdel de "La Tia Carlina", que se ubico en calle Vivaceta N° 1226. Su pareja Jorge Farfán, apodado en el mundo del hampa como "Zapatita Farfán", quien la acompaño gran parte de su vida.

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Su infancia

La Carlina, creció en un conventillo de la ciudad de Santiago hasta que su padre, un sargento de policía pendenciero, cuya carrera se vio abruptamente truncada, decidió abandonarlas a ésta y su madre dejándoles como único patrimonio el más desalentador de los panoramas. Al poco tiempo, la madre pasa a mejor vida y la Carlina queda bajo el cuidado de Doña María, una gorda amiga de su madre, que al poco tiempo se emparejo con un hombre, al que por ordenes de Doña Maria, debía respetarlo como si fuese ella. Este fue quien le dijo a la gorda María que debía mandarme a hacer algo, al otro día, ya estaba vendiendo pan amasado en las afueras de la iglesia de Santo Domingo. La mayoría de las veces recibía maltratos de la mujer, por una u otra cosa y ha veces, sin saber porque.

Uno de los mejores recuerdos, es cuando se encontró una muñeca, cerca de las riberas del Mapocho, estaba feliz, la bautizo sarita. Al poco tiempo uno muchachos se la quitaron y la pisotearon hasta romperla completamente.

De ahí en más la niña fue creciendo, sus pechos, elemento de su fisionomía que según ella misma le abriría las puertas del éxito se convertían en el deleite de los transeúntes.[1]

Un día de aquellos, un viejo solitario que pasaba por fuera de la iglesia, le mostraría el camino hacia el éxito a la por entonces pobre muchachita. Difícilmente a esa edad se imaginaría que la proposición indecente del veterano -aquella de comprarle todos los panes que le quedaban, si lo dejaba tocarle los senos- sería la antesala de una vida llena de lujos, de una movilidad social esquiva a la mayoría de sus contemporáneos, que la llevó de los tugurios al lujo en tiempo récord.

1919 “La Mamy”

Habría iniciado su vida como trabajadora sexual en un antiguo prostíbulo de este tipo, ubicado en calle Moneda 22 frente a la Biblioteca nacional, hoy convertido en un edificio de estacionamientos, asumiendo la administración, del lugar por cinco años, al fallecer su regenta, conocida como la Mamy.

De ahí en más a base de astucia supo ganar terreno en un mundo cuyos códigos se leen sobre la marcha, siendo asilada por una cabrona de renombre conocida como “La Mamy”, al tiempo de muerta ésta última, la Carlina toma las riendas del negocio y comienza a cimentar su propio imperio.

1920

El Presidente Arturo Alessandri envió a la zona del conflicto limítrofe con el Perú a muchos personajes turbios de nuestra bohemia,cuando se decidiría con un plebiscito a qué país pertenecerían Tacna y Arica. Entre ellos, como ocurre siempre en las guerras, reclutó a muchas prostitutas. Carlina, nacida a principios del siglo pasado, fue reclutada para que convenciera a los peruanos y bolivianos para votar a favor de nosotros, lo que la transformó en una heroína.[2]

1924 El incendio

Un episodio muy particular es bastante ilustrativo de la relación que mantenía nuestra cabrona con los “agentes de la ley y el orden”. Una noche como cualquier otra, se desató un incendio en la casa de remoliendas en la Casa de la Mamy, ya fallecida, los dos sujetos que se encontraban intimando con la Carlina -nada menos que un diputado y un industrial- salieron a ver qué pasaba, cuando de súbito, una viga en llamas se desprende del techo y mata a los dos en el instante. De allí los oficiales de carabineros, quienes disfrutaron en varias ocasiones de la Carlina y sus muchachas, le tendieron una cortina de humo, para que escapara de las fauces de la ley, burlando cualquier responsabilidad sobre lo que se hacía en la casa siniestrada y sobre todo, cualquier responsabilidad sobre los finados. Aquel comisario le habría dicho “Si hago esto es porque precisamente, contigo he pasado unos buenos ratos”.

