Regimiento de Caballería Blindada Nº 1 “Granaderos”

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Regimiento de Caballería Blindada Nº 1 “Granaderos”
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Presentación

La historia del regimiento “Granaderos” del general Manuel Bulnes Prieto, se funde en más de un siglo y medio con la historia de nuestra patria.

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Contenido

Las tierras sureñas, las fértiles llanuras, el desierto nortino, las sierras peruanas y el altiplano, son testigos de las innumerables páginas de guerra, que con sables y lanzas, han sido escritas por la gloriosa caballería del ejército de Chile, “siempre vencedora jamás vencida”.

1810

Ya en la Patria vieja, conformando los cuerpos de caballería, la participación de “Granaderos” como unidad bien organizada, le permitió una brillante participación en Yerbas Buenas y San Carlos, tratando de detener las fuerzas de pareja que invadían la patria.

1816

Después del desastre de Rancagua emigra a Mendoza junto al ejército patriota, conformando posteriormente como “Regimiento de Granaderos a caballo”, el Ejército Libertador de los Andes en el año 1816.

1817

En la batalla de Chacabuco destaca la intrépida acción de los “Granaderos” al actuar sobre la caballería realista: "el escuadrón de “Granaderos”, Medina, atravesó una brecha de línea enemiga y, acuchillando a los artilleros en sus propias piezas, se trabó en lucha con los carabineros de Abascal”. En otro lugar del campo debatalla: “el 4º escuadrón de “Granaderos” a caballo, del comandante Necochea concluyó a golpes de sable con los restos del Chiloé que habían alcanzado a huir”. Terminando éste hecho de armas, participa en la guerra en el sur, destinada a batir a los restos del ejército realista, participando en ésta jornada en la sorpresa de Curapalihue, combate de cerro Gavilán y en asalto de Talcahuano.

1818

Finalmente en Maipú, batalla en la cual se selló la independencia de Chile y que tiene una profunda significación para la caballería por su decisiva y relevante participación en el éxito contra las fuerzas realistas, participa “Granaderos” conformando la división “Las Heras”, que actuaron contra las posiciones de primo rivera. Dos de sus escuadrones a caballo obligaron a los dragones a volver caras y replegarse sobre su propia infantería. El parte oficial del general san martín expresa:

“Nuestra caballería acuchillaba a su antojo los flancos y retaguardia (de las columnas enemigas). Pero manchando éstos en masa, llegaron hasta los callejones de lo espejo. El camino quedó sembrado de cadáveres, los realistas iban dejando una estela de muertos, de heridos y de sangra, pero sus columnas no se desorganizaban”.

estos fueron los inicios de éste aguerrido regimiento y su actuación en las campañas de la independencia

1827

Años más tarde, por decreto supremo del 6 de julio de 1827, con la firma del presidente de la república don Francisco Antonio Pinto, se creó en forma definitiva el regimiento “Granaderos”, siendo nombrado un día después comandante de regimiento, el coronel don Manuel Bulnes Prieto.

El decreto supremo por el cual se creó el regimiento “Granaderos” y se distribuyeron las fuerzas de caballería en el país, en sus partes principales considera:

  • siendo excesivas las fuerzas de caballería que en el día existen en el ejército, no guardando proporción con las demás armas de aquel se compone y deseando por otra parte economizar las ex acciones del erario, ha venido a acordar y decreto:
  • 4º en conformidad al Art. 1º los escuadrones 1º y 2º de cazadores a caballo, formarán el regimiento de éste mismo nombre, el 3º y el 4º al “granaderos” y el 1º y 2º de dragones llevarán ésta misma designación.
  • 5º resultado por la nueva planta sobrante el 3º y 4º escuadrones de dragones, el general en jefe del ejército dispondrá que las clases y fuerzas con que éstos se hallen después de completar éste cuerpo, se embeban en los regimientos de “cazadores” y “granaderos hasta el lleno de las fuerzas que les está designada.

Posteriormente, con fecha 13 de agosto de 1827, el supremo gobierno dispuso que el “granaderos” usara como uniforme “cuello y vivo encarnado con granadas de ordenanza y las estrellas designadas a los cazadores”

Organizado el regimiento se dio por entero a la tarea de instruir reclutas, los que transformaba en expertos y aguerridos soldados.

1830

Tres años después de su fundación, el 17 de abril de 1830. En la batalla de Lircay, “Granaderos” recibía su bautismo de fuego, combatiendo en la vanguardia del ejército gobiernista del presidente pinto, demostrando así su lealtad a la constitución chilena. Después de ocho años, nuevos horizontes se abrirán a la cadena interrumpida de sus glorias.

1838

En la guerra contra la confederación Perú Boliviana, le tocó actuar en los siguientes hechos de armas:

1840

A su regreso a Santiago el año 1840 cubierto de gloria, recibe como premio el honor de cubrir la guardia presidencial.

1862

Después de 20 años de desempeño en su honroso cargo de escolta, se envió al “Granaderos”la región fronteriza austral, a Angol, con el fin de apaciguar a los araucanos. En ésta zona le cupo una destacada labor, combatiendo en las acciones de Guecheregua y Traiguén. Después de seis años de sacrificios y combates se logró imponer la paz a los indómitos araucanos.

1878

Una vez apaciguada la Araucanía, “Granaderos” permaneció en la guarnición de Angol hasta el año 1878. Estaba comandado en ese año por el comandante don Tomás Yávar y se componía de dos escuadrones.

1 de Mayo de 1878

El efectivo del Ejército de Chile ascendía el 1 de Mayo de 1878, o sea 6 meses antes de la declaratoria de guerra, a 3.122 plazas, autorizadas por la ley que fija cada 18 meses las fuerzas de mar y tierra. Como faltaban 527 individuos para el completo de la fuerza presente, había bajo banderas un total de 2.595 hombres.

El Regimiento “Granaderos a Caballo”, poseía 230 plazas. Al inicio de la guerra, sus efectivos se encontraban distribuidos en Santiago y la Frontera.

1879 Guerra del Pacífico

Durante la Guerra del Pacífico, desde 1879 al año 1883 continúa sus senda gloriosa trazada desde la guerra de la independencia, correspondiéndole actuar en el desembarco y toma de Pisagua el 2 de noviembre de 1979, participa heroicamente en las campañas de Tarapacá y arica, y en las batallas de Chorrillos y Miraflores, imponiendo la ley al adversario en todos los combates en que intervinieron las gloriosas huestes de la patria y muchas veces rubricó, con el filo de sus sables, el éxito de nuestras fuerzas, trocando en Victoria una derrota inminente, como sucedió en Tacna.

Granaderos a caballo Arica 1880

En esta batalla la primera división (Amengual) en su avance se adelantó tanto hacia el enemigo, que llegó el momento en que se agotaron las municiones viéndose en la obligación de retroceder. En ésta situación habría sido completamente aniquilado si no es por la valerosa y oportuna intervención de los “Granaderos”, que al mando de su intrépido Teniente Coronel Tomás Yavar, cargaron sobre el enemigo, que habría pasado al contra ataque. Esta herbica carga, contra las fuerzas superiores, dio tiempo a la división Amengual para reamunicionarse e iniciar nuevamente el ataque.

14 de Febrero de 1879 (Ocupación de Antofagasta)

Las fuerzas chilenas al mando del coronel don Emilio Sotomayor, como comandante en jefe, ocupa la plaza de Antofagasta sin ninguna resistencia, con una fuerza de 200 hombres. A esta fecha, el “Granaderos a Caballo” cuenta con un total aproximado de 210 hombres.

19 de Febrero de 1879 (Decreto Aumento Dotación de Tropa)

En esta fecha se Decreta lo siguiente:

Santiago, Febrero 19 de 1879.

He acordado y Decreto:

Los cuerpos del Ejército de las tres armas aumentarán su dotación en 50 hombres por Compañía, en la forma siguiente: 2 sargentos 2º, 2 cabos 1º y 2 cabos 2º, 1 tambor o corneta y 43 soldados.

Las oficinas pagadoras solicitarán mensualmente del Ministerio de la Guerra la aprobación del gasto que imponga este aumento para los efectos de la imputación correspondiente.

Tómese razón, comuníquese y dese cuenta al Congreso Nacional.

Pinto.

Cornelio Saavedra.

28 de Marzo de 1879 (Aumento de Dotación)

En esta fecha se Decreta lo que sigue:

Santiago, Marzo 28 de 1879.

He acordado y Decreto:

Auméntase 1 alférez por Compañía en los Regimientos de Artillería, “Cazadores” y “Granaderos a Caballo”; debiendo la Inspección General del Ejército proponer los oficiales que deben llenar las vacantes.