1928 En Valparaíso

Sin embargo no todo fue miel sobre hojuelas para nuestra cabrona, pues un incendio en el que murieron dos reputados parroquianos la obligó, tras el escándalo mediático, a huir a Valparaíso donde se vio de nuevo en las calles de las que no tardaría mucho en salir. Hay quienes dicen que el éxito se construye sólo sobre la base del talento, sin perjuicio del rol que pudiese jugar el azar, en el caso de la Carlina fue una mezcla de suerte y desde luego, de un talento y una sangre fría sin precedentes; uno de sus amantes había atracado una joyería y le encomendó la salvaguarda del botín, al poco tiempo se enteró que su galán había muerto en la cana y se vio nuevamente embargada por el poder que ofrece una buena cantidad de dinero, que le permitiría volver a levantar su imperio, literalmente desde las cenizas.

Clase política

La indescifrable clase política tampoco permanecía indiferente ante las operaciones de nuestra cabrona y es quizás en su relación con ella, que los hipócritas de ayer y de hoy sacarían a relucir su tradicional doble estándar.

Güisín, un licencioso diputado durante las horas de luz se refería en los siguientes términos a la Carlina y sus muchachas:

“Están en mi poder los nombres de todos los que comercian en este inmundo tráfico de mercancía humana. Yo, como legislador, me atrevo a pedir a mis honorables colegas una acción violenta, directa y terminante contra el vicio y la corrupción”.

Sin embargo, por las noches el caradura de Güisín visitaba a una de las muchachas de la Carlina, con quien aspiraba a la exclusividad; los celos terminaron por jugarle una mala pasada al diputado, quien desataría una gresca descomunal al interior de la casona que terminaría con sus aspiraciones al senado, le valdría además la portada de los medios de la época y un asesinato a la imagen que le obligaría a esfumarse de la sociedad chilena. A pesar del doble discurso de los políticos de la época, cuyo placer culpable eran las muchachas de la Carlina, cada vez que públicamente se condenaba el negocio o se promulgaba alguna ley en contra de este, la popularidad de la casa de la Carlina crecía cada vez más.

La iglesia católica

Tampoco se mantendría al margen de las actividades de nuestra cabrona y si bien, en la obra de Martín Huerta no se explicitan relaciones carnales entre algún clérigo y la Carlina o sus muchachas, sí se deja entrever que la iglesia estaba completamente al tanto de este tipo de actividades y que peor aún, las legitimaba, beneficiándose de ellas.

El vínculo con la iglesia católica habría comenzado cuando Carlina viajaba en barco hacia Europa donde conocería al Padre Laste quien al enterarse de los asuntos de los que se ocupaba Carlina le habría dicho: “Cristo perdonó a la prostituta. Yo, sin pretenderme Cristo, la perdono a usted y la aprecio.” De alguna manera las palabras condescendientes de aquel cura habían calado hondo en Carlina y sus vacíos espirituales, quien con la edad comenzaba a sentir el peso la soledad y la cercanía de la muerte.

El Padre Laste aprovecharía el afecto que Carlina había desarrollado hacia su persona y en una oportunidad, llegaría hasta la casa de ésta solicitándole dinero -no se explicita para qué- diciéndole: “A los ojos de Dios usted estará colaborando con él”. Tiempo después, encontrándose Carlina en una fase terminal del cáncer acude donde el Padre Laste a solicitar el perdón de sus pecados, a lo que el cura no sin vacilar, accedió diciéndole: ”Una vez le pedí ayuda y Ud. abrió la mano. (…) Le dije en esa oportunidad que Dios lo tendría presente y a mí, honradamente, se me ocurre que así ha sucedido”. En el testamento de Carlina se consignaba que todos sus bienes inmuebles se los dejaba al Padre Laste, quien debía a título de ésta, donarlos a la iglesia.

Origen del poder que detentaba Carlina

Un último elemento de análisis sobre la historia de nuestra cabrona y que nos lleve a comprender porqué a fin de cuentas todos los poderes de la época sin distinción -eclesiásticos y laicos- llegaban siempre a golpear su puerta, no podría ser otro que la pregunta por el origen del poder que detentaba Carlina, que la elevaba a fin de cuentas al cenit de la sociedad de su época. Michel Foucault, en su proyecto de analizar la historia de la sexualidad en las sociedades occidentales, centrándose en los mecanismos de poder y control desplegados sobre ese ámbito particular de la vida, resalta por sobre todo el rol de la pastoría.