Tómese razón y comuníquese.

Pinto.

Alejandro Fierro.

5 de Abril de 1879 (Declaración de guerra de Chile a Perú y Bolivia)

En esta fecha, se publicó solemnemente por bando, la declaración de guerra a los Gobiernos de Perú y Bolivia. Firmaban el decreto S.E. don Aníbal Pinto y los Ministros del despacho señores Belisario Prats, Alejandro Fierro, Cornelio Saavedra, Joaquín Blest Gana y Julio Zegers.

Sus efectivos suman 212 plazas.

9 de Abril de 1879 (Nombramiento en el Ejército de Operaciones del Norte)

En esta fecha se Decreta lo siguiente:

Santiago, Abril 9 de 1879.

He acordado y Decreto:

Todas las fuerzas de Línea acantonadas en las plazas de Santiago y Valparaíso, con excepción del Regimiento de Artillería, formarán parte del Ejército de Operaciones del Norte.

Tómese razón y comuníquese.

Pinto.

General Cornelio Saavedra

24 de Abril de 1879 (Reconocimiento a la aldea de Chiu-Chiu)

Estandarte Regimiento Granaderos a Caballo 1879

En la mañana, ha llegado a Antofagasta el vapor Copiapó trayendo 120 hombres de los “Granaderos a Caballo”. 24 de abril de 1879 (Reconocimiento a la aldea de Chiu-Chiu)

11.30 hrs: Sale de Calama un Piquete de 25 “Granaderos a Caballo” mandados por el alférez señor Barahona. Lo acompañan el teniente coronel Ramírez, el ayudante en comisión de la Comandancia de Armas don Carlos Souper y don Pedro Carre, ciudadano francés.

16.00 hrs: Llegan al borde de la planicie desde donde se divisa la aldea de Chiu-Chiu. Desde este punto, aún cuando parece a la simple vista estar sólo a 4 ó 6 cuadras del pueblo, hay sin embargo 20 minutos de camino al tranco o marcha ordinaria de la Caballería. Este error de óptica es común en el desierto, donde las montañas o cualquier objeto insignificante se ve mucho mayor que lo que es si la distancia es corta, y si es de leguas no es extraño ver una serranía a 2 ó 3 leguas cuando están a 4 ó 6 por lo menos.

Cuando avistaron el pueblecito de Chiu-Chiu, lo primero que apareció a la vista de los expedicionarios chilenos fue un edificio de techo blanquecino, pues con motivo de ser raras o fenomenales las lluvias en estos lugares, algunos edificios notables tienen el techo blanqueado como las murallas interiores y exteriores.

A medida que se aproximaban al pueblo, llegaban a los ojos de los chilenos otras formas confusas de aspecto fúnebre que el guía daba a conocer como los edificios particulares de aquella miserable población, que el terremoto del 9 de Mayo de 1878 redujo a la última miseria.

A pocas cuadras del pueblo y cuando ya la vista pudo distinguir alguna de las calles, principiaron a aparecer formas humanas, vestidas de colorado y verde, que son los colores de predilección para los trajes de los cholos. Al mismo tiempo los hombres montados en mulas y burros, huían a las quebradas o serranías, dejando a sus familias, como es costumbre en ellos, a disposición del enemigo mientras se ponen a salvo.

16.30 hrs: La expedición chilena atraviesa el río Loa para entrar al pueblo, después de un corto descanso en la ribera Norte, que dieron a los caballos para que bebieran agua. La corta ascensión por la calle principal hizo recordar a uno de los expedicionarios chilenos aquellos estrechos y pedregosos senderos de las canteras o minas de piedra en Chile, pues como éstas, la principal calle de Chiu-Chiu no tiene más que una huella angosta donde apenas caven las patas de los caballos; el resto, en ambos lados está ocupado por grandes troncos de caliche desprendidos de los edificios, desde el 9 de Mayo de 1878, y que la inercia de esta gente los conservan en la misma situación y lugar donde los dejó aquel recio sacudimiento de tierra.

Con dificultad y uno a uno pudieron al fin penetrar hasta la plaza de Chiu-Chiu, que se halla situada a 2 cuadras del río Loa. Aquí no hallan más edificios en pié que una modesta habitación de un joven italiano, el único ser que en su modo de vivir y obsequiosidad con los forasteros da a conocer al que llega a Chiu-Chiu, que en aquel lugar habitan seres racionales.

La antigua población habrá tenido más de 80 casas, pero sus pobladores no olvidaron por completo las costumbres de sus abuelos, los “infieles”, como llaman aquí a los primitivos pobladores de la raza india.

Las calles no tienen más que 5 varas de ancho, pero esta no es la anchura general en todas partes, pues no siendo conocido entre estas gentes los Directores de Obras Públicas, cada vecino edifica su casa como más le acomoda; así que no es raro encontrar algunas murallas salientes 1 ó 2 varas de la línea que forman los demás edificios y dejar un paso bastante estrecho para que apenas ruede un carretón, o entrarse en el terreno diagonalmente para dejar solo una esquina a la calle.

Todas las murallas y techos, pues todos estos últimos son planos que sirven de basurales, son construidos con trozos de caliche. Las murallas son de 2 ½ varas con una puerta de entrada, sin ventanas a la calle muchas de ellas y el interior dividido en estrechos calabozos; el basural más inmundo del río Mapocho en Santiago o la plaza del Almendral en Valparaíso no es comparable con el de los patios y piezas de habitación de todos estos pueblos, no sólo el de Chiu-Chiu, pues en Calama es lo mismo desde que ha sido necesario para ocupar las casas que sirven de Cuartel, emplear 15 ó 20 hombres por 2 ó 3 días en amontonar y botar los trapos, cueros y miles de inmundicias sobre las cuales tienen costumbre de vivir estas miserables gentes.

El más rico y acaudalado vecino de Chiu-Chiu es el señor Gregorio Carrazano, boliviano de origen y de costumbres; allí fue hospedado el comandante Ramírez y el señor Carre. La pieza de recibo destinada para estos señores fue la mejor de la casa.

Cuando llegaron los expedicionarios chilenos a la casa del señor Carrazano, los recibió un argentino, especie de mayordomo de la casa. Les ofreció café apenas se apearon del caballo, pero como ya era hora de comer según los cálculos, pues eran más de las 5, los chilenos se excusaron, aguardando si, como era natural, los condujera a la pieza de espera o de recibo, puesto que andaba ausente de la casa el dueño de ella, única persona que podía hacerles los honores, pues la familia estaba en las quebradas, oculta desde el primer día de arribo de las fuerzas chilenas a Chiu-Chiu.

El mayordomo les sacó sillas al corredor para que pudieran descansar los expedicionarios chilenos, pero una de ellas carecía de espaldas y con una pata medio despegada; ésta, que era la mejor, sin embargo, le tocó de preferencia al comandante Ramírez, quien no pudiendo conservar el equilibrio a que lo obligaba el mal taburete, prefirió estar de pié no obstante las 10 leguas de viaje que habían acabado de hacer.

17.00 hrs: Al fin, después de media hora de espera, el señor Carrazano se puso a la vista de los expedicionarios chilenos. Llegaba de visitar su chacra y la familia; montaba su macho oscuro y como hombre prevenido, traía dos alforjas repletas de choclo. Un cordial saludo recibió los chilenos de su huésped, quien los hizo pasar inmediatamente a su única pieza de recibo.

Consistía ésta en una pieza de 6 varas de largo por 4 de ancho y tan alta como las demás del pueblo. No había cielo ni piso entablado, porque la madera es muy escasa por estos lugares, pero en cambio se veía un cielo de género donde millares de moscas habían vivido y reproducido por alguna veintena de años. El piso era del más puro caliche donde la escoba no había pasado probablemente desde la ausencia de la familia; había dos mesas, dos catres, tres cajones en que quizá hubo botellas de vino, tres sillas que se trajeron del corredor, un apero completo de carreta y una montura.

Carrazano les ofreció asiento a los chilenos, alrededor de la mesa y luego vino el café que es el principal obsequio en aquel lugar, donde tal vez por la circunstancia de ser abundante como la coca, obligan a los huéspedes a aceptarlo a toda hora.