Para Foucault el surgimiento de este poder se debe a “(…) la existencia, en el seno de la sociedad, de una categoría de individuos específicos y singulares, que no se definen totalmente ni por su estatus, ni por su cualificación individual, intelectual o moral, sino individuos que, en la sociedad cristiana , desempeñan el papel de pastor en relación con los demás individuos que son para ellos sus corderos o su rebaño”. Carlina en efecto era una pastora, que procuraba dispensar a su rebaño de los vicios más oscuros de la época; era pastora en las penumbras, en la intimidad, en el subterfugio de la vida pública, tras las bambalinas morales que hacían de fachada a su notable rebaño. Su poder nunca se cimentó sobre alguna posición oficial, intelectual o moral, sino simplemente en el hecho de tener a los poderes de la época -disculpando la vulgaridad- literalmente de los cocos.

Una poderosa agenda negra

En los 40 ya instalada en Independencia, contaba con una poderosa agenda negra llena de contactos y gente que le prodigaba favores de vuelta. Cuando en la municipalidad le dijeron que por norma no podía anexar la casa de al lado a la patente de alcoholes que tenía, tomó el toro por las astas y con un par de visitas a la persona adecuada logró el permiso para que, junto al Bossanova se instalara un conveniente hotel. Incluso uno de los hombres de confianza del presidente Salvador Allende, que postulaba para ministro de Justicia, era abogado de la Carlina y tuvo que ser bajado un día antes de su nombramiento, por esa razón.[3]

El Bossanova

Con la señora de gafas negras sentada detrás del Bar; casi siempre acompañada por su chico regalón, la bella Jezzabel con sus ojos verdes cautivadores…

"Se entendía que el de la Carlina era un prostíbulo, pero entonces se llamaba Bossanova. La gente llegaba en auto, era de buen nivel e iban a ver a los homosexuales. Es hipocresía eso de meterse al lugar ignorando que las que bailaban eran niñas". La belleza de sus travestis por entonces exigía un exigente casting en tiempos en que no existía la silicona y los quirófanos no eran una opción en el país. "Era muy tacaña. Las hacía comprar ropa nueva, útiles de aseo y zapatos que ella misma les vendía. No las dejaba salir a la calle y descubrió que era mucho más barato mantener a un maricón que a una mujer, al contener lo mejor de dos mundos Eran más leales, responsables y útiles"

Una las primeras casas de huifas o wifa´

Una de las primeras casas de remolienda que se convirtieron al camuflaje comercial para esquivar las restricciones y evitar la clausura por parte de las autoridades, fue el citado burdel de la tía Carlina, que logró mantener su actividad clandestina disfrazándose de boîte, treta que fue usada varias veces por otras casas. Lo curioso es que, en algún momento, la fama de los espectáculos de la Carlina superarían su fama y sus servicios como centro de prostitución.

El local de la Carlina fue rebautizado como Cabaret Bossanova y llegó a tener importantes visitas internacionales como público o como parte del show. También comenzaron en esta época las presentaciones de unos travestís que vivían en la casa, fundadores de un exitoso grupo de revista llamado el Blue Ballet, y que dieron una característica al negocio parodiado años más tarde por el comediante Ernesto Belloni en su café concert “Los años dorados de la tía Carlina”. "Soy como se me ve. Tengo cincuenta y ocho años y represento cincuenta y ocho. No soy bonita y con el tiempo me he puesto menos bonita todavía. Aun ahora dispongo de los hombres que quiero. El dinero es mi arma y lo digo. El dinero me ha dado poder, un poder del que muy pocos logran disfrutar". Con muy buena autoestima se definía Carlina Morales Padilla en la biografía no autorizada "Yo Carlina X" del inefable Martín Huerta, un libro publicado en 1967 por Editorial Ráfaga, en que se entregaban algunos destellos sobre la profesión más vieja del mundo realizada por sus niñas en los salones Vip del Bossanova, la boite más famosa de Chile.[4]

Era "Chicago chico"

En honor a la verdad, gran parte de la delincuencia y la criminalidad, efectivamente, ya estaba asociada a estos centros, en aquella época. Eran conocidos los movimientos de figuras del hampa como: el Bacalao, la María Económica, la Teta de Hormiga, el Aserrín, la Morisqueta, la Poca Teta, el Cabeza de Ajo, la Peinetera Walo, el Negro Carlos, el Rucio Bonito, el Cabro Eulalio o el Zapatita Farfán, pareja de la tía Carlina, en el ambiente del tráfico de droga y otros delitos. Armando Méndez Carrasco retrata algo de este escenario en su libro "Chicago chico".