19.00 hrs: Dos horas mortales de conversación, en la que Ramírez no desperdiciaba los momentos oportunos de hacer algunas preguntas que más tarde pasaron a formar líneas en las notas de la cartera del periodista chileno presente, fueron al fin lo bastante para que llegara su hora a la comida. Ya era tiempo, pues desde la diez de la mañana hasta las siete de la noche era algo esperar para los que no usan coca o maíz tostado en los bolsillos. Pero, en vano fue el esperar de los chilenos, la comida estaba retratada en los manteles, en los vasos como en el resto de la pieza. Tenían choclos cosidos en vez de pan, dos vasos para cinco convidados. ¡Y qué vasos santo cielo!

Estaban a 6 varas de un gran cequión de rica y cristalina agua, pero esto no implicaba para que los vasos necesitasen de los pañuelos de narices de los expedicionarios chilenos, pues era más aseado esto que pasar el mantel, no digo servilleta, puesto que no la conocen estos señores, por el borde del vaso donde debían poner los labios. Los que bebieron en tasa del poco vino que los chilenos habían llevado, no se sabe si vieron lo que otros vieron en los vasos; tal vez no, porque el color de ellos era para confundir el vino con el café con leche, color que habían tomado por su mucho uso por gente que masca coca.

La noche la pasaron como puede suponerse después de la comida; tenían si, buenos colchones, pero faltos de abrigos y demás utensilios, por lo que las espuelas y las botas fueron las únicas prendas que se desprendieron de las maltratadas humanidades.

La tropa de los “Granaderos a Caballo” pasó mejor día y mejor noche, pues el comandante Ramírez, antes que para él y sus oficiales, cuidó de que nada faltase a los soldados y sus caballos.

25 de Abril de 1879

Al día siguiente de la llegada de los expedicionarios chilenos a Chiu-Chiu, dio Ramírez la orden de regresar a Calama, mientras la tropa de los “Granaderos a Caballo” emprendía su marcha después de haber almorzado, los demás se internaron algunas leguas por la quebrada que forma el río Loa. Es un vallecito muy estrecho que no tiene más de una cuadra en algunas partes; su vegetación es raquítica, y sus tierras tan pobres que no producen otros cereales que el maíz, la quina, trigo en muy pequeña cantidad y la alfalfa, que es su mayor riqueza.

Visitaron el antiguo pueblo de los “infieles” y las huacas o cementerios de esos indios. El pueblo era una especie de ciudadela de una cuadra en cuadro, defendida por sus tres fuertes con dos fosos y tres murallas aspilladas por las que deberían arrojar sus flechas. Está situada en la orilla de una barranca que cae al río Loa y tiene también por este lado una muralla aspillada.

En este corto espacio de terreno deberían refugiarse en tiempo de guerra pueblos numerosos de indios según se demuestra por las infinitas covachas tan pequeñas algunas de ellas que es imposible estar de pié ni horizontal. Hay centenares de estas casuchitas y se conservan intactas muchas de ellas, es decir, las más grandes y refaccionadas por los indios modernos que las ocupan actualmente. Esta ciudadela es un verdadero laberinto por su infinidad de callecitas tortuosas y de una vara de ancho. Las casas o covachas, más bien dicho, no tienen más altura que 2 varas, con una puerta y una ventana cuando son de 3 ó 4 varas en cuadro, pero con solo la puerta si son más chicas. Por las puertas no puede entrar derecho el hombre más pequeño, pues no pueden llamarse puertas sino postigos. Son pocas las que de estas casuchas pueden ser habitadas, porque casi toda esa ciudadela está en ruina.

A pocos metros de la ciudadela están las huacas o cementerios de donde se extraen las momias que enriquecen los museos chilenos. Una excavación insignificante bastaría para sacar centenares de ellas, pues a la vista se ven desparramadas por el suelo muchas en buen estado de las que sacan los excavadores del caliche para extraer capas gruesas o trozos que sirven para murallas o cierros de potreros y dejan al aire libre infinidad de sus restos humanos que los mismos indios miran con la más alta indiferencia.

Vista a la ligera estas raras antigüedades y tomados algunos apuntes sobre la localidad, pues es el pueblo que luego ocupará el Ejército del general Campero (5º División boliviana), se regresaron a Calama bien molidos, sedientos y tostados con la travesía de esa parte del desierto, donde abundan salinas excelentes en que los carretones recogen la sal como recogen arena en las playas de Valparaíso, los contratistas del lastre para los buques.

Chiu-Chiu, este infeliz pueblecillo está casi del todo abandonado, pues no hay allí más habitantes que los pocos indios que han emigrado de aquí y algunas otras personas más pudientes como el honorable Carrazano y otro rico propietario y compatriota chileno, el señor don Eulogio Yáñez, que tuvo la galantería de venir de 3 leguas de distancia a hacerles su visita a los expedicionarios chilenos, presentándose de gran etiqueta y vestido a la usanza de los carrilanos chilenos (obreros de ferrocarriles)[1], con cotona de cotí muy enhuinchada con cintas lacres y con las faldas fuera del pantalón.

28 de Abril de 1879 Un destacamento de este cuerpo guarnecía Calama.

En esta fecha, se hace cargo del comando supremo en Antofagasta, el general en jefe don Justo Arteaga. Llegan con él, el general don Erasmo Escala y el general don Manuel Baquedano. El general don José Antonio Villagrán fue designado jefe de Estado Mayor, y comandante en jefe de la Reserva, el coronel don Emilio Sotomayor.

El coronel Sotomayor, al hacer entrega del puesto, puso a las órdenes del general Arteaga, unos 4.500 hombres del Ejército del Norte.

Dentro de estas unidades el Regimiento “Cazadores a Caballo” y los “Granaderos a Caballo”, con una Compañía cada uno, total unos 280 hombres.

La tropa de Sotomayor se componía de gente joven, robusta, deseosa de pelear, en gran parte acostumbrada al clima y a las penalidades del desierto, pues muchos trabajadores de las salitreras, expulsados por el Gobierno del Perú, ingresaron a las filas en Antofagasta.

La base de los Regimientos de Línea se componían de jefes, oficiales y clases veteranas; pero el 75% de los efectivos de tropa, no tenía cuatro meses de instrucción, y había que desbastar a estos reclutas para convertirlos física y moralmente en elementos de combate.

De estas fuerzas chilenas en el Norte, cubría destacamentos los “Cazadores a Caballo” y los “Granaderos a Caballo”; con 200 hombres a cargo del comandante Eleuterio Ramírez en Calama.

El comando supremo cuidaba las fronteras, en previsión de cualquier sorpresa. De ahí las guarniciones de Cobija, Tocopilla, y la línea del Loa desde Quillagua a Calama, con piquetes en Chacance y Miscanti.[2]

19 de noviembre de 1879

En dolores, el 19 de noviembre de 1879, “Granaderos” protegió conjuntamente con cazadores, el flanco oeste del dispositivo chileno.

El 27 de noviembre 1879

Después del combate de Tarapacá, el escuadrón Villagrán de “Granaderos” permitió que la retirada de los nuestros se efectuara en orden.

1881

En la Batalla de Chorrillos, el 13 de enero de 1881, en la inmortal carga de Chorrillos, muere heroicamente el Teniente Coronel Tomás Yavar, cuando su regimiento coronaba con glorioso éxito la jornada y se disponía a entrar más tarde con el ejército vencedor a la capital peruana. Un cronista de la época relata la muerte del comandante Yávar: “ el heroico comandante de los bravos “Granaderos” que iba al frente de su regimiento, a la altura del 3er. Escuadrón, saludó con su sable al general Manuel Baquedano, quien parecía presentir que era el postrer saludo, por cuanto con impresionado semblante le indicó la dirección de ataque. Al llegar la carga, como tromba heroica a las trincheras enemigas, recibió un balazo en la mano izquierda con la que manejaba las riendas de su caballo. La traidora bala atravesó la mano del comandante, perforó las entrañas y salió por un pulmón ocasionándole una mortal herida”.

Una vez terminada la guerra del pacifico y después de tres años de ocupación, regresa a la patria cubierto de gloria, comandado por el coronel, don Manuel Bulnes Pinto, hijo del glorioso General Manuel Bulnes Prieto, fundador y primer comandante de esta unidad.

Manuel Bulnes Pinto

“Granaderos” nuevamente en santiago, ocupa su cuartel frente a la moneda y se le destina al distinguido servicio de guardia de palacio.

1982

El regimiento de caballería blindada “Granaderos” del General Manuel Bulnes, prestó sus servicios en la puerta norte del país, en la localidad de Putre.

1999

El señor comandante en jefe del ejército, teniente general don Ricardo Izurieta Caffarena, ordena el traslado de esta unidad táctica a la Guarnición Militar de San Bernardo, recibiendo, por tercera vez en su historia, la misión de escoltar al Presidente de la República y constituir la unidad de presentación del Ejército.