"El Zapatita Farfán”

Sobre su pareja Jorge Farfán, conocido en el hampa como "El Zapatita Farfán”, fue un apostador y asesino conocido en los bajos mundos santiaguinos, por matar al "Perro" Marín, en otro prostíbulo, lo apuñalo en reiteradas veces, mientras el "perro" dormía con una prostituta llamada "Pelusa".

Sus Clientes

La Tía Carlina, según se cuenta era una mujer, elegante y de carácter fuerte. Tenía contactos con gente importante, era respetada y no dejaba entrar a cualquiera al local. Siempre de gafas negras sentada detrás del Bar; casi siempre acompañada por su chico regalón, preocupada hasta el último detalle, porque el salón siempre estaba lleno de gente fina, intelectuales, políticos, deportistas, artistas y turistas.

Problemas con la Justicia

Una noche cualquiera, de invierno para ser más exactos, Investigaciones programó una visita, con allanamientos incluidos, a todos los más importantes locales de diversión de la noche santiaguina. Usaron los pretextos de siempre: lucha contra la delincuencia, las drogas... Invitaron por supuesto, para darle más emoción y color, a los diarios más importantes de la capital. Esa misma noche importantes personajes de La Moneda terminaron una fiesta de hombres solos en los salones de La Carlina. Pasaron los tiras y periodistas y tomaron, distraídamente, fotos para el mundo.

Al día siguiente quedó la escoba. Cito un ejemplo, en el despacho del director de “Clarín”, se recibieron cientos de llamados telefónicos pidiendo ver las fotos. Cuando se supo que no se publicarían jamás, los hombres de nivel palaciego respiraron tranquilos. El campo periodístico derrochó discreción y seriedad. Pero, como en Investigaciones había que cerrar su operativo, interrogó a mucha gente, entre ellos a La Carlina, para conocer mas detalles. Perdió el tiempo. Su hermetismo fue total. Como dicen los lolos: “La Carlina, murió pollo...”

Sin patente

Cuando la Tía Carlina aún no tenía patente siempre estaba el peligro de que llegaran los carabineros. Había un campanillero en la puerta que avisaba si veía el peligro, apenas sentían tintinear la campanilla se apagaban las luces y todos se tenían que esconder en unos pasadizos que mandó construir. Igual hubo veces que el campanillero no vio llegar a la policía y le sacaron partes al local. Aunque el mito dice que la Tía jamás pagó multa alguna, porque tenía buenos contactos, era cosa que fuera al barrio alto o hiciera una llamada telefónica y sus amigos jamás la dejarían de lado.

El Blue Ballet

El BLUE BALLET original Tia Carlina

Hasta ese minuto en la Plaza de Armas de Santiago, los “maracos”, “yeguas sueltas”, “locas perdidas”, “mariposones”, “colipatos” —como les llamaba la prensa amarilla a los homosexuales— no aparecían organizados, ni emancipados en ninguna parte. Sólo figuraban en sendos reportajes periodísticos relativos a la sorprendente primera operación de cambio de sexo que transformó en mujer a Marcia Alejandra Torres Montajo, en pasionales crímenes sodomíticos o en publicitadas redadas policiales contra los travestis que ejercían el comercio sexual en calle Vivaceta 1226, lugar de hospedaje del mítico burdel de la reina prostibulera de Chile, Carlina Morales Padilla, la “Tía Carlina”. Tal vez, la única imagen positiva de los homosexuales, destacada profusamente por la prensa de espectáculos, tenía exclusiva relación con los artistas homosexuales integrantes del celebrado conjunto de baile Blue Ballet, quienes no sólo incomodaban con su peculiar nombre a los recios futbolistas del Club Universidad de Chile, sino que también sorprendían al público con sus coloridas actuaciones en el desaparecido teatro de variedades Bim Bam Bum de la capital.[5]


Eran tiempos menos luminosos en que las débiles bombillas eléctricas del burdel más popular de la historia chilena cobijaba a las varoniles muchachas que llegaron a conformar el Blue Ballet. Una especie de clan Rojo, pero rosa. Transexuales y travestis que partieron siendo una incómoda carga para la comadrona como parroquianos, pero a quienes luego pulió convirtiéndolos en las primeras revistas transexuales de Latinoamérica. La Odalisca Pehuenche, la Loba Catalina, la Susuki y la Katty eran los cotizados starletts que representaban musicales de Cleopatra y la Quintrala, entre otros. "Eran un gran atractivo. Era como ir a la Kmazú", recuerda "M".