Regimiento escolta presidencial

Pizarra

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  • Los cuerpos de caballería chilena que luchan en la guerra del Pacífico son el Cazadores a Caballo, Granaderos, Carabineros de Yungay Nº1 y Nº2 (después del intercambio de prisioneros, es devuelto el Nº1 apresado en el Rimac. Juntos forman el regimiento carabineros de Yungay). Además participan en la zona sur del Perú el escuadrón General Las Heras y el escuadrón General Cruz. Gente de distintos cuerpos, como el Carabineros de Maipú y Carabineros de Angol, cubre bajas de los cuerpos presentes en la guerra. Además, Carabineros de Angol integró el ejército de la frontera en lucha con los mapuches durante la guerra al igual que el Carabineros de la Frontera. Carabineros de Maipú fue trasladado hasta Calama, lugar desde donde partió en diversas expediciones a la cordillera y entró en Bolivia varias veces. Recorrió la zona donde ahora están Quebrada Blanca y Collahuasi. Tres soldados murieron de frío. Después, durante la campaña de Lima, fue parte del ejército de reserva que estaba en Tacna.
  • También estuvo en el norte el escuadrón Freire, que se distribuyó entre Iquique y Antofagasta.
  • El cuerpo de que tanto habló Inostrosa fue el Cazadores del Desierto, y que era un batallón de infantería. No de caballería como él dijo.

UNIFORME

El oficial de Caballería de los “Granaderos a Caballo”, en 1878, según Decreto Supremo de 19 de Octubre, usa: morrión casco garance y banda azul negro. En su parte frontal la insignia de metal amarillo: una granada. Dormán exactamente igual al del oficial de Artillería: con tres botonaduras unidas horizontalmente por siete cordones de seda negra. Distintivo de grado marcado con la flor de lis de trencillas de oro en las mangas. Insignia: granada de metal en el cuello. Pantalón azul negro (o garance) con franjas anchas dobles y vivo en el medio.

El soldado de Caballería de Campaña, en 1878, según Decreto Supremo de 19 de Octubre, usa: kepí de paño azul negro en la banda azul y rojo en el casco. Insignia: granada de metal amarillo. Casaca corta, sin faldones y sin distintivo en el cuello y sin presillas en los hombros. Pantalón garance con franja azul negro en los costados.

Los grados y distintivos del Ejército, en 1878, según Decreto Supremo de 19 de Octubre de 1878: los grados iban marcados en los morriones, kepíes y bocamangas. Los colores de los morriones eran distintos en cada arma.

La Caballería reemplazaba la doble abotonadura de Infantería por una triple, unida por trenzados de lana del color de la unidad, color que se repetía en los vivos de levita, morrión y kepí.

Los uniformes con que los soldados combatieron en la Guerra del Pacífico, fueron fijados por Decreto Supremo del 19 de Octubre de 1878, firmado por el Presidente Aníbal Pinto y su Ministro de Guerra, coronel Cornelio Saavedra.

Si bien el Decreto de 1852 fue un excelente cuerpo legal que reglamentó los uniformes de todo el Ejército, estableciendo cuidadosamente los detalles, el de 1878 es aún más escrupuloso en la descripción de los pormenores que componen las vestimentas.

Aparece un nuevo elemento, la corbata cuyo largo se establece en 1,40 metros y su ancho en 10 cm. Debe dar dos vueltas alrededor del cuello, con una media lazada por delante y las puntas colgando. Será de paño merino azul oscuro. Los oficiales no la usarán.

El kepí se impone definitivamente. Es de paño rojo con banda verde para los “Cazadores a Caballo” y rojo con banda azul negra para los “Granaderos a Caballo”.

El pantalón es recto, algo ancho y de paño rojo, con refuerzos de cuero en la parte donde rozan los talones y de tocuyo entre las piernas.

Las tropas de Caballería se diferencian, además del color del kepí, por dos franjas en las costuras del pantalón: verde para los “Cazadores” y azul negra para los “Granaderos”. En vez de levita usan dormán suelto con siete cordones transversales y botas de caña más alta.

Finalmente se mantiene el capote de paño gris en uso, al que puede agregarse una capucha postiza.

Se deja constancia, además, que estos uniformes comenzarán a regir el 1 de Septiembre de 1880, fecha en que cumplen su término los trajes de parada y de diario en uso.

Desde Julio de 1879 en adelante, la elección del vestuario originó dura tarea al Estado Mayor, deseoso de obtener un tipo que resumiera el mayor número de buenas cualidades para la salud y comodidad de la tropa, destinada a operar en un clima de fuego durante el día y de temperatura bajo cero durante la noche. Quería un vestuario higiénico, barato, dada las estrecheces del erario; cómodo, liviano y abrigador y de color oscuro para dificultar la puntería de los tiradores enemigos.

El uniforme traído de la Frontera de Arauco por la tropa de línea, tocaba a su fin y el reemplazo debía hacerse con el nuevo modelo; igualmente había que vestir a la Guardia Nacional llegada con ropas confeccionadas en las provincias, que no guardaban relación con el servicio, ni las exigencias del clima. El Estado Mayor aprobó un tipo de guerrera, común a todas las armas, de brin para el día, y de paño gris de Tomé (levita azul con pantalón rojo), para las noches y horas de camanchaca.

La tropa no se desnudaba para cambiar de traje; se colocaba el terno de paño sobre el blanco y quedaba transformado. Un kepí con cubre nuca de tela, completaba las prendas.

Como abrigo, por falta de capote, se adoptó una frazada de lana y la manta de Castilla doble, muy útil para los centinelas que podían hacer fuego sin desabrigarse.

ESTANDARTE

Sus dimensiones principales son 60 cm de largo y 60 cm de alto; y su estrella de cinco puntas central está inscrita en un círculo de 25 cm de diámetro. Esta estrella es de puntas muy aguzadas, lo que habla de su antigüedad, anterior a la Guerra del Pacífico, es decir, se remonta hasta 1827.

El Estandarte es de paño de seda dorado claro, franjeado por cordones y flecos del oro. La estrella que mide cerca de la mitad y está posicionada correctamente (con una punta hacia arriba), es de delgadas planchas triangulares de oro finamente unidas y con una franja perimetral de unión con el paño dorado cosido por hilo de oro, con líneas que se prolongan hasta su centro, para dar la forma prismática característica de esta época. El sobre relieve en el centro de la estrella alcanza en su altura máxima aproximadamente 1 cm.

Sobre los 4 campos del paño, partiendo del campo inferior izquierdo y alrededor de las puntas de la estrella figura en letras de oro la leyenda “Rejimiento de Granaderos a caballo”. Sobre los campos inferiores, la leyenda “Año de 1827”.

En las esquinas de la bandera está toda la gloria del Estandarte, que se cifra en 4 premios colocados sobre él. Son estas 4 leyendas de oro las que recuerdan otras tantas victorias obtenidas por el Regimiento.

  • Dice la primera (esquina inferior derecha): “Guías”.
  • La segunda (esquina inferior izquierda): “Yungay”.
  • La tercera (esquina superior izquierda): “Chorrillos”.
  • La cuarta (esquina superior derecha): “Miraflores”.
  • Posee las amarras para el asta a la derecha.

En la actualidad, el original se encuentra en el Museo de la Escuela Militar en Santiago.

ARMAMENTO

Fusil Winchester. Al 04.07.1879 esta unidad posee este fusil. Para evitar el peligro de que la arena y el polvo entorpecieran los cierres de las armas, se cubrían cuidadosamente con tapas de cuero y se colocaban tapones en la punta de los cañones. Pero muchos de los soldados, encariñados con sus armas, las cubrían totalmente con lonas.

Las vainas metálicas de la Caballería, se tapaban con bandas de tela, con el segundo propósito de reducir el ruido.

Los caballos eran fuertes y robustos, de 15 palmos de alzada, equipados con una silla mexicana a la que se había agregado bozal, lazo y maneador, además del cabestro. Llevaban el Winchester en bandolera y un sable de Caballería francés.

Fuentes y Enlaces de Interés

  • Francisco A. Encina / Historia de Chile
  • «La Guerra del Pacífico: Los Héroes olvidados - Campañas terrestres de la Guerra del Pacífico - Campaña de la Sierra - Combate de la Concepción» (HTM). www.laguerradelpacifico.cl.
  1. Chile y su Historia, Sergio Villalobos R./Editorial Universitaria/Pag. 298/Cons. 2ene 2016
  2. Reseña histórica del Regimiento de Caballaría Blindada Nº 1 “Granaderos”

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