Patricia Carvajal (52) era una de las vecinas de Independencia que se maravillaban con el espectáculo del Blue Ballet en Vivaceta."No había niñas, yo vi sólo travestis", recuerda y agrega: "Yo fui el 73, iban muchos matrimonios a verlo porque era un espectáculo muy fino con las coreografías de Fredy Tuca. Ese fue el año en que un empresario ariqueño se llevó a las niñas". Ese fue el comienzo del fin para la Carlina. La prensa de entonces recuerda que hasta balazos hubo en la fuga intrépida de sus maricones que se fueron más tarde a Europa. Allá el transformismo venía de vuelta y no logró igualar jamás el éxito local.

Cuando inauguró la Boite Bosanova y desde allí junto a las coreografías de Freddy Tukas, y después de Paco Mairena, conformó el Blue Ballet, un cuerpo de baile de travestis que revolucionó aún más la noche del Gran Santiago remontando su gloria hasta más arriba del paracaídas.[6]

En Septiembre de 1973

El nivel de las chicas debió bajar para lograr una solución de emergencia, pero junto al golpe militar llegó el toque de queda y la muerte de la regenta ocurrió discretamente, 25 años después de la gran fuga. [7]

El negocio continuó con dificultades hasta caer en su decadencia, con la llegada de los militares al poder y el toque de queda, la Tía Carlina cerró las puertas de su burdel y nunca más se supo de ella, se retiró en el más absoluto silencio junto con toda la antigua bohemia santiaguina esa que nuestros abuelos y padres aún recuerdan con nostalgia y que difícilmente volverá.[8]

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† Su muerte en 1993

María Carlina Morales Padilla falleció a los 83 años, en una abandonada sala de la clínica Victoria Rousseau en la Calle Pedro de Valdivia de providencia, su funeral estuvo desierto. No fue el final de un ícono, sino como el entierro triste de la peor golfa del pueblo.La misma que dijo "He sido puta ¿y qué?.

En el testamento de Carlina se consignaba que todos sus bienes inmuebles se los dejaba al Padre Laste, quien debía a título de ésta, donarlos a la iglesia.

Su Casa

Casa de la Tia Carlina

Por estos días, la casa de Vivaceta 1226 donde funcionó el imperio del buen pasar de Carlina Morales Padillla, está siendo demolida para instalar ahí un taller mecánico y estos vestigios, para los que peinamos canas, sólo será el buen recuerdo de un Chile con gente feliz donde reinaba la cultura, el arte, la poesía y la gran bohemia Una vieja casona que funcionó como cuna del famoso "Blue Ballet".

El burdel de la Tia Carlina en Vivaceta´, abandonado después del Golpe del 73

El último adiós al más famoso burdel

El 14 de septiembre de 2007, un grupos de dirigentes culturales y vecinales, junto con una concejala, el Guaripola de los Guachacas, Dióscoro Rojas, dieron el último adiós al más famoso burdel, ubicado en calle Vivaceta 1226, antes que , en los días siguientes, fuera demolida su estructura e interiores.

En ese mítico burdel o casa de putas, que además fue un lugar de encuentro social y bohemio, nació en los años 60, el famoso Blue Ballet, el primer espectáculo de travestis del país.

En la ocasión de la despedida, se bailó cueca y tomó chicha, recordando tiempos mejores. Los asistentes , muchos de ellos, vecinos y vecinos desde ese entonces, se llevaron vigas y recuerdos de tan famoso lugar.[9]

Letrero de la Casa de Tolerancia o remolienda de Madam Ivonne, anterior a La Carlina

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  • La palabra huifas ("estar como las huifas") viene de la particular forma en que los inmigrantes alemanes del sur pronunciaban la palabra "huevas".

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